Capitulo 36:
Roy tenía la mirada perdida en el océano. En la cornisa exterior del faro, el viento frió lo golpeaba en la cara y la luz brillaba a su espalda.
Dios. Había tenido mil y una oportunidades durante las ultimas seis semanas para hablarle de su marido. Su marido. Debería habérselo contado en lugar de dejar que se enamorara de ella sin saber que nunca podría se suya.
Pero la culpa también era suya por no haber hecho caso a todas las señales que había tenido delante de sus narices desde el mismo día que la había sacado del buque. Dios, le había preguntado sobre su atuendo de viuda y ella le había gritado que su marido estaba muerto.
Incapaz de encontrar una solución a su angustia, Roy se dio media vuelta y entro en el faro. Miro a la estrecha escalera que conducía a las enormes lentes que servían de guía a los barcos.
Todavía quedaban mas de cuatro horas para que acabara su turno. Debía quedarse allí. Jamás había faltado a su deber, ni durante la peor de las tormentas. Sin embrago esa noche no le importaba ni el deber ni el honor. Había jugado según las reglas del honor y había perdido, primero en la milicia y ahora con Riza.
Empezó a bajar los ciento cincuenta y seis escalones. El corazón le latía con fuerza dentro del pecho. No podía pensar en otra cosa que salir de allí y ver a Riza.
Entro en la casa como una exhalación, esperando ver a Riza en la cocina, preparándose un te o sentada cosiéndole alguna camisa. Pero no estaba en la cocina. Corrió por la casa gritando su nombre. Abrió la puerta del dormitorio. Nada. La cama aun estaba deshecha, pero ella había desaparecido.
Riza se había ido.
Atravesó la habitación y toco las sabanas. Seguían oliendo a ella. Hacia solo unas horas, habían hecho el amor entre esas sabanas.
Ahora recordaba como ella lo había tocado, como le había susurrado palabras de amor. El fervor de aquellas palabras no habían sido fingido. Riza lo amaba.
La imagen de su ojo amoratado irrumpió en su mente. La ira que lo había golpeado en enterarse de que estaba casada dejo paso a una profunda tristeza. Solo un animal podría golpear de ese modo a una mujer.
Se sentó al borde de la cama.
No era de extrañar que no hubiera confiado en el. Apretó la sabana entre las manos al imaginarla con un tipo así, un hombre que le había ido quitando la fuerza y el espíritu poco a poco.
Y sin embargo había tenido el valor de huir. Había sobrevivido a un naufragio y había empezado una nueva vida en un pueblo que nada tenia que ver con los lujos que ella estaba acostumbrada. Incluso cuando los vecinos la habían hecho ver que no la querían, ella se había quedado.
Y ahora el la había echado.
Sus recuerdos lo perseguían. Recordó los días en que la observaba mientras tendía la ropa el solo mientras el viento le movía la falda. O la noche de la boda, cuando había bailado sin parar de reír. Pero el recuerdo mas nítido era el de hacia solo unas horas; la expresión de sorpresa, miedo y ansiedad cuando estaban juntos.
Le resultaba imposible pensar en amar a una mujer que no fuera Riza.
A parte del tictac del reloj del pasillo, en la casa reinaba un silencio ensordecedor.
Imagino el resto de su vida sin Riza… solo, llevando el faro y viendo como el resto de las personas se casaban y seguían adelante con sus vidas.
Una tristeza insoportable se apodero de el.
Riza formaba ya parte de su vida… esa mitad que lo completaba.
Tenia que encontrarla.
Y le pidió al cielo que ella lo perdonara.
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El Corazón le daba golpes contra el pecho.
-¡Frank! ¿Cómo me has encontrado?
La agarro por el cuello con las manos largas y firmes y tiro de ella hasta poder decirle a oído:
-Para siempre.
- El anillo. El capitán.
La mordisqueó la oreja.
- Es un tipo duro ese capitán, consiguió sobrevivir al naufragio. Sin embargo, en cuanto les de la orden a mis hombres, acabara en el fondo de algún rió.
-Vas a matarlo.
-Ya sabes cuanto odio la avaricia. Conozco a los de su calaña. Tarde o temprano habría vuelto a pedirme mas dinero bajo la amenaza de hacer publica tu pequeña escapada y dejarme en vergüenza.
La dio media vuelta y la agarro de la mano.
-¿Qué les ha pasado a tus manos? Te has degradado demasiado, querida.
- Me he dado cuenta de que puedo trabajar y cuidar de mi misma- replico ella, retirando la mano.
- Te has vuelto muy atrevida.
- Me he encontrado a mi misma.
-Parece que has encontrado agallas desde la última vez que nos vimos. Pero no te preocupes, cuando haya acabado contigo, volverlas a ser manejable.
- Eso jamás.
Como si Riza no hubiera dicho nada. Frank saco la alianza del bolsillo y se la puso en el dedo, arañándole con la piedra. Le apretó la mano con la suya.
- Hasta que la muerte nos separe, Elizabeth.
Le ardía el dedo. Las piedras le habían cortado.
-Te odio. Prefiero morir antes de regresar contigo.
La luz del faro iluminaba el sendero.
Frank se echo a reír.
- Es curioso que digas eso. No tenía pensado regresar contigo a casa.
Riza noto como un sudor frió le empapaba en cuerpo.
-¿Que tenias pensado?
En su fría mirada se reflejaba el placer corrompido que sentía al torturarla. Podía sentir su excitación apretándose contra su cuerpo.
-Ya no eres la mujer que me abandono. Ahora eres basta y comoun, nada que ver con aquella joven refinada. Y tu cabello- dijo, pasándole la mano por la cabeza-. No deberías habértelo cortado- le retorció el brazo hasta hacer que se le saltaran las lagrimas-. No, no vas a volver a casa conmigo. Tengo cosas más creativas que hacer contigo.
Se obligo a si misma a levantar la barbilla. No volvería a dejarse doblegar.
-¿Que vas a hacerme, Frank?
- Antes que nada, vamos a buscar un lugar tranquilo y apartado. Después voy a darte una buena lección sobre la desobediencia- miro a su alrededor, no había mas que campo-. Ya veo por que elegiste este lugar para esconderte. Esta maravillosamente apartado del mundo. Seguro que no tendremos el menor problema en encontrar un poco de intimidad. Ahora se buena y ven conmigo. Te prometo no matarte muy despacio.
Riza se movió con una especie de sacudida con la que consiguió soltarse de un brazo.
- No pienso ponértelo tan fácil.
La furia le daba fuerzas. ¿Cómo se atrevía a volver a su vida y amenazarla? En otro tiempo, se habría rendido a su brutalidad, pero ya no. Moriría luchando.
Frank saco una cuerda del bolsillo del abrigo.
- Sabia que dirías eso- tiro de ella con una fuerza sorprendente y el ato una muñeca. La cuerda le quemo la piel.
Pero el instinto de supervivencia se apodero de ella. Si conseguía atarla, quedaría indefensa… Y muerta antes del amanecer. Así que levanto el pie y lo golpeo con todas su fuerzas. El inesperado dolor lo hizo soltarla. Trato de agarrarla del pelo, pero calculó mal la longitud del mismo.
-¡Perra!- le grito cuando ella ya estaba fuera de su alcance-. Vas a pagar por esto.
Riza no tenia la menor duda de que morir en sus manos seria una tortura lenta y dolorosa. Empezó a correr. El consiguió agarrarle la falda, pero la tela se rompió y pudo escapar.
La luz del faro brillaba con fuerza.
Riza levantó la vista. Roy. Tenia que encontrarlo. Comenzó a correr por el sendero. Frank la siguió.
Ella había recorrido ese camino las suficientes veces como para conocer cada hoyo y cada montículo. Incluso con tan poca luz, podía esquivar las raíces que sobresalían. Frank era mas rápido, pero no conocía el camino y no tardo en caer al suelo.
-¡Elizabeth!
El sonido maligno de su voz la sobresalto y a punto estovo de hacerla caer. Siguió corriendo a pesar de que le dolían las piernas y el costado.
Llego al faro y subió corriendo los cinco escalones que conducían a la puerta. No se paro a preguntarse por que estaba abierta aunque sabía que Roy siempre la cerraba. Entro y cerro de un portazo. Trato de echar el cerrojo, pero estaba demasiado nerviosa para conseguirlo. Oyó a Frank afuera gritado su nombre.
-¡Roy!- grito ella, tratando de mover el cerrojo.
No hubo respuesta.
-¡Roy! ¡Ayúdame!
Silencio.
Se alejo de la puerta y paso los tanques de aceite que había a los pies de la escalera de caracol. Miro hacia arriba, rezando por que Roy estuviera esperándola arriba. Volvió a gritar su nombre. "¿Donde estas?" Empezó a subir.
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Ya chicas, espero les haya gustado el chap y ya mañana termina esta historia, como siempre agradezco a todas las que leen y por supuesto a las que dejan su opinión, que este bien y nos leemos mañana, ciao.
