Hi! Halane al habla. Siento muchísimo el retraso Y_Y Os podría dar mil y una razones: el comienzo de curso, los trabajos, el horario similar a un queso gruyère con agujeros de más... Pero lo cierto es que esta vez no tengo excusa: más que la falta de tiempo, ha sido que con todas esas cosas y algunas más en la cabeza... ¡se me olvidó completamente el fic! XDDDD Os lo juro, se borró de mi mente absolutamente. Y como apenas me meto en el MSN, ni hablo mucho con Chibi estos días por diversas razones, ella no me lo pudo recordar, y ya sabéis que ella para publicar es un desastre, se lo tengo que estar diciendo. Así que este ha sido el resultado. Como no me habéis mandado los típicos PM de meterme prisa, se me fue el santo al cielo, ¿no os digo siempre que es genial tener reviews? No es que sea genial, ¡es que necesito fans acosadoras! ¡ACOSADME, FANGIRLS, ACOSADME!

*Cof cof*

Bien, a cambio del retraso, he decidido no cortar este capítulo a pesar de su longitud de nada más y nada menos que 20 páginas de word xD Lo he corregido todo entero ahora mismo, para que lo tengáis. Además en este capi es cuando empieza el clímax final del fanfic. No quiero decir que queden 4 o 5 capis porque sería mentira, quedan un montón, pero aquí empieza lo gordo, y a partir de aquí habrá enormes cantidades de relleno (se notaba que no queríamos terminar) y enormes cantidades de melodrama barato con fanservice, porque esto ¡se convierte en un maldito culebrón de sobremesa para leer cuando estás con la menstruación! Yo estoy, así que debería aprovechar este finde para corregir capis xD

Y ya os dejo en paz, que encima de haceros esperar un montón os tengo aquí entretenidas con la NA, soy lo peor de lo requetepeor. Espero que no nos hayáis abandonado, lo espero de corazón Y_Y Me daría pena haberos tenido aquí tanto tiempo para que no llegarais al final, ¡NO OS RINDÁIS AHORA! Me he puesto una alarma en Google Calendars y otra en el móvil para que me avise de subir los capis . Esta vez me pongo seria. Que no queda nada y no vale la pena abandonar.

Kss!


~Capítulo 38~

Allen barajó de nuevo sin prestar demasiada atención y repartió equitativamente entre sus amigos, que tampoco hablaban, preocupados como estaban observándolo a él, quien, sin embargo, no parecía percatarse de ello. Suspiró y cambió de carta, mirando a Lavi, que estaba a su derecha, para indicarle que le tocaba. Miró la carta que había dejado su amigo y bufó.

-Joder, vaya mierda de carta- robó-. Ag, peor- rió un poco-. Vas, Yu.

El japonés repitió el mismo proceso que el pelirrojo, y al parecer su suerte no fue mucho mejor. Después le tocó a Lenalee, a quien parecía sonreírle la suerte en todo momento. Claro que el mejor era Allen, por supuesto, que seguía invicto desde que habían comenzado a jugar.

-¿Seguro que no has hecho trampas para que a Lenalee le vaya mejor que a nosotros? Allen… ¡Allen!... ¡Moyashi! ¡AUCH!- se sobó la cabeza, donde su amigo acababa de golpearlo.

-Te escuché perfectamente la primera vez. Y es Allen. Y no digas tonterías- se sonrojó un poco-. Por mucho que sea mi novia, nunca la he dejado ganar… ¿Por qué iba a repartirle mejore cartas que a vosotros?

-Tú eres la mente criminal y conspiradora- le dio un codazo, mirándolo con su ojo brillante, y poniéndose serio durante unos segundos al notar la inquietud de su amigo-. Venga tío, que era broma- le sonrió-. Anda, vas. ¿Allen?

Observó perplejo, al igual que todos, cómo dejaba las cartas con muy mala cara y se levantaba.

-Allen, ¿estás bien?- preguntó Lenalee muy preocupada, dejando también sus cartas y alzándose junto a él- Tienes muy mal aspecto.

-No es nada- susurró, frotándose la frente-. Kanda, voy a la cocina a beber algo de agua.

Lenalee se agarró a su brazo, como diciéndole que iría con él. Allen sonrió cálidamente y le dio un cariñoso beso en la frente.

-Allen…

-Tranquila. Estoy bien, en serio. Sólo estoy algo indispuesto. Sigue jugando aquí con estos dos. Yo vuelvo ahora.

Salió casi volando del salón y se metió en la cocina, que afortunadamente estaba negra y solitaria. Se sentó en una silla y se llevó las manos a la cabeza, apoyando los codos sobre le mesa. No era que estuviese mal, era que se sentía tremendamente mal. Por estar mintiéndoles a todos, pero sobretodo a Lenalee, por estar ayudando a Road y Tyki a echar por tierra la vida de una mujer joven y porque seguramente, aunque consiguiese protegerlo, iba a hacer daño a Lavi. Y aún era capaz de plantarse en el salón con ellos a jugar a las cartas como si nada, sonreírle a su amigo y besar a su novia.

-Esto es una mierda- escuchó su voz temblar en el eco de la cocina-. Una puta mierda…

-Según como lo enfoques.

Alzó los ojos y vio a Lavi apoyado en el marco de la puerta, sonriéndole con comprensión. Se acercó a paso lento y se sentó frente a él, desparramándose en la silla como si nada. Allen se pasó las manos por los ojos y miró en otra dirección. Ahora que la culpabilidad lo ahogaba, no se sentía capaz de mirarlo a la cara.

-Le he dicho a Yu que lleve a Lenalee a ver a Clarita, que hace mucho que no se ven.

-Ajá.

-No he venido antes porque nos ha costado moverla de donde la habías dejado- su voz sonó algo más dura.

Allen centró los ojos en la madera y en sus manos, cruzadas sobre ella, sin saber qué decir al respecto.

-Nunca pensé que la harías llorar…

Las manos del chico se apretaron entre sí, al igual que sus labios.

-Siempre pensamos que eras un buen tío, y por eso la alenté siempre a que estuviese contigo.

-Cállate…

-Y ahora vas y le mientes.

-Cierra la boca.

-Dime qué pasa. Ya van dos días seguidos que la dejas tirada con una excusa estúpida… y cada vez que quedamos juntos tienes peor cara. En una semana te has vuelto frío y arisco con nosotros y con ella y eso no es normal en ti, Allen. Dime qué te pasa.

-Nada.

-¿Quieres que siga recordándote que la estás haciendo sufrir?

-¿Decírtelo a ti qué arreglaría?

-Que yo pudiese asegurarle que la estás mintiendo por algún buen motivo.

-Es un buen motivo, Lavi. Uno muy bueno.

-¿Sí? ¿Cuál?

-No… no te lo puedo decir…

-¿Por qué?

-Porque no…

-¿Por qué?

-Porque no, Lavi, y no preguntes más.

Lavi lo miró con un gesto impenetrable que Allen nunca habría podido imaginar en su cara tan sumamente expresiva. Se obligó a no fijarse en su amigo, seguro de que estallaría si lo hacía.

-Allen- llamó en el mismo tono serio-, somos amigos. Puedes confiar en mí.

-Lo... Lo sé. Pero he prometido no decirlo. Tú también eres mi amigo, confía en mí y créeme que es un buen motivo- apretó los labios otra vez, firmemente decidido a contener las lágrimas. Lavi suspiró al notarlo y le puso una mano reconfortante en el hombro.

-No quiero presionarte, ¿vale?- aclaró con voz más comprensiva que antes- Pero tienes que entender que estás poniéndonos las cosas difíciles.

-Lo sé- gimoteó masajeándose la cara-. De verdad que me gustaría decírtelo, pero no puedo- alzó la cara y le dirigió una mirada tan triste que Lavi no pudo hacer menos que creerle.

-Venga, joder. Si no estás haciendo nada malo, no te pongas así- suplicó temiendo que Allen se echara a llorar de un momento a otro.

-No lo sé, Lavi. No sé si es algo malo... Es... Sencillamente no lo sé- se masajeó entre los ojos.

-No tiene nada que ver con Lenalee, ¿verdad?- preguntó el pelirrojo apretando los dedos.

-No- confirmó el menor-. No tiene nada que ver con ella, pero no... no... no puedo ir y decirle que le he estado mintiendo, aunque ella ya lo sepa. Dios...- dejó caer la cabeza hasta que apoyó la frente en el torso de su amigo- La estoy cagando, ¿verdad?

-Bastante, sí- le dio unas palmaditas en el pelo y luego una colleja-, pero tiene arreglo. Hablaré con Yu ahora y luego los dos hablaremos con ella, ¿vale? Tú quédate aquí un rato.

Allen pareció más animado ante la idea, y llegó incluso a sonreírle un poco.

-Sí... Aunque no sé si Kanda querrá.

-Querrá, no te preocupes- Lavi le guiñó un ojo-. Ya sabes que no es tan duro como le gustaría ser.

El otro asintió con la cabeza.

-Gracias. De verdad. Cuando... cuando esto pase, te lo contaré.

-Eso espero- se dio la vuelta para irse, pero Allen volvió a llamarlo- ¿Qué pasa, moyashi?

Por una vez, el mote le hizo un nudo en la garganta en vez de darle asco.

-Que... Lo que estoy haciendo lo estoy haciendo porque es lo mejor que puedo hacer.

El pelirrojo sonrió algo confundido.

-Eso está bien, supongo.

-Me gustaría que lo recordaras- dijo con tanta seriedad que Lavi dejó de mostrarse despreocupado y alegre.

-Lo recordaré.

-Y... Lo siento. Por estos días.

El pelirrojo asintió con la cabeza y se fue, dejándolo en la cocina y sin quedarle muy claro qué había conseguido averiguar. Mientras salía, cogió el móvil y llamó a Kanda, que hizo un gesto con el brazo a Lenalee y Clara para avisarles de que tenía una llamada y salió al pasillo para contestar.

-¿Qué?- preguntó sabiendo que era Lavi.

-Ya he hablado con él.

-¿Y?

-No me lo ha contado...

-Ese...

-No, Yu, espera. Creo que es algo serio. Bueno, ya lo hablaremos cuando estemos solos. Pero no tiene nada que ver con Lenalee.

-¿Cómo puedes estar tan seguro si no te lo ha contado?

-Porque lo conozco. Tú también lo conoces. Ha dicho que no tiene nada que ver con ella y yo le creo.

-Tsk. Vale. ¿Vienes para aquí?

-Sí, estoy saliendo. ¿Qué tal la princesa?

-Bien.

-Vale. Pues nada, hasta ahora.

-Sí.

Kanda colgó y volvió a la habitación, donde estaban Lenalee y Clara sentadas en la cama, y se instaló en la silla.

-¿Quién era?- preguntó Lenalee.

-Lavi. Viene para aquí- no se le escapó cómo la mano de la china se tensaba en torno a la de su amiga-. No trae a moyashi.

-Lenalee...- Clara le pasó un brazo por los hombros intentando tranquilizarla, porque seguía llorando- Allen es un buen chico. No deberías preocuparte tanto.

-Pero es que me está mintiendo... Es... Ya sé que sólo han sido dos días, pero está distinto y yo no sé qué hacer. Por más que le pregunto no me lo dice, y se aleja de mí.

Incómodo, Kanda frunció el ceño.

-Moyashi es tonto, pero...- pareció que no daba con las palabras- Te aprecia.

Clara soltó una risita.

-Creo que ha querido decir que te quiere. Y sabes que es cierto. La primera vez que os vi pensé que erais una pareja increíble. De verdad.

-Gracias- Lenalee les sonrió a los dos.

Se echó contra el hombro de Clara, quien cerró los ojos unos segundos mientras le acariciaba la espalda y los brazos, buscando consolarla un poco.

-Además- añadió, abriendo los ojos- Estoy segura de que Allen también lo está pasando muy mal. Porque te adora y mentirte tiene que estar haciéndolo sufrir bastante. No me cabe la menor duda de que debe de tener un motivo muy, pero que muy bueno para estar así contigo y con vosotros. Debe de sentirse francamente mal, es tan noble...

Lenalee se apretó un poco contra su amiga y asintió con la cabeza, limpiándose las lágrimas con las manos y sorbiendo un par de veces, notando que le dolían las mejillas y los ojos de llorar.

-Cálmate, ¿sí?

-Sí, mejor. Que, como diría Lavi, seguro que me estoy poniendo toda fea con los ojos hinchados.

-Sí.

Ambas rieron y Kanda sintió algo de alivio, aunque no por ello estaba deseando menos matar a ese estúpido brote de habas canijo.

"Cuando lo coja, lo mataré" pensó, golpeando el brazo izquierdo, que tenía cruzado sobre el derecho, con el dedo índice.

-Ahora sólo tienes que conseguir que Kanda no lo mate y todos estaremos tan contentos, sobre todo él- comentó, como leyéndole la mente.

-Tsk.

-¡Kanda!

-Ese idiota sabía a qué consecuencias atenerse si pasaba esto.

-¿Esto? ¿A qué te refieres?

-Tsk.

-¿Kanda?

Clara lo miró, intentando descubrir a qué se refería exactamente con esas palabras.

-Creo que se refiere a que Allen sabía qué le sucedería si te hacía llorar- sonrió, sintiendo un poco de envidia sana y a la vez desconcertándose por ese sentimiento.

-Tsk. Sí. Y ahora se jode, porque cuando lo pille, lo rajo.

-Kanda, no hace...

-Sí hace falta.

-Kan...

-Que no me discutas.

Lenalee bufó.

-¿Y tengo que quedarme callada escuchando como conspiras para matar a mi novio?

Kanda se quedó unos segundos en silencio.

-Sólo rajarlo- comentó, girando la cabeza.

-¡Kanda!

-No creo que fuese una broma...- dijo Clara.

-Ni yo, por eso lo digo. Kanda, en serio, no, ¿vale? Sea lo que sea lo que pase con Allen... Yo hablaré con él. Y nada de rajar ni cortar ni golpear ni matar.

-Bah.

Lenalee se dejó caer de espaldas contra el colchón, cerrando los ojos y suspirando profundamente, intentando aplacar el desasosiego que sentía. Se agobió un poco pensando que tenía ganas de que Allen le sonriese como siempre, le asegurase que no pasaba nada, la abrazase, la besase y la mirase sonrojado por querer dormir en su regazo, todavía inseguro de si podía tomarse o no ciertas licencias con ella.

"Quiero que vuelva mi Allen..."

Notó los dedos de Clara limpiarle las lágrimas que se le escapaban por la comisura de los ojos y se los frotó ella misma, intentando despedir esos pensamientos.

En ese momento, la puerta se abrió lentamente, dando paso primero a una mata de pelo rojo y luego al rostro algo preocupado y menos alegre de Lavi, que sonrió con dulzura intentando calmarla y entró, cerrando con lentitud para dirigirse hacia la cama, donde se sentó junto a Lenalee, que prácticamente se tiró a sus brazos.

Necesitaba un abrazo de Lavi.

-Venga, venga, chinita. Tranquila- le acarició el pelo-. Ya está. ¿Lleva mucho rato llorando?

-Un poco, casi desde que llegó. Se calma a ratitos- Clara le pasó los dedos rozando por su melena suelta y retiró la mano- ¿Cómo...?

-Mal- respondió, adivinando su pregunta-. Se siente mal, y mucho. Casi se me echa a llorar encima- notó a su amiga estremecerse en sus brazos y las miradas de Clara y Kanda, reprochantes por haberlo dicho delante de ella-. Perdona...

-No...- respondió, abriendo los ojos y separándose de él- Clara...

-¿Sí?

-¿Te importa si vamos a dar un paseo por las afueras del colegio? Necesito que me dé un poco más el aire.

-Claro- la rubia la tomó de la mano y la levantó con mesura-. Volveremos dentro de un rato, ¿vale?

-Está bien, princesa. Me alegro de verte.

-Yo también- le sonrió-. Vamos, Lenalee- la sacó del cuarto lentamente y cerró la puerta tras ellas.

Lavi bufó y se echó de lado en la cama de la chica, frotándose los ojos. Kanda lo miró interrogante.

-¿Es para tanto?

-Sí. Está nervioso, inseguro, intranquilo, dolido y sintiéndose asquerosamente mal. Sus ojos han sido como un libro abierto en ese sentido.

-Pero no has averiguado qué le pasa.

-No. No me lo ha contado.

Kanda bufó.

-Pues entonces es como si no hubieses hablado con él. No ha servido de nada.

-Ha servido al menos para que sepamos que esto no lo está haciendo a gusto- se sentó en la cama y miró a su amigo-. Si no, no se sentiría tan culpable.

-Le partiría la cara de todas maneras.

-Yu...- Lavi suspiró- Contrólate, ¿vale? La sed de sangre no nos lleva a ninguna parte.

-No entiendo por qué no puedo pegarle- bufó cruzándose de brazos-. Tampoco lo voy a matar.

-Bueno, por si acaso no lo hagas, que luego te emocionas y...- se rió y luego se quedó tan serio como antes- Me ha asegurado que no tiene nada que ver con Lenalee, y por lo que he podido entender es una especie de promesa. Por eso no puede contarlo.

Notó el cambio en la mirada de Kanda casi al instante.

-Le ha dado su palabra a alguien, ¿no?

-Eso creo. No me lo ha dicho, pero por la manera de explicarlo... Está manteniendo una promesa, y le está costando.

-Hm.

-Le he prometido que hablaríamos con Lenalee- tanteó mirándolo con el ojo entrecerrado.

-¡¿QUÉ?

-Venga, Yu. Está destrozada, Allen no puede hablar... Alguien tiene que hacer algo.

-Sí. Pegarle a ese brote de habas sin cerebro.

-¡Yu!- exclamó con reproche- Olvídate de tu cabreo por un minuto y concéntrate en hacer lo mejor para Lenalee en lugar de lo peor para Allen.

-Vale, vale- gruñó-. Pero hablas tú.

-Y tú miras y asientes con la cabeza cuando dude. Me parece bien.

-Y cuando lo vea le pegaré.

-Renuncio- exclamó Lavi riendo-. ¿Ha estado muy mal?

-Sí.

-Joder, vaya mierda.

-Ya ves- lo miró de lado con los brazos aun cruzados.

-No, no pienso que eso te permita matarlo.

-No te he pedido permiso.

-Pero Lenalee seguro que lo ha prohibido.

-Tampoco se lo pedí a ella.

-Vale, vale. Qué agotador, ¿eh? Esto de velar por todo el mundo.

-Tsk.

-Venga, no te hagas el duro ahora.

-No lo hago.

-Hay que ver cómo eres- suspiró y justo en ese momento se abrió la puerta, dejando paso a una Lenalee más tranquila y a Clara, que la seguía con una mano en su brazo como con miedo de que llorara otra vez.

-Ya hemos vuelto- anunció innecesariamente. Lavi tiró del brazo de Lenalee y la sentó en su pierna derecha, sujetándola por la cintura.

-Contigo quería yo hablar antes de que te escaparas.

-No me escapé- se quejó dándole un suave golpe en el hombro.

-Mira, ya te lo dije, pero ahora te lo confirmo: Allen tiene un buen motivo para mentirte, ¿vale?

-¿Sabes cuál es?- preguntó casi con miedo a la respuesta, y Lavi negó con la cabeza, poniéndole un mechón de pelo detrás de la oreja.

-No, no me lo ha dicho. Ha prometido no contarlo y ya lo conoces, sería incapaz de faltar a su palabra. Pero Lenalee, puedo asegurarte que no me mentía al decir que no tenía nada que ver contigo. Sabes que soy bueno en estas cosas.

La chica meneó la cabeza y miró a Kanda, que asintió solemnemente. Clara ahogó una risa al notar la evidencia de su cabreo detrás de la frialdad impasible de su cara, pero a Lenalee pareció valerle con el gesto.

-Yo... Ha estado tan raro...

-Lo sé, pero tienes que ser paciente. Lo está pasando mal sabiendo que te estás enfadando con él.

-Ya...

-¿Quieres que lo llame?

Lenalee pareció pensárselo y miró primero a Kanda, que frunció los labios, y luego a Clara, que negó con la cabeza.

-No. Creo que... Debería ir yo, ¿verdad? Y arreglar las cosas.

-Esa es mi chica- Lavi le dio un beso en la mejilla y la hizo levantarse-. En marcha, entonces. Está en la cocina de Kanda.

-Pero yo... Clara...

-Vete ya- dijo la aludida abriéndole la puerta-. Y mándale un beso a Allen de mi parte.

Lenalee se rió y la abrazó con fuerza.

-Gracias, de verdad- luego miró a los chicos-. A los tres.

-Para eso estamos, jefa- replicó Lavi llevándose una mano a la frente en un saludo militar.

Cuando la china se marchó, Clara se sentó en el suelo entre la silla donde estaba Kanda y la cama donde estaba el pelirrojo.

-¿Y tú qué?- espetó el japonés de repente.

-¿Eh?- lo miró sorprendida- ¿Yo?

-Sí.

-¿Yo qué? Pues... Nada.

-Intenta averiguar qué es de tu vida y eso- bromeó Lavi haciéndolo gruñir y mirarlo mal.

-Ya, pero es que no sé. Nada en especial- respondió sonriéndole primero a uno y luego al otro-. Lo de siempre, vamos. Clases, deberes con Rossanna, estudiar el guión, ir a los ensayos...

-Cierto, ¿dónde está Terrier?- preguntó Lavi sobresaltado.

-Se ha ido a casa este fin de semana. Iba a invitarme, pero yo no tenía muchas ganas. Estoy un poco cansada.

-Sí, los ensayos y todo eso, te entiendo. Debe ser un ritmo bastante agotador- asintió Lavi comprensivo.

-Más o menos- suspiró.

Kanda miró a Lavi y el pelirrojo asintió con la cabeza.

-¿Y has tenido algún problema con Paula y compañía?

-Ah... Eh...- Clara pareció volver a su modo de timidez patológica- N-no... Nada grave ni nada...

-¿Nada grave?- inquirió Kanda al momento.

-Hoy Yu está con sed de sangre, así que exponlo delicadamente, princesa- soltó una carcajada que la contagió.

-Vale, vale, con cuidado- le guiñó un ojo a Kanda-. Nada del otro mundo. Pequeñas tonterías un tanto extrañas...

-¿Pequeñas tonterías un tanto extrañas?- preguntó Lavi, alzando una ceja- ¿Qué clase de tonterías?

-Bueno... La verdad es que... No están muy contentas conmigo últimamente- rió nerviosa-. Desde que me dieron el papel de la obra.

Lavi movió la nariz y frunció el ceño. Había algo en esa frase que no le gustaba del todo.

-¿Desde que te dieron el papel de la obra?

-Sí. Sus amiguitas lo hicieron por fastidiarme, pero a Paula no le hizo gracia... Ella quería ser la protagonista...

-Pues le hubiese caído como el culo- afirmó Lavi-. ¿Y no hizo nada? Las hienas suelen rondar la carroña...

-Vino a verme... El día que te llamé...

-Ajá.

Miró de soslayo a Kanda y se sonrojó, subiendo las rodillas, abrazándolas y bajando el rostro.

-Oh- gruñó el japonés.

-¿Qué pasa?- preguntó Lavi.

-Hiciste algo.

-Puede... puede ser...

-Algo que no le gustó...

Clara se quedó callada unos segundos, sintiendo que la verdad le explotaba en el pecho y que quería contárselo. Le daba igual que el chaparrón le viniese encima, porque en el fondo estaba orgullosa de lo que había hecho.

-A... A nadie... Bueno, a nadie le gusta que le partan el labio de un puñetazo.

Desde fuera, la situación fue bastante cómica, aunque a Clara no se lo pareció. Lavi había abierto tanto los ojos y la boca que sintió que iban a desencajársele, balbuceaba sin llegar a decir nada, parpadeando confuso, intentando procesar lo que la chica acababa de decirles. Lo de los gritos a Yu lo entendía hasta cierto punto. Pero pegar... Pegar era violencia... Su princesita Clara, tímida, indefensa y modosita pegándole un puñetazo a otra chica y rompiéndole el labio... Clara... Pegar... ¡Eran palabras completamente incompatibles en su mente! Kanda, por su cuenta, también había abierto los ojos en gesto de sorpresa, y en ese momento veía el gris azulado de su iris con más claridad que nunca. No supo identificar su expresión... ¿Enfado? ¿Confusión como Lavi?, ¿Desconcierto? Después fue mutando. Sus ojos se achicaron de nuevo y su ceño se frunció bastante, al igual que sus labios, y reconoció el gruñido que salió de su garganta.

Disgusto.

"Allá va..." pensó, cuando se percató de que ambos amigos habían completado el proceso de asimilación.

-¿¡Estás tonta!

-¿¡Le pegaste un puñetazo!

Las dos preguntas le llegaron a la vez casi en un grito, y se tapó los oídos en un gesto inconsciente, cerrando los ojos. Cuando los abrió de nuevo, Lavi parecía más calmado, incluso sonreía; Kanda, más enfadado.

-¡Eso sí que no me lo hubiese esperado de ti, princesa! ¡Clarita pegándole a alguien! ¡Uau!

-¡No la alabes, subnormal! ¿¡Eres tonta! ¿¡Cómo se te ocurre hacer eso!

-¡Le dijo cosas horribles a Rossanna!- se justificó- ¡Insinuó que su padre era drogadicto y su madre... y su madre una prostituta! ¡Y que la habían abandonado por no quererla y por gastarse el dinero en drogas!- le seguía pareciendo tan espantoso como la primera vez que lo había escuchado, y se llevó restregó los ojos humedecidos- Conmigo me daba igual que se metiese o que me dijese lo que fuese, pero esas cosas tan crueles... Nadie debería hacer esas cosas.

-Clara...

Lavi hizo ademán de agacharse junto a ella, pero la chica se levantó y se fue al otro lado de la habitación.

-La has hecho enfadar de nuevo- le dijo a Kanda, divertido.

-No tiene gracia- gruñó él.

-No estoy enfadada- se apoyó contra la pared-. Siento haberme levantado así, Lavi, pero quería calmarme sola. No puedo estar buscándote siempre para consolarme.

-Claro que sí, princesa. ¡Pero no me vayas a negar tus achuchones, que entonces me muero!

La chica rió y se sentó a su lado, dejando que el muchacho la abrazase, complaciente y sonriendo.

-Por Dios...- murmuró Kanda.

-Vamos, no te pongas celosete, Yu-chaaaan... Seguro que si te dejas Clarita también te da un buen abrazo, ¿eh?

-Tsk. Vete a la mierda.

-Este Yu, incapaz de reconocer que de vez en cuando necesita mimos. Bueno, ¿qué paso después con Paula?

-Se marchó...

-¿Y qué te han estado haciendo?

Se separó de Lavi y se recolocó un poco la melena, recogiéndola con un coletero celeste que llevaba en la muñeca.

-Romperme cuadernos, pintarme la ropa de deporte... Ponerme cosas en el pupitre... Por suerte mi cuarto tiene llave y tengo escondidos debajo de la mesa mis cuadernos de verdad.

-¿Tus cuadernos de verdad?

-Sí, fue idea de Joey- sonrió.

-¿Joey?- preguntó Kanda- ¿Y ese quién es?- alzó un poco la cabeza.

-Uy... Que...

-Que cierres la boca- le dijo con brusquedad-. ¿Quién es?- insistió.

-El novio de Rossanna.

-¡Oh! ¡Terrier tiene novio! ¿Y cómo es? ¿Cómo ella?

-En absoluto- negó con la cabeza-. Joey es encantador, tierno, dulce, amable y cariñoso. Parece un ángel- resumió sonriendo.

-Tsk. Pamplinas...

-Sí, pamplinas, ¿eh, Yu-chan?- alzó las cejas- Roarrr... Que de verdad se nos encela el muchachito...

-Que-te-den-usagi.

-En fin, así que el encantador Joey te dio la idea de llevar cuadernos falsos a clase.

-Así es. Rossanna copia todo y luego yo lo paso a limpio aquí. Y con ella sí que no se atreverían a meterse. Sabe artes marciales y todo. Si las pilla rompiéndole algo, serían ellas las que saldrían con algo roto. Palabras textuales.

-Pues ya podía defenderte.

-Se lo he prohibido- alzó la cara orgullosa-. No me gusta que nadie se meta en líos por mi culpa.

-Es cierto, ¿no te castigaron por partirle la cara a esa muñeca?- interrogó Lavi.

-Pues no, porque no dijo nada.

-Eso es malo- farfulló Kanda.

-Sí, princesa, tiene razón. Eso es que planea algo.

-Ya- forzó una sonrisa-. Pero bueno, resignación. No creo que sea nada muy malo...

-Eso espero, porque no me gusta pegar a las chicas- replicó Lavi con una sonrisa juguetona.

-Podría hablar con la directora y...

-No- interrumpió Clara-. Yo puedo con Paula. Perfectamente.

-Sí. Llevando cuadernos falsos a clase y perdiendo el doble de tiempo pasando a limpio todo lo que haces- Lavi se echó un poco hacia atrás, contemplando la discusión con una sonrisa.

-El caso es que pueda, no el cómo.

-Tsk. Vaya idiotez.

-¡No es una idiotez!- dio una patadita al suelo- Intento arreglármelas sola.

-No puedes.

-Sí puedo. Lo estoy haciendo estupendamente.

-No- replicó alzando las cejas.

-Lo bastante bien para mí.

-Qué conformista- masculló con el ceño fruncido y clavándole una mirada de lo más enfadada.

-Bueno, bueno, esto es encantador, pero me temo que estáis en punto muerto- intervino Lavi volviendo hacia adelante y agitando los brazos entre ellos. Clara se sonrojó y Kanda apartó la cara.

-Tsk. Baka usagi.

-Clara tiene razón, tiene que arreglarlo por sus propios medios. Pero también Yu tiene razón, princesa- añadió borrándole la momentánea expresión complacida que había adoptado-, no puedes seguir así.

-¿Desde cuándo eres juez?- preguntó Kanda.

-Árbitro, árbitro- corrigió-. Desde hoy, más o menos, primero Allen y Lenalee y ahora vosotros dos. Es mi día como embajador de la paz, van a contratarme en la ONU- comentó con cara resignada y luego se volvió hacia Clara, esperando una respuesta.

-Ya lo sé, pero estoy esperando a que se calme un poco. Estas cosas no duran mucho. Lo sé por experiencia.

-No entiendo cómo la gente se atrevía a hacerte nada.

-B-bueno... Es que al principio...

-Da pena- intervino Kanda.

-Tu delicadeza es abrumadora, Yu.

-No ha estado del todo desencaminado... Además... No sé... Antes tampoco era tan así... Últimamente estoy como muy...

-¿Segura de ti misma?- interrogó Lavi y ella asintió con la cabeza- Eso es porque tienes amigos increíbles como yo- se rió, pero Clara pareció reflexionar sobre su respuesta.

-Quizás sea por eso- concedió con expresión concentrada-. Ahora me atrevo a decir lo que pienso muchas veces, y ya no... No tartamudeo tanto cuando estoy con gente que conozco y... No sé, me siento más... Fuerte y más capaz de hacer cosas. Especialmente desde... Desde el día de... Bueno.

Lavi asintió y Kanda gruñó, evidenciando que sabían que hablaba del ensayo.

-He creado un monstruo- bromeó Lavi.

-Un poco, sí.

-Es que claro, después de enfrentarse a Yu lo que te queda ya parece tontería, y eso que no lo has pillado sin dormir, porque entonces bueno, serías capaz de romper el edificio con la mirada.

-¿Por qué no rompes el edificio con tu cabeza y le haces al mundo el favor de rompértela y morir?

-Wah, ¿has visto? Ha sido una pedazo de amenaza- comentó admirado.

Clara se dijo que era porque se había enfadado mucho, pero prefirió callarse y asentir con la cabeza.

-Lo que yo decía, eres imbécil.

-Nah. Es todo fingido.

-¿Cómo estarán Allen y Lenalee?

-Bien, supongo. Ya nos contarán.

Kanda hizo un ruido raro con la garganta.

-Mejor que no- farfulló haciendo reír a Lavi.

-Sí, mejor sin muchos detalles- Clara se sonrojó.

-No digáis esas cosas...

-¿Por qué? Si es cierto...

-Vale, ya. Dejadlo.

-Sí, tendremos, porque- agitó el móvil- es hora de ir a comer, y me parece que va siendo hora de que yo coma en mi casa.

Clara se sintió rara al sorprenderse cuando Lavi nombró su casa, pero es que estaba tan acostumbrada a verlo con Kanda que apenas imaginaba su vida en otro lugar que no fuera en la enorme mansión del japonés.

-¿Así que... te quedas solo?- preguntó mirando a Kanda.

-No. Con Nanny.

Debía ser triste, se dijo Clara, estar con sólo una persona más en un lugar tan grande. Aunque a Kanda le gustaba estar solo.

-¿Y tú?- se volvió hacia Lavi.

-Yo comeré con el viejo Panda. Creo que llevo meses sin comer en casa un sábado, se va a sorprender- soltó una risilla traviesa-. Si tengo suerte, incluso llegaré a tiempo de hacer yo la comida, para que no sea venenosa.

-¿Tan mal cocina?

-Fatal. Pero bueno, tampoco es que coma mucho.

-Ya veo... - ellos se levantaron- Pues hasta otro día.

-Sí- Kanda salió antes que Lavi, quedándose tras él en el marco de la puerta-. Llámanos cualquier cosa, ¿vale?

-Vale- sonrió cálidamente- Chau.

Los miró alejarse hasta que llegaron a las escaleras y después cerró la puerta y se puso a trabajar. Todavía tenía unos cuantos apuntes que pasar a limpio.


Se quedó estática, algo inquieta, al lado de la puerta de entrada cuando se percató de que estaba abierta. Lavi debía haberse olvidado de cerrarla al salir a toda prisa hacia el colegio de Clara, y agradecía y rezaba porque nadie del exterior se hubiese dado cuenta. Cerró a conciencia y atravesó el caminito de piedra todo lo deprisa que le permitían sus temblorosas piernas, cuyo movimiento aumentó detenerse frente a la madera de la puerta de entrada. Dirigió la mano al pomo y entonces ésta se abrió, haciendo que diese un pequeño gritito de sorpresa.

-Señorita- la voz amable de Nanny la tranquilizó… un poco.

-Nanny… menudo susto me has…- se detuvo al ver que la mujer le indicaba con el dedo que no hablase demasiado algo- ¿Qué sucede?

-El señorito Allen duerme en el sofá.

El pecho le dolió.

-¿Quiere pasar?

-Por favor- se adentró y dejó que la mujer cerrase la puerta- ¿Cómo has sabido que llegaba?

-Miraba a través de la ventana. El señorito Lavi se dejó la puerta abierta porque dijo que volvería pronto- negó con la cabeza- Joven descuidado. En fin, pase. ¿Quiere algo?

-No gracias… Nanny… Puedes… ¿Podrías no molestarnos, por favor? Necesito hablar a solas con él.

-Claro. Buena suerte, señorita.

-Gracias.

La mujer desapareció por los pasillos de la casa mientras ella alzaba los ojos para encontrarse con Allen, que dormía de lado en el sofá, con los zapatos quitados y acurrucado contra el cojín que hacía de almohada.

Se acercó hasta él y se quedó de pie, a su lado, con las manos entrelazadas sobre su falda y los labios apretados. Se puso de rodillas y le pasó la mano derecha por el flequillo, blanco, y acarició con cuidado la cicatriz de su ojo izquierdo. Su piel estaba tan cálida y suave como siempre. Su boca entreabierta. Hacía sólo unos días que no lo besaba y se sentía morir.

Suspiró.

"Eres tonta, Lenalee. Estás realmente colgada por él" recolocó algunos cabellos y se los acarició, jugueteando con ellos, no queriendo despertarlo "Parece tan sereno, tan tranquilo…"

Al final no pudo resistirlo y lo acabó besando. No se apartó enseguida, sino que se quedó ahí unos segundos, dándose el lujo de poder disfrutar de la boca de Allen aunque fuese dormido.

De pronto, los labios del muchacho se movieron contra los suyos y la tomó por los brazos, sorprendiéndola, sentándola en el sofá a su lado y atrayendo su frente contra la de él. Incluso le pareció que sonreía cuando el pelo de Lenalee le golpeó el rostro.

"¿Qué demonios…?" pensó cuando se separaron "Si apenas si…."

Allen entreabrió los ojos, y sonrió, sin siquiera moverse de su sitio. Cogió uno de los mechones de pelo de Lenalee y lo lió en su dedo índice, mientras lo acariciaba con el pulgar.

-¿Allen?

-¿Sí?- susurró.

-¿Estás bien?

-Sí.

Su respuesta le chocó. Lavi le había dicho que estaba hecho una mierda.

-Estoy dormido, ¿verdad?

-¿Cómo?

-Y esto es un sueño… - dijo muy convencido, removiéndose un poco en el sofá y cerrando los ojos, dejando caer la cara de lado- Si no, no me hubieses besado…

-Allen…

Abrió los ojos un poco más y se irguió, abrazándola.

-No lo digas.

-¿Qué?

-Si lo dices ,seguro que me despierto, y no quiero.

-Allen…

-Por favor, sólo un poco más. Después te prometo que me despertaré. Pero déjame estar dormido un poco más… No quiero volver todavía y encontrarme que no estás a mi lado y sigues enfadada…

Lenalee se estremeció. ¿Tan mal lo estaba pasando, tan asustado estaba porque ella se enfadase que…?

Lo abrazó con fuerza y fue besándolo desde las mejillas hasta los labios. Él le correspondía torpemente, medio dormido, pero con ansia, casi con desesperación.

-Allen, esto no es un sueño.

-No…- volvió a gemir- ¿Por qué lo has dicho?

-Porque desde que me has besado estás despierto- le dio un pellizco en la mano y el chico se sobresaltó, dolorido- ¿Lo ves?

Allen parpadeó confuso un par de veces y se frotó los ojos, siendo consciente de pronto de todo lo que le rodeaba, y abriéndolos desmesuradamente. Lenalee se arrepintió de haberlo traído a la realidad, porque aquella mirada vacía y dolida volvió a posarse sobre los ojos del muchacho, que intentó levantarse y separarse de ella lo más rápido posible.

-Allen, no- lo cogió de la mano y lo obligó a permanecer a su lado.

-Lenalee…

-No pasa nada. Lo siento. Tendría que haber confiado en ti. No estoy enfadada, ¿vale?- lo abrazó, apoyándole la cabeza en su pecho, y lo sintió sollozar un poco.

-Yo... Sabía que estabas furiosa y no podía hablarte, porque me sentía...

-Sh... No importa. Ya ha pasado. Los dos nos hemos portado mal- Lenalee seguía acariciándole el pelo para calmarlo, pero se encontró llorando ella también. Allen se dio cuenta y se separó, acariciándole una mejilla.

-Parecemos tontos, ¿verdad?- soltó una risita y ella no pudo evitar contagiarse.

-Un poco, sí.

-Espero que no lleguen justo ahora.

-Ay, Dios, no...

-Lavi nos haría la vida imposible si nos viera- le dio un beso dubitativo en los labios y ella lo obligó a profundizarlo.

-Te he echado de menos- susurró en cuando dejó su boca.

-Yo también- sonrió y Lenalee le limpió las lágrimas-. Lo siento. De verdad. Lenalee, yo...

-Lo sé- interrumpió-. Y nunca debería dudarlo.

Allen suspiró y de alguna manera se las arregló para ser él quien abrazara a Lenalee.

-Gracias por perdonarme- dijo enterrando la cara en el pelo de su novia, disfrutando de su aroma. Ella se apretó más contra él y estuvieron unos minutos disfrutando de estar juntos.

-Los chicos deben estar por volver- predijo Lenalee sin hacer ningún intento de apartarse de su refugio.

-Sí... ¿Qué tal está Clara?

-Bien, creo- soltó una suave risa-. ¿No te parece que cada vez está más segura de sí misma? Lavi me contó por la mañana que el otro día le montó una escena a Kanda, gritándole y todo.

-Guau... ¿De verdad?

-Sí, a mí también me pareció sorprendente.

-¿Y qué hizo Kanda?

-Pues eso no lo sabía. Al parecer los echó a él y a la amiga de Clara, Rossanna, para hablar con ella. Pero no sabe qué pasó. Debieron arreglarlo, porque hoy los veía muy amigos.

-Bueno, eso de muy amigos... Es Kanda, no es muy amigo de nadie.

-Mira que eres terco, Kanda es muy bueno.

-Ya, pero no es la alegría de la huerta precisamente.

-Vale, eso no- concedió y luego suspiró-. Yo creo que a Clara le gusta. Pero ella dice que no y que no y que no.

-No sé, Lenalee... Yo la veo más unida a Lavi.

-Eso es distinto.

-Ah...

-Pero algún día lo reconocerá- añadió muy decidida-. Y si no lo hace, iré y hablaré con Kanda y lo reconocerá él.

-¿Qué? Espera, espera, eso es nuevo- la separó y la miró a la cara-. ¿Crees que a Kanda, nuestro frío, insensible y duro Kanda, le gusta Clara?

-Claro que le gusta. No me digas que eso te sorprende- Allen miró estupefacto la sonrisa resabida de Lenalee, que aparte era encantadora.

-Pues sí, la verdad...

-Vamos, si salta a la vista...

-Ya me dirás de quién, a la mía no...

-Por favor- bufó-. No hay más que ver la paciencia que le tiene y cómo la cuida y...

El ruido de la puerta la hizo pararse en seco.

-Hola, señorito- les llegó la voz de Kanda mientras se apresuraban a encender la luz y sentarse uno junto a otro en el sofá como si hubieran estado haciendo una travesura.

-Hola, Nanny. ¿Siguen en casa?

-El señorito Allen y la señorita Lenalee, sí. Están en el salón.

Se imaginaron que Kanda había contestado con un gesto porque escucharon sus pasos acercándose.

-Hola- saludó entrando y mirando a Allen con cara de mala leche y después a Lenalee, esbozando un gesto desconfiado-. ¿Qué pasa?

-Nada- respondió Lenalee apresuradamente, y Allen asintió con cara de inocente.

-Tsk- se sentó en la butaca que solía ocupar y volvió a observar primero a uno y después a otro como esperando una explicación.

-Ya hemos... hablado y eso- comentó Lenalee sonriéndole a Kanda con cierto aire de advertencia.

-Bien.

Lenalee le dirigió una mirada de reproche al ver que no bajaba el nivel de hostilidad, sino que más bien lo aumentaba.

-Ya está todo arreglado, ¿verdad, Allen?

-Sí- replicó ocupado en devolverle a Kanda cada gramo de tensión.

-¿Queréis parar de miraros como dos perros a punto de atacar, por favor? Resulta molesto.

Los dos se cruzaron de brazos y miraron a otro lado, enfurruñados.

-Díselo a Bakanda, que es el que ha empezado.

-Tsk. Estúpido moyashi.

-¿Quién es estúpido?

-Tú.

-¡Kanda!

-¡Estúpido serás tú, que no diferencias un peinado de chica de uno de chico para hacértelo!

-¡Allen!

-Al menos yo tengo pelo, y no raíces de haba.

-Por lo menos yo veo por donde voy.

-¡He dicho que ya!- chilló Lenalee haciéndolos callar de pronto- Uf- bufó- Madre mía, ¿por qué siempre estáis igual? Parecéis... ¡no me salen ni símiles decentes!

-Eso es de estar con Moyashi, se te pega su estupidez.

-Mejor conmigo que contigo, Bakanda, no vaya a terminar volviéndose corta de mente.

-Oh, vaya, gracias a los dos por utilizarme para meteros el uno con el otro y de paso insultarme llamándome idiota- se cruzó de brazos-. Esto es increíble.

-Señorito- dijo Nanny, apareciendo en el comedor-, la comida ya está. Y no hace falta que se vayan- añadió, sonriendo, al ver que Allen hacía ademanes de levantarse-. He preparado comida suficiente para los tres.

-Dirás para un ejército- dijo Kanda-. Lo que no entiendo es cómo comiendo tanto no creces nada y sigues siendo un brote de habas.

-¡Bueno, pero ya está bien!- Lenalee se levantó de golpe y les tiró de las orejas a ambos.

-¡Lena-Lenalee! ¡Que duele!

-¡Suéltame!

-No hasta que dejéis de discutir y me prometáis que no os vais a pelear más.

-No es mi culpa si Bakandaaaaaaa- alargó la a en un quejido cuando la chica apretó la oreja.

-¿Allen, Kanda?- los miró inquisidoramente.

Ambos muchachos acabaron por asentir torpemente, impulsados más por el dolor que les estaba produciendo el tirón que porque de verdad lo sintiesen.

-¡Vale, vale! ¡Pero suelta!

-¿Kanda?

-¡Que sí, joder! ¡Suéltame de una puta vez!

-Señorito- dijo Nanny, perpleja-. ¿Qué vocabulario es ese?

Ambos soltaron un soplido de alivio cuando notaron que los dedos de Lenalee dejaban de apretar sus orejas, notándolas calientes.

-Jo, eso ha dolido.

-La próxima vez que os vayáis a meter el uno con el otro os acordáis de vuestras orejas. Que ya estoy harta de que mi novio y uno de mis mejores amigos se pasen la vida peleándose- se dio la vuelta y se dirigió hacia la cocina con paso orgulloso.

-Menudo genio- dijo Allen, suspirando.

-Moyashi.

-Es Al...

-Como vuelvas a hacerla llorar, te rajo. Y me da igual que luego se cabree conmigo.

El chico observó, perplejo, cómo el japonés tomaba también el camino hacia la cocina sin mirar hacia atrás y suspiró. Estar amenazado de muerte por Kanda no era precisamente su plan ideal para una reconciliación.

-¡Allen! ¡Que se enfría la comida!

La voz de Lenalee lo hizo sonreír, y caminó hacia la cocina con una cara de tonto por la que estaba seguro que iba a recibir los insultos del japonés. Pero esa vez decidió que le daría igual. Si podía poner esa cara de tonto era señal de que había conseguido que su corazón se estabilizase, al menos, un poco más que antes.


-Y creo que ya es hora de que aprendas a diferenciar entre un pimiento rojo, por muy pequeño que sea, y una guindilla, Panda. Que parece mentira, todo lo que sabes de historia y aún no diferencias un condimento de otro. Ah... deberías casarte con Baa-chan, y así tendríamos a una cocinera de verdad en casa.

El comentario en cuestión le valió un coscorrón en la cabeza.

-¡Idiota!- dijo, algo sonrojado- Lo que le hacía falta a la pobre mujer era ocuparse de ti en casa de Kanda y aquí.

-¡Oh! ¡Entonces no te desagrada la idea de casarte con ella! ¡Si ya sabía yo que te hacía tilín!

-¡Que-cierres-la-boca!- cada palabra fue un golpe certero.

-¡Vale, vale! ¡Ya me callo! ¡Pero como me sigas pegando te quedas sin comida!- dijo, encogido contra la encimera.

Las palabras de su joven protegido lo hicieron recapacitar, y el hombre se hizo a un lado lentamente, sentándose en una pequeña silla que había en una esquina junto al mármol. Lavi suspiró.

-Gracias- le dio un par de vueltas a la olla-. Aunque sigo sin entender por qué quieres hacer la carne picante, que luego te quejas de no-sé-qué de tu esfínter. ¡Y no hace falta que me digas lo que es! Soy más feliz en la ignorancia- golpeó el cucharón de palo contra la olla y la dejó cruzada sobre ella- A ver, el arroz...- removió en los armarios- ¿Dónde...? ¡Ah, sí!- corrió hasta el congelador y sacó un paquetito de perejil ya cortado y espolvoreó un poco encima de la olla donde se hacía el arroz- Ahí está. Mejor ahora, hombre. ¿Le echaste la pastilla de Avecrem?

-Sí- gruñó el hombre.

-Bien, mucho mejor. Cada vez destrozas menos la comida, Panda- bromeó. A pesar de todo, estaba inquieto.

Desde que había empezado a comerse el tarro con Irene y a intentar fingir que todo seguía tan normal, el viejo lo observaba mucho. Demasiado. Y sabía que sabía que le sucedía algo, y que aún no le había dicho nada por su carácter observador. Pero que no faltaría mucho.

-Esto ya está- sonrió.

Sacó dos platos del mueblecito que tenía sobre su cabeza y los sirvió con un poco de carne en salsa y con algo de arroz para acompañar, colocándolos en la mesa que tenía a menos de metro y medio a su espalda, ya puesta. Esperó a que el viejo se sentara antes de hacer lo mismo y empezó a comer bastante rápido, deseando escapar a su cuarto lo antes posible.

-¿Qué tal todo?- preguntó el hombre.

Lavi alzó el ojo con aparente indiferencia, aunque por dentro se dio cabezazos contra la pared. Ya estaban.

-Bien. Bueno, no bien por nada en especial, sólo bien. Como siempre- concluyó. Su tutor siempre conseguía ponerlo nervioso.

-Hm- asintió-. Tus notas siguen bien a pesar de todo.

El pelirrojo se obligó a sonreír.

-¿A pesar de todo? Si todo está como siempre- el anciano lo miró tan inexpresivo como de costumbre, pero él no tuvo ninguna dificultad para detectar el sarcasmo-. ¿Qué va a pasarme?

-No lo sé. Yo no soy un adolescente idiota.

"Aguantar a bordes patológicos... La historia de mi vida" se dijo Lavi.

-Y que lo digas, ya hace años que debes haber olvidado lo que se siente ser un adoles... ¡Au!

El hombre volvió a sentarse tras darle el golpe en el estómago.

-Para que aprendas respeto.

-Gracias- ironizó intentando recuperar el aliento.

-Y deja de andar con chicas, aprendiz inútil. Es una distracción.

-Yo no ando con chicas- objetó con cara de molestia.

-Claro que andas con chicas, todo el mundo lo sabe.

-Pero no es en serio... Tengo mis necesidades- se disculpó mientras seguía comiendo.

-Simplemente no te... Involucres demasiado. Trae problemas a la larga.

-Lo sé- suspiró, pensando en los que ya le había traído, y recibió una mirada suspicaz que lo hizo ponerse alerta y sonreír otra vez-. He visto los efectos en algunos amigos.

-Ya.

"No me ha creído nada"

-Y... Mmm... He terminado la monografía sobre la economía de Mesopotamia que me diste el otro día.

-Ajá. Te ha llevado una semana- acusó.

-Sí, bueno, he estado...

-Pensando en otra cosa. En una chica.

-Uy, Panda, cómo estamos, ¿eh?- replicó intentando sonar divertido, pero no funcionó para nada.

-No hagas tonterías.

-Lo sé, lo sé.

-Tus estudios son lo más importante. Siempre tendrás tiempo para otras cosas después.

-Ya lo sé, viejo- esta vez sonrió de verdad, algo enternecido al pensar que si se ponía tan pesado era porque en el fondo se preocupaba por él-. Tú no te preocupes por mí, sé lo que hago.

-¿Quién se preocupa por ti, inútil?- el anciano frunció el ceño dando un último bocado a su ración, minúscula al lado de la de su aprendiz- Por mí puedes hacer lo que te venga en gana.

El pelirrojo soltó una risita.

-Muy bien. No recojas, que ya lo haré yo.

El anciano asintió con la cabeza como pensando que era lo más normal del mundo que Lavi al menos lavara los platos, y se alejó en dirección a su habitación, dejándolo con sus pensamientos.

Lavó los platos, guardó la carne y el arroz que sobraban en la nevera para que su tutor cenara por la noche y limpió la cocina antes de irse a casa de Irene, donde todo fue más bien como siempre. Pensó en pasarse por casa de Kanda en el camino de vuelta y volver a darle la lata para que le contara qué había pasado con Clara el otro día, pero no estaba de ánimos. Últimamente ir a ver a Irene se estaba convirtiendo en algo que lo dejaba anímicamente fulminado.

Entró intentando no hacer ruido por si acaso el viejo había vuelto a dormirse en el salón, algo que le pasaba bastante desde hacía unos meses y, como esperaba, lo encontró dando pequeños y ahogados ronquidos en el gastado butacón que había entre las estanterías, con un antiguo volumen todavía abierto en el regazo. Sonrió cansado mientras iba a por una manta y se la echaba por encima antes de irse a su habitación para meterse en su cama, y una vez en ella abrazó la almohada, enrollándose bien en las sábanas.

-Cuánto me gustas- le dijo al mueble, llenándose la nariz de su propio olor en un intento por borrar el de ella.

En el camino de vuelta había estado haciendo cuentas, y notó que, por lo que él sabía, Bookman podría haber estado ocupándose de Irene (que desde los doce años había estudiado en el extranjero) mientras él llegaba a casa del viejo. Dios, cuántos años llevaba ya allí, con ese anciano. Se giró en la cama, incapaz de dormirse. Estaba inquieto como si se hubiera tragado un avispero. Molesto, pateó todas las sábanas formando una maraña al final de la cama, y se levantó para ir a acostarse en el sofá tras hacerse con el libro de aspecto más aburrido que pudo encontrar.

Claro que, según Panda, había ido a la universidad en la ciudad de al lado, con lo cual seguramente habría ido a ver a su maestro.

"Deja de pensar en ella" se acució mentalmente, dándose pequeños golpecitos con el libro en la frente. Se quitó la banda que le cubría la frente y le sujetaba el pelo y lo dejó caer sobre sus ojos, intentando centrarse de nuevo en la lectura.

Se removió varias veces en el sillón y se sentó de mil modos. Al final acabó a modo fakir con el libro entre las piernas, algo encorvado sobre él y leyendo, completamente absorto, hasta que el sueño le fue pudiendo poco a poco, y al final cerró los ojos.

Cuando el anciano despertó horas después, con dolores en el cuello y la espalda, y se vio con la manta encima, miró a ambos lados buscando a Lavi, suspirando cuando lo encontró junto a él, también dormido, de lado mirando hacia su butacón, con el libro abierto y caído en el suelo.

-Idiota.

Se levantó con bastante dificultad y dejó ambos libros en la estantería correspondiente, recogiendo la manta y echándosela a Lavi por encima. Se preocupó al ver la arruga del ceño fruncido del muchacho y su expresión inquieta, que confirmaban el hecho de que el chico estaba lo suficientemente preocupado como para estar intranquilo en sueños. Lo miró con algo de severidad y ternura, le revolvió un poco el pelo, consiguiendo que el rostro de Lavi se relajase lo suficiente como para sonreír un poco. Luego, salió del salón y se dirigió a su estudio.

-Este estúpido crío me va a costar un disgusto, lo sé.


Si hay una frase que hace temblar a cualquier adolescente en época de instituto, esa es "¿Has oído eso que cuentan sobre...?" Y en ese momento, en el instituto Gray, era la frase que iba lentamente de boca en boca, propiciando que se extendiesen rumores sobre una docente que, al parecer, estaba manteniendo relaciones con un alumno. No había ningún nombre, ni ninguna descripción,indicación o pista sobre las personas en concreto, ni siquiera sobre la persona que lo había hecho correr, simplemente se sabía, y eso propiciaba las más absurdas y locas teorías sobre las parejas posibles. Lo que sí tenía muy claro todo el mundo era que, cuando se supiesen las identidades de ambos, acabarían de patitas en la calle.

Y eso era precisamente lo que Road Kamelot pretendía. O al menos, en parte. Realmente le daba igual si Lavi acababa pagando el pato o no. Lo único que quería era fastidiar a Irene lo suficiente como para que se lamentase de haber dejado tirado a su Tyki.

Rió, divertida, al ver como otra pareja de chicas se juntaba para comentar algo sobre un profesor.

-Genial~ - canturreó.

Dio otra vuelta y acabó frente la puerta que estaba buscando. La golpeó con los nudillos un par de veces y un seguro "adelante" sonó al otro lado. Giró el pomo y entró canturreando, cerrando tras de sí y sonriéndole abiertamente a la profesora que le esperaba.

-Hola, Road.

-Hola,~ profe~. El director me ha pillado por los pasillos y me ha pedido que te traiga esto para que lo repartas entre tus alumnos de tercero. Es sobre la fiesta de graduación- le sonrió abiertamente y lo dejó sobre la mesa.

-Bien, muchas gracias, Road.

-De nada- se inclinó un poco hacia delante y se balanceó sobre sus propios pies.

-¿Quieres algo más?

-La verdad es que sí- se irguió, con los pies hacia dentro y atrapó un mechón de su cabello, jugueteando con él- ¿Has escuchado los rumores?

-¿Rumores?

-Sí- dijo, divertida-. Sobre... sobre un docente que se está liando con un alumno, ¿sabe?

La mujer palideció, y la sonrisa de Road se volvió sádica y siniestra.

-Tú...

-¡Hasta luego, Irene!

La niña desapareció tras la puerta antes de que la mujer pudiese siquiera reaccionar. Cayó pesadamente sobre la silla de su despacho y se llevó las manos a la frente, apretándose el pelo con fuerza, apoyando los codos en la mesa.

"No, Irene, mantén la calma. Mantén la calma. No ha dicho nada de que se sepa quienes son ni si tienen pistas... Así que tranquilízate"

Suspiró pesadamente y dejó caer los brazos sobre la mesa.

-Será mejor que hable con Lavi de esto cuanto antes...

Cogió el móvil y le mandó un mensaje, diciéndole que se pasase por su despacho en cuanto pudiese, que tenían algo muy serio de lo que hablar. Luego lo guardó y decidió centrar su mente en otras cosas, aprovechando para corregir algunos trabajos que le habían entregado con algo de retraso.


Lavi miró su móvil, que sonó justo cuando Kanda y él iban a salir al patio a reunirse con Allen y Lenalee.

-¿Qué?- preguntó el japonés reconociendo la mirada.

-Es...- se calló al darse cuenta de lo inútil de tal aclaración- Dice que vaya a verla cuanto antes.

-Le daría un calentón- bufó Kanda.

Lavi le sonrió vagamente, pero frunció el ceño en un gesto de preocupación.

-Debió pasar algo- al notar que su amigo se impacientaba, lo miró como pidiendo perdón-. Parezco idiota, ¿verdad?

-No más que de costumbre- replicó gruñendo-. Pírate, anda.

Se le lanzó encima para darle un rápido abrazo que casi consiguió esquivar.

-¡Gracias, Yu!- le gritó ya alejándose.

-Tsk.

El pelirrojo redujo el ritmo al llegar a sitios más concurridos, encaminándose al despacho de Irene sin dar ningún rodeo. Después de todo no era raro que un alumno fuera a ver a un profesor. Llamó a la puerta y se asomó.

-¿Puedo pasar, profe?- preguntó con su habitual tono desenfadado.

-Adelante- replicó ella manteniendo el paripé, al menos hasta que se cerró la puerta. Entonces se levantó y empezó a caminar de un lado a otro.

-¿Qué pasa?- preguntó al verla ofreciendo esa imagen de leona desquiciada.

-Road ha venido. Parece ser que hay rumores.

-Tigresa, siéntate, respira y cuéntamelo bien, ¿vale?

-Joder, ata cabos, ¿eres tonto o qué?

-Pues como me lo siga llamando tanta gente me lo voy a creer, qué quieres que te diga- bufó ya un poco molesto. Primero Kanda, después el viejo y ahora ella también, pues vaya.

Irene soltó una risa seca y se dejó caer en la silla haciendo un esfuerzo por estarse quieta.

-Se rumorea que un profesor y un alumno están liados.

-Ajá. Y somos tú y yo.

-Somos tú y yo- repitió.

-¿Se dan nombres?

-No. Pero seguramente no tardarán en darlos.

Lavi adoptó un gesto pensativo.

-Cierto.

-¡¿Por qué estás tan tranquilo?

El chico se encogió de hombros.

-Sólo tenemos que negarlo. No es como si nos escribiéramos cartas de amor ni nada. Si ni siquiera tenemos una relación realmente.

-No es necesario que la tengamos. La sospecha será suficiente para manchar la reputación del instituto, y para evitarlo nos echarían a los dos.

-Bueno- sabía que estaba haciendo una idiotez, pero estaba tan harto de pensar en ella, de atormentarse por ella, que no pudo contenerse-, buscaré otro instituto. No te preocupes por mí, con mi expediente académico no será difícil- esbozó su simpática sonrisa ladeada sabiendo que eso la enfurecería.

-¿Qué?- lo miró completamente perpleja por primera vez, tanto que le hizo sentir una punzada en el pecho, pero eso no lo hizo pararse. No es que pudiera hacerlo ya.

-Que no me pasará nada. Será un pequeño desliz en mi brillante carrera- sonrió-. Es más, lo verán como la travesura del brillante aprendiz del célebre Bookman, ¿no crees? Y en cuanto a ti, buscarás otro trabajo. Aunque dudo que como profesora, claro. De todas maneras, no es problema mío, porque lo nuestro es sólo sexo, ¿verdad, tigresa?

-Tú dijiste...

-Yo dije, yo dije... Pero tú dijiste eso.

Los ojos de Irene relampaguearon, eran como dos llamas que no lo dejaban mirar a otro lado, pero estaba demasiado dolido como para retractarse.

-Eres horrible- le espetó enfadada-. Ni siquiera has crecido del todo y ya eres todo un experto en joderles la vida a los demás.

-Yo no he hecho nada- se defendió sin borrar su falsa sonrisa.

-¡Sal de aquí!- exclamó levantándose y apretando las manos contra el escritorio.

-No deberías ponerte violenta con un alumno, tigresa.

-¡Vete! ¡Y no vuelvas a llamarme así!- le lanzó un bolígrafo que él esquivó con facilidad- ¡No quiero volver a verte!

-Mmm... Queda bastante tiempo de clase, pero haré lo que pueda. Adiós.

Salió del despacho cerrando la puerta y se miró las manos temblorosas. Necesitaba ir al baño, echarse agua fría, muy fría, y calmarse un poco. Y quizás descansar un rato antes de las clases. Echó un vistazo al móvil y comprobó que sólo le quedaban cinco minutos, con lo cual decidió que por un día se olvidaría de las lecciones.

Empezó a caminar a zancadas por el pasillo y al girar se chocó de narices con alguien.

-Perdón- farfulló sin siquiera mirar, pero unas manos le agarraron los hombros firmemente, lo que lo hizo mirar hacia arriba-. Ah, Yu. Eres tú.

-Sí- el pelirrojo hizo ademán de seguir andando, pero él lo obligó a estarse quieto-. ¿Qué te pasa?

-Nada.

-Lavi...

-¡Déjame, ¿vale?- exclamó bastante fuera de sí. No le apetecía que le echara la bronca por haber dejado que Irene lo hiriera.

Kanda lo soltó bruscamente.

-Vale.

Se apartó para dejarlo pasar y lo miró alejarse con el ceño fruncido.

"Estúpido..." pensó, mientras giraba de nuevo y seguía caminando por los pasillos, algo furioso con Lavi, abriéndose paso entre los alumnos, que, al verlo llegar, se apartaban sin siquiera atreverse a decirle nada, tal era el aura que desprendía.

Al pasar frente al despacho de Irene, se detuvo al escuchar lo que parecían ruidos de alguien moviendo algo. Frunció el ceño y chasqueó la lengua, entrando, esta vez sin llamar, para ver qué demonios estaba sucediendo.

Se quedó bastante sorprendido al ver el despacho de la profesora, por el que parecía que había pasado un huracán más que una persona. Todo estaba sucio, roto y revuelto, y ella en la esquina más apartada, junto a la librería, encogida, con las piernas pegadas al cuerpo, los brazos rodeándolas y la cara pegada a las rodillas.

"Joder... Aquí pasamos de llorona en llorona" pensó, sintiéndose mal- sin saber por qué- cuando la escuchó sollozar "Mierda"

Se acercó a ella sin cerrar la puerta, pasando por encima de las sillas y los libros tirados, deshojados en el suelo. Se agachó frente a Irene y la tomó de los hombros, zarandeándola, notándola temblar bajo sus dedos.

-Irene- su voz sonó algo más firme de lo que hubiese deseado- Irene, tenemos clase ahora- se sintió estúpido diciéndolo, pero habría quedado más estúpido si no hubiese dicho nada, tan sólo la hubiese llamado.

-¿Te parece a ti que estoy en condiciones de dar clases?

Sonó tan rota, tan destrozada, que incluso tembló. Esa no era la Irene que él conocía y en cierto modo, admiraba. No era la Irene fuerte, con lengua afilada y comentarios que solían hacer sonrojar a los receptores. No era la Irene de la que su amigo se había enamorado tan estúpidamente.

-No- reconoció-. Pero tampoco te puedes quedar aquí.

-Déjame, Yu.

-No.

-¡Que me dejes! ¡Ya ha pasado lo que tú querías! ¿Estás contento?

-¿De qué...?

-¡Querías que se terminase! ¿No? ¡Pues toma, ahí lo tienes! ¡Se ha acabado! ¡Está roto y no se puede arreglar! ¡Ahora vete y déjame en paz! ¡No quiero saber nada de nadie!

-Eres gilipollas- murmuró.

-Puede ser. Pero sigo teniendo mi orgullo, así que déjame.

-¿Qué orgullo hay en quedarte en la esquina de tu despacho lloriqueando y lamentándote?

La mujer alzó el rostro y lo mostró compungido, dolido y enrojecido, al igual que sus ojos. Se mantuvieron la mirada todo lo que pudieron.

-Creo haberte dicho que me dejases en paz, Yu.

Él bufó.

-¿De verdad que ha acabado?

-Sí- lo dijo con tanta dureza que incluso le dolió-. Así que tú y yo ya no tenemos nada más que hablar fuera del plano profesional. Vete a clase a la de ya.

-¿Y qué vas a hacer?- se levantó, mirándola mientras se ponía ella también de pie, atusándose el pelo.

-Voy a ir al baño y luego iré a clase, aunque eso suponga ver...

-No está. Se ha ido. Creo que él tampoco lo quería.

Irene anduvo por encima de las cosas y puso la mano en el pomo de la puerta, invitándolo a salir.

-Pues vete a clase y diles que me has encontrado indispuesta por el pasillo, que voy en unos minutos.

Kanda asintió con la cabeza y salió del despacho sin más decoro. Cuando fue a cerrar, metió la mano en la rendija y la obligó a dejarla abierta un poco.

-Yo no quería que terminase.

Se marchó sin decir nada más. Irene cerró la puerta y se apoyó contra ella, resbalándose hasta quedar sentada en el suelo, con la cabeza pegada en la madera y haciendo esfuerzos tremendos por no echarse a llorar de nuevo. Haciendo acopio de fuerzas que no sabía que guardaba, se puso de pie y metió todas sus cosas en su bolso y su carpeta, salió con paso decidido y cerró el despacho con llave. Hizo una breve pausa en el baño para lavarse un poco la cara y tranquilizarse, y cuando se hubo maquillado de nuevo, salió dispuesta a dar su clase.

Lavi, por su parte, se encontraba sentado bajo un árbol que había junto al viejo gimnasio donde Kanda solía encerrarse a entrenar cuando se frustraba. Se daba cabezazos contra el tronco irregularmente, debatiéndose por no terminar de venirse abajo allí en medio. Pero era el momento ideal… Estaba solo, no había nadie a la vista, y podría desahogarse a gusto sin que nadie le preguntase.

"Qué demonios" pensó, cuando notó que la primera lágrima se le escapaba de los ojos.

De pronto todo el mundo tenía razón. Yu la tenía, el viejo Panda la tenía, ella misma cuando intentó rechazarlo.

Otra lágrima, y otra. Una más. Un sollozo. Un suspiro. Un gemido ahogado.

-Mierda. Mierda. Mierda. Mierda…

Echó la cabeza contra el tronco de nuevo, intentando que las lágrimas dejasen de salir sin demasiado éxito. Dejó que su ojo se perdiera entre las nubes, aunque las veía bastante difuminadas por las lágrimas que esperaban su turno para salir.

La había cagado.

Un momento de enajenación mental y todo lo que había construido con tanto cuidado esos últimos días, esas últimas semanas, se había ido a pique. Se había frustrado tanto... Había sentido el impulso de hacerle daño, de mostrarle lo que era sufrir siquiera una parte de lo que él estaba sufriendo por ella.

-Joder- masculló cerrando los ojos, los sentía calientes de llorar. Ni siquiera recordaba haber llorado así por algo que no fuera un libro o una película en toda su vida. Era distinto, como si cada lágrima le arrancara algo de dentro.

Dolía.

Por si lo de Irene fuera poco, había apartado a Yu cuando por una vez había dejado de lado su habitual ostracismo para ofrecerle una mano sin más vueltas.

-Soy un idiota- se reprochó en voz alta.

Dejó caer los brazos a ambos lados del cuerpo, sin ganas de hacer nada, ni de moverse. No podía quedarse allí. Lo mínimo que podía hacer era protegerla de los rumores, y si alguien lo viera llorando y evitando las clases el mismo día que ella aparecía enfadada a dar la lección y los rumores habían empezado daría lugar a nuevas habladurías. El viejo gimnasio siempre estaba abierto, y no era muy concurrido, así que como no podía volver a casa le pareció una buena opción. Se levantó y prácticamente se arrastró hasta allí, dejándose caer en un montón de colchonetas llenas de agujeros, y tumbado de lado en la de arriba se dedicó a sacarle el relleno por el huequito más cercano.

Estuvo un buen rato compadeciéndose a sí mismo antes de decidir que tenía que hacer algo, al menos con lo de Yu, así que cogió el móvil y escribió un simple "lo siento, estaré en el gimnasio" en la pantalla. No tenía grandes ganas de ver a su amigo, pero dado que lo había tratado tan mal se sentía un poco obligado. Después de todo, Yu había tenido razón. Tras mandar el mensaje, se dio cuenta de que seguía sin nada más que hacer que lamentarse, así que decidió dedicarse a ello y dejó el teléfono en el suelo sin molestarse en ser cuidadoso.

Se sentía sencillamente destrozado, aplastado, roto, vacío, partido, quebrado y herido, por no decir horrible, cabrón, cobarde y capullo. Llegó un momento en el que dejó llorar, aunque tampoco se dio mucha cuenta. Siguió mirando al vacío, intentando dejar la mente en blanco, cosa bastante imposible. Después cerró los ojos porque le dolían, intentando quedarse dormido, pero tampoco funcionó, porque cada vez que estaba a punto de conseguirlo veía la mirada herida de Irene delante de él con tanta claridad como la pared.

No se molestó en reprocharse por echarle en cara el no querer admitir que él le importaba porque no tenía sentido hacerlo, pero su mente se lo reprochaba a cada segundo que pasaba tirado en la fría colchoneta. Al menos el entorno acompañaba su estado de ánimo, porque era bastante cutre y viejo. Si normalmente se le antojaba hogareño, ahora sólo lo veía oscuro y frío como él.

Se dio cuenta de que en algún momento debía haberse quedado en un estado se semi inconsciencia cuando sintió una mano fría en su hombro. No abrió los ojos ni miró, simplemente se acurrucó más en sí mismo.

-Joder, levántate ya- le espetó la voz fría de Kanda.

-No, gracias. Déjame compadecerme un rato más.

-Mierda... No me hagas sacarte de aquí a rastras.

-Déjame.

-¿Para eso me pides perdón, imbécil?

-Fue porque te grité. Ahora te lo estoy pidiendo.

Kanda gruñó y se sentó junto a él.

-¿Vas a quedarte ahí todo el día?- preguntó Lavi mirándolo por primera vez.

-No.

-Eso significa que sólo mientras yo me quede.

-Significa que no y punto.

Kanda lo evaluó con la mirada. Era evidente que había estado llorando, lo cual lo sorprendió bastante, porque era algo que Lavi se negaba a hacer incluso de pequeño. Y estaba muy... No sabía definirlo, pero mal era lo único que se le ocurría. Eso lo ayudó a decidir que no mencionaría su incursión en el despacho de Irene y que no lo dejaría quedarse ahí. Bufó y se levantó, agachándose para cogerle un brazo y tirar de él.

-Vamos.

-Yu, te he dicho que...

-Me da igual.

Lavi se encogió de hombros y se levantó.

-¿Contento?

-No.

-Pues lo siento en el alma- volvió a sentarse en la colchoneta.

-Joder, Lavi, que te levantes, coño.

-Ese vocabulario...

-No te pongas igual que la vieja. Levántate. ¡Ahora! O si no…- hizo ademán de darse la vuelta hacia las espadas de bambú.

-Vale, vale, vale. Joder, ya- se puso de pie.

-Y quita esa cara de mártir.

-¿Prefieres que ponga esta?- intentó sonreír, pero el resultado fue desastroso.

-No, por Dios. Haz el favor de volver a la cara de culpabilidad. Al menos así das menos asco.

-Eres único para subir los ánimos- bufó.

-Tsk. Vamos.

Salieron del gimnasio a paso lento, Kanda marcando el ritmo, Lavi con las manos en los bolsillos, mirando al suelo completamente ido.

"Joder... Esto es flipante" pensó, mirándolo de reojo.

-A ver- se detuvo y se dio la vuelta, plantándole cara- Cuéntame qué ha pasado.

-Nada.

Kanda frunció el ceño, apretó los puños y descargó uno contra la cara de su amigo, que se quedó tambaleándose unos segundos, en un completo estado de shock, colocándose la mano sobre el lugar en el que le había golpeado.

-¿Qué narices te pasa?- gritó, enfadado- ¿A qué ha venido esto?

-¿Qué ha pasado?- repitió, con menos paciencia que antes.

-Te he dicho que no ha pasado...- fue a darle otro pero Lavi lo esquivó- ¡Pero bueno! ¿Y esto?

-Esta es la última vez que te lo pregunto... ¿Qué ha pasado?

-¿Y si te vuelvo a decir que no ha pasado nada?

-Te doy una paliza.

-JA- sonrió con ironía-. ¿Tú dándome una paliza a mí, señor musculitos con cara de tía?

-Maricona llorona...

-¡Eres tú el que me ha pegado sin motivo! ¿Y qué pasa si ahora me da la gana de pegarte a mí?

-Inténtalo- replicó, desafiante.

Lavi comenzó a respirar con fuerza y le propinó un puñetazo a Kanda que le partió el labio. Se pasó el puño por la boca y se lamió la sangre que volvía a surgir con la punta de la lengua.

-Tsk. Perfecto.

Se enzarzaron en una pelea que incluso los llevó a acabar rodando por el suelo, dándose patadas y hostias a mansalva. Al final, se dieron un cabezazo tremendo y se quedaron sentados en la hierba, lanzando quejidos por el dolor.

-¡Joder! ¿Qué tienes en la cabeza, una piedra?- preguntó Lavi, cruzándose de piernas y encogiéndose, con las manos en la frente.

-Y yo que pensaba que la tenías hueca...

-Para que veas- respondió medio riendo- Dios, de todos los golpes que me has dado éste es el que más ha dolido- se tumbó en el césped con los brazos abiertos, respirando agitadamente.

Se quedaron en silencio durante un rato.

-La he cagado a base de bien- explicó al fin-. Me llamó para decirme que había rumores sobre nosotros.

-¿¡Qué!

-Sin nombres. Sólo decían que un profe y un alumno se estaban liando, y que no tardarían en descubrirnos. Y entonces yo... Le dije que no pasaba nada... Que cada uno tiraría por su camino... Que al fin de al cabo sólo era sexo lo que había entre nosotros...

-Otro gilipollas.

-Lo sé- sonrió con tristeza, y una lágrima se le escapó cuando cerró el ojo.- Pero bueno, nada como una paliza con tu mejor amigo para levantar el ánimo, ¿eh?- bromeó- Lo que no entiendo... Sabías que te lo acabaría contando tarde o temprano, ¿por qué me has pegado?

-Para quitarte ese careto de niñita desconsolada que se te había quedado. Bastante tengo con que Clara y Lenalee se pasen la vida llorando por todo para que me vengas tú también con llantinas.

-Oh, y a Clarita la mencionas la primera, que tierno.

-No empieces con tus gilipolleces. ¿No estabas en modo emo?

-No existe modo alguno que consiga apartarme de intentar convencerte de lo mona que es para ti.

-Tsk.

-¡Oh! ¿Eso ha sido rubor, Yu?

-¿No estabas hecho una mierda por lo de Irene?

-Único para consolar, ¿eh?- ironizó, sentándose en la hierba- Pues un poco sí, y ahora no sé qué voy a hacer.

-Puedes saltarte las clases de historia. No te hacen falta.

-Sí, eso pensaba. Pero sería demostrarle que me importa y... ¡AUCH!- se quejo al recibir una colleja de su amigo- ¿Qué haces? ¿Es que quieres más?

-No quiero verte en estado gilipollas sólo por tu orgullo. Como te vea poner un pie en las clases...

-Eres tú el que no piensa... Iba a decir que además la gente podría empezar a sospechar, que es muy curioso que justo cuando aparezcan rumores yo desaparezca de en medio, ¿no crees?- suspiró- Así que nada, me quedan un par de mesecitos aguantando su cara y muriéndome de ganas por...

-No des detalles.

-Está bien, como quiera, sire.

-Oye...

-Dime.

-Les he dicho a Allen y Lenalee que habías vomitado y te habías ido a mi casa para no preocupar al viejo.

-Si eres creativo y todo, Yu- musitó impresionado-. Buena mentira.

-Tsk. Me la debes.

-Ya- sonrió un poco más animado que antes y Kanda no pudo evitar sentir cierto alivio-. Así que tenemos que tirar para allá y tengo que prepararme para fingir estar moribundo si se les ocurre pasarse, ¿no?

-No tendrás que fingir mucho con esa cara.

-Muy gracioso, flequillitos.

-Que te...- se detuvo a la mitad de la frase recordando las coñas habituales de Lavi y bufó, furioso- Vete a la mierda.

Al pelirrojo no se le escapó el cambio y siguió sonriendo. A su manera, Yu lo estaba ayudando todo lo que podía. Podía ser seco y borde, pero siempre podía contar con él para darle el tratamiento de choque que necesitara.

-¿Sabes, Yu?- preguntó acercándose con un trotecito. El aludido gruñó, lo cual Lavi tomó como un no- Te diría lo que estoy pensando, pero me pegarías otra vez y ya estoy lo bastante magullado.

-Cállate.

-Y otra cosa- Kanda lo miró de reojo-. ¿Qué vamos a decir respecto a nuestros golpes?- se tocó el chichón y el ojo que empezaba a amoratársele y luego le tocó el labio partido- No diría mucho a tu favor lo de pelearte con un enfermo... ¿Nos hemos caído por las escaleras?

-Tsk. Mejor no decir nada. Si no preguntan.

-¿Y si preguntan?

-Yo que sé.


Tyki parpadeó al ver una mano pequeña de uñas negras que sostenía un móvil abierto. Alzó los ojos para encontrarse con la mirada brillante de Road y levantó las cejas.

-Dale al play, Tyki- canturreó la niña.

Llevó un dedo al botón indicado con desgana y vio un video de unos veinte segundos muy malinterpretable.

-Este no es el pelirrojo- comentó confundido.

-No… Es el japonesito, haciendo labores humanitarias- se rió.

-Hmm… Interesante, Kanda no parecía el tipo de…

-Eso no importa- descartó con un gesto de su mano dando una voltereta-. ¡La tengo!- canturreó- En unos días se lo mostraré al director.

-¿Sí? Qué niña mala- negó con la cabeza, suspirando.

Road apoyó la cara en su mesa, quedando frente a él y haciéndole una coqueta caída de pestañas.

-Y te encanta, ¿verdad?- le dio un golpecito en la nariz con la suya y se alejó- Va a empezar la clase, Ty-ki~

Su hermanastro suspiró y meneó la cabeza otra vez.

-Es un caso perdido- murmuró para sí.