Capítulo XXVI


–¡¿En qué diablos piensan?! –exclamó InuYasha sin poder creer que fueran tan tontos como para fastidiar al Ichizoku Inu quienes no habían intervenido en eso problemas, hasta ese día.

–Pues la verdad tampoco me explico su forma de pensar. –opinó Kohaku.

Kōga movió su colita nervioso.

–La verdad, eso me parece muy extraño... Conocí a alguno de esos Ayakashis, cuando visitaban la zona roja...

–¡¿Tú ibas ahí?! –chilló Rin asombrada.

–Mi padre me llevaba cuando iba a visitar sus Clubs, no siempre, solo algunas veces, pero si vi a algunos de ellos y si bien no eran tan inteligentes, tampoco eran tan tontos o bueno yo no los vi de ese modo.

InuYasha se rascó una orejitas y comentó:

–Y si escuchamos los rumores de que los kitsunes rebeldes son los que lideran, creo que aquí hay algo más que solo algún tonto deseando provocar la ira de mi hermano.

El grupo salió al patio y de ahí al de armas:

–Señores; busquen a sus guerreros. Los espero aquí.

Pidió el de orejitas y vio caminar a sus amigos y capitanes cada uno por su lado.

–Voy a buscar a Kuro, Takeshi y Royakan.

–¿Puedo ir contigo? –pidió Kōga.

–Si porque no.

–Sabes, es divertido saber que iremos a la ciudad a... ¿cazar?

–Lo es, quiero pensar que si será divertido, solo espero que no se vuelva un problema mayor.

–Para eso son las alianzas, para no luchar solos.

–Así es, pero dudo que a mi hermano eso le parezca mejor.

–No comprendo.

–Sesshōmaru no trabaja bien en grupo.

–Pero si tiene un ejército.

–No es lo mismo a estar con otros líderes.

–Oh... ya entiendo.

InuYasha vio a Kuro cerca de la entrada del área de los Inuzuka conversando con Tsume. La Inuzuka vio en dirección de los bocchan y le dijo a Kuro. Más el de orejitas ya había llegado con ellos.

–Kuro; mi hermano ordenó una redada masiva en la ciudad.

–Oh...

–Al parecer supo que si hubo ataques en ella.

–Ya entiendo. Comprendo bocchan. Llamaré a Takeshi y Royakan, Tsume –se dirigió a la were-can– Tu gente y los otros were están a cargo del castillo y de la protección de los lores.

Tsume afirmó y se giró para ir a avisar a los otros shifter.

–Es una ocasión excepcional ¡Me emociona!–aseveró Kuro.

El de orejitas se rió y negó:

–Pues necesitamos a todos reunidos aquí.

–Bien bocchan.

Kuro se alejó y el de orejitas se sentó en el tapanco. Kōga lo imitó y comentó.

–¿Debería ir a llamar a Ginta y Hakkaku?

–Con el alboroto que se hará seguro que se enteran. Ni siquiera preguntaré ¿si vas a ir?

–Exacto, no preguntes, es obvio que iré. Contigo hasta el final, no.

InuYasha sonrió y vio hacia el patio donde algunos ya estaban llegando a reunirse.

–Si... lo prometiste. –El de orejitas recordó lo que dijo su padre y se armó de valor para contarle todo al lobo– Sabes, con esa promesa hiciste algo muy importante, pero ¿sabes lo que significa?

–Si...

–No lo creo Kōga; estar conmigo sería para siempre y ¿has considerado tu matrimonio? ¿El liderazgo de tu clan? ¿Tu descendencia? ¿Puedes dejar todo eso por mí?

InuYasha esperó que el lobo yôkai huyera o mínimo que le dijera que estaba loco...

–A que roñosito, ¿acaso crees que solo soy una cara bonita? –InuYasha sonrió– Esa promesa fue a conciencia de todo y sé todo lo que dejaría si es necesario. De cierto modo supe que seríamos compañeros; en mi subconsciente primero y conscientemente después. Así que sí; sé perfectamente lo que prometí y definitivamente recuerdo que tú no prometiste lo mismo.

–Lo hice.

–...

–Al instante en que te lo propuse ¿acaso crees que al cualquiera le haría esa pregunta?

–En ese caso, estamos de acuerdo en todo.

El Inu rozó la mano del lobo y este no la alejó. Se sintieron en intima complicidad, felices de saberse compañeros, pensando en un futuro apoyándose mutuamente.

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Sesshōmaru vio salir a su gente y se quedó un instante pensando. La visita de los kitsune no sería por el mismo motivo de los recientes ataques, no obstante estos también sufrieron de uno de camino ahí.

Ya caía la tarde y el Inugami consideró que sus soldados debían salir esa misma noche para obtener resultados que pudiera comparar con la información que los zorros traerían.

Naraku entró al lugar y el de luna en la frente lo vio.

–¿Qué sucede? –preguntó el pelinegro.

–...

–Recuerda que también soy un yôkai y fui un Rīdā.

–De cierto modo lo sigues siendo y definitivamente lo comprobé al no poder ocultarte nada.

–Eso lo supe porque soy tu pareja; me doy cuenta cuando estás molesto... más que eso.

–Furioso... sí, lo estoy. –Aceptó el Inugami– Algún idiota se atrevió a meterse en mi territorio y atacar a la gente.

–... Vaya que si debe ser un idiota.

Naraku llegó hasta su pareja y se hincó a su lado, aunque con trabajo por su vientre redondo, Sesshōmaru ayudó al Kagewaki a pesar de que este no se lo pidió.

Naraku por fin encontró una posición cómoda y se recargó en Sesshōmaru; porque estaban a solas y podían ser cariñosos...

–Hace mucho que no estoy en una cacería...

–...

–Quiero ir.

–El bebé...

–Es un Dai-Yôkai definitivamente le agradara también.

El Inugami lo sopesó un minuto y aceptó:

–Sabes, también yo tengo tiempo de no haber salido a cazar.

Naraku sonrió satisfecho y esperó. Sesshōmaru lo besó y abriendo un poco el yukata de su esposo acarició las tetillas de este, el pelinegro suspiró en medio de beso y guió una de sus manos entre las ropas de su esposo y rozó el pecho níveo de él.

Las erecciones en los dos no tardaron mucho tiempo en aparecer y en ser atendidas por las manos deseosas de ambos.

El orgasmo los alcanzó casi al mismo tiempo. Sesshōmaru los limpio y se levantaron.

–No tengo hambre, salgamos ya.

Pidió Naraku y el Inu no pudo negarle nada, así que salieron al pasillo y caminaron rumbo al patio. Al salir el Rīdā de cabello claro notó a sus huestes casi listas.

InuYasha vio a su aniki y fue hasta ellos.

–¿Qué pasa?

–Saldremos con ustedes.

–¿Estás seguro? –dijo el menor al ver a Naraku.

–Mi médico está en el castillo y me siento bien; no te preocupes InuYasha. –aseguró Naraku respondiendo en lugar de su esposo.

El de orejitas se cruzó de bazos y sonrió:

–Bien, pues decidan qué lugar vigilaran. Para que no nos metamos en su camino.

Naraku se acercó a Sesshōmaru y sonrió:

–¿Podemos ir a mi casa y sus alrededores?

El de luna en la frente miró a su pareja y cedió.

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Bankotsu acomodó a Yumiko en su canasta para dormir y vio en dirección de su esposo. Jakotsu terminaba de guardar su Jakotsutō.

–¿Listo? –preguntó el de trenza.

Jakotsu sonrió y se acercó a besar a éste. Levantó la canasta con su hija y también la besó.

–Estamos listos.

La familia salió y fue hasta la puerta cercana, no hubo necesidad de tocar, pues Suikotsu ya salía.

–Supuse que no se quedarían. –dijo el médico.

Jakotsu se encogió de hombros y entregó a su nena al otro exShichinintai.

–Te la encargamos...

Suikotsu agarró la canasta y Kikyō salió con Ren en brazos.

–No se preocupen nosotros la cuidaremos. Cuiden de nuestros amigos. –pidió la were-pantera.

Bankotsu asintió con una sonrisa en dirección de la shifter.

–Tenlo por seguro.

El matrimonio de guerreros Kagewaki se retiraron por el pasillo para reunirse con los otros.

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Sesshōmaru vio que sus batallones ya estaban reunidos y más que dispuestos a salir a jugar.

Kuro y Takeshi revisaban las armas y armaduras de los jóvenes guerreros. Rin y Kohaku ya colocaban a sus grupos en orden para separarse de acuerdo al lugar que les tocarían peinar.

Tsume notó al Kagewaki que montaba sobre Ah-Um y se dirigió al patio, llamando a Kuro...

La were-can se rió, agregando:

–Les diré a los demás las órdenes, pero yo voy con Naraku-san, eh capitán. –Kuro asintió y vio como la were y Kuromaru ya avanzaban veloces hasta donde el gestante se encontraba.

Sesshōmaru vio a la were-can y estuvo satisfecho por la lealtad de esta y su compañero canino, hacia él y su familia. Sin embargo vio salir de la casa a dos figuras más y supo que Tsume compartiría la custodia de su esposo con Bankotsu y Jakotsu.

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El hijo menor de Irasue vio a cierto rubio salir aun poniéndose el peto de metal, ayudado por cierto Tengu y caminó hasta la pareja.

–Yo considero que deberías quedarte Naruto.

–¡¿Por qué?! –emitió el rubio.

–Estás aún convaleciente. –insistió InuYasha.

–Estoy bien. –aseguró el Kyūbi.

El bocchan Inu suspiró derrotado y vio al rubio con seriedad.

–A cualquier señal de que no puedas controlar tu forma Kyūbi, debes regresar, promételo.

El were-conejito afirmó y pudo unirse a su grupo a las órdenes de Takeshi.

Los batallones se alinearon de acuerdo a sus capitanes.

Kōga vio que Ginta estaba con el were-liebre en el grupo de Kohaku, más Hakkaku no se encontraba con su hermano y recorrió con la vista los grupos buscándolo.

El de orejitas vio lo que el del Ôkami hacía y mencionó:

–Hakkaku está con Kuro y los were-ososque este comanda.

–Oh... cierto, ya lo vi.

InuYasha se instaló al frente de las tropas con Kōga a su lado; detrás los Taishos y sus escuadrones.

Sesshōmaru alzó el vuelo dando la orden de avanzar. Seguido del dragón de dos cabezas que su consorte montaba; por tierra el sequito/guardias de este, los procedía.

El aullido de Royakan y sus lobos reverberó en la montaña y la carrera comenzó cuesta abajo, acompañada del sonido de las armaduras de la tropa Inu.

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Sango y Miroku lo notaron primero y por ello se reunieron con los otros en la sala. Kikyō arrullaba a su hijo, vigilando a la hija de Bankotsu y Jakotsu: Yumiko. Suikotsu acomodaba algunas cosas en su maletín.

–¿Saldrá Suikotsu-san? –preguntó Miroku.

–Me agradaría, pero no, solo deseo estar listo por cualquier cosa. Supongo que ya lo notaron.

–Sí, hay mucho movimiento. –confirmó Sango que tenía de la mano a una de sus hijas, mientras la otra se escapó y ya jugaba con el pequeño Ren.

–El ejecito Inu saldrá y con ellos Sesshōmaru-sama y Naraku-sama. –explicó el médico.

–Vaya, sí que es una ocasión extraña. ¿Pero todo está bien? Digo con Naraku-san. –insinuó Sango.

El exshichinintai afirmó:

–Sí; más nunca es malo estar prevenidos.

Terminó Suikotsu. Luego fue hasta el sillón y revisó que Yumiko siguiera durmiendo; no quisieron dejarla en la habitación sola y optaron por llevarla con ellos, pero era mejor que ella no despertara, pues vería que sus padres no estaban.

–Creo que cenaremos nosotros y algunos were del castillo, pues ninguno de ellos quiso quedarse a hacernos compañía –bromeó la were-pantera.

Miroku se encogió de hombros y señaló:

–Nuestro hijo salió primero.

–No se angustien, es solo una redada y con los capitanes Inu y los lores no habrá peligro que no puedan enfrentar. –explicó sereno Suikotsu.

Los were-lobo desearon creer en las palabras del doctor.

Kaede entró a la sala y llamó a todos:

–Vamos a cenar que los anfitriones salieron, pero dejaron dicho que se les atendiera lo mejor posible. Podemos llevar a la pequeña Yumiko a su cuarto, alguno Ayakashis la cuidaran, prometemos que no despertara.

Suikotsu cedió y fue con la niña en brazos por uno de los pasillos; los otros invitados la siguieron. Kikyō se acercó a su hermana mayor y la abrazó:

–Todo estará bien, ya lo verás.

–Quiero creer eso. –dijo Kaede sonriendo con melancolía; Rin era una guerrera y ella nunca se lo imaginó, más la apoyaba.

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La llegada a la ciudad fue al anochecer y por las calles que aún se encontraban concurridas. Los guerreros Inu fueron admirados; los grupos se fueron desplegando por todas las zonas sin excepción de barrio solo, habitado, zona roja o habitacional, parques y túneles todo el perímetro fue revisado; haciendo honor a su clan; los guerreros eran perros de caza buscando a sus presas.

Naraku le pidió a Sesshōmaru que revisarán su antiguo hogar y los alrededores.

InuYasha y Kōga encontraron un par de fantasmas hambrientos que perseguían a unos trasnochadores. No hubo mucha batalla y se deshicieron de ellos. El lobo se puso en cuclillas y chasqueó la lengua.

–Lo ves, es extraño que no hallemos más yôkais o por lo menos más peligrosos.

–Cierto.

Sesshōmaru enfundó a Bakusaiga, luego de que no tuvo que usarla, pues Bankotsu y Jakotsu cortaran en pedazos a los tres Kasha que encontraron. Él consideró que Taigokumaru ya debía haber heredado su lugar a su hijo Tsukuyomaru, más que los Kashas siguieran rebeldes le confirmaba lo contrario, pues solo Taigokumaru permitiría la cacería de were o yôkais débiles, a su clan.

El Dai-Yôkai y miró el panorama de toda la ciudad desde donde volaba. Eso había sido una pérdida de tiempo o los responsables de esos ataques, estaban ocupados reuniendo información de su ejército o creando un plan mayor; cualquiera de las dos opciones enfadaba a Sesshōmaru.

–Regresamos al castillo. Que dejen una patrulla sencilla.

Ordenó el Inugami y Tsume con Kuromaru corrieron veloces a comunicar los mandatos del Lord.

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El halcón llegó a las barreras y pasó, siendo reconocido como un visitante habitual. Llegó hasta el castillo y ahí fue a la entrada donde Jaken colocó su báculo para que el ave se parar en este. El yôkai sapo tomó el pergamino y leyó. Le informaría a su amo, más este ya lo sabría seguramente... los clanes aliados irían a verlo.

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En una de las cuevas que estaban cerca del territorio Sur, Los espías que enviaron los rebeldes, ya regresaban.

–Como lo predijo... Señora. Ellos aún no se reúnen, pero eso les llevara tempo.

Taigokumaru sonrió ante la eficiencia de sus vampiro/Kashas. Sin embargo era –a excepción de ella– el más viejo de ese lugar y supo que era cuestión de tiempo en que los aliados se unieran en su contra, más no temía una batalla, era lo mejor para tener sangre hasta hartarse.

...


Muchas gracias noona-kane Chiharu: Cierto ese Royakan tiene una fanática jejeje Lee es tan Lee que quien sabe si se haga del rogar, o que entienda que lo pretenden. Pues por el momento no hubo mucho revuelo... ya se verá jejejeje Muchas gracias por dejar review.