Los personajes y escenarios principales pertenecen a J. K. Rowling a excepción de Evelyn Morgan y algún que otro personaje más que son originales.
Esta historia contiene escenas de violencia y sexo, además de lenguaje fuerte.
Algunos detalles, diálogos, o escenas pueden estar inspirados o tomados de las películas/ libros u otras fuentes.
Para cualquier duda y/o sugerencia estoy a disposición de quien quiera
Capítulo 36
Un potente sonido acompañado de un grito desgarrador inundó todo Hogwarts, haciendo que las peleas cesaran, y todos los presentes en el gran patio del colegio y alrededores observaran hacia el lugar de donde provenía el ruido.
Evelyn y Severus, al igual que el resto de los mortífagos, notaron un fuerte escozor en la marca tenebrosa, la cual comenzó a tornarse de un pálido color grisáceo, desquebrajándose hasta quedar desgastada y fea, como una antigua cicatriz.
La pareja se miró tras contemplar la marca, y acto seguido, salieron corriendo hacia el gran comedor en busca de Harry, pues al parecer había salido victorioso.
Al llegar a la amplia sala, Evelyn corrió hacia el chico de la cicatriz, quien se encontraba tirado en el suelo, aún con la varita en la mano.
-¡Harry! ¡Vamos despierta! –Habló la mujer con desesperación, agachándose junto al moreno, zarandeándolo levemente.
El muchacho comenzó a moverse lentamente mientras emitía leves quejidos y se incorporaba, tocando el corte que sangraba en su mejilla. Aún se encontraba aturdido tras la intensa lucha.
-Estoy bien, profesora. Todo ha acabado, ¿verdad? –La mujer miró al chico a los ojos sintiéndose culpable al no querer contarle que su hermana pensaba relevar a Voldemort, pero creía que no era el mejor momento de amargar al chico.
-Claro, ahora descansa, lo has hecho muy bien, Harry. Nos has salvado a todos. Vamos a sacarte de aquí. –Agregó mientras ayudaba al chico a levantarse, y ambos andaban hacia la salida ignorando a Severus, quien contempló la escena a ceño fruncido sabiendo que Evelyn había mentido al chico sin saber por qué.
En el momento en el que Harry apareció por la gran puerta de Hogwarts, Ron y Hermione se abalanzaron sobre él, abrazándole como nunca antes lo había hecho mientras la morena se alejaba de la escena, dirigiéndose hacia Remun, a quien abrazó con fuerza tremendamente aliviada al ver que se encontraba bien.
-¿Cuántos han caído de los nuestros?
-Lavender Brown y Fred Weasley. –Respondió con tristeza el hombre mientras miraba los ojos azules de la mujer.
-Dios mío... ¿Y Molly?
-Está con Dumbledore, dentro. Ya ha acabado todo, nos repondremos y algún día superaremos el dolor.
-No, Remus, aún continuará. –Susurró la mujer entrecortadamente.
-¿De qué me estás hablando? Voldemort ha muerto, los mortífagos se han rendido.
-Mi hermana no. Ella tenía esto tan planeado como nosotros, mató a la serpiente y huyó después de decirle a Voldemort que le estaba utilizando para hacerse con su puesto.
-Dios mío... Esto no puede estar pasando.
La morena guardó silencio contemplando el paisaje desolador de muros derruidos, fuego y cadáveres por todas partes, y sintió unas fuertes ganas de romper en llanto, pero estas remitieron levemente cuando pensó en que habían vencido a Voldemort, algo que parecía imposible, y por ello también podrían con Elizabeth. No era momento de rendirse.
-Cuéntale a Dumbledore lo que te acabo de decir, necesito ver a alguien. –Se despidió la morena de Lupin, quien asintió contemplando a la mujer avanzar abstraída entre la desolación, dirigiéndose hacia el lago.
Evelyn se detuvo ante la tumba de piedra que descansaba a unos metros del agua, contemplando con dolor el nombre de su hijo en ella, sin poder evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas
-Siento no haber venido antes, cielo. ¿Sabes? Hemos acabado con él, por fin hemos vengado vuestras muertes, y debería sentirme bien por ello pero... No es así. –Susurró mientras limpiaba una de sus lágrimas y pensaba en todos los problemas que se avecinaban. –Elizabeth viene a por nosotros, y con más fuerza que Voldemort. Morirá más gente, y es algo que no puedo seguir soportando. Ojalá tú estuvieras aquí en mi lugar, la vida ha sido tan injusta contigo, cariño.
El llanto se intensifico y la mujer rompió a llorar agachándose ante la tumba, y depositando un beso sobre la fría lápida, para después quedarse sentada frente a ella, desahogándose.
-Dumbledore te está buscando. –Habló la voz grave de Severus con lentitud e incomodidad al observar la trágica escena de la mujer, quien paró de sollozar al asustarse.
Evelyn se levantó intentando calmarse para no mostrar aquel dolor al hombre, ya que aún estaba demasiado dolida por su comentario anterior, y lo que menos necesitaba en aquel momento era sentir su frialdad e indiferencia.
La mujer intentó avanzar y salir del lugar con rapidez, fingiendo toda la dignidad de la que era capaz, pero Severus la agarró de la muñeca, deteniéndola.
-Detendremos a tu hermana y esto se acabará. –Murmuró mirando a la mujer a los ojos con seriedad.
-No sé qué pensar sobre eso, no la conoces como yo; Jamás se rinde.
-Ese es un rasgo que compartimos con ella, no creo que muchos mortífagos se unan a sus filas después de ver como el Señor Tenebroso se ha derrumbado.
-Conseguirá tener aliados, todos los que se le antoje. Sabe muy bien como manipular a la gente.
- ¿Desde cuándo te rindes tan fácilmente, Morgan? –Preguntó arqueando una ceja, extrañado.
-Desde que la decepción gana a las fuerzas de arreglarlo todo constantemente. ¿Por qué seguir luchando? Moriremos en el intento como lo han hecho casi todos a los que hemos querido. No lucharé por continuar, es absurdo. –Confesó con tristeza mientras sus ojos se tornaban vidriosos y se daba la vuelta, siendo retenida de nuevo por el hombre.
-Yo lucharé por ti. –Habló en voz baja mirando fijamente a la mujer, sintiendo la necesidad de tomarla entre sus brazos al verla tan deprimida.
-¡Basta ya, Severus! –Gritó entre llantos la mujer, explotando, para continuar tras un silencio-. ¡No puedes decirme que no sientes nada por mí y después decirme esto! ¡Deja de jugar conmigo, vas a volverme loca! ¡No puedo estar a tu lado sintiendo como me muero por dentro sin poder decirte todo lo que te quiero mientras tú cambias de parecer cada dos minutos!
Antes de que la mujer siguiera gritando desgarradoramente, expulsando toda su rabia y frustración, el hombre la atrajo hacía sí mismo y la besó con ímpetu, callando la pequeña parte de él que le susurraba que aquello no era correcto, pero sabía perfectamente que ya era tarde para dar marcha atrás, pues la quería.
-Sabes perfectamente lo que siento por ti. –Murmuró tras separarse unos centímetros de la sorprendida profesora, quien clavaba sus ojos en los negros de él, intentando llegar hasta las respuestas ocultas dentro de su ser.
Antes de que ninguno pudiera reaccionar, un destello de luz impactó contra ambos, haciendo que se separasen bruscamente cayendo uno a cada lado de la tumba de Christopher.
-¡No se mueva, señorita Morgan! –Habló un hombre moreno de unos cuarenta años, apuntándola con su varita–. Soy Arthur Frinch, del departamento de Seguridad Mágica. Está usted arrestada y será juzgada por el tribunal de Wizengamot.
El hombre levantó a la mujer sin dejar de apuntarla mientras ataba sus manos de forma mágica con un rápido movimiento de varita, y la obligaba a caminar ante la mirada escéptica de Snape, quien creía que Dumbledore había ayudado a la mujer en aquellos años para que el ministerio la dejara en paz, como antaño había hecho el viejo mago con él.
-¿Qué está haciendo? ¿De qué acusan a está mujer? –Preguntó el mago mirando con odio a Frinch.
-Eso a usted no le incumbe. Todo esto está bajo secreto hasta la fecha del juicio.
El hombre desapareció junto con la mujer, quien no parecía hallarse muy sorprendida por su detención, ya que sabía que algún día aquello iba a ocurrir por haber actuado a espaldas del ministerio cientos de veces, engañándolos.
Severus, enfadado, salió del lugar raudo hacia el castillo dirigiéndose en busca de Albus Dumbledore mientras maldecía interiormente pensando en que aquello, seguramente, tendría que ver con Voldemort si el secretismo era tan importante.
