Capitulo 37:

Riza estaba volviendo en si. Recordaba vagamente que la habían puesto encima de una camilla de tejido de malla. La habían arrastrado por el suelo, por las rocas, pero apenas sentía dolor, aunque durante todo el camino era vagamente consiente de que la iban a matar y, por mucho que lo intentara, era incapaz de pronunciar una sola palabra.

En algún momento durante la camino, volvió a perder la conciencia. Esa vez se despertó en medio de un mar de niebla. No sabría decir si era real o si se trataba de una alucinación fabricada por su mente.

Entonces sintió en viento que soplaba sobre ella, y hacia frio, mucho frio. Oía el aullido, el gemido maligno. Instintivamente, intento abrazarse, pero no pudo. Se dio cuenta de que estaba atada a una loza de piedra y desnuda, igual que la muñeca…

Un grito salió de su garganta cuando por fin recupero la voz.

Estaba sucediendo, igual que en sus sueños. Estaba perdida, abandonada a su suerte, entre la niebla, atada, impotente. Y el Dios de la mascara surgía de la niebla e iba hacia ella.

No era un dios, se dijo. ¡Debía conservar la calma! Debía hablar, entretenerla y rezar.

La figura se arrodillo junto a ella y alzo un brazo. Riza volvió a chillar horrorizada, pensando que lo que se alzaba era un cuchillo, pero no lo era, era un pincel, y Dante empezó a pintar símbolos en su vientre.

Ella grito de nuevo, a voz en cuello, desesperada, pero Dante continuo con su tarea.

- Lo siento. Siento que el efecto de la droga haya durado tan poco rato, muchacha- dijo finalmente Dante desde debajo de la mascara-. Tu grita, si eso te hace sentir mejor, pero esto es un honor que te ha sido concedido, ¿no lo entiendes?

Riza no quería morir. Quería vivir a toda costa. Allí estaba todo lo que siempre había deseado: Roy, su amor y una familia. Todo lo que tenia que hacer era hablar con el, explicarle que tenía que volver a casa a veces, que tenia que consultarle también a ella, que… Pero era demasiado tarde.

- Este símbolo es la marca de la tierra- dijo Dante despacio-. Este es el de la fertilidad. Y este, el de la sangre que debe ser derramada.

Los ojos de Riza se llenaron de lágrimas. "Quiero casarme contigo", dijo para sus adentro. "Quiero casarme contigo mañana mismo y dormir contigo toda las noches de mi vida"

Sin embargo, su vida tocaba a su fin. Allí, en lo alto del acantilado azotado por el viento, una loca estaba a punto de quitársela.

Tenia que intentar salvarse. Debía hablar, ganar tiempo, rezar.

- ¿También pintaste a Mary Browne?- intento que su voz sonara tranquila, serena, pero tendía a la histeria.

-Mary, Mary, si, la pobre, ¡una zorra presuntuosa! Ojala hubiera esperado, debería haber tenido mas confianza en un Mustang. Pobre Mary, si. Llevaba las marcas en su vientre, también, pero el agua las borro. No tendría que haber muerto; tanta esperanza y tanto tiempo perdidos…

-Dante, ¿y Michael? Michael McHennessy…

Dante se quedo callada y se quito la mascara. Sonrió a Riza, frunciendo ligeramente el ceño.

-Me vio, ¿entiendes? Así que yo fingí que iba a tirarme por el acantilado y el trato de detenerme- se rio complacida-. Fue fácil engañar a ese chico. Era necesario. Sin embargo…- arrugo la frente-. ¡Esa Mary Browne! Si no hubiera mentido, no habría tenido que hacer daño al chico. Claro que entonces no te habría conseguido a ti, Elizabeth, muchacha…

Ella volvió a estremecerse.

- ¿A que te refieres, Dante?

Dante estaba dibujando un sol alrededor de su ombligo.

- ¡Ah, eras tan perfecta! Fresca, pura, y hermosa, con ese aire ingenuo… Sabia que eras tu la que esperábamos, y a el le gustabas mucho, pero el con sus escrúpulos y tu con tu pena… estaban en polos opuestos. Y yo tenía que atraerlos el uno hacia el otro.

-El te- susurro Riza.

-Si, Roy sabia., pero sabia también que yo me preocupaba por ti.

-El pensaba que… ese te era para ayudarme a relajarme.

-Es un Mustang, un buen hombre. El chico también lo será. Y ahora que el sacrificio va a ser completado, ¡todo ira bien! La cosecha volverá a crecer, los hombres encontraran trabajo…

-Dante, Dante, ¿Qué paso con Susan?

Dante se detuvo y se sentó sobre los talones.

- ¡Susan Accor, esa ramera! No merecía la muerte que recibió. Roy no la quería, tu no habías regresado y tenia que librarlo de ella. Debíamos tener un heredero y una novia para alimentar la tierra.

-Dante, tienes que dejarme marchar. Estas equivocada- mintió Riza-. Mike es hijo de Michael McHennessy. Estas perdiendo de nuevo el tiempo…

Dante sacudió la cabeza y sonrió con complicidad, como si Riza le estuviera mintiendo.

-Hay que seguir adelante, muchacha. Ese chico es el vivo retrato de su padre. Lo reconocí en cuanto lo vi.

-No, Dante. ¡De verdad!

- ¡Chist!- Dante se llevo el dedo a lo labios y luego extendió la melena de Riza encima de la piedra-. Ahora debemos proceder con el rito, Elizabeth, antes de que te encuentren.

No…

"Ay, Roy, te quiero", murmuro Riza para sus adentros. "Ojala pudiera volver atrás en el tiempo, para agarrarme a la felicidad y no soltarla. No dejaría que nadie se interpusiera en mi camino. Seria fuerte y te haría comprender"

Dante se estaba poniendo la mascara. Luego se levanto y empezó a balancearse a un lado y a otro mientras su voz entonaba una especie de cantico, tan estridente como el viento.

-Kayla, kayla, kayla

- ¿Qué?- grito Riza.

Dante hizo una pausa y de nuevo se quito la mascara, molesta.

-Elizabeth Hawkeye, he afilado el cuchillo para que todo sea rápido y fácil. Y ahora ¡cállate!

Los ojos de Riza se llenaron de lágrimas. Allí estaba la palabra que la había perseguido durante ocho años, la palabra que Michael le había susurrado antes de expirar. Y ahora ella iba a reunirse con el y la palabra repiqueteaba en su mente.

- ¡Kayla! ¿Qué significa, Dante?

Dante se rio.

-No es una lengua que tú conozcas. Es más antigua aun. Es el idioma de los primitivos. Kayla significa hosanna, hosanna al gran dios, que no entrega las cosechas, que nos alimenta y al que nosotros también debemos alimentar.

- ¡Dante, no puedes hacer esto! ¿Y si Falman se entera? Ya tiene sospechas…

A Dante le temblaron los labios.

-Precisamente por mi sobrino debo hacerlo; ¿no lo entiendes? Por todos ellos.

Volvió a colocarse la mascara que le cubría la cara. El viento y la niebla las envolvían y, a lo lejos, Riza oía el ruido de las olas rompiendo en la base del acantilado. Un sonido furioso, como si también ellas estuvieran esperando su muerte.

En cuestión de segundos Dante le rebanaría el cuello y, cuando su sangre hubiera regado la tierra, aquella loca arrojaría su cuerpo por el acantilado.

Riza empezó a gritar de nuevo mientras Dante retomaba sus canticos. Esta dejo a un lado el pincel y metió la mano debajo de la capa. Alzo el brazo en el aire, y esa vez su mano sostenía un cuchillo enorme, de hoja ancha, que brillaba a la luz de la luna.