¡Hola! ¿No ha pasado tanto tiempo, o sí? ¡De verdad me esforcé en escribir esto! Y aunque sigue siendo algo corto... (o no sé, ustedes juzguen, que estuve escribiendo capítulos de 10 mil y pico palabras D: ), tenía que subirlo porque... ¡Oh dios mío! Es tan jodidamente cursi... *se sonroja* Pues bueno, acá si verán cuál es el tema de los últimos capítulos...

Gracias de nuevo por leer~ Estoy contenta porque han llegado nuevos lectores/as ^^. Gracias especialmente a los que se han tomado la molestia extra de escribirme un review y por agregarme a sus alertas: kiriegrati, Artemisa Neko-Chan y Namiko-Kiryu.

Ah... antes, en este capítulo toco un tema que quizá moleste, sin embargo, no es mi intención (por supuesto) tocar susceptibilidades ni nada por el estilo. No estaba dentro de mis planes hacerlo, pero era importante para continuar con la línea que estoy siguiendo. Así que de una vez lo aclaro: hablo de la menstruación, así que si ustedes deciden no leer el capítulo por el tema (que tampoco es todo) son libres de hacerlo, lo importante saldrá a relucir también en el siguiente capítulo.

Nos leemos allá abajo (espero)


Disclaimer: La serie Vampire Knight (tanto manga como anime) son propiedad de Matsuri Hino. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

Importante: Spoilers del manga.

Resumen: Después de la cena accidentada, Ayumi recibe noticias desastrosas por parte del Consejo, así como un aviso de su propio cuerpo que le hacen (re) plantearse cosas de su futuro y no sólo a ella, sino también al cazador con el que parece las cosas están llegando a un nivel más alto.


Sin título

Siempre que estoy sola contigo / me haces sentir como si estuviera en casa de nuevo

Siempre que estoy sola contigo / me haces sentir como si estuviera completa de nuevo

Siempre que estoy sola contigo / me haces sentir como si fuera joven de nuevo

Siempre que estoy sola contigo / me haces sentir como si me divirtiera de nuevo

Sin embargo, en la distancia siempre te amaré

Sin embargo, en la distancia estaré siempre amándote

Cualquier palabra que diga, diré que siempre te amaré

Siempre te amaré.

Lovesong - Adele


Después de hablar con Cross, se metió en su habitación en silencio. Su cuarto, antes sin color (incluso se podía considerar aburrido), mostraba ahora la señal de vida, y no una simple vida, sino una compartida. Era cierto, a veces se molestaba porque las cosas de Ayumi iban guardando terreno o porque movía sus pertenencias, pero no era nada grave y por supuesto, aquello no significaba nada, no eran más que cosas triviales. Problemitas cotidianos que no hacían más que recordarle que, ahora esa era su vida. Salvo algunas cacerías ocasionales, su vida podía considerarse corriente, quizás hasta normal. Y estaba agradecido con quien fuera que hubiera decidido que era momento de que llevara nuevamente ese tipo de vida.

No hizo ruido tampoco al sentarse en la cama y trató de hacer lo menos cuando se quitó los zapatos y la ropa, incluso cuando se metió bajó las mantas. Mientras intentaba dormir, observó a la vampiro. Podía distinguir sus hermosos rasgos en la oscuridad y su gesto de tranquilidad. Pensó en que no habían hablado nada, aunque no quería darle más importancia. Tendrían el día de mañana para arreglar eso.

De pronto, al acomodarse más cerca de la durmiente mestiza, sintió húmeda la sábana, en la zona próxima a su cadera. Extrañado, tentó el lugar y comprobó que, efectivamente, la zona estaba mojada. Un sonrojo le invadió mientras intentaba comprender la razón por la que hubiera pasado eso. No sería como si, si ella hubiera tenido un accidente… ¿O sí? Agitó la cabeza rápidamente, eso era imposible. Sin embargo, concentró sus sentidos en el ambiente de la habitación, dándose cuenta de que había un olor a sangre, lo que bastó para alertarlo. Quitó con violencia las mantas de encima de ella, quien se despertó por la brisa generada por la acción, soltando un leve quejido.

—¡Ayumi! —Le tomó por los hombros con mucho cuidado, no sabiendo que hacer exactamente. Ella se contagió del pánico del peliplata y se quedó paralizada, especialmente porque no entendía que pasaba y porque estaba adormilada. —¿Estás bien? —Preguntó con suma urgencia.

Ella seguía sin entender que le decía, hasta que sintió algo húmedo deslizándose por su entrepierna. Respiró profundamente, lo suficiente como para poder aclararse, eso era lo primero, despejarse y luego concentrarse en encontrar lo que no fuera normal. Trató de dar con algún dolor y localizó uno muy leve en el vientre, de hecho, era igual al que sintió cuando se acabó de poner el corsé, aunque ahora mismo ya no lo llevara lo seguía sintiendo. De ninguna manera podía confundirlo con un dolor previo, y quizás eso explicaba por qué lo había ignorado.

—Estoy bien, creo. —Zero la miró confundido. Ella no le hizo caso y se colocó ambas manos sobre el vientre, donde sentía las punzadas, apretó un poco y sintió como si llevara un globo lleno de agua adentro.

—Pero estás sangrando. —Le dijo él, en exceso preocupado.

—¿Seguro que es sangre? —Preguntó Ayumi de pronto. Si fuera eso lo que se le escapaba del cuerpo ¿No tendría que ser la molestia más grave? El peliplata se levantó para encender la luz, regañándose, debía de haber comprobado si aquello efectivamente era sangre. ¿Aunque, qué otra cosa podría ser? Olía a hierro y a sal la habitación. Cuando se encendió la luz, Ayumi abrió los ojos como plato, igual que Zero. Su entrepierna estaba llena de sangre, así como las sábanas bajo ella, era mucha. Con un poco de desconcierto, Ayumi dirigió su mano derecha y se tocó justo donde la mancha nacía. El cazador la observó con un sonrojo antes de decidir salir de la habitación e ir por el Director.

Sin importar qué, ahora estaba completamente segura que aquello que le escurría era sangre, conocía muy bien el aroma que tenía la suya y no había lugar a dudas. Con cuidado se incorporó en la cama, incluso con miedo, porque no sabía de que se trataba aquello. ¿Por qué, por qué sangraba de aquella manera tan escandalosa y sin sentir el dolor que seguro conllevaba? La pelinegra se pellizcó, intentando saber si su sistema nervioso iba bien, y sí, sintió el mismo dolor que debería de haber sentido. Eso no respondía por qué no tenía más que un levísimo dolor, ni por qué no se despertó con la hemorragia.

Cuando los hombres llegaron, ella puso un gesto de total confusión que aumentó cuando Cross suspiró. El hombre observó a Ayumi y luego agitó la cabeza, era eso, no había por qué preocuparse.

—¿Kiryuu-kun, puedes ir a la enfermería? —Él asintió. —En el estante, al lado del escritorio de la doctora, hay compresas, trae un paquete y agua oxigenada. —Zero se pasmó y luego se sonrojó terriblemente, entendiendo sin más complicaciones para donde iba aquello; salió casi corriendo, no por urgencia verdadera, simplemente por vergüenza.

—¿Estoy herida? —Preguntó confundida, volviéndose a tocar el vientre, presintiendo que de ahí venía la causa, de otra manera ¿Por qué habría pedido aquello?

—No, Ayu-Chan, en absoluto. —Respondió en tono amable.—Ve a bañarte, necesito quitar la ropa de cama. No te preocupes; cuando salgas, hablaremos. — Ayumi se levantó entonces y salió aún más confundida, no entendía nada, absolutamente nada.


Me preocupé por nada. —Pensó rumbo a la enfermería. Había comprendido que era lo que pasaba; recordó que Ayumi le había dicho, antes de irse a la Asociación con Sara, que ella nunca había experimentado el periodo, lo que lo había hecho sentir extraño por las cosas que habían hecho juntos y ahora, bueno… seguía siendo raro. Claro que, en clase, les habían explicado, aunque sin entrar en detalles, acerca del molesto visitante mensual de las chicas, pero no había tenido a alguien cerca con esos problemas y no creía que fuera exactamente lo mismo en las vampiro.

La llegada de ese hecho marcaba que Ayumi ya sería capaz de engendrar vida y alojarla en su cuerpo, en otras palabras, podría ser madre.

Podría ser madre, si ella lo quisiera, incluso ahora.

En su pecho algo se anidó, fuera lo que fuera, se vio ignorado cuando abrió la puerta de la enfermería. El ambiente en la pequeña sala se sentía más frío de lo que recordaba, quizás porque no habría gente en ese lado del terreno, al menos, no hasta que lograran reconstruir por completo la Asociación y dejaran de usar las dos residencias de estudiantes para alojar a los cazadores.. Encendió la luz y comenzó a buscar lo que se le había pedido, nuevamente con el último pensamiento antes de entrar. Ahora, si no andaban con cuidado, podrían tener una familia. Se cuestionó sobre ello, ¿Significaba aquel pensamiento que deseaba formar una familia con ella? ¿Deseaba llevar a ese grado su relación?

Hijos… —Los hijos, la prueba viviente de que dos personas se amaban, la extensión de ese vínculo; una gran responsabilidad. —Familia… —Parecía que jugaba a conectar palabras, pero no podía evitar ir sacando más y más conceptos, al menos, por ese momento, no cuando no quería pensar seriamente en lo que cruzaba su cabeza o en lo que se dibujaba con claridad y apuntaba a más que un simple y vano pensamiento. Respiró y sacudió la cabeza, sonrojado. Pero, de verdad, no podía negar que una parte de él se sintiera emocionada y ansiosa al pensar en eso, aunque no sabía cuál en mayor medida. —Mi propia familia, con Ayumi. —Era increíble lo que un fenómeno biológico podía desencadenar. —Un futuro con Ayumi, una familia, un hogar.

No llevaban el gran tiempo juntos, pero eso no podía decir que fracasarían si lo intentaban. Nada era seguro. Si su primera familia viviera aún, seguramente su padre podría guiarlo a una respuesta acerca de lo que sentía. O quizá no, porque la probabilidad de que le dijera que estaba bien casarse con una vampiro era nula. Le sorprendía a sí mismo tener esta clase de pensamientos; nunca había pensado tan a futuro. Al menos, por lo que recordaba. Estos pensamientos acerca de una vida compartida le daban un poco de miedo, eran suposiciones de un gran peso que costaban demasiado el mero hecho de plantearlas. ¿Ayumi se habría planteado en algún momento compartir su vida con alguien? ¿Y con él, lo habría hecho? ¿En algún instante se había dedicado a pensar que podrían casarse, tener hijos, formar una familia? ¿Él mismo se lo habría planteado con Yuki (Considerando que había estado enamorado de ella)?

Se le ocurrió pensar que estaba forzando esos pensamientos, pero no sentía tal cosa, era todo muy espontáneo. No podía darse cuenta que eran pensamientos normales, que tarde o temprano hubieran llegado a él. Y ahora, parecía que sus únicas preocupaciones eran el presente y el futuro, sobretodo este último ¿Qué quería? ¿Cómo deseaba vivirlo?


—¿Ayumi, no habías dicho que sabías lo que le pasaría a tu cuerpo una vez que tú… ¡ustedes! Hicieran… eso? —La voz del Director tenía ese tono levemente neurótico que no hizo sentir, para nada, mejor a la pelinegra que sólo pudo sonrojarse. —Con ustedes, esto sucede: lo que hicieron, y saben a qué me refiero con eso, es como una señal para su cuerpo, la señal de que están madurando lo suficiente como para pasar al siguiente paso.

—Pero… creí que era como en las mujeres humanas, que cuando fuera adulta llegaría, junto con la posibilidad de engendrar. —Se excusó, mirando alternadamente entre Zero (quien se había visto arrastrado por Cross a la plática) y al Director, quien se alteró un poco más al escuchar esto último. ¿No se suponía que Ayumi había sido criada por un médico? Entonces, ¿Por qué tenía aquella información errada?

—¿Quién te dijo que las cosas se daban así? —Preguntó más tranquilo, tampoco se trataba de regañarla.

—Yo lo entendí así, a mí sólo me hacían los exámenes y nadie se molestó en explicarme a fondo. —Su cara había adoptado aquel peculiar gesto de molestia; ahora se sentía estúpida cuando todo aquello no era su culpa.

—¿Qué exámenes? —Preguntó de nuevo Cross.

—Bueno, exámenes para saber si estaba en edad reproductiva. —El hombre hizo conjeturas, seguramente, si nadie le había dicho eso, era porque no le veía el caso, especialmente cuando no mostraba todas las señales de estar madurando en ese aspecto.

—En las mujeres humanas, es normal que se dé en la adolescencia, de hecho, es un poco raro que llegue a tu edad, se da más temprano. —Ayumi asintió. —Como te dije antes, en ustedes, como vampiros, tiene que haber…—Carraspeó un poco nervioso, no importaba cuantas veces diera esa plática, seguro nunca podría acostumbrarse. —…una relación sexual de por medio para que suceda. —No los veía, pero daba como un hecho que estaban sonrojados, como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera concentrado en su rostro. —El cambio más significativo en su adolescencia es el crecimiento de los colmillos, que viene siendo más necesario para su sobrevivencia.

—¿Así que… ahora soy capaz de… —Tragó saliva y luego inclinó la cabeza. —…emba-emba… ¡embarazarme!? —Cross intentó no reír ante el nerviosismo de la pelinegra, pero se le estaba haciendo difícil, especialmente por los gestos que hacía. Al menos no era el único con ese sentir en la habitación. —No lo entiendo, la última vez que hicieron un ultrasonido, mis ovarios estaban vacíos, no había folículo alguno. ¿Eso quiere decir que, a partir de que él y yo... estuvimos juntos comenzó la producción?

—Ajá, significa que el aparato reproductor ya está maduro; las hormonas que secretaron cuando dieron ese paso, le indicó a tu cuerpo que era hora de empezar a prepararse para que tú pudieras ser madre.—La pelinegra puso cara de haber abierto un nuevo mundo y el cazador miraba a todos lados, menos a donde importaba, siendo incapaz de ver al Director o a su novia. —¿Están conscientes de lo que significa esto, verdad? Ayumi, Zero, espero que tengan en cuenta que se trata de un asunto serio. —Ambos jóvenes asintieron. —Cada bimestre tendrás la posibilidad de engendrar, a diferencia de las mujeres humanas que cada mes pueden; realmente un beneficio.

—Y si no me embarazo tendré esta cosa molesta. —Agregó con tono de fastidio.

—No le veo tanto problema a eso. —Comentó Cross, la mestiza enarcó una ceja. —A menos que quieran un bebé ahora mismo. —Los dos vampiros se sonrojaron ante el comentario, sin embargo, con mucho disimulo se buscaron, inquietos por conocer los pensamientos que traslucían en el rostro del otro. Zero, al final, carraspeó.

—¿Hay algo más que debamos saber? —Preguntó, claramente aún estaba apenado por todo.

—Sí, que esperes más situaciones como la que se dio hoy. —Ayumi bufó en respuesta. —Especialmente, considerando lo berrinchuda que por sí misma es.

—¡Hey! —Protestó.

En silencio pensó en esto último ¿Así que por eso la pelinegra estaba tan tremendamente sensible? ¿De verdad? ¿No era todo, demasiada casualidad? ¿No sería mejor pensar que su estado había sido una excusa, un modo de dejar escapar todo lo que no quería demostrar? Aunque a Ayumi seguramente le molestaría, Zero pensaba que había sido más ésto último, lo que ella necesitaba para, finalmente, desahogarse. Aún si no era claramente a propósito.

—Sus hormonas estarán descontroladas, así que, con suerte saldremos vivos. —Bromeó el Director.

—¡Exageras! —Gritó en un vano intento por defenderse.

Mientras ambos se enfrascaban en una particular pelea, Zero seguía pensando en la situación que ahora se extendía ante ellos. Lo que había sucedido, era una sutil señal de que se estaban convirtiendo (lentamente) en adultos. Se dio cuenta, de que ahora no solamente vería por su vida, porque él se lo había prometido y que cambiarían muchas cosas entre ellos.

—Por cierto... ¿Ayu-chan, no sentiste algo de dolor?

—¿Dolor? —Repitió.— ¡Ah, sí! Pero ni siquiera creí que debiera tomarlo en serio, considerando que no era fuerte, de hecho, apenas sentí como un calambre, pero pensé que era por el corsé.

—Ya veo. —El Director decidió omitir algo que tal vez era demasiado obvio: Ayumi había sido entrenada para ignorar el dolor, lo que quería decir que si lo percibió -aunque no fuera en una gran escala- quería decir que, normalmente, ella lo hubiera sufrido. —Es probable que te regresen las náuseas y vómitos, pero eso ya lo veremos mañana. Es normal que te duela el vientre, los muslos, la espalda y los pechos.

—¿Las mujeres humanas pueden soportar eso? —Preguntó con genuina curiosidad, asombrada. Ambos hombres gustaban de la ingenuidad que poseía Ayumi para algunas cosas, sólo una de sus muchas cualidades.

—Sí y más, pero rara vez se les reconoce. —Respondió Cross.


Seguro que ya eran más de las tres, pero seguía sin conseguir dormir, porque tenía la cabeza embotada con todos los últimos pensamientos del día. Tampoco ayudaba que Ayumi parecía incómoda todavía por lo que había pasado y se había acostado hasta el otro extremo de la cama. La habitación de la vampiro estaba en completo silencio. Esperaba que ambos se acostumbraran a vivir con eso, no podría soportar cada periodo estar así, con ese ambiente, después de todo, era algo completamente normal.

—¿Qué sucede? —Preguntó Ayumi saliendo de su mutismo, él pegó un ligero brinquito, después de todo, había pensado que ella sí había logrado dormir.

—¿No estabas dormida? —Preguntó a su vez, obviando lo tonta que resultaba su cuestión.

No puedo. —Él la miró, — Es raro, no, en realidad es normal, me siento ¡No sé cómo me siento! —Terminó diciendo.—Pienso en todo esto ¿Por qué ahora? —Murmuró.—¿Es que esto no podría ser después, cuando estuviera lista?

—Sí... bueno... —Zero no podía evitar pensar en que eso había pasado por un error, ella no sabía que eso pasaría una vez que ellos... Seguro estaba sonrojado, porque ahora sentía calor en las mejillas ¡No era momento de recordar lo que habían hecho! Sacudió la cabeza, tratando de enfriar su mente y concentrarse en lo que le estaba diciendo la pelinegra.— Las cosas llegan en el momento adecuado ¿O no?

—Un error tan tonto —Murmuró.

—Tampoco es el fin del mundo. —Argumentó.— Es normal, lo dijo el Director ¿No? Además, los dos propiciamos que eso ocurriera, no es como si fuera culpa de uno solo. —Volvió a sentir aquel molesto calor de unos segundos antes y esta vez, no pudo eliminarlo. Ayumi asintió, mostrándose un tanto de acuerdo con lo que acababa de decir. Entonces, se armó de valor para preguntar lo que vagaba en su mente desde horas atrás.—¿Ayu, tú, alguna vez... pensaste que podrías ser madre? —Ella carraspeó y a los segundos lo que se escuchaba era el sonido que hacían las mantas al rozarse, producto del movimiento de la mestiza.

—Sólo una vez, y no creo que haya sido muy seriamente. —Admitió—Al menos, que yo recuerde. —Zero se sorprendió ante la confesión, pero aquella sorpresa se transformó en algo más y a una velocidad alucinante: en inseguridad, en celos, incluso en ansiedad.

—¿Fue cuando estabas con...?

—No. —Respondió con una risita ligera. No reía porque estuviera divertida; de hecho, hablar de él, sin importar el tiempo, era difícil. Si pasara por lo mismo con Zero, reaccionaría de la misma manera al hablar de él. —Fue cuando discutimos por lo de... —Cayó de pronto, dándose cuenta que no sabía por qué había sido la pelea. Seguro eso tenía que ver con su pasado robado, pero no quería arriesgarse a saber más.—Bueno, en realidad, la discusión no tiene importancia, pero sí la reconciliación, ese día llegamos muy lejos para lo que generalmente hacíamos ¿Sabes a qué me refiero, verdad?—Se escuchó como se acomodaba el cabello y al cazador tragar saliva. —Sin importar cuán molestos estábamos, tú y yo nos devoramos. —Ella soltó un soplido.— Me observabas mucho y me tocaste de la misma forma y, en la mañana, traté de averiguar por qué, quería saber que te causaba ese interés, por eso también te pregunté si te gustaba mi cuerpo el día que tú y yo... —Se interrumpió.—Estoy divagando, lo siento. —El peliplata musitó un "ajá".—Pero en lugar de eso, pensé en si mi cuerpo, en algún momento, podría alojar vida. ¡Y mira! Aunque sé que esto no es garantía de que pueda embarazarme. —La mestiza guardó silencio por un largo rato, antes de girarse para encontrar la cara del otro vampiro. —¿Y tú, Zero, habías pensado en... tener familia?

Por un momento, Zero se mareó por la pregunta. Vale, le había estado dando vueltas a eso hacia unas cuantas horas, pero decirlo en voz alta, haría más real lo que pensaba, como si se estuviera confesando.

—Sí. —Respondió, Ayumi se quedó esperando por lo demás, intuyendo que había algo más allá que un simple monosílabo. —Mph, hace un rato.

La pelinegra se quedó muda por un largo rato, claro que, mentalmente, quería obligarse a hablar, repitiéndose que debía decir algo a eso. Siempre encontraba alguna manera de responder a lo que fuera, o al menos, casi siempre. Pero esta vez no encontraba palabras más que las atrapadas en su garganta. ¿Por qué de pronto todo había tomado un tinte tan serio? No era desagradable, aunque tenía un peso considerable y un sabor que dejaba en el estomago ansiedad. Las palabras de Zero apuntaban a un camino que le emocionaba pero al mismo tiempo le daba miedo. Sólo cuando el silencio se volvió insoportable, finalmente encontró que decir.

—Oh ¿De verdad? —Preguntó con un tono de interés que por algún motivo sonó falso, aunque, por supuesto, no era intencionado. —¿Pero, sabes? No es nada gracioso. —El cazador permaneció mudo, tratando de encontrar algo que decir.

—Sí, tienes razón, no es gracioso. —Concedió. —Pero es verdad. —Reconoció. La mestiza quería reír, llorar, cualquier cosa antes que quedarse callada de nuevo, por desgracia, volvió a quedarse pasmada y con la misma inseguridad de antes. Él nunca jugaba. Aquello apestaba.

—O sea que... —Dijo tras otro breve lapso de silencio, esta vez, por fortuna, más corto.— ¿Pensabas, pensaste en eso por esto? —Se señaló el vientre, en la oscuridad de la habitación quizá no podía notarlo demasiado, pero poco le importó. El asintió en la negrura, antes de acomodarse cerca de ella, necesitado de atención de pronto, tal vez necesitado de otra cosa. De un momento a otro, con la misma violencia de las olas durante una tormenta, sintió un terrible miedo. Si algo es más horrible que tener algo que no puedes alcanzar, es haberlo alcanzado y vivir con el miedo de perderlo y nunca recuperarlo. Sentía que tenía algo precioso en esos momentos, algo que tenía muchísimos colores y un valor incalculable. Algo que podría desaparecer en un parpadeo.

Crecer puede tratarse de perder; conlleva cambios y dolor. —De una manera infantil, deseó con fuerza ya no crecer más; no quería volver a perder. Había madurado demasiado rápido con la pérdida de sus padres, no entendería si tenía que hacerlo de nuevo. Claro que eso no estaba por entero bajo su control. Ya lo decía el buen Ben Folds: Todo el mundo lo sabe, crecer apesta y todo el mundo lo hace... (*) —Los brazos de Ayumi le envolvían con firmeza, a la vez con tanta suavidad, ¿En algún momento soñó que tendría eso? No podía responderlo, podría ser que sí, pero no con ella. La pelinegra le besó la frente después de despejarla de todos los cabellos que le cubrían; encontraba maneras demasiado sencillas para expresarle todo lo que sentía por él.

—Oye, Zero. —Murmuró mientras le acariciaba la cabeza, induciéndolo al sueño sin ser consciente de ello. —¿Podría emocionarme y pensar que fue por mí? —Su risita resonó por un segundo antes de que él contestara con un suave beso en sus labios que le dejó a Ayumi un ligero asombro y un terrible sonrojo. De nueva cuenta agradeció a la oscuridad. Se sentía de la misma manera en que se sintió antes de que ellos estuvieran juntos, con la misma ansiedad y con la punzada de inseguridad, con la misma emoción ¿El beso respondía a su pregunta de la manera en que ella quería? ¿Regresar el beso sería lo que Zero estaría esperando? Tenía tiempo que no se sentía así de confundida y recordó cuánto odiaba estarlo.


Como estaba planeado, el día de la reunión con el Consejo de Vampiros llegó. Nuevamente se vistió con el kimono de su hermana y pensó que no sería mala idea que se consiguiera los propios, ya que planeaba seguir siendo la líder por un rato más. Eso era una de las pocas cosas que había contemplado para el futuro. Pese a no querer hacerlo, suspiró. Ninguno de los dos había tocado el tema de su futuro (otra vez) y sentía incertidumbre. ¿Y si lo había tomado muy en serio? Eso era absurdo, porque si fuera cierto significaría que Zero estaba tomándole el pelo. O tal vez había malinterpretado lo dicho y lo que no se dijo, también. Pero era imposible que él hiciera eso... ¿Entonces... por qué demonios no hablaban de nuevo sobre eso?

—Ayumi-Sama, llegamos. —Dijo desde el asiento delantero el chófer.

—Gracias, Daisuke-San. —Respondió la albina, olvidando (momentáneamente) lo que ocupaba su cabeza en esos momentos. Necesitaba ponerse la máscara que siempre utilizaba con los nobles, la que le asfixiaba como si estuviera en su garganta en lugar de su rostro. Cerró los ojos y respiró, como si todo lo que fuera a realizar necesitara de su total concentración. Y ahí estaba. Conseguía poner la cara de vampiro arrogante, la de sangre pura orgullosa... La primera con que la conoció Zero. Afortunadamente, habían olvidado la primera impresión.

Bajó del automóvil cubierta por la oscuridad de la noche, siendo ahora ella la requerida por el Consejo tenía que estar ahí a la hora que le pidieran, además, no tenía clases en la mañana con las cuales cumplir. Al entrar al edificio, lo primero con lo que se topó fue con las miradas de dos secretarias. Ni siquiera sabía por qué estaban viéndola, hasta que cayó en cuenta que la miraban con extrañeza por su cabello. La habían visto más veces con el cabello blanco que con el cabello negro, quizá por eso no la reconocían. El hombre que aún la acompañaba se dio cuenta y enseguida fue a presentarla. Ambas mujeres fueron a disculparse y a servirle mientras esperaba, una de ellas corrió al teléfono para avisar sobre su llegada. Ayumi alcanzó a escuchar algo parecido a "Amante" pero a la distancia, no podía saber si había pronunciado aquello y si lo había hecho por qué.

Para bien o para mal, su espera fue corta y se movió con rapidez a la sala de juntas. Los nobles del Consejo tenían una extraña sonrisa en el rostro, a ella le dio miedo ver esa aparente felicidad en sus rostros, porque no creía que fuera bueno. Tras los saludos típicos y la disculpa de Ayumi por haber estado ausente, le hicieron las preguntas que esperaba: cómo había sido la muerte de Sara y la de Kaname, qué había ocurrido en la batalla en la Academia, cuáles eran sus planes a futuro con respecto al Consejo y ella respondió a todo de la mejor manera que pudo, siendo bastante honesta en lo que debía y hablando lo justo, sin cosas que se pudieran malinterpretar. También hablo sobre su intención de la creación de la Asamblea. La mayoría de los nobles que la rodeaban no mostraron su interés, pero unos pocos parecían estar con ella y no pudo sino demostrar su contento con una sonrisa genuina. ¿Acaso las cosas estaban yendo como seda o era sólo su imaginación? Cuando estaba a punto de levantarse, pensando que todo había terminado, la voz del vampiro que se encontraba liderando la mesa sonó, deteniéndola.

—Disculpe, pero aún no hemos terminado con las cuestiones que queríamos tocar hoy. —La pelinegra se sentó de nuevo, indicándole con la cabeza que procediera.— Lamento ser tan brusco y espero que no lo tome como una ofensa, pero, quisiéramos saber si ya ha pensado en su futuro...

—Pensé que ya les había dado la respuesta a eso: Quiero seguir como líder de los vampiros si ustedes me lo permiten. —Respondió con serenidad, pensando que se referían a eso.

—Sí, bueno, en realidad, sabemos que es su deseo, pero no hablábamos de eso. —Una de las mujeres a su lado aclaró, hablando tentativamente.

—La verdad no comprendo qué quieren decir, así que apreciaría que me lo dijeran sin rodeos. —Los nobles se quedaron callados por unos largos segundos, mirando a sus regazos o alternando su vista entre la mestiza y el hombre al frente.

—Ayumi-Sama, ya ha pasado casi un mes desde que cumplió 18 años, y usted debería estar comprometida en estos momentos. —Ella enarcó una ceja: con que era eso, seguramente no querían hablar nada de lo anterior pero lo habían ocupado como gancho. Su enfado fue disimulado lo más que pudo. —Pese a que sabemos que ha sido criada mayoritariamente a la forma occidental, creemos que no se ha olvidado que una de sus responsabilidades como sangre pura es preservar su linaje y que está buscando al vampiro ideal para cumplir con ello.

¿No podían decirlo de alguna manera más... amable? Ella al crecer se había sentido aliviada por haber podido evitar esas cosas engorrosas, y no tomó en cuenta que, al aceptar regresar a Japón, por la propuesta de Kaname, traerían de regreso todas sus responsabilidades. Probablemente porque era una romántica dentro de su entorno e imaginaba que se terminaría saliendo con la suya, huyendo de todo lo que fuera impuesto. Ella no quería nada de eso. Además ¡¿Quiénes se creían para decirle lo que debía de hacer respecto a su vida privada?! ¿Y en qué les beneficiaba a ellos que continuara con su linaje? Todas esas eran asuntos que sólo a ella y a su familia les incumbían, y como sólo quedaba ella de los Hiou ¿Pues a quién le importaba? ¡Solamente a ella! ¿Y desde cuándo casarse era un deber vital? Y omitían una cosa de gran peso: Linaje ya no podría preservar, después de todo, ya no había más sangre puras... A menos que se les cruzara el nombre de Isaya-San por la cabeza, aunque él hubiera desaparecido por completo después de la batalla en la Academia.

Por supuesto, ninguna de todas las palabras arriba pronunciadas en su mente fueron dichas.

—¿Habría algún inconveniente si no estuviera llevando a cabo esa búsqueda? —Respondió con honestidad, escogiendo antes las palabras adecuadas y el tono justo para hacerlo.

—Le podría costar el cargo dentro del Consejo. —Respondió el hombre a su izquierda con cierto aire de superioridad, dando por hecho que eso la haría entrar en razón, o más bien, callarse, aceptar e ir a casarse en cuanto pudiera. El único motivo que Ayumi podría encontrar para que ellos la presionaran con eso era porque solamente querían probar su control encima de los sangre pura. De ser por ella, se hubiera dado la vuelta y cruzado el umbral de la puerta declarando que no se pondría de rodillas a obedecer sus órdenes, sin embargo, sus movimientos podrían afectar lo que estaban construyendo: si ella se iba, si prefería hacer lo que le diera en gana, la quitarían, pondrían a otro en su lugar y ese otro podría ser un maldito sangre pura conservador...

—¿En serio? —Se rió al final, con esa risa que disfrazaba un gran gruñido. —¿Casarme hará que cumpla mejor con mi trabajo aquí?

—Es un requisito.

—¡Kaname no estaba casado! —Sin querer alzó la voz.

—Pero estaba comprometido y eso ya hacía la diferencia. —El que encabezaba la reunión intervino y ella volteó a verlo, retándolo. —Es un requisito que Kaname-Sama cumplía; ¿Cómo pretende que los nobles allá afuera le hagan caso a una jovencita que no tiene planificada su vida? Primero tiene que demostrar que está cumpliendo con las responsabilidades hacia su difunta familia, demostrar que le importa enorgullecer su linaje; sólo así le tomarán en serio. Su primer deber está con ellos, luego viene la sociedad a la que escogió servir. —Ayumi no podía discutir eso, porque era cierto y por tanto no encontraba una manera de llevarles la contraria, así que permaneció en silencio, mirándolo. —Necesitamos una repuesta en semana y media Ayumi-Sama y, esperamos que tome la decisión correcta.

—De acuerdo, lo pensaré. —Respondió antes de levantarse con demasiado trabajo, casi parecía que los 10 kilos del kimono se habían multiplicado; ojalá la aplastara el peso y no tuviera que tomar esa decisión.

Se movió con la mayor naturalidad que podía, pero estaba claro que después de haber recibido tales órdenes/peticiones, no podía. Y era demasiado notorio porque Daisuke-San le había preguntado varias veces si estaba bien, claro, después de haberla metido al automóvil para llevarla de regreso. La pelinegra no respondió ninguna de las ocasiones en que él preguntó. Recargada contra la ventanilla del auto veía pasar la ciudad, aunque claro, estaba más concentrada en la plática; incluso podía ignorar el dolor del vientre, que sutilmente le recordaba que su visitante seguía con ella. Al menos los del Consejo no se habían dando cuenta de eso último.

—Ayumi-Sama, sé que no tendría que entrometerme, pero de verdad se ve muy mal. —Le dijo antes de parar el auto en la orilla de la autopista. La mestiza decidió responder con otra pregunta.

—¿Daisuke-San, usted tiene hijos? —Su voz sonó incluso débil.

—Sí, dos hombres y una mujer... —Respondió.

—¿Ellos serán obligados a casarse?

—Así que es eso... —Murmuró sin querer el hombre de mediana edad. Ayumi alzó la cabeza con curiosidad.—Ayumi-Sama, es un atrevimiento de mi parte pero le diré algo, claro, si me lo permite. —Habló con cuidado, esperando por una señal para seguir, señal que la mestiza le hizo con la cabeza. —Antes de su cumpleaños, la Sociedad Vampírica se estaba volviendo loca con las apuestas por los regalos que le harían los nobles, ya sabe, para demostrar que eran dignos de ser tomados en cuenta.—Ella no era tonta, sabía que los regalos más costosos llegaron de dos lados: unos, de los más cercanos a ella, los otros, de las familias con hijos varones en edad de casarse, hasta había recibido presentes en nombre de alumnos de la clase nocturna (incluyendo a su querido Wild y su primo Hanabusa). Sabía que todos esos presentes eran para llamar su atención y demostrar el poderío que tenían. Ellos a su vez sabían que ella ya no tenía muchas opciones para casarse, considerando que los sangre puras hombres que todavía vivían no estaban disponibles, y esa era su oportunidad para ascender en la escala social, puesto que tendría que elegir a un noble. —Todos suponían que usted al fin escogería a su prometido; disculpe la analogía, pero se convirtió en una oveja rodeada de lobos, no es ningún secreto que los nobles están interesados en que elija a uno de sus hijos. —Ayumi se recargó contra la ventana de nuevo, pensando en que todo era tan estúpidamente obvio y que no se dio cuenta de ello.—Ninguno de esos lobos se da cuenta de que están en una batalla perdida contra el que menos esperan... —Ayumi parpadeó, asombrada por lo que el hombre le decía. Y se sintió tonta por pasar aquellos minutos sin prestarle atención a Zero, quitándolo de la situación ¿Qué le diría a él? ¿Qué pasaría con ellos?

Para cuando llegó a casa eran pasadas las tres de la mañana, sobraba decir que esta completamente agotada. Como si fuera una stripper borracha, fue desatando su ropa y abandonándola en el suelo mientras daba pasos torpes hasta las escaleras. Gruñía de cansancio, de enfado, por todo. Y terminó desplomándose en la cama, sin terminar de quitarse la ropa.


Los golpeteos a la puerta principal hicieron que se despertara ¿Nadie pensaba que él también necesitaba dormir? Había escuchado el ruido de los enormes zori de Ayumi mientras entraba a la casa, chocando contra la duela y ahora, ¿Ahora quién era? Se quejó mientras que a regañadientes fue incorporándose en su cama.

—¡Ah... Kiryuu-kun! —Cayó en cuenta después de salir de la habitación. Claro, era el que faltaba: Había salido de cacería de última hora, y Ayumi llevaba las llaves de él. El ruido aumentó un poco más en intensidad, así que él decidió apresurarse. Escuchó la voz de su hijo regañando a Kaito -seguramente-, diciéndole que "la iba a despertar". —¡Por supuesto, preocúpate por tu novia, al fin y al cabo yo no importo! —Murmuró a punto de llegar, antes de que un nuevo golpe fuera dado. —¡Kiryuu-kun! —Le reprendió con la voz en alto al verlo parado en la puerta, sin embargo, no fue él lo que le llamó especialmente la atención, ni siquiera Kaito, sino el pequeño bulto que llevaba en sus brazos y que comenzó a emitir un llanto desesperado.

—Entren. —Les ordenó con prisa.— ¿Eso es lo que creo que es? —Preguntó innecesariamente porque, por supuesto, eso era lo que creía.

—Sí y acabas de despertarla. —Respondió por los dos Kaito, cerrando la puerta tras de sí. —Él la encontró. —Cross iba formándose ideas en la cabeza, pero aún así se obligó a preguntar. Mientras Zero se acomodaba en el sillón, intentando tranquilizar a la bebé.

—¿Y sus padres...? —Dirigió su mirada al peliplata, él suspiró.

—No lo sé, sólo la encontré a ella. —El hombre abrió la boca para preguntar algo más y Zero se adelantó con la respuesta.— Hubo víctimas, pero aún no sabemos si alguien de ahí era su familia.

—Actuamos rápido, pero no lo suficiente. —Intervino Kaito. —Afortunadamente, no todas son malas noticias y estos eran los últimos. —Agregó, antes de desviar la mirada al pasillo. —Buenos días, Hiou. —Saludó un poco de mala gana, aunque claro, los saludos ya eran más amistosos que antes. La vampiro se encogió antes de salir de su escondite, avergonzada por haber sido encontrada.

—No era mi intención escuchar a hurtadillas, pero estaban todos tan serios... —Inclinó la cabeza dirigiéndose por supuesto al maestro. Ayumi iba caminando con la vista a sus pies y no volteó a ver a los demás, sin embargo, se había excitado su olfato por el olor dulzón que había llegado a él. Como si fuera un cachorro curioso siguió el aroma hasta llegar a Zero y a la bebé. Se llevó las manos a la cara antes de acercarse más a la pequeña que seguía inquieta en los brazos del cazador. Cross la observó con encanto, mientras que su hijo y Kaito giraron hacia otro lado, empalagados por el comportamiento de la vampiro. —¡Es muy bonita y pequeña! —Le dijo al Director, como si no él no hubiera apreciado antes a la criatura.—¡Takamiya-Sensei, no sabía que tenías una bebé! —Gritó emocionada con una gran sonrisa en su rostro.

—¡¿Qué?! —Gritó él a su vez, tenía la cara encendida y Ayumi no pudo evitar reprimir una risita por la reacción, era bastante raro ver al profesor con otra expresión en el rostro que no fuera enfado o seriedad. —¡Ella no es mía!

—¿Ah no? ¿Entonces...?

—Aún no lo sabemos. —Respondió el Director, arrebatando a la bebé de los brazos de Zero, un poco cansado por el llanto y comenzó a mecerla.

—Como sea... —Le dijo Takamiya, sentándose.— Hasta dentro de unos días tendremos respuestas y esperemos que nadie de los que esté allí tenga que ver con la pequeña.

—Por cierto, no es que me queje de nuestra invitada pero, ¿Por qué la trajeron? ¿Y Masako?

—¿Masako? —Preguntó Ayumi.

—Era una cazadora, pero ahora se dedica más a hacerla de enfermera y de niñera. —Le aclaró Zero.

—Tiene más niños que cuidar, incluso le están ayudando. —Respondió Kaito. —Te envió esto...—De su gabardina sacó un papelito doblado -que debía ser una nota- y apuntó con el índice a la bolsa a sus pies. —... Y esto. Dijo que sabrías que hacer. —Cross devolvió el bultito rosa al peliplata y tomó lo que le habían enviado.

—Queda bajo su cuidado en lo que me encargo de esto. —Les aclaró. —Traten de que no siga llorando.

—Es más fácil decirlo que hacerlo. —Respondió Zero.

—Bien, es hora de irme. —Dijo Kaito levantándose con un poco de esfuerzo por el cansancio.

—Debes estar bromeando. —Le dijo el peliplata, el otro sólo alzó los hombros con despreocupación.—¡Kaito!

—¿Qué? Estoy cansado, es todo. —Avanzó unos pasos antes de detenerse y volver a hablar.— Hiou te puede ayudar.—Agregó con un tono burlón, pero, por increíble que pareciera, la aludida no respondió al comentario, embelesada todavía con la bebé. Takamiya no dijo nada más y se retiró antes de que Zero pudiera alegar más.

—¿Quieres cargarla? —Preguntó de pronto el cazador, rindiéndose sin más; tenía que despejarse un poco porque el llanto le tenía fastidiado.

—¿Puedo hacerlo? —Preguntó a su vez, con los ojos brillando de la emoción; pocas veces Zero la había visto tan chispeante. —Mph... Pero no sé hacerlo, nunca lo he hecho.—Confesó temiendo un poco que eso arruinara su oportunidad de tener a la bebé cerca. Aquella pequeña criatura ruidosa le despertaba curiosidad, además, olía bastante bien y tenía las mejillas tan rojas que se le antojaba abrazarla.

—Fíjate en como tengo los brazos. —Ayumi levantó la mantita que cubría los brazos de su novio y observó su posición atenta y lo imitó, tratando de ponerse exactamente como él. —Con cuidado Ayu, no la vayas a sujetar con mucha suavidad, pero tampoco con tanta fuerza. —Ella asintió mientras recibía el precioso paquete, su primera reacción fue sorprenderse, primero, por el peso que tenía, aunque se veía pequeña seguramente pesaba unos cinco kilos. Sonrió a la bebé y luego a Zero cómo si le dijera "Mírame ¡Puedo hacerlo!". —Ahora, mécela cómo hizo el Director. —Ella obedeció. —Siéntate, iré con él a ayudarle. —La pelinegra asintió antes de cumplir la petición, ya casi sin mirarlo. —Sigue haciéndolo y ten cuidado.

Ayumi sentía mucha curiosidad por los bebés aun sí pudiera ser que no tuvieran nada de interesante; quizás era porque no la dejaban acercarse a ellos: su padre adoptivo consideraba un peligro ponerla así tan cerca de una criatura indefensa (claro, no pensó lo mismo cuando la mandó a la escuela). Fuese de la manera que fuese, se sentía tremendamente a gusto con el calor que recibía del pequeño cuerpo, ni siquiera le molestaba el poderoso llanto, tampoco pensaba en lo que le había detenido de levantarse corriendo a abrirle a Zero.


El peliplata apenas entrar a la cocina, liberó un tremendo suspiro de alivio, contento de que el llanto no llegara con la misma fuerza hasta allí. Cross giró a verlo con odio, consciente de por qué estaba con él, evadiendo su responsabilidad.

—¿Qué? —Le dijo Zero— ¿Dirás que no te molesta su llanto?

—Kiryuu-kun, según la nota de Masako tiene alrededor de 4 meses, a esa edad lo único que hacen es llorar, comer, dormir y ensuciar. —Se cruzó de brazos y se recargó contra la barra.—Así que vete haciendo una idea de lo que te espera.

—Pero no será en un futuro cercano. —Respondió con un tono de enfado.

—Yo no me refería exactamente a eso. —El joven se puso rojo, mientras Cross levantaba una ceja. —¿Así que, van así de en serio?

—¿Sabes? Estaba mejor con los llantos de la bebé.

—No seas llorica, tú fuiste el que mencionó lo de el futuro con Ayumi. —Le reprendió con sorna.—Por cierto, creo que le está yendo bien con la invitada.—Zero se desconcertó un poco, pero el Director se tocó el oído, él aguzó el suyo y se dio cuenta de que el llanto disminuía.—Parece que sabe cuidar niños, muy buena suerte Kiryuu-kun. —El aludido se escondió tras la puerta del refrigerador, haciendo como que buscaba algo.—Es muy fácil molestarte.

—Y por lo visto te divierte. —Gruño.

—Ya que estás, alcánzame la lata de formula, viene en la bolsa. —Zero hizo lo que se le pidió, mientras se daba cuenta de que ya no se escuchaba nada de lloriqueos. —Si quieres la verdad, igual tranquilizó a la bebé porque es mujer; ella está inquieta, necesita a su madre y Ayumi es lo que más se le parece, digo, nosotros no tenemos lo que ella sí. —El cazador casi le arrojó la lata antes de dar la media vuelta. —¡Por si querías saber no necesitaba tu ayuda! No es armar una bomba nuclear poner a hervir un biberón y agua para alimentarla.

—Entonces tampoco será de gran ciencia ponerla a dormir.

—¡Tú tampoco eres tan bueno con los niños! —Gruñó el Director, apuntándole con el dedo.—¡Basta con que miren tu cara de pocos amigos y los asustes!

—¡Pues entonces no tendrás que ver mi cara de amargado porque no estaré por acá ayudándote con ella!

—¡Yo no dije que tuvieras cara de amargado, dije de pocos amigos! ¡Pero es bueno que lo reconozcas! —La tetera comenzó a burbujear y Cross volteó con desesperación.— ¡Demonios! Ahora está muy caliente, ¡Kiryuu...!

—¿Ahora es mi culpa?

—¡¿En serio?! —Intervino Ayumi, asomando la cabeza por el umbral de la puerta con el ceño fruncido.—¿Llevan todo el rato peleando?

—Si Kiryuu-kun no hubiera venido acá evitando su responsabilidad de aquel lado todo hubiera estado de maravilla. —El hombre se cruzó de brazos, mirando de forma acusadora al peliplata que tomó una manzana antes de salir y dejarlos en la cocina.

—Ahh... —La pelinegra miró a la pequeña y suspiró. —En buenas manos viniste a caer...


Tras media hora, después de ayudar a alimentar y hacer dormir a la pequeña, se dirigió a la habitación de Zero, consciente de que estaría allí encerrado, quizá malhumorado, pero qué se le iba a hacer... él era así y le encantaba incluso con su ceño fruncido. No se molestó en tocar y entró como si nada, acercándose de puntitas a la cama, haciendo el tonto para divertirse y relajarlo un poco.

—¡No sabía que también podías ser un berrinchudo como yo! —Le dijo con un tono juguetón estando a unos centímetros de él. Se subió a la cama, montándose sobre su cadera y buscando su rostro. —¡Eres todo una caja de sorpresas! —Rió, divertida por molestarlo un poco, Zero suspiró con hastío. —Oye... gracias por el vestido... —Él se volvió a esconder, no sin antes sorprenderse un poco. ¿Creía que no le daría las gracias? Sólo no había encontrado el momento; estaba más concentrada en evitarlo debido a que se sentía apenada por el reciente evento de su madurez... Ah... Era cierto, ahora no quería verlo porque inmediatamente pensaría en su nuevo problema.— Me gustó mucho ¿Sabes? ¿A ti te gustó como me veía? —Preguntó mientras lo veía directamente, aunque él trató de esconder de nuevo su rostro. Zero consiguió quedar de espaldas debajo de ella que terminó recostándose sobre él. Sólo con él se sentía así, tan plena, tan amada. Y de nuevo recordó el regaño de los nobles, lo que tenía que hacer para seguir allí en el Consejo. Los odiaba, pero no podía hacer más que obedecerlos hasta que encontrara una manera de evitar el matrimonio, si era que había una.

—¿Y la bebé? —Preguntó para cambiar de tema.

—Cross la llevó a su cuarto, dijo que así podría cuidarla mejor.—Se dirigió a su cuello con lentitud, tentada a morderlo, no por verdadera hambre, sino por capricho. Él se incomodó, aunque no dijo nada. —Tengo ganas... —Aclaró, como si fuera necesario decirle lo que comenzaba a ser evidente. Lo que necesitaba no era la sangre, para nada. Sin embargo, comenzó a sentirse mal y desistió de la idea, si se atrevía a dar un paso más, sería utilizar a Zero. En lugar de eso, se quitó de encima suyo y se recostó a su lado, pero no se atrevió a verlo.

De alguna manera sentía que lo estaba traicionando al no decirle lo que sucedía. Decirlo, lo haría más real. Estaba segura de amarlo, también estaba segura de ser capaz de probarlo si el momento llegaba y parecía que era ese momento. Ella ya se lo había dicho, no le importaba abandonar su lugar en el Consejo, pero si Zero se enteraba por qué motivo, seguro no estaría tan contento. Y es que no se quería casar, no aún, no estaba preparada y no quería casarse por obligación y no quería envolverlo, él no tenía ninguna responsabilidad con los vampiros. Maldijo un par de veces en silencio al universo, a su ascendencia, a su condición, a sus decisiones, por supuesto, a los del Consejo también... ¡Todo era una asquerosa casualidad! Cuando estuvo a punto de maldecir de nuevo, pensó que Yuki podría ayudarla y suplantarla un rato, al menos, hasta que se le ocurriera una forma de zafarse. Y luego, su corazón se esperanzó, podía ser que... Zero quisiera... Eso sería lo ideal, ¿No?

—¿Sucedió algo en la junta? —Preguntó. Por cómo sonaba su voz, Ayumi podía adivinar que estaba bocabajo todavía. Ella brincó y eso era el equivalente a dar una respuesta afirmativa; se incomodó irremediablemente, pues había sido descubierta. Claro que, para no ser descubierto, uno tenía que comportarse (por lo menos, actuar) como normalmente lo haría, pero ella estaba tan concentrada en que lo pasó por alto. —Hey... —Esta vez fue él quien le buscó el rostro, invadiendo su espacio sin ningún reparo. La pelinegra sintió que se había metido en un terrible aprieto y que su corazón casi se salía de su pecho. También estaba avergonzada, porque si bien no le había mentido a Zero -todavía- le estaba ocultando la verdad.—Ayu... —Insistió un poco más y luego se calló. El ambiente encontró la manera de absorber y multiplicar la tensión de su cuerpo.— Oye, si... si estás pensando en lo del otro día, yo... —La mestiza se quiso incorporar pero sólo consiguió acercarse más a él y tenía miedo de lo que fueran a decirse.

—Zero... Tengo que decirlo, tengo que decirte... —Apretó su puño mientras sentía sus latidos insistentes. El calor del contacto con él no ayudaba.


Tres días después el final llegó, al menos, para el período de Ayumi y las molestias se fueron junto con él... unas cuántas de ellas. En el pasado, se solía hacer una fiesta para celebrar el día en que las niñas pasaban a ser mujeres, al menos, Cross le dijo eso. Toda una cursilería. Su familia biológica seguramente lo hubiera hecho considerando lo espantosamente tradicionalistas que eran, claro, de haber sido humanos, pues ¿Ellos celebrarían que acababa de menstruar siendo que lo había hecho por culpa de un hombre, en realidad, de haberse acostado con uno? Sí, lo harían, aunque claro, esperaba que solamente con los parientes cercanos a los que les darían montones de ochobo (**). Ella tendría una versión menos llamativa de la celebración y no sería precisamente por que había iniciado, sino porque había terminado. Al menos uno de sus problemas se disipaba, aunque terminaría regresando, igual que lo demás.

Era un día soleado, demasiado para su gusto y no tuvo más remedio que ponerse kohl y usar una gorra y protegerse con ropa que le protegía del todo. Ya era mayo y aunque el año comenzaba en abril (***) ellos seguían sin clases, aún faltaban algunas cosas que arreglar en la Academia, así que los alumnos tendrían que reponer clases en verano. Y no sabía como iba a sobrevivir bajo tanto sol. No quemarse en verano también sería uno de sus menores problemas.

Tengo que...—¿Por qué no podía sacarse todavía de la cabeza la conversación?

—¿Ayu-Chan, sucede algo? —Preguntó de pronto Cross deteniéndose por completo. No sabía si las bolsas que llevaba en los brazos habían hecho un buen trabajo al esconder su rostro y su sorpresa, lo único que le quedaba era confesar.

—¿Zero también te metió esas ideas en la cabeza, huh? —Preguntó a su vez, todavía no dispuesta a responder; caminaba hasta donde estaba él para acercarse a la bebé que aún permanecía con ellos.

—Bueno, creo que si Kiryuu-kun cree eso también, habrá algo de verdad en que sucedió algo. —Cross era tremendamente observador...—Además, no creo que la junta con el Consejo haya salido bien. Siempre que vas con ellos algo termina mal. —Ella no pudo decir nada más y tomó la mano de la pequeña.

—Si quieres saber, intercambiaré información por un helado. Después de todo, el tiempo se me acaba y tendrás que saber, te enterarás. —El Director sintió que la mestiza le comunicaría algo que sería irrevocable. Se preguntó en silencio qué demonios sería.— Seguramente estás pensando "¿Un helado?", sé que lo normal para hablar, lo ideal, es el chocolate caliente, tú me lo dijiste, pero hace un calor infernal así que... —Cross le quitó las bolsas de las manos y las dejó en el piso, junto con la pañalera que el mismo cargaba, y se acercó a abrazarla lo más que pudo, tratando de no aplastar a la bebé en medio suyo. Ayumi devolvió el abrazo, consciente de que lo necesitaba. —La gente ya nos mira demasiado como para que todavía hagas eso... —Le dijo en broma al hombre y él ni siquiera se separó.

—Eso sonó a algo que normalmente diría Kiryuu-kun. —Respondió y le dio un apretón final antes de separarse un poco de ella que, con su natural sensibilidad, comenzó a aguantarse el llanto.

—Lo sé... —Murmuró. —Es horrible... —Pensó, mientras se agachaba por sus bolsas. Era totalmente horrible seguir así y ya no aguantaba, tenía que contarle a alguien como se sentía. Quería estar con alguien que le hiciera sentir mejor, sólo estar con alguien. Antes había pensado que estar separada de Zero sería difícil y la semana de las cacerías lo comprobó aunque no fuera realmente una separación, sin embargo, estos tres días sin tener una certeza real de lo que iba a pasar con ellos era agotador y aún quedaba una semana más de incertidumbre. Estar separados era sencillamente atroz.


Normalmente era bastante regular. Desde que había empezado a menstruar, su ciclo se presentaba cada 28 días. Cuando sufrió la transformación, de humana a vampiro, empezó cada dos meses, pero venía de manera precisa, como si fuera un reloj perfectamente sincronizado. Su padre le había explicado lo mismo que a Ayumi, aunque ella claro que no lo sabía; la única gran diferencia es que como ella había sido humana por 10 años, su cuerpo actuó como lo haría normalmente siendo tal y que ahora que era vampiro se había tenido que ajustar, no podía simplemente parar sus ciclos.

Sin embargo, ahora simplemente no aparecía.

Al principio pensó que había calculado mal los días, luego pensó que sería por el estrés (lo que no era descabellado pensando que prácticamente había enviudado...); estaba obviando un hecho bastante importante: Ella y Kaname, días antes de que todo sucediera, habían hecho el amor. Decir que le había caído una cubetada de agua fría era lo menos, porque el estómago se le hizo un puño y podía jurar que tenía nudo del tamaño de una bola de billar en la garganta, además sintió su cuerpo totalmente tenso.

¿Podía ser que...?

Yuki empezó a sentirse preocupada en exceso, pero todo encajaba y sintió algo parecido a la ansiedad y a la desesperación ¿Pero por qué sentir eso? Si en verdad era lo que pensaba, ella debería estar feliz, después de todo, Kaname y ella se habían entregado el uno al otro porque se amaban. Se sonrojó al recordar eso, la primera y única vez que ellos pudieron estar así de juntos, la mejor noche que pudo haber compartido con él. Poco a poco, su cuerpo comenzó a relajarse y a calentarse, su corazón dejó de martillar. Colocó una mano sobre su vientre y comenzó a sonreír sin importar que por sus mejillas corrían dos gruesos ríos. Tendría que comprobarlo, pero sin duda, sentía que no estaba sola.

—Esta cosa pequeña y diminuta, es mía... es nuestra. —Se dijo. Lo que estaba dentro de ella era la prueba del amor que sentían ambos, algo que, pasara lo que pasara, seguiría allí. El mero hecho de pensar que el amor que ellos sentían tendría consecuencias así de hermosas le llenó el pecho de muchos sentimientos cálidos, entre ellos de felicidad y esperanza. Simplemente, no había palabras para describir la felicidad que sentía exactamente, lo amaba que se sentía... Y todo eso ocultaba el miedo y la preocupación que pudiera sentir por el hecho de hacer frente a su futuro y darse cuenta de que, de ser verdad, ella se convertiría en madre.


... NOTAS

¿Uh, hay alguien? De ser así, bueno... ja, no tengo más palabras, al menos, hasta el próximo capítulo... ¿Los dejé con ganas de saber qué paso? ¡Pues de eso se trata!

Ah... no crean que he olvidado mis ganas de desquitarme por lo de Cross, ¡eh! Y sobre lo de Yuki, por más que odie lo que pasó en el manga, no creía justo simplemente dejarla sola, así que... bueno, ya leyeron. Sobre eso, creo que me falta más meterme en el papel de una mujer en espera pero no he pasado por ello, así que simplemente no sé que más se podría sentir sobre eso, pero debe haber más (seguramente y por supuesto).

Por cierto, no encontré que título ponerle al capítulo, fue realmente difícil, así que, por primera vez no tendrá un nombre enigmático (puesto que ni siquiera tendrá uno) Si en algún momento encuentro el adecuado, lo cambiaré.

(*) Everybody knows it sucks to grow up and everybody does... parte de la canción Still fighting it, de Ben Folds.

(**) Ah... de verdad hacían eso, en realidad, en algunos lugares se sigue haciendo y no sólo en Japón. Generalmente se hace una comida (entiéndase, reunión) sencilla con gente cercana, pero si la persona viene de una casa influyente entonces se hace una fiesta (una verdadera fiesta). En Japón a los invitados a estas reuniones se les da una caja de dulces que se llaman Ochobo (おちょぼ), los ochobo son unos dulces blancos en forma de bolita con un punto o una protuberancia roja. Pues bueno, los ochobo no son más que dulces que representan un pecho xD Son muy curiosos, la verdad.

(***) El año fiscal en Japón comienza el 1ero de abril, así como la entrada a clases entre otras cosas. Se dice que es un buen día para empezar una meta.

Sin más, les dejo... Gracias a todos.