Niña de mi alma

Cap.38: La maldición de la sangre.

EdwardPOV.

El sol apenas se estaba asomando mientras nos deslizábamos a toda pastilla por los edificios de Seattle, el rastro se nos hizo difícil en algunos momentos pero contábamos con la ventaja de que éramos muchas narices comprobando el camino. Fuimos muy lento para mi gusto pero llegamos sin dificultades. Ahora el aroma era casi imposible de detectar y ninguno de nosotros sabía todavía por que había elegido a Bella para traerla hasta aquí y para qué.

Alice estaba muy molesta, todavía no podía obtener ninguna visión de Bella y la tensión de todos era más que palpable. Por la noche había llovido mientras veníamos de camino a la gran ciudad y entre el viento y el agua teníamos un aspecto espantoso, además de que estábamos todos enojados y tensos, parecíamos más salvajes que nunca.

El cabello de Rosalie no tenía nombre, pero no era momento de bromear y el único que le prestó atención a ese detalle fue Emmet. Por suerte no dio ningún comentario.

Seguimos el aroma, moviéndonos apenas más rápido que los humanos por entre las sombras, para que nadie nos notase, hasta que, después de atravesar toda la ciudad, llegamos a la zona de fabricas, todas abandonadas.

-Allí hay un coche –dijo Alice señalando un Ferrari carbonizado a unas calles de distancia.

Nos acercamos rápidamente, el olor de Bella estaba allí, no tan potente luego de la lluvia pero podía sentirlo, al igual que el del bastardo.

Sentía un alivio inmenso al saber que todavía seguía con vida.

-Ese idiota es pirómano o le gusta fastidiar con el fuego –comentó Emmet frotando la superficie del coche carbonizado.

-El rastro sigue hacia allí –Rosalie señalo una fábrica de contenedores abandonada a lo lejos.

Corrí hacia el lugar, con mi familia siguiéndome, el aroma a vampiro se hacía más concentrado y me tensé, listo para la batalla.

-No está solo –comentó Jasper cuando detectó el rastro de otros vampiros.

-Actuaremos rápido y limpio. Nuestra prioridad es la seguridad de Bella, no lo olviden –nos dijo Carlisle.

Teníamos el factor sorpresa de nuestra parte, los superábamos en número, y mientras mis hermanos y mis padres se encargaban de los vampiros, yo me encargaría de encontrar a Bella y sacarla de allí lo más rápido posible.

Arremetimos con rapidez contra el enchapado que cubría la entrada a la bodega de camiones, los oxidados bordes cedieron como el papel ante la fuerza de siete vampiros y se vino abajo con un ruido ensordecedor, levantando una nube de tierra a nuestro alrededor.

Nos estaban esperando, por supuesto, un tanto sorprendidos pero sin duda nos habían visto de lejos u olido a los pocos metros, de todas maneras, teníamos en frente a cinco vampiros en posición de ataque, eso me hizo saltar una chispa de alerta, solamente habíamos olido la fragancia de tres en la parte de afuera. ¿Cuántos más podrían haber allí?

Era claro quién era el líder, y el secuestrador de Bella. En este caso era la misma persona. Un muchacho muy alto, de cabello rubio, desgarbado y con el ceño fruncido se encontraba en el medio de dos parejas de vampiros, unos a la derecha y otros a la izquierda.

Neófitos.

Con ojos rojos, nos esperaban agazapados listos para saltar. Jasper los estudió de inmediato. Sabían luchar. No sabíamos exactamente que tan bien pero estaban más que dispuestos a enfrentarnos.

Pero había algo mucho más oscuro y preocupante que eso. Los cinco vampiros tenían la mente muda. Estaba tan acostumbrado a escuchar murmullos que venían desde la cabeza de todos –obviando a Bella- que mis músculos se tensaron en respuesta a lo desconocido.

No había ningún pensamiento en ellos, no era como cuando alguien solo tenía una imagen en la cabeza en vez de un montón de susurros entrepuestos, más bien su silencio mental era puramente eso; silencio, nada que decir ni que pensar, un muro de hielo a su alrededor, como si no estuviesen allí… igual que Bella.

Me estremecí involuntariamente.

Eso no fue lo peor, sino que también los pensamientos de mi familia comenzaron a disminuir de volumen hasta desaparecer por completo, como si lo que los rodeaba a ellos ahora estuviese también sobre nosotros. Lo último que llegue a oír de Alice y de Jasper fue que tampoco podían usar sus dones, quedaron despojados de sus habilidades como si les hubiesen arrancado la ropa. Así de rápido, fácil y aterrador.

A todo esto no habían pasado más de tres o cuatro segundos enteros desde que habíamos entrado al oscuro y sucio estacionamiento. Los camiones con remolque se apilaban unos encima de otros en un rincón, de ninguna manera los humanos habrían podido acomodarlos y doblarlos como si fuesen de madera. Del otro extremo de la estancia se encontraba un sofá de dos plazas con el tapizado arrancado, un par de libros viejos apilados a un lado y ropa doblada sobre una pequeña mesa, junto a un juego viejo de ajedrez. Sin duda los habíamos sorprendido en su "habitación".

El chico rubio, sonrió perversamente entre medio de las dos parejas de neófitos, no podía creer su pose despreocupada y tremendamente inusual. No era normal para un vampiro mantenerse tan relajado a punto de enfrentarse a otro clan mucho más numeroso. Eso solo significaba problemas, ¿Tenia acaso algún truco bajo llave que lo tuviese tan creído de sí mismo?

Esta situación no me agradaba en absoluto, nadie de mis hermanos tenía sus dones y nunca me había sentido tan indefenso en toda mi existencia, ellos tenían a Bella, y tenían algo extraño, y nosotros no teníamos mucha ventaja en esas circunstancias.

El chico rubio se metió una mano en el bolsillo de los jeans oscuros y saco un pedazo de tela.

Era el gorrito militar de Bella.

Sonriente ante nuestras caras de espanto, se lo acercó a la nariz y lo olió como si fuese su droga preferida.

Le rugimos en grupo y los neófitos se agazaparon aún más. Sabía que estaba intentando provocarnos y que estaba mal caer en sus trampas, pero eso fue mi detonante y no pude evitar sacarle los dientes y abalanzarme sobre él.

Tras años de prácticas en combate, Jasper se lanzó detrás de mí, pero no para detenerme sino para ir directo hacia uno de los hombres de la derecha, los demás nos siguieron al instante.

Yo llevaba la delantera, directo al centro, donde aún seguía el imbécil con el gorrito de mi ángel, como si todo en el mundo le resultara gracioso. Ninguno de los neófitos me detuvo para proteger a su líder, como si él pudiese cuidarse solito.

Él me espero casi con los brazos abiertos, pero el impacto que esperaba nunca llegó, sino que ocurrió otro tipo de golpe, un tanto extraño.

A escasos cinco metros suyos mi cuerpo se estrelló contra un muro transparente irrompible, con la fuerza tal que me impulsó hacia atrás varios metros. Caí de pié de puro instinto, porque estaba sorprendido, no solo por lo ocurrido sino por el dolor que sentía en mi hombro, provocado por el impacto.

El maldito creído decidió moverse en ese momento y cuando paso por delante de una luz, me pareció ver el reflejo de una enorme burbuja a su alrededor. Se dirigió directo hacia mí. Me agazapé, listo para otro ataque y él también se inclino ligeramente, como si estuviese considerando si perder el tiempo conmigo o no.

Me lancé sobre él nuevamente, sin sorprenderlo un pelo. Intente otra táctica y cuando estaba cerca de esos cinco metro levanté el puño cerrado y lo dejé caer sobre él con toda mi fuerza y odio.

Pero no funcionó.

Mi puño se estrelló contra la misma superficie irrompible, doblando mi muñeca hasta que un crujido la desacomodó de su lugar.

Siseé y me eché hacia atrás, mientras el dolor trepaba por mi brazo hasta la altura de mi codo. Me agarré la mano herida y la volví a romper para acomodarla en su lugar. El idiota se rió.

No podía entender que mierda pasaba. No podía acercarme a él, era obvio, pero cuando cambió su semblante mientras reía lo reconocí de inmediato.

No lo había notado antes, no podía ver el parecido después de haber visto su rostro por los recuerdos de Eleazar, que lo había visto en una fotografía, pero era más que evidente quién diablos era.

Ivahn, el que había traicionado a los Vulturi.

Me quedé de piedra mientras él me observaba. Sabía bien su historia, no había sido algo relevante en mi existencia pero ahora que me detenía a pensar un momento en su rostro y en lo que parecía ser un súper don las probabilidades de luchar contra él y arrancarle la lengua como bien quería disminuían considerablemente.

Según lo que había contado mi tío su súper escudo bloqueaba tanto físicamente como los dones psíquicos.

¿Cómo iba a matarlo, o siquiera enfrentarme a él si no podía ni tocarlo?

Él sabía bien lo que hacía, se notaba, no necesitaba leerle la mente para saber que le encantaba jugar con su contrincante hasta hacerlo cenizas, sabia de su retorcido sentido del humor. Y lo peor de todo era saber que fue él quien se había llevado a mi preciosa Bella.

Tenía que pensar rápido, debía de tener algún punto débil. Cualquier cosa. Por suerte tenía su atención puesta en mí y no en mi familia, yo era el más rápido de todos, supongo que eso contaba como ventaja.

Detrás de él, mi familia luchaba contra los neófitos, habían logrado deshacerse de uno pero no habían tenido la oportunidad para prenderlo fuego y garantizar su muerte.

Alice, en desventaja al estar "ciega", no se apartaba de Jasper y luchaban en equipo, Rosalie y Emmet con el otro chico, que era bastante escurridizo, y mis padres ya estaban acorralando a la otra mujer.

Eso me dejaba a mi solito con el chico rubio.

Ideé un plan rápidamente. Teniendo en cuenta como era él no fue muy difícil descubrirle algún punto débil. Alguien que pasó un tiempo con los Vulturi y hasta se atreve a hacerles un par de bromas debía de tener un muy buen ego.

El orgullo. Con eso lo mataría.

-Que cobarde de tu parte, Ivahn –comenté como quien no quiere la cosa.

Él alzó una ceja, si estaba sorprendido de que supiera su nombre ese fue el único gesto que demostró.

-¿Yo cobarde? –preguntó con voz ronca. Oí sus dientes rechinar. Estaba cayendo.

-Se quién eres, y aun no entiendo porque te da tanto miedo pelear cuerpo a cuerpo. Eres un vampiro ¿lo sabías?, es difícil matarnos –continúe picándole el ego.

Su sonrisa se borró y me miró fijamente con los ojos oscuros de odio. No estaba ni siquiera receloso de que fuese una trampa. Tal vez tuviera ingenio en algunas cosas, pero en mantenerse estable no.

-¿Te crees un contrincante digno para mí? –Flexionó los puños-. ¿Sabes con quien te metes acaso?

Tal vez no escuchara, con tanta atención puesta en mí, pero yo todavía tenía un oído puesto tras su espalda, era por ello que sabía que la persona que necesitaba para esto estaba libre y se trepaba por el techo silenciosamente en dirección a nosotros. Es por eso que no dude en cuanto respondí:

-Solo tienes una forma de averiguarlo.

Ivahn se lanzó al ataque vorazmente, muy rápido incluso para un vampiro, retiro su escudo y se abalanzó contra mi cuerpo para directamente morderme el cuello.

Logre poner mi brazo entre sus dientes para protegerme y cuando me soltó me golpeó el pecho con su rodilla. Me hizo una llave rápida a pesar de mis intentos por alejarme pero eso no evito que me retorciera hasta darle un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó desorientado.

Aunque no me soltó ni un pelo, ese precioso segundo de aturdimiento bastó para que la persona que esperaba sobre nuestras cabezas se dejara caer desde las vigas directo a su espalda.

Le agarre la pierna a Ivahn para hacerlo tropezar y antes de que tocara el suelo Jasper ya le había perforado la garganta con sus dientes.

Yo me encargué rápidamente del brazo que quería atacar a mi hermano y lo separe de su cuerpo, dos segundos más tarde lo acompañó su cabeza y cayó inerte sobre el suelo lleno de aceite viejo.

-Le ganó el orgullo –comento Jasper.

-Sin duda –le respondí.

Emmet acababa de agarrar a la última mujer que se escapaba constantemente de mis padres y Alice le estaba tratando a Rosalie una fea herida en la pierna.

Inspire profundo mientras Jasper preparaba una hoguera y me lancé hacia los pasillos oscuros en busca de Bella.

Escuchaba otra mente.

BellaPOV.

Estaba quietecita en mi lugar, sin mover ni una pestaña, atrapada completamente en su mirada que me recorría de arriba abajo.

-La adolescencia te favorece, sin duda –me sonrió de lado-. La inmortalidad te sentará aun mejor.

Ok, ¿De qué me perdí?

Joham me liberó de sus ojos cuando tomo el cuaderno azul que estaba sobre la mesada. También me acordaba de eso.

-Vamos a ver tu historial –removió un par de hojas con sus hábiles dedos y se detuvo en una, sonriendo complacido-. Ah, aquí estas.

Se acercó lentamente y me puse a temblar, mierda, no quería verme tan débil y asquerosamente frágil, pero no podía, no podía contra él, era un tsunami completo de emociones para mí volver a verlo de esta forma.

-Veamos… "Isabella Swan, secuestrada de su hogar a la semana de vida. Padres muertos en el incendio provocado esa noche. Abandonada en el Orfanato de PortAngels. Efecto colateral: Leve cuadro de asma, se asume que provocado por el humo del incendio a temprana edad. Primera fase completa a los 13 años. Preparada para la segunda fase."

Me quedé de piedra, parpadeando entre lágrimas. ¿Qué qué cosa?

-¿Eh?... –pregunté apenas.

El me sonrió, como si estuviese orgulloso.

-Oh no te preocupes… ya lo superaras. Tú y tu hermano Ivahn van a hacer historia.

¿Qué mi qué? Tenía hermanos, pero ninguno se llamaba así. Me acarició el cabello con sus sucias manos. ¿Eso que había dicho, lo hacía a propósito para molestarme o era verdad? Mierda, como quería que fuese cierto y al mismo tiempo no.

Por un lado, me alegraba saber que había tenido una familia y que no me había abandonado como siempre había pensado, pero por otro… ¿Cómo seguir viviendo ahora, cuando sabia que mis padres fueron prendidos fuego? Bueno, tal como estaban las cosas no tenía mucho futuro por delante, pero aun así no lo hacía menos abrazadoramente doloroso.

¿Qué había dicho sobre la inmortalidad? ¿Acaso él…?

-¿Qué les hiciste? –le rugí, removiéndome entre las correas de cuero.

-No te preocupes, no sufrieron… mucho –se rio entre dientes.

Miré hacia la luz, intentando por todos los medios que mis lagrimas se detuvieran, pero era imposible. Estaba sola en ese infierno y tenía mucho miedo. Le temía a la muerte, le temía a ese hombre y también temía, por sobre todas las cosas, saber que no vería a ver a Edward de nuevo.

Y la última vez que lo vi, me fui enfadada.

-¿Qué quieres? –Sollocé- ¿Por qué me haces esto?

Puso su mano helada sobre mi mejilla, en verdad me estaba mareando ahora, necesitaba oxigeno. ¡Edward necesito respirar!

-Serás una estupenda guerrera. Tu e Ivahn tomaran Volterra por mí, y seremos los más grandes vampiros de la historia –me susurró en el oído, su aliento gélido enviando un escalofrió por mi columna.

No… no. Yo no era una guerrera, yo no quería.

Edward te necesito…

-Déjame –susurre, en un último intento de misericordia-. Por favor.

Abrí los ojos cuando sentí su risa, una risa de loco, con unos ojos que aclamaban victoria segura.

-Claro que no, niña.

Me mordí la lengua con fuerza para evitar soltarle una palabrota que lo metería sin duda en su lugar, bueno antes de que me moliera a palos.

Frunció el seño levemente y miró hacia la puerta.

-Vaya, parece que tenemos compañía. Sera mejor que nos apuremos –dijo al tiempo que se ponía demasiado cerca de mí y me agarraba la muñeca.

No sentía mucho la diferencia de temperatura, así que debía de estar muy fría. En cambio los pulmones me quemaban tanto…

¡Edward necesito respirar!

Se inclinó hacia mi mano y antes de que incluso me imaginara lo que haría sus dientes me atravesaron sin piedad la piel hasta llegar al musculo de mi brazo.

El grito que lancé me reventó los tímpanos y sacudió mi garganta.

Retiro su boca bruscamente y levante la cabeza, mas despierta que nunca, para ver una horrible herida en mi brazo, con sangre saliendo a borbotones que se deslizaba por mi piel de gallina.

Me agarro el oro brazo y repitió el proceso, esta vez aun mas rápido. Haciéndome lanzar otro alarido.

-¡Edward! –grité desesperadamente.

No, no estaba ocurriendo, estaba soñando.

No quería que me tuviera en sus sucias manos para convertirme en su guerrera del no se qué. No quería que su veneno corriera por mis venas.

Esto era demasiado.

Las heridas me empezaban a picar.

Joham descendió hasta mi pierna y al ver que la agonía no pararía allí intente rasguñarlo con mis torpes dedos adormecidos, lo que solo sirvió para desatar su furia.

Uno, dos, tres.

Tres crujidos sonaron cuando me aplastó el pie contra la camilla con sus manos. El dolor era cegador y apenas si sentí su mordida esta vez.

Luego una mordida mas y sus manos se alejaron de mi cuerpo que se empapaba con la sangre que corría por la superficie donde estaba recostada.

Un nuevo dolor empezó, trepó por las mordeduras un calor inmenso, como fuego lamiendo mis venas. Había sentido algo parecido cuando Joham me inyectó no se qué cosa unos años atrás. Pero esto fue peor, prefería que me hiciera lo que me había hecho antes, el dolor en la cabeza no había sido nada comparado con esto.

El fuego se tragó mis extremidades, luego mi torso y cada musculo y órgano de mi cuerpo.

La quebradura en el pie era un dulce descanso en comparación.

Estaba aterrada, no sabía qué hacer, me sentía moverme, sentía mis uñas moverse sobre la piel de mis muslos, el único lugar donde podía llegar. Pero ni aun así podía apagar el calor.

Mi consciencia se fue alejando poco a poco, me fui olvidando hasta de quien era mientras el dolor aumentaba.

¿Cómo me llamaba? Solo me venía un nombre a la cabeza:

Edward…


Hola nenas! Ya se, ya se, hace mucho que no publico. Pero el viernes termine el cole y ya sin ninguna responsabilidad me pude poner tranquilita a escribir este capi. No es tan largo como pensaba pero me gusto bastante. ¡Y ya nos hacercamos al final!

¿Que les esta pareciendo? ¿Review?

Saluditos :P

Flopii