Hola a los lectores de este fanfic. Como ya ustedes lo deben saber, vamos a empezar con un nuevo capítulo de este fanfic de Lucky Star. A darle play a la historia.

Misao estaba pálida y sudando frío como nunca antes lo había hecho.

No era para menos, pues estar entre mujeres disecadas y rellenadas como si fueran los mismos trofeos que se encontraban en el piso inferior de aquella casa.

Misao tenía el impulso de irse de allí corriendo y dejarlo todo atrás, pero en su cabeza resonaba la misión que le había sido encomendada por Hiyori y Patricia. Se supone que estaba en ese lugar para averiguar lo que estaba ocurriendo y si el dueño de casa tenía algo que ver con el caso del asesino fotográfico.

Pudo ver que no era así. Ese hombre no estaba relacionado con el asesino fotográfico, pero igual ya tenía un historial criminal como para ser comparado con aquel misterioso sujeto. La opción que tenía Misao es sacar una cámara que le había prestado Hiyori para empezar a tomar fotos a aquellas mujeres disecadas. Acercarse a ellas le causaba una extraña mezcla de asco y horror, y cada paso que daba al frente para tener una mejor toma le requería un gran esfuerzo.

Pero consigue tomar las fotos, dos por cada una de las mujeres. Estaba segura que Hiyori y Patricia actuarían de inmediato para sacar la noticia a la luz, e incluso podrían decirle si esas mujeres disecadas forman parte de alguna otra búsqueda que la castaña no conocía.

Ya cuando daba por sentado que su trabajo estaba hecho, Misao se guarda la cámara y da un último vistazo para asegurarse de no haber dejado nada atrás. Sólo había una cosa más que le había llamado la atención, y se trataba de una pila de periódicos que estaban amontonados cerca de la cama. Todavía no se oía que nadie llegara, así que Misao supuso que todavía tenía tiempo de revisarlos.

Una cosa que sus dos amigas le enseñaron es que los asesinos en serie solían estar al pendiente de las noticias para así estar un paso al frente de las autoridades que estaban tras su búsqueda. Dejándose llevar por un momento por la curiosidad, toma uno de los periódicos, sabiendo que la página más remarcada y desgastada era la que tendría que buscar.

Y la encuentra. En efecto, habían unas viejas notas sobre la desaparición de algunas mujeres en las afueras de la ciudad, y las fotos coincidían con los rostros de las mujeres disecadas. Dichas desapariciones jamás fueron resueltas, y Misao ahora sabía muy bien la razón de ello.

─ Un taxidermista... Este lugar vendría genial para una película de terror ─ dice Misao para sí misma antes de dejar el periódico y prepararse para salir ─. Ahora andando. No sé cuánto tiempo me queda, pero no me puedo quedar aquí...

Misao sale de la habitación con todo el sigilo que le era posible. Trataba de estar pendiente hasta del más mínimo detalle a medida que avanzaba, especialmente porque nuevamente tenía que lidiar con ese suelo que rechinaba de nada. Cada paso tenía que ser lento y pausado, tratando que ese ruido tan molesto fuera lo más bajo posible.

Y finalmente llega hasta las escaleras y se dispone a bajar, pero cuando estaba por llegar al primer piso escucha aquello que tanto temía: Unas llaves son introducidas en la cerradura de la puerta principal, dando a entender que el dueño de casa acababa de llegar.

Misao reacciona de forma desesperada y vuelve a subir las escaleras, olvidando que arriba se exponía a ser oída por el suelo rechinante, y al darse cuenta de lo que hace se arrepiente y frena justo al llegar al segundo piso. El dueño de casa se adentra con pasos pesados y se dirige hasta la cocina. Misao prestaba atención a cada cosa que éste hacía para encontrar el momento ideal para darse a la fuga sin ser descubierta. El hombre toma algo de refirgerador y se lo bebe, luego va al baño en el primer piso, y al cabo de unos segundos estaba nuevamente en la sala, contemplando su macabra colección de animales disecados.

"Es inútil. A este paso tendré que aprender a treparme las paredes y escapar lanzándome por la ventana" ─ pensaba Misao con frustración.

Parecía que aquel hombre sólo tenía pensado estar rondando por la sala, no encontraba nada con lo que se distrajera lo suficiente para darle tiempo a Misao, y entonces el hombre finalmente se fija en el televisor y se dispone a encenderlo. El volumen de la programación era una excelente noticia para Misao, pues así tendría un mayor margen de movimiento sin hacerse oír, aunque no le parecía que aquello fuera suficiente para aventurarse a recorrer el segundo piso.

El hombre toma asiento frente a la tele y se pone a cambiar canales, en busca de algo que le fuera a interesar. Misao ve aquello como una oportunidad y baja de puntillas las escaleras todo lo rápido que es capaz. Un movimiento de parte del hombre asusta a Misao y casi la hace esconderse, pero al ver que nada más pasa, continúa avanzando veloz hasta la puerta.

Pero pronto se da cuenta que estaba cerrada con llave. Ese hombre no dejaba nada al azar con respecto a aquella puerta, y Misao busca entonces otra salida. Había una ventana abierta. Era un poco alta, pero Misao no se lo piensa dos veces para lanzarse al jardín, sin darse cuenta de un nuevo detalle, y es que allí no había salida, puesto que en realidad era el paso de la casa al garaje de la misma.

"¡Mierda! Aquí no encuentro más que dificultades".

No tenía otra opción, así que se esfuerza en abrir la puerta de ingreso al garaje, y allí intentaría salir definitivamente de ese lugar de locos.

No le resultó difícil encontrar el botón para abrir la puerta del garaje, y sin pensarlo mucho lo presiona para así irse de allí, pero al hacerlo se encuentra un nuevo problema: La puerta estaba atascada y no subía más de medio metro, y al rato volvía a bajar automáticamente.

Eso era algo frustrante, pero Misao no se permite lamentar la situación e improvisa una maniobra que se le ocurrió al momento. Si la cosa iba bien, escaparía rápidamente, por lo que valdría la pena intentarlo.

Presiona otra vez el botón y empieza a correr apenas ve que la puerta sube. Se lanza al suelo y rueda rápidamente mientras la puerta sigue en su vana lucha por subir más de medio metro, y efectivamente consigue salir. No parecía que el hombre se hubiera dado cuenta de nada, pero igual Misao no quería confirmar aquello, así que corre desesperada hasta la moto, se pone el casco con apuro y arranca, aprovechando que las calles estaban vacías a causa de la lluvia.

"Uff... Eso estuvo realmente cerca. Creo que me arriesgué bastante al decir que no tendría problemas haciendo esto sola" ─ pensaba Misao antes de mirar brevemente la cámara que tenía guardada dentro de su ropa ─. "Al menos Hiyori y Patty ya tienen su historia, pero todavía tengo que buscar a la hermanita de Hiiragi. Esta búsqueda, a pesar de todo, no me ha ayudado a avanzar".

La moto de Misao sigue recorriendo las calles, haciendo un ruido que era amortiguado por el incesante sonido de las gotas de lluvia caer por todos lado. Al menos Misao ya había sorteado el primero de los grandes peligros.

CONTINUARÁ...


Estos tres capítulos de Misao en la casa del taxidermista en realidad corresponden al extra del juego de Heavy Rain, en lugar de ser parte de la historia central, pero igual quise ponerlo para no dejar a Misao mucho tiempo fuera de acción, además que así puedo sopesar un poco su poca participación hasta ahora. Como sea, sólo me queda despedirme hasta el próximo capítulo.

Hasta otra