Intento mantener los ojos abiertos, pero los párpados me pesan demasiado. Intento levantar la cabeza, pero no la elevo ni un pulgar. Mi frente sigue apoyada en la mesita de noche, y sé que no aguantaré mucho más. Intento mantenerme despierta, al menos.

Ya ha pasado un mes. Un mes y unos días. Y Gale sigue ahí, sin despertar. Le he suplicado, rogado, gritado y llorado que vuelva, pero al parecer está tan sumamente dormido que no puede oírme. Los médicos hablan de un coma, pero dicen que despertará. Yo empiezo a tener mis dudas.

Llevo unas 25 horas sin dormir, porque ayer el corazón de Gale dio un "pequeño" vuelco, y la máquina empezó a sonar. Los médicos no me dejaron ver que hacían, pero cuando volví dijeron que estaba estable.

Estable. Aunque debería ser una palabra que me tranquilice, la odio. Es un término que me da miedo. Me da miedo quien lo utiliza, y a la vez lo que puede significar. Mis pensamientos están hechos un lío. Todo me da vueltas, y estoy confusa.

Cierro los ojos resignada, pero antes de dormirme pongo una mano en el corazón de Gale. Siempre lo hago. Por si acaso. No entiendo muy bien por qué, pero me hace sentir más confiada, por absurdo que parezca.

Entonces siento un terrible dolor, y un líquido que baja por mis piernas. Oh, no.

Me enderezo rápidamente y miro mi vientre. Susurro a Mayslee.

—Shh… no Mayslee, ahora no. Por favor. Has de esperarte un poco… solo un…

El dolor me vuelve a embargar y tengo que reprimir un grito de dolor. Me recoloco en la silla y pongo las manos en mi vientre, fregándolo inútilmente y rezando para que no sea verdad.

No estoy preparada. Ahora no puedo. No es solo el hecho de que Gale no esté aquí, he de reconocer que estoy asustada. Lágrimas salen de mis ojos inevitablemente, y cierro los ojos con fuerza intentando no hacer ruido.

Pasan los minutos, un cuarto de hora, tres cuartos, una hora, hora y media… el dolor es cada vez más intenso y seguido. Finalmente, no puedo evitar soltar un grito desgarrado cuando siento que me están acariciando las entrañas con una botella de cristal rota.

—¿Ocurre algo señorita Donner? ¡Oh, Madge!

Me mira con cara reprobatoria, yo solo puedo bajar la cabeza y cerrar los ojos con fuerza. Se va. Pero no tarda en volver. Con una silla de ruedas.

—No, por favor…

—Madge, tenemos que irnos. Tu bebé…

—No, ¡no quiero!

—Madge, haz el favor. Gale despertará, estamos seguros. Pero es improbable que lo haga justo ahora. Y tú necesitas atención médica.

Intento contestarle algo. Lo que sea. Pero mi mente está en blanco. Lo que dice es cierto. Lo que hago es irracional. Debería ser responsable, portarme bien y prepararme para tener a Mayslee, como una mujer madura y responsable.

Pero en vez de eso, me desquicio completamente. Me escucho a mi misma soltar gritos y estupideces, me aferro al brazo inerte de Gale y me echo a llorar desconsoladamente. La enfermera me mira desconcertada y se va buscando ayuda de más médicos.

Después de esto, una sarta de médicos me agarra y me coloca en la silla. Uno la empuja por el pasillo a todo correr, y cuando siento que me desgarran de nuevo por dentro suelto un grito que debe despertar todo el hospital.

Vamos de pasillo en pasillo, algunos médicos se van corriendo y son reemplazados por otros. Me siento confusa. Abren una puerta y me dejan en una habitación, tumbada en una cama. Sola. Apagan levemente las luces.

Me empiezo a preocupar.

Ruego internamente a Mayslee que se pare. No me siento segura. Solo quiero un mes. Un mes más. Para mentalizarme de lo que está sucediendo y de lo que está por venir. No quiero una hija ahora. De acuerdo, amo a Mayslee, pero no quiero una hija ahora. No ahora que estoy sola… y que tengo diecinueve años.

Mamá me tuvo con veinte años. Como si celebrara que su cosecha había terminado. No me quería. Estaba demasiado preocupada por su locura como para preocuparse por su hija. Yo no quiero hacerle lo mismo a Mayslee ¿Pero y si no puedo evitarlo? ¿Me odiará como yo la llegué a odiar en su momento?

Siento que me rompo por dentro, como un puzle, y me siento peor. Me siento sudada, molida y… ensangrentada. Debajo de mi camisa, mi nueva piel, que no ha podido cicatrizar por culpa del embarazo, está volviendo a sangrar. No entiendo porqué, pero cada vez estoy más mareada. Pero tengo que mantenerme despierta, por Mayslee. Soy una egoísta, ¿cómo no me he detenido en pensar en ella? Siempre igual. Soy una egocéntrica, siempre dejo a los demás de lado frente a mis preocupaciones. Me detesto.

Mis ojos quieren que descanse, y me duelen por no dejarlos cerrarse. Me lloran, porque no me permito ni pestañear. Las lágrimas me ciegan, pero no dejaré que el sueño me venza. No ahora. Muevo mis brazos, que me parecen mangueras, y me los llevo a los ojos, intentando secármelos. Pero los retiro rápidamente porque Mayslee me vuelve a desgarrar. Contengo el aliento, pero se me escapa.

Miro mis manos, y están ensangrentadas. Es demasiado para mí. Cierro los ojos, y deseo que cuando despierte todo haya terminado de una vez.

N/A ¡Hola de nuevo! Bueno, este capítulo ha tenido mucho dramatismo, pero creo que así se hace más interesante. Como ya he dicho reiteradas veces, le quedan pocos capítulos al fic… (Siempre digo lo mismo, creedme por favor)

¡Gracias por las 103 reviews! Increíble. Estoy muy agradecida. Por cierto, algunas me habéis corregido el nombre de Mayslee, y en efecto me equivoqué. Lo siento, pero sería un poco raro cambiar ahora el nombre, así que lo dejaré así. ¡Nos vemos en: Estoy!