Disclaimer:Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TU VENGANZA, MI PENITENCIA.
CAPÍTULO 35
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Bella temerosa y no pudo ocultar su tremolar.
—¿Dónde está Cullen? —dijo James y sin darle tiempo a discutir se coló en la casa cerrando la puerta tras de sí.
—Edward no está aquí, pero le diré que has venido —le respondió Bella intentando mostrarse serena y resuelta, mientras el hombre se dejaba caer despreocupado en el sofá.
La carcajada despótica que James soltó la intranquilizó un poco más si era posible.
—Le dirás que he venido —rió burlón —Claro que se lo dirás. Le llamarás ahora mismo si no quieres que me quede aquí a esperarlo mientras tú te retuerces intentando salvar al hijo de ese malnacido —dijo el hombre apuntándola con la pistola que había sacado de su chaqueta.
Bella tembló mientras llevaba ambas manos a su vientre de forma protectora.
—No sé dónde está Edward —dijo preocupada —Y no creo que pueda atenderme ahora mismo. Ha vuelto a la Universidad y a mí están esperándome en otro sitio. Si no llego pronto se preocuparán y vendrán a buscarme.
—Sí, claro. Seguro que sí —respondió sarcástico —Tal vez alguien le avise a tu marido y éste deje de revolcarse con mi mujer para venir a verte. Siempre fue muy paternal, no creo que vaya a perderse lo que pueda pasarle a su hijo.
Bella dio un respingo y su respiración se aceleró. Intentando mostrarse calmada su mente viajó en instantes por cientos de escenarios intentando saber qué decir o qué hacer para conseguir que James se fuera de su casa sin dar problemas y no insistiera en esperar a Edward.
—¿Tu mujer? ¿De qué estás hablando? —inquirió con una falsa irritación.
Colérico, James se levantó de su asiento y se lanzó sobre ella para apuntarla con su arma mientras la cogía por el cuello.
—No intentes burlarte de mí, Bella —rugió entre dientes —Llama ahora mismo a tu marido y dile que traiga su culo hasta aquí ahora mismo si quiere tener descendencia. Y ya que viene, dile que traiga a la zorra de mi mujer con él.
—Edward no está con Victoria —murmuró temerosa con la voz saliendo de su boca en resoplidos.
—Hazlo, Bella, o voy a dispararle al niño que tienes ahí dentro y te ahorrarás el dinero del aborto —repitió alejándose un par de pasos de ella para coger el teléfono y pasárselo a la chica.
Bella tomó el teléfono de manos de James y, temblando, marcó el número de su marido.
—Bella —le llamó Edward cuando contestó.
—Edward… —la voz de Bella sonó como un sollozo y al instante Edward se envaró preocupado.
—¿Bella, cariño? ¿Qué está mal? —preguntó preocupado.
—Edward, James... —dijo, pero el hombre le arrancó el teléfono de las manos.
—Cullen —rugió James —, ya puedes ir volviendo a tu casa y trae contigo a la zorra de Victoria si quieres llegar a presenciar el nacimiento de tu mocoso.
—¿Whiterdale? —gruñó Edward y Victoria dio un salto sin alejar la mirada de su ex marido —¿Qué mierda haces tú en mi casa?
—Ya ha pasado el momento de las preguntas, Cullen. Trae tu maldito culo a tu casa y más vale que Victoria te acompañe o tu mujercita sabrá lo que significa morir desangrada.
Edward se levantó de su lugar como un fleje y se dirigió raudo a la puerta de la habitación de Victoria.
—Más te vale no tocar a mi mujer, Whiterdale, o te arrancaré la piel a tiras antes de dársela a los perros —amenazó y se enfureció aún más al escuchar la risa desdeñosa y divertida del otro hombre.
Victoria le detuvo en cuanto cortó la comunicación.
—¿Edward? —llamó su atención.
Él se volteó a verle sopesando sus opciones.
James buscaba a Victoria y quería verle a ella. Posiblemente se cebaría con Bella si veía a Edward llegar solo a su casa, pero también estaba claro que les mataría a los tres en cuanto él y Victoria se presentaran allí.
—¿Edward, qué sucede? ¿Dónde está James?
—James está en mi casa. Tiene a Bella y amenaza con hacerle daño si tú y yo no nos presentamos allí ahora mismo.
Por un momento temió que Victoria les dejara a él y a Bella librados a su suerte y saliera huyendo para el lado contrario, pero, increíblemente, y, por primera vez en más de una década, Victoria le sorprendió gratamente.
—Oh, Dios mío —exclamó la mujer enredando sus manos en sus largos cabellos rojos como el fuego. —Tenemos que ir allí —dijo dando vueltas sin sentido por la habitación.
—Tenemos que hacerlo —reconoció Edward —Pero necesitaremos ayuda o nos matará a todos en cuanto nos tenga a tiro.
—¿Cómo lo haremos?
Edward pensó cientos de posibilidades en solo unos instantes, pero las opciones eran pocas.
No obstante, se puso en contacto con la policía y les puso al tanto de lo que sucedía.
Aunque la policía le aconsejara no presentarse en su casa, él ya estaba tras el volante de su coche en cuanto escuchó la sugerencia y, como era de esperar, hizo caso omiso de la misma.
Victoria iba junto a él, y las lágrimas corrieron por su rostro cuando escuchó a Edward hablando con su padre.
Tyler estaba con su abuelo, y lo único que Edward tuvo seguro en ese momento fue la certeza de que debía mantenerle tan alejado como fuera posible del peligro que se vivía en la casa de al lado.
Nervioso y preocupado, Carlisle accedió y, sin pasar por delante de las ventanas de la casa donde vivía su familia, se llevó a su nieto tan lejos como pudo, hasta refugiarse ambos en la casa de su amigo Eleazar Camargo.
Saber que su hijo mayor estaba fuera de peligro, no hacía que le preocupara menos la seguridad de su hija menor o la madre de ésta, pero al menos le permitía enfocarse en rescatar a Bella sin tener que preocuparse también por la posibilidad de que Tyler corriera hasta su casa, poniéndose en peligro.
En cuanto Edward detuvo el coche frente a su casa, saltó de él con prisa, pero un guardia de policía le detuvo antes de que corriera hacia su casa.
—Edward —le detuvo el capitán Call.
—¿Qué coño hacéis aquí afuera? —rugió viendo los policías escondidos tras los setos que cercaban el camino de entrada —Allí dentro está mi mujer con un hombre armado y desquiciado.
—Nosotros nos ocuparemos —le replicó Embry Call, el nuevo jefe de policía desde que Charlie Swan había dejado su cargo —Pero vosotros debéis quedaros aquí.
—Estás loco si piensas que voy a quedarme aquí. Ese hombre va a matar a Bella y a mi hija si no me ve llegar en un par de minutos más. Sabe dónde estaba y sabe perfectamente cuánto debería tardar en llegar a casa.
—No podemos poner en peligro dos personas más —le explicó el capitán con lo que para Edward era un más que estúpido razonamiento.
—No voy a dejar a mi mujer a merced de ese lunático. —discutió molesto y rabioso.
—Y nosotros no vamos a dejaros a vosotros a merced suya. Rescatar un rehén no es tarea sencilla, pero rescatar a tres puede ser aún más complicado.
—Sé que para vosotros perder a un ciudadano puede ser un daño colateral, pero esa mujer es mi vida, es la madre de mis hijos y no estoy dispuesto a perderla —gruñó dándose la vuelta para dirigirse la casa.
Cuando Call se lanzó sobre él para detenerle, con un manotazo arriesgado pero certero, le arrebató la pistola que llevaba en su cartuchera.
—No vais a detenerme —dijo apuntándole al hombre.
A sus espaldas la puerta de la casa se abrió y James se asomó por ella llevando a Bella como escudo a la vez que apuntaba su arma contra el enorme vientre femenino.
—Te estás tardando, Cullen —gritó sarcástico y todos centraron su atención en el hombre que había hecho su aparición.
Edward se volteó a verle y se desesperó al ver a su esposa, con el rostro acongojado y el cuerpo arqueado a causa de los dedos de James enredados firmemente en sus cabellos.
—Suéltala —gritó Edward dirigiendo su arma hacia el hombre —¡Suéltala o te mataré!
—¿Cuánto confías en tu puntería, Cullen? —se burló el otro —Ni los agentes pondrían en juego la seguridad de la hija de Charlie Swan, así que dudo que tú lo hagas.
Edward levantó sus manos derrotado, dejando caer el arma a sus pies.
Caminó por el jardín delantero de su casa para acercarse a la pareja e intentar, de alguna forma, rescatar a su mujer de las manos salvajes de ese hombre.
—¿Qué es lo que quieres, Whiterdale? —inquirió vencido —Aquí me tienes. Déjala a ella. Bella nunca ha tenido nada que ver en este enfermo y maldito triángulo que formamos alguna vez Victoria, tú y yo. Déjala a ella y dispárame a mí.
—Lo haré —aseguró —Pero primero quiero que traigas aquí a mi mujer —exigió.
Edward se volteó a ver a Victoria escondida tras los oficiales, sabiendo que no sería gratuito para la mujer acercarse a su demente pareja.
Pero, tras unos momentos de vacilación, Victoria salió de su escondite y, antes de que pudieran detenerla, caminó hasta Edward.
—Es a mí a quien quieres, James —dijo la mujer —Déjales a ellos en paz.
James sonrió sin alejar su mirada de la mujer que caminaba lentamente hacia él.
—Ven aquí, preciosa —le dijo intentando mantener a raya su tono iracundo.
Cuando Victoria llegó hasta ellos le observó con un sentimiento derrotado.
—Aquí estoy —murmuró y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Estúpida zorra —rugió el hombre. —No debiste intentar huir de mí. Y mucho menos robarme mi dinero.
—No quería huir de ti —sollozó la mujer —Sabes que yo te he amado toda mi vida. Pero necesitaba tiempo para pensar.
—¿Qué coño tenías que pensar? —rugió iracundo estrechando a Bella contra sí —Teníamos una gran vida, Victoria. Éramos una gran pareja y tú querías arruinarlo solamente por no haberte tomado lo putos anticonceptivos.
—No lo hice a propósito —gimoteó abatida.
—Te perdoné por ello, y por eso te di el dinero para que lo solucionaras —gritó indignado —Lo único que tú tenías que hacer era ir a la maldita clínica. Pero no. Tú preferiste desaparecer con mi dinero. Y no has tenido mejor idea que huir con el imbécil de Cullen.
—Edward ni siquiera sabía que yo vendría a buscarle —reconoció —Él está con Bella y son felices juntos. Él nunca volvería conmigo. Déjales marchar, James —pidió la mujer.
James la miró pensativo durante unos instantes.
—Ven aquí —ordenó y Victoria obedeció acercándose a él.
En un rápido giro, James soltó a Bella empujándole hacia adelante mientras asía a Victoria y la estrechaba contra su pecho.
Bella trastabilló cayendo de rodillas.
Todo sucedió en unos segundos, Edward se lanzó hacia Bella mientras James le apuntaba con su pistola.
—Me robaste a mi mujer, yo te robaré a la tuya —gritó James y apuntó a Bella con su arma dispuesto a disparar.
En un rápido forcejeo Victoria logró zafarse de él y se interpuso entre ellos, pero el arma fue disparada.
El disparo alcanzó a Victoria por la espalda y con una fuerte sacudida cayó sobre el césped junto a Bella.
James fue acribillado por la policía en el momento que dejó escapar su escudo humano.
Edward alcanzó a Bella y verificó que estuviera bien antes de que ambos se giraran rápidamente hacia Victoria quien yacía inconsciente sangrando profusamente.
Las ambulancias llegaron antes de que lo esperaran. Mientras una se llevó a Victoria directo al hospital, los médicos de la segunda ambulancia atendían a Bella verificando que no había sufrido daño alguno, después de haber certificado la muerte de James Whiterdale.
Con su nerviosa mujer, casi al punto de la histeria, Edward condujo hasta el hospital de Forks.
En cuanto llegaron les comunicaron que Victoria estaba siendo intervenida.
Las horas que pasaron en la sala de espera resultaron agónicas. Pero ambos las pasaron en silencio con sus manos entrelazadas y la extraña paz que les daba saber que ellos estaban sanos y salvos, así como sus pequeños hijos.
Pero que dentro de aquel quirófano, Victoria se debatiese entre la vida y la muerte, no les permitía sentirse satisfechos.
Ambos habían pasado gran parte de su vida odiando a aquella mujer, pero todo había estado más que olvidado, sino antes, al menos cuando Victoria se interpuso entre Bella y la bala que podía haberle quitado la vida a ella o a su pequeña hija.
Cuando por fin los médicos salieron, las noticias no eran en absoluto alentadoras.
Victoria había sobrevivido, más no así el pequeño feto, de apenas ocho semanas que llevaba en su vientre.
Debían aún esperar que despertase, pero debido a la herida en su columna los médicos temían que no pudiese volver a caminar.
Los médicos le mantuvieron sedada, pero dos días después, en cuanto sus padres llegaron a Forks, provenientes de Australia, la medicación que le administraban, de la cual poco a poco habían estado disminuyendo sus dosis, le permitió despertar.
No fue agradable. Fue duro y triste.
Edward, después de todo lo que había vivido con esa mujer y después de haberla odiado durante años, se sentía consternado.
Esa mujer, que durante una década había visto como la causante de la ruina en su vida, había mantenido ilesas a las dos personas que, junto con su hijo Tyler, eran todo lo que le importaba en la vida.
Cuando dos días después de despertar, Victoria aceptó verle, él se sentía nervioso, agradecido y algo culpable por el dolor de la joven.
—Buenos días, Victoria —saludó, pero solo se ganó una mirada triste de la mujer —¿Cómo estás?
—Todo lo bien que se puede estar, supongo —gruñó.
—¿Tienes dolores o malestar?
—Ahora mismo quisiera sentir dolor. Quisiera al menos sentir algo, pero parece que de la cintura para abajo mi cuerpo hubiese desaparecido.
—Lo siento.
—Imagino que piensas que me lo merezco. —espetó con tristeza e indignación.
—Lo creas o no, no lo pienso en absoluto. Tengo demasiado que agradecerte. Has salvado mi vida entera, al interponerte entre James y Bella. Solo puedo agradecerte.
—Bella no se merecía recibir ese disparo. Ella nunca se ha merecido nada de lo que le ha tocado vivir y gran parte de eso ha sido por mi causa —reconoció Victoria —, pero te mentiría si te dijera que no he pensado que de no haberme lanzado sobre ella, mi bebé seguiría vivo y yo no tendría que pasar mi vida postrada en una silla de ruedas.
Edward la observó comprensivo, reconociendo la sinceridad de sus palabras.
—Lo siento. De verdad que lo siento. —dijo compasivo —¿Qué planes tienes para el futuro?
—En cuanto los médicos me autoricen a viajar, volaré con mis padres a Australia.
—¿Te mudarás allí?
—Sí. Ya no volveré a molestarte. —aseguró.
Edward sopesó sus palabras y tomó la que fuera quizás, la decisión más importante de su vida.
—He pensado…
—¿Qué?
—He pensado que tal vez, antes de irte, te gustaría conocer a Tyler —ofreció y los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.
—¿De verdad? —gimió —¿Harías eso por mí?
—Tyler sabe que tú eres su madre biológica. La que le llevó en la panza, según él —sonrió —He pensado que podríais conoceros. Podrías mantener algún tipo de relación con él. No sé cuál, pero podríamos arreglarlo.
—¿De verdad, Edward? —sollozó.
—Sí. Si de verdad estás interesada.
—Claro que lo estoy —lloró Victoria y el acuerdo quedó sellado.
Victoria dejó el país dos meses después. Su maleta iba repleta de dibujos que Tyler había hecho para ella y decenas de fotos que se habían tomado juntos, con la promesa de volver para el próximo cumpleaños del niño.
Y Edward por fin la perdonó.
Y así llegamos al final.
Gracias por los reviews, por los alertas y favoritos, y siempre por leer.
Y gracias a todos por acompañarme una vez más.
De cualquier modo, les espero en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
Y en mi perfil encuentran el link del tráiler que Maia Alcyone ha hecho para este fic.
Besitos y nos seguimos leyendo en algún que otro proyecto!
Ah, y el miércoles un pequeño epílogo.
