Bueno, pues ahí Albus entreabre los ojos, solo un poquito. Debe oir la voz de Minerva... fuera en el despacho. Parpadea, y se gira a mirar hacia su lado de la cama. Bosteza y a decir verdad trata de girar sobre su mismo y acurrucarse un poco... y ahí es donde lo nota, de manera inmediata.

—Aghh... —la espalda, las piernas... los brazos. Es como un dolor generalizado. Se ríe en silencio notando, sin tener que pensar mucho más, que... tiene la edad que debe tener otra vez.

Se oye la voz de un chico ahora. Levanta las cejas y abre del todo los ojos. ¿Grindelwald? La obsesiooooón.

Sip

El agobio inmediato hace que se levante... ugh, con algunas dificultades.

—Buenos días, Albus —saluda Gellert sonriendo. Hasta le hace dar un saltito.

—Gellert... hola.

Le mira de arriba abajo y sonríe.

Es que le arden los músculos del tórax y más que nunca de siente tremendamente viejo. Busca su varita en la mesita de noche, que conociendo a Minerva la ha puesto ahí.

Sí, esta todo más o menos recogido.

Ya, si la conoce bien. Toma su varita.

—Ya se que me veo viejo.

—No solo te lo ves ahora mismo...

Le mira sin entender a qué se refiere

—Te lo sientes, si casi no puedes moverte.

—Sí que puedo, solo es cuestión de hacer unos estiramientos —camina hacia el baño pensando que... él era una persona muy ágil en general para su edad. Esto era solo que algunos músculos no solía usarlos. Aprieta los ojos al caminar.

—Por lo menos la transfiguración sigue maravillándonos.

—¿Lo hace? —pregunta mientras mea—. Necesito que dejen de hablar ellos dos en mi ausencia.

—Sí, sí lo necesitas.

Y es que otra vez a solo asearse con la varita poniéndose cualquier túnica y zapatos con magia

—Creo que también deberías darte un baño.

—Sí, ya lo sé. Pero Minerva está afuera con él.

—Sip.

—¡Eso es más urgente! —se limpia la boca con magia también. Higiene general. Y se peina.

—A lo mejor podríamos escuchar primero.

Asiente, de acuerdo, yendo al cuarto de nuevo y haciendo transparente la pared de manera que el vea pero ellos no

Gellert se acerca también, a su lado. Ahora... estan hablando sobre qué transfiguraciones aprenden en Drumstang.

Albus suspira... y se sienta en la cama, mirándoles con atención. Gellert sigue mirándoles de pie.

—Parece que nos hemos perdido la parte interesante.

—Minerva me contará —hace para levantarse otra vez.

—No las conclusiones que él haya sacado.

—¿Estás solo intentando ponerme nervioso? ¿Qué crees que haya concluido?

—Depende mucho de lo que haya... respondido.

—Reconfortante —bufa un poco y se va a la puerta.

—Pero con amor —le lanza un beso.

Albus se sonroja un poco y abre. Ambos se callan y se giran a la puerta. Minerva se sonroja un poco. Ni siquiera sabe si es días o tardes.

—¿Interrumpo?

—Ah... Albus, ehm... hum —uno pensaría que preferirías tener algo que decir antes de hablar.

—Buenos días, maestro.

—Buenos días, ¿qué le trae por aquí, señor Grindelwald? —mira un segundo a Minerva y le sonríe acercándose solo un poco a su escritorio con un par de pasitos.

—Usted dijo que no me quería merodeando por el castillo, así que me pareció que esta era la mejor opción para permanecer inocente.

—Veo que conoció ya a la Profesora McGonagall... ¿le dejó ella entrar? ¿O la encontró aquí casualmente?

—Tienes que cambiar la bloody contraseña, Albus! —protesta Minerva porque lo encontró merodeando aquí dentro.

—Inocente...

Henry sonríe.

—Hmmm... ya veo, ya veo. Encontró algo de su interés, Señor Grindelwald?

—Sí, maestro.

—Cuéntennos qué encontró, entonces

—Eso —señala al pensadero.

—Señor Grindelwald... —va a MATARLO.

—Sé como funciona, vi uno igual en un museo en Berlin.

Minerva está en plan facepalm.

Es que... lo último que Dumbledore vio ahí fue... la hermosa escena de sexo entre él y Minerva

—¿Qué ha visto? —pregunta—. ¿Lo ha probado?

—Estaba intentándolo cuando le he oído —asegura ella.

—El problema es que no he encontrado los recuerdos —respomde Henry encogiéndose de hombros.

—Puede poner uno suyo... —propone Dumbledore haciendo un gesto con la varita haciendo que el pensadero venga hacia dónde está él.

—¿Por qué iba a querer ver un recuerdo mío de nuevo si solo puedo recordarlo?

—Para ver cómo funciona.

—Había uno en un museo en Berlín. Había recuerdos interesantes de personas que participaron en el holocausto.

—¿Victimas?

—Algunas también, sí —asiente.

—También —Albus sonríe. Interesante manera de ponerlo.

—¿Ahora quieres ir a Berlin, Albus? —sonríe Gellert por ahí.

Henry se encoge de hombros y Minerva fulmina a Albus porque ¡se supone que tendría que reñirle! Ella lleva como una hora gritándole sobre la propiedad privada, la intimidad y todas esas cosas.

—¿Y qué recuerdos buscaba aquí, Señor Grindelwald? Porque como imaginara no es la mejor de las ideas entrar sin permiso a un despacho e ir a hurgar entre sus recuerdos —se acerca un poco más s ellos

—Detalles históricos, desde luego. Es bien sabido que la historia la escriben los protagonistas y no es en lo absoluto lo mismo leer un libro que verla de primera mano.

—Para escribirla, hay que querer hacerlo, ¿no cree?

—Desde luego, una predisposición a hacer grandes cosas es indispensable.

—Me refiero a que podría pedir ver las cosas en vez de intentar... usurparlas.

—Es sabido también que las cosas más interesantes suelen... no ser tan sencillas de conseguir —sonrisa encantadora.

Albus suspira y sube un pequeño escalón qué hay hacia su escritorio, tratando de parecer lo más natural posible. Uuuuuurgh... dolooooor.

—¿Usted que opina, Profesora McGonagall? —pregunta sonriendo un poco. Minerva se sonroja automáticamente.

—La directora Beilschmidt debería oir sobre esto y tomar medidas.

—¿Como cuáles?

—No lo sé, tal vez regresar al señor Grindelwald a Drumstang si no es capaz de comportarse.

—No creo que el señor Grindelwald estuviera muy feliz con esa idea, ¿o sí? —pregunta Albus mirando a Henry y yendo a pararse al lado de Minerva. Henry pone los ojos en blanco.

—Aunque nos haga esa cara, señor. Estoy seguro de que podemos entendernos bien siguiendo las reglas básicas de la civilidad... ¿no cree?

—Está bien, si vamos a ser así de aburridos todos —Henry se levanta y Albus se humedece los labios porque... no, no quiere que se vaya.

—Parece que empieza a entender, Señor Grindelwald. Agradecemos su cooperación.

Aprieta los ojos ante eso porque ahora no... puede tampoco detenerle.

Henry le frunce el ceño a Minerva. Albus suspira.

Henry le mira fijamente, porque ayer noche él solo parecía bastante más interesante.

—Nos gusta mucho la gente curiosa... —establece Dumbledore, sonriendo un poco—. ¿Qué recuerdo le interesaría ver?

Otra vez la fulminación de Minerva y Henry sonríe.

—¿Usted qué cree?

Albus mira a Minerva notando la fulminación. Él sonríe un poco a modo de disculpa.

—¿Profesora? ¿Usted que cree?

—Creo que el señor Grindelwald no merece ver absolutamente nada.

—No, no lo merece, en eso estoy de acuerdo con usted... sin embargo, tampoco vamos a negarle a nadie un poco de conocimiento. ¿O si?

—A lo mejor si hiciera algún mérito...

Ojos en blanco de Henry

—Bueno algún mérito ya hizo... —murmura Dumbledore muy bajito pensando que... tuvieron sexo tres veces anoche! Minerva fulminando a Henry ahora, él la fulmina de vuelta.

—Señor Grindelwald... está usted de acuerdo en que la lógica dicta que debe hacer algún mérito —puntualiza Dumbledore, divertido con esta pugna entre ambos.

—¿Cómo qué?

—Alguna idea, Minerva?

—Tú deberías castigarlo, es tu pensadero —ella se cruza de brazos.

Él la mira con cara de circunstancias. Agua y aceite. ¿Así de mal se habrían llevado Gellert y ella? Y es que el es FATAL para los castigos.

—Ehm... quizás el peor castigo sea... no mostrarle nada —valora, pero había pensado por un momento llevarles ambos a algún recuerdo. Quizás a un juicio en el Wizengamot.

La cara de decepción de los dos con esa decisión. Minerva y Henry. Ella cree que eso no es nada y él cree que eso es como lo más aburrido del universo. Gellert solo está observando y pasándolo bien. Albus se lleva la varita a la sien.

—¿No va a intentar alguien convencerme de lo contrario? ¿No?

—Señor Grindelwald, si me permite... —Minerva hace un gesto para hablar con Albus a solas.

—No —Henry tan decidido.

—Cielos... —susurra Albus.

—¿Cómo que no?

—Significa que no, no le permito, solo quiere ir a gritarle para que me castigue aun más.

—Es una forma de cortesia, Señor Grindelwald, no es como que espere su aprobación realmente.

Albus mueve la varita antes de que puedan seguir discutiendo, haciendo una burbuja mate alrededor de él y de Minerva.

—Y si cree que voy a hacer eso será porque sabe que lo merece y que... —Minerva se calla con eso. Ah, y el pensadero. El pensadero está en la burbuja. Albus le sonríe.

—Buenos días, Minerva.

¿Asustado, Albus? Por lo visto Gellert esta ahí también. Ella se sonroja.

De hecho ahí va lo que sea que esté en el pensadero a su cabeza de nuevo. No, no está asustado, pero este chico es incontrolable por ahora. Que mono "por ahora" dice.

—Veo que has conocido a Henry...

Algo debe poderse controlar en algún punto.

Mientras no te controle él a ti... Minerva bufa.

Esperemos que no sea así. Al menos no del todo.

—Ehm... ¿qué me he perdido?

—¿De qué? —responde ella.

—De esto... ¿qué han hablado?

—He estado riñiéndole por entrar sin permiso. ¿¡Le diste la contraseña!?

—No, debes habérsela dado tu, querida. Se ha quedado ahí mientras tú bailabas con mi gárgola y debe haberte oído.

—No estaba bailando con... ¿quieres decir que encima me estaba espiando?

—Es la explicación más razonable, sí.

—¿Y qué haces dándole premios?

—Es... un incentivo. Prefiero que este de mi lado que en contra mía.

—Un incentivo después de un mal comportamiento.

—Lo que tiene, Minerva, es una tremenda curiosidad. Y admito que muy muy malas mañas.

—Y te hace gracia —se cruza de brazos, acusándole.

—El muchacho me da... curiosidad. Pero admito que necesito tu ayuda para manejarlo —levanta las manos.

—¿Y qué quieres que haga yo?

—Ayúdame a que... no haga lo que quiere —sonríe.

—¿Cómo?

—Esa... es una buena pregunta. Creo que necesito que me controles a mi.

—Entonces sé sensato y castigale como es debido, no intentes ser su amigo.

—Necesito además ser su amigo, Minerva. Es un movimiento estratégico necesario.

—¿Para qué?

—Si es familiar de Grindelwald... es importante saberlo.

—¿Para qué? Solo es un niño.

—Es justamente el asunto. Es un niño, aún es moldeable y quizás, hacerle un niño normal. No un fanatico de su antepasado.

Suspira.

—¿Vas a ayudarme?

—Sí... sí. Solo ojalá no le premiaras demasiado cuando merezca un castigo.

—No le premio tanto... —se le acerca un poco más y le hace un cariño en la mejilla. Ella suspira y le mira a los ojos, como si no le conociera—. Necesito... que me frenes.

—Ya lo sé. Ni siquiera entiendo porqué te hace gracia.

—Es un chico diferente... —sonríe un poco, sonrojandose casi imperceptiblemente. Minerva suspira de nuevo.

Albus le sonríe un poco más y se le acerca dándole un beso suave en los labios. Ella se sonroja porque estaba pensando en eso pero no sabía sí... no... es decir...

Además Albus el persuasivo. Manipulador. Abe te mataría.

Cállate! *chilla ChibiMinerva con los ojos brillantes porque miraaaaaaaa. Le está dando un besooooooo.

—No te desesperes, ni te enfades. Y no olvides, que antes que cualquier otra cosa, eres mi mano derecha y alguien muy importante en esta escuela

—¿Q-Qué? —parpadea o sea, disculpa, se le ordena de nuevo el cerebro y además es que que crea que tiene que recordarle eso da un poco de miedo. Otro beso en los labios, está vez no tan suave.

—Me duelen músculos que no sabía que tenía —susurra él.

Minerva se le va detrás esta vez a por más. Se sonroja y carraspea un poco.

—¿Q-Quieres que me... quede o...? —no le mira.

—Quédate —pide él separándose y levantando el brazo... desapareciendo la burbuja a su alrededor.

Minerva se sonroja más. Para entonces hay algún libro y papeles menos sobre el escritorio aunque es casi imperceptible y Henry está leyendo algo que ha encontrado. Se ha... por cierto, servido un caramelo de limón a si mismo.

—Henry

Él levanta la cabeza con el caramelo en la boca abultándole claramente la mejilla.

—Ah... caramelos de limón, ¿eh? —pregunta buscando a Gellert.

Henry sonríe un poco. Gellert sigue por ahi sentado en la misma postura que Henry exacta.

—Veo que se ha entretenido en nuestra ausencia... —revisa todo entrecerrando los ojos.

—Eshtaban taddando bashtante —asegura con un poco de dificultad por el caramelo—. ¿Han deshiddiddo mi cashtigo?

—Sí. La profesora McGonagall me ha dado una idea...

—Que bien...

—Vamos a negociar...

—¿Y qué pasa si no me interesa el trato?

—Ahí está la puerta de mi oficina, Henry. ¿Podrías cerrarla por fuera? —Albus le sonríe.

Henry mira a Minerva... y luego a Albus otra vez. No suena mal, o un trato o largarse de rositas.

—Tienes curiosidad por mi y por mis cosas... ¿qué vas a hacer para que esté dispuesto a mostrártelas?

—Un trato, por lo visto —sonríe.

¿De donde ha sacado los caramelos de limón?

Buena pregunta... seguimos en el despacho de Dumbledore, ¿no?

Sí, pero Dumbledore no sabe dónde estaban, ¿escritorio? ¿Un cajón?

Tentador, pero no creo con ambos aquí.

Albus hace un accio silencioso para que la bolsita de caramelos vuele hacia él.

Tal vez estaban bajo uno de los libros que ya no están

Va a hacer un hechizo con ese asunto de los robos. Deben salir del bolsillo de Henry ahora.

Él no puede sacar nada de aquí. Que toque, pero que nada salga. Británicos, uno pensaria que estarian acostumbrados, jugando en casa...

—Que feo quitarle los caramelos a un niño, maestro —protesta igualmente sonriendo, tan cínico.

—Eso mismo pienso yo... una cosa muy fea —se mete uno a la boca y le acerca la bolsita a Minerva—. Entonces, señor Grindelwald... ¿qué ofrece?

—¿Qué podría querer usted de mi? ¿Más caramelos?

—Intente de nuevo —mueve la varita y ahí aparece su taza de café junto a una de té para Minerva y un vaso de leche para Henry. Ah, y pastas escocesas. Toma la taza de café...

—¿Qué le parece buen comportamiento? —propone Minerva frunciendo el ceño.

—Está charla ha sido muy interesante, muchas gracias —sentencia Henry empezando a levantarse.

Albus le mira, porque no, no va a rogarle que se quede tampoco.

—No tendrá usted tanta curiosidad entonces... ¿o ya llevará alguna cosa con que entretenerse hasta que pueda volver a venir y no esté la Profesora McGonagall?

—¿Cree que este es el único lugar con información interesante del castillo? ¿No es esta una escuela? —tan burlón. Albus suspira.

—¿Qué entiende usted por buen comportamiento?

Minerva frunce el ceño.

—Reglas —resume él.

—¿Y no le gustan?

—En general, no.

—Bueno, alguna regla ha de observar... por ejemplo no entrar a mi despacho a menos que tenga la contraseña.

—Esa no es una regla, parece un hecho... en caso que la única forma de acceder sea a través de la puerta.

Albus suspira porque esa era una salida que le había dado para entrar si conseguía la contraseña.

—No hurgar entre mis cosas... no robar mis libros.

—Aquí empiezan los problemas.

—¿Qué problemas? ¿A caso es dificil de entender el mostrar un poco de respeto? —protesta Minerva. Henry sonríe.

—Claramente el problema no es que no lo entienda.

—Digame, maestra... ¿sabe usted oclumancia?

—¿Cómo? ¡Por supuesto! —protesta ella y bien que está empezando a hacerlo porque Henry ha empezado con la legerimancia, aunque sin esforzarse demasiado.

—¿Por qué? ¿A caso no confía en que los demás le mostrarán respeto y seguiran las reglas de no inmiscuirse en su mente?

—Están jugando sin mi... —protesta Albus un poco, riendo. Henry sonríe porque en realidad enseguida ha dejado de hacerlo y Minerva frunce el ceño.

—Por favor, si va a intentar leer la mente a alguien, no se meta con mi claustro... yo no he ido a meterme a su cuarto, ni a revolverle sus cosas ni mucho menos la mente —protesta Albus frunciendo un poco el ceño

—Inténtelo si quiere, yo no tengo una regla que lo impida —los kilos de arrogancia de el muchacho.

—Yo no suelo intentar cosas, señor Grindelwald.

—¿Por qué? ¿No confía en el método empírico?

—Habitualmente lo consigo —le mira y sonríe de lado.

—Eso solo habla de su perseverancia —se ríe. Albus se termina su café y mira a Minerva que es que quiere MATAR a Henry en este momento, o sea qué pasa con este niño!

—Hay te para ti, querida...

—¿Qué? —casi ladra, ni siquiera se sonroja con el querida.

—Te... Minerva —el tono de voz más suave y tranquilo del mundo.

Ella mira la taza y parpadea un poco. Albus le sonríe un poco y de hecho, cuando le vuelve a mirar, le cierra un ojo.

—Aún no ha dicho qué ofrece a cambio de estar aquí... ni se ha ido, así que debe ser que el resto de la escuela no es tan interesante

Ella se sonroja un poco y se vuelve a la taza un poco atufada de que el niño siga... ¡haciendo lo que quiere!

—Parece que no tengo nada que ofrecer que pueda interesarles —se encoge de hombros.

Albus se ríe. Minerva insiste en el respeto, entredientes.

—Ni siquiera va a intentarlo, ayer estaba más interesado en impresionarme, señor.

—Yo sigo siendo igual de impresionante. Usted parecía ayer con una mejor predisposición mental a valorarlo —mira a Minerva porque desde luego se refiere a su presencia. Dumbledore sonríe un poco.

—Sigo insistiendo que para esto ser una negociación en la que es usted el interesado en obtener algo, no nos ha ofrecido nada aún a cambio.

Ojos en blanco

—Y yo que las cosas que hoy quiere a cambio no pretendo ofrecerlas.

—Parece muy seguro de lo que quiero a cambio.

—No es que me esté dando muchas más opciones —de nuevo señala a Minerva en relación a lo que le ha pedido.

—No es como que usted pueda ofrecer mucho más, Señor Grindelwald —protesta ella.

—Entonces delas usted... —propone él a la vez, y se ríe bajito—. O justamente nos quedaremos con la idea de que no sabe negociar.

Henry le sostiene la mirada a Dumbledore unos segundos. Dumbledore le mira por encima de las gafas.

—Ayer parecía usted bastante interesado en el símbolo de Grindelwald y en mis conocimientos al respecto. Podemos hablar de ello si quiere.

—¿Qué? ¡No! —protesta Minerva.

Henry abre las manos y se echa atrás en la silla a modo de "ahí lo tienes". Porque no es la primera vez que lidia con un profesor como ella.

—Ve como no es tan difícil ofrecer algo útil, Señor Grindelwald? —Albus se ríe —. Conocimiento por conocimiento me parece un buen comienzo.

—¡Albus! —es que la riña, mira que no le gusta hacerlo frente a los alumnos.

—Por algún lugar distinto a un "no" se debe empezar una negociación, Minerva —responde el mirándola—. Aunque ya, ya se lo que estás pensando

Henry sonríe tan burlón de nuevo. Albus le sonríe un poco a Minerva porque sabe que ella no negociaría nada, menos aún con un chico arrogante. De hecho, no, ella está bufando con los dos.

—¿Qué es lo que quiere ver en el pensadero? —pregunta Dumbledore aún mirando a Minerva

—A riesgo de parecer osado...

—¿Mjm?

—Todo lo que tenga sobre Gellert Grindelwald.

Prepárate para decepcionarte, Henry porque decididamente hay un montón de cosas que no te va a enseñar.

—Así que es ESE su único interés... luego se queja, señor.

—No, pero un interés común parece un buen lugar para empezar —sonríe francamente. Dumbledore se sonroja imperceptiblemente, riéndose.

Minerva es que no puede creer que... ¡por Merlín!

La cosa es... de Gellert. ¿Qué enseñarle de el? Gellert pide que algo bueno, por favor. Hace mucho que no vemos ninguno de esos.

—¿Qué admira de Gellert Grindelwald?

—¿Quién dice que le admire?

—Yo. ¿No lo hace? —ni siquiera es una acusación.

Henry le mira fijamente unos instantes, en tensión. Ya, seguramente no por tu parte, pero él está acostumbrado a que lo sea

—Nein —responde levantando la barbilla. El suspiro de Dumbledore—. Él perdió, lo lógico es admirar al vencedor.

El turno de Albus de mirarle en tensión y Henry sonríe.

—Es uno de los más grandes hitos en su vida, ¿no es así, maestro?

Si tan solo supieras cuánto...

—Uuh... es bueno, a mi me costó bastante más empezar a darte coba —comenta Gellert.

Minerva pone los ojos en blanco, pero hay que admitir que le cae mejor con esto.

—Grindelwald fue un digno rival.

—Eso he leído —asiente y es que... ugh. Les odia un poco a los dos Grindelwalds.

—Con ideas decididamente mal aplicadas.

—¿Cómo podrían haberse aplicado bien?

—No podían aplicarse bien.

—Entonces serían ideas equivocadas directamente... ¿no?

—¿Usted qué dice, Henry?

Henry mira a Minerva de reojo otra vez.

—No tengo idea, solo soy un niño —se hace el idiota de modo súper obvio

Albus Dumbledore tamborilea los dedos en su escritorio porque no, no va a sentarse aquí a mirarse en un espejo y a discutir este tema que tanto le cuesta, para que el muchacho le salte con esta tontería. Ya bastante tiene con el ministerio para estas cosas.

—No creo que vaya a ser sincero con ella aquí —interviene Gellert

—Estamos en un punto muerto...— Minerva está aquí por algo, le recuerda Dumbledore a Gellert. Porque a el también le incomoda su presencia para hablar libremente. Estos son mis términos. Por eso estamos en un punto muerto. El no puede suponer que todo será en sus términos—. Bien. Me parece que por hoy es suficiente —Dumbledore le sonríe a Henry—. Que tenga un excelente día.

Henry frunce el ceño.

—El terror sigue dominándote, Albus —se ríe Gellert.

—Supongo que así será —sentencia el niño levantándose y Minerva sigue frunciendo el ceño porque ¡es que se va sin castigo!

—Terror... —repite Albus para Gellert.

—Por eso quieres aquí a Minerva

—Justamente porque a ti no te parece necesaria, Gellert.

Él se ríe

—Y eso que le he traído aquí con Minerva... no quiero contarte que ocurriría si le trajera con mi hermano.

—No creo que tarde en ir a verle igualmente.

—Debería yo ir a advertirle antes... —y es que mira a Henry y se gira a Minerva esperando desde ya elnregaño.

—Sí, o va a asesinarte —se ríe Gellert. Minerva se va tras Henry poniendole una meno en el hombro a Albus al pasar tras él y es que no tiene ningún caso... pero ninguno intentar detener a Minerva. Ya asume que va a reñirle por... absolutamente todo y tendrá cierta razón. Dijera lo que dijera Gellert, la necesitaba esta vez. Se levanta y aprieta los ojos porque... ugh.

—Voy antes a darme un baño... iré con Aberforth después de comer.

—Va a encantarle verte dos días seguidos —sigue Gellert

—Va a matarme igual, en realidad... "Oh, Aberforth, tengo a un muchacho Grindelwald en la escuela que quizás sea nieto de Gellert. Está investigando un poco obsesivamente, puedes no darle toda la información que quiere, pero si darle algo"

—Seguramente va a estar encantado de darle información con lo bien que le caía yo.

—Va a matarme —es que de nuevo es lo único que puede concluir, caminando con lentitud y cuidado hacia su cuarto.

—Sí y eso que hoy casi no puedes moverte, así que será fácil

Albus se ríe.

—Ríete, ríete... aprovecha el tiempo antes de tu destino fatal.

—No sé como esperas tu pasar tus últimas horas de vida, pero a mi me parece que no lo estamos haciendo tan mal...

—Definitivamente, trabquilo relajado y aburrido en un lugar pequeño e incómodo que imagino tras tanto tiempo ya me parecera acogedor y me habré acostumbrado.

Albus aprieta los ojos.

—Aun así, me haría gracia ir contigo a mi propio entierro, una situación un poco extraña.

—Deberíamos ir a verte antes de que ocurra eso... aunque nadie sabe, en relalidad, quien se irá primero.

—Ah, ese asunto recurrente de nuevo, desde luego. Tal vez podrías llevarte a Henry. Sería instructivo para todos.

Albus le sonríe un poco y se humedece los labios, pensando sin querer hacerlo, en qué tanto pensará Gellert en el estando en su micro celda aburrida.

—Ven, ven aquí... —le pide haciendo un gesto con la mano.

—En como matarte, obsesivamente. Y en como escapar —se acerca—. Tal vez esté publicando trabajos teóricos bajo seudónimo.

—Eso... tendría bastante gracia —eso es lo que querrías tú hacer con él. Escribir, cosas teóricas. E ir a jugar ajedrez. Y hablar.

—Nunca lo sabremos. ¿O crees poder reconocer mi estilo?

Levanta una mano y le toca la mejilla, mirándole a los ojos. Gellert le sonríe

—He leído todo lo que ha caído en mis manos y nunca te he encontrado detras de ningunas palabras.

—Salvo en las cartas obsesivamente bien guardadas. ¿Me buscabas, a caso?

—Ha dicho Henry que eras un hito en mi vida...

—Supongo que derrotar a la mente más brillante del siglo veinte lo sería para cualquiera —sonríe.

—Tu estuviste realmente cerca... —se ríe un poco y se quita la ropa con un movimiento de varita.

—Pero el hito en mi vida fue todo lo anterior —baja la mirada un instante

—Sabes bien, que el hito en MI vida fue ese verano... completo —nota la mirada, y se sonrojaría un poco is no viniera esa mirada desde su propia cabeza.

—Los buenos viejos tiempos... tengo que admitir que a mi también me ha dado ganas de entrar al pensadero a verlo.

Piensa por un instante que... no se atreve a mirarlo de nuevo. Aunque sí que lo ha hecho alguna vez.

—Ya lo sé, ya lo sé, y menos con lo candente que está el tema ahora —se encoge de hombros—. Aunque como Henry siga en esa linea vas a tener que comprobarlo con cosas más pausibles.

Y es que sería tan simple, ir ahí e invocar a su recuerdo... podía recordarle casi como si fuera ayer, el placer idiota de cada palabra, cada idea.

—Quizás tengas razón... —se mete a la bañera.

—Seguro que él querrá ir tarde o temprano si sabe de las cartas —se mete a la bañera también, frente a él.

—No. No vamos a ir entonces, Gellert —y es que ÉL, su propia y completamente evidente fascinación con Gellert. Le preocupaba bastante que conociera a Gellert y le tomara como modelo, pero... ÉL. Le preocupaba bastante que conociera a Gellert y le tomara como modelo, pero... ÉL, su propia imagen de adolescente idiotizado, que no tenía ni idea de qué decía, le preocupaba muchísimo más.

—Desde luego, se daría cuenta completamente de que las cartas solo era una pequeña parte —se echa un poco más apoyando la cabeza en el borde y cerrando los ojos, relajado.

—¿Y qué te hace suponer, Gellert, que yo estoy dispuesto a compartir eso con él?

Sonríe sin abrir los ojos.

—Gott sei danke por Minerva.

—¿Qué quieres decir con eso? —Albus frunce el ceño. Gellert abre los ojos y se ríe.

—No te enfades, bien que lo sabes —responde por, otra vez, el asunto de ella quedándose ahí a cuidarle para que no tenga tanto poder sobre él.

—Ni siquiera TÚ eras capaz de conseguirlo todo conmigo... —protesta aún con el ceño fruncido. Gellert se ríe otra vez.

—Porque eras extremadamente bueno ocultando información. A saber qué habría hecho de haberlo sabido —sonríe de lado y es que el sabe lo que hubiera psado PERFECTAMENTE bien

—¿Sabes? Me preocupa más... el alcance de Henry —cambia el tema—. Especialmente en relación a Minerva. Si no quiere hablar con ella presente, ¿qué tan probable es que intente quitarla de enmedio?

—Bastante probable... no es que parezca falto de ambición.

Y es que ahí, justo ahí, estaba el límite del juego.

—Tampoco parece tonto.

—Hombre, no va a hacerle daño... supongo.

—Si la toca, a ella o a cualquier alumno, profesor, elfo o cualquier elemento de esta escuela...

—Tampoco te creas que se tolera en Drumstang, recuerda porqué me echaron a mi.

—Y es una excelente oportunidad para que le echen como a ti

—El peligro potencial siempre existe... Aunque Minerva sabe defenderse —recuerdo rápido sobre el corazón helándosele.

—Confío en que él será más listo que tu en eso —mano al pecho—. No deja de tener diecisiete años.

—Un año mayor que yo...

Es que evidentemente lo estaba pensando ya. Aprieta lo sojos. Gellert se vuelve de esa edad en apariencia.

—Minerva no es ella... pero quizás... —le mira y se sonroja un poco—. Debería tener más cuidado —Y es que... se parece. No del todo, aunque ahora mismo no está seguro de que el chico que está recordando sea del todo Gellert... o una bonita mezcla entre Gellert y Henry.

—Ella fue un accidente.

—Fue mi culpa.

—No quiero ni pensar como acabarías si le pasara algo a Minerva a causa de esto —ojos en blanco.

—Quizás no debí meter a Minerva en esto.

—No le va a pasar nada, lleva un montón de tiempo lidiando con niños como él.

—¿Y si sí le pasa, Gellert? ¿Y si le está pasando... en este mismo momento?

—¿Qué vas a hacer? ¿No volver a separarte de él hasta que acabe el curso?

—Lo que quisiera es... poder confiar en él.

—Tienes que ganartelo.

—No lleva ni siquiera venticuatro horas aquí... y ya usó mi varita, contra mi. Vamos a llegar a ello, va a ver cosas... no le voy a devoler a Drumstrang.

—Y pareció encantado. Lo bastante como para volver a buscarte él solo en domingo por la mañana

—Sólo tiene que esperar un poco... quizás podría mandarle unos caramelos de limón a su cuarto.

—Según lo que dijo, podrías directamente entrar a su cuarto.

—Lo cual... es una regla. Diga lo que diga, la regla de la reciprocidad —sonríe un poco—. Eso me recuerda que tengo que cambiar la contraseña.. con lo que me había gustado esta. Quizás vuelva al coulant de chocolate.

—Tal vez deberías hacerlo, igual que la legerimancia. Saldriamos de dudas sobre ciertas cosas

—Quizás, aunque... eso va a darle la idea de que puede leerme la mente. Claro que... —sonríe, porque, buena suerte con ello Henry. Él es hábil para eso.

—¿Y? ¿Crees que será más hábil que tú? Tal vez sí pueda hablar yo con él si viene aquí.

—Gellert... escúchate. No vas a hablar con él aquí, no va a saber que existes aquí —protesta un poco, empezando, si apenas, a bañarse.

Se ríe. Dumbledore sonríe un poco igual y suspira.

—¿Crees que Minerva está bien? En general... parece contenta, ¿no?

—Esperemos que no demasiado, porque como te pida repetirlo va a ser ella la que te matará en dos días.

Se ríe un poco, apretando los ojos. Gellert se ríe un poco con él.

—Se... siente bien. Ella, en general —confiesa de manera un poco tímida incluso, enjuagandose la barba. debe tomarle siete horas esto.

—Pues claro que se siente bien, por eso está todo el universo obsesionado con ello.

—Ya, ya lo sé... quizás no debiera acostumbrarme demasiado —el fatalista

—Ahora que van a matarla...

—Gelleeeeeeeeeert... —le riñe, aunque se ríe igual—. Ah, por cierto, he visto que ha llegado el Encantations today —se estira para tomar su varita y hacer un accio—, trae la segunda parte del artículo del mes pasado... —Y ahora lo hemos perdido...