No al plagio


Capítulo cinco: Oh... De ese celo hablas


Regresar del Ministerio fue hermoso. En serio, si Lucius seguía hablando de lo importante que era que me metiera a clases de etiqueta ya que, como buena Malfoy —sigo siendo Granger hasta que un papel oficial me diga lo contrario (aunque solo me hago tonto, porque sí existe pero nadie me lo ha enseñado)—, debo representar a la familia con lo mejor de lo mejor. Un suspiro cansado sale de mis labios y dirijo mis ojos a Narcissa en súplica, ¿no había dicho que ya era mi aliada? Quiero empezar a utilizarla.

Y como si estuviera leyendo mi mente, llama a su esposo.

—Querido.

Un sólo susurro basta para callarlo. Dios mío, quiero aprender a tener el control de esa forma.

—¿Si, amada mía? —pregunta embelesado, pero con tinte confundido. La dulce sonrisa de Narcissa toma más fuerza en su rostro.

—Llevemos a Hermione a casa aprovechando que tiene libre lo que resta de la tarde.

«¿Aliada? Traidora a la primera de cambio».

—Por supuesto. A eso iba a llegar, a comentarles que sería buena idea que Granger se fuera acostumbrando a la nueva vida que tiene.

—Me están jodiendo, ¿verdad?

Narcissa hace gesto con la mano, restando importancia a mis palabras—. Eso ya lo está haciendo mi hijo.

La sonrisa maliciosa de los Malfoy crece a la par de mi sonrojo.

*elfitos*lindos*

Borroso. Todo lo que está a mi alrededor se desenfoca y me marea, el dolor en mis extremidades es horrible y frustrante. Un sollozo escapa de mis labios, estoy muriendo de necesidad.

Mi padre comentó en su momento que un celo de elfo alfa no es como con los lobos u otros criaturas mágicas alfas. No. El sufrimiento al que somo sometidos es muy comparado a un omega de otra raza.

En elfos, los alfas son los que sueltan feromonas que claman por su pareja destinada. Éstas no provocan deseo sexual en nadie más que no sea mi pareja, por eso huí de Hermione. Someterla a tener relaciones sexuales bajo la influencia de mi olor es lo más cruel que puedo hacerle… Sin embargo, el que está sufriendo soy yo.

La recámara que me ha dado Dumbledore es acogedoramente horrible, tiene mucho rojo chillón para mi gusto. En fin, mi mente vaga todo lo que puede para pasar por alto lo que está sientiendo.

Grito cuando un espasmo me golpea el cuerpo, mis testículos están tensos de tantas pajas que me he hecho desde que dejé a Hermione en la enfermería. El falo me arde de tanta fricción que mis manos y sábanas tienen que hacer para bajarlo un poco.

Pero nada funciona, quiero enterrarme en su cuerpo. Marcarla con mi aroma, sobre todo, marcarme con el suyo; quiero sentirme parte de ella sin tapujos. No puedo seguir mintiéndome tan descaradamente como lo he estado haciendo.

—Bendito Merlín…

Jadeo y me recuesto una vez más sobre la cama con sábanas rojas. Estoy completamente desnudo, la ropa me quema la piel; me extiendo cuan largo soy, flexionando las rodillas hacia mí hasta quedar con la planta de los pies sobre la superficie. Una posición un poco vulnerable que me ayuda a imaginar que Hermione me monta, llevo una mano a mi dureza y la otra a mis bolas para reiniciar las caricias que hace veinte minutos me hice.

Me siento tan vulgar, tan ninfómano.

Recuerdo vívidamente la primera y única vez que he tenido a mi esposa a mi merced, aullando de placer mientras yo me corría dentro de ella. Su placer provocaba el mío.

—Maldita sea, Granger. Sería tan fácil dejar que… ¡ah! ¡Demonios!... Que mi lado elfo hiciera todo el trabajo al envolverte en sus redes para tenerte gimiendo justo ahora, pero no puedo hacerte eso… ¡Carajo, qué exigente te pones con cada, minuto que pasa! —grito molesto al no ser suficiente mis manos—. Es inconcebible para mí arrastrarte en esto, pero la realidad es que deseo con todo mi corazón que vinieras por voluntad.

Un sueño bastante imposible de realizar.

Si algún cuadro dice que rompí en llanto después de mi declaración es una blasfemia.

*elfitos*lindos*

—Si sigues dando vueltas por la recámara me volverás loco —dice el chucho desde la cama; está retozando cuan largo es y con la cabeza racargada en la orilla, me está observando de cabeza con una mirada entre burlona y fastidiada.

—Cállate —gruñó—. Tú no entiendes nada.

—¡Oh, no! No te atrevas a decirme esa típica frase tuya, Severus. ¿Qué parte de «yo también tengo un ahijado que amo como un hijo y que está luchando por su vida» no entiendes? —A pesar de sus palabras no hay reproche en su voz, es más bien un tono compasivo que me desaspera mucho más.

Pero tiene razón.

Me desplomo derrotado junto a él en la cama, él se incorpora de tal manera que quedo con la cabeza en su regazo. Sus manos comienzan suaves caricias en mi cuero cabelludo; si le preguntáramos a las personas a nuestro alrededor si piensan que somos una pareja cariñosa dirían que no, es más, harían cara de confusión por el simple hecho de decirles que somos pareja. Sin embargo, la realidad es que fido y yo somos capaces de desnudar nuestras almas y vulnerabilidades frente al otro en la intimidad de una habitación.

—Sé que en la reunión de maestros se quedó que no se le diría nada a Hermione por su protección y la de Draco. Pero… —se calla unos segundos, como analizando sus palabras—, ¿no crees que sería mucho mejor para Draco que Hermione sepa lo que ocurre?

Abro los ojos que con tanto mimo cerré y los enfoco en su rostro pensativo. Alzo una ceja en señal de que continúe.

»Sí, Severus, eso. Estamos subestimando a la bruja más inteligente, ¡ni siquiera Dumbledore es tan inteligente que ella! Tiene experiencia por todos los años que ha vivido, que son un montón, no obstante, Hermione es natural. Por mala o buena que sea la decisión que tome podemos saber que fue por ella misma, porque vio todos los pro y contra de ir con Draco —termina con una sonrisa triunfante.

—Vaya, fido… Nunca pensé que utilizaras ese músculo tan importante llamado cerebro.

—¡Ey!

—Es la verdad, bueno. Es muy acertada tu cavilación, lo que nos lleva a pensar cómo hacerle saber a Granger.

—Eso es lo más fácil. Lo difícil era convencerte a ti, por lo visto, fue pan comido —comenta viéndose las uñas fon altanería.

«Maldito pulgoso», pienso poniendo los ojos en blanco.

Aunque sonrío al darme cuenta de que logró su cometido: hacerme olvidar el mal rato.

El plan de Sirius no tiene nada de tonto, hasta me le hice notar que me iba a empezar a preocupar si ideas ganiales se volvían un hábito en su vida. Es obvio que por ser un merodeador tenga imaginación… para cosas malas y poco divertidas como las que me aplicó a mí de jóvenes. Me encuentro gratamente sorprendido por su capacidad de estratégia en lo que compete a mi ahijado.

El punto fuerte de su plan es que tenemos que convencer a Minerva de ser nuestra cómplice (ella es demasiado pegada a obedecer a Dumbledore), por lo que todo depende de su respuesta. Así que tengo al chucho tocando ma puerta de su despacho en lo que yo piensa en otras opciones; no es que sea pesimista, es la experiencia que me ha dejado trabajar con ella lo que sé que responderá. Pero no quise decirle nada a Sirius para no ser yo el que rompa su corazón al ver su perfecto plan irse al carajo.

—Adelante.

La voz de Minerva es un poco más rasposa de lo normal, ha de estar leyendo alguno de sus tantos libros.

—Después de ti, Severus.

Pellizco el puente de mi nariz antes de adelantarme; que se acabe de una vez todo esto. Al entrar, la veo entretenida con un libro —¡ja! Deberían pagarme cada vez que acierto lo que hace—, y apenas inclina un poco la cabeza, saludo.

—Buenas no…

—Calla, Severus.

O intento hacerlo.

En mi defensa puedo decir que no he hecho nada en toda la semana para provocar su ira, ¡le di un punto a Gryffindor cuando Granger contestó —sin pedírselo— el nombre de la poción que veríamos ese día en clase. La puerta se azota un poco cuando Sirius la cierra, pero es el único sonido que hay en el despacho.

—¡Hola, Minnie! ¿Qué…? —el chucho se queda a media emoción por el semblante que Minerva le muestra, pero estoy hablando de Black—. Oh. ¿Estás bien del estómago? Te puedo dar una receta muggle muy buena…

—Será mejor que cierres el pici jovencito —dice con dureza.

Se levanta del asiento como si tuviera un palo metido por el culo y camina despacito hacia nosotros. Sirius, tan valiente como es, se esconde detrás de mí, empujando mi cuerpo hacia la mujer. «¿Por qué demonios me enamoré de este hombre?» la respiración de Minerva se agita un poco y comienza a murmurar cosas inentendibles, fido y yo seguimos parados cerca de la puerta. Estoy a nada de soltar un comentario mordaz, abro la boca para empezar, y ella se adelante.

—Sé a qué vienen y he de decir que tardaste en hacerlo más tiempo del que esperaba realmente. Entiendo que Sirius, al ser tu pareja, te apoye y entiendo que tú te dejes apoyar; solo quiero entender una cosa y quiero que me digas la verdad.

Vaya. Como que hoy es el día de poner a trabajar los cerebros.

—Adelante —adradezco todos los años que trabajé de espía, porque tanta práctica me hace actuar en automático y no digo lo que pienso, sino lo que me salva de la muerte.

Asiente firme—. ¿La unión que el señor Draco necesita provocará algún dolor físico o emocional en la señorita Granger?

Contesto con seriedad—. Emocionalmente hablando, no. En cambio, puedo decirte que la señora Malfoy no podrá caminar con normalidad después de jo…

—¡No sufrirá, Minerva! —me calla Black. Me va a doler la cabeza de tanto girar los ojos

—¡Ella quiere que le hable con verdad! Estoy cansado de que todo el mundo, desde Dumbledore hasta la señorita Granger, no dejen de señalar a mi sobrino. ¡Sí, es un elfo! ¡Un puto elfo que los salvó de Voldemort y que no ha hecho nada más que proteger a su destinada! Mi ahijado está sufriendo por no poder joder, ¡literalmente!, a su esposa. Ya no hay nada que la señorita Granger pueda negar o evitar, en el Ministerio ya está legalizado su matrimonio desde el día que ella, por voluntad, se entregó a Draco.

Para este punto de exaltación de mi parte, Sirius me tiene agarrado de la cintura mientras tengo acorralada a Minerva entre su escritorio y nosotros. Respiro un poco buscando una paz que nos siento; porque cuando se trata de Harry Potter todo el mundo se moviliza en un segundo a buscar soluciones sin importar las consecuencias, pero cuando se trata de un Slytherin siempre ponen condiciones o sospechas sobre lo que pasa. Y dicen que nosotros somos los clasistas, vaya mierda que quieren meternos en la cabeza.

—Severus —susurra sorprendida por mi arrebato.

—No te pediré perdón. Lo que sí te pedi es tu ayuda para quitarle a mi ahijado el dolor que está sufriendo con cada segundo que perdemos el tiempo en esta discusión. Vine con toda la disposición y la calma de pedírtelo, tu empezaste con tu tonta pregunta.

—Yo quería saber si tu…

—Ahora soy yi el que te dice que no ternibes esa oración —exije Sirius—. Severus tiene razón, nunca pinemis en duda las cosas de Harry o de nosotros, pero siempre orillamos y señalamos a Severus o a todos los que están a su alrededor. Es su ahijado, a quien ama como un hijo de la misma forma que yo amo a Harry. Lo que queremos es que le digas la verdad a Hermione, que le cuentes lo que es un celo alfa en elfos; ella está informada en las demás criaturas, pero de los elfos ni hay nada documentado más que lo que los libros ancestrales de los Malfoy. Todo estará en manos de ella, ¿no te cansas de enorgullecerte por lo inteligente y maravillosa que es? Entonces demuéstraselo con el voto de confianza al contarle la realidad de Draco y no la envuelvas en una burbuja. Nos retiramos, que tengas buena noche.

Sin más, soy arrastrado por los pasillos hasta que Sirius me acostó en la cama. Cabe decir que estoy agradecido con él y se lo demuestro toda la noche.

*elfitos*lindos*

Lo que tanto temía en los últimos días, ha pasado. Desde que me dijeron que sería madre a corta edad he estado huyendo de conocer a la niña en cuestión y llegó el día que, sin pensarlo ni desearlo, que tuve que conocerla.

¿Por qué tenía tanto pavor de conocerla? Porque sabía que una vez que la viera no podría negarme a decir lo bella que sería.

—Y no me equivoqué —susurro al entrar a la sala y ver el Moisés que la sostiene. Bellos tonos amarillos la adornan.

Pongo un poco de atención y soy consciente de los gorgogeos que provienen de la camita. Dios mío, parezco estúpida parada en la entrada de la sala; los Malfoy me dejaron sola, de eso estoy segura sin necesidad de voltear. Pero, bueno, he enfrentado a magos tenebrosos por varios años así que una bebé de cuatro meses no me hará nada.

Se supone.

Me acerco a la pequeña que se agita con fuerza y no dudo en sonreír. Estoy completamente jodida. La niña siente mi presencia al llevarse uno de sus piecitos a la boca, ¿no se supone que un bebé de su edad no puede hacer eso?, y me observa con atención; puedo asegurar que las dos podemos sentir esa conexión mágica que nos une irremediablemente. Se me corta la respiración y se crea un silencio pesado, pero la bebé, en su inocencia, emite un chillido de regocijo y sonríe agitándose. Sus brazos sus mueven de arriba a hacia abajo y entiendo lo que quiere, se lo doy.

La tomo entre mis brazos con temor a tirarla y la acerco a mi pecho.

—Estoy acabada. Entre tú y Draco me volverán loca, ¿sabes? —No tengo la más mínima idea del porqué le cuento esto a la bebé, pero ocupo desahogarme—. Llevo días, exagero un poco, que estoy investigando lo que le pasa a Malfoy. Se fue corriendo de la nada, como si mi presencia… le hiciera daño. No lo he vuelto a ver desde ése día, tampoco nadie me dice sobre su paradero. Me he comido la biblioteca mágica en un tiempo record, ni para derrotar a Voldemort la necesité tanto para saber cómo derrotarlo. En cambio, a Draco no puedo ayudarlo y no mucho menos puedo preguntarle.

Tomo un respiro y observo a la pequeña que se ha quedado en silencio, mirándome con el ceño fruncido como si entiera lo que le digo. Le sonrío con labios apretados.

»Por otro lado, tampoco tengo idea de lo que haré contigo. Sé que no tienes la culpa de los padres que tuviste, pero… ¡tengo diecisiete años, Dephini! No puedo tener una responsabilidad tan grande como la de hacerme cargo de ti —siento mi voz quebrarse—; sé que los Malfoy harán un buen trabajo contigo en lo que yo me preparo para darte lo mejor. Una vez mis papás me dijeron que todas las cosas que pasan en nuestra vida son para bien: las cosas buenas son para disfrutarlas (como un rico postre) y las cosas malas hay que saber digerirlas (como las verduras que no nos gustan, pero las necesitamos por los nutrientes que nos dan). Los momentos malos que pasamos son para sacar lo mejor de nosotros y demostrar la fuerza que tenemos… pero, ¿siendo sincera? Me siento sobrepasada con esta situación.

—Tienes que tomar las cosas con calma, querida —dice una voz suave detrás de mí; brinco del susto, arropando a la bebé contra mi pecho en cautela.

Es Narcissa.

—Señora Malfoy.

—Dime Cissy, querida. Eres mi nuera y hay confianza.

Asiento un poco dudosa.

Recuerdo sus palabras—. Es difícil tomar las cosas con calma si vivo en la ignorancia de lo que le pasa a Draco.

Su rostro toma un gesto de comprensión y me hace una seña para acompañarla a sentarme junto a ella en un sillón doble. Para esto, la bebé se ha quedado dormida.

—Te explicaré lo que mi marido me enseñó hace muchos años, antes de que tuviera su primer celo junto a mí. Su pareja. ¿Estás lista?

—Si eso significa que puedo ayudar a tu hijo y quitarme un peso de encima, estoy más que lista.

La sonrisa que adorna su rostro me confirma que he contestado acertadamente.

—Como sabes, en las criaturas mágicas existen tres clasificaciones de rango: alfa, beta y omega. Los primeros, son la fuerza de las manadas, dan cuidado, seguridad, proveen y son los guardianes, son los que dan la semilla para gestar y pueden ser tanto hombres como mujeres; lo segundos, son neutrales tienes menos fuerza que un alfa, pero más fuerza que un omega (pueden procrear entre sí, pero son embarazos de alto riesgo por lo que se les recomienda gestar con otro rango); y los últimos, son el corazón de las manadas, los nacidos para procrear excelentes crías con cualquiera de los dos rangos anteriores. ¿Vamos bien hasta aquí?

Trago pesado, es más serio de lo que pensé—. Sí.

—Prosigo, esa es la parte básica de los rangos. Sin embargo, hay una parte que es más complicada y cada una es diferente según de la manada que la componga: el celo. ¿Qué es el celo? Es una temporada en la que los alfas y omegas sueltan feromonas para llamar la atención de una posible pareja que les cumpla su deseo: procrear. Cuando un alfa cae en celo mantiene su mente intacta no hay influencia en él, los betas y omegas son perfectos para saciar su necesidad de sexo por voluntad propia; pero un omega en celo pierde la consciencia de sus actos, volviéndose un adicto que buscará, de cualquier, manera saciar su hambre.

—Es horrible…

—Así es querida, cada tres meses los omegas sufren esa terrible condena y muchos eran violados o reclamados en contra de su voluntad, hasta los alfas los tomaban en público. Era un horror antes de que naciera una ley en el Ministerio que prohibía que los alfas de las manadas se aprovecharan de sus omegas, que cualquiera que violara o marcara a un omega en un celo no consentido por la víctima tomaría el beso del dementor. No habría quién lo salvara. Gracias a esa ley hay menos muertes en omegas jóvenes y más parejas destinadas.

—Disculpa que te interrumpa, se… Cissy. Pero creo entender que lo que me estás contando no aplica a los elfos, ¿verdad?

—¡Maravilloso! —dice encantada—. Lucius y mi hijo decían que tenías una mente brillante y lo he comprobado. Tienes razón, querida, lo que te estoy diciendo no aplica en los elfos; no obstante, ocupaba explicarte esto para que entendieras lo que sucede con mi Dragón.

—Ok —comento sonrojada por el halago.

—Con los elfos es diferente en el celo. Te acabo de decir que los omegas son los que sufren un celo terrible, ¿cierto?

Asiento firme, igual como lo hago cuando un maestro me pregunta algo.

»Pues en los elfos, los que sufren de un terrible celo son los alfas. Y un alfa emparejado puede desear hasta la muerte sino tiene a su pareja consigo durante la semana de celo.

Se hizo un silencio mortífero.

«Santo cielo».

Todo hace click en mi cabeza y las piezas se acomodan perfectamente en su lugar.

—¿Draco morirá sino estoy con él? —pregunto más roja que un tomate maduro.

La única vez que he tenido sexo con alguien fue con él, pero ya no volvimos a intimar. Creo que no fui lo suficientemente buena en ello, porque no volvió a pedírmelo.

—Oh, no. Patrañas, es una expresión para que comprendas el nivel de dolor y angustia que sienten los elfos alfas en sus celos sin su destinado.

Guardo en silencio para pensar bien las cosas. Me da miedo encerrarme con Draco en ese estado de enajenación y locura sexual, «¿me lastimará?», pienso.

»No. Como esposa de un elfo, que ya tiene varios años de experiencia en ese tema, te puedo decir que tu alfa nunca, nunca te hará daño. Sí, está hambriento de sexo. Querrá pasar entre tus piernas para probar tu esencia como para enterrarse en ti. —OH. POR. DIOS. EDUCACIÓN SEXUAL CON MI SUEGRA—. Pero siempre será para darte placer. El celo de un alfa elfo es la necesidad del alfa en sentirse competente para su amada en todos su ámbitos: te alimentará, te dará de beber, te arropará después de tus orgasmos, te lavará y se acurrucará junto a ti sin despegar su mirada. Siempre atento a que nada te haga falta, no dormirá hasta pasado el celo.

Es obvio que lo que pensé no fue pensado sino hablado, si es que lo que acaba de decir lo confirma.

—Lo siento —digo azorada.

—Te entiendo, hija. Eres jóven y no conoces estos temas, pero me tienes a mi y a mi marido para sacarte de las dudas. Él puede tener cara de no tragar a nadie, pero cuando se trata de alardear sobre su condición elfo no hay quién lo pare de hablar —comenta poniendo los ojos en blanco y guiñándome un ojo en complicidad.

—Creo que ya debo irme —respondo abruptamente.

Me levanto del sillón y camino a la salida, me detengo cuando oigo un carraspeo.

—¿Hermione?

Volteo la cabeza sobre mis hombros y la observo confusa. Ella mueve sus ojos hacia mi pecho y levanta una ceja en burla, sigo su mirada y abro los ojos asombrada.

»Delphini se queda con nosotros, ¿no?

¡Carajo!

«¡Al fin estoy reguardada en la intimidad de mi habitación!», es lo que pienso al caer desparramada en la cama. Estoy agotada física y, sobre todo, emocionalmente.

Hay un punzante dolor en mi sien por todo lo que he pasado este día; tanta información por digerir me está acabando la cabeza. Necesito dormir tendidamente, sin interrupciones. Lo bueno que mañana es domingo y no tengo responsabilidad alguna.

—Las preocupaciones puedesn ser para después —digo en voz alta en mi habitación.

De repente, un picoteo en la ventana de mi habitación me toma por sorpresa. ¿Qué sucede? ¿Es que no podré tener un minuto de paz éste día? Me paso las manos con fastidio por la cara y me permito patalear en protesta. Después, me levanto molesta para abrirle a la lechuza…

Es un ave diferente a las que recibo comúnmente, la observo con curiosidad mientras reposa sobre mi escritorio.

—Eres un ejemplar muy singular. Ten un bocadillo mientras veo qué es lo que tienes para mí.

Quito el pequeño pergamino que trae en su pata y le aplico el contra hechizo para que vuelva a su tamaño normal. Frunzo un poco el ceño al leer el remitente.

Minerva Mcgonagall

Rezaba el pergamino. ¿Qué quería la profesora a estas horas de la noche? Sin más, me pongo a leerlo.

Buenas noches, señorita Granger:

Puedo apostar que mi carta la tomará por sorpresa y más por lo que tengo que decirle. Todos los profesores estamos preocupados por la condición de su esposo, el señor Malfoy, y, por primera vez, no estamos de acuerdo con la órden que ha dado el director de no decirle nada a usted acerca de Malfoy.

Me temo que no puedo quedarme callada ante una situación tan injusta como esta, usted es mayor de edad (legalmente aquí en el mundo mágico) y tiene un maravilloso cerebro que sabe utilizar muy bien. Por lo que me veo en la necesidad de dejar esta decisión en sus manos: si usted desea estar junto a su esposo en esta etapa tan difícil para él, el pergamino se volverá un mapa que le enseñará su ubicación; pero, si no desea hacerlo, puede romper el pergamino y nadie la condenará por ello.

La exhorto a que piense bien qué es lo que hará, porque si cometerá una locura tendrá que hacerla sin arrepentirse. Si vas y te arrepientes jugarás con los sentimientos de un jóven que está igual o más espantado que tú, recuerda que él no sabía nada de su condición antes del verano pasado.

Es todo lo que tengo que decir, señorita Granger-Malfoy. De todo corazón, respetaré la decisión que tome y la respaldaré como siempre lo he hecho. Hasta luego.

No. La verdad es que no puedo tener un minuto de paz.


Si todo va como hasta hoy, tendremos capítulo el jueves. ¡CACHONDEO SABROSO, SEÑORITAS!

Nos leemos pronto, gracias.

InesUchiha