"El caballo se desplomó dando una voltereta, que envió a los jinetes despedidos."
Trunks maldijo mientras daba vueltas y se detenía en la nieve. Apretó los dientes con determinación, se puso de pie de un salto y corrió hacia donde se encontraba su esposa, inmóvil en el suelo. Ella lo miró en medio de una niebla, pero él no tenía tiempo para sacarla de ese trance. Por el contrario, la tomó entre sus brazos y comenzó a correr, desesperado, hacia la colina. En la cima, sus hombres le urgían con gritos alentadores a que tomara las cuerdas que bajaban por la ladera. Los cascos de, al menos una docena de caballos pronto llegaron donde se encontraba, impidiéndole la huida, pues se colocaron delante de él, bloqueándole el camino. Trunks observó por un momento a los bandidos que blandían sus espadas en el aire y dio un paso atrás mientras buscaba con los ojos un sendero abierto. Los hombres se movían en sus caballos, sonriendo como tontos deseosos de vengarse.
Trunks apretó los dientes con fortaleza y se dirigió hacia la izquierda, luego se detuvo a la derecha, evitando a sus enemigos, girando, en círculo, pero no pudo ir demasiado lejos. Con cada movimiento, los bandidos cerraban sus filas sin dejarle un resquicio que penetrar en sus fuerzas. Por último Trunks comprendió que no podía hacer nada excepto aceptar que estaba atrapado. La muerte parecía inminente, pues los otros lo habían rodeado por completo. No tenía ninguna posibilidad de escapar. Poco a poco cayó de rodillas, y llenando de aire los pulmones, se inclinó hacia su esposa con la intención de besarla por última vez. Entonces se dio cuenta de que los ojos de Pan estaban cerrados con una rigidez que hizo que su corazón saltara de terror. Sintió un nudo en la garganta al no detectar el más leve signo vital en los labios de su esposa. No pudo contener un profundo remordimiento que se gestaba dentro de él y, con ella en los brazos, echó la cabeza hacia atrás para gritar con todas sus fuerzas por encima del hombro:
-¡Goten! ¡Venganza!
La colina que estaba encima de Trunks pareció explotar cuando otra bala de cañón fue lanzada, esta vez en otra dirección. Los hombres que lo rodeaban se dispersaron como una familia de gansos asustados al escuchar disparos que penetraban por el otro lado del valle. Sólo uno mantuvo la calma suficiente y pidió ayuda a otros dos que estaban dispuestos a salir huyendo con el resto. Al lograr su atención, los mantuvo a punta de espada.
-¡Black quiere a estos dos de vuelta! –gritó el ladrón cuando cesó el fuego de los cañones-. ¡Ahora vamos, serpientes sin ánimo, atadlos a sus caballos y os liquido ahora mismo!
En el momento que siguió pareció que la cima de la colina explotaba lanzando valientes soldados que, colgados de sogas, se arrojaban desde el precipicio y descendían a saltos. Enfrentados a esta amenaza mayor, los tres ladrones se unieron con la premisa de mejor lejos que muertos. Levantaron los talones y los descargaron con fuerza en las ancas de los caballos, que empezaron una desenfrenada carrera hacia la entrada del cañón donde todavía quedaba un estrecho desfiladero abierto. Cuando se acercaron a él, tuvieron que detenerse de golpe, y giraron con rapidez sus animales para volar en la dirección opuesta pues Goten entraba con toda una compañía de húsares montados detrás de él, blandiendo sus espadas resplandecientes.
Trunks tomó el cuerpo exánime de su esposa en sus brazos y lo estrechó con fuerza un momento. Sentía tantos remordimientos que quería morir. Un sollozo estaba a punto de salir de su boca hundida en el cuello de Pan y las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos cuando sintió un movimiento ligero como el de las alas de una mariposa... el inequívoco latir del pulso. Echó la cabeza hacia atrás en jubiloso asombro mientras las largas pestañas oscuras se sacudían contra su mejilla. Poco a poco, Pan recuperó la conciencia con un rugido apagado. Lo miró con cierta vaguedad. Hizo un valiente esfuerzo por sonreír y Trunks no pudo contener una risa agradecida.
-¡Pan, mi amor! ¡Pensé que estabas muerta!
-¿Y no lo estuve? -Hizo una mueca de dolor al intentar mover su cuerpo.- ¿Esto es lo que sucede cuando sacas a pasear a tu esposa? Nunca voy a ser tan tonta como para volver a aceptar una invitación.
-¿Estás bien? -le preguntó preocupado.
-¡Nooo! -gimió-. ¡No me siento para nada bien! ¡Me duele todo, creo que en realidad he muerto y bajado a los infiernos, pues esto no es definitivamente el cielo! ¡Temo que todos los huesos de mi cuerpo estén rotos.
-Esto no es una broma del infierno, Pan! -le aseguró Trunks con una sonrisa divertida-. ¡Estas viva! ¡Y no sabes cuánto agradezco al cielo que así sea!
-¿Podemos irnos a casa ahora? -preguntó Pan esperanzada-. Me gustaría tirarme en nuestra cama y que mi cuerpo destrozado descanse una semana.
-Te llevaré, mi amor, tan pronto como mis hombres terminen con estos ladrones. -Trunks miró a su alrededor y se aseguró de que la marea del conflicto virara en su beneficio. Muchos de los bandidos habían sido tomados por sorpresa y estaban desarmados, mientras que otros, al percibir su inminente captura, se habían rendido sin pelear. Todo estuvo terminado en cuestión de minutos.
Trunks se puso de pie, y con Pan en los brazos, sonrió a esos increíbles ojos oscuros mientras los suyos se llenaban de cálidas lágrimas.
-Mi muy querida Pan, eres la joya más preciada de mi vida - declaró con suavidad-. Y te amo más de lo que unas simples palabras pueden transmitir.
-Ay, Trunks, ¡yo también te amo! -replicó Pan con la voz ahogada por la emoción. Envolvió los brazos alrededor del cuello y presionó su frente contra la mejilla mientras reflexionaba:
-Creo, coronel sir Trunks Brief, que te he amado desde el primer momento en que te vi, cuando venías tras los ladrones a rescatarme. Para mí, mi señor esposo, eres tan resplandeciente y galante como un caballero de reluciente armadura.
Contenta de estar de nuevo con él, Pan apoyó la cabeza contra su hombro mientras él la llevaba de regreso al lugar donde sus hombres rodeaban a los mal vivientes delante de la casa de Black. El príncipe de los ladrones y Broly estaban sentados en los escalones bajo la estricta guardia del teniente que había atado a sus prisioneros a un poste con una pesada cadena. Mai estaba de rodillas cerca de Black, limpiando el hilo de sangre que manaba de su labio superior. Parecía que los ojos del bandido sólo la vieran a ella, como si supiera que no le quedaba mucho tiempo para disfrutar de su presencia.
De repente, Mai se puso de pie mientras observaba en dirección a la entrada del cañón, donde un jinete conducía a su caballo a través de rocas
y escombros. Un momento después, Shu desmontó delante de la casa y Mai corrió por las escaleras. Abrió los brazos con un grito de alegría y se lanzó al abrazo de bienvenida de su hermano.
-¡Shu! ¡Parece que hubiera pasado tanto tiempo!
El explorador se echó hacia atrás para observar a su hermana y apoyó con suavidad una mano en el vientre mientras le preguntaba:
-¿Quieres que te vengue, Mai?
-¡Niet! ¡Niet! -Sacudió la cabeza y se apresuró por aclararsus sentimientos.- Shu, si pudiera, haría de Black mi esposo, pero él dice que ahora va a Moscú, que tal vez lo cuelguen allí.
-Por los relatos de sus andanzas, eso es lo que se merece. Yo no puedo hacer nada. Lo siento, Mai.
Con un gesto casi imperceptible, la mujer se alejó y volvió a subir las escaleras para entrar en la casa. En el silencio que sobrevino después que cerró la puerta se escuchó un llanto dolorido.
Shu se acercó a su comandante que estaba poniendo una compresa fría en la frente herida de Pan.
-Coronel, he visto una cosa muy extraña y quisiera su permiso para ir con un par de hombres a comprobar lo que está pasando.
Trunks levantó la vista mientras continuaba con sus tiernos cuidados.
-¿Qué piensa que es?
Shu miró a su alrededor, como contando el número de soldados, luego levantó el mentón, pensativo, y por fin enfrentó los curiosos ojos azules.
-Pienso, coronel, que hay al menos un regimiento entero, o tal vez más, de soldados, vestidos como plebeyos, pasando cerca de aquí. Cabalgan en línea, como si fueran una tropa organizada, aunque llevan vestimentas de campesinos. Sólo el jefe lleva una capa que me parece familiar y otro tiene las ropas de un boyardo. Me aventuraría a pensar que son, en su mayoría, soldados polacos en movimiento.
-¿Tan lejos de la frontera? -la pregunta salió de los labios de Trunks mientras retrocedía para mirar, asombrado, al explorador-. ¿Dónde cree que se dirigen?
-Cabalgan con rapidez después de haber oído los cañones, coronel. Hacia Moscú, tal vez, o en la misma dirección general.
-¡Debemos detenerlos!
-Debemos, coronel, ¿pero cómo? Tienen dos veces nuestro número...
quizás tres. Además tienen dos baterías de cañones.
Trunks llamó a un joven cabo y le señaló el caballo que había estado usando Black, el mismo que el ladrón le había robado tiempo atrás.
-Quite todo de este caballo, cabo, y ponga mi silla. ¡Y apúrese! Tengo que salir a echar un vistazo.
Regresó donde estaba Pan y la levantó con cuidado en sus brazos para llevarla a la casa, lo que arrancó una húmeda mirada a Mai, que se había acurrucado en un rincón de la cama a llorar. Un poco avergonzada, se puso de pie y con la mano señaló el lugar que acababa de dejar y lo alentó a que depositara allí a Pan.
-Cuidaré a su esposa, coronel. No tiene que temer.
Trunks aceptó su oferta y colocó a Pan sobre unas pieles que estaban esparcidas sobre la cama.
-Tengo que salir un momento-le murmuró con suavidad a su esposa mientras le quitaba un bucle de la frente-. Si puedes, descansa un rato mientras esté afuera. Volveré tan pronto como pueda.
Pan y Mai observaron en silencio cómo cruzaba la puerta. Con una mirada a su esposa, partió, y unos pocos momentos después, las mujeres escucharon el retumbar de los cascos de los caballos.
-Estoy demasiado sucia para descansar -se quejó Pan, apoyada en un codo-. Me gustaría lavarme un poco, si es posible.
Mai le señaló una enorme olla que colgaba de un gancho sobre el hogar. Estaba llena hasta el borde de agua hirviendo, y el fuego que se quemaba debajo acababa de ser avivado con trozos de madera seca que crujían bajo el recipiente de hierro.
-Iba a lavar ropa hoy, pero si usted quiere, llenaré una tina con agua para que se bañe. Si se sumerge en agua caliente, tal vez se sienta mejor.
-Creo que nunca he escuchado una proposición más dulce en toda mi vida.
Pan se dirigió al borde de la cama y, lentamente, se puso de pie, haciendo una mueca de dolor. Todo lo que podía recordar de la caída era que se había golpeado contra el suelo y que había sentido que cada parte de su cuerpo había sufrido el impacto sin piedad. Después, fue como si hubiera visto el mundo a través de una densa niebla y el aire se le hubiera paralizado en los pulmones. Algún tiempo después, Trunks la había levantado, ella había perdido la conciencia y no supo nada más hasta que escuchó el angustiado llanto de su esposo.
Entre las dos, dejaron lista la tina para que Pan se sumergiera en ella. Se lavó el cabello primero, y lo envolvió en una toalla; para cuando se hubo secado, ya se sentía lo suficientemente bien. En la bolsa que había traído Black, encontró ropas apropiadas, se vistió y estaba en el proceso de ayudar a Mai a transportar los cubos de agua sucia, cuando, de pronto, la mujer se detuvo, se ahogó con su respiración y se llevó una mano al vientre.
-Llegó el momento -anunció Mai con la voz quebrada cuando el dolor comenzó a ceder-. El bebé está a punto de llegar. -miró a Pan. -¿Usted sabe qué hacer?
Pan casi entró en pánico.
-¡No tengo la menor idea!
-Hay una mujer mayor que vive cerca del arroyo. Ella sabe qué hacer. Debe ir a buscarla y decirle que venga.
Casi una hora después, Trunks regresó y encontró a Black caminando ansioso en el pequeño espacio que le permitía la cadena que lo sujetaba. Preocupado por lo que acababa de ver, Trunks apenas se detuvo a considerar el aspecto del hombre, pero fue informado de los últimos acontecimientos en el campamento por el teniente que le impidió dirigirse hacia la casa.
-Lo siento, coronel. La mujer de Black está allí dentro dando a luz a su bebé. La condesa Pan nos dijo que nos quedáramos fuera. Supongo, señor, que esa orden también lo incluye a usted.
Trunks comprendió. Echó una mirada a Black y se dio cuenta de que parecía verdaderamente angustiado por lo que ocurría dentro de la casa. Parecía bastante extraño que ese bandido sin ley estuviera tan preocupado por la muchacha, lo que hizo pensar a Trunks si no había una posible cualidad de redención en el carácter de ese hombre que lo volvía vulnerable a los mismos cuidados y preocupaciones que el común de los mortales.
Goten cruzó el patio y subió al escalón inferior mientras esperaba que su comandante le prestara atención.
-¿Qué vistes allá? -preguntó.
-Al menos un regimiento de mercenarios entrenados por los polacos - respondió Trunks con sequedad, descendiendo un par de escalones para hablar con él.
Goten reflexionó un momento sobre el asunto hasta que aventuró una pregunta.
-¿Qué vamos a hacer, Trunks, con menos de la mitad de esos hombres?
-No podemos pensar que tendremos tiempo de regresar a Moscú y reagruparnos con el resto del regimiento a tiempo para atacarlos en el campo. Cuando partimos, el general Shapner exigió que el resto de nuestro regimiento quedara bajo su mando durante mi ausencia. Como sé que el hombre es proclive a ciertas ideas extrañas, estoy seguro de que lo ha despachado en alguna misión urgente o algo así. Lamento no haber tenido la precaución de haber traído todo el regimiento con nosotros.
-Trunks, no querías ser descubierto antes de que ocupáramos la colina. Tu meta era capturar a Black y sus bandidos y la misión se ha cumplido con éxito. -Goten hablaba con la lógica de un buen amigo que odiaba ver que su comandante se echara la culpa de no ser capaz de ver el futuro con claridad.- Ninguno de nosotros esperaba esta intromisión extranjera en nuestra tierra. Sin embargo, me parece difícil creer que esos mercenarios intentan atacar Moscú con menos de un ejército completo.
-Estoy seguro de que sabes de los dos últimos intentos de los polacos de poner sus hombres en el trono. Por lo tanto, me aventuraría a adivinar que los mercenarios están esperando tomar Moscú por sorpresa de nuevo, lo que no es descabellado si el general Shapner ha sido lo suficientemente tonto como para dejar la ciudad indefensa.
Black hizo una pausa en su incesante caminata para escuchar a los dos oficiales, y, después de un momento, se puso de cuclillas en el escalón superior y los miró un largo rato hasta que se dignaron a prestarle atención. Su sonrisa parecía arrogante.
-Necesita más hombres, ¿no es cierto, inglés?
Trunks arqueó una ceja mientras fijaba su mirada impasible en el ladrón.
-Si quieres burlarte, Black, no estoy de ánimo.
-No me atrevería a burlarme, coronel, cuando sé que pronto seré ejecutado después de que me lleven a Moscú. -Black inclinó la cabeza hacia un lado y se encogió de hombros.- Con un bebé recién nacido, no puedo evitar desear que las cosas hubieran sido diferentes, que pudiera haber hecho algo mejor con mi vida.
-Parece un poco tarde para arrepentimientos, ¿no es cierto, Black? -le respondió Trunks-. Usted debe de tener mi edad, años más, años menos, sin embargo apuesto que nunca ha tenido un día de trabajo honrado en toda su vida. Ahora, obviamente porque ha sido atrapado, se siente abrumado. Bueno, vaya a llorar a otro hombro, amigo mío. No tengo tiempo de escuchar sus lamentos.
-Sólo le pido un momento de su tiempo, coronel. Es todo lo que le pido -replicó Black-. Tal vez esté interesado en lo que tengo que decir.
-Se me está acabando la paciencia -respondió Trunks molesto.
-¿Qué piensa que quieren esos mercenarios? -presionó Black ignorando la falta de entusiasmo del otro.
-¡Nada bueno! ¡Como usted!
- Ahora, coronel –el líder de los ladrones se mofó-, ¿no le prometí que estaría interesado en mi propuesta? Pero si está tan seguro de que usted y sus hombres pueden forzar a todo un regimiento extranjero a retirarse a una esquina, entonces, tal vez esté malgastando mi aliento.
Un profundo suspiró indicó que el ánimo de Trunks empeoraba.
-¿Qué tiene que decir, Black? Estoy escuchándolo.
El jefe de los bandidos estaba ansioso por hacer su propuesta.
-Suponga, coronel, que mis hombres y yo unimos fuerzas con usted y los suyos para espantar a esos extranjeros... -Miró a Trunks y sonrió al comprobar que por fin había conseguido la atención del otro. Se encogió de hombros y continuó.- Si están aquí para causar problemas en Moscú, y mi banda y yo ayudamos a arrojarlos al lugar de donde vinieron, tal vez el zar pueda considerar darme a mí y a mis compañeros un perdón... si hacemos la promesa solemne de dedicarnos a tareas honestas en el futuro.
Trunks observó a Black sin creerle una palabra, incapaz de considerar seriamente la posibilidad de semejante oferta. Le parecía absurdo que un hombre pudiera alterar todo su modo de vida a esa edad.
-¿Qué haría? -se burló Trunks-. ¿Ordeñar un rebaño de cabras? Creo que comprende por qué tengo ciertas dificultades para imaginármelo dedicado a simples tareas.
-A lo mejor podría ser un soldado como usted -sugirió Black-. Si Su Majestad contrata a extranjeros para que enseñen a pelear a sus soldados, ¿por qué no puede reclutar hombres que ya saben pelear? podemos pelear al servicio del zar e impedir que invadan las fronteras rusas.
Trunks levantó una ceja incrédula.
-¿Y una vez que tenga su libertad -preguntó-, no la usaría de nuevo para saquear y matar?
Black extendió las manos apelando al sentido de justicia del coronel.
-Yo he sido un guerrero durante muchos años, coronel. Los hombres me han atacado y me he defendido lo mejor que he podido, pero no soy un asesino. Nunca he matado a nadie que no haya intentado antes quitarme la vida.
Trunks lo miró con una sonrisa seca.
-Y debo confiar en que nunca ha puesto a un hombre entre dos
caballos...
-¡Fue una broma, coronel! -protestó Black con una carcajada- . Hice muchas amenazas que nunca cumplí. No veo nada de malo en eso. Esas intimidaciones han mostrado ser mejores que la violencia. Además, usted me debe un favor, pues lo salvé de esa rata, el príncipe N°17. Él quería verlo castrado. -Echó una mirada hacia el interior de la casa, luego se rascó el mentón mientras seguía razonando con su captor.-Creo, coronel, que usted tiene muchas cosas que agradecerme. Su esposa parece apreciar mucho sus atenciones. No me dejó tocarla y juró con gran tenacidad que se mataría antes de permitirme que lo hiciera. Si usted considera todas las cosas, coronel, ella estaba mucho mejor conmigo que con esa rata, N°17. El buen príncipe me contrató para secuestrarla, pero me ordenó que se la llevara directamente a él. Considérelo mejor, si yo me hubiera negado, habría conseguido a otro, tal vez alguien más bajo, para que se la robara.
Goten apoyó una mano en el brazo de su comandante, reclamando la atención de Trunks, y juntos, los dos hombres se retiraron a unos pasos de la casa. Black no les quitó la vista de encima. Con la esperanza de ver si le daban la oportunidad que tanto ansiaba.
-¿Qué estás pensando Trunks? -preguntó Goten-. ¿Crees que se puedes confiar en Black?
-No estoy seguro. Pero bajo las circunstancias, estoy dispuesto a aceptar el riesgo -replicó Trunks.
-¿Qué si se une al otro regimiento en contra nuestra?
Trunks frunció el entrecejo.
-Entonces le haré maldecir este día el resto de su vida.
Goten aceptó la decisión del coronel Brief con un gesto de cabeza y lo siguió con paso lento en su camino hacia la galería donde se encontraba Black.
-No tengo idea de por qué razón siquiera considero darle una oportunidad después de todos los problemas personales que me ha causado - declaró Trunks con tono hosco-. El príncipe N°17 puede atestiguar que usted no es alguien en quien se pueda confiar, pero su experiencia sólo alienta mi deseo de hacerle ciertas concesiones... si demuestra que las merece. Pongamos esto sobre la mesa. Cualquiera sea el resultado del enfrentamiento de hoy, usted regresará conmigo a Moscú para que Su Majestad, el zar Piccolo, tome la decisión final de perdonarlo a usted y a sus hombres. Si usted demuestra ser sincero y nos ayuda a derrotar a las fuerzas enemigas, yo pediré al zar que lo libere de inmediato, pero le advierto que no quiero ser engañado. Si hace que lamente esta oportunidad que le doy, será el primero a quien fusile. ¿Lo entiende?
-Con mucha claridad, coronel.
-Ahora, ¿está absolutamente seguro de que sus hombres lo seguirán en esta empresa? -preguntó Trunks como última precaución.
Black se echó a reír divertido.
-Como tienen el deseo de sobrevivir a este día, puedo aventurarme a decir que sí.
Trunks respondió ordenándole al teniente que liberara a los prisioneros. Cuando Black y Broly se incorporaron, Trunks los urgió a que se apuraran.
-Súbanse a los caballos y reúnanse con los otros delante de la casa. Tenemos que cabalgar delante de los mercenarios para ubicar nuestros cañones y diseminar nuestros hombres por las colinas frente a ellos, de modo que necesitamos ponernos en camino de inmediato.
Black dudó mientras miraba hacia la puerta y se atrevió a hacer otra petición a Trunks.
-Coronel, me gustaría hablar con Mai un momento. Si no regreso, quiero que sepa que al menos estoy tratando de ser mejor por nosotros dos y por nuestro hijo.
Trunks se acercó a la puerta y, abriéndola, ordenó a Pan y a la partera que salieran un momento a la galería. Black hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza, pasó por delante de Trunks y cerró la puerta detrás de él.
Pan deslizó su manó en la de Trunks y fue con él al otro extremo de la galería donde compartieron algunos momentos en privado, olvidados de todos los que los miraban. Incapaz de encontrar las palabras que le anunciaran con delicadeza que pronto volvería a partir, y que quizás no volviera con vida, Trunks la rodeó con sus brazos y la sostuvo fuertemente contra su cuerpo. Pero no pudo evitar que ella sintiera la tristeza que lo envolvía.
-¿Otra vez te marchas? -le preguntó Pan, preocupada mientras se recostaba en sus brazos y lo miraba. Luego, observó lo que pasaba detrás del cuerpo de su esposo y se dio cuenta de que los bandidos estaban armados-. ¿Qué cosa terrible ha sucedido para que te asocies con bandidos?
-Hemos divisado un regimiento de renegados en las cercanías. Parece que se dirigen a Moscú, no sé para qué, pero supongo que pretenden entrar en el Kremlin y matar al zar o tomarlo como rehén. No es la primera vez que tratan de tomar el control del país con un plan así.
-¿Pero cómo pueden llevar a cabo esa tarea? -preguntó sorprendida.
-Con subterfugios... y una buena dosis de audacia. Si han colocado espías o cómplices dentro del Kremlin, probablemente esperen poder entrar en secreto.
-Ten cuidado -le rogó Pan, permitiéndole que la acercará más a él-. Todavía no me has dado un bebé, esposo mío, y si alguna vez la muerte nos separara, me gustaría que alguna evidencia de nuestro amor quedara en la tierra.
Trunks cubrió sus labios suaves con un beso, luego le sonrió a los ojos que estaban húmedos de lágrimas.
-Hemos pasado tan poco tiempo juntos, mi amor. Espero que se nos concedan varias décadas para gestar una gran progenie de nuestro amor.
