NT: Son casi las 3:00 am en España y estoy que me caigo de sueño, pero quería actualizar esta historia cuanto antes porque, primero, se lo había prometido a Lidia (un saludo guapa), y segundo, vuelvo a tener otra tanda de exámenes durante todo Julio. Va a ser un mes muy estresante para mí porque también voy a empezar a trabajar por las mañanas, así que no me va a sobrar el tiempo para volver a pasarme por aquí... No sé cuándo podré actualizar de nuevo :(
Espero que os guste este nuevo capítulo y que la espera no se os haga demasiado larga.
Capítulo 38: Sociedad.
Hermione había odiado dejar a Draco solo el sábado en lo que debería haber sido tanto un logro suyo como de ella, pero él la había despedido con la mano y le había dicho que tenía que estar presente cuando la tienda de broma abriera sus puertas al público. Además, el clima estaba empezando a mejorar y hacía meses que él no jugaba al fútbol. Draco se imaginó que algunos de los compañeros con los que había jugado el otoño anterior estarían hoy en el parque.
Y así fue que Hermione se dirigió a la tienda de broma vistiendo uno de sus mejores conjuntos. Llegó antes de que las puertas se abrieran. Había carteles en las ventanas que mostraban a un búho dejando restos de excrementos en una carta y una persona visiblemente molesta. Otro tipo de carteles mostraban a un chico esperando durante días a que un búho volviera trayendo con él una carta de su novia. El chico parpadeaba varias veces mientras el día pasaba a la noche y la lechuza regresaba.
—Me siento un poco mal por las lechuzas con todo esto —dijo Lee, haciendo un gesto hacia los carteles.
—Oh, no creo que las lechuzas vayan a ir a la quiebra. La gente todavía necesitará mandar cartas en papel o enviar objetos de un lado a otro. Teníamos que hacer algo para demostrar que hay problemas con este medio de comunicación y que nosotros tenemos la solución —le dedicó una sonrisa descarada.
Habían llenado estantes y estantes de los Espejos e instalado una barrera mágica frente a la puerta. George no podía esperar a abrirla, anunciar el nuevo producto y luego dejar que la gente gastara todo su dinero en la tienda. La nueva dependienta de la tienda, Tiffany, acababa de ser conocedora de los Espejos aquella misma mañana. George les entregó un Espejo a Lee y otro a Hermione y les explicó lo que quería que hicieran después de su anuncio inicial. Se frotó las manos, luciendo más alegre de lo que Hermione le había visto en mucho tiempo.
Finalmente George abrió las puertas con un movimiento de su varita y se puso detrás de la barrera, echando un encanto Sonorus en la misma. Lee pasó a unirse a la multitud y Hermione tomó una posición a la izquierda de George.
—Gracias a todos por venir. Estaba pensando el otro día, ¿y sabéis lo que realmente me irrita?
—¿Tener que escuchar un discurso aburrido cuando lo único que quieres es comprar fuegos artificiales? —respondió una voz adolescente desde el fondo, entre la multitud.
George no perdió el ritmo.
—Está bien. Pero me temo que tendrás que esperar —miró a su alrededor y tomó a un joven entre la multitud al azar—. ¿Cuánto tiempo tardó en llegar la última carta de tu novia mediante lechuza?
—Yo... no tengo novia.
—¿Qué? ¿Un tipo con tan buen aspecto como tú? —George señaló a una mujer del público—. ¿No es guapo, amor?
Ella lo miró un momento antes de responder a su pregunta.
—Prefiero los pelirrojos.
—¿No nos prefiere todo el mundo? —dijo George, sonriendo. Intentó dar un paso más allá en la presentación—. ¿Os imagináis que, estando en la distancia con alguien a quien quieres, se pudiera hablar con esa persona en tiempo real? Tú y yo podríamos hablar y podrías contemplar mi cabello pelirrojo todo el tiempo que quisieras —comentó George con un guiño divertido, acicalándose un poco el pelo.
Hermione rodó los ojos hasta George.
—Ya podemos hacer eso con las llamadas mediante la conexión Flu, ¿o todavía vives en 1700, antes de que la red fuera lo suficientemente estable como para eso?
—Oh no, Hermione, estoy viviendo en el futuro, y el futuro es ahora. Sólo espera a que te explique de lo que estoy hablando —hubo un sonido sordo procedente del bolsillo de George, que frunció el ceño—. ¿Podríais discúlpame un momento? No será más que un momento —él palpó en su bolsillo, sacó un Espejo de mano compacto y lo abrió. Al pulsar el botón para abrirlo, la voz de Lee sonó en voz alta y clara sobre los murmullos de la multitud.
—George, compañero, te estás muriendo por ahí. Sólo sigue adelante y diles lo que tienes que decirles de una vez.
—Ya tuvimos esta discusión, estoy haciendo esto a mi manera.
—Está bien, es tu funeral —dijo Lee. Se volvió hacia su vecino entre la gente y se encogió de hombros—. Simplemente no se puede hacer nada con algunas personas, ¿verdad?
Y fue entonces cuando su vecino en la multitud dijo:
—¡Hey! ¡Es la cara de Weasley en su espejo! —la gente empezó a murmurar y trató de reunirse en torno a Lee, querían estar tan cerca que incluso estuvo en peligro de ser aplastado.
George sonrió.
—Bueno, pues esta es la comunicación en tiempo real sin tener que estar atado a una chimenea. Se puede ver y escuchar a la persona con la que deseas hablar desde cualquier lugar.
Hermione hizo todo lo posible para sonar natural mientras seguía el guión de George.
—Oh, gracias a Merlín. Si tuviera que arrodillarme a otra chimenea para llamar a mi madre y hacerle saber que no voy a ir a casa para la cena, mis rodillas no lo soportarían más.
—Bueno, yo no voy a llegar a casa para la cena... ¡porque vamos a permanecer abiertos hasta la medianoche! —empezó a hablar con más detalle de lo que los Espejos podían hacer y lo fácil que eran de usar.
Hermione miró su muñeca, como si comprobara qué hora era. Luego cogió su propio Espejo y llamó a George con él, mostrándolo a la multitud.
—Creo que ya han escuchado suficiente. Mejor dejarlos pasar.
—Tienes razón, Hermione —dijo George en el Espejo. Acto seguido lo cerró—. Ahora, voy a bajar la barrera, pero me gustaría una fila ordenada. Quien esté interesado en los Espejos que por favor venga a vernos a Lee, a la hermosa Hermione o a mí mismo a la parte delantera de la tienda para configurar vuestros Espejos. Quien esté aquí para cualquiera de los otros productos de la tienda, Tiffany será la encargada de cobrarle —con un gesto bajó la barrera y la venta comenzó.
A pesar de la afirmación de George de que todos estarían trabajando hasta la medianoche, cada uno se tomó un par de horas para descansar del trabajo. Un segundo y tercer grupo de personas entró más tarde en la tienda, después de haber oído hablar de los Espejos de la primera multitud. Alrededor de las diez en punto de la noche, Hermione tuvo que despedirse, agotada. George y Lee se habían tomado una poción para darles un poco de energía extra, estaban decididos a resistir hasta la medianoche.
Cada vez que alguien compraba un Espejo, la dirección de su casa -como el número de teléfono en el método muggle- tenía que configurarse para que así se pudiera empezar a usar para comunicarse con las personas.
Hermione salió de la tienda con el Espejo que George le había dado por la mañana, así como con otro para Draco. George había puesto en él: "Para dentro de unos meses, cuando el Ministerio finalmente decida dejarlo hacer un trabajo de verdad otra vez", para estar seguros de que Caffrey y Burke no lo encontraran y lo consideraran una violación de su libertad condicional sin magia. Sin embargo, Hermione iba a mantener el Espejo en su piso por el momento.
Al llegar a su apartamento al fin, dejó su bolso en la percha, se quitó los zapatos y apenas miró a su alrededor un momento antes de cruzar el pasillo para ir a ver a Draco.
Él la estaba esperando con la televisión puesta, pero sin prestar mucha atención a ella realmente. Cuando Hermione llegó, Draco la miró y sonrió un poco.
—Te ves como cansada —dijo mientras envolvía su cintura con uno de sus brazos.
—Merlín, creo que George va a acabar conmigo si tengo que seguir con esto. Le dije que iría un par de horas mañana, pero eso es todo lo que podía prometer. Este dispositivo realmente va a ser un gran cambio para el mundo mágico, creo.
—Oh, lo sé.
Ella se apartó de él lo suficiente para ir a sentarse, y él la siguió.
—George presentó toda la documentación en el Ministerio. Ya estás acreditado como contribuyente. Él también nos ha dado un Espejo a cada uno. Dijo que el producto no hubiera existido sin la idea y que todavía estaría pensando cómo demonios crearlo si no hubiéramos estado trabajando juntos hace un par de semanas.
Draco se tensó.
—No necesito el dinero.
—Podrías necesitarlo algún día —señaló ella. En el caso de que tu madre te desherede, pensó para sí misma.
Él frunció el ceño.
—Espera, ¿estoy en la lista del Ministerio como uno de los creadores? Salazar. ¿Y si dicen que estoy violando mi condena? ¿Qué pasa si no me devuelven mi magia?
Él estaba sobreviviendo a toda esta condena muggle, pero sabía que habría un día en el que todo volvería a la normalidad. Eso era exactamente el tipo de cosa que podría hacer que quisieran extenderla de forma permanente. O peor, enviarlo a Azkaban. Todo su cuerpo estaba rígido.
Hermione respiró profundamente.
—George y yo podemos dar fe de que no estabas en violación de los términos. Tuviste una discusión con nosotros sobre la teoría mágica para la creación de algo como esto. No hiciste magia en realidad. No podrías haberlo hecho. El Ministerio lo sabe.
—El Ministerio tomaría cualquier excusa para encerrarme —gruñó.
Hermione apretó el puente de la nariz y volvió a respirar hondo.
—Bueno, tu nombre está en el papeleo. Tenemos dos opciones. Podemos esperar que la oficina de patentes nunca llegue a decirle a la oficina del Ministerio que tu nombre está en la hoja... O podemos hacérselo saber a Burke y Caffrey para que comprueben que no hiciste ningún tipo de magia mediante un hechizo. En el caso de que fuera necesario se podría verificar con Veritaserum.
Draco se quedó muy quieto. Iba a tener que pensar en eso. Las apuestas estaban en su contra, no inmerecidamente. Pero el Ministerio no tardaría mucho en decidir que su castigo no había sido lo suficientemente grave, incluso aunque Potter testificara de nuevo a su favor como lo había hecho el verano pasado.
—No tienes que decidirlo ahora. No creo que George se diera cuenta de que iba a causar un problema. Sólo quería dar créditos a quien se lo merece.
—Eso podría hacer que me quedara sin magia para siempre —dijo, sonando un poco amargo.
—No violaste ninguna de las reglas.
Él levantó una ceja. Había tanta gente que tenía tantas razones para odiarlo que eso apenas importaba. Necesitaba que su comportamiento ese año fuera irreprochable, y ahora su nombre aparecía en los papeles de un logro mágico importante cuando se suponía que debía estar viviendo sin magia.
El movimiento de su ceja era casi como si hubieran tenido una conversación completa y Hermione dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza. Ella sabía tan bien como él que las reglas no siempre se aplicaban de manera justa.
Draco hizo un ligero movimiento de cabeza.
—Bueno, ¿qué quieres hacer ahora? No podemos cambiar lo que ya se ha hecho. ¿Hay algo para comer?
—Pedí algo extra de cena. Supuse que tendrías hambre cuando regresaras —hizo un gesto hacia la cocina, y Hermione fue a buscar los recipientes de comida china. Era una de las cosas que había descubierto que disfrutaba de la cultura muggle ese año.
Hermione volvió a calentar la comida y trajo un poco también para él. Luego se acurrucó en el sofá a comer.
—¿Qué tal tu día? Aparte de mí trayendo terribles noticias…
—Bien. Fui al parque, más tarde me pasé por la biblioteca. He aprendido cómo utilizar la fotocopiadora. ¿Sabías de su existencia?
Hermione hizo lo posible por no sonreír.
—Sí. ¿No has tenido la oportunidad de usar una hasta ahora?
La discusión pasó de hablar de las fotocopiadoras muggles a los hechizos dobladores del mundo mágico, así como cuánto más rápido era editar algo en el ordenador que tener que volver a escribirlo todo. Aunque Draco tuvo que admitir que no era particularmente rápido en mecanografía y que seguiría trabajando en su libro escribiendo con la mano… por ahora.
—Pero he visto a personas que parecen ser capaces de escribir un párrafo entero en un minuto —dijo, maravillado.
—Bueno, definitivamente no conseguirás ir más rápido si no practicas —señaló Hermione.
Se quedaron charlando el tiempo suficiente para distraer un poco sus mentes de la posibilidad de que el acto de buena voluntad de George pudiera haber saboteado las probabilidades de Draco de recuperar su magia en unos pocos meses. No había nada que ella pudiera hacer al respecto hasta que él decidiera si prefería decírselo al Ministerio o esperar a ver qué pasaba. Tenía casi una semana antes de que los Aurores volvieran de nuevo.
Hermione tenía sus notas en una pila ordenada a su lado y había traído montones iguales tanto para Percy como para Arthur. Le había dicho a Tom a quienes estaba esperando antes de entrar en la sala privada del Caldero Chorreante con la promesa de que él les indicaría a padre e hijo dónde estaba ella tan pronto como llegaran. Ella respiró profundamente y exhaló lentamente. No es que tuviera el hábito de pedir consejo. Arthur siempre le había parecido lo suficientemente amable con Remus como para imaginarse que probablemente estaría dispuesto a ayudarla, y por lo que ella sabía, Percy no tenía nada en particular contra las personas con licantropía, pero nunca se sabía. Draco no entendía muy bien el deseo de Hermione de tratar de ayudarlos pero, de nuevo, con Greyback viviendo en su casa y usado como una amenaza contra él... ¿era realmente sorprendente que pensara así?
—Hermione —dijeron dos voces masculinas de repente.
—Percy, señor Weasley. Qué bien que habéis venido.
—Hemos tenido que luchar contra toda una multitud para llegar hasta aquí. ¿Qué está pasando en la tienda de los gemelos? El lugar parecía atestado.
Hermione lo miró. Los viejos hábitos nunca morían. En muchos sentidos, aquella tienda siempre sería de Fred y George, incluso aunque Fred ya no estuviera entre ellos.
—¿George no te lo dijo? ¿Alguna vez has oído hablar de los teléfonos móviles?
Arthur frunció el ceño.
—¿No son igual que los teléfonos convencionales?
—Un teléfono móvil puedes llevarlo contigo dondequiera que vayas —explicó Hermione.
—¿No se necesita ... un ... ¿cómo se dice...?
—¿Cable eléctrico? —preguntó Hermione—. Han encontrado una manera de evitarlo. Los teléfonos móviles pueden llevar una señal para conectar el uno al otro. Sólo tienes que enchufarlo cada par de días para cargarlo, pero eso significa que ahora puedes realizar llamadas día y noche sin importar dónde te encuentres.
Percy se veía un poco reticente.
—Eso suena un poco... intrusivo.
—Se puede desactivar el sonido siempre que quieras, pero entiendo a lo que te refieres. En cualquier caso, el mundo de los magos en realidad no ha tenido nada equivalente a eso. Supongo que una llamada Flu no es diferente a una llamada telefónica, pero estás atado a una casa y a su chimenea —ella respiró—. Bueno, hemos estado trabajando en algo similar a un teléfono móvil que funcione en el mundo mágico. Acabamos de anunciarlo el sábado —metió la mano en el bolso—. Este Espejo permite llamar a la gente, verlos, hablar con ellos dondequiera que se encuentren, siempre y cuando ellos tengan uno también.
Arthur miró el invento, sorprendido.
—Nadie ha hecho mucho con espejos en las últimas décadas.
—Bueno, nosotros lo hemos hecho ahora —dijo Hermione—. Pero eso no es realmente lo que quería hablar con vosotros hoy —les entregó a cada uno una pila de pergaminos—. He estado esperando para hacer mejoras en la calidad de vida de las personas con licantropía. Por muchas razones. Remus Lupin es una de ellas. Se le dio la oportunidad de obtener una educación y no dejó que la enfermedad le definiera totalmente, incluso con todas sus luchas... él es uno de los hombres más amables que he conocido. Imagínese cómo podría haber sido si no hubiera sido discriminado toda su vida adulta. Y pensar en todas las personas con licantropía que combatieron con Voldemort porque no se sentían aceptados en el mundo mágico… Ellos no pidieron convertirse en hombres lobo. La sociedad mágica no quería educarlos, no se les permitió obtener un empleo... ¿dónde más podían ir? Necesitamos un cambio y yo quiero que suceda. Existe una poción Matalobos, estoy dispuesta a hacerlas y distribuirlas sin ningún tipo de coste... pero no he encontrado la forma de distribuirla o llegar a las personas que la necesitan. Eso sólo es la punta del iceberg. Necesitan educación y leyes contra la discriminación y... no sé qué más. Es por eso que necesito vuestra ayuda. No sé dónde o cómo empezar —se dio cuenta de que había estado hablando demasiado tiempo, así que cerró la boca con un chasquido.
—Nunca haces las cosas a medias, ¿verdad? —comentó Percy.
—No hay razón para hacerlas así. Podría colocar un aviso de que ofrezco pociones Matalobos gratis, ¿pero qué bien va a hacer eso si todavía seguirán discriminados y sin poder mantener un puesto de trabajo a causa de su condición?
Percy asintió, pensativo.
—En parte se trata de un problema de clasificación. En este momento, el único departamento que tiene algo que ver con los hombres lobo es el departamento de regulación de criaturas mágicas.
—¿Te refieres a ese departamento que degrada a los hombres lobo hasta el punto de calificarlos como animales en lugar de personas? —continuó ella al ver por dónde iba.
—Durante la luna llena un hombre lobo sin la poción Matalobos es un animal. No tiene ninguna manera de controlar los impulsos que siente —dijo Arthur, tratando de sonar suave.
—Pero eso es un día del ciclo lunar. Los demás días del año son magos y brujas normales, y probablemente incluso algunos sean muggles. ¿Es correcto maltratar a la gente todos los días del año por algo que sucede una docena de veces al año y que no pueden controlar? —preguntó.
—Yo no he dicho que tengan razón. Lograr que los reclasifiquen ayudaría, pero sería el primero de muchos pasos a dar.
—¿Qué otras oficinas podrían intervenir? ¿Y quién podría estar dispuesto a ayudar?
La conversación siguió con un poco de desacuerdo entre los dos hombres Weasley en cuanto a qué departamentos estarían en mejor posición para involucrarse y los funcionarios de los departamentos que podrían estar dispuestos a interesarse.
En un momento dado, Arthur miró a Hermione.
—Entiendes las grandes dimensiones de las tareas que quieres llevar a cabo, ¿verdad?
—Sí. Y sé que no voy a hacer todos estos cambios que estamos hablando a la vez. Pero tienen que suceder a menos que el Ministerio quiera otra guerra —ella suspiró—. Todavía no sé ni cuál sería la mejor solución. Si sería tratar de reintegrarlos totalmente en la población o si podrían estar mejor en su propia comunidad, pero dándoles la opción de reintegrarse. Sería de gran ayuda si hubiera alguien de la comunidad dispuesto a hablar.
Los tres se quedaron hablando hasta que Percy y Arthur tuvieron que volver a sus oficinas. No tenían respuestas o planes concretos todavía, pero prometieron que iban a estar pensando y poniendo la oreja en el Ministerio para ver lo que podrían ser capaces de hacer.
La lechuza llegó al piso de Hermione poco después de que ella misma lo hiciera. Draco estaba ya allí preparando la cena cuando llegó a casa de la tienda de broma.
—Pareces exhausta.
—Ha sido un día largo. He tenido la reunión con Arthur y Percy. Te lo cuento todo en un minuto —ella fue a su habitación para cambiarse de ropa y ponerse algo más cómodo, y cuando salió había un búho dando golpecitos en la ventana de la cocina—. Tal vez Arthur o Percy pensaran en algo —dijo ella sin poder creer que hubieran sido tan rápidos. Abrió la ventana y la lechuza voló con una carta atada a su pata. Era su propia lechuza, Athena, finalmente de vuelta.
Incluso sin haber visto la caligrafía, el pergamino era de tan alta calidad que era imposible confundirse. Finalmente Narcissa les había respondido.
—¿Draco?
—Dame un minuto o la carne se quemará.
Ella esperó hasta que hubo sacado la carne de la sartén sin hacer ningún comentario. Luego, él se acercó a ella mirándola.
—¿Quién es?
—Tu madre.
Miró la carta en la pata de Athena, el búho ululaba con irritación. Ninguno de ellos parecía dispuesto a quitársela de encima, pero Athena estaba en un estado de ánimo inusualmente malo. También era cierto que había tenido un largo vuelo. Hermione desató la carta y llevó a la lechuza hasta su jaula, volvió a llenar los platos de agua y comida y la revisó rápidamente para descartar posibles signos de lesión. Ella parecía estar bien. Sin poder esperar más tiempo, Hermione se acercó a Draco de nuevo y empezó a abrir la carta. Estaba dirigida a Hermione, algo que tenía sentido. A pesar de que la última carta de Narcissa había incluido una carta para Hermione y una breve nota para Draco, su respuesta había sido escrita como si se tratara de Hermione. Ellos habían pensado que era prudente dejar el nombre de Draco fuera de la firma; el Ministerio no aprobaría exactamente el intercambio de correspondencia con su madre en el exilio. Pero Narcissa sabía que su hijo y Hermione considerarían su respuesta como si fuera para ambos.
Señorita Granger,
Estoy descorazonada al saber que mi hijo no está interesado en hacer un retorno adecuado a la sociedad mágica de la manera que corresponde a su posición. En caso de que decida que finalmente desea presentarse formalmente a la sociedad mágica, puede ser demasiado tarde. Yo le aconsejo que vuelva a entrar en la sociedad con un método de su propia elección y que no deje que las personas inventen chismes sobre su reingreso. El profeta no se inclinará a contar su historia amablemente. Sé de buena tinta que muchas personas no consideran nuestras condiciones de vida este año adecuadas a los delitos que se nos imputaban.
Los niños a esa edad crecen con bastante rapidez. No fue hace tanto tiempo que Draco tenía esa edad y yo estaba atendiendo sus heridas y enseñándole todas las cosas que necesitaba saber en este mundo. Con frecuencia parece que recuerdo aquellos días mejor que él.
Me alegro de que estéis bien por el momento. Hay que considerar todas las cosas buenas, así como ser conscientes de que esto debe llegar a su fin con el tiempo. Confío en que tu aprendizaje vaya bien.
A pesar del encanto del verano en nuestra casa de verano, será demasiado tarde en la temporada para volver. Tal vez el próximo año.
Narcissa Malfoy.
Con las cabezas inclinadas y juntas, Hermione y Draco leyeron la carta tres veces para asegurarse de que no se habían perdido nada.
—Bueno, tengo una buena comprensión del esnobismo diplomático, pero esto pone aún mis habilidades a prueba.
Draco frunció los labios.
—Ella entiende que no tengo ningún interés en hacer lo que sea que está dispuesta a hacer por mí, pero cree que es ella la que lleva razón. Puede que sí que tenga razón sobre el profeta. Tenía la esperanza de evitar cualquier noticia sobre mi regreso, pero puede que no sea factible. Los días en que la palabra de mi familia podía detener la prensa han quedado muy atrás —señaló.
—Yo nunca pude controlar a la prensa. O casi nunca. ¿Sabe tu madre que Teddy es su sobrino-nieto? Sé que ella y Andrómeda nunca pudieron perdonarse, tal vez no lo sabe. Se salta algo así de su familia y se siente con el derecho a castigarte por ser un mal hijo.
Draco se encogió de hombros.
—Me gustaría suponer que sí. No creo que haya podido evitar escuchar sobre la muerte de la hija de Andrómeda dejando un hijo atrás… pero es posible. Dudo que ella sepa que Potter es el padrino —leyó el final de la carta de nuevo—. No ha amenazado con renegar de mí, pero es evidente que ella piensa que lo que hay entre tú y yo definitivamente se habrá terminado para cuando regrese de Francia. No ha empleado palabras con más dureza al respecto, como podría haber hecho. Supone que tiene razón.
Hermione asintió con la cabeza y puso su brazo alrededor de él.
—Y con respecto a la casa de verano, se refiere a que va a regresar a la Mansión. Evidentemente no le atormenta de la misma forma en que lo hace conmigo —dobló la carta—. Ella no te ha dado exactamente la bienvenida a la familia, pero... es mejor de lo que esperaba. No la ha escrito bajo uno de sus arrebatos.
Ella lo besó en la mejilla.
—Eso es todo lo que podemos esperar en este momento —había un brillo en sus ojos—. Creo que con la carta siguiente podríamos enviar una foto de nosotros con Teddy y Andrómeda. Y tal vez con Harry.
Draco levantó una ceja.
—Eres muy buena en este juego, ¿verdad?
—Bueno, yo sólo creo que es importante que mostremos a tu madre cuánto significa la familia para nosotros. Después de todo, ella te acusó de no estar a la altura de tus responsabilidades filiales. Puede valer la pena que le muestres que eres un excelente primo, sobrino y novio.
Con una sonrisa y un guiño, Draco estuvo de acuerdo. Tal vez no en la siguiente carta, pero ya lo hablarían.
Bonus:
20 de abril de, de 1999
Estimada Narcissa,
Es tranquilizador saber que su tiempo en el extranjero va gratamente. A su hijo le agrada saber que esto es así. La primavera está llegando aquí también. Realmente le gustaría ver los narcisos que Draco ve en su camino al trabajo, aunque estoy segura de que no son tan estupendos como los que están en el jardín de su Mansión. Es de esperar que no hayan sufrido demasiado su ausencia.
Lamentablemente, muchos no van a encajar en el futuro previsible. El trabajo nos mantiene muy ocupados en estos días, así como una variedad de eventos sociales. Teddy Lupin está creciendo a pasos agigantados, y su abuela y padrino son encantadores. La familia es muy importante.
Cuando no tenemos otra cosa que hacer Draco y yo hemos comenzado a descubrir todo lo que la Londres muggle tiene que ofrecer. Es bastante educativo, nunca nos aburrimos. Su hijo es la compañía con más encanto que conozco.
Dice que la casa de verano de los Malfoy en el lago es aún más impresionante que la Mansión en esta época del año. ¿Ha considerado la apertura de la casa de verano en lugar de la Mansión a su vuelta?
Hermione Granger.
¿Me dejas un review? :)
Cristy.
