Locura.
Estaba enloqueciendo, caminando de un lado a otro de su cuarto de forma ansiosa, retorcía sus manos mientras murmuraba, en un punto decidió sentarse antes de hacer un hueco en el piso.
Tomo entre sus dedos la pequeña caja que llevaba encima en el último par de días, Mu le había lanzado una mirada sospechosa cuando le pidió que hiciera dos piezas iguales, dos collares de oro con un dije en forma de pegaso decorado con un cuarzo rosado, se trataban de trabajos perfectos y delicados, dignos de una diosa.
Y eso era precisamente lo que lo tenia en ese estado, debía cumplir con una ofrenda primero antes de poder seguir con su plan, el problema estaba en como hacer para irse sin avisarle a nadie cuando prácticamente se convirtió en la sombra de su diosa. Usualmente Saori lo alentaba a que saliera a disfrutar mientras trabajaba como diosa o empresaria, en lo segundo a veces la ayudaba pero en este momento estaba demasiado ocupada con cerrar un acuerdo.
Salió de su habitación guardando la caja en el bolsillo de su chaqueta negra, intentó arreglar su cabello en vano suspirando en resignación, su melena tenía vida propia y un día de esto le reclamaría su drama emocional y su tendencia a despeinarse al estar nervioso.
- Saori, saldré. - Aviso por el pequeño espacio de la puerta entreabierta obteniendo solo un asentimiento de la muchacha.
Miró a su alrededor una vez que estuvo en Atenas buscó orientarse con su cosmos, dado que realmente no tenia idea de a donde dirigirse, elevó una plegaria a una diosa que no era su dueña sintiendo como si le estuviera siendo infiel.
- Pensamiento tonto. - Dijo una voz femenina mientras proyectaba el camino en su mente con pulcro detalle.
Le tomó casi una hora llegar al sitio, un par de vueltas erradas le restó tiempo valioso pero finalmente se sintió satisfecho al ver las ruinas de un gran templo, varios turistas caminaban en los alrededores tomándose fotografías pero el podía sentir el enorme y poderoso cosmos que protegía el lugar.
- Bienvenido, Santo. - Una hermosa mujer pelirroja le sonrió con dulzura - Eres muy joven para buscar a mi Señora.
- Tengo catorce. - Dijo con un tono ofendido -Ya no soy un niño.
- Y tampoco eres legalmente un adulto ese es el problema de la adolescencia. - Apunto - Soy Kiara, sacerdotisa de Aphrodite,te doy la bienvenida.
Seiya correspondió la reverencia de la mujer, un santo era un guerrero pero las sacerdotisas eran la corte personal y cercana a las diosas, merecían todo el respeto del mundo. Una vez que pasaron las formalidades fue guiado a un altar donde había rosas y varias ofrendas.
- Incluso aunque el tiempo pase y los humanos crean en un nuevo dios, siempre creerán en el amor. -Comento Kiara con una sonrisa - ¿Has traído una ofrenda para ella?
- Sí. - Dijo buscando en la chaqueta la caja donde permanecía resguardado el collar - ¿Es apropiado?
- Oh. - Kiara miro con asombro la joya, se trataba de un collar con un dije rosado - ¿Es un cuarzo rosado?
- Si. ¿Esta mal?
- No, claro que no. Es la mejor ofrenda que puedes darle a la Señora. - Kiara sonrió tan amplio que Seiya pensó que se le rompería - Tenemos años sin una ofrenda tan delicada. Tienes buen gusto, Santo.
- Gracias. - Respondió avergonzado alargando la mano para ubicar la caja en una de las mesas, temblando ligeramente se sentía fuera de lugar.
- ¿Y la plegaria? - La encantadora y sensual voz de la diosa se dejo escuchar en la habitación pocos segundos después apareció con una sonrisa, su largo cabello rojo ondeaba ligeramente por su cosmos, sus ojos verdes brillaban con adoración.- Un regalo tan valioso debe estar acompañado de una plegaria.
- ¿Debo decirla en voz alta? - Cuestionó apenado.
- No. Si lo piensas con todo tu corazón.
Seiya miró a la diosa que había tomado su muñeca con suavidad para recibir la joya, se concentró en sus ojos verdes pensando en la muchacha que lo esperaba en casa, su largo cabello lila y en sus brillantes ojos azules.
- Deseo la felicidad y la seguridad de Saori. Que mi amor sea capaz de llegar a ella, y que sepa lo importante que es para mi.
- Ella ya lo sabe. - Dijo Aphrodite con dulzura - Esta gema representa el amor, y los sentimientos positivos. Es mi favorita. Y su gemela lleva toda mi bendición para el momento en que decidas entregarla. - Kiara miro a su diosa con curiosidad sobretodo cuando el chico se sonrojo - Compró dos idénticas, la otra es para la chica que ama.
- Que tierno, los hombres románticos son tan escasos. - Mencionó Kiara.
- ¿Ella lo aceptará? ¿Estara bien?
- La verdadera pregunta que quieres hacerme es: ¿Me ama? Y eso ya lo sabes aunque nunca te lo ha dicho. Respondiendo las que me has hecho: Ella aceptaría incluso si le regalas solo una mirada o un momento entre tus brazos. - Aphrodite se inclinó para besar su frente - Cuentas con mi bendición.
Seiya hizo una reverencia profunda antes de marcharse de regreso a su propio Santuario, las dos mujeres lo miraron marchar con sonrisas cómplices.
-¿Cree que se percatará de lo que hizo?
- No, su mente esta tan enfrascado en su dilema que no se dio cuenta de lo sucedió.
- Es traviesa, mi Señora. - Kiar se carcajeó.
Seiya llego directo a su cuarto en la mansión, le hizo un gesto a su hermana mientras pasaba, revoloteo buscando el regalo hasta que lo consiguió se quedo observándolo largo rato cuando una presencia a su espalda lo alerto.
- Estuviste fuera toda la mañana. - Comentó cariñosa - Bienvenido a casa.
- Oh. Tadaima. - Dijo.
- ¿Estas bien?
- No. - Respondió para sorpresa de ambos lo que causo que la adolescente tuviera una expresión preocupada.
- ¿Sucedio algo malo? -Cuestiono entrando en el cuarto con confianza.
- No paso nada malo.
- Pero sucedió algo. Actúas extraño. - La diosa elevó su cosmos para examinar a su acompañante percatándose del rastro de otra deidad -¿ Fuiste con Aphrodite? - Seiya asintió - ¿Por qué?
- Fui a llevar una ofrenda. - Contestó tapándose la boca al ver que respondía con la verdad, no es que le mintiera con frecuencia pero no decía lo primero que pensaba, no con ella al menos.
-¿Le llevaste una ofrenda a la diosa del amor? - Saori arqueó una ceja con dudas impaciente ante el obvio nerviosismo de Seiya.
- Si. - Ansioso le tendió la caja cerrando los ojos confundiéndola - Yo fui a pedirle por tu protección.
- ¿Mi protección? Soy la diosa de la guerra ¿cómo podría protegerme? - Recibió el regaló con una expresión llena de incertidumbre.
- Ella tiene poder sobre la protección de las personas amadas. - Expresó para su sorpresa - Y tú eres la persona que más amó.
Los dos guardaron silencio después de la confesión, Saori sonrojándose delicadamente mientras que Seiya tenia una mueca mortificada en el rostro. Rompiendo el contacto visual abrió la pequeña caja para revelar el delicado collar que terminaba con un dije de un pegaso decorado con una gema rosada, no era una experta pero determinó que se trataba de un cuarzo, la gema favorita de su hermana.
- Ella debió estar muy feliz con este regalo. Solo los reyes y nobles le daban estas ofrendas en la Era Mitológica. - Sus ojos azules se clavaron en la figura del muchacho, eran muy jóvenes en su vida humana pero sus esencias se conocían desde milenios. - ¿Este es para mi?
- Si, es tuyo, si quieres. Cuenta con la bendición de Aphrodite. - Musitó consciente de que ella no había contratado sus palabras.
- Lo atesoraré porque de esta forma siempre estarás junto a mi corazón en todo momento. - Se giró apartando el cabello y ofreciéndolela joya. Seiya lo tomó con las manos temblorosas y lo cerro evitando tocar su piel, una vez terminado ella lo enfrentó sonriendo acariciando el dije que descansaba sobre su pecho. - Gracias, Seiya. - Se colocó sobre las puntas de sus pies para darle un beso en la mejilla. - ¿Sabes que siento lo mismo, no?
- Si. - Asintió avergonzado - ¿En que estaba pensando, Saori? ¡Esto es una locura! Si hubiera sido más listo le habría pedido a Mu que usará otra figura ¡Ahora todos se darán cuenta que fui yo el que te la dio!
- ¿Y no es eso lo que querías?
- Si, digo no. - Suspiró intentando organizar sus ideas - Era para ti. Es decir, quería que tuvieras algo mío contigo pero es muy obvio que fui yo. Cuando los demás lo vean...
- Sabrán que me lo regalaste y que me gusto mucho. ¿Cuál es el problema con eso?
- Sabrán que te amó. - Sus corazones se aceleraron al escucharlo de nuevo.
- Ya lo saben. - Apuntó ella con tranquilidad - Y saben que es correspondido. - Seiya inspiró bruscamente - Y tu debes saberlo. Eres mi mejor amigo, mi confidente y mi todo. - Saori evitaba usar las palabras mas directas en lo posible - Y también sabes que no puedo decirlo.
- Lo sé. - Suspiró incómodo.
- Esto lo tendré conmigo. Y todos estarán al tanto de lo que significas para mi. ¿Estás de acuerdo?
- Si. ¿Puedo besarte? - Saori abrió los ojos sorprendida, sonrojándose bruscamente asintió cerrando los ojos al sentir la caricia en su mejilla, sus labios se tocaron de forma inocente. - ¿Puedo besarte pero no me dirás que me amas?
-Locuras de la vida. ¿No son mejores los hechos?
Saori le dedicó una sonrisa que se le antojó coqueta antes de salir del cuarto, Seiya se quedo de pie estático sin entender que había sucedido pero sintiendo que el pequeño cosmos de la pelirroja que estaba en él había desaparecido siendo sustituido por un leve destello de su diosa, este día era una locura pero ¡Athena! Le había dicho que la amaba y ella le correspondió a su modo.
Podía mori feliz.
