*Los nombres de los personajes así como todo lo relacionado con Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling.
36.- La Gran Madriguera (Parte 2)
Lo primero que Rose vio cuando entró a la habitación fue una especie de bola peluda de color rojizo que se abalanzó sobre ella. Cuando pudo ver con claridad se dio cuenta de que la bola peluda era Crookshanks, su gato.
— ¡Crookshanks! —exclamó, soltando una risita. El gato ronroneó en reconocimiento y se dejó acariciar por su dueña.
— Es un buen gato —mencionó Lucy, bajando hacia su regazo el libro que segundos antes estaba leyendo.
— ¡Lucy! —Rose soltó a Crookshanks y corrió hacia su prima.
Las dos niñas se fundieron en un gran abrazo y los sentimientos las golpearon por dentro. Los últimos días habían parecido una eternidad tortuosa y era un gran alivio poder contar con alguien. Y, al parecer, ambas notaron los sentimientos de la otra.
— ¿Qué sucede? —preguntaron las dos al mismo tiempo, mientras se veían a los ojos
No supieron si reír por la coincidencia o preocuparse más. Una y otra se decidieron por una triste media sonrisa.
— Tú primero —le indicó Rose, pero Lucy negó firmemente.
— No. Dime tú —pidió Lucy.
Rose se mordió el labio inferior y tomó aire para empezar a contar todo lo que había pasado en Australia.
— Bueno...
La pelirroja se vio interrumpida. La puerta se había abierto de par en par.
— ¡Lucy! ¡Lucy!
Albus entró corriendo y tropezó con sus mismos pies, afortunadamente Scorpius venía detrás de él y lo agarró antes de que cayera al suelo.
— Gracias, Scorp —agradeció Albus, recuperando el equilibrio. Luego se volvió de nuevo a su prima dándose cuenta de la presencia Rose — ¡Rosie!
— ¡Albus! —Rose se abrazó a su primo favorito y sonrió.
— La abuela nos ha dicho que acabas de llegar —explicó Albus, hablando atropelladamente que se quedó sin aire. Paró unos segundos antes de continuar —. Hemos venido para avisarle a Lucy ¡pero ya estás aquí!
— Llegamos hace unos momentos —corroboró la pequeña ojiazul.
— ¡Nosotros hace unas horas! —agregó Albus con demasiada efusividad.
— Eso dijo el tío Charlie —recordó Rose, adoptando una pose pensativa.
— ¿Ya conociste a la novia del tío Charlie? —preguntó Albus inmediatamente.
— No —contestó Rose con sorpresa.
— Pues es muy divertida —comentó Albus. Entonces paró de hablar y se fijó en su amigo, quien veía la escena divertido, pero principalmente a Rose —. Lo siento, Scorp. Scorpius vino a pasar navidad con nosotros —añadió Albus, dirigiéndose a Rose.
— ¡Hola! —saludó el rubio, acercándose a donde estaban los primos.
— Hola —Rose devolvió el saludo y estrechó la mano que Scorpius le tendió.
Albus disimuló una sonrisilla cuando captó el sonrojo en las mejillas de su amigo, pero no sólo en las de él, sino también en las de Rose. Lucy, por otra parte, miraba la escena con diversión y nostalgia; era el momento de darles la noticia.
— Tengo algo que decirles —dijo, hablando en voz baja. Los tres niños la miraron.
— ¿Qué es? —preguntó Albus.
Lucy les indicó que se sentaran. El trío se sentó en el borde de la cama, dejando sus pies colgando, y miraron expectantes a Lucy.
— ¿Recuerdan la carta que había llegado? ¿La que nos dijo Molly?—comenzó Lucy, entrelazando sus dedos, dejando las palmas separadas. No miró a los pequeños, en cambio observaba el suelo.
— ¿Ya sabes de qué se trata? —se adelantó Rose. Lucy asintió.
— Yo... —a Lucy le tembló la voz. Lo mejor era decirlo directamente —. Me iré.
— ¿Irte? —repitieron Albus y Rose completamente confundidos.
— Sí. A suiza. En dos meses —añadió Lucy, atreviéndose a levantar la mirada.
Se sintió verdaderamente mal al observar la expresión de sus dos primos menores. Sus rostros desencajados y por un instante sin expresión alguna.
— No... No es verdad —negó Rose, sacudiendo su cabeza de un lado a otro.
— ¡No puedes irte! —gritó Albus. Cualquier rastro de felicidad había desaparecido de su rostro.
— Al, Rose... —Lucy intentó hablar pero las palabras se murieron en su garganta.
— ¿Por qué? —intervino Scorpius cuando los primos Weasley no dijeron nada más.
— Iré a estudiar allá —respondió la castaña con voz ahogada.
Albus miró a su prima con ojos suplicantes, anegados en lágrimas. Lucy era quien había estado con él siempre, cuando no tenía a nadie con quien jugar... ¿Y ahora ella se iría?
— Pero Lucy... —susurró el azabache.
— Yo no lo decidí —explicó Lucy sentándose en la cama que había frente a ellos —. Fueron mis papás... ellos piensan que es lo mejor.
— Primero mis papás se pelean y ahora tú te vas —Rose se bajó de la cama y salió de la habitación.
— ¡Rosie! —la llamaron los tres. Lucy salió tras ella y la alcanzó cuando estaba por bajar las escaleras.
— ¡Espera, Rose! —le pidió. Rose se detuvo y, llorando, miró a su prima.
— No puedes irte, Lu. No te vayas —rogó la pequeña.
Lucy no contestó pero abrazó a Rose y ambas regresaron a la habitación. Encontraron a Scorpius abrazando a Albus y dándole ánimos. Albus se separó de su amigo y corrió a unirse al abrazo con sus primas. Scorpius se quedó observando.
Finalmente los tres se separaron y se sentaron los cuatro sobre la cama. Al parecer nadie quería hablar, o más bien no sabían que era lo correcto para decir. Scorpius nuevamente abrió la conversación, preguntando por algo que en verdad quería saber.
— ¿Qué te pasó? —señaló el vendaje de Rose.
Rose suspiró fuertemente y con voz temblorosa comenzó a relatar todo lo que había pasado. Contó todo, absolutamente todo. Lucy y Albus sonrieron y exclamaron felices cuando Rose contó el momento en que sus padres se habían besado, aunque lamentaron y temieron la situación. Scorpius juntaba sus cejas cada que el nombre de Mark salía a relucir. Y la peor parte fue cuando Rose contó el asunto "LB", como ella le denominó. Lucy en seguida hizo una completa mueca de disgusto y enojo que Rose nunca había visto y Albus sola en una ocasión. En cambio, Scorpius saltó con disgusto.
— Propongo que encontremos a esa mujer y le disparemos globos de pintura —dijo, sonriendo con diversión ante la idea.
— ¡Un montón de huevos crudos! —apoyó Albus, sonriendo de forma extraña.
— ¡Y un montón de plumas! —Ayudó Lucy — Así la dejaremos como lo que es: una gallina.
— Pero una gallina fea —añadió Scorpius.
— Horrenda —acotó Albus, cruzándose de brazos —. Cruel. Mala. Simplemente horrible...
— Eso no hará que mis papás se hablen de nuevo —interrumpió Rose, negando con la cabeza.
Scorpius, Albus y Lucy se miraron entre sí, no sabiendo muy bien que decir. Afortunadamente Lucy habló.
— Ya nos inventaremos algo —sugirió, rápidamente, tomando la mano no lastimada de su prima —. El tío Charlie nos ayudará y verás que todo va a estar bien.
— ¿Y si no funciona? —replicó Rose. Sus ojos se humedecieron.
— Va a funcionar —le aseguró Scorpius, alentadoramente.
— Tiene que funcionar —agregó Albus.
— Vamos, Rosie —le animó Lucy, sonriendo —. Todo va a estar bien.
— Y es navidad —finalizó Scorpius.
Rose sonrió. Crookshanks, que en algún momento de la plática se había perdido, apareció de repente y se subió al regazo de la pelirroja. Ronroneó suavemente antes de acurrucarse y quedarse dormido.
Sí, después de todo era Navidad.
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La habitación de pronto se sintió sofocante; ninguno de los dos hizo movimiento alguno y, raudo, un silencio torpe e incómodo se extendió entre ellos. Solamente sus pechos subían y bajaban con irregularidad: uno acelerado, el otro lento.
Hubo un par de golpes del otro lado de la puerta y ambos suspiraron aliviados. Ron, sin preguntarlo, se apresuró a abrir la puerta, aferrando el picaporte como si de él dependiera su vida.
— ¿Interrumpimos? —los rostros de Ginny Weasley y Luna Lovegood aparecieron frente a Ron. Hermione, detrás de Ron, sonrió en agradecimiento y soltó aire.
— Para nada —respondió el pelirrojo, sin ocultar el alivio que sentía. Miró a Hermione sobre su hombro por un segundo, antes de volver su atención a las recién llegadas —. Me alegro de verlas de nuevo. Si me disculpan, iré a buscar a Harry.
Y sin despedirse de Hermione pasó entre las dos mujeres, que lo miraron un poco confundidas. Cuando Ron hubo desaparecido, la rubia y la pelirroja entraron y cerraron la puerta tras ella.
— De acuerdo, ¿qué sucede aquí? —demandó Ginny, cruzándose de brazos.
Conocía tan bien a ese par que no necesitó más que eso para intuir que algo pasaba entre ellos.
— Qué no sucede —suspiró Hermione, dejándose caer sobre la cama matrimonial que compartiría con Ron por esos días que pasaran ahí.
— Primero lo primero —dijo Luna. Se acercó a la castaña y la abrazó —. Qué bueno que estén de regreso.
— Eso sí —apoyo la Weasley y cuando Luna se hubo separado de Hermione, también la abrazó fuertemente —. Ahora, cuéntanos que pasó.
— Pues… hablamos mucho —comenzó Hermione, vacilante —. Nos besamos…
— ¿En serio? —chillaron las otras dos, emocionadas. Hermione dio un leve asentimiento y una pequeña sonrisa ante el recuerdo.
— Pues sí —reafirmó Hermione, decidiendo que era mejor evitar el detalle del asalto.
— Bueno, entonces, ¿cuál es el bendito problema? — preguntó Ginny.
Hermione se tornó seria y apretó los labios en una delgada línea.
— Ella apareció en Australia —respondió, en voz baja.
— ¿Cuándo te refieres a "ella"... —Ginny hizo una pausa y jadeó, comprendiendo —, esa zorra?
— ¿La idiota que causó todo? —preguntó Luna. Hermione asintió.
Luna y Ginny se miraron, consternadas, luego a Hermione y comenzaron a comprender, pero no del todo. Aún había espacios en blanco.
— ¿Y luego? —apremió la pelirroja Weasley.
— Esa pe... —Hermione se interrumpió.
— Dilo —dijeron Luna y Ginny a la vez.
— ¡Esa maldita perra lastimó a Rose! —gritó Hermione, furiosa.
— ¿Qué?
Hermione procedió a contar con detalles lo que había sucedido en aquel fastidioso y maldecido encuentro con Lavander Brown. Estaba de más decir que las otras dos mujeres estaban enojadas: sus caras se habían tornado de un rojo profundo.
— La mataré. En cuanto la tenga frente a mí ¡la mataré! —profirió Ginny, furiosamente.
— ¿Qué tiene en la cabeza? ¡Rose es una niña! —farfulló Luna, preguntándose cómo alguien sería capaz de lastimar a un niño.
— Por lo menos le rompiste la nariz —se consoló Ginny, dando profundas respiraciones para tranquilizarse. Finalmente el color rojo comenzó a abandonar su rostro —. ¿Y entonces que pasó después?
Hermione relató la pelea con los ojos cerrados. Una lágrima descendió por su mejilla. Y le siguieron más. Ginny y Luna se compadecieron de ella, después de todo no era nada fácil ni sencillo enterarse que al final todo solo había sido un gran, gran, malentendido y que por seis años había estado completamente equivocada respecto a Ron.
—... mi padre también lo sabía —sollozó Hermione, limpiando las lágrimas con el dorso de su mano —. ¿Tú también, verdad? —añadió dirigiéndose a Ginny.
— Sí. Pero tú ya te habías ido —agregó Ginny, no a modo de acusación, sino de disculpa —. No sabíamos dónde encontrarte. Ron... bueno, él no fue el mismo durante los primeros meses. Fue bastantes veces a tu casa, incluso buscó a viejos amigos, por si ellos sabían algo. Aún me sigo preguntando como tuvo tanta fuerza para seguir. Pero creo que después de casi dos años buscándote sin resultado, comenzó a darse por vencido. Mamá y papá estaban aliviados de que hubiera tomado la decisión de dejar de buscarte. Pero lo conozco, y sé que en el fondo siempre mantuvo la esperanza de volver a verte; de algún día encontrarte. Hermione... —Ginny se detuvo, vacilando. Pero sentía que necesitaba decirlo —, aun así... Ron te ama.
— Lo sé —respondió Hermione, ante las miradas de sorpresa de la rubia y la pelirroja —. Él lo dijo.
— ¿Eso fue durante o después de la pelea? —quiso saber Luna, con mirada confundida.
— Ahora que lo recuerdo, ambas —contestó Hermione, pensativa.
— ¿Y entonces? —preguntaron ambas.
— Entonces nada —Hermione resopló —. Él está enojado, y tiene el derecho... Por mi culpa se perdió el nacimiento de su primera hija, sus primeros cinco años...
— ¡Hermione, basta! —Le reprendió la pelirroja —No es tu culpa... bueno, solo una parte —dijo rápidamente ante la mirada que le dio su ex cuñada —. Pero las cosas pasaron por algo, y por algo están pasando. Y en cuanto menos lo imagines Ron estará bien y entonces ustedes estarán de nuevo juntos.
— Y Rose podrá tener un hermano —agregó Luna, sonriendo.
— ¡Luna!
— No seas así Hermione —rió Ginny.
El ambiente se sentía más ligero ahora, mucho más cálido. Hermione sonrió sintiéndose mejor de lo que se había sentido las últimas horas.
— Tal vez... —murmuró por lo bajo.
Unos fuertes golpes en la puerta atraparon la atención de las tres mujeres. Antes de que pudieran levantarse para abrir, o siquiera responder, la puerta se abrió y Fred Weasley entró sonriendo.
— ¿Las molesto? —preguntó recargándose en el marco de la puerta.
— Si —contestó Ginny, sonriendo.
— Bueno, lo siento. Pero vine por una rubia de ojos azules y me dijeron que aquí podría encontrarla —contestó Fred, mirándose las uñas de la mano.
— Estás de suerte Fred —le dijo Hermione divertida —. Tengo una aquí a mi lado.
— ¿Me la podría llevar? —pidió el pelirrojo, con ojos de cachorro.
Luna, que no había dicho nada durante esos minutos, pero sonreía tontamente, se puso de pie y avanzó hasta Fred.
— ¡Hey! No hemos dicho que podrías llevártela —reclamó Ginny, sin embargo sonrió.
— Entonces me la robaré —declaró Fred. Alargó la mano y cogió la de Luna —. Nos vemos.
Y sin más se llevó a Luna. La rubia dijo algo que Hermione y Ginny no pudieron identificar, pero debió haber sido algo divertido porque Fred rio con ganas.
— Bueno, te dejaré descansar —dijo Ginny, levantándose —. Nos veremos en la cena.
— Gracias, Ginny.
— No agradezcas, Hermione. Sabes que siempre puedes contar conmigo para lo que sea.
Hermione sonrió y dio un gran abrazo a la pelirroja. Ginny sonrió, asintió y salió de la habitación dejando sola a la castaña.
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— ¿Entiendes, Harry? —Ron se pasó las manos desesperadamente por su cabello.
— Entiendo, hermano —asintió Harry.
Ron estaba sentado en uno de los sofás del estudio que había en la gran casa. Harry estaba sentado frente a él, con los codos apoyados en sus rodillas y a su vez con la cabeza apoyada en las manos. Una pequeña mesita los separaba. Sobre ella estaba un tablero de ajedrez y las piezas colocadas; evidentemente una partida había quedado a medias.
— No sé qué hacer —Ron suspiró con frustración —. Quiero estar con Hermione, en serio lo quiero. Pero aún no puedo sacar éstos sentimientos...
— Necesitas tiempo —sugirió Harry, alzando la mirada hacia su mejor amigo y cuñado —. Ya verás que pronto pasarán y quedarán atrás.
— Solo espero que esto pase rápido —Ron tomó un alfil negro y lo movió tres casillas en diagonal.
— Cuando menos lo pienses, pasarán —aseguró Harry, dando su siguiente movimiento.
Ron no dijo nada, pero se quedó pensando. Era tan difícil sentir todo lo que él sentía en esos momentos.
Amor. Rencor. Enojo. Impotencia...
Demasiados sentimientos que, por momentos, sentía que lo aplastaban.
Pronto los asientos de la enorme mesa comenzaban a ser ocupados. La señora Weasley caminaba de un lado para otro, sin permitir que sus nueras o su hija la ayudaran. El bullicio hacia casi imposible mantener una conversación estable, por lo que los adultos se dedicaron a comentar de vez en cuando. Como siempre, James, Freddy y Rox armaban borlote y jugaban bromas a Louis; Victoire y Teddy hablaban animadamente sobre Hogwarts; Molly y Dominique preguntaban a Emily un montón de cosas, y ésta respondía animadamente; Albus y Scorpius estaban hablando con Lucy y Rose sobre algo que habían hecho unos días antes.
Los adultos ocuparon los demás asientos vacíos. Cada uno se sentó con sus respectivas parejas y con uno que otro pequeño alrededor suyo. Al final solo faltaban seis personas para sentarse: Ron, Hermione, Arthur, Fred, Luna y la señora Weasley.
— ¿Y tus papás? —preguntó Scorpius a Rose.
— No sé —Rose se encogió de hombros pero escaneó toda la mesa.
— ¿Crees que estén juntos? —sugirió Albus.
Pero antes de que pudiera responder, Ron entró, pero no venía acompañado de Hermione, sino de su padre, Arthur. El pelirrojo encontró la mirada de su hija y le sonrió tranquilizadoramente. Rose asintió y se volvió hacia su primo.
— Creo que no.
— Pero ahí viene tu mamá —señaló Lucy, alzando la cabeza en dirección a la puerta.
Los cuatro miraron en esa dirección. Arthur saludó a Hermione animadamente, dijo algo en voz baja y Ron y Hermione asintieron, después se miraron entre sí y caminaron hasta la mesa. Hermione ocupó el asiento vació que había junto a Rose y Ron se sentó al otro lado de Hermione. Rose miró a su abuelo y éste le devolvió una gran sonrisa y un guiño antes de sentarse en uno de los extremos de la mesa, que casualmente era el cercano a ellos.
— ¿Cómo está tu mano, Rosie? —preguntó Hermione a su hija. Rose la observó unos segundos.
— Mejor —respondió.
— ¿Segura? —preguntó, esta vez, Ron.
— Sí, papá —aseguró la niña y para calmarlos sonrió.
Y un segundo después Ron y Hermione se vieron llamados y saludados por los que recién los veían. Entre tanto, Fred y Luna entraron sonrientes. Se sentaron frente a Ron y Hermione.
— ¡Silencio! —gritó Molly Weasley I colocando la última bandeja en la mesa. Se sentó en el extremo opuesto a Arthur y sonrió.
— Antes de comenzar a cenar les diré que deben hacer mañana...
— ¿Tenemos que hacer cosas? —preguntó Dominique, aterrorizada. Arthur sonrió calmadamente.
— ¿Entonces quién va a decorar la casa?
Todos los presentes se quedaron sorprendidos, luego miraron a su alrededor cayendo en la cuenta de que no había ni un solo adorno navideño. Con la emoción de estar de nuevo ahí nadie se había percatado de eso.
— ¿Podemos decorar el pino?
— ¡Nosotros queremos la sala!
— ¡Quiero poner las lucecitas!
— ¡Pido poner el muérdago!
Pronto los gritos no se hicieron esperar y los niños saltaban en sus asientos emocionados, todos menos Rose, Albus, Lucy y Scorpius. Ellos veían la escena divertidos, James y Fred peleaban con Molly y Dominique por quien decoraba el pino. Rox pedía poner la estrella en la punta. Victoire y Teddy planeaban donde colocar el muérdago. Emily y Luna se debatían entre el asombro y la diversión ante tal escena. Hermione, en cambio, miraba con nostalgia; recordó la última vez que había estado ahí: no había tantas personas como ahora, Teddy y Victoire tenían seis y cuatro años, respectivamente. Molly y Dominique tenían tres; Lucy y Louis dos, James y Fred eran un año menor que ellos; Roxanne, Albus y Rose aún no nacían. Recordó con una sonrisa la pelea de comida que James y Fred habían comenzado, manchando de puré a Harry. Harry al ver la risa de todos los demás había lanzado puré a Ron y pronto la mesa fue un campo de guerra y la comida los misiles, incluso la señora Weasley había participado y había lanzado un puñado de espaguetis a su esposo.
Y la más clara diferencia es que en ese tiempo ella y Ron estaban juntos y felices. Inconscientemente miró a Ron y se sorprendió al encontrarse la mirada de Ron posada en ella. Le bastó dos segundos para darse cuenta de que él también había estado recordando esa vez. Las comisuras de los labios de Ron se alzaron un poco y luego dirigió su mirada a su padre.
— ¡Silencio todos! —volvió a gritar Molly. Los pequeños callaron automáticamente —. En la cocina hemos puesto una lista. Revisen su nombre y lo que les toca hacer.
— ¡¿Lista?! —exclamaron los niños, pasmados.
— Todos estuvimos de acuerdo en que eso haría las cosas más organizadas —aclaró Arthur, hablando por su esposa.
— Así es mucho mejor —estuvo de acuerdo Percy y varios de sus hermanos y cuñadas asintieron en aprobación.
— Bueno, bueno —Molly I agitó las manos y sonrió —. Ya basta de eso. ¡Es hora de cenar!
— ¡A la orden, abuela! —gritaron James y Freddy animados.
Pronto las voces se mezclaron con el sonido de cubiertos y platos chocando entre sí. Todos conversaban entre sí, algunas veces en una conversación, luego en otra, y así hasta que todos hablaban con todos, lo cual, siendo una familia numerosa, era un poco difícil y algunas veces había necesidad de alzar la voz o de plano gritar.
—... y me llamó hace dos días —relataba Arthur Weasley, entre bocado y bocado, a Ron —. Es un gran proyecto y te quiere en él.
— Sí, lo es —admitió Ron, pensativo —. Pero, ¿por qué a mí y no a ti?
— ¡Vamos, Ron! —Arthur rio con ganas y sacudió la cabeza de un lado para otro — Eres un gran arquitecto, no lo puedes negar, por eso te quiere a ti. Además, yo ya me estoy haciendo demasiado viejo...
— Papá...
— Es verdad, Ron —declaró pelirrojo mayor —. Algún día me jubilaré y tú asumirás la presidencia...
— Y aún falta mucho para eso —interrumpió Ron, cuidadosamente. Sonrió a su padre —. Pero mientras tanto, podemos trabajar los dos juntos en el proyecto. No creo que a Rumsfeld le moleste.
— Podríamos proponérselo —meditó Arthur —. Pero, insisto, deberías tomarlo tú solo.
— ¿Y qué pasa con el proyecto anterior? ¿El del accidente? —recordó Ron, parando de comer.
— Bueno, ese fue asignado a Zacharias —respondió Arthur nervioso e incómodo, esperando la reacción de su hijo.
— ¿A ese imbécil? —intervino Fred. Al instante de decir la palabra "imbécil" recibió un codazo por parte de Luna — ¡Auch!
— Fred, tus sobrinos pueden escucharte —le reprendió Luna, amablemente.
— Lo siento Lun, pero es que Smith es un completo imbécil —esta vez Fred bajo la voz ante la última palabra.
— Espera. ¿No estarán hablando de Zacharias Smith, el Hufflepuff? —terció Hermione.
— El mismo —asintió Fred, dando un resoplido —. Aún me pregunto cómo llegó a tanto.
— Es bueno en lo que hace —opinó Arthur, pero al ver la mirada de sus hijos y de su ex nuera, carraspeó —. Bueno, algo bueno.
— En ese caso —intercedió Luna —, debe ser bueno para que tu padre lo haya contratado.
— ¡Alguien que me da la razón! —exclamó Arthur, sonriendo felizmente.
— Solo porque fuiste muy bueno para negarle el empleo —repuso Ron, en voz baja y sólo Hermione pudo escucharlo.
— Y a fin de cuentas, ¿por qué hablan de Smith? —inquirió Fred interesado.
— Bueno, es que con lo del accidente de Ron... no podíamos pararlo y Smith era el único disponible; no quedó de otra —se excusó Arthur
— No te preocupes, papá —le tranquilizó Fred, sonriendo. Ron también sonrió.
El señor Weasley devolvió la sonrisa y cambio de tema en el cual Hermione, Luna y Fred estuvieron muy interesados; sin embargo Ron tenía la mente en otra cosa: la semana que Hermione había pasado en su casa cuidándolo. No había podido evitar pensar en ello ante la mención de su accidente.
Y otra vez el debate interno, que había estado evitando las últimas horas, estaba surgiendo nuevamente dentro de él. Y en nada ayudaba tener a Hermione a tan sólo unos centímetros a un lado de él, solo provocaba que sus defensas bajaran un poco; si eso era ahora que estaban en compañía de los demás, ¿qué sería en unas horas cuando estuvieran compartiendo cama?
El ambiente se sentía más relajado ahora que todos estaban disfrutando de una taza de chocolate hecho por Molly Weasley I. las conversaciones eran escasas, incluso James, Freddy y Rox estaban tranquilos, inexplicablemente.
— Ahora vuelvo —Fred se levantó de la mesa y salió de la habitación.
Nadie se inmutó por aquello y siguieron con lo suyo.
— Entonces, ¿él es Ron? —preguntó Emily, dándole una rápida mirada al susodicho.
— Si —afirmó Charlie, sonriendo divertido.
— Y debo suponer que la castaña a su lado es Hermione y la pequeña pelirroja es Rose, su hija —recitó Emily fingiendo un tono pensativo.
— Ajá —sonrió Charlie, complacido.
— Entonces, ellos son los que están enamorados, se separaron por un malentendido, se reencontraron con la noticia de que había nacido una niña y aun así siguen separados.
— Correcto —Charlie dio un breve aplauso —. Aprendes rápido.
— Inteligencia femenina —apuntó la mujer, sonriendo con satisfacción.
— Touché —sonrió Charlie.
Fred había vuelto ya y había vuelto a ocupar su lugar junto a Luna. Le susurró algo en el oído y la rubia asintió y sonrió nerviosamente, Fred le dedicó un gesto tranquilizador y luego se levantó y pidió la atención de todos.
— Bueno... —se interrumpió y se aclaró la garganta —. Como todos saben desde hace unos meses una hermosa y gran mujer entró en mi vida: Luna Lovegood —Fred sonrió y miró a su novia, mejor dicho, prometida y le tendió una mano. La rubia la aceptó y se levantó —. A la cual le agradezco todos los momentos que hasta ahora hemos vivido. Que haya perdonado mis más grandes errores y que me haya dado una nueva oportunidad para demostrarle cuánto la amo y lo que estaría dispuesto a hacer por ella...
Varios sonreían felizmente, algunos ya sabían por dónde iba el asunto pero otros, en especial los niños, aún no comprendían.
— Realmente estoy agradecido con la vida y con Dios por haberla puesto en mi camino y permitir llegar a conocerla. Y hoy estoy más que feliz por darles esta gran noticia... Luna Lovegood ha aceptado ser mi esposa... nos casaremos pronto.
Una lluvia de aplausos estalló rápidamente. Las sillas chirriaron cuando fueron apartadas y Luna y Fred se vieron envueltos en abrazos y en felicitaciones. Se escuchaban los "¡Felicidades!" y los "¡Ya era hora!" por parte de la gran mayoría.
— ¡Qué gran noticia! —exclamaba la señora Weasley maravillada y con los ojos brillantes. Enseguida abrazó a su hijo — Felicidades, Freddy. No sabes cuan feliz me hace saber que por fin vas a sentar cabeza.
— ¡Mamá! —Se quejó Fred, no obstante sonrió y besó la frente de su madre — He encontrado todo lo que necesito para ser feliz. No pienso perderlo por nada.
— Me alegra que sea así, Fred —dijo Molly, mirando orgullosamente a su hijo —. Te deseo toda la felicidad del mundo.
— Gracias, mamá —Fred sonrió y luego se separó de su madre para seguir recibiendo las felicitaciones de sus demás familiares.
— ¡Luna! —Hermione sonrió enormemente y abrazó a su amiga — ¡Felicidades, Lun! Estoy feliz de que vayas a casarte con Fred.
— Gracias, Hermione —Luna sonrió con agradecimiento y tomó las manos de su mejor amiga —. ¡Estoy más que feliz! Fue todo una sorpresa y Fred quiso que estuvieran todos presentes antes de decirlo. Y como mi mejor amiga y mi casi hermana quiero pedirte que seas mi madrina...
— ¡Oh, Luna! —Hermione se emocionó y volvió a abrazarla — Será un placer.
— Aunque tal vez sea un poco apresurado, ¿no crees? —susurró Luna, riendo nerviosamente.
— Luna, cuando se ama de verdad y se está seguro, tal como tú lo estás de Fred y el de ti, eso no importa —respondió Hermione, con una media sonrisa. Luna la miró y alzó las cejas, desvió sus ojos hacia Ron y luego otra vez hacia Hermione. La castaña captó y sonrió con tristeza —. Es muy diferente y tú lo sabes. Además esto se trata de ti y de Fred...
— Hermione, en verdad: gracias —Luna volvió a abrazarla con fuerza.
— Gracias a ti, Luna.
Segundos después Luna fue felicitada por sus futuros cuñados, su cuñada y sus suegros. Los pequeños estaban saltando en las sillas por la emoción y por iniciativa de Molly y Dominique comenzaron a corear un "¡Beso, beso!".
Fred sonrió como niño pequeño y cuando por fin pudo tener la atención de su futura esposa, la estrechó en sus brazos y le dio un tierno y corto beso en los labios.
— Te amo —susurraron los dos al mismo tiempo. Sonrieron divertidos y se dieron otro beso corto.
Poco a poco los aplausos y el bullicio fueron cesando y todos volvieron a ocupar sus asientos. La noticia había alegrado a todos.
— Por los futuros novios —George había alzado su taza de chocolate. Los demás la alzaron y recitaron las palabras dichas por el gemelo.
— ¿Y ya tienen fecha? —indagó Ginny, sonriente.
— Lo hemos pensado —admitió Luna —. Aunque, bueno, no estamos seguros.
— Queremos casarnos en dos meses —anunció Fred sin vacilar.
— Bueno... —comenzó Molly, un poco sorprendida por la declaración de su hijo —. Sí eso es lo que quieren, cuentan conmigo. En cuanto regresemos a la ciudad comenzaremos con los preparativos.
— ¡Gracias, mamá! —Fred sonrió felizmente. Tomó las manos de Luna entre las suyas y las besó — También pensamos y queremos que la recepción sea en la Madriguera, si a ustedes no les importa...
— ¡Como dices eso, Fred! —Arthur negó con la cabeza y rio — No sabes la felicidad de saber que otra boda se celebrará en nuestra casa...
Entre pláticas sobre preparativos, anécdotas de bodas pasadas y demás, las horas fueron pasando y pronto se acercaba la media noche. Los padres mandaron a sus hijos a dormir mientras ellos ayudaban a recoger los montones de platos, vasos, cucharas, tenedores y todos los demás trastos.
— No es necesario, Hermione —dijo Molly al ver a la castaña apilando los platos para comenzar a lavarlos —. Mejor ve a descansar.
— Pero...
— Nada de peros —determinó la mujer pelirroja, sonriendo. Se acercó a la castaña y le dio un cariñoso apretón en el brazo —. Necesitas descansar.
— Está bien —cedió Hermione, sabiendo de ante mano que sería inútil rebatir con Molly Weasley —. Gracias por permitirme estar aquí.
— Hermione, no digas tonterías —Molly sonrió —. Tú ya eres como de la familia. Estoy al tanto de lo que ha sucedido estos días —Hermione se removió un poco incómoda —, y te entiendo tanto como entiendo a mi hijo. Todas las parejas tienen sus etapas...
— Pero Ron y yo... no somos una pareja —susurró Hermione, levantando la vista hacia la pelirroja.
— Dicha como tal no, pero se comportan como una —señaló Molly, provocando que Hermione se sonrojara —. Anda, ve a descansar.
— Gracias, Molly —Hermione sonrió y avanzó hasta la puerta.
— Y Hermione —le llamó la mujer. Hermione se detuvo y dio media vuelta —. Ron lo dejará ir y será el de antes. Lo presiento.
Hermione no supo que decir a eso así que sólo limitó a asentir con la cabeza y después salió de la cocina, pasó por el comedor y llegó hasta las escaleras. Por cada escalón ascendido sus nervios aumentaban y sentía varios tirones en el estómago.
Caminó como un robot hasta detenerse frente a la puerta de la habitación. ¿Tocaba? ¿Entraba directamente o qué?
Aún estaba pensando que hacer cuando Rose le llamó mientras corría hacia ella. Hermione sonrió y suspiró aliviada pero al ver que Ron venía tras la pequeña el alivio murió y sólo conservó la sonrisa por Rose.
— Creí que ya estabas en la cama —dijo Hermione, recuperándose de su letargo, mientras cargaba a Rose en sus brazos.
— Nop —negó la niña, sonriendo —. Papá me mostró algunas fotos que hay abajo.
— ¿En serio, y de quién eran las fotos? —curioseó Hermione, dándole una rápida mirada al pelirrojo.
— De papá y el tío Harry, y los demás tíos. ¡Y tuyas también! —añadió Rose, emocionada. Hermione se sorprendió de escuchar aquello.
— La vez que jugamos la última guerra de nieve —aclaró Ron. Su voz sonó un poco ronca y Hermione sintió un hormigueo recorrer su piel.
— Papá dice que él ganó pero era el que más nieve tenía encima —señaló Rose, riendo.
— ¡Hey! Fue una batalla dura. El ganador se arriesgó —se defendió Ron, mostrando una sonrisa nostálgica. Sí, se había arriesgado para que a Hermione no le dieran tanto con las bolas de nieve.
— Fuiste un héroe, entonces —Rose sonrió contenta mientras su madre asentía.
"Sí", pensó Hermione. Había sido un héroe; SU héroe.
— Es hora de ir a la cama, princesa —indicó Ron, en su interior no queriendo cortar ese momento.
— ¿Quieres que te acompañe o que lo haga papá? —preguntó Hermione, cariñosamente.
— ¿Pueden los dos? —preguntó Rose tímida y esperanzadoramente.
— Claro, Rosie —contestaron Ron y Hermione sonrientes.
Y mientras Rose parloteaba sobre el resto de las fotos, Ron y Hermione caminaban lado a lado evitando el contacto físico; no porque no quisieran tocarse, sino por lo doloroso y torturante que sería.
—... y en otra estaban los tíos Fred y George —contaba Rose mientras Hermione abría la puerta de la habitación donde Rose dormiría. Ahí, Lucy estaba sentada en la cama de Rox; Lucy le leía un cuento a la pequeña.
— ¡Rose! ¡Lucy me está leyendo! —exclamó la niña al ver a su prima.
Sonreía felizmente y estaba extrañamente tranquila, lo cual sorprendía a Rose y a Hermione, ¡si Rox era una bomba andante!; Ron, por el contrario, sonrió sin sorprenderse.
Para nadie de la familia era secreto que Rox solo se calmaba cuando Lucy hablaba con ella. Aún nadie comprendía porqué, pero al parecer Roxanne sentía una especial adoración y devoción por su prima. Así que Lucy actuaba como tranquilizante humano cuando la bomba parecía a punto de explotar.
— ¿Qué cuento lees, Lu? —preguntó Ron acercándose a su sobrina.
Hermione depositó a Rose sobre el suelo y comenzó a buscar un pijama para la pequeña y el cepillo de dientes.
— Rox eligió "La cenicienta" —respondió Lucy, mostrando la cubierta del libro. Luego miró a Rose —. ¿Quieres escuchar? Podemos esperar a que te cambies.
— Sí, te esperamos —concordó Roxanne.
— Tenemos suerte. Ésta es una de las habitaciones con baño propio: es esa puerta de ahí —Lucy señaló una puerta al lado contrario de la cama, una puerta blanca que Rose había tomado por closet. Hermione le dio las prendas a su hija y el cepillo de dientes y Rose entró rápidamente al baño. Hermione preguntó si no necesitaba ayuda pero Rose negó y dijo que su muñeca estaba mejor.
— ¿Qué le pasó a Rosie? —preguntó Rox, mirando fijamente la puerta blanca.
Tanto Hermione como Ron se tensaron ante la pregunta. Lucy lo notó e inmediatamente puso una mano sobre el brazo de Rox para atraer su atención. Cuando la niña la miró Lucy negó con la cabeza y Rox entendió y asintió. Lucy se paró y se acercó a Hermione.
— ¿Puedo hablar con usted un momento? —preguntó en voz baja. Hermione la miró sorprendida.
— Eh, claro... —respondió tontamente.
Lucy salió fuera de la habitación ante la mirada inquisidora de su tío Ron. Hermione la siguió y cerró la puerta tras ella.
— ¿De qué quieres hablar Lucy? —inquirió Hermione en un tono amable.
— Más bien quiero pedirle algo —rectificó Lucy, mirando a Hermione nerviosamente —. Cerca de aquí hay un pueblo, bueno creo que eso ya lo sabe.
— Sí, he estado ahí unas cuantas veces —recordó Hermione medio sonriendo.
— Bueno, pues necesito ir a comprar mañana unas cosas. Mi madre no puede llevarme ni mi papá tampoco, los demás estarán ocupados haciendo sus tareas. Ya revisé la lista y a usted no le asignaron muchas tareas y bueno, quería pedirle de favor si puede llevarme usted. Prometo no tardar mucho —finalizó Lucy tomando una gran bocanada de aire.
A Hermione le costó unos segundos procesar todas las palabras dichas por Lucy. Poco a poco fue comprendiendo y entendiendo lo que le estaba pidiendo.
— Con gusto lo haré, Lucy —aceptó Hermione regalándole una rápida sonrisa —. Pero el pueblo está a casi media hora de aquí y no traigo mi auto.
— No hay problema —aseguró Lucy, contenta —. El abuelo estará encantado de prestarle el suyo.
— ¿Estás segura? —dudó Hermione, aunque conociendo a Arthur Weasley no había duda de que el pelirrojo aceptaría gustoso.
— ¡Es el abuelo Weasley! —señaló Lucy siguiendo el hilo de los pensamientos de Hermione.
— Tienes razón —concordó Hermione y sonrió —. Además también me serviría ir. También hay cosas que debó comprar.
Lucy no quiso preguntar así que se limitó a encogerse de hombros. Las dos decidieron regresar a la habitación. Rose ya había salido y estaba sentada junto a Roxanne en la cama. Ron estaba arrodillado a un lado de la cama. Aún tenía esa mirada inquisitiva en su rostro y la verdad que quería saber de qué había hablado Lucy con Hermione.
— Bien. Sólo un cuento y a dormir —les indicó Ron, sonriendo. Dio un beso a Rox en la frente y luego besó y abrazó a Rose —. Descansa, princesa.
— Te quiero, papi —susurró Rose y besó la mejilla de su padre.
— Y yo a ti —Ron sonrió y se puso en pie mientras Hermione se acercaba a Rose.
— Dulces sueños, cariño —le sonrió y se inclinó a darle un beso en la cabeza —. Te veo por la mañana. Te quiero.
— Te quiero, mami —Rose sonrió a su madre.
— Buenas noches, Lu —Ron se despidió de su sobrina y esperó en el marco de la puerta a Hermione.
— Hasta mañana, Lucy —se despidió Hermione y nerviosamente alcanzó a Ron.
El pelirrojo le cedió el paso y luego cerró la puerta tras de sí. Los dos caminaron torpemente, uno al lado de otro, sin decir nada y sin mirarse. La distancia se les hacía demasiado larga y los segundos demasiados lentos. Los pies se sentían pesados y a los dos se les dificultaba el caminar.
— Ron... —George venía desde la dirección contraria — ¡Ahí estás!
— ¿Qué pasa, George? —preguntó Ron completamente aliviado de ver a su hermano.
— Necesito hablar contigo —dijo el otro pelirrojo y tomó a Ron del brazo —. Te lo devuelvo en unos minutos —agregó, dirigiéndose a Hermione, mientras comenzaba a caminar hacia el lado por donde Ron y Hermione habían venido, arrastrando a Ron consigo.
Ron no tuvo tiempo de decir nada ni de echarle a Hermione una última mirada. Se vio arrastrado por su hermano por los pasillos hasta llegar a una habitación con una puerta de madera café.
— ¿Me puedes decir que pasa? —farfulló Ron zafándose del agarre de su hermano.
— Hay que preparar la despedida de soltero de Fred —contó George en voz baja.
— ¿Y no pudiste esperar hasta mañana? —inquirió Ron, sin enojarse —Tenemos dos meses aún.
—Bueno, sí —admitió George, tornándose serio —. Pero no te veías muy cómodo ahí, que digamos.
Ron suspiró.
— ¿Pasó algo malo? ¿Problemas? —cuestionó George. Ron asintió y no dijo nada más. George le palmeó el hombro — Ya lo superarán, hermano.
— Espero, George —exhaló Ron. Luego se recompuso y miró a su hermano —. ¿Sólo era para la despedida de Fred?
— Casi. Hice lo que me pediste —le comunicó el pelirrojo de ojos miel —. Ya solucioné lo demás. Todo está dispuesto.
— Gracias, George —agradeció Ron, reprimiendo un bostezo.
— Mejor ve a dormir, Ronnie. Hablamos mañana —George dio otras rápidas palmadas en la espalda de su hermano y entró a la habitación dejando a Ron ahí solo.
El pelirrojo comenzó a andar sintiendo como cada paso se le hacía cada vez más difícil; su respiración se agitó mientras la distancia era menor. Después de lo que le pareció un siglo estuvo de pie frente a la puerta. Se preguntó si Hermione ya estaría dormida, o fingiría estar dormida, o qué. Bueno, no iba a saberlo quedándose de pie ahí como un tonto.
Puso la mano sobre el picaporte y la dejó ahí por un minuto antes de decidirse a abrir la puerta. Entró lentamente y cerró la puerta delicadamente; su vista clavada en el suelo. Poco a poco levantó la vista en dirección a la cama: Hermione estaba ahí sentada, con su pijama puesta, un libro descansaba en su regazo. Alzó la vista dos segundos y luego volvió a centrarse en su lectura.
Ron no supo si decepcionarse o aliviarse por ello. Fue a su maleta y comenzó a rebuscar en ella hasta encontrar un pantalón y una camisa de algodón. Se puso en pie y entró al pequeño baño que había en el cuarto. Se cambió lentamente, sin prisas, tratando de hacer todo el tiempo posible. Agradeció que la habitación estuviera caliente y no existiera ni una corriente de aire, de lo contrario estaría titiritando mientras estaba parado frente al lavabo con los pantalones puestos y el torso desnudo. Resoplando pasó la camisa por su cabeza y luego metió los brazos en las mangas y la dejó caer sin ganas.
Estiró la mano para tomar su cepillo de dientes cuando se dio cuenta de que no lo había llevado consigo. Cerró la mano en un puño e hizo el amago de golpear la pared. Salió de nuevo y caminó rápido; no pudo evitar ver a Hermione de reojo: seguía leyendo e ignoraba a Ron. El pelirrojo tomó su cepillo y volvió al baño.
Se lavó los dientes lentamente mientras se miraba al espejo. Su mandíbula se veía un poco oscurecida a causa de la barba que había dejado crecer; su cabello se veía un poco desvaído pero seguía teniendo ese color rojo característico de él. Sus ojos seguían con ese color azul mar pero era notorio el brillo triste en ellos.
Si tan sólo pudiera desaparecer lo malo que sentía con solo pedirlo, lo haría.
Se limpió la boca con la esquina de una toalla que encontró y luego apagó la luz del baño. Regresó al cuarto para encontrarlo a oscuras. La habitación no tenía ninguna ventana y la única luz que se veía era una débil línea proveniente del pasillo que entraba por el resquicio de la puerta. En la oscuridad divisó la silueta de Hermione. No sabía si ya estaba dormida o no porque ella le deba la espalda.
Caminó como sonámbulo y se sentó en el borde de la cama sin apartar la mirada del cuerpo de Hermione. Sus rizos castaños le cubrían el rostro y Ron estuvo tentado de apartarlos el mismo.
¡Maldición! ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué?
Se metió debajo de las mantas y se acostó dándole la espalda a Hermione.
Lo odiaba. Odiaba el silencio que había. Odiaba los sentimientos que sentía. Odiaba no poder abrazar a Hermione y atraerla hacia sí como lo había hecho dos noches atrás. Odiaba no poder decirle que la amaba...
Se reincorporó y quedó sentando mirando hacia la nada. ¿Cuánto tardarían en salir esos estúpidos sentimientos? Esperaba que no mucho, que fuera solo cuestión de tiempo. Sí, cuestión de tiempo. Porque no era que él quisiera sentirlos, si por él fuera los echaría a la basura en ese mismo instante. Pero simplemente no podía evitarlos, estaban ahí, tal y como lo estaba el amor que sentía por Hermione.
Simplemente era algo que se escapaba de su control...
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No sabía cuándo se había quedado dormida pero estaba segura que mucho antes que Ron. Había sentido cuando Ron se había acostado y cuando se había parado en varias ocasiones. Se había estado preguntando qué es lo que estaría pensando Ron.
Había estado a punto de levantarse y preguntárselo pero decidió que no era buena idea y que lo mejor era esperar; ¿qué?, no lo sabía, sólo que tenía que esperar.
Y finalmente el sueño había hecho mella en ella y la había obligado a dormir. Y horas después ahí estaba sentada en la cama mirando el espacio vacío que Ron había dejado. No pudo evitar sentirse mal al no encontrarlo pero también el alivio, que últimamente se había convertido en un algo muy presente en ella.
— Buenos días.
Hermione dio un respingo y alzó la vista. Ron salía del baño con el cabello aún húmedo. La toalla la traía alrededor del cuello y a Hermione se le paró el corazón cuando se dio cuenta de que Ron no traía puesta la camiseta. Ron se ruborizó e inmediatamente alcanzó una camisa que había dejado en una silla y se la colocó torpemente.
— Lo siento, creí que seguías dormida —dijo Ron, evitando mirarla.
— Descuida —logró articular Hermione. Por lo menos le hablaba —. Si no te molesta, creo que iré a bañarme.
— Adelante —respondió Ron la miró y luego volvió a apartar la vista —. Mi madre pasó hace un momento: el desayuno ya está listo.
— Gracias.
Ron asintió, se puso una chamarra y luego salió de la habitación sin siquiera peinarse. Hermione suspiró y decidió que era mejor apresurarse y meterse a bañar. O tal vez no era lo mejor porque el baño había quedado inundado del olor de Ron, o tal vez solo era ella quien lo sentía.
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Ya la mayoría de los adultos habían desayunado y solo quedaban los niños, que se habían levantado últimos, algunos incluso aún iban en pijama.
— ¿Me pasas el cereal? —Louis tenía los cabellos revueltos, aún tenía cara de adormilado y la camisa de su pijama estaba mal acomodada.
— Toma —Lucy le pasó la caja de cereal y río con ganas —. Creo que la cama se te perdió en el camino.
— Muy graciosa, Lu —dijo Louis, pero la última palabra se le perdió en un gran bostezo.
— ¿Puedo encontrar la cama? —preguntó James dejando caer su cabeza sobre la mesa.
Tanto él como Freddy tenían el mismo aspecto que Louis. Incluso Molly y Dominique lucían una cara soñolienta, pero, al contrario de los demás, ellas ya estaban vestidas y peinadas.
— ¿Dónde está la mermelada? —preguntó Victoire con el ceño fruncido mientras su mirada se paseaba por el centro de la mesa, donde todos estaban congregados haciendo más fácil la comunicación entre ellos.
— ¡Aquí! Toma —Molly le pasó el frasco medio vació.
— Ya casi no hay nada —se lamentó Victoire.
— Aquí hay otro —Lucy le pasó otro frasco que estaba a la mitad y Victoire sonrió con gusto.
— Pan tostado sin mermelada no es pan tostado —señaló la rubia antes de darle un gran mordisco a su pieza de pan.
— ¿Quién dijo eso? —preguntó Teddy, sonriendo divertidamente.
— Yo —contestó Victoire en un claro tono determinante.
— ¿Ya vieron que les tocó hacer a cada quién? —preguntó Dominique, antes de tomar una cucharada de cereal.
— No
—Sí.
La mayoría había negado. Lucy era la única que había respondido con un sí.
— ¿Viste que me toca hacer? —preguntó Molly, inmediatamente.
— Sip. Pero no te diré —se apresuró a decir Lucy, medio sonriendo —. Tendrás que verlo por ti misma.
— ¡Lucy! ¡Por favor, dime! ¿Sí? —pidió Molly, su rostro cambiando en una expresión tierna y suplicante.
— Molly, la lista está en la cocina —le indicó Lucy antes de dar un trago a su jugo de naranja y sonreír —. Creo que todos deben darse prisa en sus tareas. Nos vemos más tarde...
— ¿A dónde vas? —preguntó Rose, al ver a su prima levantarse.
— Iré a terminar lo que me tocó —le respondió Lucy, sin borrar la sonrisa de su rostro —. Y después tengo algo que hacer. Nos vemos en la tarde.
— Hasta luego, Lucy —corearon varias veces en diferentes tiempos.
Lucy sonrió a sus primos y hermana y luego abandonó la habitación mientras aun escuchaba la nueva plática surgida en la mesa. Subió un poco más el cierre de su chaqueta mientras atravesaba la sala donde su tío Charlie descansaba con los pies sobre la mesita de madera que había junto a los sillones.
— ¡Hey, Lu! —le llamó el hombre.
— Hola —saludó la niña, deteniéndose ante el llamado de su tío.
— Lucy, ¿puedo pedirte un enorme favor? —preguntó Charlie mientras colocaba los pies en el suelo y se levantaba.
— Eh, sí —accedió Lucy observando la expresión de preocupación que se comenzaba a formar en el rostro de su tío.
— ¿Qué sabes de lo que pasó entre tu tío Ron y Hermione en Australia?
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— ¡Listo! —exclamó Ron, felizmente, mientras descendía de la escalera portátil y saltaba el último escalón.
— Buen trabajo —lo felicitó Arthur, esbozando una sonrisa —. ¡Tu madre estará encantada!
— Solo era cuestión de saber dónde colocarlas —dijo Ron, restándole importancia —. Espera que sea de noche para encenderlas.
— ¡Será un gran espectáculo! —aseguró el señor Weasley dándole unas palmadas a su hijo.
— Pues esto está terminado —Ron se sacudió las manos medio congeladas. Buscó sus guantes entre los bolsillos de su pantalón y se los puso inmediatamente —. Solo me falta ayudarle a mamá con los adornos en las habitaciones.
— Será mejor que te apresures, hijo. Ya sabes cómo se pone tu madre si las cosas no están a tiempo —el pelirrojo rio brevemente y luego metió las manos en el bolsillo de su suéter, buscando algo —. Si ves a Lucy o a Hermione, ¿puedes darle esto?
— ¿Tus llaves? —preguntó Ron, incrédulo, cuando su padre le tendió el sencillo llavero del que colgaba una llave plateada.
— Lucy me pidió el auto ayer —contestó Arthur y soltó una risita cuando se dio cuenta de que eso confundió más a Ron —. Le pidió a Hermione que la lleve al pueblo...
— ¡Ah! Claro... —musitó Ron, relajando el rostro. ¿Así que de eso habían hablado Lucy y Hermione la noche pasada? —. ¿Y para que quiere ir Lucy al pueblo? ¿O por qué le pidió a Hermione que la llevara ella?
— No tengo idea —respondió Arthur y miró a su hijo, juntando las cejas —. ¿Hermione no te lo dijo?
— No... Nosotros, eh, casi no hablamos... —respondió Ron, evitando la mirada de su padre.
— Bueno, supongo que eso no es nada bueno —dijo Weasley sopesando la situación —. Para nada.
— Ni bonito —añadió Ron, resoplando —. No me gusta, papá. Pero siento que a veces es lo mejor, no hablar. Siento que eso complica menos las cosas aunque las haga más dolorosas. Pero de alguna forma el silencio ayuda, sea para bien o para mal, ayuda. Pero no me gusta...
— Creo que a nadie le gustaría hijo —dijo Arthur, comprensivamente —. Pero al final el corazón es quien te guiará. Así que no dejes su voz en el olvido.
— No crea que pueda hacerlo —murmuró Ron —. Si siempre me repite lo que mi cabeza ya sabe. O en todo caso, la cabeza me repite lo que mi corazón siente...
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Las horas pasaron rápidamente dando paso al medio día. Muchos aún seguían en sus tareas asignadas y algunos otros ya habían acabado, o tan solo tomaban un descanso del trabajo. La casa presentaba un gran cambio comparada a como había estado el día anterior: el aire y ambiente navideño era más notorio, con diferencia.
Los muebles de la sala habían sido reacomodados dejando un gran espacio en la esquina de la habitación donde un gran pino natural, de unos dos metros de altura, había sido colocado. Unas cuantas cajas estaban esparcidas sobre los sofás y sillones, algunas en el piso.
Rose y Roxanne sacaban los adornos de las cajas y se las iban pasando a Victoire y Teddy mientras Audrey y Fleur les ayudaban.
— ¿Qué te parece esta? —preguntó Rose a Rox, mientras le enseñaba una bonita esfera de color roja con líneas doradas.
— ¡Esa me gusta! —clamó la niña sonriendo felizmente. La tomó y se paró a colocarla en una de las ramas bajas del pino.
— Está quedando muy bonito —opinó Fleur dando unos pasos hacia atrás para mirar el trabajo realizado —. Aunque pienso que falta algo.
— Las luces y la estrella —señaló Audrey colocándose junto a su cuñada.
— ¡Yo quiero poner la estrella! —Saltó Rox agitando los brazos — ¡Yo, por favor!
— Claro que sí, Rox —concedió Audrey sonriendo a la niña —. Pero pienso que antes debemos darnos un descanso y comer algo.
— ¡Pero si ya falta poco! ¡Podemos terminarlo! —protestó Victoire cruzándose de brazos.
— ¿Estás segura, Vic? ¿Y los demás? —preguntó Fleur alzando una ceja.
— ¡Sigamos! —exclamaron Rose y Rox al mismo tiempo que Teddy asentía con la cabeza y sonreía.
— Bien. Bien. Bien. Sigamos.
Y en menos de media hora el pinito de navidad quedó completamente adornado. Entre Audrey y Fleur habían cargado a Rox para que colocara la estrella. Rose había conectado la extensión de luces a la toma de corriente y éstas destellaron mientras una melodía comenzaba.
— ¡Bien hecho, niños! —adularon las dos mujeres adultas con una gran sonrisa.
— Ahora sí, ¿podemos ir a comer? —preguntó Roxanne, mientras un rugido proveniente de su estómago se escuchaba.
— Ahora sí —confirmó Fleur y en cuanto Roxanne escuchó la confirmación salió disparada en dirección a la cocina.
— Roxanne —dijeron todos al mismo tiempo, luego se rieron y siguieron los pasos de la pequeña.
— ¿Cómo les estará yendo a los demás? —preguntó Teddy a nadie en particular.
— Supongo que bien. Algunos incluso ya terminaron —contestó Audrey.
— ¿En serio? —Preguntó Victoire, sorprendida — ¡Pero si adornar el pino era lo más rápido y fácil!
— Y éramos cinco —acotó Rose, mostrando todos los dedos de su mano no vendada.
— Sí. Hubo gente muy rápida —comentó Fleur y les guiñó un ojo.
Pasaron el comedor y fueron directamente a la cocina. Rose no ocultó su sorpresa ante la gran cocina estilo rústica pero a la vez contemporánea lo cual daba un toque acogedor. Ahí también había una mesa, solo que más pequeña que la del comedor, de unos doce comensales. Rox estaba sentada en una de las sillas esperando el plato en el que la abuela Molly estaba sirviendo huevos revueltos. En otras de las sillas estaban sentados Albus y Scorpius con sendos platos llenos, al parecer también acababan de llegar.
Cerca de la estufa estaba Luna, terminando de acomodar una serie de paquetes en la barra junto a la estufa.
— Tomen asiento —les indicó Molly, dándoles una rápida mirada. Luna se apresuró a ayudarle a la señora Weasley y ésta no se negó ante la ayuda, lo cual sorprendió a Audrey y Fleur, sin embargo no comentaron nada.
— Tía Luna, ¿has visto a mi mamá? —preguntó Rose, mientras Luna dejaba un plato frente a ella.
— No Rosie. Creo que está en el piso de arriba —señaló Luna, esbozando una tierna sonrisa.
— Scorp y yo la vimos hace un rato —respondió Albus enseguida —. Tal vez no tarde en bajar.
— Pero mientras come —le indicó Audrey, sirviendo un poco de jugo en un vaso.
Mientras los niños comían las mujeres se pusieron a hablar sobre la cena que prepararían para esa noche. Ya todos los ingredientes estaban listos y en unas horas más comenzarían con la preparación. Los niños, por el contrario, esperaban ansiosos que fuera ya de noche y pronto llegara el día siguiente.
— Mamá ya... —Ron entró a la cocina y se detuvo al ver a tantas personas en ella.
— ¿Decías, Ron? —preguntó la pelirroja, un poco distraída.
— ¡Oh, sí! Las luces de afuera ya están colocadas, también las noches buenas. Fred y George ya pusieron las estatuillas en la puerta y en la entrada. Papá y Charlie revisaron que todo estuviera bien... —enumeró Ron y mientras hablaba alzaba un dedo por cada mención.
— ¿Y los pinitos en cada habitación? —preguntó Molly, haciendo una pausa para ver a los niños y luego a su hijo.
— Justo ahora terminamos —pero no fue Ron quien respondió, sino Hermione que venía entrando con Molly, Dominique y Lucy.
— Papá y el tío Harry están revisándolos ahora —añadió Lucy mientras se dejaba caer en la silla del extremo de la mesa.
— ¿Y Ginny y Angelina?
— Ellas se quedaron con James y Fred —respondió Molly, ocupando un lugar en la mesa.
— ¿Cómo van esos dos? —preguntó Molly, más interesada.
— Bastante bien —respondió Dominique —. Pero ya sabes cómo son ellos, abu. Se interrumpen a cada momento.
— Si siguen así les llevará todo el día... —silbó Ron.
— No lo creo —repuso Teddy —. Cuando se den cuenta de que los demás ya casi terminaron se pondrán a hacerlo rápido y acabaran en un segundo.
— Siendo ellos no lo dudo —concordó Molly, negando con la cabeza —. No sé porque no lo hacen desde el principio. Pero en fin, ¿quién más va a sentarse a comer?
— ¡Yo! —respondieron varias voces a la vez.
— Gracias, abuela —dijo Lucy, mirando a Hermione —. Pero nosotras tenemos que irnos.
— ¿Ya se van a ir? —Preguntó Audrey, mientras Molly y los demás preguntaban —: ¿A dónde?
— Iremos al pueblo —respondió Hermione
— Si. No vamos a tardar mucho...
— Por cierto —habló Ron y miró a Hermione —, papá me dijo que te diera esto.
— Gracias —los dedos de Hermione temblaron cuando se encontraron con los de Ron y con el frío metal de la llave. Ni siquiera se dio cuenta de que los dedos de Ron se curvaron ligeramente alrededor de los dedos de ella y duraron unos segundos de más.
— Maneja con cuidado, por favor —pidió Ron y luego se separó de ella.
— Lo haré, no te preocupes —aseguró Hermione con un ligero asentimiento.
— Gracias por hacerle este favor a Lucy —habló Audrey, cuando un silencio torpe comenzó a inundar la cocina —. Te lo agradezco mucho.
— No hay de qué —le respondió Hermione, sonriendo —. Lo hago con gusto.
— Entonces nos vemos más tarde —declaró Lucy dando media vuelta para salir, pero se regresó y miró a Rose, Albus y Scorpius. Abrió la boca para hablar pero se retractó y miró a su alrededor. Finalmente solo dijo —: Los veo luego.
— Nos vemos —Hermione se acercó a su hija y besó su mejilla —. Te veo luego. Pórtate bien.
— Si, mami —Rose sonrió y luego siguió comiendo mientras Hermione y Lucy salían de la cocina con la mirada de Ron sobre ellas.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Los copos de nieve comenzaron a descender lentamente arremolinándose entre ellos y luego cayendo en silencio en el suelo. Lucy y Hermione caminaban por la plaza de aquel pueblo. No había mucha gente afuera, pero algunos niños estaban jugando con la nieve.
No había viento lo cual hacía un poco más fácil la caminata.
— ¿Encontraste todo lo que buscabas? —preguntó Hermione alternando la mirada entre la pequeña y los niños que jugaban.
—Sí, ¿y usted? —inquirió Lucy sin mirarla.
— Casi todo —respondió la castaña mayor sonriendo ligeramente —. Pero lo necesario.
— Señora Granger —musitó Lucy bajando un poco la voz —, ¿recuerda aquella vez en la feria cuando le pregunté si seguía amando a mi tío Ron?
Hermione retrocedió en el tiempo recordando aquel momento en el que ella y Lucy se habían quedado solas y la niña había hecho varias preguntas que la habían confundido y desconcertado.
— Sí, lo recuerdo —afirmó aún con el recuerdo vagando en su mente.
— ¿Puedo preguntarle lo mismo? —Lucy se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz y exhaló logrando que vaho se formara y empañara sus lentes.
— Supongo que sí —Hermione sonrió y luego se quedó callada un segundo —. Lo hago. Creo que nunca podré dejar de hacerlo. Con el tiempo solo incrementa ese amor y simplemente no puedo evitarlo. Ni quiero. Lucy, ¿por qué lo preguntas?
— Porque quiero que el tío Ron sea feliz con usted —respondió Lucy mientras limpiaba sus lentes —. Y quiero que Rose esté bien. Quiero que todos sean felices y estén bien antes de irme...
Hermione escuchó las palabras dichas por aquella pequeña de ocho años. ¿Cómo era posible que alguien tan pequeño fuera capaz de sentir eso por los demás? ¿De tener un corazón tan bueno como el que ella tenía?
— Eres un ángel, Lucy Ann Weasley.
Lucy alzó la vista, sorprendida de que alguien le llamará por su nombre completo, ni siquiera sus padres la llamaban Ann; de hecho, nadie le llamaba Ann, bueno, nadie que no fuera de su familia. Recordó con irritación a aquel compañero suyo que se la pasaba revoloteando a su alrededor llamándola "Ann". Sacudió la cabeza para alejar a ese intruso de su mente y concentrarse en lo que estaba.
— No pensé que supiera de mi otro nombre —dijo, aún medio aturdida.
— ¿Sabes de quien fue la idea de llamarte así? —preguntó Hermione. Lucy negó — De tu tío Ron y tu tío Charlie. Percy pensaba llamarte Lucy Abigail...
— Prefiero Ann —interrumpió Lucy, arrugando la nariz —. Suena mejor que Abigail.
— Eso dijeron ellos —apuntó Hermione y las dos rieron —. Creo que es hora de volver.
— Sí —estuvo de acuerdo Lucy —. Gracias, señora Granger: ha sido una linda tarde.
— Sí, lo ha sido —coincidió Hermione y envolvió el brazo alrededor de los hombros de la niña —. Me la pasé muy bien, Lucy. Ahora solo nos queda disfrutar del resto de la tarde y mañana la navidad.
— La gran navidad —mencionó Lucy con una sonrisa trise —. La última navidad...
Sus palabras murieron en el aire y se las llevaron lejos de los oídos de Hermione.
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Las tareas asignadas habían sido terminadas unos minutos atrás. Los adultos por fin descansaban del trabajo de ese día y los niños por fin podían jugar en la nieve. Las mujeres, por el contrario, estaban en la cocina terminando de preparar los alimentos de esa noche.
Pasaban de las cinco de la tarde y la nieve comenzaba a caer con un poco más de fuerza. Ahora los niños estaban armando monos de nieve y algunos más solo miraban. Lucy soltó una risita al ver a Albus y Scorpius persiguiéndose uno al otro (al parecer Albus había vuelto a molestar a Scorpius con el asunto de Rose). Caminó sin rumbo mientras veía a sus primos jugar con la nieve.
Sonrió y grabó ese momento en su mente. Ojala tuviera una cámara como la del tío Charlie o la de la tía Emily. Miró alrededor y los vio tomando fotos; bueno, podría pedirles unas fotos después, antes de marcharse.
— ¡Lucy! —alguien gritó a sus espaldas y en un segundo se vio levantada unos cuantos centímetros del suelo.
— ¡Ahhh! —gritó la castaña mientras sus pies volvían a tocar el suelo y escuchaba la inconfundible risa de su tío Ron.
— ¿Te asusté? —preguntó el pelirrojo, parándose frente a su sobrina,
— No mucho —mintió Lucy, recuperando el aliento —. Bueno, sí. Un poco.
— Lo siento, Lu —se disculpó Ron, sonriéndole. Puso una mano sobre el hombro de su sobrina y comenzó a caminar — ¿Te apetece un paseo?
— ¿Sin caballos?
— Sin caballos —prometió Ron, mientras se alejaban un poco más de la casa —. Quería hablar contigo pero no había momento ni tiempo... ¿cómo estás con la noticia?
— ¿La de Suiza? —Ron asintió — Al principio lo tomé muy mal —admitió Lucy, medio avergonzada —, pero con los días... no sé, intento verlo desde otro ángulo.
— Sé que no es fácil Lu. Pero bueno... —Ron hizo una pausa —, es solo el comienzo de una gran experiencia.
— ¿Eso crees, tío? —preguntó la niña, mirando de reojo a Ron.
— Sí, Lucy —afirmó Ron dándole una ligera palmada —. Una parte del mundo menos por conocer. Piénsalo: nuevos amigos, nuevos lugares... incluso un primer amor.
— ¡No! —Se aterrorizó Lucy — Yo no voy a enamorarme.
— ¿Por qué no? —inquirió Ron, deteniéndose para mirar a su sobrina.
— Porque, por lo que he visto, es demasiado complicado difícil y a veces te hace sufrir —explicó Lucy, hablando sin respirar.
— Sí, lo es —admitió Ron, encogiéndose de hombros —. Pero el amor no siempre es malo, y sólo tienes ocho años, Lu. Aún te faltan muchas cosas por vivir y aprender.
— A lo mejor —murmuró Lucy, comenzando a rehacer el camino a la casa.
Ron caminó junto a ella en silencio. Moría por preguntarle como la había pasado con Hermione aquella tarde, pero era más su vacilación.
— Tío Ron — Lucy llamó. El mencionado se detuvo y miró a su sobrina —. ¿Alguna vez pensaste enamorarte de la señora Hermione?
Ron lo meditó antes de responder.
— No. Si a los once años me hubieran dicho que me enamoraría de Hermione hubiera dicho que era una completa y absurda tontería. Pero ahora...
— Estás tan enamorado de ella que cuando dices su nombre te brillan los ojos. Y ya hasta tienen una hija...
— Bueno, sí —dijo Ron un poco incómodo —. Pero esa es otra cosa. Cosas para las cuales eres muy pequeña para saber...
— Tío, no por nada voy a Suiza —interrumpió Lucy ante la mirada sorprendida de su tío.
— ¿Acaso tu...?
— ¿...cómo se hacen los bebés? —Sugirió Lucy —Sí, lo sé. Pero no quiero hablar de eso —dijo rápidamente, asustada ante la sola idea.
— Mucho menos yo —estuvo de acuerdo Ron, evidentemente, con mucho alivio. Carraspeó antes de preguntar en tono casual —: ¿Y qué tal el pueblo?
— ¿Me peguntas por el pueblo o por la señora Hermione? —indagó Lucy, sonriendo divertida al ver que su tío se ruborizaba.
— Muy lista, Lu —señaló Ron — ¿Entonces...?
— ¿Qué quieres saber tío? ¿Cómo la pasamos o sí la señora Hermione te mencionó? —preguntó Lucy, directamente.
— Lucy... —dijo Ron en un tono lastimero. Era obvio que con Lucy no podía andarse por las ramas —. Lo segundo.
— De cierta manera... sí —declaró Lucy, en un tono misterioso —. Pero no me pidas que te diga que...
— ¡Vamos, Lu! ¿Por tu tío favorito? —intentó Ron, pero Lucy se negó rotundamente.
— Lo siento tío, pero si quieres saberlo puedes preguntárselo tú mismo. Ahí viene —Lucy señaló con la cabeza hacia Hermione: caminaba más bien en dirección a Rose.
Estaban tan sumidos en su charla que ni se habían dado cuenta de que tan solo estaban a unos pocos metros de la casa.
— Anda, tío Ron, pregúntale —indicó Lucy, sonriendo.
— ¿Desde cuándo te uniste a las filas enemigas? —bromeó Ron, sin apartar los ojos de Hermione.
— Yo no me uní a ellas —rio Lucy —. Eres tú, tío, quien está del otro lado...
Las palabras de Lucy captaron la atención de Ron y la miró fijamente. ¿Qué quería decir Lucy con eso?, pero la niña solo se encogió de hombros y luego lo abrazó.
— Voy a extrañarte mucho, tío —dijo Lucy con voz ahogada.
— Y yo a ti, pequeña —Ron sonrió con tristeza y envolvió los brazos alrededor de su sobrina.
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La música sonaba en un tono bajo mientras los integrantes de la familia Weasley esperaban la indicación de pasar al comedor. La mayoría estaba congregada en la sala observando el enorme pino de Navidad; Teddy y Louis estaban sentados frente a la chimenea jugando las cartas mientras Victoire los observaba.
— ¿No se cansan? —preguntó la rubia, completamente aburrida.
— No —negaron ambos, sin apartar la vista de sus cartas.
— ¡Pues es aburrido! —exclamó Victoire.
Se levantó molesta y fue a sentarse junto a Molly y Dominique a escuchar el sinfín de preguntas que las dos primas le hacían, nuevamente, a Emily.
Rose y Albus miraron divertidos la escena mientras Scorpius terminaba una partida en su videojuego portátil.
— Vic está celosa porque Teddy está con Louis y no con ella —le susurró Albus a Rose, provocando que ésta riera.
— Yo digo que a ella le gusta —respondió Rose, aún susurrando.
— Eso creemos todo —confesó Albus. Luego miró a Scorpius y su sonrisa se acentuó —. Me pregunto si hay epidemia de celos...
— ¿Por qué? —quiso saber Rose, frunciendo el ceño ante la confusión.
— Por...
— ¡Perdí! —se lamentó Scorpius alzando la vista. Miró a los dos primos y con tal naturalidad preguntó —: ¿Quién sigue?
— Yo —dijo Albus, rápidamente.
— No me has respondido, Al —señaló Rose.
— Lo digo por...
— ¡Hora de cenar! —la voz de Ginny sonó desde el comedor y enseguida un ruido parecido a una estampida de elefantes se escuchó impidiendo que Albus respondiera.
Los asientos fueron ocupados con el mismo orden de la noche anterior. Rose se sorprendió al ver a sus padres ahí sentados conversando con su abuelo Arthur. Se sentó junto a ellos y cuando lo hizo sus padres la miraron y le sonrieron.
— ¿Dónde habías estado? —le preguntó Hermione, mientras le acomodaba el cabello.
— En la sala, con Al y Scorp —respondió Rose. Sonrió cuando su padre hizo una mueca ante el diminutivo del rubio.
— ¿Y Lucy? —preguntó Ron, dándose cuenta de que el asiento de su sobrina seguía vacío.
— No sabemos dónde está —terció Albus, al escuchar la pregunta de su tío.
— Creo que estaba arriba, en la habitación —comentó Arthur mirando la silla.
— ¿Buscan a Lucy? —preguntó Fred, apartando la vista de Luna.
— Sí, ¿la has visto? —inquirió Ron.
— La vimos hace unos quince minutos, afuera —respondió el pelirrojo.
— ¿Afuera? —repitieron Ron y Hermione, confundidos.
— ¿Qué habrá estado haciendo? —preguntó Arthur, a nadie en particular.
Pero nadie respondió y no hizo falta: Lucy entró en ese momento desde el lado de la cocina.
— Hola —saludó sin notar la cara de preocupación que había en sus familiares.
— ¿Dónde estabas, Lu? —preguntó Albus.
— ¡Oh! Estaba afuera, luego fui a la cocina con la abuela —explicó la niña, acompañando sus palabras con un simple encogimiento de hombros.
Nadie preguntó nada más y siguieron hablando como si nada; aunque Arthur, Ron y Hermione miraban de vez en cuando a Lucy preguntándose qué es lo que habría estado haciendo afuera.
Las preocupaciones, los problemas y todo lo demás que afectaba a la familia desaparecieron en unos minutos mientras daba comienzo el gran festín de esa noche. En la mesa no se escuchaban más que los tradicionales movimientos de los cubiertos y, por supuesto, las risas de los integrantes.
No se respiraba más que alegría y amor. Eran de esos momentos que debían ser fotografiados y que sin duda quedarían en la memoria de todos los presentes. De esos momentos que valían la pena. Una familia completa y feliz.
Y así fue como Charlie y Emily tomaron aquella foto, antes de sacar fotos individuales de todos los miembros. Y luego fotos de cada familia.
—... ¡oh, por favor! —exclamó Charlie, negando con la cabeza cuando fue el turno de Ron, Hermione y Rose — ¿Nos permites tantito, Rosie? Ahora te hablo.
— Está bien —accedió Rose, sonriendo. Luego se fue junto a Emily
— A ver... —comenzó Charlie. Se colocó en medio de Ron y Hermione y los abrazó por los hombros a los dos —, es Navidad. Así que me dejan sus problemitas de lado y se comportan como dos tortolos enamorados, ¿de acuerdo? ¿Sí? ¡Estupendo! Continuemos con la foto...
Charlie se separó tan rápido de ellos y se paró en frente. Frunció el ceño al ver la cara de estupor de Ron y Hermione y negó con la cabeza.
— Eso no está bien —señaló. Caminó hacia ellos y agarró el brazo de Ron y lo sacudió levemente —. Pones esto sobre su cintura y tú haces lo mismo —le indicó ahora a Hermione.
Al parecer la pequeña sacudida sirvió para sacar a Ron del aturdimiento.
— ¡Charlie! —gruñó en voz baja.
— Por favor... —murmuró Hermione, saliendo también del ensimismamiento.
— Miren —dijo Charlie tornándose serio y hasta un poco furioso — lo único que quiero es que Rose tenga una bonita feliz navidad y para que ella lo tenga necesita ver a sus padres felices y en paz. No quiero volver a ver una mirada triste en la cara de esa pequeña o de lo contrario...
— Yo mismo me golpearé —le atajó Ron. Suspiró y miró a Hermione.
— Charlie tiene razón —dijo sin apartar la mirada de Ron —. Por Rose...
— Por ella —convino Ron. Hermione asintió.
— ¡Por fin! Ahora abrácense y sonrían como idiotas enamorados —indicó Charlie luciendo un poco maniático y hasta cómico, por eso Ron y Hermione no pudieron evitar reír —. Rose, si me haces el favor de unirte a tus padres...
Rose dejó la conversación a medias y su rostro se iluminó con una sonrisa radiante al observar a sus padres reír, y no al ver a las estatuas que creía que eran.
Corrió hasta ellos y se colocó en medio de los dos. Ron pasó su brazo por la cintura de Hermione y la atrajo hacia él. Aún con la anticipación de saber que tendrían contacto físico ninguno pudo evitar la corriente eléctrica que les recorrió el cuerpo, ni de sentir el latido del corazón más rápido que lo usual. Hermione también enlazó su brazo alrededor de la cintura de Ron multiplicando así esas emociones que salían disparadas como misiles en guerra. Ambos posaron sus manos libres en los hombros de Rose.
— Digan Weasley —dijo Charlie.
El "Weasley" se escuchó y seguido de él un sonido de clic indicando que la foto había sido tomada. Charlie sonrió con satisfacción y apartó la cámara de su rostro solo para observar a Ron y Hermione.
— ¡Hey, esperen ahí! —Les indicó alzando la palma de su mano —Quiero una foto de ustedes dos solos...
— ¿Me puedes dar una después, tío Charlie? —preguntó Rose ilusionada mientras se apartaba de sus padres.
— Con gusto, Rose —concedió el pelirrojo mientras volvía a colocar la cámara en su lugar.
— Charlie... —murmuraron Hermione y Ron, pero no en tono lastimero sino más bien comprensivo.
Así que para esa foto Ron en vez de rodear la cintura de Hermione con un solo brazo se colocó detrás de ella y la rodeó con ambos brazos.
— ¿Te molesta? —le susurró al oído.
— No —balbuceó Hermione, mientras sentía como Ron enlazaba sus manos con las suyas.
¿A qué venía todo eso?, quiso preguntar Hermione. Pero más que nada quería disfrutar del momento. De ese corto momento en el que parecían una pareja feliz...
"Dicha como tal no, pero se comportan como una", Hermione recordó las palabras de la señora Weasley y no pudo evitar sonreír. Notó que Ron también sonreía y luego sintió como se le escapaba el aliento cuando el rostro de Ron estuvo junto al suyo.
— Eso me gusta más —canturreó Charlie mientras aplastaba el botón y la foto era tomada.
Ron y Hermione no parecieron darse cuenta de que la foto ya había sido tomada. En ese momento sus sentidos estaban puestos en los del otro. Solo Ron y Hermione. Solo Hermione y Ron.
Y solo la risa de Charlie los sacó a ambos. El pelirrojo reía con ganas mientras trataba de decir algo pero las palabras eran ahogadas por la risa. Tan sólo se alcanzó a descifrar un: "... y no querían" mientras sacudía la cabeza y trataba de parar su risa.
— Creo que se volvió loco —se lamentó Emily. Acarició su cámara con expresión triste —. Ni modo, camarita, seremos tú y yo de nuevo, solas.
— ¡Ey! —Aquello sirvió para que Charlie saliera de su ataque de risa y se acercó a Emily y apuntó a la cámara fotográfica que la mujer tenía colgada —No puedes robarme a mi chica...
— Es solo una bebé —le reprendió Emily.
— Pues que bebé más listilla —bufó Charlie. Emily sonrió y le dio un beso en la mejilla.
Rose también sonrió. "Albus tiene razón, la novia del tío Charlie es muy divertida", pensó y luego miró a sus padres. Y se alegró mucho cuando vio que aún seguían juntos, aunque ya no abrazados, pero sí muy cerca uno del otro.
La fuente del ponche quedó vaciada por completo. El ambiente se sentía tan relajado como nunca antes.
— Bien, creo que es hora de que todos vayamos a dormir —habló Molly mirando especialmente a sus nietos más pequeños, a los que aún estaban despiertos, claro.
— ¿Ya? —preguntaron James y Freddy al mismo tiempo, aunque en sus rostros era evidentemente que el sueño les estaba venciendo.
— Sí. ¡A dormir! —ordenó la matriarca, sonriéndoles.
Los que aún quedaban despiertos (James, Fred, Lucy, Louis, Victoire y Teddy) se despidieron de sus padres y arrastrando los pies salieron de la sala y luego sus pasos se escucharon por las escaleras.
— Yo iré a acostar a Rose —dijo Ron a Hermione mientras se levantaba cuidadosamente y acomodaba a la pequeña en sus brazos.
— Sí. Está bien —Hermione se levantó y depositó un beso en la frente de su hija. Ignoró el acercamiento a Ron y se concentró en Rose.
— Buenas noches —se despidió Ron.
Harry cargó a Albus mientras Ginny tomaba a Scorpius y a su vez George tomaba a Rox en sus brazos. Charlie cargó a Molly sin problemas y Bill a Dominique. Los cinco desfilaron detrás de Ron. Un montón de "Buenas noches" y "Hasta mañana" se escucharon mientras la sala comenzaba a abandonarse.
Cuando Ron entró en la habitación la misma escena de la noche anterior se repetía, solo que está vez la mirada de Hermione duró unos segundos más y en sus labios jugueteó una sonrisa nerviosa. Ron hizo sus movimientos más lentos y cuando entró al baño se cambió la pijama y se lavó los dientes más rápido. Cuando salió del baño Hermione aún seguía leyendo. Ron caminó hasta la cama y se acostó. Cruzó los brazos por debajo de su cabeza y se quedó mirando al techo.
— ¿Ron? —llamó Hermione unos minutos más tarde. Ron se sobresaltó un poco ante el sonido de su nombre.
— ¿Sí?
— ¿Sabes si tus padres aún tienen una computadora aquí? —preguntó Hermione, vacilando.
— En el despacho hay una —informó Ron y miró de reojo a Hermione; ella miraba fijamente a la página del libro —. ¿Por qué?
— Bueno, mañana es Navidad —Hermione hizo un leve énfasis en la última palabra —y no he estado en contacto con mis padres estos últimos días... quería saber cómo estaban...
— ¡Ah, claro! —murmuró Ron y se sintió un poco avergonzado. Había olvidado que los señores Granger estaban de viaje. ¿Tan mal estaba como para que se le olvidara eso? —Siéntete libre de usarla en cualquier momento. A tus papás les agradaría saber de ti y de Rose...
— Gracias —dijo Hermione. Ron se arriesgó a mirarla y se asombró al ver a Hermione mirándolo.
— Sí. Bueno. De nada —balbuceó torpemente.
— Hasta mañana. Buenas noches —Hermione cerró el libro, lo depositó sobre la mesita donde descansaba una lámpara y la apagó.
— Descansa —le deseó Ron cuando la habitación quedó completamente obscura.
Hermione no respondió pero sí lo escuchó. Y también sintió cuando Ron se giró para estar frente a frente.
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— ¡Mami! ¡Papi! —Rose entró a la habitación de sus padres y se paró en seco al ver que sus padres estaban abrazados como aquella vez que habían dormido juntos en Australia.
Ron abrió los ojos inmediatamente y cuando se dio cuenta de su posición se apartó rápidamente y se incorporó de un salto. Hermione los abrió un segundo después y también se sentó en la cama, sorprendida por la proximidad de Ron. Pero entonces divisó a Rose y sonrió.
— ¡Ya es Navidad! —gritó Rose, se trepó a la cama y quedó frente a sus padres — ¡Casi todos están abajo!
— ¿Casi? ¿Qué hora es? —farfulló Ron mientras ojeaba en la habitación buscando un reloj. Pero no había ni uno ahí.
— Casi las ocho —respondió Rose —. ¡Vamos!
— ¿Así en pijama? —preguntó Ron. Estiró los brazos y atrapó a Rose. La sentó en su regazo.
— Yo estoy en pijama —observó Rose mientras su padre le besaba la mejilla —. Y todos también.
— ¿Navidad en pijama? —preguntó Hermione, sonriendo.
— Al parecer —respondió Ron devolviéndole la sonrisa —. Vamos, que todos nos esperan.
Rose se soltó de su padre y se bajó de la cama. Espero a que salieran de la cama y entonces los tomó de la mano y los jaló fuera de la habitación escaleras abajo.
Cuando entraron a la sala no pudieron más que asombrarse. Aquello parecía de verdad una mini juguetería. Algunos de los pequeños ya habían abierto algunos de sus regalos dejando la envoltura en el suelo junto a ellos.
— ¡Hey! Qué bueno que bajan —Charlie sonrió y abrió los brazos ampliamente — ¡Únanse a la fiesta!
— A esto le llamo Navidad —la voz de Fred sonó detrás de Ron y Hermione. El pelirrojo pasó junto a ellos seguido de Luna —. ¡Feliz Navidad a todos, familia!
— Ve, princesa —Ron señaló hacia un montón de regalos que había bajo el pinito de Navidad, cerca de donde estaban Albus y Scorpius. Rose sonrió y se apresuró hacia ellos sorteando los paquetes y las envolturas que había a su paso.
— ¡Feliz Navidad, Ron, Hermione! —Arthur se acercó a ellos y los abrazó fuertemente,
— Feliz Navidad, papá —Ron dio unas palmadas en la espalda de su padre y lo besó en la mejilla.
— Feliz Navidad, Arthur —Hermione respondió la sonrisa y el abrazo.
Una tanda de abrazos más tarde y aún varios de los pequeños se encontraban abriendo algunos regalos. Los adultos sonreían con ternura y amor al ver a sus hijos y sobrinos abrir con expectación y con emoción cada uno de sus regalos. Todos disfrutaban de aquel escenario tan bello. Todo parecía, una vez más, perfecto.
— ¿Qué te pasa, Rosie? ¿No te gustaron tus regalos? —preguntó Albus al ver el rostro decaído de su prima.
— No es eso... —susurró Rose levantando la vista hacia su primo —, es que yo no le regalé nada a mis papás.
— Claro que sí —murmuraron dos voces detrás de ella.
Ron y Hermione se habían percatado del semblante triste de su hija, y como todos los padres se preocuparon así que sin perder tiempo se habían acercado a ella y habían alcanzado a escuchar las palabras de su hija.
— Ven aquí, princesa —Ron se había sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Hermione se había sentado junto a él de igual manera. Rose obedeció y se sentó en el hueco que había entre las piernas de su padre —. El que estés aquí es el mejor regalo que pudiera haber tenido, y el que deseara jamás.
— Rosie, tú eres nuestro regalo —Hermione tomó las manos de su hija y las apretó con cariño —. Y el que tú estés feliz y contenta lo hace aún más grande.
— Así que borra esa tristeza de tu rostro —pidió Ron, mientras la abrazaba — y dame esa sonrisa tan linda que tienes.
Rose sonrió y dejó que una lágrima descendiera de sus ojos azules. Hermione la limpió y sonrió.
— Er, disculpen, siento interrumpir —Lucy se acercó a ellos. En la mano traía dos cajas delgadas y alargadas, una en color azul marino y otra en color lila. La azul se la entregó a Ron y la lila a Hermione —. Ambos me pidieron que la entregara...
Hermione y Ron se miraron, ruborizados y ciertamente complacidos. En ambas cajas había una nota. Ambas decían casi lo mismo, de no ser por las "a" y las "o" y alguno que otro pronombre que cambiaban:
"Sé que no es la (el) misma (o), pero espero que te guste.
Feliz Navidad".
Ron y Hermione sonrieron al mismo tiempo y abrieron las dos cajas. Ron encontró un elegante reloj y Hermione una linda pulsera. Sus miradas se encontraron con sincronía y sus labios se alzaron aún más.
— Gracias —dijeron los dos al mismo tiempo.
— ¿Qué es eso? —Albus señaló sobre las cabezas de Ron y Hermione. Los aludidos alzaron la cabeza y sus ojos se abrieron como platos.
— Muérdago —respondió Lucy sonriendo. Disimuladamente le guiñó el ojo a su tío Charlie, que se había acercado a ellos.
— Ya conocen la tradición —silbó Charlie.
Ron y Hermione bajaron la mirada y nuevamente el azul y el marrón se encontraron.
No sabían si agradecer o maldecir por aquello, pero estaba más que claro que ambos deseaban que ese beso ocurriera pronto.
¿Acaso el destino estaba jugando con ellos? ¿O sólo era simplemente ese su destino?
No lo sabían, ni querían averiguarlo.
Y mientras Ron tomaba el rostro de Hermione y lo acercaba al de él, sus corazones retumbando contra sus pechos y la distancia acortándose, nada más importó.
¡Hola, lectoras y lectores!
Es un placer volver a estos rumbos con un capítulo más de esta historia. Jajaja ay, cómo hago sufrir a este par de tontitos enamorados.
Pues espero que les haya gustado este capítulo. Y ahora sí prometo que el siguiente capítulo lo tendrán más tardar el próximo domingo. Me he ausentado porque el trabajo me absorbe mucho, prácticamente llego a casa solo a dormir y ya. Además cuestiones de salud que tengo por ahí, pero todo bien.
Ahm, y bueno, creo que es todo.
Gracias por seguir leyendo.
Besos y abrazos.
LunitaEmo-Granger.
