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Los días pasaron y la vida de la señorita Candy White siguió igual que siempre, aunque Terry no la había vuelto a visitar, probablemente tenía otros asuntos que a ella no le incumbían, pero él nunca había dejado de estar a su lado, siempre visitándole ya fuera por algún pretexto suyo, entonces se dio cuenta que se había acostumbrado a su presencia y a él. ¿y si le había pasado algo?

Siempre haciéndole alguna broma mientras ella trataba de reprimir la risa o sumidos por el silencio que estaba lejos de ser incómodo.

Nuevamente aquella extraña opresión en el pecho la volvió a asaltar, tenía que verle o de lo contrario…

-Candy. ¿Te encuentras bien?- la llamo su hermano – pareces algo pensativa.

Candy sonrió discretamente a su querido Anthony, ahora que ambos se habían reencontrado, Anthony había querido recuperar algo del tiempo perdido entre ambos, así mismo también había tratado de entregarle su parte de la herencia que legalmente le correspondía debido al deceso de Elroy y su padre.

Y ella le había rechazado cortésmente.

Candy le había explicado que jamás podría aceptar ese dinero, que si bien no le guardaba ya rencor a la tía Elroy, se había dado cuenta que no quería volver a su estatus privilegiado como familiar de los Andley, había amado a sus padres y le amaba a él como a un hermano pero algo dentro de ella no consideraba correcto ni justo aceptar tampoco la herencia de su familia.

-¿Qué harás entonces?- pregunto el joven consternado por los pensamientos de su hermana.

La rubia le sonrío ligeramente haciéndole saber que todo iba a estar bien- trabajare.

-¿de institutriz?

-¿Por qué no?

Anthony le miro preocupado, a pesar de ser la misma físicamente le costaba reconocer que era Candy con la que hablaba, la misma Candy con la que había pasado su infancia y su adolescencia entre juegos y aventuras - espero que seas consciente que tu trabajo como institutriz con los Cartwright no podrá ser para siempre, su hijo mayor se ha marchado a la universidad y el menor comienza a no serlo.

-lo sé, por eso he pensado que tal vez podría matricularme en una escuela de enfermería y…

-¿Qué dices?-pregunto horrorizado-¿enfermera?

- ¡cielos Anthony! ¡Suenas tan esnob!- bromeo la joven y después le sonrío dulcemente como antaño.

Anthony tomo sus manos con las suyas- no es eso Candy, pero sabes que no hay necesidad de que trabajes, incluso sino quieres aceptar tu herencia yo puedo hacerme cargo de tus gastos, además aun eres joven y muy hermosa dudo que no haya algún caballero que te pretenda.

-¿él te llevo a mí, cierto?

El joven asintió- tengo que agradecerle, aunque no me agrade mucho creo que tal vez me equivoqué y en toda esa arrogancia hay un tipo decente, él te quiere Candy.

Candy le sonrió triste decidiendo ignorar la última parte- ¿Terry? No, él no es arrogante- y miro las paredes decoradas con un papel tapiz dorado, estaban en uno de los restaurants más exclusivos de Nueva york, eran solo dos hermanos conversando, por un momento se sintió extraña de que no fuera Terry quien la acompañara - de hecho creo que es muy dulce.

Anthony le miro curioso pero decidió no decir nada.

- ¿no es eso algo cruel?

-¿Por qué sigues atormentándote?

Candy le miro esta vez con lágrimas que amenazaban con desbordarse- yo tengo un pasado…

-todos lo tenemos.

-vamos Anthony, ambos sabemos a qué nos referimos-dijo amargamente- la verdad es que creo que le quiero…

El joven se quedó callado por un momento hasta que hizo la pregunta que ella misma se respondía una y otra vez.-¿entonces porque lo rechazas?

-porque no podría aceptarle, no sería justo para él.

-no lo entiendo- Anthony le miro confundido- ¿justo para el o para ti?

-no sé a qué te refieres.

-se lo que te ocurrió-su tono se volvió serio- sé a dónde fuiste cuando todos preguntaron por ti, ahora sé que tía Elroy te mando a un convento para que no hubiera habladurías, se lo que ocurrió entre tú y el tío Albert- el joven le miro insistentemente- por favor Candy, soy tu hermano, solo quiero ayudarte.

Candy palideció ante la mención de su nombre- por favor Anthony...

-no te juzgare- le dijo mientras la miraba serenamente, parecía tan tranquilo y a la vez se parecía tanto a el.- ni lo hare nunca.

-por mucho tiempo he tratado de olvidar el pasado-Candy bebió de su tasa de té mientras sus manos temblaban- no quiero hablar de ello.

-por eso no has podido ser feliz-contesto el rubio ignorando su comentario- solo mírate, no eres la Candy que sonreía todo el tiempo, ¡él se aprovechó de ti!

-¡No!- ella levanto la voz, percibiendo que comenzaba a llamar la atención de la gente curiosa bajo la voz que involuntariamente se convirtió en un susurro- no fue así, yo siempre le quise y..

-él se aprovechó de ti.

-él nunca me prometió nada, no podrías entender, el….

Pero lo cierto era que si lo había hecho.

Le había dicho que volvería por ella y nunca sucedió, le había esperado incluso cuando había vuelto del convento con un poco de esperanza que fue muriendo cada día.

Aun podía oír las palabras de Elroy en su cabeza sabiendo que tenía razón El no vendrá por ti Candy, él tiene responsabilidades más importantes, ya deberías saberlo.

¿Qué intentas hacer Candy? ¿Crees que sintiéndote miserable y haciéndoselo saber al mundo, el vendrá?

-tienes razón, no comprendería y no quiero hacerlo.- dijo el joven sintiendo la misma amargura, se recrimino así mismo por no haber estado ahí cuando ella lo necesitaba y pensó que tal vez debería enviar una carta a su tío.

Era irónico que todo este tiempo la hubieran buscado como Candice Brown Andley y ella solo había cambiado su nombre por Candy White.

Pero incluso en ese momento le pareció que era mejor así, no importaba cuanto pareciera que a su tío le importa Candy , para el Albert la había abandonado hace mucho tiempo y era bastante dudoso que alguien como él siendo la cabeza de la familia se expusiera a las habladurías por un romance con su sobrina, aunque esta fuera adoptada.

-a veces siento que odio a la tía Elroy por lo que te hizo- confeso el rubio.

Candy no dijo nada, prefirió seguir en silencio, decir cómo se sentía solo la confundiría más.

-han cambiado muchas cosas.

Y ella asintió.

-¡Anthony!- dijo una voz femenina- ¡Candy!

Era Annie quien les miraba con su sonrisa tímida del brazo de su flamante esposo quien no tardo en saludar- ¡pero que sorpresa!

Ambos hermanos fingieron una sonrisa- es una sorpresa bastante grata.

Anne miro coqueta al joven de cabellera rubia- ha pasado mucho tiempo- después los presento- stear, él es Anthony Brown, el hermano de Candy.

Stear sonrió ignorando la coquetería de su esposa para con el otro hombre- creo que ya nos habíamos visto antes, mucho gusto.

Anthony le saludo de igual manera, sin evitar mirar de reojo a Annie quien lucía igual de bonita que siempre y recordó su enamoramiento fugaz por ella, entonces solo sonrió.

Ahora ya solo era Anne Cornwell, la señora Cornwell, tenía que admitir que aún no olvidaba su rápida y decepcionante relación con la señorita Karen klaise.

-nos encantaría que nos visitaran algún día- había dicho la joven pelinegra -Candy ¿eres todavía institutriz?

Candy asintió.- conozco a una familia muy buena, cuando termines de trabajar con los Cartwright.

Stear miro con molestia a su esposa y trato de cambiar el tema- espero que no esté extrañando mucho a Terruce.

Candy le miro extrañada ¿Cómo sabía que lo extrañaba? , entonces fingió que no sabía de qué hablaba.

-se ha marchado tan pronto- dijo el hombre viendo la expresión confundida en ella- a Inglaterra...

-oh, ¡claro!-Candy trato de fingir cuando al mismo tiempo un sentimiento de soledad se apoderaba de ella- lo siento. He estado un poco distraída.

¿Se había marchado? ¿La había dejado?