Hola a todos una vez más. He vuelto a tardar más de lo esperado. Realmente no sé como me aguantáis, ni yo mismo me aguanto. En esta ocasión quiero agradecer a: lalo80, Belen, Light Daughter 2012, HarrySiriusSnapePotter7, andrew, shmjuanmi, FzMarcE09, lordcastellban, Allie Danger, Pedro I, Boyka, gustavil-007, Hell Cold y por supuesto Alexander Malfoy Black. Espero no olvidarme de nadie.

No quiero liarme demasiado porque supongo que querrán leer el capítulo en lugar de a mí soltando el rollo de siempre. Quiero que sepáis que leo siempre cada uno de vuestros mensajes y varias veces además. Muchísmas gracias. Solo contestar a algunos temas. Lo de que el colgante de Angelina debía avisarla del peligro es cierto, pero ya lo explicaré en el próximo cap. Y como bien dices, FzMarcE09, si Harry matase a todos a la primera, en dos capítulos terminaba la historia xD Y una secuela, sí, lo he pensado, incluso tengo ya parte del argumento, pero viendo al ritmo que voy, terminaría la segunda parte por el 2020 aproximadamente. En cualquier caso, terminaré esta y ya comentaré algo. Otra cosa, no muy a menudo pero si que me sigo conectando al correo, si alguien quiere decirme algo y no le gustan los reviews, puede ponerse en contacto conmigo tanto por los privados de esta misma página como a través de mi correo, que pueden encontrar en mi perfil.

Podría estar una hora contestando a cada mensaje hablando de la historia, pero como dije antes, supongo que lo que realmente quieren es leer el cap, así que aquí les dejo el siguiente. Como siempre, espero que les guste...

Capítulo 30: Confusión

Unos tímidos rayos de sol entraban por la ventana del dormitorio y acariciaban su cuello. No se había movido durante horas, había permanecido en la misma posición, arrodillado y hundido, más tiempo del que pudiera contar. Reuniendo fuerzas, se irguió, y ayudándose del brazo izquierdo para no caerse, se inclinó sobre el cuerpo sin vida de la chica. Miró su piel, antaño suave y llena de vitalidad, ahora pálida, fría, mustia… Cerró los ojos, no quería recordar aquella imagen de Angelina, quería visualizar la otra, alegre, cariñosa y feliz. Y con ese pensamiento en su mente, aún con los párpados cubriendo sus ojos, se inclinó un poco más y rozó sus labios con la frente de la morena. Una última lágrima descendió por el rostro de Harry, solitaria y muda, finalizando lo que había sido un llanto desconsolado. Aquella última lágrima se deslizó hasta abandonar su piel y caer en una mejilla de Angelina.

En aquel momento llegó hasta él el sonido del timbre eléctrico que tenía instalado el piso. Su cuerpo se tensó instantáneamente. No esperaba visita. ¿Quién llamaría a la puerta? Se tomó solamente unos segundos hasta que pensó que le era indiferente quien fuera. Ya separado de la cama, extendió el brazo izquierdo y su varita voló hacia él inmediatamente. Aún cojeaba, sin embargo, no tardó demasiado en llegar a la entrada del piso. Solo tuvo que salir del dormitorio, recorrer un pasillo y girar a la derecha. Mientras avanzaba, percibía como no era un muggle quien se encontraba al otro lado de la puerta.

- ¿Quién es?- Preguntó con falsa naturalidad cuando finalmente llegó. Tenía la varita preparada para actuar en el mismo instante en el que notase cualquier tipo de peligro, algo que no ocurrió.

- Soy Hermione. Ábreme por favor.- Contestó la voz cansada de la heredera de Ravenclaw.

- Lárgate. No me apetece hablar.- Espetó Harry con dureza. Una charla de Hermione era lo último que necesitaba en aquel momento.

"Por favor Harry… Necesito verte…y a ella también. Por favor." Le rogó la castaña esta vez mentalmente. Ella sabía que Harry tenía claro que era ella y no una impostora, pero hablarle telepáticamente era una manera de confirmárselo y de hablar de manera más íntima. La chica no recibió contestación, la única respuesta fue, para su sorpresa, ver como la puerta de madera que tenía frente a ella se abría lentamente. Tras unos interminables segundos, pudo ver a Harry. Estaba pegado a la puerta con la mirada perdida en algún punto del suelo. Aún llevaba puesta la indumentaria negra con la que había asistido al ataque, aunque ya poco quedaba del negro. Viendo que el chico no decía nada, se atrevió a entrar.

- ¡Estás herido!- Exclamó cuando pudo ver el brazo derecho del moreno. Ya había visto en la Madriguera que tenía herido el brazo, pero desde cerca tenía bastante peor pinta.- Déjame que le eche un vistazo. Tengo algo que te…

- ¿A qué has venido?- La interrumpió mientras ésta buscaba algo en un bolso gris. Hermione paró de buscar y miró a Harry, quien ahora sí la miraba directamente a los ojos de manera penetrante.

La castaña tardó una eternidad en responder. El rostro de su amigo era impactante, ahora lo veía. La piel del moreno estaba sucia, con varios arañazos y salpicada de sangre, pero nada de eso era lo insólito. Su cara estaba…"muerta". No existía en ella un atisbo de afabilidad, o incluso, de humanidad. La expresión de su rostro era seca, dura, amargada y sombría. Y sus ojos… El vivo y esperanzador verde de sus ojos se había extinguido. Parecía que alguien o algo hubiera extraído su alma y hubiese dejado allí su cuerpo, abatido y vacío. Aquel no era Harry. El solo hecho de estar frente a él era escalofriante. Y su mirada clavada en la de ella hacía la situación más estremecedora aún si cabe. Aquella era la primera vez que Harry le hacía sentir algo parecido al miedo.

- Que…quería saber como estabas.- Comenzó la castaña intentando sonar calmada y fracasando en el intento.- Siento mucho lo que ha pasado hoy.- Se disculpó la heredera sin saber muy bien por qué. En aquel momento el chico la sorprendió cerrando la puerta de un golpe y avanzando hacia ella. Intentó no hacerlo pero tuvo que retroceder cuando Harry se le echó encima.

- ¿A qué has venido Hermione?- Volvió a preguntar el heredero de Griffindor ya pegado a la castaña. La había acorralado contra la pared, sus cuerpos estaban en contacto y su rostro a escasos centímetros del de ella. Podía sentir como el pulso de la chica se aceleraba y su respiración se entrecortaba.- Te he pegado…- Recordó acariciando con el dorso de su mano izquierda el pómulo derecho y algo morado de Hermione.- Te he lanzado un imperius y no he parado de matar en toda la noche.- Completó la lista de sus acciones de forma resumida.- ¿Hay alguien más esperando fuera? ¿Esto es una trampa?- Preguntó en un susurro en el oído de Hermione. La chica sentía como Harry estaba jugando con ella. Pero no tenía claro si era realmente un juego o Harry se había vuelto loco.- No me creo que hayas venido a ver como estoy, la Hermione que yo conozco estaría gritándome.- Reconoció el moreno por primera vez formando en su rostro algo parecido a una sonrisa. En aquel momento, Harry bajó la mano desde la cara de la castaña hasta la cintura, y descendiendo aún más hasta alcanzar las nalgas de su amiga. En una acción que ninguno de los hubiera imaginado nunca, el moreno apretó el culo de Hermione pegándola aún más a él.

- ¡Basta!- Explotó la castaña deshaciéndose de Harry y alejándose de él varios pasos. Estaba nerviosa, y dicho nerviosismo era más que evidente en su rostro, en la fragilidad de su voz y en los temblores de sus manos.- Te quiero mucho Harry, has sido siempre mi mejor amigo…pero esto no. No me hagas esto por favor.- Suplicó la heredera negando con la cabeza sin saber si mirar a su amigo o al suelo.

- Tú también has sido siempre mi mejor amiga Hermione, y comprobaba que continuases siéndolo. La última imagen que tengo de ti no es precisamente de mi lado.- Se justificó el Griffindor volviendo a la seriedad absoluta. Escuchar la razón por la cual Harry le había hecho pasar tan mal trago la enfureció. Hermione levantó la mano casi involuntariamente dispuesta a abofetear al chico, sin embargo, éste reaccionó con un movimiento más rápido que la vista y agarró la mano de la castaña antes de que se acercase más a él. Aquel hecho fue el detonante que provocó que Hermione rompiese a llorar y se lanzara sobre él apoyando la cabeza en su pecho.

Él ya había llorado, en solitario, en la intimidad. Ya se había desahogado, pero supuso que su amiga no había gozado de la oportunidad para hacerlo. Y era lo que sucedía en aquel momento. Tenía a Hermione llorando sobre su pecho, desesperada. Él no la acompañaría, su nueva situación se lo impedía, no era estratégicamente recomendable, no podía mostrarse débil o herido. Lo único que hizo fue alzar su brazo sano e intentar consolar a la muchacha con un frío abrazo.

- No… No sabía que hacer.- Sollozó Hermione tras aproximadamente un minuto.- Estaban por todas partes… con…con nuestros amigos, y Vol…Voldemort. Y tú… No, no podía dejar que matases a Dumbledore, Harry… No podía… ¿Y Ang… ¿Cuántas personas más deben morir para que esto acabe?- Intentaba explicar la chica que era lo que sentía sin poder acabar la mayoría de las frases.

- Solo una.- Respondió Harry con voz ronca y baja pero que la chica escuchó a la perfección.- Voldemort. Y voy a ir a por él.

- ¿Có…Cómo?- Inquirió la castaña separando la cabeza de su pecho y mirándolo a los ojos sin acabar de entender la última frase del chico.

- Que se acabó.- Sentenció Harry, que viendo como Hermione estaba mejor se apartó bruscamente.- Voy a por él. Eliminaré todo aquello que se interponga en mi camino y lo mataré… o moriré intentándolo. Pero esto no va a durar más.

- Pero eso quiere decir que… No puedes Harry. Tú solo no podrás. Morirás para nada, debemos estar unidos para…

- ¿Unidos?- Repitió con sorna el chico.- Lo que quiere decir es que no te vuelvas a entrometer en mi camino.- Advirtió sin un ápice de delicadeza en su voz.- Organizaré un funeral apropiado para Angelina y aprovecharé para recuperarme. Y cuando lo haga, iré a por él. Bellatrix sabe donde se esconde y, de una manera u otra, me llevará hasta allí.- Aseguró Harry convencido de sus palabras. Durante un momento pareció que Hermione iba a interrumpirle para quejarse, pero se contuvo.

- ¿Puedo…Puedo verla?- Preguntó la chica cambiando de tema, no era lo más inteligente discutir en aquel momento con Harry.

El moreno analizó con la mirada a Hermione y asintió, señalando con su mano izquierda hacia el final del pasillo. La heredera avanzó hacia donde le señaló y tras unos segundos se encontraron frente al dormitorio. Miró a Harry casi como pidiéndole permiso y el silencio de éste se lo concedió. Lentamente, empujó la puerta. Tras un par de segundos interminables, pudo ver como el cuerpo sin vida de su amiga yacía sobre la cama. El cuerpo de la castaña se paralizó y sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo. Ya tenía asimilado lo que había ocurrido en la Madriguera, pero enfrentarse otra vez a ello era más de lo que podía soportar. Angelina era la que menos merecía acabar así, merecía haber sido feliz, no morir en la adolescencia. Con su rostro aún bañado en silenciosas lágrimas de dolor y lástima, se giró hacia Harry con toda la compostura que pudo mantener.

- ¿Cómo…cómo lo harás?- Preguntó Hermione sabiendo ambos que se refería al entierro de la chica.

- Aún no lo sé.- Contestó con sinceridad él.- Aún tengo que hablar con sus tíos…

Flash Back

Solo un par de velas iluminaban su cuarto, además de los rayos de luz que emitía aquella noche una gran luna, aunque aún no llena, y que entraban por la ventana. Ya era invierno y los terrenos de Hogwarts estaban nevados. Las temperaturas habían descendido radicalmente las últimas semanas, pero él sentía una calidez y felicidad que hacía tiempo que no disfrutaba.

- ¿Te ha visto venir Hermione?- Preguntó Harry a nadie con la mirada perdida hacia el exterior. Aunque fuera cierto que no había ninguna otra persona en su cuarto de la sala de los herederos, si que había llegado un pequeño animal. Ante las palabras del chico, el tejón se irguió, sorprendido. En aquel momento, el simpático animal continuó irguiéndose hasta convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una bellísima chica de ojos azules.

- No, pero… ¿Cómo lo has sabido? No hice ningún ruido, he sido muy sigilosa.- Comentó la morena llegando hasta él y abrazándolo por su espalda.

- ¿Te sorprende?- Inquirió Harry girando su rostro para ver el de Angelina. Ambos dibujaban una sonrisa de complicidad.- Intuición felina…- bromeó él al ver que la chica continuaba con la mirada inquisitoria.

- ¿Tú intuición felina te ha dicho a donde te voy a llevar cuando esto termine?- Preguntó la heredera con voz juguetona a la vez que Harry se giraba y se colocaba frente a frente con ella.- Te llevaré a Brighton, me gustaría enseñarte donde crecí. También tiene que ver el hecho de que mi tío me insistiera una y otra vez para concertar una reunión contigo.- Reveló Angelina con una expresión de niña inocente para que Harry aceptase.

- ¿Tú tío…? ¿Pero él no…- Comenzó el Griffindor algo confuso, pero la chica no tardó en responder.

- No, claro que no sabe nada. Pero aún siendo muggle, siente devoción por este mundo. En cuanto supo que yo iría a Hogwarts este año, me pidió que hiciera todo lo posible para que pudiera conocerte. Es usted muy famoso, señor Potter.- Terminó Angelina en tono jocoso.

- Es por eso que tengo una agenda muy apretada señorita, buscaré un hueco, pero no te prometo nada.- Continuó Harry con la broma mientras se agachaba y levantaba a la chica, cargándosela al hombro. Angelina rió y pataleo varias veces intentando liberarse, pero acabó siendo lanzada a la cama.

- Mis tíos viven en Tillstone Street número veinticuatro, cerca del Queens Park.- Informó la morena por un momento dejando las risas y el tono bromista aparte.

- ¿Tantas ganas tienes de ir que tienes que decirme ya la dirección?- Preguntó Harry echándose a su lado.

- No te digo esto por las vacaciones.- Especificó Angelina, en ese momento fue cuando el chico se dio cuenta de que aquello iba en serio.- Mis tíos se llaman Stewart y Rebecca Dovmal. Número veinticuatro de Tillstone Street, junto al Queens Park, recuérdalo por favor.

- Sí, claro. ¿Pero por qué ese repentino interés por que sepa la dirección de tus tíos? ¿Ocurre algo?- Volvió a preguntar ahora algo preocupado.

- No, no ocurre nada. Todo está bien.- Lo tranquilizó dirigiéndole una de sus hipnóticas sonrisas.- Quiero que recuerdes la dirección porque son mi única familia y me gustaría que fueras tú quien les informara si a mí me ocurriese algo.

- ¡Olvídalo!- Exclamó el heredero de Griffindor al escuchar el motivo de la chica.- No te sucederá nada, no lo permitiré. ¿Me has entendido? Muy bien, ya sé la dirección y como dijiste hace un momento, cuando todo esto acabe, iremos juntos a Brighton.- Aseguró el chico adoptando la seriedad que requería el asunto.- No vuelvas a imaginar algo así. Te prometo que no dejaré que te ocurra nada malo.- En aquel momento Harry estiró su brazo derecho y con delicadeza acarició el cuello de la chica. Ambos se miraban fijamente a los ojos.- Te lo prometo…

Fin Flash Back

Hermione se encontraba sentada a los pies de la cama donde yacía su amiga, con la mirada perdida en el recuerdo y la nostalgia de tan solo unos días atrás, cuando todo parecía diferente, cuando parecía que el futuro podría pintarse de un color que no fuera el negro.

Mientras tanto, Harry continuaba de pie, apoyado en la pared junto a la puerta del dormitorio. La castaña finalmente le había entregado una crema para el brazo. Se la extendió por todo el brazo y el dolor remitió, incluso pudo moverlo levemente. Sin embargo, su mente no podía curarla tan fácilmente. Su amiga se levantó cuando vio una varita tirada en el suelo, y aunque daba la sensación de que él estaba mirándola, en realidad tenía su mente navegando a la deriva, sin prestar atención a nada, perdida en su memoria.

- Harry, ¿es ésta la varita de Dumbledore?- Pidió Hermione que le confirmara el moreno, aunque en realidad no hiciera falta. Reconocería aquella varita que sostenía aunque hubieran pasado veinte años, se había enfrentado a ella en el duelo inaugural en Hogwarts. En aquel momento el chico volvió en sí y la varita que sujetaba Hermione salió despedida hacia él.

- Tengo que ir a Brighton.- Fueron las primeras palabras de Harry tras su ensimismamiento. Buscó su varita y cuando la encontró hizo un movimiento con ella e instantáneamente apareció en la habitación la moto de su padrino.- Y esto me lo llevo. Es mi garantía de que Dumbledore venga a mí y no al revés.

- Ten cuidado Harry, esa varita es peligrosa.- Le advirtió su amiga. Debería intentar que Harry le devolviese la varita al director y no buscase el enfrentamiento con él, pero intentar razonar con aquel Harry era imposible, solo podía darle la razón.- Y es una gran idea ir a Brighton a hablar con la familia, podemos ir a Hogwarts, allí seguro que en algún documento aparece la dirección.

- No me hace falta, ya sé donde viven sus tíos. Volveré esta noche, supongo. ¿Puedo dejarte aquí?- Preguntó ya subido a la moto, la castaña se limitó a asentir.- ¿Y puedo saber como supiste que estaría aquí, con ella?

- Tu fuego destruía todo a su paso y sabía que no permitirías que su cuerpo fuese uno más. Después solo tuve que buscarte, fui al valle de Godric antes de venir aquí. No sé si recuerdas que nos habías avisado de donde pasarías la Navidad.- Le recordó la heredera sin sorprenderse de que Harry ya supiera la dirección de la casa de Angelina.- Y sí, puedes marcharte tranquilo, yo me quedaré aquí. ¿Quie…Quieres que la prepare?- Preguntó con cautela y sutileza Hermione.- Aunque si quieres puedo acompañarte, no tienes por que dar la noticia tú solo.

- Sí, sí tengo que hacerlo. Y sí, prepara lo que quieras, supongo que el entierro será en Brighton, ya te lo confirmaré cuando vuelva.- Afirmó Harry arrancando en ese momento la moto. Dirigió su varita hacia el balcón del dormitorio e hizo desaparecer el cristal que le impedía la salida.- Que ni se te pase por la cabeza un segundo el informar de nada a la Orden, todo se llevará a cabo de manera íntima. No hagas que me arrepienta de haber confiado en ti. Las cosas han cambiado.- Sentenció el moreno, que con un rugido ensordecedor del motor de la moto, salió volando de allí.

Si en algo podía dar la razón a su apenado amigo era en eso, las cosas han cambiado, o mejor dicho, él había cambiado.

El hecho de ser un pueblo costero dificultaba que estuviera nevado como lo estaba el Valle de Godric o Hogwarts, pero el frío si era imponente. La humedad provocada por la cercanía del mar posibilitaba una sensación térmica bastante peor a la que Harry estaba acostumbrado. El cielo estaba completamente encapotado, las nubes eran oscuras y amenazaban con llover en cualquier momento. Sin embargo, de momento los habían respetado.

En cualquier caso, lo que menos le importaba aquel día era el tiempo que hiciese. Se encontraba en un cementerio. Aunque había sufrido muchas pérdidas, no estaba habituado a pasar por aquel trago, en cualquier caso, ¿quien podría habituarse a algo así? A unos tres metros de él se hallaba una lápida, una lápida que ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado ver jamás. Y aunque era cierto que jamás imaginó aquello, aquella voz de su subconsciente sonaba una y otra vez en su cabeza. Aquello era culpa suya. Ya conocía el riesgo, ya sabía lo que podía ocurrir y lo que de hecho ocurrió. Y lo peor de todo es que le había prometido a Angelina que nunca permitiría que algo le sucediese, se lo había prometido en multitud de ocasiones, que él la protegería. Y él mismo se había creído que podría cumplir dicha promesa. Pero allí estaba, plantado, incapaz de mover un músculo. Tenía a su lado a los tíos de la chica, así como a Neville, Ron, Hermione y algunos antiguos amigos y profesores de Angelina que él no conocía. Lupin había insistido en acompañarlo, y tras la testarudez de éste, había aceptado. Remus permanecía algo alejado, aunque quisiera acompañarle en un momento así, quería prestarle algo de intimidad.

- ¿Querrías decir unas palabras para terminar?- Le preguntó alguien a su derecha con voz apagada. Aquello lo sacó de su ensoñación, lo extrajo del limbo en el que se encontraba para devolverlo a aquel lugar infernal en el que se encontraba. Miró hacia la procedencia de la voz y vio a Stewart Dovmal, el tío de la ausente Angelina. ¿Decir unas palabras? ¿Él? No sabía como aquel hombre podía hablarle después de la noticia que le había traído el día anterior…

Flash Back

El fuerte y frío aire golpeaba en su rostro hasta tal punto que parecía cortarle la piel. Aún así, aceleró aún más. No le importaba sufrir, de hecho, su subconsciente lo instaba a hacerlo. Debía sufrir, ¿por qué no debería? Se lo merecía, les había fallado a las personas más importantes de su vida. Era como si el hecho de sufrir fuera un castigo por sus errores y su conciencia lo liberase momentáneamente de su dolor.

Sabía que Brighton estaba al noroeste de París, pero de todas formas tenía la brújula que Ginny le había regalado a principios de ese mismo curso. En aquel momento, la aguja mágica del aparato apuntaba directamente al frente. Tras dejar atrás varios bosques y algunos pueblos que veía diminutos bajo él, se encontró con el canal de la mancha. Rápidamente el panorama cambió, solo había agua debajo de él. Podía vislumbrar en la lejanía algo que suponía sería tierra y que debía ser Inglaterra. En ese instante lo pensó, podría saltar. Podría dejarse caer y todo acabaría. Volaba muy alto, a esa altitud no sobreviviría a un impacto aunque fuera en el mar. ¿Pero sería capaz de despreciar todos los esfuerzos por acabar con aquella guerra? ¿Sería capaz de hacer que la muerte de Angelina hubiera sido en vano? La respuesta era no. Tal vez muriera aquella misma noche, en una semana o en diez años, pero haría lo imposible por vengar la muerte de Angelina. Haría cualquier cosa por acabar con Voldemort.

Y con una motivación renovada giró todo lo que pudo la muñeca y aceleró al máximo. Para su suerte o desgracia, la única motivación en aquel momento de su vida la encontraba en la venganza. Todas sus fuerzas para seguir adelante provenían del odio, la rabia y el dolor que sentía.

Pensando aún en la motivación de sus acciones y en la fuente de su fuerza llegó a tierra de nuevo. Rápidamente descendió hasta poder diferenciar un edificio de otro. Miró la brújula, apuntaba hacia la izquierda. Cambió automáticamente de dirección y giró. Vio que la aguja que señalaba su destino variaba continuamente de rumbo y eso significaba que ya estaba muy cerca. Busco un espacio abierto para aterrizar y lo encontró en un parque. Los muggles no podían verlo debido a los hechizos que había sobre la moto, así que no tuvo más cuidado al aterrizar que el de simplemente no atropellar a nadie. Otra vez sobre tierra firme, bajó de la moto, la redujo de tamaño para introducirla en uno de sus bolsillos y comenzó a caminar. Fue en aquel momento cuando se percató de que aún llevaba la misma indumentaria negra que utilizaba en las batallas, y con el brazo derecho al descubierto. Y se percató cuando vio que dos personas de avanzada edad se quedaban observándole. Emitió un pequeño susurro e inmediatamente los dos ancianos continuaron su camino como si no hubieran visto nada. Simultáneamente, realizó su típico gesto con el brazo y su indumentaria cambió a unos vulgares jeans y un jersey de cuello alto, todo de color negro.

Con la mente perdida en sentimientos que no podría explicar, continuó caminando. En cada cruce miraba la brújula para comprobar que elegía el camino correcto, pero no tuvo que mirarla demasiado, tras girar un par de veces, llegó a Tillstone Street. Aunque sí que había algo de tráfico y cada cierto tiempo pasaba a su lado algún coche o una persona paseando a su perro, se respiraba tranquilidad. La calle era bastante sencilla, aunque tal vez en eso erradicaba su encanto. Se trataba de una calle de adosados a ambos lados, con diminutos pero bonitos jardines a la entrada de cada uno y con el Queens Park al final de la misma.

- Número veinticuatro…- Murmuró para sí mismo sin levantar la mirada del suelo mientras caminaba.- Número veinticuatro…- Volvió a murmurar. Unos segundos después de repetirlo, la brújula que ya había guardado en su bolsillo vibró ligeramente.

Fue entonces, cuando tras un profundo suspiro, giró noventa grados a su izquierda y elevó al fin la mirada. Vio momentáneamente los rosales que tenían en el pequeño jardín, pero su concentración estaba en la gran puerta marrón que le separaba de la familia de Angelina. Quizás la puerta no fuera tan grande, pero sin duda a él se lo parecía. Volviendo a suspirar para prepararse ante cualquier reacción que pudiera provocar la noticia, se armó de valor y se dirigió hacia la puerta. Se plantó frente a ella y sin esperar un instante más, tocó tres veces. No llegó hasta él ningún sonido que indicara que hubiera alguien dentro, sin embargo, esperó. Se disponía de nuevo a tocar cuando escuchó un leve crujido y la puerta se abrió. Frente a él apareció un hombre alto, de pelo moreno y facciones serias.

- ¿El señor Dovmal? ¿Stewart Dovmal?- Inquirió él mirando al hombre a los ojos. Éste inspeccionó a Harry de arriba abajo para después asentir ligeramente. La expresión de rostro había cambiado de seriedad absoluta a confusión.- Me gustaría hablar con usted…

- ¿Usted es Harry Potter?- Preguntó el tío de Angelina aprovechando la pausa del chico.

- Sí, Ang… Su sobrina me habló sobre ustedes.- Corrigió Harry explicándose, no podía pronunciar el nombre de la chica.

- Perdone mis modales señor Potter, ¿desea pasar?- Ofreció Stewart relajando su rostro y abriendo totalmente la puerta.

- No se preocupe, son tiempos difíciles, es obligado desconfiar.- Comentó Harry comprendiendo la actitud del señor Dovmal.- Aunque la próxima vez yo elegiría un arma un poco más contundente.- Aconsejó a la vez que entraba por la puerta. No necesitó mirarlo para notar como Stewart Dovmal se avergonzaba e intentaba devolver a su sitio un pequeño jarrón que había mantenido escondido en su espalda. El tío de Angelina se recompuso y con un gesto le indicó que cruzase el pasillo, hasta llegar a un espacioso y acogedor salón donde tras ser invitado, tomó asiento.

- No puedo expresar las ganas que tenía de conocerle.- Comenzó Stewart sentándose en otro sillón a su lado.- Aunque supongo que debe ser una sorpresa de mi sobrina, por cierto, ¿dónde está?- Preguntó afablemente.

- Eh…Señor Dovmal…- Titubeó Harry sin la más remota idea de cómo decir algo así.

- Sí, disculpe, ¿puedo ofrecerle algo de beber?- Le ofreció aprovechando la pausa de Harry.

- Eh…no, no se moleste, de verdad, muchas gracias.- Declinó con la voz más amable que pudo. ¿Cómo podía decirle a aquel hombre que su sobrina había muerto y que él era el culpable?- Desearía que el motivo de esta visita fuera distinto, créame.- Comentó intentando reunir las fuerzas para hacerlo. Tras aquellas palabras, Stewart guardó silencio, intrigado.- Ang… Su sobrina…- Volvió a intentar sin éxito.- Anoche nos encontrábamos a las afueras de un pueblo llamado Ottery St. Mary, celebrando la boda de unos conocidos, cuando sufrimos un ataque.- Expuso Harry haciendo una pausa con la inútil ilusión de que el hombre lo detuviese.- No pude hacer nada por evitarlo… No… No puede imaginar cuanto lo siento.- Concluyó con la voz algo quebrada. Sus ojos no podían derramar una sola lágrima, ya lo habían hecho hacía varias horas y se había negado a volver a llorar. El tío de Angelina se había quedado totalmente paralizado, mudo y con la mirada perdida en algún punto del rostro de Harry. El chico esperó lo que a él le parecieron horas con la intención de que el hombre asimilara un hecho inasimilable. Pero continuó sin hablar. El único gesto que hizo Stewart fue bajar la mirada hasta el suelo. La expresión de su rostro era desoladora.

- Ang…Angelina ya nos avisó de que esto podía ocurrir.- Comenzó el señor Dovmal con voz rota. Continuaba mirando al suelo.- Ella… ¿Cómo ocurrió? ¿S…Sufrió?- Preguntó casi sin atreverse a escuchar la respuesta.

- No… Ni… ni siquiera debió sentirlo.- Mintió Harry. La muerte había sido rápida, pero no podía ni imaginarse lo que había podido sufrir la chica antes de que Voldemort la llevase a la Madriguera. Y obviamente no permitiría que su familia tuviera que imaginárselo.

- Le…- Inició el hombre volviendo a elevar la mirada hacia Harry. Aunque quisiera mantener la compostura las lágrimas ya recorrían su rostro.- Le agradezco que haya venido usted a decírmelo. Sé que mi sobrina era su amiga.- Se esforzó por decirle Stewart sin que los sollozos lo interrumpieran.

Aquello era demasiado. No podía aceptar el agradecimiento de aquel hombre. Él se sentía culpable de la muerte de la Hufflepuff y su tío le daba las gracias. Pero, ¿cómo decirle al señor Dovmal la verdad, lo que sentía? No, no podía.

Fin Flash Back

Harry asintió y caminó lentamente hacia la lápida que mostraba el nombre Angelina. Su mente aún se encontraba en la conversación del día anterior. Unos minutos después de haberle contado a Stewart la noticia, había llegado su mujer, Rebecca. Aunque en esta ocasión contó con la ayuda del tío de Angelina para comunicarle la noticia. No sabía que decir el día anterior y no sabía que decir en aquel momento.

- Angelina…- Comenzó tras suspirar. El día anterior no había podido pronunciar su nombre, pero ya había enterrado sus sentimientos en lo más profundo de su ser. En cualquier caso ¿cómo podía intentar consolar a nadie si no podía consolarse él mismo?- Era la chica más alegre, encantadora y honesta que he conocido y conoceré jamás…

Tras un discurso corto pero emotivo, Harry se dispuso a abandonar Brighton. Aunque los tíos de Angelina se habían emocionado con sus palabras, algunos de los presentes lo miraban con cara de pocos amigos. Él sabía por qué, aunque su reputación hubiese mejorado comparado con el año anterior, muchos seguían viéndolo como alguien problemático, y algunos antiguos amigos de Angelina lo veían como el culpable de la muerte de la chica. Y él no podía negarlo.

Se despidió educadamente de Stewart y Rebecca Dovmal y sin mirar a nadie más, comenzó a caminar hacia una arboleda cercana al cementerio. Sin embargo, no estuvo mucho tiempo a solas. Tanto Lupin como sus amigos se acercaron a él.

- Hola Harry.- Lo saludó su antiguo profesor con voz apagada.- ¿Podríamos hablar un minuto?

- Tienes hasta que llegue a esos árboles y me desaparezca.- Contestó secamente Harry sin apartar la vista de su destino.

- La otra noche pasaron muchas cosas. Deberás tener cuidado a partir de ahora…

- ¿Eso es una amenaza, profesor Lupin?- Preguntó de manera directa deteniéndose repentinamente y mirando hacia el licántropo. Esa actitud pilló desprevenido a Remus, quien palideció al observar la mirada que le dirigía Harry. No parecía bromear, y había desaparecido cualquier atisbo de la humanidad que mostró unos minutos antes hablando de Angelina. Los cambios de humor y actitud del chico eran tan fuertes que asustaban. Transcurrieron varios segundos hasta que Lupin volviera a responder.

- En absoluto, Harry. Aunque… He hablado con Alice, dice que necesita hablar contigo. No me pareció apropiado traerla aquí pero…

- Hiciste bien.- Se limitó a afirmar Harry retomando la marcha.

- Creo que es importante, parecía nerviosa.- Insistió Lupin aunque con un tono sensiblemente cuidadoso.

- Yo no tengo nada que hablar con esa mujer.- Sentenció Harry queriendo finiquitar de una vez el asunto.- ¿Alguien más quiere decirme algo o simplemente estáis aquí para incordiarme?- Inquirió hacia los tres chicos que lo seguían a un metro y medio de distancia.

- Harry, somos tus amigos, no estamos aquí para…

- Lo siento mucho Harry, de verdad, no tenía ni idea de quien era en realidad el perro de Dorteu.- Interrumpió Ron a Hermione dando un paso adelante y acercándose a Harry. Éste, en un movimiento más rápido que la vista de todos, empuñó su varita con su mano izquierda y apuntó hacia el pecho de Ron. Unos veinte centímetros separaban el extremo de la varita del pecho del pelirrojo.

- Voy a decir esto una sola vez.- Advirtió el heredero hablando más despacio que como acostumbraba. Los demás no sabían si sacando sus varitas podrían evitar una locura o si la precipitaría. Al fin y al cabo, no serviría de nada, Harry podría acabar con todos ellos antes incluso de que llegaran a rozar las varitas. Y esa superioridad y poder en una mente perturbada lo hacía aún más peligroso.- No vuelvas a dirigirme la palabra. No respondo de mis actos si vuelves a dirigirte a mí. No dudaré en matarte si me estorbas o me incomodas. ¿Está lo suficientemente claro?- Preguntó tajante sin un ápice de afabilidad o broma en su voz. Era una amenaza, y muy real.

- Harry…- Rogó Hermione para que dejara de apuntar al pelirrojo.

- Tomaré tu silencio por un sí.- Concluyó Hart guardando al fin la varita. Simultáneamente, flamearon unas débiles llamas a su alrededor, lo que provoco que sus amigos diesen un paso atrás.

- ¿A dónde vas?- Se atrevió a preguntar Hermione antes de que Harry se desapareciera. Éste la fulminó con la mirada pero detuvo que el fuego continuase creciendo.

- Si a vuestra señoría y presentes les parece bien, me voy al valle de Godric.- Ironizó de mala gana. Instantáneamente, sus llamas volvieron a crecer hasta envolverlo.- Que nadie me moleste si no le va la vida en ello.- Advirtió para finalizar justo antes de que el fuego lo desintegrase y lo hiciera desaparecer de Brighton.

Tras la desaparición del moreno, los tres chicos y Lupin se miraron sin saber muy bien que decirse. Todos sabían algo que no querían corroborar diciéndolo en voz alta. Todos habían visto el comportamiento del muchacho, lo que era capaz de hacer, en el buen sentido y en el malo. Y era este último el que los atormentaba. Neville intentaba excusar, sin llegar a convencerse ni a sí mismo, el comportamiento de su amigo basándose en lo mal que lo había pasado Harry durante toda su vida. Ron ni tan siquiera podía pensar en una razón, tenía la mente en blanco. Y tanto Hermione como Lupin tenían claro lo que ocurría, y el mayor temor de ambos era si en el proceso de luchar contra un mago tenebroso, hubieran asistido a la creación de otro. Hacía tiempo que los actos del heredero se confundirían perfectamente con los del mismísimo Voldemort. Y tanto Hermione como Lupin se sentían culpables. Se sentían culpables porque aunque sabían lo que podía ocurrir, aunque sabían que era probable que ocurriese y aunque sabían que si llegaba ese momento se arrepentirían, no habían hecho nada por evitarlo. Le habían aconsejado, vigilado e incluso enfadado con él, pero no le habían parado los pies, y no lo habían hecho porque en el fondo sabían que sin él no ganarían aquella guerra. Y ahora…Ahora era demasiado tarde. Ninguno de ellos podría ahora enfrentarse a él y obligarlo a entrar en razón. Era demasiado poderoso, demasiado inestable y demasiado oscuro. Habían permitido la creación de un monstruo.

- Voy tras él, esto tiene que acabar, y tiene que ser ya.- Decidió Hermione con rostro serio y voz tajante. Las hojas caídas de los árboles cercanos que estaban a sus pies comenzaron a volar alrededor de ella.- Vosotros quedaos aquí.- Pidió mirando hacia Neville y Ron.- En el caso de que las cosas vayan mal, no importará que seamos dos o diez.- Reconoció sin querer pensar en aquella posibilidad.

- Hermione…- La llamó Lupin mirando con admiración como la chica reunía poder en torno a ella.

- Oh vamos, profesor Lupin, no me dirá que no sabía desde hacía ya tiempo quienes eran las herederas.- Comentó sin darle excesiva importancia. Remus la miró con cariño y emitió una pequeña sonrisa, aquella chica nunca dejaría de sorprenderle. Era cierto que lo había descubierto el día de la primera reunión en el castillo de Suiza, pero ni tan siquiera le había dicho a Harry que lo sabía, se lo había guardado para él. Sin embargo Hermione siempre iba un paso por delante de los demás, era algo increíble.

- Sí, ya lo sabía.- Afirmó a la vez que daba un paso y se acercaba a la heredera.- Quería decir que yo también voy. Harry ha perdido el control, pero sé como solucionarlo.- Aseguró con voz decidida.- Pero es cierto chicos, es mejor no presionarle demasiado, nos pondremos en contacto con vosotros suceda lo que suceda, tenemos el Fénix de la Trinidad.- Quiso recordar refiriéndose a la pequeña figura con forma de Fénix que Hart les había entregado a todos para comunicarse.

- Lo que me recuerda…- Comenzó Hermione buscando algo en un pequeño bolso.- Toma, nos será útil, y más personal.- Argumentó Hermione entregándole a Remus una pequeña figurita de cristal, pero ésta con destellos azulados y con forma de águila. Tanto Ron como Neville ya tenían una igual. Aunque los dos chicos pensaron por un momento negarse a esperar y acompañarles, analizándolo fríamente sabían que la heredera y el profesor tenían razón. No hacía falta más que recordar las últimas palabras de Harry a Ron.- Agárrese de mi brazo si quiere profesor, esta aparición es más segura y menos desagradable que la habitual.- Invitó alargando un poco el brazo derecho para que Lupin lo agarrara. El licántropo miró el brazo de la chica con curiosidad, y tras pensarlo un segundo, aceptó la invitación y agarró el brazo de la heredera. Tras unos instantes, un remolino los envolvió y desaparecieron.

Después de ver como una llamarada y un remolino de viento hacían desaparecer a sus amigos. Neville y Ron pensaron que lo mejor sería que ellos también abandonasen aquel lugar. Se miraron un momento, y sin cruzar más palabras de las necesarias, ambos desaparecieron con el mismo destino, la madriguera.

Sin importarle que alguien pudiera verlo o no, una llama gigante apareció frente a la casa de los Potter. Miró hacia la casa ya semirestaurada, y con el negro de sus ojos brillando sintió que cada vez quedaba menos tiempo hasta su venganza. Se dirigía a abrir la verja del jardín para entrar en la casa cuando alguien apareció a su lado. No podía decir que se sorprendiera de verla, melena negra, ojos castaños, gafas, y un rostro familiar. Sin embargo, sí que se sorprendió al ver quien acompañaba a Alice. Era una chica, joven, debía tener un par de años menos que él. Guardaba un parecido obvio con su madre, y aunque no quisiera reconocerlo, con él mismo. Sin embargo, había un rasgo diferente, su cabello era de color rojo oscuro, muy oscuro, aunque si su padre era hermano de Molly, podía entenderlo. Emily, ese era el nombre que le había dicho su tía cuando había ido a visitarlo, Emily Prewett Potter.

- Hola Harry. Siento presentarme así después de lo del otro día.- Saludó Alice con voz atropellada, aparentaba tener prisa. Emily parecía querer esconderse detrás de su madre mientras ésta hablaba. Su prima era bastante guapa, en cierto sentido se le parecía a Angelina, lo que provocó que su mente se perdiese en los recuerdos.

- ¿Has… Has lanzado un hechizo para controlar cuando me aparezco aquí?- Preguntó Harry una vez que su mente volvió mínimamente a razonar. Realmente no necesitaba una respuesta, era así.

- Pensé que ya estabas tan enfadado conmigo por los errores que había cometido que uno más no tendría relevancia. Pero no es eso lo que he venido a decirte.- Explicó la mujer con la esperanza de que Harry no se abalanzase sobre ella hecho una furia. Para su propia sorpresa, vio que Harry no solo no se enfadaba sino que la ignoraba mientras miraba a su alrededor como intentando encontrar algo.- He venido para que tengas cuidado Harry. Las cosas cada vez están peor, cada vez es más peligroso vivir.- Comenzó Alice, de hecho, esa había sido la razón por la que había traído a Emily, Scott no estaba en casa y no se atrevía a dejarla sola.- Stumlich no ha podido decirme prácticamente nada de la Orden, pero sí sé algo, por eso he…

Sin embargo en aquel momento alguien volvió a aparecerse a pocos metros de allí, interrumpiendo a su tía y su búsqueda de más hechizos por los alrededores. No necesitaba mirar para saber que había sido Hermione quien había aparecido. Aún así, cuando se giró hacia la heredera vio que no venía sola, Remus Lupin la acompañaba.

- ¡Bienvenidos!- Exclamó Harry irónicamente hacia ellos.- Veo que no debí explicarme bien al decir que no quería que nadie me molestara.

- Harry, tenemos que hablar.- Determinó la heredera obviando los comentarios de su amigo.- Esto tiene que acabar, debemos encontrar una soluc…

- Perdonadme, no os he presentado.- Interrumpió el chico a Hermione como si le importasen los modales.- Hermione, ésta es mi cariñosísima tía Alice. Y su hermosa hija Emily, mi prima. Alice, ésta es mi gran amiga Hermione.- Las presentó con una evidente y falsa afabilidad.- Os presentaría también a vosotros.-Dijo refiriéndose a Lupin y Alice.- Pero creo que haría el idiota. Al fin y al cabo, soy siempre el último en enterarme de todo…

A kilómetros del valle de Godric, Neville y Ron habían llegado ya a la Madriguera. Se habían aparecido algo lejos de la casa para que no los vieran aparecerse, había que ser mayor de edad y tener una licencia para hacerlo, y no les apetecía tener que contestar a las preguntas que les harían. La madriguera había sufrido daños y hubo que hacer reparaciones, y aún faltaban bastantes, pero continuaba en pie y habitable. Una vez llegaron a la casa y entraron, vieron que solo Ginny, Fred y George estaban allí. Y sus rostros no eran precisamente alegres.

- ¿Qué ocurre?- Preguntó Ron viendo que ninguno de ellos decía nada.- ¿Y los demás?- Era Navidad, debían estar todos en casa. Fue Ginny quien miró a su hermano.

- La Orden del Fénix, van a por Harry…

- ¿Cómo que van…

- Creen que es él, Dumbledore lo cree, la Orden está ahora en su busca.- Completó la pelirroja al borde de un ataque de nervios.- ¿Y vosotros dónde estabais?

- Eh…- Titubeó Ron.

- Tú lo conoces, no puede ser verdad ¿no?- Comentó Fred pidiendo que su hermano pequeño se lo confirmase.

- Tendríamos que irnos.- Opinó Neville hablando por primera vez y esperando que su compañero pelirrojo apoyase su idea.

- ¿Dónde? Vosotros sabéis donde está.- Afirmó Ginny Weasley sin necesidad de que le respondieran. De un salto, se levantó de la silla y sacó su varita, decidida.- Tenemos que evitar una locura.

- Ginny tiene razón, si sabéis donde está, debemos ir con él.- Apoyó George a su hermana también poniéndose en pie aunque con menos nerviosismo que la chica.

Después de las últimas palabras que Harry le había dicho, a Ron no le parecía tan buena la idea de ir con su viejo amigo, pero todos estaban decididos a ir y que la Orden fuera tras Harry complicaba mucho la situación. No podía quedarse de brazos cruzados. Y así, tras unos segundos de reflexión, salieron de la Madriguera, dispuestos a ir hasta el valle de Godric.

- Bueno, entreteneos y dejadme a mí en paz.- Sentenció ya cansado Harry del incordio que le suponían Alice, Hermione y Lupin. Estaba haciendo grandes esfuerzos para no echarlos de allí a la fuerza. Sin esperar más, dio media vuelta y volvió a abrir la verja que daba paso a su casa.

- Espera, Harry. Podríamos entrar y charlar tranquilamente.- Propuso Lupin acercándose al chico.- Si nos invitas, claro…- Pero como ya hubiera sucedido antes, más apariciones interrumpieron las últimas palabras del ex profesor. Harry miró a su izquierda y no pudo creer lo que veía. Ron, Neville, Ginny, Fred y George habían aparecido.

- Esto es alucinante.- Valoró Harry al ver la escena.- ¡Vamos, entrad todos! ¡Organicemos una fiesta!- Exclamó esta vez con una sarcasmo evidente.- ¡DEJADME EN PAZ!- Gritó sin poder aguantar más. Con su grito, un trueno resonó por todo el valle proveniente del encapotado cielo gris que los cubría. Aquel hecho, provocó que todos guardaran silencio. Sin decir una palabra más, finalmente entró en el jardín de su casa. Aunque dubitativos de si era conveniente o no, los presentes también cruzaron la verja, manteniéndose a una distancia prudencial de Harry. Todos tenían algo que decirle y algo sobre lo que hablar.

Fred y George fueron los últimos en entrar en el jardín. No sabían muy bien que es lo que hacían allí, pero querían estar sucediese lo que sucediese. La sorpresa fue cuando al querer cerrar la verja tras entrar, ésta lo hizo sola y de manera brusca. El estruendo que provocó al cerrar llamó la atención de alguien más aparte de Fred y George. Pero tampoco fue lo único que ocurrió, ya que al cerrarse un escudo mágico cubrió la casa. Todos pensaron que era un sistema de protección que Harry había configurado, sin embargo, él sabía perfectamente que no era obra suya. El heredero de Griffindor, tan enfadado como desconcertado, se dirigió a la puerta de la que había sido la casa de sus padres, pero ésta se abrió antes de que él llegase a tocarla.

El chico, lejos de amedrentarse, mantuvo la calma, sacó su varita y apuntó hacia la puerta, que se abría lentamente. Las diferentes opciones cruzaron su mente, ¿se trataría de un ataque de Voldemort? Aunque no estuviera al cien por cien, se alegraría de que así fuera, no tendría que ir a buscarlo. Pero presentía que no era así. El escudo que había alrededor de la casa y la magia que ahora notaba no era oscura. Pero de una cosa sí estaba seguro, un gran mago debía haber hecho aquello para que él no se percatase de nada más llegar. Y no le faltaba razón, tras la puerta había aparecido una figura alta, con una túnica gris y una larga barba blanca. Lejos de mostrar el enfado que sentía, sonrió. También tenía cuentas pendientes con Albus Dumbledore.

- Hola Harry. ¿Cómo estás?- Saludó cordialmente sin moverse de la puerta. Viendo el silencio del chico, decidió continuar.- ¿Podrías entregarme mi varita, por favor?- Pidió amablemente el director. No todos, pero muchos de los presentes ataron los cabos de lo que esa pregunta significaba. Cuando terminó de formular la pregunta, los magos de la Orden comenzaron a aparecer por todas partes. Desde los laterales de la casa provenientes de la parte trasera hasta por las ventanas del piso superior. Más de una veintena de magos apuntaban a Harry con la varita. Sólo algunos como los Weasley o Stumlich se resistían a apuntarle.

- ¿Desde cuando? ¿Desde cuando lo sabe?- Fue lo primero que preguntó Harry. Debía admitir que aquello no se lo esperaba.

- Estos meses has ido dejando pistas, aunque desconozco si de forma voluntaria o no.- Comenzó Dumbledore dando un paso hacia el chico.- Por muy extraordinario que seas Harry, fue sospechoso el aumento que experimentaron tus habilidades en un periodo tan corto de tiempo, algo que coincidió con la aparición de un misterioso individuo del que nunca se había oído hablar.- Continuó bajando ahora el par de escalones y acercándose aún más. Aunque su voz fuera amable, la expresión de su rostro era de un cansancio y tristeza extremos.- Posteriormente, diste tres pistas muy significativas. Apareciste en público con la moto de Sirius, diste a conocer tu nombre y mataste a Kreacher. Como he dicho, a cual más significativa. La moto formaba parte del testamento de Sirius y eras tú el único que podía tenerla.- El director explicaba con calma y detalladamente el proceso de deducción que había seguido- Torprey Hart es curiosamente un anagrama de Harry Potter. Y Kreacher, no encontré ningún motivo para que aquel hombre matase al elfo de la forma en la que lo hizo, a menos, claro está, que aquel hombre ya conociera al elfo y quisiera vengarse. A pesar de todo esto, me hiciste dudar cuando en el partido de Quidditch, Torprey Hart apareció para ayudarte a ti y a la chica. La misma chica que la otra noche Voldemort identificó como la heredera de Hufflepuff.- Ante la mención de Angelina, la expresión de Harry cambió radicalmente.- Y la prueba definitiva me llegó ayer, cuando desde Italia me informaron de que el patronus del misterioso mago era un ciervo. Fue ahí cuando decidí que no podía seguir engañándome, cuando vi que debía terminar con esto. Así que, Harry, no lo hagas más difícil, devuélveme mi varita y no te resistas.- Pidió Dumbledore con tristeza en su voz. La contestación inmediata de Harry fue soltar una carcajada.

- ¿De verdad crees, viejo chiflado, que voy a perder el tiempo dejando que me llevéis al ministerio? ¿O mejor aún, a Azkaban?- Preguntó entre risas Harry sin esperar respuesta a cambio.- No me malinterpretéis, podría escaparme sin problemas, pero me da pereza ir hasta allí.- Bromeó mirando a todos los miembros de la Orden que lo apuntaban con la varita.- Y mientras vosotros perdéis el tiempo conmigo, a mi me gustaría ir tras Voldemort.

- No sabes cuanto lo siento Harry. Yo he sido el culpable de esto.- Fue lo único que pudo decir Dumbledore. Tanto su voz como su cara y sus gestos hacían ver que realmente sufría por aquella situación. Mientras tanto, el resto de los presentes observaban perplejos como Harry no solo no negaba ser Torprey Hart, sino que incluso se permitía el lujo de insultar al director. Si realmente Harry era él, eso significaba que el chico al que habían protegido durante años se había convertido en un asesino.

- No seré yo quien te exculpe. De todas formas, te devolveré la varita, pero antes saca a tus hombres de la casa de mis padres antes de que sea yo quien lo haga.- Exigió Harry a cambio. Viendo lo que se avecinaba, Hermione se acercó por detrás al heredero. "Como pienses un solo segundo en hacer algo, te mataré" Amenazó sin vacilación comunicándose mentalmente con la castaña.

"Harry, esto es una locura. Para, solucionemos esto de una vez."-Rogó su amiga pasando por alto la amenaza. Ya eran demasiadas las cosas que pasaba por alto.

- Harry, hijo mío, haz caso a Dumbledore, por favor.- Esta vez fue la señora Weasley la que desde una ventana le suplicaba.- Hasta ahora no te ha ido mal confiando en él.

- Os voy a hacer una demostración.- Afirmó Harry desconcertando a todos. Elevó su mano izquierda y orientó la palma hacia arriba. Al instante, unas vivas llamas rojas aparecieron sobre ella. Inmediatamente todos los que lo apuntaban apretaron con más fuerza sus varitas.- Este es el fuego elemental y el primero que llegué a dominar. Tiene un gran poder destructivo y es perfectamente maleable. Aunque también es fácil defenderse de él.- Esperó unos segundos y las llamas giraron sobre sí mismas hasta formar una esfera roja brillante.- Aún así, una bola de fuego como ésta podría hacer estallar esta casa con vosotros dentro.- Volvió a esperar y la esfera de fuego desapareció para dar paso otra vez a unas llamas, pero en esta ocasión azules.- Este fuego es muy curioso.- Dumbledore prestó especial atención cuando vio el color del fuego.- Dicen que solo los puros de corazón pueden llegar a dominarlo. No sé entonces por qué puedo yo, pero así es. Una vez lo dominas, es el que mejor puedes controlar, puedes hacer lo que quieras con él. Es un fuego protector, es capaz de proteger cualquier cosa que envuelva y además es curativo, puede sanar heridas. Es muy útil, sin embargo hace falta mucho poder para usarlo y su poder destructivo deja mucho que desear con respecto al anterior.- Explicó detalladamente. Nadie sabía a donde quería llegar Harry con todo aquello.- Y para finalizar, mi preferido.- Anunció concentrando todo su poder en el fuego que venía a continuación. Paulatinamente, las llamas se fueron oscureciendo hasta llegar a un negro traslúcido.- No podéis imaginar el poder de éste. Casi imposible de controlar y más difícil aún de crear. Debes manejar muy bien las artes oscuras para tener tan siquiera la estúpida idea de intentar crearlo. Pero una vez es tuyo y lo dominas… Te da un poder ilimitado.- Comentó jugando con el fuego que flameaba en su mano.- Y esa es la razón por la que vosotros os iréis y me dejaréis en paz. Porque de no hacerlo, os incineraré en vida.- Amenazó con una templanza que aterrorizaba.

- Hace años permití que se forjara el mago más tenebroso de todos los tiempos.- Admitió Dumbledore acercándose más al muchacho para demostrar que no le asustaba.- Hoy no permitiré que lo haga uno aún peor. No sabes cuanto siento hacer esto, tú debías ser quien acabará con Voldemort, no convertirte en él.

- No me gusta que no me tomen en serio cuando hablo. A Moody se lo enseñé la pasada noche.- Recordó provocando un escalofrío en todos los presentes. No solo admitía haberlo matado, sino que lejos de arrepentirse, alardeaba de ello. Todos los que lo miraban tenían cada vez más claro que no estaban frente a Harry Potter. Con un gesto veloz, la llama negra sobre su mano duplicó su tamaño y lo lanzó hacia su izquierda. La llamarada salió disparada a tal velocidad que no vieron a quien se dirigía hasta que la víctima la tuvo encima. Hart no había escogido la dirección al azar. Había lanzado su ataque hacia Severus Snape, quien solo tuvo tiempo de crear un escudo que poco pudo hacer. Sin embargo, un instante antes de que el fuego golpease de lleno en el cuerpo del profesor, un golpe de viento apareció de repente para desviar lo suficiente su ataque. Su llamarada pasó de largo y golpeó contra el escudo que había conjurado Dumbledore alrededor de la casa. Hubo una sonora explosión y pudo verse como el escudo se resquebrajaba, aunque continuó activo.

Aún con la intervención de la heredera de Ravenclaw, una llama había rozado a su profesor de pociones. Hart no sabía cuanto daño había podido hacerle, pero vio el brazo de Snape ensangrentado y sonrió.

- Y con todos vosotros… la heredera de Rowena Ravenclaw.- Presentó girándose a medias hasta poder señalar a Hermione. No estaba revelando nada que no supiera ya la Orden, sin embargo, todas las miradas que estaban sobre él se dirigieron hacia la castaña. Harto de aquella situación, extendió el fuego a su alrededor, envolviéndose por completo.

- Basta, Harry…

- Tú lo has querido.- Interrumpió el chico al director. Inmediatamente, llamaradas infinitamente más grandes que la anterior salieron disparadas en todas las direcciones. Los presentes intentaron esquivarlas, protegerse e incluso ilusamente devolverlas hacia él. Nada funcionó. Solamente Dumbledore y Hermione lograron desviarlas y hacerlas chocar nuevamente con el escudo que envolvía la casa. Todos los demás vieron como unas llamas gigantes los engullían. Muchos creyeron en una muerte inminente, sin embargo, el fuego los envolvió sin quemarlos. En ese momento Hart usó lo poco que podía su brazo derecho para buscar algo en su bolsillo trasero.- Toma.- Soltó de mala gana tirándole la varita a Dumbledore.- Ésta es tu oportunidad. Tengo toda mi atención puesta en que el fuego nos los reduzca a todos a cenizas.- Admitió el chico. Tenía el brazo izquierdo en tensión y se veía incluso como temblaba.- No podré defenderme y mantener el fuego controlado al mismo tiempo. Si quieres atraparme tendrás que sacrificarlos… ¿Lo harás, Dumbledore?

La pregunta cogió por sorpresa al director. Lo estaba poniendo a prueba. Éste analizó al muchacho, parecía decir la verdad, parecía estar tremendamente ocupado en mantener controlado el fuego que envolvía a todos a su alrededor. Era un juego, un juego macabro, quería hacerlo elegir, atraparlo a cambio de la vida de los demás. Aquella prueba psicópata que estaba llevando a cabo el moreno no hacía más que confirmarle a Dumbledore lo que ya sabía, Harry se había ido y había dado paso a un nuevo mago tenebroso. Estaba arriesgando la vida de todos los amigos y seres queridos que le quedaban únicamente para ponerle a prueba a él. Únicamente para disfrutar haciéndole tomar la decisión a él.

"Harry, te lo suplico, por favor, no lo hagas"- Le imploró Hermione en su cabeza-"Te lo ruego, termina con esta locura, por favor Harry, por favor…"

"¿Lo harás, Dumbledore?" Esa pregunta se repitió una y otra vez en la mente del director. Lanzar un conjuro a Hart significaría condenar a muerte a una treintena de personas inocentes, pero… ¿Cuántos morirían si dejaba a Hart libre? No podía permitir que cayera de nuevo sobre sus hombros el peso de la responsabilidad por haber criado a otro señor tenebroso.

- Ha…Harry.- Lo llamó dubitativamente una voz femenina que no reconocía, detrás de él. Manteniendo la concentración que necesitaba, se giró únicamente lo suficiente para ver quien le hablaba. Era la hija de Alice, Emily, su prima. No sabía si consciente o inconscientemente, pero a la chica no le había lanzado ninguna bola de fuego.- Por favor, no le hagas daño a mi madre, es… Es lo único que tengo.- Rogó la chica cayendo de rodillas al suelo mientras una lágrima emanaba de sus vivaces ojos castaños, ahora tristes y afligidos. ¿Qué culpa tenía aquella chica? ¿Por qué se arrodillaba ante él pidiendo clemencia para su madre? ¿Acaso realmente se había convertido en alguien semejante a Voldemort? ¿Se había convertido en lo mismo que intentaba destruir? Se había dejado seducir por el poder, el respeto y miedo que infundía a sus enemigos. Pero viendo la cara de Emily Potter no diría que aquella chica, con su misma sangre fluyendo por sus venas, fuera su enemiga. Tenía que reconducir la situación, había personas que sí se merecían sufrir, pero no era ni aquella chica ni los Weasley.

Albus Dumbledore observó como la chica lograba confundir a Harry y actuó. Demostrando que a habilidad no le superaba nadie, hizo una majestuosa y rápida floritura con la varita y dos rayos plateados salieron de ella hacia el chico. El heredero de Griffindor ni tan siquiera estaba mirando hacia el director, y al no pronunciar palabra alguna, no se percató del conjuro hasta que lo tuvo encima. No podía defenderse, y no lo hizo. Automáticamente, un escudo rojo apareció de la nada entre él y Dumbledore, deteniendo el conjuro. Desde un principio había contado con que su reloj se activaría si finalmente el director tomaba la dirección de atacarlo, y lo había hecho. Aquel ataque lo sacó de la ensoñación momentánea que había sufrido y volvió a la realidad. Extendió su brazo izquierdo al cielo e inmediatamente todas las llamas liberaron a los presentes y salieron despedidas hacia el cielo. Las bolas de fuego chocaron con el escudo y en esta ocasión fue más de lo que pudo soportar. Tras varias explosiones y hacer que los mismísimos cimientos de su casa temblasen, el escudo se desintegró.

- ¡Némesis!- Exclamó al aire mientras las personas que tenía en torno a él suspiraban de alivio y volvían a empuñar con fuerza sus varitas.- Yo y solo yo escribiré mi destino, y tú pareces decidido a que lo haga con tu sangre.- Le espetó al director un instante antes de que su fénix apareciese sobre su hombro. Un segundo después, Harry desapareció.

Aunque unos hubieran ido a hablar con Harry y otros a atraparlo, a todos les recorrió un sentimiento de desahogo cuando vieron que el chico desaparecía. Emily Potter seguía de rodillas en el mismo lugar en el que le había suplicado a su primo que liberase a su madre. Estaba confundida, ella juraría que antes de verlo desaparecer había escuchado un "lo siento" dentro de su cabeza.

Era la tercera noche tras el ataque a la casa de los Weasley, y el ambiente que se respiraba en el cuartel general del señor tenebroso era extraño. Nadie tenía claro cual era el sentimiento que se respiraba, si de victoria o de derrota. El propio Voldemort tenía pensamientos enfrentados. Había dado un paso adelante en la guerra, pero había dado otro hacia atrás. Y aún faltaba la segunda parte de su plan para que lo ocurrido hacía dos noches cobrara sentido.

Su discípulo había sobrevivido, y se había recuperado lo suficiente como para rendir cuentas ante él por lo que había ocurrido. Aquella noche estaban reunidos una gran cantidad de mortífagos alrededor de una gigantesca mesa rectangular. Humillaría a Lord Ruacet delante de sus súbditos para demostrar que era él quien seguía por encima de cualquiera.

- ¡Crucio!- Conjuró hacia el chico, quien aún convaleciente cayó inevitablemente al suelo, retorciéndose de dolor.- ¡Crucio!- Repitió. Aún queriendo evitar a toda costa mostrar debilidad, a Lord Ruacet se le escapó un gemido de dolor.- Veo que tras la tortura de aquel bastardo has aprendido a soportar el dolor. Hoy aprenderás que soy solo yo quien toma las decisiones. ¡Crucio!- Conjuró por enésima vez. Los mortífagos no sabían si reír o no. Ante la duda, todos guardaron silencio. Aquella noche se encontraba allí el rey Nordman, expectante al castigo que infligiría Voldemort al vasallo que había osado unirse a su familia.

- ¡VOLDEMORT!- Rugió repentinamente una voz en la estancia. Todos se tensaron al oír el nombre del señor tenebroso. La voz no provenía de ningún lugar en concreto.- ¡VOLDEMORT!- Volvió a resonar en toda la casa. Un segundo después, la gran casa construida de piedra donde se encontraban, comenzó a vibrar.- ¡ESTOY AQUÍ, VOLDEMORT! ¡DA LA CARA, COBARDE!

Ahí estaba, la segunda parte de su plan, llamándolo. Voldemort interrumpió su sesión de tortura y se puso en pie.

- ¿A qué esperáis, inútiles?- Preguntó irritado a sus mortífagos.- ¡Id a por él!- Ordenó. Al instante, todos los mortífagos se irguieron y salieron corriendo de la estancia.- Yo voy a prepararlo todo.- Murmuró haciendo que solo el rey Normand lo escuchara. Éste sabía cuál era el plan del señor tenebroso y no pudo más que emitir una viciosa sonrisa. La perversión de aquel mago no tenía límites.

Mientras tanto, en los extensos terrenos de los que disponía la casa se encontraba una figura encapuchada, varita en mano y envuelto en su elemento. A su lado, yacía sobre la tierra otra persona. Los pequeños espasmos que sufría a veces demostraban que no estaba muerta, aunque su estado era lamentable.

- ¡VOLDEMORT!- Volvió a gritar una vez más Torprey Hart. Aquella sería la noche de su venganza, mataría a Voldemort o moriría en el intento. Frente las altas puertas que daban paso a esos terrenos se encontraba la otra heredera junto a su ejército de vampiros, a quienes los hechizos impedían la entrada. Podría destruir la entrada, pero quería darse el placer de matar a cuantos pudiera él solo. Con mucho esfuerzo para controlarse, había mantenido vivo su billete para entrar en aquel lugar, y dicho billete no era otra que Bellatrix Lestrange, que ahora se encontraba a sus pies, más muerta que viva. Tuvo intención de volver a gritar una vez más, pero entonces la esbelta puerta de madera de la casa se abrió, dando paso a un ejército de mortífagos que corrían hacía él.

- ¡AVADA KEDAVRA!- Rugió con rabia. Una multitud de rayos verdes salieron de su varita. Debido a la distancia a la que se encontraban, algunos pudieron evitar la maldición, pero incluso así, media docena de cuerpos cayeron fulminados.

Con su brazo derecho en mejores condiciones que los días anteriores, elevó ambos brazos y lanzó sendas bolas de fuego ocasionando varias explosiones e incendios que dividió al ejército de mortífagos antes de llegar hasta él. En aquel momento observó como varias figuras se movían con una velocidad y agilidad sobrehumanas. Supo entonces que había elegido un buen día para atacar. Se llevó la mano al cinturón y desenvainó la espada de Godric Griffindor, le haría falta. Los vampiros fueron los primeros que llegaron hasta él, sin embargo, pocos eran los que se atrevían a atacarlo, rodeado como estaba de fuego. Uno de ellos lo hizo, pero antes de rozarlo acabó hecho cenizas. Susurró unas palabras y esperó sin moverse. Tanto vampiros como mortífagos comenzaban a rodearlo. Una vampiresa estaba esperando impaciente a que Hart cometiese un descuido para abalanzarse, pero sin previo aviso sintió una punzada de dolor en el cuello y antes de darse cuenta su cabeza rodó por el suelo separada de su cuerpo. Varios vampiros vieron la escena y buscaron al asesino de su compañera. Era otro Torprey Hart. Antes de que pudieran reaccionar, Hart lanzó la espada a uno de ellos y al otro le envió una esfera de fuego que lo volatilizó. Luego la espada volvió volando hacía él. Cuando los mortífagos se percataron de que el Torprey Hart al que estaban atacando era un señuelo dirigieron los ataques de nuevo hacia él. Fue entonces cuando el primer Torprey Hart se deshizo en una niebla gris.

- ¡Imperio!- Exclamó hacia un grupo de tres mortífagos, los cuales salieron disparados inmediatamente contra sus compañeros. Las maldiciones volaban en todas las direcciones y las que iban bien dirigidas hacia él se desintegraban al entrar en el fuego que lo cubría. Tras unos minutos en los que no tuvo un segundo de respiro, generó una gran bola de fuego negro sobre su mano derecha y la lanzó hacia la puerta donde esperaba su ejército de vampiros para entrar en acción. No había avisado al ejército de la Trinidad, aquella noche confiaría solo en sus vampiros. Entonces vio como el grupo de mortífagos y vampiros frente a él se separaba formando un pasillo, como ya hubieran hecho en anteriores ocasiones. Tras ellos, apareció la ceremonial e imponente figura del rey Nordman, con el mismo cabello dorado y tez blanca que la última vez que se enfrentaron, aunque esta vez sin la princesa.

Al contrario de lo que creía, el vampiro no se abalanzó a por él, sino que dio paso a otra figura que lo seguía. Cuando Hart observó de quien se trataba, sus piernas flaquearon. Aquello no podía ser real, debía estar sufriendo una pesadilla. Perdió el control y el fuego a su alrededor comenzó a soltar latigazos en cualquier dirección. Frente a él se encontraba su perdición, la persona por la que tanto había sufrido y cuya pérdida lo había hecho caer en el pozo de la oscuridad. Allí estaba, de pie y mirándolo, con el mismo vestido dorado y negro con el que había sido enterrada, Angelina estaba allí. Pero… ¿cómo era posible? Voldemort debía haber guardado un pelo de la heredera de Hufflepuff para hacerlo dudar, para confundirlo, para hacerle débil y matarlo. Pero no lo conseguiría.

"¡Harry!"- Llamó mentalmente la heredera de Ravenclaw a su compañero mientras esquivaba varias maldiciones y lanzaba otras tantas. No recibió respuesta.- "¡Harry!"- Repitió con el mismo resultado. El chico había bloqueado su mente. Aquello era una locura. Ella también veía lo mismo que Harry, aunque… No podía ser.

- Hola viejo amigo.- Pronunció el cuerpo de Angelina dirigiéndose a Hart. Sin embargo, no era su voz, era grave, de ultratumba.- ¿Te invaden los recuerdos, compañero?- Inquirió con sorna soltando una carcajada repugnante para finalizar.

Intuyendo algo que no sabía si deseaba que fuera cierto o no. Hermione se envolvió en un remolino de viento y con un destello azul desapareció.

- ¿Cómo te atreves? Hijo de puta…- Escupió Harry sintiendo náuseas. Apretó la empuñadura de la espada más fuerte que nunca y la hoja de ésta se vio envuelta por su fuego.- ¡Te enviaré al infierno esta misma noche!- Juró Harry con una ira incontrolable creciendo en su interior. En aquel instante, el fuego a su alrededor se multiplicó y él desapareció para aparecer al mismo tiempo a medio metro de Angelina. Con toda la rabia, ira, sed de venganza y fuerza que tenía en su interior, incrustó la espada en el estómago del falso cuerpo de la chica, justo por debajo de las costillas. Sin parecerle suficiente, apretó aún más y retorció la espada hasta que la sangre de la chica chorreó por la empuñadura de la espada…

A muchos kilómetros de allí, una chica reunía el valor necesario para profanar la tumba de la que había sido su amiga. Y cuando lo hizo, el horror la invadió. No era posible. Sintió que las fuerzas la abandonaban y su cuerpo se tambaleó. El ataúd estaba vacío, y eso solo podía significar una cosa, Angelina estaba viva. Aunque no sabía por cuanto tiempo, debía regresar cuanto antes…

N/A: Mil gracias a todos por leer la historia y nos vemos en el siguiente. Prometo tardar menos que para este.