Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JoTaKa Rowling, y la historia es una traducción autorizada del fic: "Changing the Future: Reading the Deathly Hallows" de Choice HP.

Summary:Harry Potter se encuentra en su quinto año cuando de repente es absorbido por un hechizo y trasladado hacia una sala (la sala de los menesteres) pero no está solo, Hermione, los Weasley, Remus, Sirius, Tonks, Dumbledore, McGonagall, Severus y Draco, se encuentran con él para leer un libro que ha sido traído desde el futuro por TRL...

Capítulo 35.

King Cross

King Cross –Arthur leyó confundido, y no era el único. Sin embargo ya que nadie comentaba decidió empezar a leer.

Yacía bocabajo, escuchando el silencio.

Estaba absolutamente solo. Nadie lo estaba mirando. Nadie más estaba allí. No estaba completamente seguro de que él mismo estuviera allí.

¿Cómo puedes no saber que no estás allí? –preguntó Ron–. ¿Y dónde estarías de todos modos?

No tengo idea compañero –dijo Harry.

Bastante tiempo después, o quizá en ese mismo instante, le vino el pensamiento de que debía de existir, debía de ser más que un pensamiento incorpóreo, ya que estaba tendido, definitivamente tendido sobre alguna superficie. Por tanto tenía el sentido del tacto, y la cosa contra la que estaba tendido también existía.

Casi en el momento en que llegó a esa conclusión, Harry se dio cuenta de que estaba desnudo.

Er… ¿A menudo estás en el suelo desnudo Harry? –comentó Fred con una sonrisa mientras algunos silbaban y reían. Ginny se había vuelto de un color rojo brillante ante el pensamiento de eso.

No –respondió Harry sonrojándose.

Convencido como estaba de su total aislamiento, esto no le preocupó, pero sí le intrigó levemente. Si bien podía sentir, se preguntó si también podría ver. Abriéndolos, descubrió que conservaba también el sentido de la vista.

Si bueno, como lo que está sucediendo en este momento… es muy raro –comentó Ron.

Parece que Harry está teniendo una experiencia cercana a la muerte –dijo Hermione pensativamente, mientras intentaba mantener su mente pensando que él no estaba, de hecho, muerto.

Yacía en medio de una brillante neblina, aunque no era como las otras neblinas que siempre había experimentado. Los alrededores no estaban ocultos por vapor nublado; más bien el vapor nublado no se había formado a su alrededor. El suelo en el que estaba echado parecía ser blanco, ni caliente ni frío, simplemente así, un espacio liso y blanco en el que estar.

Se sentó. Su cuerpo parecía indemne. Se tocó la cara. Ya no llevaba las gafas puestas.

Bueno, por supuesto que no puedes ver nada… ponte las gafas y verás que tu entorno se enfoca más –dijo George.

Algo me dice que en ese lugar no voy a necesitar mis gafas –Harry rió entre dientes.

Entonces un ruido le llegó a través de la nada uniforme que le rodeaba: los pequeños y suaves golpeteos de algo que aleteaba, se sacudía y luchaba.

Era un sonido lastimoso, pero también ligeramente indecente. Tenía la incómoda sensación de que estaba escuchando algo vergonzoso y furtivo. Por primera vez, deseó estar vestido. Casi al instante de formarse el deseo en su mente, unas túnicas aparecieron a corta distancia. Las cogió y se las puso.

Oh… mala suerte Gin, ya está vestido ahora –Fred rió mientras Harry y Ginny se veían sonrojados.

Eran suaves, limpias, y cálidas. Era extraordinario cómo simplemente habían aparecido así, en el momento en que las quería…

Se puso en pie mirando alrededor. ¿Estaba en alguna gran Sala de los Menesteres? Cuanto más lejos miraba, más se veía. Un gran techo abovedado de cristal brillaba en lo alto bajo la luz del sol. Tal vez era un palacio.

No… creo que es una estación de tren –dijo Remus.

¿Qué te hace pensar eso? –preguntó Sirius.

Bueno, el capítulo se llama Kings Cross por una razón –respondió Remus con aires de suficiencia y Sirius rodó los ojos.

Todo estaba silencioso y quieto, exceptuando esos extraños golpeteos y sonidos gimoteantes que salían de algún lugar cercano, en la neblina…

Harry se giró lentamente, y los alrededores parecieron inventarse a si mismos ante sus ojos. Un gran espacio abierto, brillante y limpio, una grandiosa sala mucho más grande que el Gran Comedor, con ese límpido techo abovedado de cristal. Estaba bastante vacío. Era la única persona allí, excepto por…

Retrocedió. Había localizado la cosa que estaba haciendo los ruidos. Tenía la forma de un niño pequeño desnudo, arrebujado en el suelo, con la piel ajada y áspera, despellejada. Estaba temblando bajo el asiento donde había sido abandonado, no deseado, escondido fuera de vista, luchando por respirar.

Harry se estremeció ante eso (y no fue el único) e intuyó lo que era.

Eso es…eso es Voldemort…. O por lo menos un pedazo de su alma –dijo Hermione vacilante.

Creo que lo es –respondió Dumbledore mientras Harry asentía con la cabeza

Sintió miedo de él. Aunque era pequeño y frágil y estaba herido, no quería acercarse a él. Sin embargo, se fue acercando lentamente, listo para saltar hacia atrás en cualquier momento. Pronto estuvo lo suficientemente cerca para tocarlo, pero no fue capaz de hacerlo. Se sintió como un cobarde.

Debería reconfortarlo, pero le causaba repulsión.

No… realmente no debes hacerlo –Sirius gruñó

-No puedes ayudar.

Se dio la vuelta. Albus Dumbledore estaba andando hacia él, directo y lleno de energía, vistiendo prendas de un radical azul medianoche y con una túnica suelta de color azul medianoche.

¿Qué está haciendo allí? –Harry se vio aterrorizado–. ¿Va a morir después de todo?

No estoy seguro –dijo Dumbledore, pensativo e interesado en escuchar lo que estaba por suceder.

-Harry -abrió los brazos ampliamente, y sus manos estaban enteras, blancas e intactas-. Chico maravilloso. Valiente, valiente hombre. Paseemos.

Atónito, Harry siguió a Dumbledore cuando este se alejó a grandes zancadas del gimoteante y despellejado niño, llevándolo a dos asientos que Harry no había notado previamente, que estaban colocados a cierta distancia bajo el alto y destellante techo. Dumbledore se sentó en uno de ellos y Harry en el otro, mirando la cara de su antiguo director. El largo cabello plateado y la barba de Dumbledore, los penetrantes ojos azules bajo las gafas de media luna, la nariz torcida: todo estaba como lo recordaba. Y aun así…

-Pero está muerto -dijo Harry.

Harry no seas tan grosero, no es agradable ser tan contundente con las personas muertas –Fred se echó a reír.

Sin embargo, la mayoría de ellos se veían tensos, no les gustaba el sonido de eso. Si Dumbledore estaba muerto y era capaz de hablar con Harry, ¿Qué había pasado con Harry?

-Oh, sí -dijo Dumbledore de forma práctica.

-Entonces… ¿también estoy muerto?

-Ah -dijo Dumbledore, sonriendo más abiertamente-. Esa es la cuestión ¿no es cierto? En principio amigo mío, creo que no.

Y varios dejaron escapar un suspiro de alivio, incluyendo a Dumbledore, ya que todo lo que implicaba a Harry era una rama de la magia que no podía ser probada y nunca se había visto antes. Y había una parte de él que le preocupaba lo que iba a suceder.

Se miraron mutuamente, el hombre mayor todavía sonriendo.

-¿No? -repitió Harry.

-No -dijo Dumbledore.

-Pero… -Harry levantó instintivamente la mano hacia la cicatriz con forma de relámpago. No parecía que estar allí-. Pero debería haber muerto… ¡no me defendí! ¡Tenía la intención de dejar que me matara!

-Y esa voluntad -dijo Dumbledore-, pienso, marcó toda la diferencia.

¿Si me hubiera defendido, estaría muerto? –preguntó Harry

No estoy seguro de eso, Harry –Dumbledore suspiró, podría ser verdad, pero no era única razón por la que creía que Harry no debería defenderse.

La felicidad parecía irradiar de Dumbledore como una luz, como fuego. Harry nunca había visto al hombre tan completamente y palpablemente satisfecho.

-Explíquese -dijo Harry.

-Pero ya lo sabes –dijo Dumbledore. Se cruzó de brazos y jugueteó con los dedos.

Unos pocos rieron ante la idea de Dumbledore sonriendo a Harry mientras jugueteaba con sus dedos.

Pienso que debe decírselo –Molly le frunció el ceño a Dumbledore–. ¿No ha sufrido bastante?

Hm… –Dumbledore suspiró pensando, preguntándose si era realmente él o solo era la mente de Harry tratando de entender lo que estaba pasando. Sin embargo, su respuesta era la misma, no importaba lo que era, y dijo: – Creo que es importante que Harry descifre las cosas por su cuenta, porque ya no soy capaz de ayudarlo. Además, me gustaría que en un futuro, sea a él a quien la mayoría acuda cuando suceda algún problema, y él…

Oh, maldición, ¿Eso significa que voy a tener que lidiar con más cosas después de, incluso, deshacerme de Voldemort? –Harry gimió.

Lo siento Harry, pero después de algo como esto, la gente te buscará –Dumbledore suspiró–. No es una vida fácil, pero tienes muchos amigos… er…. Y una familia que te ayudará a pasar por esto.

-Dejé que me matase –dijo Harry-, ¿verdad?

-Lo hiciste –dijo Dumbledore, asintiendo con la cabeza-. ¡Sigue!

-Así que la parte de su alma que estaba en mí…

Dumbledore asintió todavía con más entusiasmo, instando a Harry a seguir, con una amplia sonrisa de aliento en la cara.

-… se ha ido?

-¡Oh sí! –dijo Dumbledore-. Sí, la destruyó. Tu alma está completa, y es completamente tuya, Harry.

Harry suspiró a eso, aunque no era algo que pudiera decir de él ahora. Y de nuevo se sintió enfermo al pensar sobre lo que había dentro de él en este momento.

-Pero entonces…

Harry miró por encima de su hombro, hacia donde la pequeña y mutilada criatura temblaba bajo la silla.

-¿Qué es eso, profesor?

-Algo que está más allá de nuestra ayuda –dijo Dumbledore.

-Pero si Voldemort usó la Maldición Asesina –empezó Harry otra vez-, y nadie murió por mí esta vez… ¿cómo puedo estar vivo?

-Creo que lo sabes –dijo Dumbledore-. Piensa en lo que pasó. Recuerda lo que hizo, en su ignorancia, en su codicia y crueldad.

Bueno ha reducido las alternativas –Sirius rodó los ojos–. Podría ser cualquier cosa de lo que Voldemort hizo.

Harry pensó. Dejó que su mirada vagase por los alrededores. Si efectivamente estaban sentados en un palacio, era uno extraño, con sillas colocadas en pequeñas filas y trozos de verja aquí y allá. Y aún así, él y Dumbledore y la atrofiada criatura bajo la silla eran los únicos seres allí. Entonces la respuesta brotó en sus labios con facilidad, sin esfuerzo.

-Tomó mi sangre –dijo Harry.

Parece que lo que Dumbledore dijo ayudó a Harry a averiguarlo –le dijo Remus.

Como sea –Sirius resopló–. Sigo pensando que Dumbledore podría estar hablando de cualquier cosa que Voldemort hizo.

-¡Precisamente! –dijo Dumbledore-. ¡Tomó tu sangre y reconstruyó su cuerpo vivo con ella! Tu sangre en sus venas, Harry, ¡la protección de Lily dentro de ambos! ¡Te ató a la vida mientras él viva!

Wow… eso fue algo muy estúpido de su parte –comentó Draco

No creo que nadie se diera cuenta de lo que iba a pasar –dijo Bill–. Excepto por Dumbledore por supuesto.

Pero no entiendo, si eso es cierto ¿Por qué me puede tocar ahora? –Harry frunció el ceño.

Debido a que el uso de tu sangre hizo lo que él se había propuesto, pero también, en cierta medida, había trabajado en formas que Voldemort nunca esperaba –Dumbledore sonrió.

-Yo vivo… ¿mientras él vive? Pero pensé… ¡pensé que era al revés! Pensé que ambos teníamos que morir. ¿O es lo mismo?

Fue distraído por los gemidos y golpeteos de la criatura que agonizaba tras ellos, y de nuevo miró hacia atrás para verla.

-¿Está seguro de que no podemos hacer nada?

-No hay ayuda posible.

¿Por qué demonios quieres ayudar a esa cosa? –preguntó Charlie.

Es la naturaleza de Harry el querer ayudar –Ginny sonrió.

Oh pero yo solo quería que se callara de una vez, porque es una distracción –dijo Harry.

-Entonces explíqueme… más –dijo Harry, y Dumbledore sonrió.

Eso hizo que algunas personas rieran.

-Tú fuiste el séptimo Horrocrux, Harry, el Horrocrux que nunca tuvo intención de hacer. Había vuelto su alma tan inestable que se rompió en pedazos cuando cometió esos actos de atroz maldad, el asesinato de tus padres, el intento de matar a un niño. Pero lo que escapó de esa habitación fue menos de lo que supo. Dejó algo más que su cuerpo detrás. Dejó parte de su alma pegada a ti, la víctima en potencia que había sobrevivido.

»¡Y su conocimiento permaneció deplorablemente incompleto, Harry! Aquello a lo que Voldemort no da valor, no se toma la molestia de entender. De elfos domésticos y cuentos de niños, de amor, lealtad e inocencia, Voldemort no sabe ni entiende nada. Nada. Que todos tienen un poder más allá del suyo, un poder más allá del alcance de cualquier magia, es una verdad que nunca ha comprendido.

Bueno, por supuesto que no podía entender nada que fuera más poderoso que él –dijo Charlie.

Pero, sinceramente, no creo que ninguno de nosotros pensemos que esas cosas sean tan poderosas –dijo Remus.

»Tomó tu sangre pensando que lo haría más fuerte. Tomó en su cuerpo una pequeña parte del encantamiento que tu madre colocó en ti cuando murió por salvarte. El cuerpo de Voldemort mantiene su sacrificio vivo, y mientras ese encantamiento sobreviva, asimismo lo harás tú y también la última esperanza de redención de Voldemort.

Eh… ¿Qué? –dijo Bill–. ¿Cuál es la última esperanza de Voldemort?

Pero nadie le respondió.

Dumbledore sonrió a Harry y éste lo miró.

-¿Y usted sabía todo esto? Lo sabía… ¿todo este tiempo?

-Lo suponía. Pero mis suposiciones normalmente han sido buenas –dijo Dumbledore con alegría, y continuaron sentados en silencio durante lo que pareció un largo rato, mientras la criatura que estaba detrás continuaba gimiendo y temblando.

-Hay más –dijo Harry-. Hay más sobre eso. ¿Por qué mi varita rompió la que él había tomado prestada?

-Sobre eso no puedo estar seguro.

-A ver si sus sospechas se confirman, entonces. –dijo Harry, y Dumbledore rió.

Al igual que varios en la sala, esto realmente era un extraño encuentro.

-Lo que debes entender, Harry, es que tú y Lord Voldemort han viajado juntos en dominios de la magia hasta el momento desconocidos y no probados. Pero esto es lo que creo que pasó, y no tiene precedente, y pienso que ningún fabricante de varitas se lo podría haber pronosticado o explicado a Voldemort.

Bien, es bueno que tengas a Dumbledore a tu lado para explicarte algunas cosas –dijo Remus.

Porque dudo seriamente que alguien tuviera la oportunidad de hacerlo –añadió Sirius.

»Sin tener intención de ello, como sabes ahora, Lord Voldemort dobló el vínculo entre ustedes cuando volvió a la forma humana. Un parte de su alma todavía estaba pegada a la tuya, y pensando en fortalecerse, tomó una parte del sacrificio de tu madre en sí mismo. Si sólo hubiese entendido el preciso y terrible poder de ese sacrificio, tal vez no se habría atrevido a tocar tu sangre…

Pero entonces, si hubiese sido capaz de entenderlo, no podría ser Lord Voldemort, y quizás nunca habría asesinado.

Pues desearía que él hubiera entendido –Harry gruñó y no fue el único en pensar eso a lo largo de estas líneas.

»Habiendo asegurado esta conexión doble, habiendo enlazado su destinos juntos con más seguridad de lo que alguna vez dos magos han estado unidos en la historia, Voldemort procedió a atacarte con una varita que compartía núcleo con la tuya. Y entonces algo muy extraño pasó, como sabemos. Los núcleos actuaron de una forma que Lord Voldemort, que nunca supo que tu varita era una gemela de la suya, nunca habría esperado. Tenía mucho más miedo que tú esa noche, Harry. Habías aceptado, incluso abrazado la posibilidad de la muerte, algo de lo que Lord Voldemort nunca ha sido capaz.

Tu valentía ganó, tu varita sobrepasó en poder a la suya.

Y al hacer eso, algo pasó entre esas dos varitas, algo que repitió la relación entre sus amos.

¿Qué te hizo la pobre varita para que le hagas ganar una conexión como esa? –preguntó Fred.

Creo que tu varita se imbuyó de parte del poder y las cualidades de la varita de Voldemort esa noche, que es lo mismo que decir que pasó a contener un poco del mismo Voldemort.

Harry frunció el ceño pero supuso que no había porque ponerse nervioso, después de todo tenía un poco de Voldemort también.

Así que tu varita lo reconoció cuando te persiguió, reconoció al hombre que era a la vez familiar y enemigo mortal, y regurgitó parte de su propia magia contra él, magia mucho más poderosa que la que la varita de Lucius había realizado alguna vez. Tu varita ahora contiene el poder de tu enorme valentía y la propia habilidad mortal de Voldemort: ¿Qué oportunidad tenía esa pobre ramita de Lucius Malfoy?

Hm… tu varita suena bastante potente ahora –dijo Charlie.

Estoy seguro que lo es, aunque en realidad no es capaz de llevar a cabo ese poder a menos que se enfrente a Voldemort –dijo Dumbledore.

-Pero si mi varita era tan poderosa, ¿cómo es que Hermione fue capaz de romperla? –preguntó Harry.

-Mi querido muchacho, sus extraordinarios efectos fueron únicamente dirigidos a Voldemort, que había interferido de forma tan poco aconsejable con las leyes más profundas de la magia. La varita sólo fue anormalmente poderosa al enfrentarse a él. Por lo demás era una varita tan normal como cualquier otra… aunque una muy buena, estoy seguro –terminó Dumbledore amablemente.

Gracias por tranquilizarme Dumbledore –Harry rió entre dientes–. Y creo que es una excelente varita.

Harry permaneció sentado pensando durante bastante tiempo, o tal vez segundos. Ahí era bastante complicado estar seguro de cosas como el tiempo.

-Me mató con su varita.

-Falló al matarte con mi varita –corrigió Dumbledore a Harry-. Creo que podemos estar de acuerdo en que no estás muerto… aunque, por supuesto –añadió, como si temiese haber sido descortés-, no minimizo tus sufrimientos, que estoy seguro fueron severos.

-Aunque ahora me siento genial –dijo Harry, bajando la vista a sus manos limpias y sin manchas-. ¿Dónde estamos, exactamente?

-Bueno, te iba a preguntar eso –dijo Dumbledore, mirando alrededor-. ¿Dónde dirías que estamos?

Hasta que Dumbledore lo preguntó, Harry no lo había sabido. Ahora, sin embargo, se encontró con que tenía una respuesta preparada.

Eres un poco lento, sabes, nunca pareces darte cuenta de las cosas hasta que piensas en ello –dijo Draco.

Tal vez eso es porque no están allí hasta que lo pienso –Harry gruñó.

-Parece –dijo lentamente-, la estación de King's Cross. Excepto que mucho más limpia y vacía, y por lo que puedo ver, no tiene trenes.

-¡La estación de King's Cross! –Dumbledore se estaba riendo entre dientes excesivamente-. ¿Dios mío, de verdad?

-Bueno, ¿dónde piensa usted que estamos? –dijo Harry, un poco a la defensiva.

-Mi querido muchacho, no tengo ni idea. Esto es, como dicen, tu fiesta.

¿Y eso que significa? –Preguntó Harry.

Lo que acabas de decir más o menos –dijo Dumbledore–. Que tú eres quien está creando todo esto.

Harry no tenía ni idea de lo que quería decir eso; Dumbledore estaba siendo exasperante. Lo miró airado, y entonces recordó una pregunta mucho más apremiante que esa de su actual localización.

-Las Reliquias de la Muerte –dijo, y se alegró al ver que las palabras le borraban la sonrisa a los labios de Dumbledore.

Dumbledore suspiró, por supuesto que se le iba a borrar la sonrisa del rostro.

- -Ah, sí –dijo él. Incluso parecía un poco preocupado.

-¿Bueno?

Por primera vez desde que Harry conocía a Dumbledore, pareció menos un hombre mayor, mucho menos. Fugazmente pareció un niño pequeño pillado en una maldad.

No se preocupe señor, todos hemos pasado por eso –le dijo Fred.

Algunos de nosotros pasamos la mitad de nuestras vidas con esa expresión –añadió George alentador.

¿Qué quieres decir con la mitad? –Molly se quejó cariñosamente.

Bueno ya sabes mamá, en la otra mitad estamos haciendo la maldad –Fred se echó a reír.

-¿Puedes perdonarme? –dijo-. ¿Puedes perdonarme por no confiar en ti? ¿Por no decírtelo? Harry, sólo temía que fallases como yo lo había hecho. Temía que cometieses mis errores. Ansío tu perdón, Harry. He sabido, desde hace bastante tiempo, que eres el mejor hombre de los dos.

Harry se sonrojó incómodo a eso –. No creo que…

Oh, pero es cierto Harry –Dumbledore le sonrió–. Has demostrado ser una y otra vez el mejor de los hombres.

Harry seguía incómodo más que nunca, pero no protestó esta vez.

-¿De qué está hablando? –preguntó Harry, sobresaltado por el tono de Dumbledore, por las repentinas lágrimas en sus ojos.

-Las Reliquias, las Reliquias –murmuró Dumbledore-. ¡El sueño de un hombre desesperado!

-¡Pero son reales!

-Reales y peligrosas, y un atractivo para los tontos –dijo Dumbledore-. Y yo era tan tonto. Pero lo sabes, ¿verdad? Ya no tengo más secretos para ti. Lo sabes.

Así que significa que ya no hay ningún secreto para nosotros también –dijo Sirius.

Yo no diría que no hay secretos –dijo Dumbledore y suspiró–. Pero los secretos más grandes mi vida… eso si ya lo saben.

-¿Qué sé?

Dumbledore giró todo su cuerpo para enfrentar a Harry, y las lágrimas todavía destellaban en los brillantes ojos azules.

-El amo de la muerte, Harry, ¡el amo de la Muerte! ¿En última instancia, fui mejor que Voldemort?

No seas ridículo Dumbledore, ¡Por supuesto que eras mejor que Voldemort! –McGonagall resopló indignada.

Dumbledore le sonrió, contento por su defensa. Parecía que los demás en la sala pensaban lo mismo también, pero simplemente no lo decían en voz alta.

-Por supuesto que lo fue –dijo Harry-. Por supuesto… ¿cómo puede preguntar eso? ¡Nunca mataba si podía evitarlo!

Bien dicho, Potter –McGonagall asintió con la cabeza hacia él.

-Cierto, cierto –dijo Dumbledore, que parecía un niño buscando confianza

¿Por qué actúas tan infantil? –preguntó Remus, pero Dumbledore no tenía respuesta a eso.

-. Y aún así busqué una manera de conquistar a la muerte, Harry.

-No de la forma que él lo hizo –dijo Harry. Después de toda su rabia contra Dumbledore, qué extraño era sentarse ahí, bajo el alto techo abovedado, y defender a Dumbledore de sí mismo

Simplemente no puedes evitarlo, tienes la manía de defender a todos –Hermione rió.

-. Reliquias, no Horrocruxes.

-Reliquias –murmuró Dumbledore-, no Horrocruxes. Precisamente.

Hubo una pausa. La criatura detrás de ellos gimoteó, pero Harry no volvió a mirar alrededor.

-¿Grindelwald también las buscaba? –preguntó.

Dumbledore cerró los ojos un momento y asintió.

-Era la cosa, por encima de todo, que nos acercó. –dijo en voz baja-. Dos chicos listos y arrogantes con una obsesión común. Quería ir al Valle de Godric, como estoy seguro de que acertaste, debido a la tumba de Ignotus Peverell. Quería explorar el lugar donde el tercer hermano había muerto.

-¿Entonces es cierto? –preguntó Harry-. ¿Todo eso? Los hermanos Peverell…

-… fueron los tres hermanos del cuento –dijo Dumbledore, asintiendo-. Oh, sí, creo que sí. Si conocieron o no a la Muerte en un camino solitario… creo que es más probable que los hermanos Peverell fuesen simplemente magos dotados y peligrosos que consiguieron crear esos objetos poderosos.

¿Por qué peligrosos? –preguntó Remus.

Ellos quizás no sean peligrosos, pero los objetos que crearon sí –admitió Dumbledore.

Excepto la capa –dijo Sirius.

También podría ser peligrosa… dependiendo de quien la use, pero supongo que tienes razón –dijo Dumbledore.

¿Cómo es que lo hicieron? ¿Cómo se hace eso? –preguntó Harry

No lo sé… nadie lo sabe –dijo Dumbledore–. Y creo que en su totalidad es mejor así.

La historia de que fuesen las propias Reliquias de la Muerte, me parece el tipo de leyenda que podría haberse extendido alrededor de esas creaciones.

»La Capa, como sabes ahora, viajó a través de los años, de padre a hijo, de madre a hija, hasta el último descendiente vivo de Ignotus, que nació, al igual que Ignotus, en el pueblo del Valle de Godric.

Dumbledore sonrió a Harry.

-¿Yo?

¿Por qué estás tan sorprendido Harry, no habías llegado ya a esa conclusión? –dijo Ron.

Bueno, eso no significa que no pueda sorprenderme –Harry se encogió de hombros.

-Tú. Has adivinado, lo sé, porque la Capa estaba en mi posesión la noche en que tus padres murieron. James me la había enseñado justo unos días antes. ¡Explicaba tanto sus travesuras no descubiertas en el colegio!

Y el hecho que fuéramos animagos explica el resto –dijo Sirius riendo.

Tengo que estar de acuerdo con eso –Dumbledore sonrío.

Apenas podía creer lo que estaba viendo. Se la pedí prestada, para examinarla. Hacía mucho que había desistido de mi sueño de juntar las Reliquias, pero no pude resistirme, no pude evitar querer examinarla… Era una Capa como nunca había visto, extremadamente antigua, perfecta en todos los sentidos… y entonces tu padre murió, y yo tuve dos Reliquias, ¡todas para mí!

Su tono era insoportablemente amargo.

¿Era feliz teniendo la capa? –preguntó Harry.

Estaba intrigado con ella, sobre todo al principio, pero en realidad no me traía verdadera felicidad –Dumbledore respondió–. Solo me recordó mi obsesión… lo que había perdido, y que tenía la última de las reliquias… la única que quería usar.

-Aunque la Capa no les habría ayudado a sobrevivir –dijo Harry con rapidez-. Voldemort sabía dónde estaban mis padres. La Capa no les habría hecho inmunes a las maldiciones.

Sería malditamente impresionante si lo hiciera –dijo Ron.

Creo que se tendría que hacer –dijo Fred de forma pensativa mirando a George–. Algo que puedas ponerte y que haga rebotar las maldiciones.

Eso sería genial –George sonrió

Pero no va a funcionar con todas las maldiciones –habló Remus.

-Cierto –suspiró Dumbledore-. Cierto.

Harry esperó, pero Dumbledore no habló, por lo que apuntó:

-¿Así que había abandonado la búsqueda de las Reliquias cuando vio la Capa?

-Oh sí –dijo Dumbledore débilmente. Parecía que se estaba obligando a encontrar los ojos de Harry-. Sabes lo que pasó. Lo sabes. No puedes despreciarme más de lo que me desprecio a mí mismo.

-Pero no le desprecio.

-Entonces deberías hacerlo –dijo Dumbledore.

No, no debería… no por lo que haya hecho en el pasado–le dijo Molly mucho más amable desde que se enteró que Harry era un horrocrux.

Tragó aire profundamente-. Conoces el secreto de la mala salud de mi hermana, lo que le hicieron esos muggles, en lo que se convirtió. Sabes cómo mi pobre padre buscó la venganza, y pagó el precio, muriendo en Azkaban. Sabes cómo mi madre renunció a su propia vida para cuidar de Ariana.

»Yo estaba resentido por eso, Harry.

Dumbledore lo indicó sin rodeos, con frialdad. Ahora estaba mirando por encima de la cabeza de Harry, hacia la distancia.

-Tenía dones, Harry, era brillante. Quería escapar. Quería brillar. Quería la Gloria.

Percy hizo una mueca ante eso, obviamente no era la misma situación que Dumbledore pero a él también le molestaban ciertas cosas de su familia y era definitivo que quería sobresalir de entre ellos. Siempre había sido diferente, siempre responsable, lo cual lo hizo alejarse cada vez más de sus hermanos. Se encontraba feliz de reconocer aquel resentimiento y sobretodo porque estaba haciendo lo posible porque no fuera demasiado tarde para trabajar en ello.

»No me malinterpretes. –dijo, y el dolor cruzó su cara, de modo que de nuevo parecía un anciano-. Los amaba, amaba a mis padres. Amaba a mi hermano y a mi hermana, pero era egoísta, Harry, más egoísta de lo que tú, que eres una persona extraordinariamente desinteresada, puedas imaginar.

No soy desin… –empezó Harry.

Ni siquiera te molestes en negarlo Potter, hasta yo reconozco que lo eres –dijo Draco antes de que Harry pudiera terminar de hablar mientras se veía a los demás rodar los ojos.

»Entonces, cuando mi madre murió y quedé responsable de una hermana enferma y un hermano díscolo, volví al pueblo con ira y amargura. ¡Atrapado y desaprovechado!, pensé. Y entonces por supuesto, él vino…

Dumbledore miró nuevamente a Harry a los ojos.

-Grindelwald. No te puedes imaginar cómo sus ideas me atraparon, Harry, me excitaron. Muggles forzados al servilismo.

Este comentario hizo fruncir el ceño a más de uno. No importaba cuantas veces lo oyeran, les sabía mal saber que Dumbledore las había dicho… que las había pensado alguna vez.

Nosotros los magos, triunfantes. Grindelwald y yo, los gloriosos jóvenes líderes de la revolución.

»Oh, tuve unos pocos escrúpulos. Calmé a mi conciencia con palabras vacías. Todo sería para el bien superior, y cualquier daño hecho sería reparado cien veces más en beneficios para los magos. ¿Sabía, en lo más profundo de mi corazón, lo que era Gellert Grindelwald? Creo que lo sabía, pero cerré los ojos. Si los planes que estábamos haciendo daban resultado, todos mis sueños se harían realidad.

»Y en el corazón de nuestras maquinaciones, ¡las Reliquias de la Muerte! ¡Cómo le fascinaban, cómo nos fascinaban a los dos! ¡La varita invencible, el arma que nos llevaría al poder! La Piedra de Resurrección… para él, aunque yo fingía no saberlo, ¡significaba un ejército de Inferi! Para mí, te confieso, significaba la vuelta de mis padres, y que se fuesen todas las responsabilidades de mis hombros.

¿Era la única razón por la cual quería que sus padres volvieran? –preguntó Harry.

Por supuesto que no –Dumbledore suspiró, le hubiera encantado haber visto a sus padres por otras razones también–. Pero yo estaba tan cautivado con todo eso, que lo que mayormente pensaba.

Él no necesita realmente la piedra para hacer un ejército de ínferis, ¿verdad? –inquirió Draco.

No lo creo –dijo Severus–. A pesar que se necesita una gran cantidad de energía para hacer un ínferi, y hubiera sido más sencillo que la piedra lo haga.

»Y la Capa… por alguna razón, nunca discutimos mucho la Capa, Harry. Ambos nos ocultábamos lo suficientemente bien sin la Capa, cuya verdadera magia, por supuesto, es que se podía usar para proteger y escudar a otros además de a su dueño. Pensé que si alguna vez la encontrábamos, podría ser útil para esconder a Ariana, pero nuestro interés en la Capa era principalmente que completaba el trío, ya que la leyenda decía que el hombre que uniese los tres objetos sería el verdadero amo de la Muerte, lo que nosotros pensábamos que significaba "invencible".

Um… ¿Cómo podrían ambos ser invencible? –preguntó Percy–. Quiero decir, solo uno de ustedes podía poseer las tres cosas a la misma vez.

Eso es cierto, pero no era algo de lo que habláramos –Dumbledore suspiró–. Supongo que ambos pensamos que lo hablaríamos al momento de encontrar una o todas las reliquias.

»¡Invencibles amos de la Muerte, Grindelwald y Dumbledore! Dos meses de locura, de sueños crueles, y de abandono de los únicos dos miembros de mi familia que me quedaban. Y entonces… ya sabes lo que pasó. La realidad volvió en forma de mi brusco, poco académico e infinitamente mucho más admirable hermano.

Eres demasiado duro contigo –Minerva miró a Dumbledore mientras suspiraba. Pero Dumbledore no lo creía, ya que sabía lo que había hecho.

No quise escuchar las verdades que me gritó. No quise escuchar que no podía exponerme y buscar las Reliquias con una frágil e inestable hermana a cuestas.

»La discusión se convirtió en una pelea. Grindelwald perdió el control. Eso que siempre había sentido en él, aunque fingía que no, ahora se volvió un ser terrible. Y Ariana… después de todo el cuidado y precaución de mi madre… yació muerta en el suelo.

Una vez más la sala se quebró mientras Dumbledore agachaba la cabeza.

Dumbledore soltó un pequeño jadeo y empezó a llorar de verdad. Harry estiró la mano y se alegró al encontrarse con que podía tocarlo. Lo agarró del brazo con fuerza, y gradualmente Dumbledore recuperó el control.

-Bueno, Grindelwald escapó, como cualquiera menos yo podía haber pronosticado. Se desvaneció, con sus planes de alcanzar el poder, y sus maquinaciones de torturas a muggles, y sus sueños sobre las Reliquias de la Muerte, sueños en los que lo había animado y ayudado. Escapó, mientras yo me quedé para enterrar a mi hermana, y aprender a vivir con mi culpa y mi terrible pesar, el precio de mi deshonra.

»Pasaron los años. Hubo rumores sobre él. Decían que se había hecho con una varita de inmenso poder. Mientras tanto, a mí me ofrecieron el puesto de Ministro de Magia, no una vez, sino varias. Naturalmente, lo rechacé. Había aprendido que no se podía confiar en mí teniendo poder.

Estoy seguro que serías un buen Ministro… no deberías tener… –Remus comenzó.

No estoy tan seguro de eso –Dumbledore suspiró–. Y creo que eso y más es lo que diré en el libro.

-¡Pero usted habría sido mejor, mucho mejor, que Fudge o Scrimgeour! –soltó Harry de golpe.

-¿Lo habría sido? –preguntó Dumbledore pesadamente-. No estoy tan seguro. Había probado, siendo un hombre joven, que el poder era mi debilidad y mi tentación. Es una cosa curiosa, Harry, pero quizás aquellos que son más apropiados para el poder son los que nunca lo han buscado. Aquellos que, como tú, se les impone el liderazgo, y que toman el control porque deben, y se encuentran para su propia sorpresa que lo llevan bien.

Harry una vez más se sintió incómodo ante las palabras del Director.

Bueno, al menos, de esa forma uno sabe que no caerás en la arrogancia –Fred se burló.

En vista de que ellos no piensan que tienen el poder en primer lugar –añadió George.

Estaba seguro en Hogwarts, creo que fui un buen profesor…

Tú eras más que un buen profesor –dijo McGonagall con firmeza–. Tú eres el mejor.

-Fue el mejor…

No sabía que pensabas igual que McGonagall, Harry –Ron bromeó.

No le veo lo malo –Harry se encogió de hombros.

-… eres muy amable, Harry. Pero mientras me ocupaba con el entrenamiento de jóvenes magos, Grindelwald estaba formando un ejército. Decían que me temía, y tal vez lo hacía, pero menos, creo, de lo que yo le temía.

»Oh, no la muerte –dijo Dumbledore, en respuesta a la mirada interrogante de Harry-. No a lo que me pudiera hacer mágicamente. Sabía que estábamos totalmente igualados, quizás incluso yo era un poco más habilidoso.

Eh… Pero ¿Él no tenía la varita de sauco?, eso compensaría cualquier diferencia que pudiera haber habido entre ustedes –Arthur frunció el ceño.

Era la verdad lo que temía. Sabes, nunca supe quién de nosotros, en esa última pelea horrible, había lanzado la maldición que mató a mi hermana. Puedes llamarme cobarde: tendrías razón, Harry. Temía por encima de todas las cosas el conocimiento de que había sido yo el que la había matado, no meramente por mi arrogancia y estupidez, sino porque en realidad hubiese lanzado el golpe que la dejó sin vida.

Dumbledore apretaba el puente de su nariz, signo del temor que aún poseía ya que hasta ahora no es capaz de indagar la verdad.

»Creo que él lo sabía, que sabía lo que me atemorizaba. Retrasé nuestro encuentro hasta que finalmente, habría sido demasiado vergonzoso resistirse más. La gente estaba muriendo y él parecía imparable, y tuve que hacer lo que pude.

Así que usted enfrentó su mayor temor para ayudar a la gente –dijo Harry–. Eso es algo admirable, señor.

Dumbledore observó a Harry, incapaz de decir una palabra, apreciando lo que el muchacho había dicho.

Bueno, ya sabes lo que pasó después. Gané el duelo. Gané la varita.

Otro silencio. Harry no preguntó si Dumbledore había averiguado alguna vez quién había matado a Ariana. No quería saberlo, y menos quería que Dumbledore se lo contase.

Por fin sabía lo que Dumbledore debería haber visto al mirarse en el espejo de Oesed, y porqué Dumbledore había entendido tan bien la fascinación que había ejercido sobre Harry.

Se sentaron en silencio durante bastante rato, y los quejidos de la criatura detrás de ellos apenas perturbaban más a Harry.

Bueno, agradecería que dejaran de mencionarlo, porque sin duda nos está perturbando –dijo George.

Por fin dijo: -Grindelwald intentó detener a Voldemort de perseguir la varita. Le mintió, sabe, aparentó que nunca la había tenido.

Dumbledore asintió, bajando la vista a su regazo, con lágrimas todavía brillando en su torcida nariz.

-Dicen que mostró arrepentimiento en sus últimos años, solo en su celda en Nurmengard. Espero que eso sea cierto. Me gustaría pensar que sintió el horror y la vergüenza de lo que había hecho. Tal vez esa mentira hacia Voldemort fue su intento de reconciliarse… de evitar que Voldemort consiguiese la Reliquia…

-… o tal vez de que entrase en su tumba? –sugirió Harry, y Dumbledore se enjugó los ojos.

Dumbledore agachó la cabeza, preguntándose si Harry estaría en lo cierto. Quería creerlo aunque eso no cambiara en nada el pasado.

Después de otra corta pausa, Harry dijo,

-Intentó utilizar la Piedra de Resurección.

Dumbledore asintió.

-Cuando la descubrí, después de todos esos años, enterrada en el hogar abandonado de los Gaunts... la Reliquia que anhelaba más que todas, aunque en mi juventud la había deseado por razones muy distintas... Perdí la cabeza, Harry. Realmente olvidé que era un Horrocrux, que el anillo claramente cargaba con una maldición.

Lo recogí, y me lo puse, y en un segundo imaginé que estaba a punto de ver a Ariana, y a mi madre, y a mi padre, y en decirles lo mucho, muchísimo que lo sentía, fui...

Eso no es propio de ti, Dumbledore –McGonagall frunció el ceño–. Cómo olvidaste algo así…

Dumbledore no respondió, pero sabía lo tentadora que era la piedra para él, y lo imposible que sería para él evitar usarla.

Especialmente cuando sabías que había una posibilidad de que lo encontraras –añadió McGonagall, cuando se dio cuenta que Dumbledore no estaba de acuerdo de ella–. Yo pensaría que estabas preparado para lidiar con eso.

Tal vez hay una especie de encantamiento en el anillo que te hace querer usarlo –dijo Remus, que parecía estar de acuerdo con McGonagall.

Tal vez –fue todo lo que atinó a decir Dumbledore.

Fui un tonto, Harry. Después de todos esos años no había aprendido nada. Yo no servía para reunir las Reliquias, lo había demostrado una y otra vez, y aquí estaba la prueba final.

-¿Por qué? -dijo Harry- ¡Es natural! Quería verles de nuevo. ¿Qué hay de malo en ello?

-Quizás un hombre entre un millón podría reunir las Reliquias, Harry. Yo servía solo para poseer la menos de ellas, la menos extraordinaria. Era apropiado para la Varita de Sauco, y no para jactarme, ni matar con ella. Se me permitía vencer y utilizarla, porque la tenía para salvar a otros de ella.

Qué es algo que la mayoría de la gente no hubiera sido capaz de hacerlo –le dijo Harry.

-Pero la Capa, la tomé por vana curiosidad, y nunca funcionaría para mí como para ti, su auténtico dueño. La piedra la habría utilizado en un intento de arrastrar de vuelta a los que descansan en paz, en vez de ser capaz de sacrificarme a mí mismo, como tú has hecho. Tú eres el legítimo poseedor de las Reliquias.

Pero… usted no tiene que auto sacrificarse como yo lo hice –dijo Harry–. Y quizás yo también traería a mi familia de vuelta si tuviera la oportunidad.

Dumbledore palmeó la mano de Harry, y Harry levantó la mirada hacia el anciano y sonrió. No puedo evitarlo. ¿Cómo podía guardar rencor a Dumbledore ahora?

-¿Por qué me lo ha puesto tan difícil?

La sonrisa de Dumbledore fue trémula.

-Me temo que contaba con que la Señorita Granger te retrasara, Harry. Temía que tu cabeza ardiente pudiera dominar a tu buen corazón.

Varios rieron ante eso.

Parece que tenía buenas razones para ser cauteloso sobre eso –Tonks rió.

Me asustaba eso, si presentaba categóricamente la verdad sobre estos objetos tentadores, podías coger las Reliquias como yo lo hice, en el momento equivocado, y por las razones equivocadas. Si posabas las manos en ellas, quería que las poseyeras con seguridad. Eres el auténtico amo de la muerte, porque el auténtico amo no busca huir de la Muerte. Acepta que debe morir, y entiende que hay cosas mucho, mucho peores en el mundo que morir.

Eso es tan mezquino, creo que deberían de aclararles a todos aquellos que buscan las reliquias, que si juntan todas solo van a obtener la aceptación de la muerte y no la invencibilidad –dijo Charlie.

-¿Y Voldemort nunca oyó hablar de las Reliquias?

-No creo, porque no reconoció la Piedra de Resurrección que convirtió en Horrocrux. Pero incluso si las hubiera conocido, Harry, dudo que se hubiera interesado en ninguna excepto en la primera. No habría creído necesitar la Capa, y en cuanto a la piedra, ¿a quién habría querido devolver de la muerte? Él teme a la muerte porque no ama.

¿Tal vez pensaba en un ejército de ínferis? –sugirió Draco.

-¿Pero esperaba que fuera a por la varita?

-Estaba seguro de que lo intentaría, desde que tu varita venció a la de Voldemort en el cementerio de Little Hangleton.

Al principio, temía que le hubieras conquistado con una habilidad superior. Una vez hubo raptado a Ollivander, sin embargo, descubrió la existencia de los núcleos gemelos. Pensó que eso lo explicaba todo. ¡Aunque la varita prestada no fue mejor contra la tuya! Así que Voldemort, en vez de preguntarse a sí mismo que cualidad había en ti que hacía a tu varita tan poderoso, que don poseías que él no, naturalmente se embarcó en la búsqueda de una varita que, por lo que decían, batiría a cualquier otra. Para él, la Varita de Sauco se había convertido en una obsesión, que rivalizaba con su obsesión por ti. Creía que la Varita de Sauco eliminaba su última debilidad y le hacía verdaderamente invencible. Pobre Severus...

¿Es lo único que tiene que decir? ¿Pobre Severus? –el hombre resopló.

Lo siento –Dumbledore suspiró y estaba entristecido por que Severus había muerto.

-Si planeó su muerte con Snape, ¿quiere decir que él se quedó con la Varita de Sauco, verdad?

-Admito que esa era mi intención -dijo Dumbledore-, no funcionó como yo pretendía, ¿verdad?

-No -dijo Harry-. Esa parte no funcionó.

Porque tengo la sensación de qué me estoy perdiendo algo –dijo Bill.

No lo sé pero me siento igual –habló Remus

La criatura bajo ellos se sacudió y gimió, y Harry y Dumbledore se sentaron sin hablar un largo rato. La comprensión de lo que había ocurrido se aposentó gradualmente sobre Harry en esos largos minutos, como suave nieve cayendo.

-Tengo que volver, ¿verdad?

-Si así lo quieres.

La tensión que no estaba en la habitación, empezó a sentirse. No estaban seguros de la elección de Harry.

-¿Tengo elección?

-Oh, si -Dumbledore le sonrió-. ¿Estamos en King Cross dijiste? Creo que si decides no volver, podrás... digamos... tomar un tren.

Así que piensas que es un lugar que se encuentra entre dos mundos–Hermione murmuró para sí.

-¿Y adónde me llevaría?

-Más allá -dijo Dumbledore simplemente.

Silencio de nuevo.

-Voldemort tiene la Varita de Sauco.

-Cierto.

-¿Pero usted quiere que vuelva?

-Creo -dijo Dumbledore-. Que si eliges volver, hay una posibilidad de que esto puedo terminar bien. No puedo prometerlo. Pero sé esto, Harry, que tienes menos miedo de volver aquí que él.

Harry miró de nuevo a la especie de material que temblaba y se ahogaba en la sombra bajo la distante silla.

-No compadezcas a los muertos, Harry. Compadece a los vivos, y sobre todo, a quien vive sin amor. Pero volviendo al tema, puedo asegurate que se mutilaran menos almas, y se romperán menos familias. Si ese te parece un objetivo encomiable, entonces tú y yo nos despedimos hasta una próxima ocasión.

¿Por qué necesitas de Dumbledore te convenza de vivir? –preguntó Ron, viéndose preocupado ya que Harry aun no decidía volver.

No lo sé –respondió este, pero él pensaba que sería fácil morir, no habría nada de que preocuparse. Pero también se perdería de mucho… y realmente no quería morir, no aún.

Harry asintió y suspiró. Abandonar este lugar no sería ni de lejos tan duro como había sido entrar en el bosque, pero se estaba caliente y había luz y paz allí, y sabía que se dirigía de vuelta al dolor y al miedo de más pérdidas. Se puso en pie, y Dumbledore hizo lo mismo, y se miraron durante un largo momento a la cara.

-Dígame una última cosa -dijo Harry-. ¿Esto es real? ¿O ha estado ocurriendo dentro de mi cabeza?

Dumbledore le sonrió ampliamente, y su voz sonó alta y fuerte en los oídos de Harry a pesar de que la brillante niebla estaba descendiendo de nuevo, oscureciendo su figura.

-Claro que está ocurriendo dentro de tu cabeza, Harry, pero ¿por qué iba eso a significar que no es real?

Ese es el final del capítulo –Arthur leyó esta última parte divertido, mientras algunos reían.

Espera… ¿Eso significa que todo lo que estaba escrito solo era lo que Harry pensó que pasó? –preguntó Fred–. Pero no te ofendas Harry, pero no sé si me gustaría creer tus conclusiones.

Sin problemas –Harry rió.

Si fue real o no, es cómo hubiera reaccionado y explicado las cosas –dijo Dumbledore.

¿Quién va leer? –dijo Arthur.

Yo lo haré –Charlie tomó el libro.

N/A: ¡Y aquí estoy YO! ¡HE VUELTO! Por fiiin… uf, no sé después de cuanto tiempo, ¿casi 6 meses? Creo que enero fue mi última publicación…en fin. Quiero ,en primer lugar, pediros una disculpa inmensa por este gran retraso en la actualización pero mi vida fuera de esta pantalla me ha absorbido completamente… no sé si os conté que tengo trabajo, estoy en la parte de diagramación en una editorial de libros educativos, y no sabéis lo demandante que es porque a los colegios se les ocurre mandar todo a último momento y hay que correr como locos… me paso más de 8 hras en la máquina diagramando que cuando llego a casa solo quiero tirarme en mi cama y ver tele… o en todo caso leer en mi celular. Estuve de vacaciones hace poco por una semana pero me la pase tirada viendo animes, saliendo al cine y sobretodo durmiendo que cada que entraba a la laptop escribía apenas unos párrafos, lo admito estuve medio irresponsable con esto pero simplemente me saturé de la laptop… Otra cosa, no sé si os conté que ME CASOOOOO… ¡Me caso! Joder! Jajaja, y pues también mi novio y yo ya empezamos a ver locales (con eso de que hay que separarlos con un año de antelación), la lista de invitados, que no saben lo difícil que es porque tenemos familia numerosa y algunos residen en el extranjero…jajaja, el vestido, los padrinos, y todo. Bueno por eso y mucho más, mi vida ha estado liada en estos meses… y bueno, también estuvo la construcción y remodelación de mi casa… uf, interminable… Y para terminar, también les comento que he empezado a escribir una historia propia, mía de mi jajaja, eso me quita tiempo porque las ideas están que revolotean por mi cabeza y saben lo jodido que es estar en el carro o en el trabajo y sacar como sea el celular y escribir en las notas… La verdad no pensaba hacerlo pero mi novio me motivó hacer así que…. Bueno, me decidí y estoy armando mi historia. Es por eso que he pasado unos meses un poco estresante… espero me comprendan, la verdad como lectora que también soy da un poco de tirria que el escritor no publique nada así que comprendo la desesperación y hasta la cólera de algunos.

Bueno, creo que me he desahogado mucho, es una nota muy larga y ya no quiero seguir explayándome mucho con respecto a mi vida privada. Yo quiero agradeceros por la infinita paciencia que me han tenido (sin contar las maldiciones que me han enviado por no actualizar). Se los agradezco con el corazón en la mano. Gracias por todos vuestros comentarios… los he leído en el trabajo (a la hora del almuerzo) y me han entusiasmado. Los recién llegaditos, ¡Bienvenidos sean! Espero que disfruten de esta historia.

Ahora me despido, no sin otra disculpa por no contestarle personalmente sus comentarios pero mis ojos me cansan, y ya es más de medianoche en mi país…y estoy con un sueño que no imaginan y ando sin lentes ya que estos están en la óptica.

Un beso y un abrazo enorme desde Perú. Os quiero de todo corazón, ¡Son los mejores!