CAPÍTULO 36
ME LEVANTE DE LA MONTAÑA DE POLVO, igual que un zombi se levanta de la tierra.
Incluso sus restos dorados olían mal, no tanto peor que como se saboreaba era como si me hubiese bebido un frasco entero de vinagreta, mi boca sabía igual que un escabeche pasado y rancio… al menos me había librado de la mujer monstruo, aunque se había llevado su merecido por haber matado a tantísima gente por un instante sentí un poquito de compasión por ella, por culpa de una maldición no pudo disfrutar realmente del afecto de alguien.
Recordatorio: Nunca… Jamás… deberé hacer cabrear a la diosa del Amor.
Suspiré por un instante mientras me daba la vuelta para ver el dichoso altar, pero recordé que estaba oscuro así que busque en mi mochila otra bengala y una vez iluminado con la luz roja vi que este aún seguía intacto, me acerqué lentamente y finalmente vi de qué se trataba.
Era una esfera liquida de un color verde caramelo flotando sobre el altar, dentro había una pequeña pieza de bronce que parecía un trozo de roca picada de una cantera pero tenía dos bordes perpendiculares unidos, como si fuera la esquina rota de alguna baldosa de piedra, todo parecía fácil, tan fácil como meter mi mano y extraer la pieza… pero algo que he aprendido con el paso de los años es que si algo luce demasiado fácil, es porque no lo es, tome una pedazo de madera rota de una de las cajas y le metí dentro del líquido flotante.
Nada, la punta incluso llego a tocar la pieza en mi intento por empujarla del otro lado pero parecía inamovible.
—De acuerdo— pensé. Levante un dedo y lo acerqué al líquido lentamente, primero la punta y después el cuerpo mojando mi dedo lo cual me era raro, la densidad del líquido era similar al de una gelatina dura... pero muy dura.
Entonces comencé a sentir una sensación de quemazón intensa por lo que retiré rápidamente, me ardía como mil diablos como si fuera ácido, incluso al tomar el dedo con la otra mano la sensación se pasaba, saque rápido el agua y remoje el dedo, el agua para mi sorpresa se evaporaba pero lentamente el dolor empezó a mermar lo cual fue un gran alivio, aunque dejaba la pregunta al aire.
¿Cómo iba a sacar el objeto de ese globo de agua acida?
Destape a Riptide de nuevo volviéndola lanza y punce atreves del líquido pero la pieza no se movió, la volví espada y aseste un golpe a la esfera partiéndola en dos, pero en seguida se reparó así misma y volvió a sumergir la pieza de bronce a una velocidad muy rápida para intentar meter mano y sacarla, no podía empujarlo y el ácido quemaría mi mano antes de que pudiera alcanzarlo, miré mi reloj: ya eran las 5 de la tarde y un enorme bullicio con gritos entremedio indicaba el comienzo de la hora feliz arriba, me preguntaba qué tan agresivas se pondrían sus "súbditas" cuando sepan que asesine a su reina, lo que me apuraba a apremiar el paso, pensé y pensé… pero no se me ocurría nada.
Salvo una cosa.
—Ay dioses— suspiré mientras me veía el dedo enrojecido.
Aunque sabía que lo lamentaría después, saque toda el agua que traje conmigo y la derramé acumulándola en todo mi brazo derecho, condensándola lo más que pude para formar una capa protectora recordando como el agua neutralizaba el ácido, como un guante acuático.
—Bien, aquí voy— me dijo a mí mismo para inspirarme valor.
Tome impulso, y metí la mano.
Use toda mi fuerza para acercarme a la pieza pero la densidad del líquido me impedía hacerlo más rápido, por suerte mi truco resistía, unos segundos después finalmente agarre el objeto el cual para mi sorpresa se volvió liviano al contacto con mis dedos, lo suficiente para moverlo, ahora empecé a tirar de vuelta, pero como si tuviera vida la esfera líquida se condensaba aún más, tire con todas mis fuerzas pero mi brazo apenas se movía, era como tirarlo a través de una mezcla de concreto.
Empecé a sentir el agua evaporándose.
—¡Diablos!—
Use el altar debajo para tratar de empujarme con los pies, pero para cuando mi codo quedo fuera el líquido se evaporó por completo y experimente el peor dolor jamás imaginable, era como sumergir mi extremidad en lava, para cuando me di cuenta ya estaba gritando de dolor, mi muñeca se acercaba a la superficie, mi vista se puso negra y me entraron nauseas, si entraba en shock con la mano aun dentro estaba acabado.
El dorso y la palma estaban fuera, con un último esfuerzo finalmente la saqué.
Caía para atrás debido al impulso de mis pies golpeando contra el suelo fuertemente, pero el dolor de mi espalda era muchísimo menor, me encogí en posición fetal sosteniéndome la mano con fuerza apretando los ojos y los dientes, apenas me preocupaba que mis gritos alertaran a las de arriba, el dolor me impedía pensar claramente en otra cosa.
—Mierda— gruñí con un hilo de voz.
Me arrastré como pude a mi mochila, me temblaba tanto el cuerpo y las manos que me hacía difícil trabajar y termine desparramando las botellas de néctar y las barras de ambrosía, ignorando en lo más posible el horrible estado de mi brazo (para que se hagan una idea, imaginen que les desuellan la piel del brazo y luego le echan sal encima), primero tome el kit de primeros auxilios, allí había un poco de agua que esparcí lo mejor que pude tratando de abarcar todo el brazo, un poco de desinfectante y luego vertí dos de las tres botellas de néctar que traje (me dolía tanto que tire el racionamiento por la ventana), bebiendo un poco de la tercera.
La bengala que prendí finalmente se apagó y quede sumido en la oscuridad, encogido sobre mi brazo derecho completamente vendado, sintiéndome vulnerable y abierto a una ejecución sumaria de los monstruos femeninos que arriba me esperaban, así que esta es la peligrosa búsqueda del cetro dorado.
La cabeza aun me daba vueltas mientras respiraba inmóvil y profundamente para no desmayarme.
Intenté pensar en cosas agradables, la broma del mango dorado de los Stoll para la más candente en la cabaña de afrodita, el nuevo invento de Leo: un chaleco que se vuelve armadura, el pésimo Haiku que Will Solace recitó una noche en la hoguera, Chris Rodríguez intentando convencer a Clarisse para que anule la tradición de meter las cabezas de los nuevos en los baños, el lujoso equipo de sonido y la señal de TV digital instalados recientemente en la cueva de Rachel, Jasón y Piper pasando tiempo de calidad junto al lago, Hazel y Frank cabalgando pegasos en el establo…
…mi desayuno de esta mañana junto a mi novia.
—Annabeth— el dolor me calmo un poco más pensando en ella.
Ella tampoco las debió pasar canutas al seguir la marca de Atenea por el subsuelo de Roma, casi me dio un vuelco al corazón cuando estando solos me contó a profundidad como vivió aquella búsqueda, un tobillo roto quizá no parezca demasiado en estos momentos, pero de imaginármela así… si yo estuve tan preocupado aquella vez, entonces ella debe sentirse igual en estos momentos, el dolor que ya había mermado un poco por el néctar volvió de golpe como una punzada apenas intente moverme obligando a encogerme de nuevo.
Casi me parecía oír su voz suplicante en mi cabeza como en mis sueños, o tal vez sea mi cerebro delirando.
—No… voy a morir— pensé, con un poco de dificultad por el dolor.
Después de haber pasado y sobrevivido a tanto finalmente teníamos la oportunidad de un final feliz juntos… iba a luchar por ello con todas mis fuerzas, no me importa quién sea que me esté esperando, iba despacharlo al tártaro y recuperar el estúpido cetro.
—Voy a volver a tu lado Annabeth— gruñí con un poco más de fuerza en la voz, mientras mordía con envoltura y todo una de las barras de ambrosía.
El sabor a limón mezclado a galletas con chispas de chocolate derretidas me alivianó un poco, pero no pude dar más de tres mordidas porque empezaba a sentir la fiebre, volví a recostarme el dolor aún era intenso pero más tolerable, toda idea de movilizarme quedo descartada así que me arrastré de nuevo hacia una pila de cajas que Hipsila no había destrozado con sus garras y me acurruqué detrás de ellas lo suficiente para permanecer oculto, el silencio y la oscuridad eran incomodos pero rápidamente llamaban a mis ojos al sueño.
—Supongo… que puedo pegarlos por un rato— me dije a mi mismo pese ser lo contrario a todo instinto de supervivencia, para colmo la sensación reconfortante de la ambrosía no me la ponía fácil, así que me rendí y decidí dormir un par de horas mientras el néctar aun hacia su efecto.
En menos de 5 minutos ya estaba soñando.
Me encontré viendo desde la nada un paisaje desolador, debía ser Washington DC por el capitolio derruido frente al obelisco blanco derruido, el lago junto a este totalmente seco y agrietado, los arboles alrededor marchitos y oscuros, el cielo de un color rojizo intenso le daba un aspecto tétrico a todo, frente a la Av. Pensilvania había restos de chatarra de lo que parecía ser tanques m1 lo cual me pareció raro, además había sacos de arena apilados y algunas armas oxidadas o melladas junto a restos óseos y resquebrajados.
Era como si se hubiera librado una batalla.
De pronto vi correr cerca de un joven sucio y con la ropa rasgada, tenía magulladuras y golpes además de sudar profusamente, una expresión de miedo desencajada en su rostro me decía que estaba huyendo de algo, luego supe que era de alguien cuando una figura enorme le seguía de cerca a pasos veloces y amplios, cuando lo enfoque mejor no lo podía creer.
Era un minotauro.
El chico (quien a simple vista no parecía un mestizo) apenas pudo huir ya que el monstruo le dio alcance en seguida golpeándolo con el lomo de su hacha arrojando contra los restos de chatarra de un auto en una esquina de la calle, acorralándolo rápidamente, tenía una mirada cargada de sed de sangre mientras el joven casi sollozaba de miedo, no tenía más de catorce, de pelo y ojos oscuros corrientes cubriéndose la cabeza con ambas manos esperando a morir.
El monstruo levanto su arma lista para acabar con su vida.
¡BANG!
Pero antes de arrojar el golpe quedo tieso luego del disparo, luego se tumbó de espaldas en un pesado golpe disolviéndose en polvo dorado, detrás de sus restos apareció una joven en gabardina café oscura sobre una coraza de cuero negra y unos vaqueros levantando un revolver alargado que no reconocí a la primera, se arrodilló junto al joven para examinarlo, no pude ver bien su rostro ya que sus ojos estaban ensombrecidos, pero tenía una cabellera rubia clara.
El joven señalo detrás de ella justo cuando tres minotauros igual de grandes y amenazadores armados con hachas de piedra y garrotes de concreto improvisados se acercaban a los dos pero ella permaneció tranquila mientras se acercaban, finalmente cuando los monstruos entraron a la calle frente a ellos la chica dio la señal con un silbido, entre los edificios derruidos a los costados aparecieron varias figuras humanas armadas con arcos, flechas y armas convencionales (rifles, fusiles, pistolas etc), vestían de civil llevaban equipos tácticos, rápidamente abatieron a los monstruos en una ráfaga de proyectiles.
Los monstruos se disolvieron.
—¿Pero cómo…?— se preguntaba el joven rescatado al ver a los monstruos desaparecer.
Igual que yo al recordar que las armas convencionales no funcionan con ellos, pero la joven se volteó al chico y le sonrió tranquilizadoramente asegurándole que ya se encontraba a salvo, luego de recogerlo el grupo entero de jóvenes armados desapareció rápidamente del lugar.
La escena cambio en medio del bosque en la noche, el cual parecía ser el que rodea el campamento, había señales de una batalla… varios árboles rasgados, ramas rotas, un círculo de tierra y hojas quemadas y algunos ratos de sangre, en medio de la escena había un hombre vistiendo chaleco de aviador oscuro con calaveras de plástico cosidas en relieve sobre los hombros, caminaba a paso lento pero seguro pero lo que más me intrigaba era que a sus pies habían sombras que parecían tentáculos que oteaban los alrededores.
Detrás de cada árbol, debajo de cada piedra o entre las hojas, como si buscara algo… o quizás a alguien.
Su cabeza estaba cubierta por una capucha unida a la chaqueta, una sonrisa malévola era lo único que sobresalía de ella en especial cuando se topó con el rastro de sangre el cual empezó a seguir unos cuantos metros adentrándose más en el bosque, hasta llegar finalmente a un montículo de rocas que parecía una pequeña caverna.
—Fin del camino— murmuró. Se acercó a la enorme roca que lo bloqueaba y con la ayuda de un par de sombras la movió fácilmente
Pero no había nada dentro.
Comenzó a escarbar en la basura, papeles de cartón, algunas botellas de agua, vendas manchadas, latas de comida abierta… el papel de cartón abierto le pareció molestar demasiado por lo que lo hizo pedazos con las sombras que salían de sus pies.
—No escaparas de mí, niña— murmuró.
Me desperté de un sobresalto.
Aquel sueño había sido demasiado raro, no era lo habitual… ¿pero cuando los sueños de los mestizos eran normales? Y sin embargo este me dio un extraño presentimiento, en ese sentido le recordó un poco a las visiones que tuvo del pasado de Luke que le ilustraron un poco algunas de las razones de su traición, pero esto más que ser del pasado parecían ser del futuro
El dolor ya era menor, pero aun así le quito por completo todo el sueño, seguía con vida de milagro aunque cuando arriba de él había varios monstruos femeninos esperando por él, aún tenía la gorra de invisibilidad con él por lo que tenía chance de escapar, intento moverse y gracias a Zeus el dolor no se lo impidió por lo que pudo pararse finalmente, espero un segundo hasta que la cabeza dejara de darle vueltas, tomo su mochila y todo lo que dejo tirado y regreso de nuevo hacia las escaleras, luego de otro largo ascenso llegué hasta la puerta que había cruzado para entrar, respiré profundamente antes de ponerme la gorra y abrir.
Me topé con una escena de horror salida de la más sórdida de las películas de miedo.
Todo el local era un desastre, las mesas y sillas estaba rotas y partidas, los manteles rasgados, la barra estaba arañada como si grandes garras le hubieran pasado encima con algunas botellas rotas, dos de los cuatro postes para bailarinas que vi al entrar estaban torcidos e inclinados.
Pero lo más impactante era la sangre.
Grandes manchas salpicaban el suelo lleno de papeles y pedazos de vidrio de las copas rotas, no había ningún rastro de cuerpos humanos lo cual tampoco era muy alentador con tanto rojo por doquier, avancé lentamente levantado la mesa del barman para pasar a la sala, oí un siseo procedente de la nada y un ruido gutural de garganta sobre mí, alcé mi invisible cabeza y las vi.
6 mujeres de piel pálida, cabellera larga de distintos tonos, grandes garras metálicas en manos como en pies, su lencería exótica estaba rasgada dejando sus atributos.
Frente a mí había cinco metros de suelo cubiertos de cristales rotos que delatarían mi presencia si los pisaba, ellas aún continuaban trepadas en el techo y moviéndose como depredadores esperando a que la presa (o sea yo) aparezca, así que lentamente empecé a sortear los obstáculos (mesas y sillas rotas, vidrio quebrado y algunas latas de cerveza muy sensibles al ruido de mi pie al patearlas) rodeándolos con una agilidad felina, pase junto a uno de los postes cuando una de ellas bajaba por él, por suerte la deja atrás y la puerta de salida ya estaba casi a mi alcance.
—¿Qué es ese olor?— siseó la que deje atrás, las demás reaccionaron gruñendo amenazadoramente, me di cuenta de que mi ropa aun olía al apestoso aroma de vinagre que Hipsila me dejo encima, dos de ellas cayeron frente a mí, bloqueando la puerta y arrojando un zarpazo el cual esquive agachándome.
Pero por desgracia ese golpe me quito la gorra.
—¿Por qué sigues vivo?— chilló.
La otra me olisqueo desde donde estaba parada, seguro reconoció el olor de Hipsila.
—¡Ha matado a nuestra reina!—
Todas chillaron de forma tan horrenda que se me erizaron los pelos de la nuca, destape a riptide y active mi escudo cuando la primera se me vino encima, por suerte la atravesé de lleno matándola, pero la segunda arrojo un zarpazo que casi me abre el estómago, rodé a la derecha intentando alcanzar la puerta, pero otra cayo de nuevo enfrente y tuve que retroceder hasta uno de los postes de bailarina, una de ellas me cayó encima, pero suerte, encima de mi espada.
Dos menos, faltan cuatro.
Pero era imposible, no eran tan rápidas como si reina, pero aun así me superaban en número… tuve suerte de acabar con dos, pero las otras cuatro me rodearon en semicírculo, el brazo aun me escocía y volvía lentas mis estocadas era improbable que pudiera contra las cuatro si se lanzaban al mismo tiempo, tampoco podía rodearlas y llegar a la puerta la cual bloqueaban con sus cuerpos.
—Quiero su cabeza— dijo la más cercana. Piensa Percy, Piensa.
Volteé hacia la barra y me vino la inspiración, esquivé a la primera que se me lanzó encima y me arroje a la barra del barman, tenía unos cuantos segundos antes de que el resto me cayera encima así que me concentré en las botellas de licor en los estantes sobre mí, aunque fueran alcohol seguían siendo agua después de todo, estas explotaron rápidamente y su contenido floto encima mío como una ola creciendo en el océano, los monstruos se paralizaron de la sorpresa un segundo.
Una ola de licor les cayó encima empapándolas por completo, una se cayó y las otras tres se tambalearon un poco, seguramente embriagadas por el alcohol pero eso no las detendría y aun me bloqueaban la salida, pero esa era solo la primera parte ya que para cuando se preparaban para atacar ya tenía un paquete de cerillos en la mano.
Los prendí.
Los monstruos avanzaron pero les arroje el paquete a sus pies y enseguida se prendieron en una bola de fuego flameante, chillaron de dolor ahora mientras intentaban sacudirse las llamas rompiendo otras botellas de cerveza que sobraban en las mesas y derribando los vasos medio llenos, prendiéndose todavía más, tome una cubeta de hielo para cocteles y las arroje en una esquina, ya en el fuego la volví agua y me abrí un pequeño corredor el cual me llevó por fin hacia la puerta.
Aún era de noche, pero ya comenzaba a vislumbrarse la madrugada mientras oía los gritos lastimeros de los monstruos.
Los ignoré y empecé a correr los más lejos posible de ahí mientras las sirenas de la policía y los bomberos a lo lejos se acercaban mientras el edificio empezaba a arder, por suerte no me siguieron y llegué a las afueras del pueblo en una hora, me senté bajo un árbol para descansar mientras recuperaba el aliento lo suficiente para llamar a BlackJack, saqué de mi bolsillo la pieza de bronce que rescaté de ese sótano para verla.
—¡Pero vaya! Conseguiste la primera pista…— oí una voz en el aire. —Debes estar orgulloso— La madrugada se iluminó con la aparición de humo escénico de Momo.
—Relájate, solo bromeo jejeje— No estaba de humor para aguantar sus bromas, el brazo aún me dolía a rayos, lo suficiente para incomodarme pero no para incapacitarlo.
Mire la pieza de bronce con satisfacción, una menos faltan dos.
—Entonces, nos ponemos en marcha ¿No?— sugirió con sarcasmo mientras fruncía el ceño, me hubiera gustado descansar un poco pero cuando vi los primeros rayos del sol salir por el horizonte supe que debía apresurar el paso, mientras más días transcurrieran más preocupada lo estaría Annabeth.
Jure que volvería, y lo haré.
—Vamos—
Unos minutos después estábamos dejando atrás el tranquilo pueblo de Elizabethtown, bueno no tan tranquilo ese día por culpa de la columna de humo que ascendía casi del centro de la ciudad procedente del único burdel del pueblo, ahora destruido, quizá lo lamenten al principio todo los pobladores del género masculino pero a la larga sería bueno para todos, y yo me alejaba volando a lomos de mi fiel Pegaso con la primera pista en mis manos.
"Jefe, seguro que está bien" dijo BlackJack señalando con su cabeza mi brazo derecho vendado.
—Descuida amigo, estoy bien— le aseguré dándole unas palmadas, para después sobarme la mano luego de que volviera a ver al frente, aun me escocía, pero no era lo peor que me haya ocurrido… observe de nuevo esa bendita piedra esperando que me diera la siguiente señal, unos segundos después volvió a abrirse y a mostrarse la pantalla azul transparente del principio.
Ahora el punto señalaba en Phoenix, Arizona.
Momo se mofo parloteando un mal chiste sobre la ciudad más caliente de Estados Unidos, le señale la dirección y BlackJack emprendió vuelo raudo y veloz, le pregunte por curiosidad si no sentía tan cansado como yo y me dijo que al principio sí luego de que se alejara volando al dejarme eso explicaría porque tardo algunos minutos en llegar, paso varias horas bebiendo mucha agua del rio más abajo y charlando con otros colegas suyos en el camino, pero cuando volví a subirme encima recupero sus fuerzas de inmediato.
—Esperemos que la siguiente sea más fácil— dije, aunque eso era mucho pedir.
El sol ya iluminaba el resto del condado Hardin mientras lo dejábamos, el viaje era más tranquilo esta vez, BlackJack se lo tomaba con calma… las llanuras del Norte de Iowa aparecieron debajo nuestro, Momo tarareaba una estúpida tonada de fiesta de cumpleaños lo que me recordaba que el mes que viene cumplía los 18 y esa era otra motivación mayor para volver, Annabeth y yo ya seríamos mayores de edad y no podía dejar de pensar en lo que eso significaba (no, no es lo que ustedes están pensando).
Ella y yo ya habíamos planeado enviar solicitud a la universidad de Nueva York, pese a que su madre quería que fuera a Yale (una chica con su intelecto no tendría problema en ello, dijo Atenea), eso me alegro bastante… bueno además estaba el hecho de que la arquitecta oficial del Olimpo no podía alejarse mucho de su área de trabajo, yo por mi lado aun no tenía en claro lo que quería ser (cuando tu prioridad es sobrevivir al mundo mitológico que te rodea, a veces eso se te puede pasar por alto) pero no quise decepcionarla y acepte la idea.
Yo era el doceavo elegido al que enviaban a esta misión.
—¿Cómo eran los otros once?—
Momo alzo una ceja.
—Ya sabes, los anteriores a mí—
Se rio nerviosamente.
—Era muy interesantes— comenzaba a decir. —Un grupo muy pintoresco de corderos rumbo al matadero—
Eso no me reconfortaba demasiado.
—De verdad no tienes alguna idea de lo que les paso—
—Como te dije…—decía con sarcasmo—Soy el guía, no la niñera—
Si la piedra era quien me daba la ubicación de los sitios a donde ir, ¿Entonces qué pinta él en todo esto?, más bien lo veía como un supervisor o algo así… por lo menos un supervisor vigila las acciones de los demás, en cambio él me dejo y luego se fue.
—Si algo me llegara a pasar…—no pude evitar preguntar—…como sabrías que estoy muerto—
Momo señalo la roca.
—Esta maravilla volverá a mis manos…—dijo como si la piedra roseta fuera algún seguro de vida o por el estilo—…en caso de que mueras—
Volví a mirar la dichosa piedra mientras pedía de nuevo la dirección a la pantalla azul, tal vez sea como mi bolígrafo que regresa a mis manos cuando lo pierdo, en cierto modo es similar a esa maldita moneda que Annabeth tuvo que llevar hacia Roma, y volvía de nuevo a las manos de Atenea cuando sus hijos fallaban en la búsqueda de la Athena Partenos.
Las grandes planicies de Kansas y Oklahoma aparecieron debajo de nosotros, volábamos entre las nubes y tuve las ganas de tocarlas estas se disolvieron en mis manos, rápidamente saca la única botella vacía que guarde y la llené hasta la mitad con agua de lluvia, solo saque lo necesario porque al secar las nubes estas no llevarían el agua hacia el este, no quería ser el causante de alguna sequía.
Bebí un poco para calmar mi garganta seca.
—Buena esa— recalcó Momo. —La vas a necesitar cuando lleguemos— finalizo con un ligero tono sugestivo.
—¿Por qué?—pregunte intrigado.
Su expresión se congeló.
—Este… bueno…—parecía quedarse mudo—no es nada—aseguró intentado parecer calmado y alegre
BlackJack relinchó desconfiadamente y tenía que darle la razón, no podía fiarme completamente de ese payaso divino, después de todo el guio a su muerte a varios antes que yo, que no viera o supiera nada de ellos o su destino levantaría sospechas hasta en el más ingenuo, dos horas, casi al medio día, luego de pasar el recontra famosísimo Gran Cañón finalmente llegamos a la capital de Arizona.
La ciudad plana con extensos barrios residenciales con vegetación y arboles entremedio rodeando los elevados edificios del centro con algunas montañas de las rocallosas alzándose detrás de ella y el rio salado corriendo en dirección oeste por la ciudad (lucía seco lo cual era un poquito deprimente para mí), la roca señalo una extensa hectárea de verdes praderas, algunas lagunillas artificiales, tiendas de plástico y madera… y jaulas con variados y exóticos animales.
—¿La siguiente pista esta en el zoológico?— pregunte.
—Adivinaste… ¡genio!— se burló.
Fruncimos el ceño tanto yo como mi Pegaso.
Aterrizamos en secreto en una de las bodegas del aeropuerto Sky Harbor (gracias a la gorra de invisibilidad de mi novia) y aunque BlackJack tenía ganas de dar un paseíto por el zoológico asegurando que conocía a unas bonitas yeguas en el área de los equinos le convencí de que fuera a reponer energías.
"Supongo que puedo ir a buscar algo de comer"
Saqué un par de cubos de azúcar y se los di como tentempié.
"Eso sabe bien, cuídese jefe" Se fue volando dejándome solo.
Al igual que Momo.
—Hijo de …— murmuré para mí mismo antes de ponerme en marcha.
El taxi tardo un par de minutos en dejarme en la entrada del Zoo, un techo de madera de roble sostenido por cuatro columnas de ladrillo rojizo, El globo terráqueo colocado encima reflejaba el sol como una señal de aviso de autopista como si me dijera "Pase bajo su propio riesgo". Entre al patio principal rodeado por varias tiendas de recuerditos, refrescos, comida rápida y un sanitario público, el patio se bifurcaba en cuatro pasillos que llevaban a las diferentes áreas del zoo, la gente y los turistas iban y venían en todas direcciones, parejas mayores que disfrutaban de un paseo, familias revoltosas que querían observar animales, etc.
La piedra solo marcaba el lugar, sabía que sería difícil ubicar la siguiente pista entre tanta gente, quizá debería adentrarme en el zoo pero era tan amplio que me tomaría dos días explorarlo todo… entonces me fije en la pequeña bahía artificial de las rayas a mi izquierda.
—Hola— la salud, por suerte no había mucha gente junto a la reja que me pregunte porque le hablo a la raya.
El animal parecía dormido, así que le hable más fuerte.
"Eh, qué pasa… ya es hora de comer" balbuceó somnoliento.
—No, soy un hijo de Poseidón…—empecé a decir—...y necesito una guía—
Generalmente cuando me topo con alguna criatura del océano esta suele ponerse muy animada, pero esta raya se veía bastante perezosa… me recordó al zoológico subacuático de Forcis y Ceto al que entramos Frank y yo, supongo que cualquiera se aburre estando enclaustrado las 24 horas.
—Concéntrate por un minuto vale— le sugerí.
"Qué desea… su majestad" dijo en tono irónico y cansado.
—No has visto algo extraño o incomodo últimamente—
"Te refieres a los humanos que no dejan de mirarme, a los niños que no dejan de lanzarme sus dulces, a los entrenadores del acuario que no dejan de intentar "conectarse" emocionalmente conmigo, a los…"
—¡Esta bien ya entendí!— recalqué. —Solo pregunto si no has visto algún objeto raro o misterioso—
La mantaraya se sacudió la arena del fondo que traía encima del lomo.
"¿Te refieres a la "nueva adquisición" del Zoo?" recalcó.
¿Nueva adquisición?.
De pronto sentí una mano ligera agarrando mi hombro y volteándome.
—Oh jovencito, estas de suerte… tenemos un último puesto en el tour con tu nombre— era un hombre alto y delgado con una camiseta morada de empleado del Zoo y pantalones caquis cortos. —Vamos, el bus nos espera—
Me alejo de la jaula de la raya mientras esta me gritaba algo que hasta donde alcance a oír decía "CUIDADO CON EL FE-". Antes de que pudiera negarme el hombre me empujo en el último asiento de la parte baja del bus blanco de dos pisos en la estación del Safari, junto a la ventanilla.
—¡Bien, es hora de empezar el tour principal!— dijo el guía que no debía tener más de 30 años, de cabello y ojos oscuros… pero con una perturbadora sonrisa de oreja a oreja.
Para ser el tour principal había poca gente, una anciana regordete malhumorada en vestido lila con sombrero para el sol y una familia de tres, mamá pelirroja con ropas de verano, papa castaño con camisa blanca y su hijo malcriado de 9 años que no dejaba de escupir bolitas de papel a todos los asientos.
—Estos jovencitos y sus modas extravagantes— refunfuño la anciana al ver el vendaje en mi brazo mientras el chiquillo me escupía una bolita de papel de su pajilla a mi ojo.
Lancé una pregunta antes de perder la paciencia.
—Vamos a recorrer todo el zoológico—
El hombre asintió feliz, asegurando que íbamos a recorrer todas las atracciones eso quizá me ayudaría a encontrar alguna pista sobre la pista que debo encontrar, valga la redundancia el chiquillo me escupió otra bolita de papel antes de que el vehículo se pusiera en marcha.
—A su izquierda verán la jaula los anfibios…—
Los reptiles croaron y gruñeron como si quisieran hablarme, pero no eran peces después de todo… el pequeño bus subió por una camino de tierra entre las verdes áreas enmalladas de los animales, vi a los coyotes, jirafas y las cebras, pasamos las tiendas de plástico y madera, los elefantes se bañaban con agua del pequeño lago artificial a la izquierda, los mandriles y babuinos jugueteaban en las ramas de los árboles en sus jaulas, dimos la vuelta junto a una arena para los rinocerontes a la derecha de las jaulas, vimos a los camellos, flamingos y otro montón de animales de la sabana.
Me pregunto que habrá querido decir la raya con lo último que dijo: "Nueva adquisición" "CUIDADO CON EL FE-"Eso solo me olía a problemas.
Problemas con monstruos.
—Ahora entramos al área las gacelas— dijo señalando a nuestra izquierda de nuevo, podría jurar que me veía de reojo cada cierto rato… como si le importara más darme el tour a mí que a mis otros incomodos acompañantes.
Luego de una hora no pillaba nada que me ayude a encontrar la dichosa pista, nos acercamos a un arco de tiendas junto al camino en una parada de descanso cerca de la jaulas de jabalís, tigres y leones… el niño malcriado le exigió a sus padres que le compraran una soda, me distraje viendo un barril con agua con algunos peces nadando agitadamente mientras eran trasladados a otra área.
"Miren! El hijo de Poseidón" alardeó uno de ellos. "Como rayitas lo dijo" afirmó, refiriéndose quizá a la mantaraya.
Eso llamo más mi atención.
"¡Señor, salga de ahí!" "¡No es seguro!" "Tenga cuidado, es una…!" Pero antes de que pudiera seguir el encargado de su traslado que se paró a refrescarse con algo de hielo los alejo de mí… el guía vio en la dirección en que se iban los peces antes de ordenar al chofer que siguiera, mis sentidos de alarma se encendieron, ahora su sonrisa me resultaba más siniestra mientras nos adentramos más en un área rocosa con carneros y animales de montaña.
Todos eran de pelaje y colores, menos uno.
-Mi segundo encuentro-
La cabra desentonaba demasiado con el resto de cabrunos oscuros, era de pelaje corto brillando como una luz blanca y lo que parecían ser ubres colgando de su panza, estaba lejos pero podía distinguir algo broncíneo colgado de su cuello, y unos ojos ámbares tristes y fijos en mí.
Pateo con su pezuña y apunto con sus cuernos en dirección contraria hacia donde se dirigía el bus.
—Y ahora llegamos a la principal atracción del recorrido— declaró el guía.
La cabra se quedó atrás hasta perderse de vista mientras el vehículo se alejaba, llegamos a dos peñascos unidos desde sus puntas superiores formando un corredor entre ellos, como la entrada a otra zona… el guía sugirió un recorrido a pie acercándose a mí, ninguno de los otros acompañantes en el bus se movía.
Parecían inmóviles.
—Seguro que disfrutara de esta parte del recorrido, Sr. Jackson—
Se me erizó el pelo de la nunca.
—No hay necesidad de la violencia—dijo mientras veía meter la mano a mi bolsillo—vengo a guiarlo hacia su pista— aun así no me inspiraba confianza, decidí seguirlo de todas formas pero sin quitar mis dedos de riptide ni mi vista de su perturbadora sonrisa.
Quizá tenga un papel similar al que tuvieron Gregory Peck y Audrey Hepburn, perdón… Tiber y Rea Silva cuando se llevaron a Annabeth ese día en Roma a seguir la marca de Atenea.
Dejamos atrás el pequeño bus y a los mortales para meternos en aquel pequeño corredor entre los peñascos rocosos, era como caminar entre medio de un cañón, el sol se filtraba por la rendija entre las rocas arriba nuestro, el corredor se abría un par de metros que parecieron eternos durante los 15 minutos que duró la caminata, no dejaba de otear al tipo con la mirada.
—¿Quién eres en verdad?—
Sonrió perturbadoramente.
—Solo un humilde guía…— dijo este.
Llegamos por fin a un espacio abierto rodeados por las paredes irregulares de los peñascos, había varias columnas de granito dispuestas en cuadrícula como un laberinto improvisado y en el centro un taburete de piedra con un recuadro cuadriculado, arriba nuestro las paredes se curvaban hasta casi unirse en el centro dejando grietas y un espacio abierto por donde se filtraba el sol iluminando el taburete, me acerqué caminando entre las columnas de granito hasta llegar al taburete en el espacio abierto.
Entonces me percaté de que a unos 5 metros frente mío había la entrada de una cueva al final de un corredor.
—Esto me da mala espina—
Me volteé para ver de nuevo al hombre, pero este ya estaba corriendo de vuelta por donde entramos.
—¡Oye!— le grité al ver que el estúpido guía me dejaba solo.
Pero una pared de roca solida se levantó del suelo sellando la entrada por donde ingresamos, saque a riptide, su brillo broncíneo ilumino un poco las sombras aunque también refulgía con los rayos del sol filtrados desde arriba… me acerqué con cautela al recuadro cuadriculado en el taburete. Parecía un rompecabezas, de lo que parecía la pintura de un ave roja y azul, pero los recuadros desordenados no lo dejaban bien claro…
¿Un ave?... luego recordé las palabras de la raya. "Cuidado con el FE-"
Volví a ver la figura en el rompecabezas y luego a la cueva.
—Aaaah!— balbuceé. —Cuidado con el Fénix, quiso decir—
Me quede helado por un segundo, Alcé la espada más en alto esperando lo peor, seguro el rompecabezas era la clave
Tendría que resolverlo.
—Haber veamos—
Las piezas estaban totalmente desordenadas, sin mencionar que eran deslizables, ósea que no podía quitar las piezas y armarlas como recuerdo que siempre lo hacía con el rompecabezas de tiburón que me regalaron a los cinco años, y para colmo había otra dificultad.
La imagen en las piezas parecía difuminarse cada 30 segundos, como esas tarjetas de beisbol marcadas que cambian de imagen en cierto ángulos, lo que significaban que tenía medio minuto para lograr armar la imagen antes de que las piezas cambiaran de contenido por lo que tendría que empezar de nuevo.
—Denme un respiro por favor— suspiré luego de fallar el primero intento y ver la imagen cambiar en las piezas.
Entonces oí un ruido como el de una chimenea prendiéndose procedente de la cueva frente a mí.
—Joder— Eso solo puede significar algo.
KU-KU KU-KU KU-KU KUUUUU!
Después de oír el cacareo y con una brisa de aleteo golpeándome la cara apareció la legendaria Ave Fénix.
CONTINUARA…
PRÓXIMA SUBIDA: 31/08/13
