El dolor en la pierna era intenso, pero se sentía como si estuviera saliendo de un profundo sueño y no pudiera saber si estaba realmente consciente. Durante un segundo, el dolor se hizo intenso, alguien le estaba tocando, alguien le estaba vendando la pierna o algo parecido.

Por fin, Dean abrió los ojos y miró a su alrededor. Conocía bien la habitación, era su dormitorio, el que compartía con Sam. Buscó a su hermano por toda la habitación, mientras el dolor se hacía algo más fuerte.

Se quejó, no pudo evitarlo y volvió a notar unas manos que se posaban sobre su piel. Bajó la mirada, esperando encontrarse a Sam, pero él no estaba allí, aunque no estaba solo en la habitación.

"Castiel ¿Qué estás haciendo aquí y donde está mi hermano?" El ángel lo miró en silencio durante un segundo y luego volvió a hacer algo sobre su pierna herida. Le dolió, pero no se quejó. "¿Puedo llamarte Cass verdad? Bien Cass, dime de una vez que es lo que es lo que estás haciendo aquí y donde está mi hermano."

"Sam me pidió que cuidara de ti." Dijo por fin el ángel sin levantar la vista de la herida. "Mercal sabe lo que hace, ha estado a punto de matarte. Ya no hay infección en la herida, pero tendrás que permanecer en al cama unos días para poder recuperarte."

"Ya me estás cabreando Cass, ¿Dónde está mi hermano?" Dean se incorporó, pero no pudo llegar muy lejos, pues la cabeza comenzó a darle vueltas y se dejó caer otra vez sobre la cama, entre gemidos de dolor.

"Sam no está."

"¿Cómo que no está?"

De haber podido, Dean se hubiera levantado de un salto y hubiera buscado a Sam por todo el apartamento. Aquello le daba mala espina. Sabía que no era tan simple como que su hermano estuviera comprando algo para cenar. Había algo más, algo que Castiel no le estaba diciendo, seguramente porque Sam se lo había pedido, para no asustarle, para no enojarle más y al final se hiciera daño.

"¡Sam!" No hubo respuesta y Dean sintió que el corazón le daba una punzada de dolor. "¡Sam!" Repitió con mayor fuerza, aunque ya sabía muy bien que su hermano no le iba a contestar. Sam no estaba, Sam se había ido y si había algo en lo que no quería pensar, era donde se había ido y porque lo había dejado herido.

"Tienes que descansar para que la herida se cure y el veneno salga completamente de tu cuerpo."

"Y una mierda. ¿Dónde está mi hermano y porque estás tu aquí en su lugar? No es que no te tenga aprecio, aunque la verdad es que no te conozco, pero prefiero que Sam sea mi enfermero, la verdad es que me pone más que tu." Castiel no se inmutó, llevaba mucho tiempo observando desde arriba el comportamiento de los Winchester como para sabe que aquello tan sólo era un medio de protegerse del propio miedo y alejar el terror a que su hermano hubiera cometido alguna locura.

"Sam sólo quería protegerte y no podía hacer mucho más. Tengo órdenes de cuidar de ti, no se que es lo que tienes, pero eres de suma importancia en esta guerra. Es posible Sam también lo supiera y por eso lo hizo."

"¿Qué es lo que hizo?" Dean se volvió a incorporar, o al menos lo intentó, tratando de no darle importancia a las nauseas y al mareo. La pierna le estaba matando, pero Sam era más importante y si había hecho algo realmente.

"Si sigues así te vas a lastimar."

Castiel puso su mano sobre el hombro de Dean y lo empujó contra la cama, sin apenas esforzarse. Dean lo miró desde la cama, respiraba con cierta dificultad, pero no dijo nada. Tan sólo quería respuesta y si había alguien que se las podía dar, ese era el ángel que parecía estar cuidando de él.

"¿Dónde está mi hermano?" Volvió a repetir Dean con una plegaría casi lastimera. Estaba cansado, dolorido y quería dormir, pero no iba a hacerlo hasta que el dolor que sentía en el corazón desapareciera.

"Sam salvó tu vida, no podía hacer otra cosa."

La expresión en el rostro de Dean cambió de repente. ¿Por qué sabía lo que eso significaba? ¿Por qué su corazón le estaba diciendo que no volvería a ver a su hermano, que Sam había tenido que decidir entre salvarle la vida o estar a su lado? Al fin y al cabo las dos cosas hubieran significaba su separación para siempre, si le salvaba, se marchaba, si no lo hacía Dean moría. En cualquier caso, ninguna de las dos posibilidades era realmente buena para ellos.

"Sam se ha ido. Sam se ha ido con ese bastardo de Mercal para que me salvara la vida." Dean tan sólo repitió aquello que su corazón hacía un rato que no hacía más que repetirle y cuando por fin lo dijo en voz alta, de algún modo macabro, sintió un gran alivio.

"Lo siento, no pude hacer nada."

"¿Qué no pudiste hacer nada? Por el amor de Dios Castiel, eres un ángel, puedes hacer cualquier cosa y no creo que Mercal sea un maldito ángel mucho más poderoso que tu. Trae de vuelta a Sam."

"No puedo hacerlo, fue su decisión marcharse, no puedo traerlo a la fuerza."

"No fue su decisión. Sam no tuvo otra alternativa. ¿Qué hubieras hecho tu en su lugar si tu ser amado estuviera a punto de morir? Trae de vuelta a mi hermano YA."

Dean no estaba muy seguro de con quien estaba más disgustado, sin con Sam por haber hecho aquella locura sin consultarle o con Castiel por no haber hecho por impedirlo. O consigo mismo por haberse convertido en el cebo de Mercal. Había sido tan fácil. Él era el punto débil de Sam, todos los ángeles y demonio debían saber a aquellas alturas que el uno haría cualquier cosa por el otro y eso lo había usado Mercak contra él.

"Si lo traigo de vuelta ahora, seguramente Mercal volverá a poner en marcha el veneno. Ahora mismo, la herida de tu pierna sigue abierta, si rompo el trato, Mercal te volverá a envenenar y morirás. ¿Sabes como se sentirá tu hermano si mueres por lo que él pensará que es su culpa? No quieres hacerle eso."

"Entonces llévame con él, déjame verle y hablar con él. Seguramente hay algo que pueda hacer para traerlo de vuelta, podemos matar a Mercal, en realidad no me importaría matar a ese ángel. Además te ayudaría a poner esta guerra a vuestro favor."

Castiel miró al cazador. Había pasado mucho tiempo observándole a él y a su hermano, viendo lo que él y el resto de los ángeles veían como actos impuros y nada propios de unos hermanos. Pero les había dejado, no era del tipo de ángeles que obligaban a los humanos a seguir sus directrices, siempre había creído en el libre albedrío.

Pero nunca lo había visto así, nunca había visto a Dean mirar a nadie a los ojos así, con aquel dolor, con aquella angustia contenida en su mirada. De repente, sintió la mano de Dean sobre la suya, cogiéndola con fuerza, como si le estuviera implorando en silencio que le ayudara.

"Podría llevarte con él, pero en tu estado, no aguantarías de pie ni dos minutos. Estás muy débil Dean y si te acercas a Mercal y a su gente, no tardarían en matarte, saben que quieres de vuelta a tu hermano y hará cualquier cosa para quedarse con Sam. No puedes luchar contra ellos, te matarán antes de que veas a Sam."

"¿quieres que me recupere? ¿Quieres que forme parte de tu estúpida guerra de algún modo? Pues para eso necesito a Sam o al menos saber que está bien." Dean apretó con mayor fuerza la mano de Castiel, sin apartar los ojos del ángel.

Aquella mirada fue como si los ojos del cazador ardieran contra los suyos y Castiel no lo pudo soportar por más tiempo. Le había hecho una promesa a Sam antes de que este se marchara y ahora se daba cuenta por qué tenía que cumplirla.

"Cuida de mi hermano. Dime una cosa ¿Hay alguna forma de que pueda comunicar con él? Dean me odiará por haberle dejado, no comprenderá que lo haya hecho para salvarle la vida. Necesito hacerle ver que todo va bien, aunque no sea verdad. Ya sabes a lo que me refiero."

"Dame la mano." Así lo hizo Sam sin saber lo que pensaba hacer el ángel.

Se asustó al ver el cuchillo, pero no se alejó. Clavó la mirada en Dean, que todavía estaba semiinconsciente y de vez en cuando se quejaba por el dolor. Notó la hoja del cuchillo al penetrar en su piel, pero no dijo nada y sintió la sangre correr por su mano. Bajó la mirada notar la mano de Castiel cogiendo la suya.

"Seré tu mensajero. Si quieres comunicarte con Dean, podrás hacerlo a través de mi, pero cuidado, si te descubren te matarán y luego vendrán a por mi, si estoy con Dean nos matarán a los dos."

"¿Podré hablar con Dean a través de ti?"

"Si."

Ahora Dean lo comprendía. Dean no se estaba quieto, no dejaba de moverse y si seguía así al final se haría daño en la pierna. Además Castiel conocía perfectamente ese veneno, por lo que estaba seguro que la cabeza le dolía y que cualquier movimiento significaba un terrible mareo.

Sólo había alguien que pudiera mantenerlo tranquilo. Castiel cerró los ojos y concentró todo su pensamiento en Sam. No fue fácil al principio, pues era como sintonizar una radio sin saber el dial en el que se encuentra. Dean lo miró sin comprender lo que estaba haciendo y abrió la boca para preguntarle.

Sin embargo no lo hizo, pues antes de poder hablar, la mano de Castiel se posó sobre su mejilla.

"Dean."

El cazador sabía que se trataba de Castiel, tenía delante al ángel lo estaba viendo no tenía ninguna duda, pero conocía aquella voz sonaba dentro de su cabeza mejor que la suya propia.

"¿Sam?" Aquello no podía ser más extraño, estaba viendo a un ángel, estaba hablando con él, pero al mismo tiempo su mente le decía que se trataba de Sam, que su hermano le estaba hablando. "¿Sam eres tu? ¿Cómo es posible?"

"Es complicado, pero si, soy Sam." Castiel sonrió y en ese momento Dean vio la expresión que su hermano mostraba cuando le sonreía con timidez, cuando Dean le decía algo al oído. "Tienes que descansar para seguir esta lucha. Lo siento, siento mucho lo que hice." Castiel se sentó en la cama, no se sentía dueño de su cuerpo, de alguna forma, demasiado poderosa para ser la primera vez que Sam contactaba con su hermano, el joven cazador estaba controlado el cuerpo de Castiel. "Pero tenía que salvarte, ya sabes que haría cualquier cosa por ti."

"Oh Sammy." La mano de Castiel, que tanto se parecía en ese momento a la de Sam recorrió el rostro de Dean. "Eres un cabezota." Dos pequeñas lágrimas brotaron de los ojos de Dean. ¿Por qué su corazón le estaba diciendo que no volviera a ver nunca más a Sam? "Sam vuelve conmigo por favor."

"Necesito que me encuentres, si tu me sacas de esto, Mercal no podría decir que le he abandonado y que he roto mi acuerdo con él." Castiel se acercó al rostro de Dean y se deslizó hasta llegar a su oído. "Te quiero y se que vendrás a por mi."

Sin dejar contestar a Dean cerró su boca con un beso, idéntico a los que Sam le había dado a su hermano tantas veces, con al misma intensidad, la misma pasión y la misma desesperación que las veces que lo había hecho con su fuera la última oportunidad. Si había llegado a pensar que Castiel le estaba tomando el pelo, en ese momento se dio cuenta que no era así.

"No voy a dejarte hermanito. Voy a sacarte de esta."

"Si, pero primero tienes que recuperarte tu. No me gustan nada esas ojeras, pareces cansado. Duerme un poco y hazle caso a Castiel, me prometió que cuidaría de ti."

"Sam yo…" Pero su hermano ya se había ido, en los ojos del ángel ya no estaba la mirada de Sam. "¿Sam?"

"Lo siento, se ha ido."

"Sam…" Dean cerró los ojos, recordando las últimas palabras que le había dicho su hermano. Tenía que recuperarse para dar con él y sobretodo para acabar con el desgraciado que le había robado a su hermano.