38 "Un poco más y estaré bien"

El reloj en mi nuevo celular —el mismo que mamá me había regalado y que después de meditarlo comprendí que, en caso de que la operación no saliera como todo mundo esperaba debía de empezar a acostumbrarme a él—, dijo con voz mecánica que eran las once de la noche, ya había cenado y me encontraba sin mucho que hacer más que preocuparme

Si, después de todo, la intervención ya había sido saldada. Preferí no preocuparme por ello… al menos en esos momentos.

— ¿Necesitas algo? —me preguntó Toothless con ternura luego de acomodar mis almohadas y al tiempo que acariciaba mi pelo con sus dedos.

—Que duermas, Tooth. De verdad, no voy a escaparme ni nada.

—Lo sé, es que… estoy nerviosa.

—Lo entiendo, pero te necesito tranquila, amor. Prométeme que al menos intentarás dormir —le pedí aprovechando que mamá había ido a casa en busca de mantas. Le tomé de una mano levantando ligeramente mi rostro hasta toparme con su respiración en las mejillas.

—Te lo prometo —dijo suavemente y me dio un largo beso cuya intensidad quedó reflejada en el sonido de la máquina conectada a mi corazón. Toothless rió entre dientes antes de volver a su sillón a un lado de mi cama —. Buenas noches, Hiccup.

—Buenas noches, Toothless… nos vemos pronto —musité y cerré mis párpados rogando al cielo que pudiera descansar, atenuar los nervios y despertar al día siguiente con un poco más de fe o, al menos, con las suficientes fuerzas como para no echar a correr.

No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado pero sí que no había pegado ojo en bastantes horas, me giré hacia donde sabía estaba durmiendo Toothless —mamá estaba en el sillón ubicado en el extremo más lejano de la habitación, la había escuchado llegar de puntillas un buen rato antes—. Me debatí entre hablarle o no, tal vez, y era lo más probable al escuchar que sus respiraciones no eran del todo profundas, que estuviera despierta.

Lo intenté.

— ¿Toothless? —susurré lo suficientemente bajo como que sólo ella lograra escucharme.

— ¿Sí, Hiccup? ¿Qué necesitas? —me preguntó ella en el mismo volumen de voz. Sonreí.

—Te dije que durmieras, amor —le regañé en broma.

—Mira quién habla… —respondió y escuché el roce de su ropa al ponerse de pie—. No puedo dormir —dijo poniéndome una mano en la mejilla.

—Tampoco yo. Ese sillón debe de ser incómodo.

—Un poco, la verdad es que dormí en mejores condiciones —su aliento rozó mi oreja cuando se inclinó a hablarme.

—Creo saber a qué te refieres —murmuré y me corrí hacia un lado de la cama.

— ¿Qué haces? —me urgió ella.

—Un lugar para que duermas —le respondí con inocencia.

Ella suspiró.

—Pueden despedirme por esto, Hiccup —me dijo con determinación.

— ¿Por favor? —Rogué —, es esto o tendrás que sedarme, porque no hay otra forma de que pueda dormir esta noche. Además, si lo que te preocupa es mamá, está dormida y no dirá nada, te lo aseguro —ella guardó silencio—. Te necesito.

Casi pude escuchar cómo las barreras de Toothless caían ante mi petición y sonreí en la oscuridad cuando la sentí deslizarse a mi lado.

—Será tu culpa si quedo desempleada —me reprendió. Reí por lo bajo mientras cruzaba mis brazos por su cintura.

—Eso no pasará —dije muy serio.

Le acaricié las mejillas por un largo momento, memorizando sus rasgos a pesar de que ya los sabía, delineé sus labios con un dedo y sentí su respiración escaparse por entre ellos con calidez. Me incliné a besarla con ternura antes de acurrucarnos en nuestra posición favorita.

— ¿Toothless? —murmuré todavía más bajo.

— ¿Hm? —masculló ella.

—Hay algo que siempre he querido preguntarte… —empecé.

Un asunto peliagudo, cuya respuesta pasaría por los filtros de mi mente hasta tamizar la verdad de entre las notas de voz dulce de mi novia. No era algo que me quitara el sueño precisamente, pero sí ocupaba gran parte de mi pensamiento desde un principio.

Y si al fin y al cabo luego de esa noche la oscuridad reinaría mi vida para siempre, al menos quería escuchar algunas respuestas.

—Te escucho —susurró ella echando hacia atrás su cabeza hasta que sentí su nariz rozar mi barbilla.

—Bueno, me gustaría saber qué viste en este ciego como para sentir lo que sientes. ¿Qué tengo yo que no tenga Wisper, por ejemplo?

Se trataba nada más y nada menos que de una prueba a mi autoestima, si el tal Wisper terminaba teniendo, no lo sé, brazos de acero o técnicas que yo mismo no conociera con respecto a ciertos asuntos… terminaría con deseos de enterrarme vivo en algún pozo cercano. Y no era una actitud que pudiera evitar.

Ella pareció meditarlo, y cuando pensé que debía esperar bastante para escuchar una respuesta de sus labios, habló.

—Es fácil. Tú tienes corazón, uno muy grande. Pero si te he de ser sincera no creo poder explicar lo que adoro de ti, pasaría toda la noche y no iría ni por la mitad. Supongo que es así ¿no? Cuando alguien ama a una persona, no está completamente seguro de qué es lo que le gusta, simplemente pasa. O eso creo.

—Estoy de acuerdo —dije sonriendo, ni siquiera yo podría enumerar las cualidades que amaba de Toothless. La amaba por todo, por ser ella misma, con esa simplicidad.

—…Tampoco puedo precisar cuándo empecé a quererte, estaría mintiendo si lograra dar una fecha. Quizás fue cuando te vi por primera vez, tan débil y vulnerable esa tarde que llegaste más muerto que vivo, creo que estaba tan o más asustada que Valka y segura de estarlo más que… ¿cómo se llama?

— ¿Astrid?

—Sí, ella. O quizás comenzó cuando empecé a cuidar de ti, un trabajo muy duro podría decir, nunca me costó tanto concentrarme — admitió y reí —, o quizás fue progresivo, te fuiste metiendo solito y cuando me di cuenta ya me ponía nerviosa al momento del baño.

— ¡Ah! Era cierto entonces —exclamé. Ella rió por lo bajo escondiendo su rostro en mi pecho.

—Sí, como te dije, era un trabajo muy duro. No es fácil concentrarse en algo teniéndote en la bañera, a veces agradecía que no pudieras ver, habrías pensado que estaba loca—guardó silencio un segundo y me sentí el hombre más feliz del mundo—. Siempre admiré la paz en la que te sumergías cuando dormías y debo confesar que muchas noches me fugué de mi cuarto para verte dormir.

— ¿De verdad? —pregunté sin creerlo.

—Ajá —admitió y sentí que la temperatura de la piel de su rostro aumentaba.

—Gracias, tal vez era eso lo que me daba paz —musité y le di un beso en la nariz—. ¿Así que tengo un gran corazón? —exclamé en susurros.

—Además de ternura y sensibilidad poco frecuente en un chico, esa sensación de seguridad que me brindas cuando me abrazas, tu forma de besar, tienes unos ojos preciosos, un cuerpo de infarto… ¿quieres que continúe?

Tomé aire ostensiblemente para borrar imágenes que no venían al cabo en ese momento.

—La verdad no, o esta máquina de aquí nos delatará —pronuncié señalando el aparato a un lado de mi cabeza.

Toothless rió entre dientes y se estiró para besarme cortamente.

— ¿Te he despejado las dudas? —preguntó sobre mis labios.

—Algunas, ahora sé que estás conmigo por mi cuerpo —bromeé.

— ¡Oye! —se irguió de repente y pronto la apreté de nuevo contra mi costado, volviéndola a su lugar.

—Era una broma —susurré en su oído, sentí que la piel de su cuello se erizaba y sonreí para mí mismo.

—Creo que es hora de dormir —determinó con seguridad. Reí por lo bajo.

—Ok —refunfuñé —, lo intentaré, hazlo tú también.

—Que duermas bien.

—De eso no hay duda —susurré.

Esa noche —gracias a la presencia de Toothless— no tuve sueños ni pesadillas y fue eso en parte lo que me ayudó a despertar con más tranquilidad.

Claro que tal tranquilidad se fue desvaneciendo conforme se acercaban las ocho de la mañana y la mente se aclaraba y los minutos desaparecían.

Mamá trataba de rellenar los vacíos hablando de las aventuras de Stormfly y de cómo la sentía como si fuera su hija al igual que a Toothless. Traté de escucharla la mayor parte del tiempo para recuperar la paz, pensar en otra cosa y reírme despreocupadamente solía servir, pero lo cierto era que me resultaba imposible.

Nunca había sido operado de nada, ni siquiera amígdalas o apéndice y en ese momento no se trataba de una cirugía menor. En eso no debía pensar tampoco.

Intenté no especular con la tercera opción para mí, ya que siendo la primera el recuperar la vista y la segunda perderla para siempre, la tercera era la peor de todas y —aunque posible— ni siquiera podía pronunciarla en mi cabeza. Nunca se sabía a qué alto riesgo uno podría enfrentarse en una intervención como aquella. Un mínimo error podría cambiarlo todo para mal.

— ¿Hiccup? —me llamó Toothless mientras reíamos con los chicos quienes me habían hecho otra visita.

— ¿Ya es la hora? —preguntó mamá que un segundo antes reía con nosotros.

El ambiente se volvió tan tenso que podía sentir el aire incluso más pesado o, tal vez, era yo el que no podía respirar con normalidad.

Toothless se acercó hasta mi cama y tomó mi mano, sus dedos temblaban —eso no lograba que yo recobrara la compostura— y me llevé su palma a mi boca antes de darle un suave beso con los ojos cerrados.

—Tranquila, amor —susurré para ella y tratando de creer en mis propias palabras.

—Nosotros estaremos por aquí, Hiccup. Todo saldrá bien, lo sé —dijo Fishlegs, los demás se acercaron a darme un apretón en el hombro antes de salir.

—Gracias, muchachos —pronuncié sinceramente con un nudo en la garganta mientras los oía partir—. ¿Toothless? —La llamé—, te amo con toda mi alma, lo sabes ¿cierto?

—Lo sé —musitó ella con la voz quebrada.

—…Y no importa lo que pase, estarás aquí —le dije llevando su mano a mi pecho—, y aquí —hacia mi cabeza.

Ella arrimó su rostro al mío y acarició mi nariz con la suya, unió nuestros labios en un beso que me dio a entender que no necesitábamos palabras para decir cuán grande era nuestro amor. De verdad no pensaba que me merecía alguien como ella. Un verdadero ángel.

—Te amo —murmuró, luego tomó aire y volvió a hablar un poco más tranquila —. Estaré aquí cuando despiertes —me prometió.

—Es lo único que pido —acepté. Me regaló un beso corto.

—Llamaré a los enfermeros —dijo y se alejó dejándome sólo por un minuto entero.

—Hola, Hiccup —me saludó alguien cuya voz me resultaba conocida de alguna parte pero no lograba descubrir de dónde—. Soy Snotlout —dijo.

—Hola, Snot —le respondí con una sonrisa.

Él y otro hombre me pasaron de la cama a una camilla con mucha facilidad.

— ¿Hiccup? ¿Hijo? —Dijo mamá tomándome de una mano y siguiendo a mi lado mientras la camilla avanzaba—, ten fe ¿ok? Te estaremos esperando aquí cuando despiertes. Tú estate tranquilo.

—Tú también, mamá. Te quiero.

La mano de mamá desapareció tras el sonido de una puerta rebatible y sentí una corriente aire frío acariciándomela. Mientras tanto, Toothless se mantenía soldada firmemente agarrada con sus dedos entrelazados con los míos y no los soltó a lo largo del trayecto desde mi habitación hasta el quirófano, tampoco cuando supe que estaba en el lugar exacto al detenernos y cambiarme de camilla otra vez ni cuando el doctor Gobber me saludó animado y me explicó que sus colegas también estaban presentes.

Lo oía confiado, aunque eso no significara mucho en el momento de operar, los nervios podían traicionar en cualquier momento, la concentración no debía fallar o sería yo quien tuviera que pagar aquel costo alto.

Los enfermeros volvieron a intervenir para girarme de modo que quedara con el rostro acomodado de lado, el corazón me latía rápidamente y es que la expectativa, el saber que de aquello dependía mi vida es más de un sentido no lograba tranquilizarme ni una pizca.

—Anestesia —pidió el doctor Gobber y fue cuando la mano de Toothless soltó la mía.

Sentí que el adormecimiento se propagaba por mi cuerpo a través de mis venas y lo último que oí fue un 'Te amo' de Toothless cuando ya no estaba seguro de haberlo oído en realidad.

Me había sumergido en una oscuridad, la misma de todas las noches mientras dormía pero esta era más fría, incluso más tenebrosa como no la había sentido en todos esos meses.

No sentía nada, ni siquiera estaba seguro de sí debería estar sintiendo algo, cualquier cosa, al menos un pequeño dolor, una punción, un estremecimiento o un roce. No sabía del tiempo y pronto olvidé también dónde estaba. Podrían haber pasado horas como así escasos segundos y todo lo que pedía era a Tooth.

La necesitaba tanto que la sensación parecía quitarme el aire. Temía no volver al escucharla, no tener jamás la oportunidad de verla, no conocer jamás su rostro, no poder estrecharla nunca más entre mis brazos, no escucharla susurrar en mi oído por las noches… no poder ver a mamá, no disfrutarla como quería, no volver a escuchar la risa de Stormfly o sus curiosas preguntas hacia mi persona.

Temía inclusive no poder sentir nada más. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo era tan vacío?

Temía que todo se hubiera complicado. Tal vez algo había salido mal. ¿Por qué no despertaba? ¿Había dejado sola a mamá?

Destrozaría a Stormfly, abandonaría a Toothless.

Rogaba porque no hubiera sido el fin, no podía serlo, pero ¿cómo saberlo?

Todo seguía oscuro y frío y me aferré a mi oscuridad por más horrible que pareciera. Ni siquiera podía decir que estuviera soñando, mi mente seguía en negro, nula, inútil, como si estuviera apagada o desconectada.

De repente, vislumbré una luz blanca a lo lejos, una luz cuyo haz se ampliaba con rapidez hasta cegarme como si estuviera frente a los faroles de un camión y luego de nuevo la oscuridad como si nunca hubiera habido luz.

Toothless. Mamá. Si estaban allí, denme una señal.

Nada. Silencio.