Aclaración: Todos los personajes pertenecen a la genial J.K. Rowling y a la Warner Bros. Esta historia está escrita para el entretenimiento. Es un Universo Alternativo.

Aclaración. Los puntos de vista son de Ginny Weasley.

C37. Pesadilla antes de Halloween

-& GW &-

La debilidad la estaba consumiendo y tuvo que sentarse a recuperar fuerzas. Estar en la tienda de los gemelos la distraía de correr a Hogwarts para saber del joven de cabellos negros. Muy en el fondo Ginny tenía claro que correr a buscarlo era un error, pero de forma permanente se encontraba luchando contra sus propias emociones. Harry empezaba a abarcar una parte importante de su mente y eso la asustaba. Las relaciones sentimentales que había sostenido hasta ese momento se basaban principalmente en atracción y química; pero con el pelinegro era distinto. En su cabeza aún retumbaban las palabras de Luna, una y otra vez oía "El cristal de mujer necesita magia profunda y sólo hay dos métodos para conseguirla. Por un lado debes ser una bruja muy poderosa como Nimue, o sentir un amor profundo por quien se va a desarrollar el cristal de mujer". Ginny sabía que su magia no era de la profundidad de Nimue, entonces sólo restaba la otra parte, esa que no quería ni siquiera pronunciar, tal vez deseando que así no se hiciese una realidad.

– Maldición, Potter. Deberías de dejarme en paz. Hasta convaleciente me persigues –Suspiró fuerte y se concentró en la estantería que estaba arreglando.

Una semana atrás había salvado al pelinegro de una muerte lenta y dolorosa, aún con el pasar del tiempo las sensaciones en su organismo, la debilidad de su cuerpo, la falta de control de su magia la mantenían en una continua sensación de ansiedad, todos los pensamientos que tenía para con Harry hacían de su vida algo difícil de manejar. Y eso la llenaba de más ansiedad y confusión, y para redondear sus problemas, su novio el sanador… con él todo estaba de mal en peor. Luego de los acontecimientos del cristal de mujer había rechazado el anillo de compromiso y aunque esperaba a un Michael iracundo, se encontró a uno entusiasta y demasiado comprensivo; eso la llenó de más incertidumbre que otra cosa, si era sincera con ella misma, la única conclusión posible era que no conocía nada bien a Michael, quien la presionaba para ser su futura esposa de forma "sutil". Él se había conformado en salir con ella, de hablarle cosas dulces al oído y de complacerla hasta en lo más mínimo, pero ese tipo de actitud la empezaba a molestar.

Suspiró cansinamente, faltaban dos días para halloween, la tienda de bromas de sus hermanos gemelos estaba a reventar de clientes queriendo hacer las compras para la gran fecha. Cuando se sintió mejor, retornó al área que los gemelos llamaban "Búrlese de los muggles con sanidad", era todo un nuevo concepto que manejaba con Fred y George y había resultado bastante lucrativo. En ocasiones era tanto el gentío que les obligaba a cerrar la tienda porque no cabía una persona más, claro eso despertaba el enojo de varios clientes pero al final esperaban pacientes a que se abriera de nuevo el lugar.

De un momento a otro se escucharon fuertes explosiones a lo largo del callejón Diagon, dando paso al caos. La gente corría de un lado al otro y antes de que Ginny pudiera salir a pelear –como era su pensar– se vio abrazada por sus hermanos que la tomaron con fuerza y sin mediar palabra la encerraron en la bodega de la tienda para luego dejarla sola en ese oscuro lugar.

Debido a los hechos de la semana anterior los hechizos simples le costaban bastante esfuerzo por la reciente pérdida de magia, para colmo aún no se acostumbraba al uso de su varita y si le añadía que su varita reposaba en la capa colgada en el armario de los abrigos en la entrada de la tienda se sentía bastante asustada; en otras palabras estaba atrapada en el lugar.

Afuera escuchaba gritos y explosiones por todas partes, se sentía indignada con sus hermanos por tenerla encerrada en el lugar, acaso ellos pensaban que ella se iba a exponer a enfrentarse a algún mortífago o algo, para nada, ella no era ninguna tonta, el manejo de su magia era aún desconocido para la mayoría de las personas, sólo su familia, amigos más cercanos y su novio, sabían de su calidad de bruja. Mucho menos sabían de su habilidad de oclumente natural y de su habilidad para hacer magia sin varita. Jamás había estado ni de cerca en una situación riesgosa enfrente de algún mago oscuro y su mente le gritaba que se mantuviera lejos del peligro. Ella aún no confiaba en sus capacidades para defenderse como bruja y en ese momento al escuchar las explosiones del lugar, no iba a empezar a exponer su vida innecesariamente aunque a la vez sentía el peligro y la necesidad imperiosa de huir del lugar. Como las ratas abandonando un barco hundiéndose, así se sentía y le importaba, pero esto se trataba de sobrevivir.

Las explosiones ocurrían cada vez más cerca, escuchó voces gritar que la tienda de sus hermanos era uno de los siguientes objetivos, observó la bodega y se detuvo en el montón de cajas llenas de juegos artificiales que sus hermanos habían traído para las ventas de halloween, si ocurría una explosión en el lugar ella sería historia. Aunque aún estaba lejos de dominar la técnica de aparición, lo intentó en un par de ocasiones pero nada sucedió, de seguro habían puesto algún hechizo para evitar que pudieran aparecer y desaparecer, sin embargo lo intentó otras veces más, dejar un dedo tirado se le antojaba mejor a quedarse en el lugar.

Miró por todos lados hasta que observó un animalito moviéndose en uno de los rincones del lugar, cerca de las cajas de fuegos artificiales. Un pequeño ratón se quedó mirándola con detenimiento, sabía que el animal podía ayudarla, así que sin pensarlo dos veces empezó a tratar de comunicarse con el animal para que la ayudara a salir de ahí, todavía no dominaba la técnica de comunicación, y si le añadía el temor natural por esos roedores, todo se confabulaba en su contra, pero no podía dejarse llevar por el pánico que empezaba a sentir. Cuando menos se percató se vio rodeada por cientos de ratoncitos blancos y otros animalitos que le indicaban como entrar y salir del lugar, detrás de una de las cajas había una entrada secreta que llevaba a algún lugar, aunque era peligroso salir de la tienda, justo en ese instante ella sabía que era peor quedarse.

Con esfuerzo pudo salir del pequeño hueco en la pared, se encontró en la parte trasera de la pequeña tienda, en ese lugar nadie la vería. La estrategia para mantenerse viva era simple, mantener un bajo perfil, esconderse de cualquiera que tuviera una capa negra y correr hasta la chimenea más cercana, tan sólo debía ir por el callejón un par de casas abajo; sus hermanos le habían informado que dos negocios abajo, había una chimenea de emergencia que llegaba a las puertas de San Mungo. Le dejaría todo este caos a los aurores y a la orden. Las explosiones se acercaban cada vez más, sentía algo oscuro acercarse pero no se iba a dejar llevar por la desesperación, apegarse al plan, eso haría. Pero nada en el mundo la había preparado para lo que iba a experimentar, la voz más fría y oscura que hubiese escuchado en su vida, la dejó paralizada en el sitio.

– ¿Y tu quién eres niña, qué haces en este lugar? –la voz fría inundó el callejón donde Ginny se encontraba.

– Yo miraba las bromas señor –sí, llamarlo señor, mostrarle algo de respeto. No se enfrentaría a él. Saldría mal librada si lo hacía. Mejor se haría pasar por squib, al fin y al cabo muy pocas personas en el mundo mágico sabían que ella era bruja –en… en la tienda. Las bromas, sí. Miraba las bromas.

– No es cierto que estuvieras comprando nada niña, no puedes decirle mentiras al mago más poderoso de todos los tiempos –Vaya tipo tan engreído, parecía más petulante que Potter. Dumbledore era el mago más poderoso. Ella no sabía si de todos los tiempos, al menos sí de los tiempos actuales –¿Por qué te callas jovencita, acaso tienes miedo? –las palabras de ese mago estaban acompañadas de una risa que le ponía a Ginny los pelos de punta.

– Señor soy squib … no, no soy nadie. Nadie.

– No, no eres una squib muchachita, no intentes engañarme porque puedo ver la magia dentro de ti. –En algún momento Ginny pudo observar algo de temor en los ojos rojos del mago, pero fue sólo una fracción de segundo, porque rápidamente la ira se adueñó de su mirada. –¿Qué edad tienes niña? y no te atrevas a mentirme. Estás sola y tu vida está ahora en mis manos –Eso era verdad, todos habían salido a pelear en los callejones aledaños y los gemelos la habían encerrado en su bodega, para cuando pudo deshacerse del encierro, sólo podía escuchar lejos del local a los miembros de la Orden del Fénix luchar contra gran cantidad de Mortífagos.

– Tengo 18 años, señor –por qué aún lo llamaba señor, por qué no le gritaba a ese infeliz todas las cosas que pensaba de él, pero la razón venía una vez más y sabía que si mostraba su total desprecio por él, recibiría alguna maldición que no deseaba sufrir.

– Eres lista niña, lo veo en tus ojos. Y también tienes una fuerza que no he visto antes –Al ver la mirada algo tranquila de la chica añadió –Sabes qué voy a hacer ¿verdad?

– Lo sé señor, sé muy bien que voy a morir–Tal vez si lo trataba con tranquilidad se descuidara y ella pudiera huir, no tenía su escoba a la mano, tampoco un traslador de emergencia, no podía desaparecerse por el hechizo antiaparición; se sentía perdida y el miedo la aturdía un poco, pero guardaba una esperanza, aunque pequeña.

– Estás muy tranquila. Explícame ¿por qué lo estás? Tal vez me apiade de ti y te permita vivir –Seguía apuntándole con su varita.

– He visto la muerte muchas veces señor, siempre he sido un blanco fácil para las maldiciones siendo un squib, hija de magos conocidos –tal vez si le hiciera creer al mago oscuro que ella no tenía idea de su poder mágico le creyera, al fin y al cabo no tenía ninguna varita. Al parecer Voldemort podía llegar a pensar lo mismo que ella. Con un movimiento de su mano la capa de Ginny ondeó, él con su mirada buscaba algo.

– No tienes varita –no era una pregunta. Ginny sintió cosquillas como esta mañana cuando Ron trató de leerle la mente para averiguar lo que sentía por Michel y ella finalmente lo había hechizado bastante fuerte y sólo los ruegos de Hermione lo libraron de terminar en San Mungo. Ahora conocía la sensación que invadía su cerebro. Hermione le había explicado de qué trataba el asunto de leer la mente de otro y por alguna razón ella tenía una barrera natural en su mente. Hizo lo poco que le entendió a la castaña y expuso sus momentos de soledad en Francia ante el mago, tal vez con eso le creyera.

– No señor, no la tengo, como le digo soy una squib hija de magos.

– Sé quién eres, la menor de los traidores de la sangre Weasley, mocosa –de repente sintió un cambió en Voldemort, algo que realmente la asustó –Ya que aún no sabes lo que tienes por dentro, he de proponerte algo niña y quiero una decisión rápida –Los ojos del mago brillaban de ambición –Esos que llamas familia te han maltratado por ser quien eres, una squib, pero yo veo algo más que magia dentro de ti, permíteme que te invite a descubrirlo junto a mi.

– Señor, ¿A qué se refiere? –se había creído el cuento, engañó al mismísimo demonio de su inocencia. Ella quería gritarle de felicitad pero se contuvo. La sonrisa que trató de suprimir debió haberse visto como una mueca extraña por la cara de satisfacción del mago oscuro.

– Ven conmigo, únete a mi para que conozcas las posibilidades de tu magia.

– Pero soy una squib señor, no tengo magia conmigo, ¿para qué quiere que me una a usted?

– No seas tonta, muchachita. Yo Lord Voldemort te estoy invitando a que te unas a mi, para enseñarte lo que el lado oscuro puede hacer por alguien y me sigues diciendo que eres una squib.

– Señor como usted lo ha dicho, sólo he recibido maltratos y traiciones de parte de todos a quien conozco, ¿cómo he de saber que usted me dice la verdad y me quiere ayudar?

Ginny sabía que estaba jugando con fuego, pero sentía el destino sonriéndole en ese instante y esperó la respuesta con temor; cuando escuchó su risa macabra no pudo evitar que los vellitos de su nuca se erizaran, una voz le gritaba dentro de ella que corriera lejos y sin mirar atrás, pero no lo podía hacer, trataba de mover las piernas pero no le respondían, con el terror a flor de piel era una presa fácil. Volteó a mirar y vio a alguien ingresar al callejón donde se encontraba, tardo algunos momentos en sopesar lo que sus ojos veían.

– Déjela Voldemort, ella no tiene nada que ver con esta guerra en la que se ha empeñado –el tono de voz del muchacho era frío y producía temor el escucharlo. Voldemort se volteó dándole la espalda a Ginny. Era una oportunidad para huir, pero además de sentir terror congelante, sabía que cualquier acción inadecuada podría ponerlos a los dos en un mayor peligro.

– Vaya, vaya tenemos hoy al señor Potter. He de ver a un naciente caballero, típico de su familia, ¿No lo hará su marca personal? –todo había sido acompañado por una macabra risa

– ¡Déjela ir! –la voz del chico seguía siendo fría y amenazante.

– No se preocupe la chica Weasley y yo tenemos algo por resolver y ni usted ni nadie se interpondrá en los planes de Lord Voldemort –Con varios movimientos de su varita, entretuvo al joven mientras volteaba a mirar a una aterrorizada Ginny que se sentía congelada en el callejón –Nos veremos pronto niña Weasley. Te doy un tiempo para que pienses mi propuesta, pronto te reunirás conmigo y escucharé tu respuesta.

Justo en ese momento en el lugar se empezó a fluir una densa neblina espesándose con el transcurrir de los segundos. En menos de un minuto ya no podía ver con claridad más allá de dos metros, sabía que Harry y Tom se enviaban cuanta maldición conocían, pero de alguna forma, nada llegaba hasta ella. No estaba segura si era Harry o Tom el guardián de su seguridad. La lucha tomó otro par de minutos y cuando creyó que todo había concluido a favor de Harry. Escuchó un cambio en el tono de Tom que heló su sangre.

– Dale mis condolencias a la familia Potter por la desaparición de su hijo.

Deseó gritarle a Harry que se quitara de en medio, pero su voz permaneció congelada en su garganta. La neblina tapaba su visión, sintió temor cuando el silencio inundó su alrededor, debía proteger a Harry; no sabía cómo pero sentía el peligro asechar, y algo para lo que no estaba preparada ocurrió: de su cuerpo sintió salir una luz hacía donde Harry se encontraba, como si ella también dejara su cuerpo, para regresar casi de inmediato. Al fondo como una canción que acompaña una escena triste en una película, escuchó las palabras más frías y desgarradoras de toda la noche saliendo de la boca de Lord Voldemort: Avada Kedavra. La luz verde brillante impactó en el cuerpo del joven. Ella quería gritar, maldecir, enviarle miles de hechizos, pero no podía. Él no podía morir, no ahora. Todo por ella, por cuidarla a ella, no era justo.

Cayó al piso, la debilidad apresaba su cuerpo, quería gritar, pero aún no recuperaba su voz, era como si la niebla se la hubiese robado. Observó el cuerpo del joven, inerte, había sangre en su cabeza. Todo había terminado.


Miraba al frente sin ver nada con exactitud, todavía estaba aturdida por lo acaecido. La debilidad que la había acompañado esa semana, la golpeaba con fuerza ahora. No sentía sus pies al caminar, mucho menos sus manos mientras recorrían el oscuro pasillo. Todo le parecía extraño, tuvo que sostenerse en más de una ocasión de la pared para no caer.

– Debí haberle hecho caso a Poppy y recostarme –comentó Ginny al aire.

Entró a un salón al lado de la enfermería, donde varios miembros de la orden estaban reunidos, ella sintió las miradas posarse sobre ella. Trató de huir, no aguantaría ni una palabra de reproche. Entonces unos brazos fuertes la arroparon impidiéndole huir. Miró atrás con terror, el señor Potter la abrazaba y lloraba mientras sus brazos la cobijaban. Se sentía extraña y bien al mismo tiempo. Los dos empezaron a llorar, cada uno lloraba quizás por razones diferentes, aunque en el fondo sólo existiera una razón verdadera, Harry Potter.

– Ginny, mi hijo –escuchó la chica salir esas palabras al padre de Harry.

– Señor, yo lo siento… No quería… De verdad no pude.

– Si no hubieras estado allá, él jamás se hubiese atrevido a levantarse de esa cama –Esa frase la hizo terminar de derrumbar, una semana atrás creía haberle salvado la vida a Harry y ahora estaba ahí, llorando por él.

– Ese cabeza dura de mi hijo… –calló, las palabras no salieron de su boca, quería decirle a la chica que su testarudo hijo la amaba y tantas cosas más, pero las palabras no salían de su boca.

– Yo no sabía que él estaba ahí, señor. Se lo juro –dijo Ginny al fin.

– Pequeña, nada le hubiese impedido ir a ese callejón cuando escuchó que tu te encontrabas en la tienda de los gemelos –James abrazó a la chica, tratando de consolarla –Estaré agradecido por siempre, lo que acabas de hacer…

– Señor, pero yo…

– Lo poco que alcancé a ver de la imagen que le entregaron a Dumbledore es impresionante. Todo esa protección que salió de tu cuerpo y esa otra energía en forma de luz es la causa que él aún esté vivo –La mente de Ginny se quedó en blanco de repente, ¿qué estaba diciéndole el señor Potter? ¿ella había protegido a Harry y por esa protección no había muerto? –mi querida niña no tengo más que gratitud hacia ti y quería decírtelo.

– En verdad señor yo no hice nada, Tom Riddle… yo sólo estaba tratando de sobrevivir hasta que su hijo llegó, fue él quien me salvó de morir, unos segundos más y Riddle se habría dado cuenta del juego y la muerta hubiese sido yo. Y ahora Potter está mal por tratar de salvarme –Una lágrima cayó por el rostro de Ginny, de sólo pensarlo su estómago daba cientos de vueltas.

– Como te dije, no conoces a mi hijo pequeña. Él siempre habría tratado de salvarte, me sorprendió que hubieses podido hablar tanto con Voldemort antes de que Harry se diera cuenta del lugar donde te tenía acorralada ese miserable.

Ginny lucía confundida por las palabras del mayor de los Potter. Harry no era tan estúpido como para ir sòlo para protegerla. Por un lado, él estaba convaleciente, le podía añadir que entre los dos sólo habían malos entendidos y el deseo de Harry por lo prohibido y además estaban Chang y Michael. El señor Potter era un hombre inteligente y ella estaba segura que entendía los hechos infortunados desde que Harry y Ginny se habían cruzado por primera vez.

– Harry no se hubiera enfrentado a Voldemort, al menos no todavía, sino te hubiese visto en peligro.

– ¿Por qué dice que no todavía, señor Potter?

– No te preocupes niña, este viejo padre que habla de más. Me refiero a que Harry sabía a quién se enfrentaba cuando llegó al callejón y te encontró hablando con Voldemort, él no es un mago inexperto y estaba preocupado porque otra vida inocente perecería en manos de la oscuridad. Así que en últimas tu lo ayudaste a salir bien librado de esta. Y fue una circunstancia especial que los ayudó a ambos a librarse de las garras de ese malnacido. Por eso quiero que aceptes mis sinceros agradecimientos. De igual forma lo voy a ir a abrazar a él cuando se despierte, para gritarle después por ponerse en peligro y luego volverle a recordar que lo amo con todo mi corazón por haberse salvado y por salvarte a ti en el proceso.

– Gracias señor Potter, usted es muy generoso –a la chica le bajaban lágrimas de la emoción.

– Mi niña, la generosidad la he aprendido de mujeres como tu, que dan su amor a quien lo necesite, sin sentarse a meditar en si se lo merecen o no, sólo porque es justo hacerlo.

– De nuevo gracias señor Potter, aunque he de confesarlo que no tengo idea a qué se refiere –una risa franca, alegre inundó el lugar cuando James Potter se dejó llevar por el momento.

– Me encanta tu forma de ser, ven acompáñame y siéntate conmigo, ha de ser un placer estar al lado de una mujer tan jodidamente brillante.

Escuchó la reunión y las palabras de asombro de muchos, fueron quedándose calladas, apoyada en el hombro de James Potter, el sueño fue ganándole la partida. Rememoró los acontecimientos en el callejón Diagon, ella era consciente del peligro que la rodeaba, cuando Lord Voldemort le habló al oído, enviándole un adiós al padre de Harry.

Luego todo era tan confuso, la niebla no la dejaba ver, el peligro permanecía, sintió dejar su cuerpo, se desplazó hacia otra parte, veía un par de mujeres acompañarla. Luego retornaba a su cuerpo para oír la maldición asesina impactar en el cuerpo de Harry. En cámara lenta veía caer el cuerpo, en el siguiente segundo, Tom Riddle ya no estaba y el pelinegro estaba tirado en el suelo. La debilidad de su cuerpo era enorme, pero debía sacar fuerzas de algún lugar y acercarse a él. Luchaba por olvidar los pocos momentos buenos que habían compartido. Tenía miles de imágenes rondando en su cabeza. Sentía el olor de su madre impregnado en su piel, juraría haberla visto y también a una mujer joven que no conocía. Las dos mujeres trataban de proteger a Harry. Ella creyó haber visto una energía de color rosa esparcida por el joven, segundos antes de que la maldición de la muerte impactara en su pecho, pero era tan difuso, quizás era parte del sueño. Era una burla de su imaginación.

Se acercó al pálido chico tirado en el piso, estaba frío y extrañamente quieto. Acarició su cara con suavidad, observaba su rostro perfecto, adoraba el verde esmeralda de sus ojos. Aunque lo negara ante los demás, siempre sintió una fascinación por la intensidad con la que era observada por esas orbes esmeraldas. La densa niebla que cubría el lugar desapareció. Volteó su cara para observar el caos del lugar. En la calle principal ya no corría nadie, ni siquiera un mortífago. Los escombros estaban por todas partes, la tienda de sus hermanos tenía un boquete enorme en la fachada lateral y atrás done estuvo encerrada por sus hermanos. Dos, tres segundos, ni siquiera un minuto había pasado desde la desaparición de la espesa niebla. Y Harry continuaba quieto.

Las lágrimas empezaban a correr por su rostro, jamás volvería a discutir con él; ni una sola palabra de reproche saldría de sus labios. Escuchó un leve quejido y posó de nuevo sus ojos sobre el chico. Seguía inmóvil, pero… imposible ella sabía el tipo de maldición que lo impactó. Él pecho del chico luchaba por respirar… sí respiraba. Se acercó a su pecho buscando el latir del corazón, necesitaba oírlo, ahí estaba ese pequeño golpe rítmico, símbolo de la vida. Sonrió.

– Harry, háblame, dime algo ¿Estás bien?

Buscaba alguna herida por su cuerpo. Sólo la frente parecía haber recibido algún golpe, tocaba cada parte del cuerpo del muchacho buscando una herida, cualquier signo de sangre o de dolor. Se preguntaba la razón del por qué alguien podía sobrevivir al impacto de la maldición asesina, especialmente viniendo de Tom Riddle. Harry debería estar muerto, había recibido la maldición de la muerte y aún respiraba. Esas palabras se repetían incesantemente en su cabeza. Tal vez la sangre de su cabeza había recibido todo el daño y quedaría quieto de por vida. Poppy, debía buscar a la sanadora pronto.

Lo levantó con suavidad para seguir observándolo, seguía siendo un hombre muy atractivo incluso en esos momentos donde estaba lleno de un tizne negro cubriéndole gran parte de su cuerpo y de su cara. Sus facciones eran tan masculinas que no podía evitar sentirse atraída por él. No se dio cuenta en el momento en que empezó a acariciarle su cara, con suavidad sus dedos seguían el contorno de su quijada y de sus ojos. Ginny se regañó internamente por andar en esas cosas, cuando él se encontraba tan vulnerable y requería ayuda médica.

– Si sigues haciendo eso, voy a pensar que estás perdidamente enamorada de mi, Weasley –Ginny retrocedió dejando caer la cabeza de Harry duramente contra el piso. –¡Auch! no tenías por qué golpearme de esa forma.

– Eres un estúpido –sintió enojo y alegría al mismo tiempo. Pero su temperamento explosivo ganó la partida esa vez –También un arrogante, te crees tan, tan …

– Irresistible, sí lo sé, no puedo evitarlo, Weasley –Y esa sonrisa de medio lado que lo hacía ver irresistiblemente atractivo apareció en la cara de Harry. Ella sintió enojo por desear besarlo.

– Dueño de todo, era lo que iba a decir. También pensé un montón de malas palabras que no voy a repetir.

– Y el efecto Potter ha hecho de las suyas en la señorita Ginevra Weasley, una vez más –Harry trató de incorporarse. El mundo le daba vueltas.

– Sí el efecto Potter es poderoso. Después de estar feliz de que estés vivo ahora siento nostalgia porque Voldemort no se encargó de ti de una vez por todas –Se levantó para marcharse del lugar, ese hombre la llevaba a extremos y no podía evitarlo. Tenía todas las razones del mundo para odiarlo y sin embargo el estar junto a él en ese instante sólo deseaba abrazarlo y cuidarlo.

– ¿Por qué quiere reunirse contigo? –ese comentario de Harry no sonaba bien. La voz alegre había cedido a una seria y algo enojada, como las veces que ella cometía un error y él trataba de hacérselo notar –¿Qué te decía cuando los encontré?

– No tengo por qué responderte, Potter.

– O sea, que sí tienes algo con ese maldito monstruo, Ginevra –en un santiamén se había levantado y tomándola de los brazos con fuerza la atrapó y la zarandeó un poco para hacerla contestar.

– No eres nadie, para hablarme de esa forma, suéltame.

– Dime la verdad, Gin.

– No me llames Gin, no te he dado confianza para que lo hagas.

– Suéltala Harry, le haces daño –al otro lado del callejón se escuchó la voz de Malfoy gritarle a Harry, el tono de voz que utilizó era de preocupación. Pero Harry no escuchaba razón alguna, estaba mortificado por las palabras de Ginny y quería una explicación.

– Aléjate de aquí Draco, esto no es asunto tuyo –Con un movimiento de su varita desapareció junto a Ginny. En el siguiente momento estaban en el claro de un bosque espeso y oscuro, ella no reconocía el lugar, trató de desaparecer, pero ya estaba un hechizo antiaparición –¡Dímelo!, Ginevra Weasley, ¿Qué tienes que ver con él? –Harry odiaba sentirse así en ese instante, se había enfrentado a Lord Voldemort y estaba vivo, pero eso no era lo que le preocupaba en esos momentos.

– Déjame Potter, quiero irme de aquí; no me gusta este lugar.

– ¿Por qué está interesado en ti? –en sus ojos había angustia

– Me pides que te cuente lo que a Tom le pasa por su cabeza? ¿Te das cuenta de la tontería que preguntas? ¿Qué voy a saber yo de ese desquiciado?

– Te dio un tiempo para que tomaras una decisión, algo debió proponerte.

– Deliras, el golpe que recibiste en tu frente te ha dejado aturdido, debes descansar.

Sólo hasta ese momento Harry se dio cuenta realmente de lo acontecido, él había recibido la maldición de la muerte y estaba vivo, la cabeza dolía, parecía que se le iba a romper en mil pedazos, pero estaba vivo y hablando con esa mujer que le hacía hervir la sangre con tan solo mirarla. Tocó su frente y sintió algo caliente y viscoso, al mirarse sus manos observó el color rojo de su sangre entre sus dedos, le dolía incluso tocándose con suavidad, tal vez Ginny tenía razón y debía descansar.

– Debes ir al hospital Harry, deben revisarte esa herida. Tom… él te hizo esa herida, no se mucho de ese tipo de maldiciones, pero no la veo bien. Permíteme acompañarte donde Poppy.

– Ginny, él… él habló contigo, –su voz era ahora una súplica, su tono arrogante había desaparecido y en su mirada había temor –dime por qué, por favor.

– Potter, sólo intentaba sobrevivir y le seguí el juego, era sólo una charada que él montó y yo le hice caso, eso es todo –ella distaba de estar enojada, el semblante del chico estaba ahora pálido y en sus ojos había temor, tal vez al fin se había dado cuenta que una maldición le había pegado.

– Prométeme que estarás bien Ginny, prométemelo.

Harry quita el hechizo antiaparición, debo llevarte inmediatamente con Poppy para que nos ayude.

En ese instante empezó a sentirse seriamente mareado, no podía seguir hablando con Ginny aunque quería preguntarle demasiadas cosas, todo empezaba a verse doble, en cualquier momento iba a desmayarse y la chica no podía lidiar con él, quitó los hechizos que había puesto, la volvió a abrazar con fuerza para aparecerse ahora en Hogwarts.

Al cabo de unos diez minutos Harry se encontraba una vez más en la enfermería del colegio, bajo los cuidados de Madame Pomfrey, efectivamente el pelinegro había recibido una maldición imperdonable y había sobrevivido a ella, ¿cómo? aún no se lo podían responder. No sólo Dumbledore estaba más preocupado de lo común, había una verdadera angustia en la mirada del anciano mago, cosa que no pasó desapercibida por ninguna de las mujeres que allí se encontraban: McGonagall, Poppy y Ginny. Ahora por segunda semana consecutiva, la poción mejorada por Ginny debía serle suministrada a Harry. Todos rogaban que tuviese la misma efectividad que la vez anterior, aunque nadie daba nada porque el muchacho volviera a ser el mismo de antes. Al fin y al cabo en la historia de la magia no se conocía de nadie que hubiese sobrevivido a la maldición de la muerte. Nadie jamás había sobrevivido para contarlo y allí se encontraban ante el único caso existente.


Un ruido la despertó de su sueño, estaba en brazos de James Potter. Este la tenía fuertemente sujeta a su cuerpo, la cuidaba como a su pequeñita. Recordó haber vivido una situación lejana y similar con su padre. Se sintió segura y protegida, aunque sintió algo de vergüenza por estar tan cómoda en los brazos de ese hombre tan respetado y venerado por algunos.

– ¿Descansaste? –la sonrisa del señor Potter era tan similar a la de su hijo, que ella quedó con la boca abierta unos cuantos segundos –¿Te encuentras bien? –ella asintió aún sin poder pronunciar palabra alguna. El hombre era una copia exacta de su hijo, o mejor él era la copia exacta de su padre.

– Los ojos de Harry son más lindos –la sonrisa de James, le dio a entender que sus pensamientos eran de dominio público.

– Pero yo soy mucho más listo que el zoquete de mi hijo –ella rió al oírlo

– También son igual de presumidos –James soltó una carcajada que inundó el lugar.

– Deja al señor Potter descansar, Ginny –George se acercó a su hermana con intención de llevársela.

– Y perderme la oportunidad de ser abrazado por una hermosa pelirroja ¡Ni de vainas! –agregó con humor James.

– Si Harry te ve en esas, te mata –Atrás resonó la voz de Remus Lupin

– No sé qué tiene qué decir, Potter a esto.

– Sí mi hijo, me mata

Ginny y James se miraron. Ambos habían hablado al tiempo y sin poder evitarlo empezaron a reír con ganas. Al poco tiempo las personas más cercanas se les habían unido y múltiples bromas corrían por el lugar, todos se burlaban de los celos de Harry por la pelirroja quien no tardó mucho tiempo en enojarse y dejarlos a todos envueltos en una extraña baba que salía por la nariz, orejas y boca. Sintiéndose satisfecha por lo acontecido, les sonrió en forma de despedida y se fue hacia el colegio de Hogwarts. Iría a chequear el estado de salud de Potter. No podía seguir ignorando las ganas de saber de la salud del pelinegro.


Notas

Pido disculpas si está desordenado, es q quién me revisaba los capítulos decidió desaparecer y me cansé de esperar. A fatty… gracias miles.

A quienes querían algo de Hermione y Ron, les prometo que pronto lo tendrán, sólo q este capítulo ya lo tenía más o menos listo. Supongo que ya varias personas sabrán quién es la otra mujer que estuvo durante unos segundos con Ginny protegiendo a Harry. En capítulos más adelante, podré explicar lo sucedido.

No es bueno el sentir pena por algo, pero de verdad me dio tristeza ver un único review por el capítulo. Sé q leyeron el capítulo más de un par de centena de personas, pero sólo fatty me dejó sus palabras de reconocimiento. En este momento, de verdad, verdad, necesito saber cómo voy. Aunque todo esto es ficción y es sólo para pasar el rato, me da a veces por pensar q la historia está errada o mal contada o no sé qué. Pero recuerdo las frases de fatty o de otras personas y eso me llena de ganas de seguir y terminar lo q empecé. En verdad soy una chica grande y entiendo si me van a decir q no les gusta algo, q les desagrada sobremanera algún personaje o la historia completa; ese tipo de cosas aprendí a manejarlas ya un tiempo atrás. Gracias por leerme.