XXXII._ Bandidos de Tierra y Mar: II
El Teddiursa corrió lo más rápido que pudo hacia la cima del volcán. Ya no le importaba que todas esas personas violentas lo vieran, lo importante era sobrevivir a ese monstruo que lo perseguía frenéticamente.
Detrás de él, Zafiro acortaba las distancias con imponente facilidad. Al final lo alcanzó, y le cortó el paso con una emocionada barrida. El Teddiursa la miró hacia arriba, amedrentado.
-¿Estás perdido, ternurita?- le preguntó ella, intentando parecer amable y cariñosa. No podía esperar a capturarlo.
El pokemon intentó arrancar por otro lado, pero los secuaces de Zafiro lo rodearon y bloquearon todas las salidas.
-¡Rápido, Marshtomp, usa Disparo Lodo!
Su pokemon obedeció al instante, y atacó al Teddiursa intentando no darle muy fuerte. Era muy pequeño y no se veía muy fuerte. Para su fortuna, ese solo ataque logró debilitarlo casi por completo, por lo que Zafiro aprovechó su oportunidad y le lanzó una pokebola.
A diferencia de muchas veces, la pokebola no se movió. Simplemente emitió la luz y el sonido característicos de una captura exitosa, y luego se quedó quieta.
-¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!- exclamó la muchacha, antes de agarrar la pokebola con la mano.
-¡Recluta! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!- le gritó una voz viril a su espalda.
Zafiro se giró, con lo que se encontró a un hombre grande, musculoso y con una barba recia. En su cabeza, curiosamente, llevaba un pañuelo azul muy parecido al de ella.
-¿Qué dijo?
-¡No me voy a repetir! ¡Sabes que estamos en una misión importante!- Aquiles la agarró del brazo y la arrastró consigo- Estamos en medio de la batalla y tú te entretienes capturando pokemon. Ve y ayuda a tus compañeros.
La empujó hacia la cima del volcán, en donde se vivía una encarnizada batalla entre dos bandos. Zafiro quedó atónita ante el increíble número de batallas pokemon librándose simultáneamente y la furia con que se llevaban a cabo. Eso no eran batallas pokemon, era una batalla, una verdadera batalla, con humanos y pokemon lastimando y matando a otros humanos y pokemon.
-¡¿Qué es esto?!- alegó ella.
-¡Es el comienzo de una nueva era!- exclamó Aquiles- Ahora vayan, reclutas. Háganme orgulloso.
Una mujer de largo pelo rizado se acercó a Zafiro, y entre ella y dos hombres la arrastraron sin muchos problemas hasta donde se libraba la batalla.
-¿Cómo te llamas, recluta?- le preguntó la mujer mientras corrían.
-Zafiro- contestó, inquieta. Quizás si respondía sus preguntas la dejarían ir ¿Cierto?
-Muy bien. Quiero que te concentres y que uses todas tus habilidades como entrenadora. Esta batalla será dura, pero si sales viva te habrás vuelto muy fuerte.
Esas palabras resonaron con Zafiro. Ser más fuerte, era precisamente lo que necesitaba. Su debilidad la había llevado a ese lugar. Tenía que volverse más fuerte a toda costa. Pronto sus piernas comenzaron a correr junto a las de los otros reclutas en vez de arrastrarse por el suelo.
-¿Quiénes son nuestros enemigos?- inquirió, para asegurarse.
-¿Viniste aquí sin saberlo?- la mujer exclamó algo parecido a una risa- No sé si reprenderte por tu estupidez o felicitarte por tu amor a la causa. Venimos a acabar con esos terroristas que quieren detonar el volcán.
-¡¿Qué?!- saltó Zafiro- ¿Detonar el volcán? ¡¿Terroristas?!
Finalmente se soltó de los reclutas que la obligaban a marchar con ellos y comenzó a correr más rápido. Si lo que decía esa mujer era cierto, era su deber ir a esa batalla y luchar con todas sus fuerzas. Una oportunidad única.
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Ruby y sus pokemon iban llegando a la cima del volcán, cuando oyeron ruidos a lo lejos.
-¿Habrá una fiesta?- se preguntó Ruby.
Todos se encaramaron junto a la ventana para mirar, pero al pasar sobre la última roca no vieron un montón de gente riendo y celebrando, sino que un montón de gente peleando y matándose entre sí.
-¡Esos son los equipos Aqua y Magma!- los reconoció Birdy- ¿Por qué pelean entre sí?
-Seguramente tienen sus razones- apuntó Ruby- Están peleando con todo. Será mejor que nos vayamos apenas aterrizar.
Los pokemon se miraron entre sí. Sentían un poco de curiosidad sobre los bandos rivales, pero no iban a debatir las indicaciones de Ruby, no cuando lo ponía de esa forma.
-¡Miren, un boxeador!- exclamó Cloudy.
Todos volvieron a mirar por la ventana, hacia donde su compañera apuntaba. En el suelo, debajo de ellos, un pokemon de aspecto humanoide y guantes de boxeo en sus manos se defendía como podía de un par de entrenadores del equipo Magma.
Los pokemon miraron a Ruby, esperando sus órdenes.
-Vamos a apoyarlo.
Por ello, apenas aterrizaron salieron corriendo del vagón y de la sala de recepción, donde extrañamente solo había una mujer operando. La ignoraron y continuaron su carrera hacia donde habían visto al pokemon boxeador, pero para cuando llegaron este ya había vencido a sus asaltantes.
El pokemon reposaba de la pelea agachado en el suelo. De lejos se le notaban algunas heridas y la ropa rasgada en ciertas partes, pero nada de esto parecía importarle.
-Emh… ¿Estás bien?- le preguntó Ruby, al fin.
-¿Ah?
Entonces el pokemon se dio vuelta, y de un salto adoptó una posición defensiva.
-¿Nunca se cansan?- alegó él.
-No, tranquilo. No venimos a atacarte.
El Hitmonchan entonces se detuvo, y al mirar sus caras amigables bajó la guardia.
-Gracias, pero no necesito ayuda para acabar con esos debiluchos- se llevó una mano a un bolsillo para mostrarles una fotografía- ¿Han visto a este pokemon?
Todos se fijaron en la foto.
-Nunca había visto un pokemon así- aseguró Birdy.
-¡Yo sí!- Ruby se acercó más- Es un Teddiursa. Son originarios de Johto.
-¿Entonces lo has visto?- el Hitmonchan se esperanzó por las palabras de Ruby, mas su cara volvió a ensombrecer cuando el chiquillo negó con la cabeza.
-Desde que llegué a Hoenn no he visto uno de esos.
-Está bien. Supongo que seguiré buscando.
-¿Es tu amigo?- inquirió Fiercy.
-Somos hermanos. Lo perdí mientras viajábamos, pero he logrado rastrearlo hasta esta zona. Aun así…- miró hacia la cima del volcán, donde los dos bandos continuaban masacrándose los unos a los otros- No creo que esté cerca con tanto peligro alrededor. Es un chico inteligente.
-Quédate quieto- Ruby echó mano a su mochila para sacar una poción, pero al mostrársela al Hitmonchan, este la rechazó con su mano.
-Prefiero evitar ser rociado con sustancias raras. Gracias, humano.
-Vamos, estás herido. Al menos trata de desinfectarte esas mordidas.
-Sí- Brainy sujetó el brazo de Ruby con sus manos- No es bueno rechazar ayuda gratis.
-No tengo tiempo para…- el pokemon estuvo a punto de marcharse, cuando se fijó en la mano izquierda de Brainy. Allí había un anillo.
Hace tanto tiempo que no veía uno de esos anillos que necesitó un par de segundos para reaccionar. Rápidamente buscó debajo de su ropa para mostrarles un objeto metálico que pendía de su cuello, un anillo igual al suyo.
-Cuando piensas en pokemon…- recitó, un poco emocionado.
Se formó un silencio misterioso. Ruby miró a sus pokemon, y luego al Hitmonchan, sin poder creérselo tampoco.
-Piensas en libertad.
-¡Bien!- El Hitmonchan alzó un puño al aire, victorioso- ¡Sabía que había más por allí!- Luego estrechó la mano de Ruby, contento- Me llamo Alejandro.
-Yo soy Ruby, y ellos son mis amigos: Smoky, Fiercy, Brainy, Birdy, Kitten y Cloudy. Déjanos ayudarte, Alejandro.
-¡Claro!
Seguidamente Ruby lo roció con pociones y demás para hacerlo sentir mejor, hasta que Alejandro recobró toda su vitalidad.
-Gracias, ahora siento que puedo buscarlo por toda la región- comentó mientras estiraba sus brazos.
-¿Y cómo te sentirías si una entrenadora malvada lo capturara justo a tus espaldas?- le preguntó Cloudy.
El Hitmonchan se extrañó de la pregunta.
-¿Insinúas algo?- alegó con un deje de amenaza.
-Espera, Cloudy ¿Por qué lo mencionas?
-Porque eso pasó justo ahora. Miren.
Cloudy apuntó hacia un lado, cerca del establecimiento del teleférico, donde una muchacha de ropas azules era arrastrada por dos hombres y una mujer de vestimenta similar hacia el campo de batalla.
-¿Zafiro?- la reconoció Ruby- ¿Dices que Zafiro capturó a ese pokemon?- Cloudy asintió- ¿La viste hacerlo?- Cloudy asintió de nuevo.
-¡¿Ella hizo qué?!- exclamó el Hitmonchan.
-¡Niños!- los llamó Ruby.
-¡Sí!- contestaron al unísono, a la vez que golpeaban su palma con un puño.
El Hitmonchan echó a correr hacia la cima, seguido de Pokemon Gijinka. Intentaron recorrer una línea recta entre ellos y Zafiro, pero de pronto apareció un grupo de soldados del equipo Magma para cerrarles el paso.
-¡Defenderemos esta posición a toda costa!- bramó el líder del grupo.
-¡No me gruñas!- reclamó Alejandro, rompiéndole la mandíbula de un golpe.
En ese momento tres hombres más se lanzaron hacia el Hitmonchan con sus respectivos pokemon, pero Ruby, Smoky y Birdy los embistieron con toda su fuerza.
-¡Ve y ábrete paso!- lo mandó Ruby- Nosotros te apoyaremos desde atrás.
-Entendido. Gracias.
Sin más, Alejandro se disparó hacia la cima del volcán.
-¡Muy bien, niños! ¡Vayan con todo!
Varios Numel, Zubats y Poochyenas intentaron cerrarles el paso, pero Pokemon Gijinka los atropelló con la fuerza de un camión.
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Zafiro sacó a todos sus pokemon, menos al debilitado y tierno Teddiursa, lista para luchar. Sus compañeros la llevaron a donde otros miembros del equipo Aqua necesitaban asistencia contra miembros del equipo Magma. Al aparecer, comprendió que les estaban dando una paliza, sin embargo al echar una ojeada a los pokemon de los contrincantes supo que podría ganar fácilmente.
-¡Muy bien! ¡Marshtomp, usa Pistola Agua contra ese Numel!
Su pokemon obedeció fielmente, y aunque su ataque no era extremadamente fuerte, logró derribar y debilitar de un golpe al enemigo.
-¡¿Qué?!- exclamó el soldado Magma detrás del Numel- ¡¿Quién te crees que eres, niña?!
Otro soldado arrojó un Zubat, intentando sorprenderla, pero ella respondió con la misma velocidad.
-¡Slugma, usa Lanzarrocas!
So pokemon de fuego saltó adelante y arrojó rocas del piso con tanta fuerza que le rompió un colmillo al enemigo, y lo mandó al suelo sin esfuerzo.
De pronto Zafiro se vio rodeada de enemigos, venciendo a uno tras otro con relativa facilidad. Sus pokemon no eran tan fuertes como los de Ruby, pero sí eran más fuertes que todos los pokemon del equipo Magma, o al menos eso pensó Zafiro en el momento.
Mas luego de vencer a otro par de contrincantes, el resto fue pulverizado por tres simples golpes de un solo pokemon. Cuando Zafiro se dio cuenta, tenía a un furioso Hitmonchan frente a ella.
-¡Devuélveme al Kenta!- bramó Alejandro.
La muchacha, aterrada, no logró oírlo por el temor de su mirada y la demostración de fuerza que había hecho. Miró al suelo, donde todos los soldados del equipo Magma que la habían rodeado hace cinco segundos yacían muertos o terriblemente heridos.
Zafiro dio un paso hacia atrás, dio media vuelta y echó a correr con todas sus fuerzas.
-¡No, espera!- gritó el Hitmonchan, mas ya era muy tarde.
Zafiro corrió y corrió, sin importarle mucho a dónde. Solo no quería ser acosada por ese monstruo que había matado a tantos hombres de un solo golpe, hasta que chocó con alguien y cayó de poto.
Al mirar hacia arriba quiso pedir ayuda, pero entonces se paralizó. El hombre que tenía adelante era más viejo y tenía ropa distinta del resto, pero se notaba a leguas que pertenecía al equipo Magma. Era uno de sus jefes.
Mientras la chiquilla permanecía quieta del miedo, el hombre se tomó la molestia de agacharse y recoger una pokebola que se le había caído. Entonces se fijó que dentro de la pokebola había un pokemon, y ciertamente no uno que se encontrara por esa región.
-Este es un Teddiursa…- lo reconoció de sus investigaciones- Los Teddiursa evolucionan en Ursaring. Los Ursaring son muy fuertes… y tú eres mi enemiga. Por lo tanto, me quedaré con este pokemon. Ahora lárgate antes que me den ganas de arrojarte al cráter del volcán.
-¿Cráter?- repitió Zafiro, y entonces se fijó en que se encontraban justo en el borde del cráter del volcán. Un par de metros más allá se oía el burbujear de la lava candente.
En ese momento Alejandro los alcanzó, y se arrojó sobre Zafiro para quitarle la pokebola.
-¡Dame al Teddiursa, maldita niña!- le gritó en la cara.
-¡Yo no tengo ningún Teddiursa!- se excusó ella, aterrada- ¡Él lo tiene!
El Hitmonchan siguió la línea del brazo de Zafiro, hasta que su mirada dio con el hombre junto al cráter del volcán. También se fijó en que operaba una especie de máquina conectada a la lava, pero ignoró estas nimiedades.
-¿Tú tienes al Teddiursa?- lo interrogó, sin quitarse de encima de Zafiro.
El hombre echó un vistazo al Hitmonchan, pero lo ignoró. Él no perdía su tiempo hablando con pokemon que no fueran suyos.
-¡Te hice una pregunta, maldito engendro!- reclamó Alejandro, poniéndose de pie.
De un movimiento se acercó a él, lo agarró del cuello de la túnica y lo levantó en el aire.
-¡Respóndeme!
-¡Bájame en este instante, estúpido pokemon!- le mandó el hombre.
Pero como el Hitmonchan no parecía tener intenciones de hacerlo, sacó a sus pokemon para que se entendieran con aquel insubordinado.
Un Zubat atacó a Alejandro por la espalda con un Ataque Ala, lo cual lo obligó a soltar al hombre y voltearse a enfrentarlo. Los otros dos, un Mightyena y un Camerupt, se quedaron atrás para proteger a su entrenador mientras él hacía su trabajo. Alejandro se preparó para enfrentarse al Zubat, pero en eso advirtió que más gente aparecía. Varios soldados del Equipo Magma se acercaron con la intención de defender al jefe y completar la misión.
-No importa, de todas formas no son nada contra mí.
El Hitmonchan se preparó para defenderse del próximo ataque del Zubat, pero cuando este se inclinó hacia abajo para caer en picada, su cabeza se estremeció, y cayó inconsciente entre los soldados humanos.
-¡Alejandro!- se oyó la voz de Ruby desde atrás del grupo de soldados Magma.
Entre él y sus pokemon barrieron con las pestes debiluchas, y se reunieron frente al líder.
-¿Dónde está tu hermano?- le preguntó Ruby, cuando se vieron las caras.
Alejandro apuntó hacia el hombre detrás de la máquina.
-Sus pokemon son más fuertes que el resto. Me tomó por sorpresa, pero solo le quedan dos.
-Bien- Ruby dio un paso adelante- Oye, tú. Devuelve al Teddiursa si quieres vivir.
-¿Vivir?- repitió él, y finalmente paró de operar la máquina- Has matado a varios de mis hombres. El protocolo me dice que cobre tu vida en venganza ¿Quién te envía, chiquillo? ¿Acaso Aquiles finalmente encontró a alguien competente?
-¿Aquiles? No, no. Solo quiero a ese Teddiursa. Devuélvelo y no lastimaré a nadie más, anciano.
El hombre se encogió de hombros.
-Señor Magno para ti, niño. Creo que no entiendes que lo que estoy haciendo aquí es demasiado importante para que un chiquillo como tú venga y trate de detenerme. No soporto las intromisiones.
-¿Me vas a dar al Teddiursa o no? ¡No te voy a esperar todo el día!
-¡Suficiente insolencia! Mightyena, enséñale el poder de los adultos.
El pokemon, un lobo grande y musculoso, se plantó frente al muchacho.
-Estás molestando a mi jefe, niño- le espetó.
-¡Argh! No tengo tiempo para esto.
-¿Y qué esperas?- Fiercy acudió desde un lado y golpeó al Mightyena enemigo con una Cola de Hierro- ¡Yo me encargo de este cachorro! ¡Tú destroza a ese anciano!
El Camerupt intentó embestir al muchacho, pero en eso Smoky y Brainy lo impulsaron hacia un lado con sus rayos elementales. Ruby y Alejandro eliminaron a toda prisa la distancia que los separaba de Magno, pero antes de poder lanzarse hacia él, se detuvieron. El hombre sujetaba una pokebola en su mano, estirada hacia el cráter del volcán. Si cometían un paso en falso, la dejaría caer sin remordimientos a la lava.
-Maldito infeliz- gruñó Alejandro.
-Retírense en este instante, o arrojaré esta pokebola y al pokemon dentro de ella hacia el volcán. Les advierto que está muy activo, así que no crean que su amigo tendrá alguna posibilidad de salvarse.
Ruby y Alejandro se quedaron paralizados, nerviosos. Lo más cuerdo hubiera sido obedecer sus palabras, pero de esa forma Magno se llevaría al Teddiursa consigo. Tampoco era una posibilidad viable, tenía que haber otra manera.
-¡¿Qué hacen?! ¡Retírense en este inst…
Pero en ese momento la tierra se sacudió violentamente. El volcán produjo un temblor lo suficientemente fuerte para hacer caer a todos. Magno también resbaló. Logró caer hacia un lado seguro, pero la mano con que sostenía la pokebola se golpeó con una roca, por lo que la pokebola describió un salto hacia el cráter del volcán. Ruby y Alejandro la vieron volar mientras sus esperanzas disminuían, hasta que desapareció detrás del borde del cráter.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!- gritó Alejandro.
El Hitmonchan corrió a salvar la pokebola, arrojó más de la mitad de su cuerpo hacia el cráter del volcán para recuperarla, pero ya era demasiado tarde. Ruby reaccionó a tiempo para agarrarlo antes que él cayera también, y con un buen esfuerzo lo levantó de vuelta hacia terreno seguro.
Respiró un momento, luego buscó con la mirada a Magno para darle la paliza de su vida, pero advirtió que este y la mayoría de sus subordinados huían, ya muy lejos para alcanzarlos. Zafiro también había desaparecido, en medio de la confusión.
Los demás pokemon se juntaron alrededor de Ruby y Alejandro, esperanzados, mas al ver sus caras comprendieron que todo había salido de la peor forma posible.
Alejandro miraba el suelo de forma perdida. Estaba tan consternado que apenas parecía vivo.
Todos guardaron silencio, tristes. Ruby intentó calcular cuánto tiempo debía permanecer callado hasta darle palabras de consuelo y ánimo, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por otro temblor, más fuerte que el anterior.
-¡El volcán está inestable!- indicó el chico, poniéndose de pie- ¡Tenemos que largarnos de aquí, ahora!
Sus pokemon asintieron, menos seguros que antes. Miraron a Alejandro, el cual seguía perdido en su conmoción. Ruby se agachó para tomarlo en brazos y cargarlo, pero en eso otro temblor aun más fuerte que los anteriores los sacudió de tal forma que debieron sujetarse de rocas y hoyos en la tierra para no resbalar colina abajo.
Entonces un rugido más grande que un continente estremeció sus oídos, y una columna de lava y fuego se disparó hacia arriba.
-No…- musitó Ruby.
Nunca pensó que el final de Pokemon Gijinka se debiera a un desastre natural, pero ese día no fue el caso. La columna de fuego desapareció, el rugido se fue, y el temblor se apaciguó hasta detenerse por completo. Mientras Ruby y los pokemon se preguntaban qué había ocurrido, curiosos ruidos comenzaron a oírse muy cerca. Sonaba como rocas, como…
-¿Alguien escalando por las rocas?- se extrañó Smoky.
Y de pronto una mano se alzó por el cráter. Era una mano larga, pálida y curtida. La mano se agarró a la orilla, y de un salto envió al resto del cuerpo fuera del gran hoyo.
El dueño de la mano se plantó frente a los rebeldes, mirándolos con curiosidad, como preguntándose por qué todos se veían tan sorprendidos. Por último posó sus ojos en Ruby y lo miró intensamente, pero al final se volvió hacia lo que tenía en la otra mano. Ahí, un pokemon de grandes orejas redondas con el dibujo de una luna menguante descansaba de una experiencia que podría haber sido fácilmente mucho más dolorosa.
-¿Kenta?- lo reconoció Alejandro, levantando su cabeza por fin.
Sin esperar respuesta, se apresuró a acercársele, por lo que el pokemon que lo llevaba en brazos se lo entregó.
-Logré desviar la mayoría del calor de su cuerpo, pero de todas formas necesita tratamiento urgente. Ve, corre hacia el Centro Pokemon más cercano.
Alejandro miró a Kenta, reposando en sus brazos. No se notaban quemaduras graves en su cuerpo. Luego miró al pokemon frente a él; un poco más alto, de pelo negro, cuerpo musculoso y varias cicatrices cubriéndolo. Estaba confundido, pero asintió. No tenía tiempo que perder.
-Ruby, chicos: Gracias- les espetó antes de echar a correr con todas sus fuerzas hacia el bosque.
Todos lo miraron mientras se perdía detrás de los primeros árboles, y luego se giraron hacia el misterioso pokemon. Era un adulto, y aunque su constitución no era exageradamente musculosa, parecía muy fuerte, pero no tenían idea de a qué especie podría pertenecer. Ruby lo miró igual de confundido, pero al final le sonrió. Fue a decir algo, mas el pokemon le tomó la palabra.
-Ha pasado mucho tiempo, Ruby- recordó el pokemon.
Todos se extrañaron.
-¿Se conocen?- inquirió Kitten.
Los pokemon desviaron su atención hacia Ruby, pero por su cara se notaba a leguas que no tenía idea de qué estaba hablando aquel sujeto.
-Lo siento, pero no recuerdo…- se excusó el chico.
-¡Bah! Claro que no recuerdas- exclamó.
Seguidamente dio un par de pasos hacia el muchacho, y sujetó sus hombros con sus manos.
-Ha pasado mucho tiempo desde que te veía, Ruby. He crecido, me he vuelto fuerte- de pronto atenazó el cuello de Ruby en sus manos, y lo levantó con fuerza- Y por fin te encontré, después de todos estos años ¡Es hora de que mueras!
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Saludos a Metalshark2000
…
Hitmonchan, el pokemon Puñetazo:
-Peso: 50,2 kg
-Altura: 1,4 m
-Observaciones:
Puede atravesar un muro de hormigón como si nada
Sus puños son tan rápidos que el más mínimo roce con ellos puede causar una quemadura
…
Teddiursa, el pokemon Osito:
-Peso: 8,8 kg
-Altura: 0,6 m
-Observaciones:
Cuando encuentra miel, la marca en su frente brilla
Puede fabricar su propia miel
…
Equipo de Metalshark2000:
1._ Alejandro, el Hitmonchan rudo
2._ Kenta, el tímido Teddiursa
