Un Ángel

Alejandra: Soy Alejandra, señorita Sylvester –gritó de forma divertida-.

Sue: Al fin se digna a presentarse –susurró mientras quitaba el cerrojo de la puerta-.

Alejandra: Buenas noches comisaria –dijo con una sonrisa en la cara-.

Sue: ¡Eres tú! –exclamó con sorpresa al reconocer al fin a la chica-.

Alejandra: Siento haber tardado tanto, pero el caso no me permitía acercarme a usted ni a nadie –explicó algo seria-.

Sue: ¿Cómo? –preguntó aún sorprendida-.

Alejandra: Ahora no tengo tiempo de explicaciones, es muy tarde. Mañana me paso por la comisaría y lo discutimos; tengo que arreglar unos asuntos primero –comentó con algo de prisa-.

Sue: Espero informe detallado de todo –espetó algo más seria-.

Alejandra: Lo que usted diga señora –se despidió para marcharse del piso de Sue-.

Sue: Increíble… -dijo en voz alta para sí misma mientras cerraba la puerta-.

Local de Amber, 01:03 horas.

Rachel y Quinn, después del estreno del musical, llegaron al local con un poco de retraso debido al tráfico.

Rachel: ¡Mira! ¡Allí está! –exclamó observando el escenario-.

Quinn: Hemos llegado con el concierto empezado –dijo algo triste-.

Rachel: Antes de salir le escribí un mensaje a Blaine para pedirle que fuese a casa a cuidar de los niños.

Quinn: La canguro tiene ganada el cielo con nosotras –sonrió-.

Rachel hizo un saludo desde el público a su amiga para hacerle saber que estaban allí escuchándola y apoyándola, como siempre. Charlie, al verlas, sonrió mientras cantaba la canción "Duele" de la cantante Chenoa. Su rostro mostraba toda la tristeza que sentía sobre el escenario; desde la muerte de Amanda no podía cantar otro tipo de canciones que no fuesen tristes y que expresaran todo el dolor que le invadía por dentro. Cuando terminó la canción, se acercó al micrófono.

Charlie: Ahora quería cantar una canción, que lleva conmigo en la gira desde hace un tiempo, y que compuse en un momento de mi vida un tanto complicado y difícil. Ahora la quería compartir con todos vosotros.

La rubia tomó un sorbo de la botella de agua que se encontraba a los pies de la banqueta donde se encontraba sentada tocando la guitarra. Cerró los ojos, tomó aire y comenzó a tocar los primeros acordes de la canción "Yo también fui feliz".

Quinn: Lleva cantando esta canción desde que volvió de su gira… –comentó preocupada mirando a Rachel-.

Rachel: Y, al parecer, también la ha ido cantando en la gira.

Charlie seguía interpretando el resto de la canción cuando sintió algo extraño en su cuerpo. Sentía como si su cuerpo le avisara de algo… Abrió los ojos y los fijó en una muchacha que se encontraba cerca de la barra del bar.

-No puede ser. Estás viendo alucinaciones Charlie- pensó mientras cantaba.

Charlie: Me van a disculpar un momento –logró pronunciar al terminar la canción sin apartar la vista de la muchacha-.

Rachel y Quinn se miraron preocupadas al ver la cara de su amiga, pues no era normal que Charlie parase un concierto a la mitad y de esa manera. Charlie dejó la guitarra apoyada en un soporte que se encontraba cerca de su banqueta y, de un salto, bajó del escenario para llegar antes a su objetivo.

Charlie: ¡No puede ser! –exclamó con los ojos abiertos como platos-.

Amanda: Hola Charlie –saludó con la incertidumbre de saber cómo iba a reaccionar su rubia-.

Charlie: Estabas muerta… –soltó casi sin voz con lágrimas en los ojos-.

Amanda: Tengo que explicarte muchas cosas y…

Amanda no pudo terminar la frase, ya que la mano de Charlie golpeaba con fuerza su cara.

Charlie: ¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Hacerme creer que estabas muerta! –exclamó alterada con las manos en la cabeza-.

Charlie se encontraba entre un estado de enfado, llanto y sorpresa cuando las chicas llegaron al lugar donde se encontraba. Habían decidido acercarse hasta allí al oírla gritar.

Quinn: ¡Charlie! –gritaba intentando encontrarla entre tanta gente-.

Rachel: ¡No puede ser! –agarrando a su mujer del brazo-.

Quinn: ¿Qué pasa Rachel? –preguntó mirando la cara de su mujer-.

Rachel: Es Amanda –señalaba con el dedo la dirección donde se encontraban las dos chicas-.

Quinn: ¡Joder! –exclamó sorprendida-.

Amanda: ¡Charlie! ¡Espera! –gritó al ver cómo Charlie se iba llorando hacia los camerinos-.

Rachel: Si no lo veo no lo creo…

Quinn: ¿Está viva? No entiendo nada…

Rachel: ¿Vamos? –preguntó a su mujer para seguir a la morena-.

Quinn: Será mejor que aclaren primero sus cosas, ya tendrá tiempo de explicarnos a nosotras.

Rachel: Tienes razón, mejor será que nos vayamos a casa –dijo agarrando la mano de su mujer para salir del local de su amiga-.

Hospital Memorial de Nueva York, en ese mismo momento.

El personal del hospital se encontraba trabajando duramente, ya que se había producido un accidente múltiple y la mayoría de heridos habían sido trasladados hasta el Memorial, ya que era el centro de urgencias más cercano al lugar del siniestro.

Charles: Llevamos tres víctimas con ésta –comentó mientras se sacaba los guantes y se bajaba la mascarilla de la cara-. Hora de la muerte… 01:03 horas. Enfermera, por favor, vayan preparando al donante para los órganos.

Enfermera: Pero los familiares…

Charles: El hombre tenía el carnet de donante, no me hace falta el permiso de nadie –contestó malhumorado-.

Enfermera: Lo que usted ordene doctor –obedeció desconectando los cables del paciente-.

El responsable de trasplantes se dirigió a su despacho. Se encontraba excesivamente cansado debido a todas las operaciones que tuvo que atender esa noche.

Hombre: Doctor Milton –dijo secamente entrando en el despacho-.

Charles: ¿Quién es usted? ¡Fuera de mi despacho! –gritó molesto-.

Hombre: ¿No se acuerda de mí, doctor? –soltó una retorcida sonrisa mientras empezaba a cabrearse por la situación-.

Charles: Veo a mucha gente a lo largo del día…

Hombre: Aaron Blair.

Charles: Blair, Blair… -repitió pensativo intentando recordar algo-.

Aaron: Insuficiencia renal crónica. Estuve mucho tiempo en su lista de trasplantes y yendo a diálisis –explicó de manera calmada-.

Charles: Ya le recuerdo –dijo cayendo en la cuenta del hombre-. Fue un paciente un tanto conflictivo.

Aaron: ¡Conflictivo dices! –gritó alterado sacando un arma-.

Charles: ¡Cálmese! –se levantó asustado al ver cómo le apuntaba con el arma-.

Aaron: Yo era una de las muchas personas que día a día esperábamos una llamada que nos abriese una puerta a la vida. Los días iban pasando y la esperanza de vida era cada vez menor… y, con ella, se marchó la ilusión de seguir viviendo.

Charles: Pero no hay órganos suficientes para todos…

Aaron: ¡No me venga con esas doctor! -gritó alterado- ¿Acaso me cree estúpido? ¡Sé la clase de negocios en los que está usted metido! Así que no me joda, ¿vale?

Charles: ¿Negocios?

Aaron: No se haga el inocente…. Sé que usted trafica con los órganos, los vende al mejor postor para poder permitirse todos los lujos que posee. Es una lacra para la sociedad y para el mundo.

Charles: Por favor, baje el arma –realizó un gesto descendente con su mano al ver cómo el hombre se acercaba-.

Una de las enfermeras, que pasaban ronda para vigilar que las máquinas de las bombas de infusión estuvieran funcionando correctamente, escuchó gritos en el despacho del jefe y corrió para llamar a la seguridad del hospital.

Las chicas tenían un teléfono que les conectaba directamente con el servicio de seguridad de ese hospital, por si surgía algún problema mientras se encontraban ausentes durante la investigación del caso.

Rachel: Quinn, es del hospital –vio el aviso en su teléfono-.

Quinn: ¡Hoy nunca llegaré a casa! –exclamó cansada por los tacones-.

Rachel: No hay tiempo que perder con eso Quinn, en el hospital tienes ropa en la taquilla.

Quinn: Sí, porque no creo que sea muy apropiado llegar al hospital con el traje de fiesta.

Local de Amber.

Amanda siguió a Charlie hacía los camerinos, pero se encontró con la puerta del mismo cerrado. Amanda golpeó varias veces la puerta para pedir permiso y poder entrar.

Amanda: ¡Charlie! ¡Ábreme la puerta! –gritó desesperada-.

Amanda, al no recibir respuesta, siguió golpeando la puerta con más fuerza.

Amanda: Tenemos que hablar Charlie –soltó conmocionada-.

Charlie: ¡Vete! –exclamó enfadada-.

Amanda: No me pienso ir hasta que no me escuches. Y después si no quieres verme, me iré… te lo prometo.

Charlie, ante esas últimas declaraciones, decidió abrir la puerta para encontrarse de nuevo a la morena parada enfrente de ella. Aún le resultaba difícil verla allí… viva.

Charlie: Espero que sea buena tu excusa.

Amanda: Todo esto lo hice por ti Charlie –comenzó diciendo-.

Charlie: Por ese camino vas mal…

Amanda: Es la verdad…

Charlie: Creo que va siendo hora de irte. No me gusta que jueguen conmigo y mucho menos de esa manera, sabiendo que pasé un año secuestrada separada de la gente que quería.

Amanda: El día que te dejé por la prensa fue el comienzo de todo –soltó al ver cómo la rubia se iba del camerino-.

Charlie: Sigue –espetó parándose en seco de espaldas a la morena-.

Amanda: Algunos del grupo del FBI recibimos amenazas de un hombre que quería vengarse por un error que cometimos. Tenía fichado a todo el equipo de Gracie y fue vengándose uno por uno… Al ver que estabas en peligro, decidí que cortar contigo públicamente era la mejor opción para que el asesino desviara su atención hacia otra cosa que no fueses tú.

Charlie: ¿Por qué no me lo dijiste? –preguntó dolida-.

Amanda: No tenía aún la información suficiente y mientras menos supieras, más a salvo estarías. Tenía que conseguir que estuvieras alejada de mí –explicó bajando la cabeza-.

Charlie: ¡Y lo de tu muerte!

Amanda: El día que estuvo Gracie en comisaría estuvimos mirando unos archivos y descubrimos al sospechoso, pero cuando me vine a dar cuenta… el coche de Gracie explotó llevándose a Roger con ella… –expresó llorando ral recordar el momento-.

Charlie: ¿Las otras muertes son reales?

Amanda: Desgraciadamente sí. Yo me situaba algo más alejada que Roger, aún así estuve un mes hospitalizada en España; el FBI tenía que hacer creer que estaba muerta mientras me recuperaba. Así que me cambiaron la identidad por la de Alejandra y estuve viviendo así escondida todo este tiempo.

Charlie: ¿Por eso tu cambio de imagen?

Amanda: ¿El cambio de imagen? –preguntó sorprendida-.

Charlie: Tu pelo está más largo y algo más claro que antes –comentó observando de arriba abajo a la morena-.

Amanda: La explosión hizo que perdiera parte de mi cabello; esto son extensiones y me tuve que poner el pelo más clarito para pasar desapercibida. Las cicatrices del cuerpo son debido a las operaciones y a algunos injertos de piel que me hicieron; tenía grandes quemaduras por todo el cuerpo. Y la de la cara… pues… -suspiró-. Bueno, fue un trozo del coche que salió disparado y, aunque me protegí, acabó por atravesarme todo el cuerpo afectando también a mi cara –explicó con mal gesto recordando los dolores del tiempo que estuvo interviniéndose para las reconstrucciones-.

Charlie: Debió de ser muy dolorosa la recuperación y… el estar completamente sola.

Amanda: No podía contactar con nadie; ni siquiera con mi familia de España –soltó triste-.

Charlie: ¿Y ahora? –preguntó curiosa-.

Amanda: Hace un par de días, el FBI, junto con la ayuda de la comisaria Sylvester, detuvieron a los responsables de todo. Por eso he podido volver… –espetó con una sonrisa-.

Charlie: ¿La comisaria lo sabía? –preguntó completamente sorprendida-.

Amanda: Sabía del caso, pero no de quién era. En todo momento estuve hablando con ella bajo la identidad de Alejandra, hasta que me presenté esta noche en su casa y casi le da un mal aire –se rio recordando la cara de la comisaria-.

Charlie: ¡Normal! A mí casi me matas…

Amanda: Lo siento cielo, yo…

Charlie: No me llames así, por favor –levantó su mano con un gesto de "stop"-.

Amanda: Pero… si he vuelto para estar contigo. Nunca he dejado de pensar en ti –dijo con lágrimas-.

Charlie: Y yo también he estado pensando en ti; sufriendo y llorando tu muerte… ¡Todos! Incluso los niños…

Amanda: No estaba en mi mano hacer esto. Quiero volver a recuperar mi vida, mi nombre y, lo más importante, a ti.

Charlie: Necesito tiempo Amanda. No sé… quizás saber lo que siento y reorganizar mis sentimientos. No es tan fácil olvidar todo lo que ha pasado durante el tiempo que desapareciste…

Amanda: Te volveré a conquistar, tenlo por seguro –la miró desafiante-.

Charlie: Haz lo que creas conveniente –intentó ocultar su sonrisa-.

Amanda: Voy a irme al hotel, pero volveré mañana a por ti –comentó mientras la abrazaba fuertemente-.

Charlie alargó el abrazó todo lo que pudo. Tener el cuerpo de la morena tan cerca del suyo le volvía a proporcionar la tranquilidad y la paz que ésta le había dado unos años atrás.

Charlie: Todavía están tus cosas en casa.

Amanda: Sólo volveré cuando tú me permitas entrar de nuevo en tu vida.

Charlie: Pero… ¡Es tu casa! Y tienes todas tus cosas aún en ella.

Amanda: Si no te has desecho de ellas aún… no creo que lo hagas ahora que sabes que estoy viva –le guiñó un ojo-. Te paso a recoger a las 11:00 –dijo antes de irse-.

Charlie: Pero… -se quedó sin habla al ver a la morena volver a irse por la puerta-.

Las chicas entraban rápidamente por la puerta del hospital; habían hecho una gran carrera por llegar a tiempo. Se cambiaron de ropa en el vestuario y subieron hasta el lugar que les había indicado el personal de seguridad. Se adentraron en el despacho del doctor Milton, encontrándose una masacre ante sus ojos.

Quinn: Llegamos tarde –dijo observando todo el despacho-.

Rachel: ¡Mierda! Yo tenía razón –se llevó las manos a la cabeza-.

Quinn: Con todo el tiempo que llevamos investigando en el hospital… y lo hace justo cuando no estamos de servicio –se lamentó por el suceso-.

Rachel: Ha esperado a que todo el mundo estuviese durmiendo. Y, encima, ha aprovechado que casi todo el personal del hospital estaba atendiendo el accidente múltiple…

Quinn: Voy a avisar a Kate y a Sue para que vengan a recoger el cadáver.

Rachel: Hay que interrogar al personal; no debe de andar muy lejos –comentó observando los pasillos del hospital-.

Quinn: Rachel, tranquilízate. Han pasado veinte minutos desde el aviso; el asesino debe de haber salido ya del hospital.

Rachel: Tienes razón, tomemos los datos del personal y vámonos a casa.

Comisaría de Nueva York. Sábado 22 de Junio, 09:00 horas.

Desde primera hora de la mañana, la comisaria Sylvester había organizado una reunión para informar del caso del FBI y del nuevo avance en la investigación del asesino que estaba azotando la ciudad de Nueva York.

Santana: No me puedo creer que Amanda nos la haya jugado de nuevo…

Brittany: A mí me parece bien que haya resucitado… ¿Será un ángel?

Santana: No ha resucitado Britt.

Kate: Un ángel no sé, pero que tiene más vidas que Tubby… eso seguro –no pudo evitar reírse ante la buena noticia-.

Santana: ¿Y tú por qué estás tan contenta?

Kate: Hemos conseguido muchos avances en la investigación y todo gracias a Rachel y Quinn –abrazó a las chicas-.

Quinn: Se ha levantado contenta entonces –se contagió de la risa mientras recibía el abrazo de la chica-.

Rachel: Para que luego me llaméis loca con mis intuiciones…

Brittany: No digáis estupideces.

Santana: ¿Qué pasa Britt? –preguntó extrañada por la actitud de su mujer-.

Brittany: Lo que le pasa a Kate no es por el caso… Es porque Amanda está viva… ¡No os enteráis de nada!

Kate: ¡Britt!

Kate y Brittany hacía tiempo que se habían conocido mejor, pues pasaban mucho tiempo en el laboratorio y habían compartido muchos momentos de trabajo juntas. Se conocían a la perfección, tanto que incluso Brittany había descubierto los sentimientos que tenía la pelirroja hacia su amiga Amanda.

Quinn: ¡No! ¿Te enamoraste de Amanda? –preguntó abriendo la boca-.

Santana: Tienes el gusto en el culo zanahoria –espetó con cara de asco-.

Rachel: ¿Soy la única que no se entera de nada?

Kate: Yo solo estoy feliz porque nuestra amiga está viva y con nosotras de nuevo.

Santana: Hablando de la reina de Roma… por la puerta asoma –sonrió ante la situación que se avecinaba-.

Brittany: ¡Mandy! –gritó tirándose a los brazos de la morena-.

Amanda: ¡Britt! ¡Me estás ahogando!

Brittany: ¿Los ángeles se ahogan?

Amanda: ¿Ángeles? –frunció el ceño extrañada-.

Santana: Hola Amanda –la abrazó simpática-. Estábamos hablando de tu vuelta… que, por cierto, hay una persona que está deseando verte –amplió su sonrisa señalando a Kate-.

Kate: Te voy a matar San –espetó por lo bajo mientras se acercaba a la morena-.

Amanda: Hola pelirroja –dijo con su característica sonrisa-.

Kate: Ho… la…

Santana: ¡Ya se me ha atascado! –rodó los ojos-.

Amanda: Me alegro mucho de estar de nuevo con todas vosotras –abrazó tiernamente a Kate-.

Quinn: Nosotras te vimos ayer en el local de Amber, pero no quisimos interrumpir.

Amanda: Os he echado tanto de menos… –dijo mientras agarraba a Rachel para hacerla girar mientras la abrazaba-.

Santana: Vas a chafar al enano.

Quinn: ¡San! –gritó-.

Amanda: Ven aquí tú también rubia.

Después de un rato de charla con las chicas en comisaría, Amanda se fue a buscar a su rubia; había quedado con ella esa misma mañana para comenzar a reconquistarla. Las chicas, en cambio, siguieron inmersas en el caso.

Kate: Charles Milton, médico del hospital Memorial. Murió por un disparo en el corazón para después arrancárselo y dejarlo puesto en sus manos.

Rachel: Quinn y yo tenemos algunos nombres de los posibles sospechosos. En una hora tenemos que ir al hospital a interrogar al personal, que estaba de guardia anoche, y recogeremos las cintas de las cámaras de seguridad del pasillo del hospital para ver al asesino entrar.

Kate: Perfecto. Santana, quiero que vayas con las chicas y les ayudes en la búsqueda. Brittany y yo nos quedaremos con el cadáver. Los chicos tienen hoy el día libre.

Quinn: Blaine se quedó anoche en casa con los niños y me dijo que iba a recoger a María y a Lucy al colegio.

Santana: Le debo unas cuantas al engominado.

Las chicas volvieron al hospital para comenzar con la investigación. Tenían mucho trabajo acumulado, así que decidieron dividirse para la interrogación del personal y así, mientras, les daría tiempo a los de seguridad a recopilar las cintas de grabación de las cámaras de seguridad.

Quinn: Los de urgencias estuvieron muy ocupados anoche con lo del accidente, así que no se percataron de nada.

Santana: Yo tengo una lista con los visitantes y los familiares de los pacientes.

Rachel: Estuve hablando con la enfermera que dio el aviso y me ha descrito al hombre que entró al despacho del doctor Milton. Al parecer, era un hombre alto, de complexión media, con barba, moreno y de cejas pronunciadas.

Quinn: Será mejor que veamos las cintas de seguridad –comentó sacando la cinta que había pedido con la hora exacta en la que se cometió el crimen-.

Las chicas pusieron el video en un despacho que les había proporcionado el director del hospital. Estuvieron durante un buen rato viendo en la televisión a todo el personal que circulaba por los pasillos, pero detectaron la figura de un hombre que no vestía el uniforme del hospital y se adentraba en el despacho del doctor.

Santana: Mira el cabrón –dijo observando la televisión-. Al fin te pongo cara…

Quinn: A ese hombre lo he visto en algún sitio…

Rachel: ¿Dónde? –preguntó extrañada-.

Quinn: ¡Los archivos del psicólogo! –exclamó saltando de la silla-. Creo recordar que se llamaba Aaron… No me acuerdo del apellido, pero estaba entre los posibles sospechosos que separamos el otro día.

Rachel: Ahora que lo dices… ¡Tienes razón! –exclamó cayendo en el hombre de los archivos-.

Santana: Pues vamos a comisaría a buscar los antecedentes –comentó algo más tranquila-.


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