Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Como siempre, mi facebook es Lobo Susurro Nocturno , agregadme si quieren. Son bienvenidos.

Blog personal con fanfics exclusivos realizados por el mismo autor:

contraluznocturno. wordpress. Com

DIRECTO. Sí, nuevo directo. Mira la información al terminar el capítulo en la sección de Reflexiones. DIRECTO.

Me ha encantado que me hayáis extrañado. Yo también os aprecio mucho.

Esta semana han cumplido años: Elizabeth Lestrange, Paola Martinez y Martha Velazquez. Felicidades a las tres.

Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar una review o postear un MP:

Roselangley02 (Debes sentirte poderosa con ese primer comentario. Eres demasiado rápida) Rarie-Roo(Gracias por la acogida y el cariño. Adoro tus reviews) ,Jiore (Volvi, cargado de amor. Kuv Kuv ya tiene que mentalizarse) ShayeraRogue (Gracias por la review y gracias por darme una oportunidad. A mi y a Asami María Guadalupe) Zhio Jarjayez (Wan creo que hubiera quedado sorprendido) Murasakii-11 (No me has extrañado pero extrañaste la historia) AlexandraArcher (Gracias por tu comentario. Eres genial. Como siempre) aile1323 (gracias por leerme. Espero ganarme más reviews y bienvenida) RiverKinsey (Me alegro de que actualicé y me encuentre con un mensaje tan positivo. Gracias) AvatarYumiko (El fin del hiatus y la alegría para todos. )Soulwolf Dark (Muchas gracias por la felicitación y espero que veas como la rompo ahora físicamente) Love is a wild animal Danirock (Sí, 700, no me lo creo. La verdad es que estoy sorprendido de ello) Berry92 (muchas gracias. Eres estupenda) Berenice GS (Sí, tan pronto un año. A mi también me ha sorprendido)gumilady (que bueno que por fin has podido ponerte al día) Alexandraarcher (En poco tiempo, lo bueno empezará) , Obini (Las recuperaciones son dolorosas, también lo sé. Gracias por animarme), HanelBlumatuna (Eres adorable y me encanta que te agrade lo que estoy haciendo. Muchas gracias por estar apoyandome). Tazura Tsurugi (¿Te has atragantado? Espero que con este no te mueras. ¡Aguanta!) Berry92 (eres muy considerada. Como siempre. Gracias ) (espero que vuelvas a escibir o al menos sepamos de ti. Por cierto, precioso tu trioplushie) Niofuyuyima32 (ya empieza su vida juntas. Teme lo peor y espera lo mejor) , Annimo (Gracias por tu review. Un placer verte), jaydisita8709 (Cuesta aceptar ayuda, sobretodo si eres como Korra. En eso tienes razón), Guest(Gracias) westj jori. (Muchas gracias por la felicitación. Y gracias por leerme)

Capítulo 36

Era de mañana, con las niebla matutina aun reinando en las calles, cuando Kuvira salía a correr. Le gustaba correr temprano, con la única compañía de su respiración acompasada con la marcha, y con las luces de las faroles aun prendidas. Esas luminarias aun permanecían encendidas hasta poco antes de que ya amaneciera y eran, sin haberlo planeado, las testigos que hacían vigilia entre la noche y el día.

Vestida con mallas negras, una chaqueta polar y un gorro gris, atravesaba la niebla por las calles y los parques cercanos a su domicilio hasta que le quemasen las piernas. Kuvira necesitaba esto, más que a nada. El día se presentaba complicado y debía acatar todos los mandatos que se le exigían, aunque estuviera claro que algo no le agradaba. Algo con nombre propio: Korra. Tenía un mal presentimiento con aquella joven y no era para menos teniendo en cuenta todo aquello que había realizado anteriormente. Una joven que no hacia más que atraer problemas y que parecía haber ejercido algún efecto magnético en la señorita Sato, la cual había tomado el rol de protectora de causas perdidas con aquella joven. No era que fuese malo que se preocupase por alguien en su estado pero ella tenía la palabras 'problemas' marcada a fuego.

La guardaespaldas no podía hacer otra cosa que callarse y asentir, esperando no tener que volver a rescatar a su jefa de un barrio de mala muerte. Recordar esos momentos la hacían molestarse ante la situación. Era como si la persona a la que tenía que proteger no se preocupase de cuidarse de personas dañinas. Al final, muchos buenos samaritanos acaban muertos por regalos envenenados.

Por fin, varios kilómetros dando vueltas a su barrio después, las piernas le ardían y su mente estaba más clara que antes. Puede que no pudiera salvarla de sus propias bondades pero la salvaría de sus propios defectos.

Subió a su apartamento, iniciar su ritual matutino. Siempre, todos los días, tuviera que trabajar o no; llevaba a cabo la misma rutina precisa por las mañanas. Correr no era algo que hiciese todos los días, pero esto era de obligado cumplimiento. Todos los días, la mujer de ojos verdes se levantaba, sacaba de la nevera la mantequilla, y realizaba una serie de estiramientos mientras contaba desde veinte a hasta cero. Luego preparaba una tetera llena de agua a la que dejaba en el fuego y a su lado colocaba en una pequeña olla un huevo para que se cociese. Era una persona tan metódica y precisa que sabía que le llevaba ducharse, la tetera estaría hirviendo, y en el tiempo que le llevaría terminar de arreglarse, lo estaría el huevo.

Kuvira se había acostumbrado desde muy joven a economizar su tiempo para poder desempeñar varias tareas a la vez y sus mañanas era una muestra de su pulida técnica. Técnica que la llevaba a ducharse y secarse en un tiempo determinado para poder ir a retirar la tetera del calor, mientras su cuello tiembla y se encrespa al sentir las gotas de agua enfriándose por su espalda. Una de las ventajas de vivir sola era poder caminar desnuda por el apartamento sin temor a que alguien te reproche nada. Y allí estaba ella, quitando la tetera del fuego y vertiendo el agua caliente en una taza, completamente desnuda y con gotas cayendo desde su cabello a su espalda.

Pocos segundos después de aquel primer paso y de comprobar que todo iba correctamente con el huevo, volvía al baño a para secarse y peinarse. No le preocupaban las gotas de agua esparcidas por el suelo del apartamento, ni el frío matinal. Se hacia trenza desde que empezó a dejarse el cabello largo.

Cuando era pequeña, siempre tenía el cabello corto porque era más fácil de lavar. Su madre tampoco la peinaba, como hacían todas las madres con sus hijas al parecer, y solamente se limitaba a decir: "corto no tendrás el cabello tan sucio". Puede que fuera por envidia hacia las hermosas melenas de sus compañeras de clase, puede que fuera creyendo que con el cabello largo su madre la peinaría; pero siempre quiso dejárselo crecer. No pudo dejarse crecer el cabello hasta que fue más mayor y llegó Su. La antigua bailarina fue la primera persona que le peinó el cabello, con calma y suavidad. Se tomaba su tiempo con cada pasaba y tarareaba una hermosa canción mientras lo hacia, relajando a esa ruda niña que estaba sentada ante ella. Después de eso, se lo dejó crecer y siempre le pedía a Su que tararease la misma canción.

La trenza le gustaba como lucía y hacia falta práctica para poder peinarse. Las procedimientos siempre le gustaron. Así que, una vez terminado su peinado, volvía a salir del servicio para preparar su desayuno.

Estando ya todo en orden, se iba a uniformar. Puede que sus trajes oscuros no fuesen llamativos, pero eran un uniforme obligatorio para todos los miembros de la seguridad personal de los Sato.

Con cuidado, la guardaespaldas abría un cajón con su ropa interior y más de una vez, antes de tomar su ropa interior deportiva, sacaba un conjunto de lencería de encaje y lo admiraba. No había que negar que ese tipo de prendas eran algo hermoso en una mujer, aunque para ella se veían mejor en mujeres menos musculosas. Ella era fuerte, con músculos fibrosos y definidos, tanto que intimidaría a bastantes hombres y los haría correr solo de ver sus brazos. Sin embargo, eso no quería decir que ella no tuviera una parte más femenina que admiraba los encajes y le encantase ser provocativa.

Sonreía al recordar como quedaba intimidado Junior cuando lo hacia esperar en la cama y aparecía con oscuro y un corsé a juego, para darle un espectáculo. Sí, ella también podía ser una chica mala.

Después de la ropa interior, una camiseta, el chaleco, la camisa, la corbata y el resto de un traje perfectamente planchado en la tintorería. Siempre llevaba la ropa del trabajo a la tintorería por dos motivos principales. El primero era que los trajes eran caros. El segundo era que se le daba fatal planchar. Por ultimo, La funda de su arma bien afianzada y su fiel Glock .19 con ella.

Al fin estaba lista, en menos de cuarenta minutos y con el desayuno ya preparado. Le gustaba desayunar un huevo duro, tostadas con mantequilla y mermelada, y un té negro. Ella amaba el té y solamente usaba el café para mantenerse despierta.

Allí estaba ella, ajustando su corbata y colocándose una servilleta en el cuello, siempre lo hacia para no mancharse, cuando escuchó el timbre. Aquello resultaba extraño porque no solía recibir muchas visitas y menos a estas horas.

-¿Quién será? – mascullaba molesta. No le agradaba que la interrumpiesen en el desayuno, pero se levantó a abrir. Por la mirilla de la puerta observó un rostro familiar, con un gorro lila y una bufanda a juego. Ambos, regalos hecho a mano de su madre.

Le hubiera gustado decirle que no podía pasar, pero siempre le alegraba el día tener a la pequeña de los Beifong cerca.

-Buenos días, Opal – saludó al abrir la puerta.

-Buenos días – sonreía, luciendo esa sonrisa tímida que solo le mostraba a ella – Sabía que no estarías despierta.

-Adelante, pasa – la invitó a entrar. No era cortés tener a alguien esperando en su puerta.

Al entrar, la escolta se fijó en una gran bolsa que portaba la otra chica. Aquello no hubiera resultado llamativo, sino fuera porque ya presuponía que venía enviada por su madre con algunas sobras de días pasados. Su la trataba como si fuera una hija recién emancipada, algo que le hacia sonreír.

-Veo que vienes cargada de comida envasada – bromeó tomando la bolsa para que la bailarina no se agotase – Presupongo que algo de todo esto será para mi.

-Sabes que es todo – corrigió mientras estiraba las manos, entumecidas por el peso – Por fin vuelvo a tener riego sanguíneo en las manos. Viva.

-No debería de molestarse – sabía que era algo complicado y más aun cuando ella vivía en un barrio algo alejado – Ni tu tampoco.

-No me importaba – perezosamente comenzó a quitarse el gorro y el abrigo – Sabes que me encanta venir a visitarte.

Kuvira comenzó a examinar los envases y a guardarlos en la nevera. Algunos venían con un recordatorio de fechas. No pudo evitar sonreír cuando encontró un buen pedazo de la famosa y deliciosa lasaña de Su entre la comida.

-Por favor – Opal se quejó y señaló el huevo duro, ya descascarillado, que se reposaba en el plato – Siempre comes lo mismo. Ni que vivieras en la cárcel.

-No exageres – se defendió la otra joven mientras guardaba los últimos envases.

-Tienes razón – y con cierta malicia, atacó una tostada con mantequilla y algo de azúcar – En la cárcel seguro que tienen más variedad.

-Muy graciosa – replicó, recordando que era muy temprano y que los ensayos de la bailarina no eran hasta dentro de unas horas – Siento que hayas tenido que venir hasta aquí. ¿Quieres que te preparé algo?.

Opal alzó una ceja, dubitativa entre si reírse o lanzar un comentario tragicómico hacia el estilo de desayuno. Acusar a la anfitriona de que siempre hacia el mismo desayuno no era malicia, sino un hecho constatado.

Sin decir nada, la joven de menor complexión apartó Kuvira y abrió la nevera de nuevo, escudriñando entre todas las posibilidades para tomar algo más consistente. Con una sonrisa, extrajo una de los envases.

-Mejor tomemos algo de miel con la tostada – rebuscó un poco más, hasta arrastrar algo envuelto – Y un poco de bizcocho

-Es algo muy denso para mi. También para ti – ella debía cuidar su figura para sus ensayos. El ballet era un desempeño tremendamente exigente.

-Tranquila – la disculpó – Hoy es teoría de técnica y vídeos de actuaciones que realizaremos. Buscan que aprendamos a memorizar movimientos rápidamente.

-Pero te dirán algo si se enteran de todo lo que comes – sabía que el mundo de la danza era exigente.

-Tengo el metabolismo de mama – sonrió sabiendo que nunca la iban a descubrir – La bendición de los Beifong.

No importaba cuanto comiesen, los Beifong siempre estaban delgados. Aquello era una maldición para hombres como Junior, el cual nunca pudo lucir su físico debido a que solo era un conjunto de piel pegado al hueso. No obstante, ese metabolismo era bondadoso con las mujeres y les permitía. Tanto Opal como su madre tenían buenas caderas, vientres marcados y cuerpos levemente torneados. Incluso Su se conservaba extremadamente bien para alguien de su edad.

La hija era una belleza de gran apetito que disfrutaba de la comida familiar, se quejaba de que algún día iba a terminar bajando las escaleras hecha una bola aunque era sabido que aquello nunca iba a suceder. Mientras tanto, podía sonreír sabiendo que sus modestas curvas estaban bien cuidadas y que su cuerpo respetaba ciertas partes de su anatomía. La suerte de presumir de curvas sin miedo a perderlas.

-Aun así, no deberías comer tanto por la mañana – su forma de alimentarse era la opuesta a la escolta.

-Piensa que ahora disfruto de mis últimos días – aquello sonaba como una condenada a muerte gozando de la ultima hogaza de pan – Cuando empiece la pre-temporada de danza si tendré que comer lo que se me manda porque controlarán todo.

Después de su alegato vertió un poco de miel en su tostada y le guiñó un ojo a su inesperada anfitriona. No importaba el motivo, por alguna extraña fuerza de la naturaleza, Kuvira no podía enfadarse con esos ojos opalinos que brillaban casi como si fueran la misma piedra preciosa. También sabía que de poco o nada iba a importar que discutiera con ella, siempre iba a desmantelarla con una mirada de perrito callejero seguido del consecuente: "por favor". No queriendo sentirse humillada, simplemente se sentó y cortó el hueco a la mitad para ofrecerle una parte.

-Toma – y orientó el pedazo de huevo duro hacia su invitada – Al menos toma algo que no sean dulces.

Durante un par de minutos todo se desarrollo con la cotidianidad de repartir el desayuno, cortar las porciones y calentar un poco de té para Opal. Esta ultima se sentó llena de alegría por el aroma que desprendía su taza de té, sosteniéndola con ambas manos y calentándolas a su vez.

-¿Qué tal con Asami Sato? – se aventuró a preguntar la bailarina.

-Bien, bien – contestó ella con cierta duda – Supongo.

-¿Supones?.

-Ahora mismo es algo bastante complicado.

-¿Por la amiga de mi prima? – aquella pregunta inocente casi congeló la sangre de Kuvira en el acto.

-¿Cómo sabes eso? – su sangre había quedado helada y ante la idea de un rumor ya expandido, su corazón se convirtió en un iceberg.

-Porque es mi prima. Tonta – Opal se burló de ella intentando imitar el tono serio de Kuvira – No, Opal. Es tu prima, pero no le hables.

-Yo no hablo así – se sonrojó ante la burla y señaló a su anfitriona.

-Sí. Hablas así – afirmó riendo – Tranquila. No todos tenemos que ser serios y tajantes como tu.

La joven de cabello trenzado hizo un leve mohín, molesta por ser tomada como un mal chiste, y se limitó a comer su tostada.

-Venga, no te enfades – la chica más pequeña se levantó de su asiento y se acercó a su anfitriona para darle un beso en una mejilla – Por favor. Por favor. Por favor.

-Intento estar enfadada contigo – refunfuñó sabiendo que su antigua compañera de aventuras tenía la facultad de ser casi tan maliciosa en algunos momentos como adorable en otros.

-Pero no lo logras – sabía que ese semblante serio ocultaba una forma de ser más amable – Es parte de mi encanto.

Odiaba que tuviera razón, pero así era. Con un vistazo rápido al reloj de pared del apartamento, se fijó en la hora. No iba mal de tiempo pero si se daban prisa podían pasear con calma un rato.

-Siéntate y terminate el desayuno. Así te acompañaré.

-Mejor te acompaño – rectificó la bailarina – Entras a trabajar antes que yo al ensayo.

-Vale – sabía que a Lin no le agradaban las visitas de su familia a Future Industries. Deseaba dejar su vida privada lo más alejada de la profesional, pero bastaba con que la sobrina de su jefa no la acompañase todo el tramo.

Al poco, ambas estaban fuera, ya abrigadas de la brisa matutina en sendos abrigos. Kuvira, portando una bufanda y una levita negra. Opal, cubierta con el el gorro y la bufanda que su madre le había tejido. A la escolta también le había regalado un gorro y una bufanda cuando su afición por tejer comenzaba, aunque los colores no eran los más idóneos para ir a trabajar. Un gorro verde con una intento de letra 'K' mal orientada, se había equivocado y la había colocado al revés, no entraba dentro de los estándares de vestimenta formal.

-Al final no me has contado que tal con Asami Sato – volvió a preguntar con cierta mofa.

Sabía que no iba a librarse del interrogatorio porque de contestar de una forma antipática, iba a sufrir las burlas de su amiga durante varias semanas. Lo mejor era contentarla.

-Bien – mejor no tentar al diablo, ni a una chica que guardaba la jaula de este entre los ojos.

-Venga – intentó sonsacarle más – Después del baile y de lo que semeja pasar alrededor vuestra. Debe ser molesto que otra chica aparezca en la ecuación.

-Una ecuación es una la respuesta exacta a una duda compleja. Aquí no hay preguntas o dudas a resolver – aquella era una frase que a veces decía Junior. Ella simplemente la había parafraseado.

-Pero te preocupas por ella.

-Es mi deber – especificó – Tu tía se preocupa por Hiroshi Sato y dudo mucho que quisiera meterse en cama con él.

-Pero yo no la vi besándose con alguien millonario – una replica cargada de tierra para el ataúd de excusas.

Ciertamente, aquel había sido un momento violento para ella. La señorita Sato era una joven atractiva que en un momento de debilidad, deseo o ebriedad; había besado a su escolta. El problema era que Kuvira se congeló sin saber que hacer. Una parte de ella hubiera querido seguir con aquel beso y probar un poco de esos labios, victima de una mezcla de deseo y meses de abstinencia. Otra parte, sabía que pondría en peligro su empleo y que era mejor dejar correr el agua. Al final, ganó la lógica frente al apetito sexual y dejó claro, en aquel beso necesitado, que la heredera era una persona necesitada de afecto.

-El problema es que fue un error de la señorita y no mio – al terminar la contestación ya sabía que había dicho algo estúpido.

"Dos no se besan si uno no quiere" se replicó a sí misma, "Hay que ser idiota para poner una excusa tan lamentable".

-¿Seguro? – una ceja inquisitiva evidenciaba que no le creía.

-Sí y dejalo ya – "No quiero hablar del tema" pensó en gritar, pero eso la haría ver más sospechosa.

-Entonces, ¿todo bien con la amiga de mi prima? – si una pregunta era mala, esta semejaba peor.

Otro tema que no quería tocar llegaba a la palestra: Korra.

-A veces, un cachorro rescatado de la calle puede ser rabioso. Y esa chica tiene en vez de tinta en los tatuajes, problemas vestidos en negro – durante un segundo necesitó una copa de whisky para soportar hablar de aquella chica.

Su amiga de la infancia le palmeó en la espalda con cierta fuerza, o al menos toda la fuerza de la que ella podía hacer escasa gala.

-Mejor quedemos un día y tomemos una copa – algo que hacía mucho que no hacían – Seguro que con unas cervezas te sientes mejor para hablar de esas cosas.

Unas cervezas y un whisky, mejor. Kuvira no era alguien acostumbrada a hablar de sentimientos y prefería evitar hablar de los suyos. Veía a Asami Sato como una rosa en medio de las hiedras venenosas, pero temía que terminase igual de marchita.

-¿Eso no sería saltarse la dieta de una bailarina? – no importaba que no pudiera engordar, tampoco debería abusar de una posible resaca – Incluso acabarías con resaca.

-Saber que no bebo tanto – contradijo avergonzada debido a que era una chica que no solía beber.

-Con resaca y dando vueltas – bromeaba con sorna – Seguro que vomitas por todo el lugar.

Los labios y el ceño fruncido de Opal evidenciaban que el comentario no le había agradado. Aunque acostumbrada a las peleas entre hermanas, le resultaba hasta molesto ser objetivo de tales bromas las lanzase su amiga.

-Pues iremos un día que coincidamos ambas con un día libre.

-Me parece bien – aunque no fuera partidaria de una "noche de chicas", mientras que la bailarina no quisiera ponerle rulos o pintarle las uñas, podía ser soportable.

Sin darse cuenta, ya había llegado al parque que rodeaba el edificio central de la empresa. La diminuta plaza rodeada de arboles yacía apagada debido a la mañana fría que estaban padeciendo. Aun no era verano y las mañanas de primavera podían amanecer con niebla y frío. Iba a ser una despedida rápida para evitar problemas pero los problemas sorprenden incluso en las mañanas más tranquilas.

-Buenos días – una voz seria y contundente cual ladrillo las interrumpió.

Aquella voz era fría y contundente, reflejando la efigie de alguien que había visto más de los que muchos creerían. Lin Beifong.

-Buenos días, jefa – Kuvira sabía perfectamente lo que opinaba su superiora sobre mezclar familia y trabajo.

-Hola tía – Opal estaba aun más perdida. No sabía si acercase y darle dos besos, abrazarla, darle la mano o cuadrarse firme como un militar. Ante tales posibilidades, optó por la opción más simple: quedarse quieta y no hacer nada.

-Buenos días, Kuvira. Buenos días, Opal – su mirada, afilada como la de un halcón, las fue desmontando poco a poco hasta que preguntó – Creo recordar que les pedí que no mezclasen familia y trabajo. Que mi sobrina esté aquí dista mucho de ello.

Sería, con un semblante similar al de una estatua y unos ojos penetrantes que daban la impresión de otear hasta tus pecados cuando se posaban sobre ti. Así era el semblante de la persona que siempre se mantenía vigilante en cuanto a la seguridad de la familia Sato. Lin Beifong era esa persona que había aprendido a imponer respeto solo con su presencia y su porte militar. Por desgracia, aquello no era muy efectivo contra su propia familia.

-Tampoco tienes que exagerar así, tía – Kuvira se congeló cuando escuchó a la sobrina de jefa hablarle así – Solo he pasado la acompañé a trabajar.

"Ese porte autoritario de los Beifong es cosa de mi mi tía y mi madre", solía decir la joven de bailarina cabello corto. Siempre era su respuesta. Podía contradecir a su tía porque ya estaba inmunizada contra la mirada de hielo, gracias a haberla sufrido mil veces a manos de su propia madre. Esa mirada era lo único que hacia que ella y sus hermanos dejasen de pelear.

-Future Industries tiene enemigos – replicó la mujer más mayor – Y yo me encargo de la seguridad de todo el lugar.

-¿Y?.

-Que si quieren hacerme daño empezarán por mi familia – Lin no ocultaba su malestar, incluso la pose marcial que solía tener se descompuso levemente. No estaba acostumbrada a que le llevasen la contraria.

-Si quisieran hacer eso bastaría con buscar en el registro civil – era como si la sobrina no pudiera entender la situación y necesitase dejarle bien claro que dichas medidas le parecían estúpidas – Incluso podrían buscar nuestro apellido en Internet.

La mujer de cabello trenzado observó claramente los fallos de planificación que mostraba dicha medida de seguridad preventiva, pero no iba a volcar la ira de su superior contra ella. Al menos, no ahora.

-Da igual – era como si ella se viera sin excusas – Vete por favor.

Con un resoplido, la más joven de las tres giró sobre sus talones y se retiró dando grandes zancadas, hasta cruzar la calle. No se despidió de ninguna de las otras dos mujeres, simplemente zarandeó la mano a modo de saludo cuando llegó al paso de peatones. Luego, apuró el paso hasta subirse en un bus que estaba realizando una parada.

En ese momento, Kuvira decidió envalentonarse y preguntar el motivo por el cual su jefa había comenzado a caminar como si nada hubiera pasado. Ignorando completamente la forma en la que había hablado con la joven que ya se encontraba sentada en el bus.

-Lin, ¿no te importa haber molestado a tu sobrina? – esta vez era ella quien presentaba una mirada inquisitiva.

-Se le pasará – contestó sin mucha preocupación, continuando su camino hacia el rascacielos – Es por su bien.

Esta vez era Kuvira la que tuvo que dar sendas zancadas para alcanzar a su jefa. Era el momento de pedirle unos cuantos minutos y atender la petición de la señorita Sato.

-Tenemos que hablar en privado – no dijo nada más y no hizo falta. Ambas se conocían muy bien como para saber cuando la otra requería atención por algo importante.

Kuvira nunca hubiera pedido hablar en privado si fuera algo superficial y eso era algo que la mujer más mayor sabía muy bien.

-Acompañame.

El metal de la entrada de las oficinas contrastaba con la losa oscura del suelo o con las paredes con listones de madera oscura colocados en vertical y que rompían la homogeneidad de las paredes pintadas de un blanco pálido. Aquellos pocos metros donde todo estaba bien elegido y ordenado para denotar solemnidad y grandilocuencia, estaban predispuestos para hacer destacar unas enormes puertas, también de metal pulido, que estaban abrazadas por dos estatuas de guerreros armados que portaban el lema de los Sato en sus escudos.

-Buenos días, – saludaron las guardaespaldas casi al unisono

-Buenos días – obtuvo como respondieron de Bee y Longshot

Al cruzar las enormes puertas y adentrarse por un pasillo lleno de administrativos que realizaban labores de gestión, la joven de ojos cetreros no pudo evitar preguntar.

-Sígueme – dijo Lin abriendo una sala de juntas y entrando tranquilamente.

La mujer de mediana edad se sentó pesadamente en una de las mullidas butacas que rodeaban una mesa rectangular de caoba. Ya no tenía ojeras, pero aun reflejaba el cansancio en sus ojos.

-¿De qué querías hablarme? – se notaba que estaba molesta por esta pequeña reunión. Más bien, porque aun seguía molesta con Kuvira.

-¿Estamos seguras? – aunque en esas salas no se grababa nada sin que la jefa de seguridad lo supiese, tenía que cerciorarse.

-Claro – afirma con cierto atisbo de intriga – ¿Qué sucede?.

Durante unos segundos, la chica del lunar sintió como la camisa la ahogaba y sintió la necesidad de aflojarse la corbata, algo que no llegó a hacer por respeto a su propia indumentaria.

-Quería hablar sobre la seguridad del edificio donde vive Asami Sato – era mejor que la tratase con la formalidad de una jefa y no la familiaridad de una protectora.

-Ese sitio es uno de los rincones más seguros que hay en la red de seguridad – expuso creyendo, erróneamente, que se trataba de alguna falla de seguridad – Así que no debes de preocuparte.

-No es por eso – la bomba comenzaba su inexorable cuenta atrás – El motivo es por quienes ven las grabaciones.

-¿Cómo dices? – empezó a masajear lentamente un lateral de su cabeza. Tenía un leve dolor de cabeza que semejaba querer aumentar con la charla.

-La señorita Sato quiere que restrinja el visionado de las grabaciones y permita ciertas visitas – las visitas de la heredera eran notificadas a su padre al día siguiente y ello conllevaría un gran problema.

-¿Lo dices por la ambulancia que trasladó a alguien al ático? – ese era el motivo de su creciente dolor de cabeza y ya sospechaba el motivo de aquella charla.

-Así es – Kuvira tragó con fuerza antes de decir lo que iba a decir – La joven del hospital esta recuperándose con Asami Sato.

Lin se inclinó sobre la mesa y comenzó a masajear ambas sienes con bastante insistencia. Iba a necesitar una caja de aspirinas después de esta conversación.

-Has fallado.

-¿En qué?.

-En proteger a la heredera de este maldito imperio.

-Eso no es cierto – mentía descaradamente.

"Si ahora le digo que tuve que ir a buscar a Asami a un barrio de mala muerte, me matará", pensó la joven del lunar en el rostro.

-Pues dime el motivo por el cual le permites codearse con yonkis y busca problemas – su voz fría y dura se hizo más afilada y amenazante.

-No puedo tomar decisiones por ella. Es mi jefa.

-Hiroshi Sato es tu jefe – replicó la mujer de cabello canoso – Y el mío también. Tiene ordenes muy claras.

-Controlar a su hija como una presa en una jaula de oro – conocía sus obligaciones pero no le agradaban.

-Cuidar a su hija no es eso – Lin actuaba de abogada defensora – el señor Sato se preocupa por ella.

-Pues Asami Sato se preocupa por esa joven – sentía que su jefa era como una bomba. Y estaba a punto de explotar.

-No deberías haberte comprometido – solventó – Voy a sustituirte por otro escolta.

Cada movimiento que hacia Beifong con sus dedos en sus sienes, era como ver el reloj de una bomba avanzando. Kuvira sabía que vendrían problemas, pero debía actuar.

-No lo haga – rogó – Ella confía en mi.

-Pero yo no – matizó su jefa con desdén – Me importa una mierda lo que piense ella de ti.

-¿Y su hija? – había decidido lanzar la bomba y jugar la carta de Toph.

Sorprendentemente, la mujer no hizo absolutamente ningún movimiento. Ante la mención de su hija no saltó y gritó, como se hubiera esperado, simplemente dejó de intentar mitigar su dolor de cabeza y apelmazó su cabello recogido.

-¿Qué has dicho de mi hija? – ni siquiera miró a la joven mientras hacia la pregunta.

-Su hija es amiga de esa chica. Esa chica se llama Korra. Si su hija tiene algo usted, seguro que sabría intuir si Korra era o no una mala chica. Es importante para ambas – hablaba rápido, sin pausa, porque no tenía mucho tiempo – Es importante para Asami y para Toph.

Segundos que parecían horas y sin respuesta. Solamente una pesada respiración que impactó contra la mesa caoba y aceleró el pulso de Kuvira. Ella sabía que su jefa iba armada, pero esperaba no empezar la jornada laboral con un balazo.

-Te dije que no metieras a mi hija en estos asuntos – respondió con la vista clavada en la mesa que tenía ante ella.

-Lo sé – sabía que era algo despreciable lo que hacia – Pero ella y sus amigas querrán ir a ver a Korra. Sin ayuda, no podrán.

-Quieres ponerme de mala ante mi propia hija – cada silaba expulsaba veneno – No sabría si decirte bien jugado, o felicitar a la señorita Sato.

-Ella solo quiere hacer lo correcto – prefería ignorar la excelente deducción de su jefa. No tendría mucho sentido.

-De acuerdo. Haré que controlen las grabaciones y solo yo tenga acceso – cuando por fin observó a la que fuera su protegida, solo pudo regalarle una mirada de odio y derrota – Espero que estés contenta.

-No es por mi – lo cual era cierto – Es por una buena causa.

-Me dan igual las buenas causas – quería dejar algo bien claro – Si no fuera por mi hija estaríais en problemas. Porque ni tu, ni esa chica herida, ni Asami Sato, podría salvarse.

-Me hago a la idea – agradeció que aquella charla no se fuera a saldar con un muerto.

-Pero recordad que jugar a la ruleta rusa con el diablo es una estupidez. Así que no tientes a la suerte.

-No lo haré – su corazón comenzó a latir más calmadamente – Y gracias.

-Ahora tienes que vivir aceptando una cosa.

-¿El qué?.

-Un bando.

Continuará...

Reflexiones:

Sé que dije que iba a aparecer Azula en este capítulo pero prefería que fuera un capítulo de los Beifong. Kuvira no es una Beifong, pero es como de la familia.

Opal se preocupa de su amiga y quería una charla tranquila antes de que avanzase la historia.

He querido dejar claro que Kuvira, como en la serie, es una persona minuciosa y organizada. Por otro cambio, Lin prefiere prevenir que lamentar.

DIRECTO DIRECTO DIRECTO

20 de Febrero

Canal: TheRealForFreak

Facebook: Lobo Susurro Nocturno

Horario

15:30 / 3:30 Mexico Centro, México

16:30 / 4:30 Bogota, Colombia

18:30 /6:30 Buenos Aires, Argentina

18:30 / 6:30 Santiago de Chile, Chile

-Con participación de los fans (agregando una cuenta a skype podreís participar en llamada)

-Os daré un adelanto de futuras ideas que elegirán los del directo y se materializarán en los meses venideros y si ellos están y quieren, pues genial.

-Diré un adelanto exclusivo del fic en ese mismo momento

-Puede que quiera jugar a algo para pasar el tiempo porque no sé si todos podrán estar.

-Veré la pelicula de Shyamalan sobre Avatar, The last airbender, para odiarla entre todos.

-Si tienes Steam o cuenta de origin, puede que te caiga algun regalo. Ve comprobando como de bien se comporta tu PC.