Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.


Cap 35: El bailarín accede


San Petersburgo, Julio 2016

Eran las doce de la noche cuando Yuuri regresó a su apartamento, tras la cena con Víctor después de la ópera. Al sentirse acalorado después de aquella larga despedida llena de besos y caricias que ya no podían detenerse; se retiró la corbata y se quedó reposando contra la puerta, mientras sentía la presencia amigable de Vicchan, aparentemente ya más repuesto después del mal humor en la peluquería canina. Pero su mente estaba en otro punto, en ese donde Víctor lo había besado con esmero y sus caricias se habían mudado a su espalda. El momento exacto en que todo raciocinio cayó y todo lo que deseó era sentirlo más así.

En el auto de Víctor, la temperatura creció de forma exponencial cuando iniciaron el primero de los besos. Yuuri se sentía feliz porque Víctor no dejaba de decir que eran novios, y así lo había expresado en el restaurant mientras llamaba la atención del mesero para pedir la carta y escoger los platillos. 'Es mi novio', repitió mirándole con gozo y Yuuri sintió tan surreal el momento que era como vivir un sueño. Cada vez que Víctor lo decía con una propiedad tan dulce, Yuuri sufría un espasmo en su estómago y un brinco en su pecho. Las miradas tiernas y enamoradas de Víctor le llenaban de ansiedad, de anhelo, de confianza. Era muy diferente a todo lo que había vivido, porque aun con todo ese deseo de su cuerpo prevalecía el confort de su compañía. Y las dos cosas, al conjugarse, creaban un cóctel tan erógeno que se sentía natural el ir y buscar mucho más.

Los besos con Víctor ya no le generaban el nerviosismo y temor de antes, más bien lo hacían desear mucho más. Las caricias de Víctor que antes lo cohibían, ahora lo encendían. El miedo empezaba a ceder. Se sentía tan bien cada vez que Víctor le miraba con toda esa ternura encerrada en sus ojos y su cuerpo se moldeaba perfectamente en sus brazos. Escuchar la voz de Víctor cantándole en su oreja fue demoledor y Yuuri deseó oírlo así todos los días, acostado en la cama, con sus cuerpos desnudos y entrelazados. Quería escucharlo no solo cantar, sino también gemir, jadear, llamar su nombre, justo como acababa de hacer.

Era inútil pensarlo con tanta necesidad cuando ya no se encontraba a su lado. Yuuri trató de distraerse y se inclinó para saludar a su amigo, quien ya parecía cansado de intentar encontrar su atención. Restregó sus dedos sobre el pelaje recién cortado, le acarició las orejas y le observó con una sonrisa mansa en su rostro. Sin embargo, todavía sentía el paso de las manos de Víctor por su espalda, el cosquilleo de sus dedos cuando le tocó el pecho sobre la camisa y el chaleco, junto al jadeo erógeno de Víctor cuando apretó su pectoral y costado. Se había sentido tan bien que incluso subió su pierna por sobre la palanca del cambio y no le importó haberse golpeado la rodilla en el proceso. Víctor rio, supuso que había sentido su ansiedad. Pero cuando el beso profundo vino acompañado de la caricia de Víctor sobre su muslo, Yuuri supo que no iba a tolerarlo más.

Debió haber cedido a ese deseo de pedirle a Víctor que se quedara con él. Debió habérselo dicho cuando le miró, al detenerse, con los ojos apasionados esperando de él una señal que no vino. Pero de nuevo se había quedado petrificado, con ganas de todo, inseguro de lo mismo y aunque reconocía que el miedo era menor que la vez anterior, tuvo que callar cuando Víctor le soltó con un beso en su frente y le dijo que debía irse. No fue capaz de soltar que no quería esperar, que podrían intentarlo un poco más.

¿Y si no podía y dejaba a Víctor de nuevo con las ganas a flor de piel? ¿Mucho más?

Tardó demasiado en decidir y cuando la decisión ya estaba allí, en la punta de su lengua, fue demasiado tarde ya que Víctor se había ido. Yuuri ahora se arrepentía al pie de la puerta, mientras peinaba con sus yemas el pelo de Vicchan cuando deseaba apretar las hebras lisas de la nuca de Víctor para jalarle y exigirle que le hiciera perder la razón de una buena vez. Ahora tenía el amargo sabor de la frustración que, de seguro, Víctor se había llevado también.

Dejó a su mascota de lado y se apresuró al cuarto, mientras dejaba caer la chaqueta y corbata. Cerró la puerta tras él y dejó a Vicchan en la sala porque necesita de unos minutos más de intimidad. Sus zapatos, así como su correa, cayeron mientras se movía con decisión errática, mirando a la pared llena aún de los posters. Irina le había dicho, cuando le contó atribulado lo que había ocurrido ese viernes, que después de que Víctor lo viera abrazado a un retrete en plena resaca, lo menos sería que los hubiera visto. Tenía razón, absoluta razón. Había llegado ya a lo más bajo de la vergüenza y Víctor lo había aceptado así, sin chistar. Incluso había aceptado ser su novio, ¿había alguna duda al respecto? Ya no veía necesario quitar los posters, como intentó hacer esa mañana antes de que la arcada lo sorprendiera, y decidió que las cosas (en especial ese fuego de su cuerpo), siguiera el curso que debiera seguir.

Desabotonó su camisa y se la quitó. El pantalón lo dejó caer junto a su boxer y fue consciente de su aroma corporal que gritaba la necesidad de intimar a otro nivel con Víctor. Rebuscó entre sus gavetas, con las manos sudando de ansiedad, hasta conseguir el bote de lubricante junto al condón y se echó en la cama, acomodando las almohadas, para fijar su mirada en la pared que Víctor ya había visto y enfocarse en él. Aunque el Víctor que tenía en su cabeza distaba mucho del que se mostraba en esas fotografías que compró por internet o en kiosko.

No podía concentrarse viendo a esos Víctor, Yuuri lo supo y se recostó más para enfocar la mirada al techo y sentir sus manos recorriendo los caminos que Víctor dibujó sobre la tela. Necesitaba al Víctor real, al que le miraba con esos ojos llenos de deseo, el que le susurraba palabras dulces al borde de su boca, el que le tocaba con ansias contenidas, midiendo los espacios, mientras esperaba su mudo permiso para continuar. Necesitaba a su Víctor allí, no el que estaba en la gloria y el que todos veían. Sino al Víctor que solo él conocía...

¿Qué importaba que el mundo llegará a odiarlo por ser el novio de Víctor? Él le había hecho sentir el único capaz de complacerlo. ¿Podría hacerlo? ¿Incluso a nivel sexual? ¿A pesar de su inexperiencia? Soltó un jadeo cuando sus manos fueron a atender la erección que Víctor había dejado en él con los besos y las caricias. Sus dedos se restregaron en la piel dura y caliente que palpitaba con el paso de sus yemas, ansiando el contacto. Con ojos cerrados, se enfocó justo en el momento en que Víctor le había agarrado la pierna. Lo duro que la apretó, su palma abierta y necesitada palpando sus músculos, la corriente erótica desbordándose.

Víctor había mordido su labio y le había hecho saber que lo deseaba. Con voz ronca golpeó su boca y lo hizo tiritar. Yuuri recordó haber soltado un gemido tan errático como el que acababa de salir de su garganta. Estaba ansioso, desesperado; abrió sus ojos para tomar el condón y cubrir sus dedos porque su cuerpo palpitaba y había una necesidad culebreando bajo su espalda. Con los dedos cubiertos y húmedos de lubricante, se atrevió a llevarlos entre sus glúteos y apretó sus labios. Le daba vergüenza, siempre le había dado, pero imaginó que eran los dedos de Víctor y fue suficiente para sentir un fuego arrasador empujándolo. Respiraba alterado, sentía sus dedos moverse con inercia y atacándolo sin remedio para llevarlo a un placer tan delicioso y necesario que no tuvo reparo en aceptar. Cerró su boca mientras restregaba su frente al colchón y trató de contener sus propios gemidos porque escucharse le calentaba las orejas. Olía el aroma de Víctor aún pegado a su nariz, paladeaba el sabor de Víctor en su boca, lo vivía como si estuviese allí y no podía detener esa amalgama de sensaciones que lo atrapaban. Estaba tan lleno de ganas…

Entonces el teléfono sonó. La melodía de Stammi Vicino le avisó del origen de la llamada y lejos de detenerse, sus dos dedos dentro de él se empujaron con más libertad, provocando que su espalda se arqueará al sentir ese corrientazo atravesándolo. Casi mordió sus labios al intentar acallarlo, pero al seguir sonando su móvil se atrevió a buscarlo con su mano libre. Detuvo por el momento todo, aunque se sentía completamente excitado, con su cuerpo convertido en una mole de deseo y ansiedad. Yuuri medio limpió la mano que antes sostenía su miembro, para activar la llamada y el altavoz, y la voz de Víctor fue como si lo mandara a volar.

—Acabo de llegar y todo lo que quiero es masturbarme, Yuuri. —Maldición… ¿cómo se iba a aguantar con eso? Un quejido apretado brotó de su boca y ya sentía el sudor recorrer su rostro y espalda—. ¿Yuuri…?

—Justo estoy haciendo eso… —Víctor gimió tras el teléfono y Yuuri se sintió aún más excitado. Su pene no requería toque alguno, no cuando había reaccionado con aquella voz como si lo estuviera tocando con el aliento—. Debí pedirte que te quedarás —dijo acelerado, con una nueva cadena de gemidos que reiniciaron al ponerse de rodillas y plegar su rostro cerca del teléfono. Víctor volvió a gemir, lo hizo ahora con fuerza.

—Por Dios, Yuuri, me harás sacar el auto de nuevo para ir a buscarte.

—No… —Soltó una risita ahogada al restregar su frente húmeda contra la cama—. Ya casi... llego.

Víctor soltó un 'mierda' en la línea y aceleró al ritmo que soltaban sus gemidos con fuerza, con toda la intención de que lo escuchara respirar errático y ansioso, buscando su culminación. Nunca lo había escuchado decir una mala palabra, nunca lo había imaginado hacerlo, pero lo supo, con solo eso supo que Víctor Nikiforov lo necesita a él y fue suficiente para que su fantasía se convirtiera en la más perfecta representación del erotismo que necesitaba. Yuuri no dejó de vocalizar lo que sentía ante el toque de sus dedos, y Víctor le alentó a través de sus propios jadeos y palabras entrecortadas, allí en la línea esperándolo, hasta que pudo culminar.

Con la voz atorada entre respiraciones, logró soltar el nombre de Víctor cuando el orgasmo llegó. Segundos después, consiguió escuchar un sonido muy sugerente de Víctor en la línea que no se atrevió a analizar. Se encontraba demasiado satisfecho, envuelto en temblores mientras su cuerpo había cedido mansamente al placer y se había derrumbado con la piel caliente y húmeda. Y poco a poco iba cayendo en cuenta que acababa de masturbarse con Víctor en la línea sin ningún reparo. El color que ya estaba en su rostro aumentó al hacerse consciente de semejante temeridad.

—Wow, Yuuri… Me acabo de venir solo escuchándote.

—Yo… L-lo lamento. —Yuuri apretó los labios y escuchó a Víctor suspirar.

—¿Qué lamentas? ¿Tenerme como adolescente con las hormonas alborotadas? —Escuchó su tono jocoso y no pudo evitar reír y sentirse más relajado.

—Lamento no haberte dicho que entrarás… —confesó. Víctor suspiró profundo en la llamada.

—Debí haberte preguntado. Pensé que aún no… —Yuuri tragó grueso y se acomodó un poco mejor, aún cerca del teléfono—. ¿Qué te asusta, cariño?

—No satisfacerte… no ser bueno… nunca lo he hecho con un hombre por completo. Si lo hago mal, si no es como esperas… si llego a…

—Yuuri, acabo de correrme con sólo oírte gemir. Creo que eres capaz de provocar muchas cosas en mí. —Yuuri sonrió con cansancio, comenzando a ceder a la modorra del post-orgasmo—. Si quieres podemos iniciar lento. Me gustaría empezar durmiendo contigo.

—Me gusta la idea… —bostezó.

—Entonces lo hablamos mañana. Yo tengo que darme un baño urgente.

—Pensé que te corriste…

—Lo hice, pero aún me queman las orejas después de escuchar tus sonidos indecentes. —Yuuri mordió sus labios—. Solo te imagino en cama y…

—Desnudo, boca abajo, lleno de semen y sudado. —Victor jadeó y Yuuri se sintió muy bien de saber que era él quien lo provocaba.

—Esto es trampa… —La voz de Víctor empezó a faltar. Yuuri apenas se acomodó tras bostezar, buscando dormir—. Voy a pensar en ti. Descansa, mi musa.

—Te quiero, Víctor...

Yuuri no se dio cuenta en qué momento se durmió o si la llamada cortó antes de que él lo hiciera; solo se hizo consciente de que había dormido así tal cual como se acostó, sucio y con las sábanas empegostadas. Y para hacer la situación más hilarante, Víctor le había enviado en la noche la foto de su pene erecto con un: 'mira quién piensa en ti' que le provocó un colapso nervioso y un sonrojo que le llenó a la coronilla cuando lo leyó y vio en la mañana.

No supo cómo sacó fuerza para bañarse, cambiar las sábanas y salir a la audición después de semejante forma de despertar. Ni cómo pudo cumplir con la rutina asignada ante los jueces cuando todo lo que tenía en la cabeza era la forma del sexo de Víctor y cómo se sentiría él si hiciera el montón de cosas que aparecieron en su mente tras semejante imagen. Todo lo que había respondido era un: 'eres un sucio' y Víctor respondió con una nota de voz en donde se reía y le decía que no tenía moral de decirle así después de todo lo que le hizo escuchar en la noche. Según Víctor, ahora estaban en igualdad de condiciones. Yuuri solo admitió que estaba con ansias de verlo de nuevo.

Tras salir de la audición, Lilia lo esperó para saber cómo le había ido. Sinceramente, Yuuri se encontraba con bastante fe en que iba a ganar el papel de Sigfrido ya que el papel lo dominaba y había practicado con mucho empeño. Aunque a veces sintiera que debía volver a bajar sus expectativas, Yuuri no quería aceptar la posibilidad de perderlo. Entonces Lilia le dijo algo que puso su cuerpo tenso. Esa noche, Boris Bazhánov estaría en el teatro, para presenciar el ballet de Romeo y Julieta, tal como le había informado el día jueves; Yuuri no pensó que fuera tan pronto.

Cuando llegó al estadio, alcanzó a ver por un momento una discusión bastante acalorada entre Yakov y Víctor. Lilia lo ignoró sin mayor ceremonia, dándole indicaciones a Yuri apenas llegó para que se preparara para ver su programa. Lo último que escuchó de la discusión fue un Víctor que desestimó el asunto mientras terminaba de amarrarse los patines. Fue inevitable sonrojarse al verlo, tras recordar la fotografía descarada que había buscado guardar bajo candado de siete llaves para evitar que pudiera perderse o filtrarse. De repente le dio terror imaginar que ahora que sabían que era novio de Víctor le hackearan el celular. Incluso pensaba en borrarla.

—¡Yuuri!

Él se sobresaltó al sentir el abrazo precipitado de Mila a su espalda. Víctor giró su mirada al escuchar su nombre, pero Yuuri se sintió apretado. La joven patinadora le abrazaba aprensivamente, pegando sus pechos en la espalda. Para Yuuri no era una experiencia nueva pero no evitó que el sonrojo persistiera en su cara.

—¡Bienvenido a la familia! ¡Mucha suerte dominando al tornado Nikiforov! —Su expresión de despiste debió ser elocuente—. ¡Eres novio de Víctor! ¡A eso me refiero! —'Oh', soltó, mientras ella reía—. ¡Felicidades!

—G-gracias… —dijo tímido e intentaba zafarse del agarre. Víctor se acercó con una sonrisa extraña que todo lo que provocó fue que Mila lo abrazará más.

—¡Hola cariño! —La voz de Víctor sonó apretada, y Mila solo rio como si se tratara de una gracia. Yuuri prefirió no moverse, aunque se sentía cohibido—. ¡Veo que Mila te ha atrapado!

—A-algo así. —Mila soltó una carcajada para soltarlo y Víctor se apresuró a agarrarlo para besar sus labios.

—Víctor, tienes que presentar a tu novio a todo el equipo. Y Yuuri tiene que pedir la mano de Víctor a Yakov. —La jocosidad de Mila era contagiosa, pero Yuuri no podía hacer más que colorearse—. ¿O Víctor debe pedirle la mano de Yuuri a Lilia?

No pensó que el asunto iba en serio hasta que el mismo Víctor con una enorme sonrisa corazón lo presentó a su equipo como su novio. Yuuri miró la cara de aversión que Yuri mostró desde la barrera. De Lilia, solo la vio levantar una ceja. Yakov se dedicó a apretar los labios, aunque se notaba más rojo que de costumbre y varios del grupo se acercaron a saludarle, entre ellos Georgi, que lo miró de una forma demasiado conmovida como para dejarla pasar. Como si fuese alguna especie de salvador.

Fue difícil no sentirse fuera de lugar con aquella dinámica, pero Víctor no tardó en sacarlo de la pista hacia el pasillo, después de hacerle saber que no podía quedarse por mucho tiempo. Tenía ensayos y más tarde una presentación. Además, Boris Bazhánov estaría allí; Yuuri se sentía nervioso ante eso y Víctor, en una forma de calmarlo, le abrazó y arrulló sosteniéndolo en el pasillo con suavidad. Debió admitirse que funcionó; escuchar a Víctor con seguridad de que todo iría bien, calentó su corazón y le dio mucha más fuerza para enfrentarse al escenario. Además, la altura que le daban los patines a Víctor provocaba que se sintiera más pequeño y por ende, absurdamente cobijado por ese cuerpo.

—Estoy seguro de que lo harás maravillosamente —le habló sobre su boca, cuando Yuuri se levantó sobre sus puntas para buscar un suave beso—. Además, eres mi novio, no podría ser diferente.

—Víctor, eso no ayuda —reclamó con falsa molestia y Víctor se encogió al recibir de Yuuri un ligero pellizco en su costado.

—¿Y esto sí ayuda? —dijo tomándolo del rostro para buscar sus labios. Yuuri no estaba seguro de que ayudara, pero claro que no perdería la oportunidad de comprobarlo.

En la noche, la presentación transcurrió tal como estaba indicado y los nervios que siguieron antes de ella fueron calmados por Lilia, quien, con la tranquilidad de una madre y la seguridad de la dirección, le hizo saber que nada podría salir mal. Yuuri había practicado duro, no era su primera vez en el escenario y las palabras de Mijail eran una farsa. Todo lo que Yuuri haría sería consolidar una vez más su valor en el escenario y dejar a Lilia con la barbilla en alto ante uno de sus mentores. Yuuri se esforzó. Fue imposible no dar más de lo que había dado antes, metiéndose a tal punto en el papel que cuando cayeron los aplausos apenas se hizo consciente de que había acabado todo.

Las felicitaciones no menguaron y en cuanto recibió el ramo de rosas, hizo la respectiva reverencia junto al equipo de trabajo hasta que se despidió del público. Emocionado casi hasta las lágrimas, por la seguridad de que había cumplido con su parte y ver la mirada orgullosa de Lilia, Yuuri no se contuvo de darle un abrazo. Ella recibió el ramo de sus manos y el abrazo, aunque lo respondió con cierta sequedad propia de ella. No hacía falta su efusividad cuando en su mirada verde podía contemplar su infinita satisfacción.

—Lo hiciste excelente —le dijo mientras le agarraba el rostro, apretándolo en sus largas manos—. Ahora prepárate, estoy segura de que Boris querrá conocerte personalmente.

Yuuri asintió y la dejó ir, tratando de contener precariamente la emoción que le llenaba. Sus manos temblorosas fueron a buscar en su bolso al móvil, porque necesitaba decirle a Víctor las nuevas buenas. Mientras recibía con una sonrisa las felicitaciones del resto del elenco, sus manos se movieron para escribir el mensaje. ¡Que ganas de tenerlo en frente! Que ganas de agarrarlo de la camisa y robarle no uno, sino mil besos. Se sentía tan feliz que podría quedarse agarrado de la boca de Víctor hasta que no pudiera respirar, aunque el calor que sentía de imaginarlo le hiciera temblar las piernas.

« ¡Todo salió bien!
« Estaba nervioso, pero pude hacerlo.
« No me di cuenta que había acabado hasta que escuché los aplausos.
« ¡Estoy muy contento!
Víctor » Lo sé Yuuri, acabo de verte.
Víctor » Estoy muy orgulloso de ti, cariño.
Víctor » Quería verte, así que compré la entrada en cuanto pude para estar aquí, aunque no fue posible tomar un palco.
« Víctor, ¿viniste tras la práctica?
Víctor » Sí, solo pasé al apartamento a cambiarme y compré la entrada por la aplicación.
Víctor » No me dio tiempo de pasar a los camerinos para saludarte.
Víctor » Quiero verte. Te espero afuera cariño.

—¡Yuuri! —La voz de Lilia lo sacó de su ensimismamiento—. Ven.

Ni siquiera tuvo tiempo para cambiarse, por lo que seguía con las mallas blancas y la camisola de un tono perla que era ancha y se sujetaba en su cintura y sus muñecas, junto al cabello peinado hacia atrás y el maquillaje, le daba un aspecto casi celestial. La figura de un Romeo que estaba a punto de unirse a su Julieta con la muerte. Caminó con los nervios atenazando sus muslos por el pasillo, siguiendo la figura de Lilia quien se movía con gracia vestida con un precioso traje olivo que resaltaba su mirada. De lejos, vio al hombre que lo esperaba. Boris Bazhánov estaba cubierto con un traje carísimo, se veía el lujo desde lejos; pero era pequeño, canoso, con una calva que ya dejaba ver algunas verrugas y una barba extraña y demasiado llamativa. Llevaba un bastón elegantísimo en su mano y estaba ligeramente encorvado. Apenas lo vio, notó que el brillo de esos ojos grises resplandeció detrás de sus pequeños lentes.

—¡Magnífico! ¡Magnífico! —Yuuri no supo cómo reaccionar cuando el hombre le tomó la mano y empezó a agitarla—. ¡Eres magnífico! ¡Tantos años sin ver algo así!

—¿Lo cree? —La sonrisa orgullosa de Lilia era imposible de ocultar. El hombre asintió, sin dejar de mirar a Yuuri, quien empezaba a cohibirse al notar que aquellos ojos no se detenían en su rostro.

—¡Segurísimo! ¡Fue bellísimo, bellísimo! No sé qué ocurrió con Vinográdov, ¡la presentación fue bellísima de inicio a fin! Todos preciosos, ¡pero este bailarín…!

—Muchas gracias… —se limitó a decir con una ligera inclinación. Boris aprovechó para tomarle de las mejillas y acariciarlas con bastante insistencia. Un repentino nudo en el estómago se formó al no saber cómo hacer para zafarse.

—Boris, estás siendo muy efusivo —medió Lilia, tomándole las manos al anciano mientras Yuuri intentó sonreír—. Es japonés, no es muy dado a tanta muestra de cariño. —El anciano pareció comprender y dijo un 'oh' alargado al devolverle la mirada.

—Ya veo… Katsuki, ¿no? —Yuuri asintió—. Cuéntame, ¿cómo bailas tango? —Yuuri miró al hombre con confusión y luego a su mentora quien solo le indicó que debía responder.

—Lo bailo bien.

—¿Bailas bien? ¿Cómo el ballet? ¿Te mueves con esa magia? —Yuuri mordió ligeramente su labio al asentir.

—Es el mejor estudiante de ballet que tuvo la academia en sus últimos cursos. —Lilia soltó con orgullo y los ojos de Boris volvieron a brillar.

—¡Maravilloso! —enfatizó Boris, con la mirada prendada en Yuuri—. Busca a tu pareja, quiero que bailes para mí en Moscú.

—¿A-a Víctor? —tartamudeó y provocó que Lilia le mirara con reprimenda ante semejante desatino. Boris agitó la cabeza como si desechara la posibilidad.

—¿Víctor? ¿Qué Víctor? ¡No! ¡Mujer! —dramatizó con sus gestos y Yuuri se apresuró a asentir—. ¡Una hermosa chica!

—Boris, disculpa, ¿pero me podrías decir para qué quieres que mi bailarín baile tango para tí?

—El 30 de septiembre habrá un festival musical en el Svetlanov Hall, habrá piezas de tango y bailarines para acompañarlas.

—¿E-en el Svetlanov Hall? —A Yuuri le faltó el aire, incluso palideció.

—Sí, en el Moscow International House of Music para el festival de música que tendrá la Filarmónica Nacional de Rusia a mi nombre. —Yuuri tuvo que apretar su pecho, porque sintió que iba a salir su corazón corriendo de allí—. Busca a una chica, ¡con la mejor que bailes!

—Creo saber a quién va a escoger. —Lilia lo miró. Yuuri le devolvió la atención, con los ojos centelleando de felicidad ante la increíble noticia—. Ve a avisarle. Después de lo que ocurrió con su ex, la noticia le alegrará.

No dudo en hacerlo. Yuuri corrió con la emoción hirviendo en sus venas, incapaz de contener tamaña felicidad en su pecho. Poco le importó pasar al lado de varios bailarines, sin detenerse a conversar, para dirigirse a los camerinos de las bailarinas. El Moscow International House of Music era la casa de la filarmónica nacional rusa. Era bastante nueva la construcción, pero por lo mismo la arquitectura era bellísima y el valor de participar allí incalculable. Ir a Moscú a bailar frente a cientos de personas sonaba lo más increíble que había podido pensar y después de haberse sentido un fracaso por aquella mal intencionada crítica, parecía que la vida se encargaba de decirle que todo su esfuerzo cosechaba frutos.

Soltó el aire atribulado por el exceso de emociones que convivían en sus pulmones. Sus ojos buscaron con ansias contenida la puerta del camerino, y cuando la halló, no midió consecuencia al abrirla y entró sin siquiera prestar atención a nadie más que a la joven bailarina que estaba frente al espejo. Todas las demás quedaron relegadas para él.

—¡Irina! —exclamó con una enorme sonrisa que hizo vibrar sus pómulos. Los ojos grandes y claros de Irina lo miraban con duda y confusión, pero Yuuri puso sus manos sobre los pequeños hombros, que ya le temblaban de la felicidad—. ¡Baila conmigo! ¡En el Moscow International House of Music! ¡En Septiembre!

—¿Eh?

—¡Baila conmigo! ¡Bailemos tango! —le era difícil ser elocuente cuando todo apretaba dentro de él como si fuese a estallar. Irina seguía en silencio, desconcertada y hasta sonrojada. Yuuri solo la miraba como si esperara que aún con la falta de asertividad al hablar ella pudiera entenderlo con la efusividad de su mirada.

—Yuuri… eh, ¡está bien! —sonrió, no obstante, parecía cohibida—. ¿Pero hablamos mejor cuando me vista?

De la profunda emoción pasó a la más honda vergüenza cuando se dio cuenta que todas las bailarinas estaban a medio vestirse con algunas prendas de ropas intentando taparse y otras, sin pudor alguno, simplemente observando la escena en ropa interior. Yuuri sintió que el rojo llegó hasta sus cabellos, porque apenas tuvo que bajar mínimamente sus ojos a los pequeños hombros para ver las tiras del brassiere de Irina bajo sus dedos. Casi retiró sus manos como si fuera a quemarse y salió corriendo para salir del camerino, entre las risas divertidas de varias bailarinas. Se detuvo contra la pared con las manos tapándole el rostro que ya sentía a punto de bullir.

Tras minutos de autoflagelación por semejante desatino, Yuuri suspiró hondo y recobró el aliento, al tiempo que dejaron de temblarle las piernas. Irina salió ya vestida para saber lo que Yuuri quería decirle y fue gratificante notar como los ojos claros de su amiga brillaron felices al saber la oportunidad que Boris le brindaba a ambos. Ella no dudó en abrazarlo y agradecerle por haberla tomado en cuenta cuando Yuuri podría haber escogido a cualquiera. Para Yuuri no podía ser otra, tenía que ser ella. Pese a todo lo ocurrido entre ambos, era su amiga y la mejor bailarina con quien podría presentarse; la confianza que existía en ellos lo empujaba a dar lo mejor de sí para estar a su altura.

La llamada de Víctor, a su teléfono, lo trajo de regreso y soltó a Irina del abrazo para contestar, este le hizo saber que estaba esperándolo afuera. Yuuri apretó sus labios al ver que todavía estaba con su ropa y ni siquiera había hecho descansar sus piernas. Se despidió de Irina prometiéndole que después le contaría los detalles (que ni él tenía) sobre la primicia porque no quería hacer esperar más a Víctor; seguramente el asunto del baile lo podría aclarar después.

Sin demorarse, se cambió rápidamente y pensó en atender después a sus pies. Yuuri jaló el morral con prisa y apenas se despidió de algunos antes de empezar a bajar las escaleras. Apenas divisó a Víctor, vestido de forma semi formal con aquella camisa gris y su pantalón oscuro, Yuuri no tardó nada en correr hacia él para besarlo tras jalarlo del cuello de la camisa. ¿Qué iba a hacer si todo lo que respiraba era felicidad?

—¡Wow! —exclamó Víctor, con las manos pegadas a su cintura. Yuuri sonrió y le apretó más la espalda—. ¿Eso significa buenas noticias?

—Muy buenas —dijo contenido. Víctor le sonrió de forma adorable antes de acomodar algunos mechones de su frente.

—Eso quiere decir que debemos apresurarnos.

—¿Apresurarnos para qué? —Víctor empezó a jalarlo de la mano, para llevarlo al auto. Yuuri buscó seguirle el ritmo aunque se sintiera cansado.

—También tengo que darte una noticia.

El camino de regreso fue llenado por las palabras de Yuuri, por la forma en que comentaba lo vivido en la presentación, la manera en que se sintió mientras bailaba, y por supuesto, la opinión de Boris al respecto. Le hizo saber a Víctor lo extraño que se sintió ante su mirada y su toque, pero lo bien que resultó su retroalimentación. También le dijo sobre la oportunidad de bailar en Moscú y que tendría que buscar a una pareja para ello; había seleccionado a Irina por la química que había entre ellos y ser su compañera de baile para el tango durante sus clases. Confiaba que con ella no habría mayor problema y podría entregar una buena presentación, aunque nada estaba asegurado ya que, tras haber bajado la euforia, Yuuri se percató que la opinión de Boris bien podría cambiar.

Repentinamente, notó el silencio de Víctor, su ceño fruncido y sus labios cerrados, así como la mirada seca que dirigía al frente mientras se acercaba a su residencia. A Yuuri no le agradó notarlo así y fue irremediable querer saber qué estaba pasando. Después de todo, Víctor le había dicho que tenía una noticia que decirle y él, sobrellevado por la emoción, no había dejado de hablar de lo que había sucedido queriendo hacer partícipe a Víctor de su alegría.

—¿Pasa algo? —preguntó y Víctor soltó el aire.

—Solo pienso en los rumores que se han escuchado de Boris y sus bailarines jóvenes.

Yuuri le miró sin comprender, pero ante el silencio de Víctor y su mueca, junto a lo que había notado de Boris, pudo darse una idea bastante gráfica que lo hizo palidecer. Por fin comprendió porque había sentido esa aversión, ya evitaría en lo posible los acercamientos con él. Víctor debió notarlo porque se estacionó y se acercó para rozarle la mejilla buscando su atención. Con una sonrisa cohibida, Yuuri le devolvió la mirada y antes de que se dijeran algo más, Víctor se acercó para besarlo y él no dudo en responderle. El gesto sirvió en mucho para bajar esa desagradable sensación de su estómago.

Suspiró hondo con los ojos cerrados. Cuando Víctor volvió a besarlo, acariciando los bordes de su oreja, sus pálpitos se encargaron de ir eliminando aquella atmósfera enrarecida y el peso de su estómago. Pronto solo sintió que le explotaban burbujas en el pecho y revoloteaba algo en su cabeza. Realmente no quería que nadie más lo tocara de aquella manera, solo él.

—Yuuri… —Víctor le susurró contra sus labios, provocándole un nuevo temblor—. Quería decirte que mañana voy a viajar a Moscú.

—¿Moscú? —Sus ojos se abrieron, dejando de sentir todo aquello para enfocarse en las palabras de Víctor—. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué?

—La FFKK quiere hacer una rueda de prensa con todos los patinadores que tienen casi asegurado su pase a la temporada. Además, tengo que renovar algunos contratos, así que tengo que salir de mañana y el lunes en la noche estaré de regreso. No podremos ir al teatro como tenía pensado este domingo.

Oh… sinceramente le desanimaba lo del teatro, pero más era la idea de que no podría ver a Víctor el resto de la semana. Si, no lo veía muy seguido, pero la certeza de solo tener que ir a la Champion Sport Club o concordar encontrarse en un lugar le iba a hacer falta. Y era algo que seguro se multiplicaría cuando llegaran las competencias, Yuuri lo sabía. No podía molestarse por eso.

—Está bien… supongo que entonces nos veremos la próxima semana. —Le sonrió para mostrarse comprensivo y Víctor le devolvió una sonrisa similar. La caricia sobre su cabeza la sintió casi como una consolación—. ¿A qué hora sale el vuelo?

—A las seis de la mañana. —Yuuri asintió y se cobijó contra su cuello, frotando su nariz contra la piel. Víctor le abrazó cálidamente—. Por eso necesitaba verte esta noche… te voy a echar de menos, Yuuri.

—Yo también, Víctor…

Y si las palabras no eran suficiente, estaba ese abrazo para hacérselo sentir con todas sus fuerzas. Fue agradable notar que de Víctor también recibió ese gesto apretado, poder sentir sus brazos rodeándole y queriendo apegarlo tanto a su cuerpo como si fuese así imposible separarse. Aún con la premisa de que tendrían que hacerlo, porque su profesión y estilo de vida terminaría obligándolos, al menos tendrían la certeza de que se estarían esperando.

¿Realmente era así? ¿A ese punto se sentía compenetrado con Víctor? Fue abrasador responderse que sí...

—Yo… quería pedirte algo. —Yuuri se apartó lo suficiente para verle con atención, mientras los dedos de Víctor se encargaban de dibujar círculos en su espalda. Los ojos de Víctor lucían cálidos y ligeramente húmedos.—. ¿Te quedarías conmigo esta noche?

Su corazón incrementó los pálpitos al escuchar esa proposición. Un suave calor se alojó en sus mejillas y conforme lo observaba, Víctor le mantuvo la mirada esperando una respuesta de su parte. Mentiría si no se admitiera que le daba nervios hacerlo, pero a su vez, se moría de ganas. Había estado pensando tanto sobre eso la noche anterior y con la seguridad de no tener a Víctor cerca por varios días, todo lo que más quería era estar con él por más tiempo. Suspiró y se acercó para buscar de nuevo los labios de Víctor, con el temblor allí metido en sus huesos. Yuuri sabía qué respuesta dar, pero buscó valor a través de ese beso que alargó hasta sentir que de nuevo su boca se sentía caliente y necesitada.

—Me gustaría… —Víctor sonrió pegado a su boca, Yuuri pudo sentirlo aún con los ojos cerrados.

—No tiene que pasar nada que no quieras, pero me gustaría abrazarte esta noche.

Accedió.

Víctor lo llevó a su apartamento primero, para que Yuuri buscará lo que creyera necesario y dejar a Vicchan con la comida para la noche. Yuuri tomó el pijama que no estuvo seguro de si llegaría a usar y el cambio para el día siguiente junto a su cepillo de dientes y otros artículos personales. De regreso, Víctor le sonrió al abrirle de nuevo la puerta desde adentro. Lucía ligeramente cansado, se empezaba a notar en su mirada, pero sin comentar nada lo llevó a su apartamento.

Durante el camino, Yuuri solo pudo vivir el desconcierto y la ansiedad abriéndose paso en su estómago. Movía sus manos con inquietud y miraba constantemente la ventana, mientras la idea de compartir la cama de Víctor, con Víctor, se volvió una realidad irrefutable.

Al llegar al apartamento, no tardó en recibir una cena ligera por parte de Víctor, quien ya tenía algo medianamente preparado y solo tuvo que complementar. Makkachin pedía atención y cariño de ambos batiendo la cola y moviéndose entre ellos mientras cenaban; resultó relajante esa dinámica que le permitía a Yuuri amoldarse a la nueva situación. En un momento, Víctor se levantó y le dejó un beso en la cabeza, para informarle que tomaría un baño primero. Yuuri se percató que Víctor no estaba procurando intimar en ese momento porque no lo había buscado con besos profundos y caricias eternas y no supo si sentirse bien o mal por ello. Es decir, claro que le gustaba saber que Víctor no quería presionarlo, pero sentía injusto que también se contuviera cuando él mismo se sabía muy dispuesto a ir más allá aún si no tenía el valor de buscarlo por sí mismo.

Intranquilo, se quedó en la sala sin saber exactamente qué hacer por lo que prefirió entretenerse con Makkachin, quien jugaba a intentar morderle la mano. Cuando Víctor salió del baño, Yuuri hizo un esfuerzo consciente para no dejar caer su quijada. La precaria bata que cubría el cuerpo de su novio apenas dejaba espacio a la imaginación y con otro paño, Víctor se secaba la humedad de su cabello echado hacia atrás. Estaba seguro de que su color había pasado a un profundo rojo por cómo quemaba su cara.

Víctor le invitó a hacer lo mismo, y realmente, Yuuri se sentía lo suficiente pegajoso por muchas razones para aceptar la invitación de ducharse. Miró a Víctor entrar a su habitación y dejar la puerta abierta que Makkachin aprovechó para entrar con confianza. Supo que era incorrecto, más resultó imposible evitarlo, ya que la dirección al baño estaba en el camino. Al asomarse, solo vio a Víctor desnudo y de espaldas; fue muy tarde cuando se encontró siguiendo el recorrido de las precarias gotas deslizarse por la curvatura de la columna de Víctor hasta bajar al inicio de los glúteos y piernas.

De repente, se sintió en el mismo infierno. El calor aceleró y subió por sus extremidades; todo lo que pudo sentir era como el aire ahora ardiente pasaba por su nariz. La sensación fue mayor cuando Víctor apenas volteó el rostro sobre el hombro, devolviéndole la mirada con intensidad. El corazón se le detuvo de un salto al saberse descubierto y leer en Víctor algo que fue incapaz de traducir.

—Yuuri… —Víctor se giró. Cuando encontró la desnudez completamente expuesta, Yuuri soltó todo el aire atrapado, no pudiendo contener el impulso de acariciarlo por completo con la mirada. En ese punto su pecho golpeaba frenéticamente y sus piernas se habían convertido en dos grandes pedazos de gelatina—. ¿Vamos a dormir? —preguntó.

Yuuri todo lo que pensó fue qué clase de pregunta le hacía encontrándose desnudo. Dormir era lo menos que pasaba por su cabeza.

—Y-yo… primero me bañaré.

Entre temblores, logró abrir la puerta del baño y la cerró para encontrarse a salvo y absorto en sus propios pensamientos. El tocador era enorme, pero en ese momento no tenía ánimos de degustar la imagen lujosa del baño de Víctor ni los múltiples artículos que había allí. Todo lo que hacía su mente era dibujar diferentes escenas de un Víctor desnudo acorralándolo en la puerta del baño o él empujando el cuerpo de Víctor contra el espejo mientras restregaba su pelvis entre los glúteos de él. Imágenes indecentes de Victor desnudo haciendo con él lo que quisiera o Víctor deshaciéndose en sus brazos. Cualquier posibilidad era suficiente para hacerlo transpirar.

Un baño de agua fría se dijo, y realmente fue bueno porque sus piernas empezaban a sentirse pesadas. Se quedó dentro de la ducha el tiempo suficiente para despejar la cabeza y aprovechó para lavarse por completo, procurando que cada rincón de su cuerpo estuviera perfectamente limpio. En comparación, el de Víctor era una gloria y el suyo lucía tan común… Sí, tenía el cuerpo de un bailarín, pero el de Víctor era perfecto; además, lucía algunas líneas y marcas de estrías en sus muslos, cintura y glúteos. Yuuri nunca les había prestado mayor atención a esos detalles, pero de repente se sentía insuficiente y lleno de defectos. No debería pensarlo demasiado, resultaba tonto hacerlo en ese punto. Decidió dejar el asunto de lado y tomó la toalla que Víctor le había prestado para secarse, procurando despejarse y tranquilizarse para salir.

No se percató de lo mucho que había demorado hasta que, al salir, vio la luz ya apagada y solo la lámpara al lado de la cama permanecía encendida. Al no hallarse con la confianza de aparecerse desnudo como Víctor lo había hecho ante él, había salido vestido en pijama, pero lo que encontró fue que Makkachin había subido a la cama y estaba acostada al lado de Víctor quien, cubierto con las sábanas, parecía dormir dándole la espalda desnuda. Yuuri se sintió bastante tonto al verlo, tanta presión y ansiedad para que al final Víctor hubiera pedido el dormir de manera literal. Incluso se rio de él y su preocupación.

Se relajó. Toda presión decayó de pronto. No había nada de qué preocuparse, y eso lo animó a acercarse al lado de la cama desocupada, justo a la espalda de Víctor, para contemplarlo. Se acurrucó en el lado desocupado de la amplia cama y miró la nuca despejada de Víctor con la sensación de querer acariciarla. No lo hizo, no quería despertarlo. Ni siquiera le habló para comprobar si realmente dormía. Se quedó en silencio observándole mientras pensaba en todo lo sucedido y en lo lejos que estaba sus propios pensamientos de los de Víctor, pero enfocándose en aprovechar ese momento y disfrutarlo al tenerlo cerca.

Cuando creyó prudente, solo apagó la lámpara e intentó tomar lo menos de la sábana disponible para no incomodarlo. Intentó dormir, arrullado por el silencio de la habitación, el calor y el aroma de Víctor en las sábanas, que le invitaban a perderse en el descanso. Y eso hubiera hecho, pero al sentir la caricia en su mejilla, volvió a abrir los ojos, para mirar a Víctor con una expresión dulce.

—Yuuri… —Víctor le observaba con los ojos entrecerrados y somnoliento, tras haber volteado. Yuuri se regodeó con la caricia—. ¿Estás bien así?

Yuuri se acomodó un poco mejor, acercándose lo suficiente para sentir el calor de Víctor bajo las sábanas y dudó si debía apegarse más. Víctor no hizo ademán de ello, sino que le sonrió y le acarició de nuevo la mejilla.

—Lamento haber tardado…

—Estabas nervioso, ¿cierto? —Yuuri asintió—. No te preocupes… dame mejor mi beso de buenas noches.

Lo consideró la señal necesaria para animarse a cubrir el espacio que los separaba y besarlo. Su boca se encontró con la de Víctor y parte de su cuerpo se juntó al de él, notando en ese momento la desnudez que había bajo las sábanas y la forma en que su piel se calentó al saberlo. Fue un beso largo, sentido. Víctor había rodeado con los brazos el cuello de Yuuri y este había hundido su lengua dentro de aquella boca, buscando mayor intimidad. Le arrancó un trémulo gemido a Víctor y los dedos de Yuuri hormigueaban, tenían la necesidad de dibujar caminos en descenso por el resto de su cuerpo para descubrir cada nueva línea con sus manos. Y no pudo contenerlo, no. Cerró sus ojos y se dejó llevar mientras restregaba su nariz sobre el cuello de Víctor, respirando entrecortado sobre él y provocando que éste se erizara. Su mano bajó de forma lenta por el esternón, con la intención de llegar más allá, pero Víctor le sujetó suavemente la muñeca cuando había llegado a la altura de su ombligo, justo con el nuevo gemido que brotó de él.

—Cariño… —Yuuri levantó la cabeza y trató de enfocar su mirada en Víctor aún con la oscuridad. Estaba lo suficiente cerca como para verlo sin sus lentes, así que pudo notarlo así: cansado, ansioso y excitado, con sus pupilas ligeramente dilatadas.

No hicieron falta las palabras. Yuuri entendió y asintió mudando su mano hacia el pecho de Víctor para acurrucarse a su costado, abandonando las caricias. En respuesta, Víctor le abrazó con fuerza y se apegó a él, Yuuri sintió el aire que le soplara el cabello, provocándole un cosquilleo tibio. Todo ese calor que empezó a acumularse comenzó a ceder, sobre todo cuando sintió el beso húmedo de Víctor en su frente y la forma en que frotaba su barbilla allí. Víctor podía ser tan cariñoso y dulce que le conmovía.

—Cuando regreses… quisiera hacerlo. —De nuevo, a pesar de tener los ojos cerrados, Yuuri pudo ver claramente la sonrisa de Víctor—. Voy a prepararme.

—Voy a querer que esta semana pase pronto.

Hubo silencio y pronto, sólo se escuchó la respiración calma de Víctor, rendido por el agotamiento de un día de práctica, ejercicios y salidas. Yuuri tardó más en hacerlo. Sin embargo, allí escuchando el ritmo tranquilo de los latidos de Víctor, supo una cosa: no cambiaría por nada del mundo esa experiencia.


Notas de autor: ¡Ya es Viernes!

Me disculpan la tardanza. Además, que me había enfermado, cuando empecé a mejorar mis condiciones laborales sufrieron cambios bruscos. Pasé de perder m i proyecto a recuperarlo hasta diciembre y tener una capacitación en la noche. Eso significa que durante este mes estaré más ocupada.

Este capítulo en especial me creó dudas. Es que tengo tanto que escribir que siento que se me alargan. Pero es especial, creo que las temperaturas siguen aumentando, pero también quiero ser bastante realista con el proceso. Hay algo que he visto en casi todos los fics y manga yaoi y es que siempre el seme está listo para el sexo. Siempre. Yo no quiero retratar a mis personajes así, por esa razón Víctor ahora no se encontraba dispuesto. Es tal cual como en la vida real: cansancio, estress, desanimo, puede simplemente apagar la libido, y es normal. Quería retratarlo de ese modo.

¿qué opinan de Boris? Me gustaría saber sus apreciaciones.

¿Y sobre ese baile de Tango con Irina?

Se viene el momento que había esperado, una pequeña subtrama importante que va a atener un desenlace futuro que espero que les agarre de sorpresa xD De verdad que lo he estado esperando.

La FFKK, por cierto, es la federación rusa de patinaje. Los que leen Matryoshka ya han de saber más de ella.

Gracias por sus buenos deseos y comentarios. Me hacen feliz.


angel-demoniaca: Wow, ¿en serio? Pensé que más bien iba muy rápido porque ocurrieron muchas cosas YOY Sobre el drama, no tengo pensado meterle mayor drama hasta llegar al final xD espero que aún así te guste :3

Mariboo: ¡Sí! XDDDd ya hay malentendido, vaya manera de empezar como novios xDDDD Pero es genial imaginar que ya andan suponiendo cosas. ¡Pero son novios! Y es lo importante xDDDDDD me gusta mucho que Yuuri sea capaz de sorprenderlo a ese punto, tanto que le sea imposible seguir sus propios planes. La parte donde le canta al oído me gustó muchísimo, ¡porque Dios! XD ¿Quién no querría?

PD: Nos asaremos xD

Gracias por comentar y por tus buenos deseos, ya ando más recuperada :3

Angeli Murasaki: Eran pero no oficializaban xDDDD gracias por leer :3

asolanon gs: Awww ¡me alegra tanto que te guste el Yuuri de mi fic! Precisamente eso quería mostrar, ¡personajes que en su imperfección son hermosos! ¡Gracias por leer!

meikojoker: ñaldjñlasd ¡eso me alegra muchísimo! Yo me emociono mucho escribiendo y espero que puedan sentir ustedes la emoción de cada capítulo. Lo del crítico fue terrible pero como dices, hay altibajos, y ellos tendrán que enfrentarse a todos ellos. Lo importantes es que al final su amor sea mayor. Me alegra que te haga sentir como en el anime, ¡era lo que buscaba!