Anecdotario de Terry Grandchester

*Esta es una historia que ubica a Terry en la época actual y no en los años de la serie "Candy Candy".

Capítulo V

Ni esa noche ni el par de días que siguieron hubo palabras entre Lilith y yo; sin embargo no puedo decir que nos ignorábamos. Más bien aquello era un no saber qué le dices a quien tanto resentimiento le has guardado por tantos años y que ahora tienes bajo tu mismo techo por un acto de supuesta caridad.

Quise ponerme en los zapatos de Lilith y debo decir que entre muchas cosas, sentí admiración por ella al ver la manera en que había doblegado su orgullo con tal de que sus hijos tuvieran un mejor futuro, uno que no estuviera ligado al dinero ni a las posesiones materiales, sino a uno donde reinara el respeto y el cariño.

Pasé con ellos tanto tiempo como me fue posible y aunque tampoco charlé mucho con los chicos, por lo menos supe que a la pequeña Cheryl, de cuatro años, le gustan los sándwiches de mantequilla de maní acompañados por un vaso de leche tibia.

-¿Sabes que a mí también me encanta la mantequilla de maní?- le dije tratando de romper el hielo.

-¿A quién no le gustan?- señaló disfrutando su pequeño festín con una sonrisa que me conmovió en lo profundo.

¡Qué fácil es hacer feliz a una pequeña!- pensé, regalándole una sonrisa.

Melissa y Rick son los gemelos de nueve años que parecen contemplar el mundo desde un rincón. Callados pero muy unidos al parecer, siempre están pendientes de su hermana menor y alejados tanto como pueden de Patrick, el hermano adolescente y el mayor de los hijos de Lilith.

Patrick, ¿qué decir de él? Creo que en este chico, Lilith y su madre vinieron a pagar todos los desprecios de los que me hicieron víctima por tantos años. Patrick es la prueba viva de que la rebeldía no viene de ser el hijo de una americana indecente, como ellas pensaban.

A pesar del aire de incomodidad que nos embargaba a mis huéspedes y a mí durante esos primeros días de su estancia en mi hogar, puedo decir que aquel encuentro resultó ser mucho mejor de lo que pensé en principio que sería. De algún modo todos fuimos lo suficientemente maduros como para comportarnos a la altura de las circunstancias.

-Buenos días, hijo- me saludó Eleanor al entrar a mi departamento el lunes siguiente por la mañana.

-Buenos días- correspondí a su saludo con un beso en su mejilla- ¿Qué haces aquí?

-Es lunes- dijo.

-Lo sé.

-Los lunes nos reunimos para desayunar, ¿lo recuerdas?

-Sí, pero generalmente nos vemos en otra parte.

-Los domingos sueles confirmar el lugar pero como no lo hiciste, pensé que sería mejor que nos quedáramos aquí para variar. ¿Interrumpo algo?- cuestionó asomándose por el pasillo de la galería en dirección a las habitaciones.

-Lamento no haberte llamado- la tomé con delicadeza por un brazo para conducirla a la sala-. He estado muy ocupado.

-Terry- me llamó la pequeña vocecita de Cheryl desde la puerta de la sala.

-Dime.

-La mantequilla de maní se terminó.

-¿Y esta pequeñita?- preguntó Eleanor con una expresión de asombro mezclada con cierta alegría que de inmediato identifiqué como un signo de lo que estaba pensando y enseguida me dispuse a corregir.

-No es lo que piensas.

-¿Y qué es lo que pienso?- preguntó pidiéndole a Cheryl con un gesto que se acercara- ¿Cómo te llamas?

-Cheryl- respondió muy seria y dirigiéndose a mi me dijo: ¿A qué hora vas a ir por la mantequilla de maní?

-¿Perdón?

-Tengo hambre.

-Come otra cosa.

-¡No!- rezongó dando una patada en el piso- No quero comer otra cosa porque me pongo gorda y fea.

-¡Por Dios! ¿Quién te dijo eso?- intervino mi madre, sin saber si reír o llorar ante semejante comentario de la chiquilla.

-Mi mamá- respondió con el entrecejo fruncido.

-Vamos Terry- ordenó Eleanor tomándome de un brazo - Mientras más pronto tenga su mantequilla de maní, será mejor. ¿Por qué no me dijiste que tienes una hija pequeña?- inquirió tan pronto como dejamos el apartamento.

-Cheryl no es mi hija- aclaré tratando de detenerla- Escucha, no tenemos que ir a buscar la dichosa mantequilla de maní, puedo pedir que la traigan.

-Pues su físico y su carácter dicen lo contrario- señaló con picardía.

-Eso le viene de los Grandchester, pero no de mi lado. Cheryl es hija de Lilith.

-¿De Lilith?- cuestionó deteniéndose en seco-. ¿Quieres decir que Lilith está en tu casa?

-Ella y sus otros tres hijos.

-¿Y Richard lo sabe?

-Sí, ya hablé con él y vendrá a hacerse cargo de la situación tan pronto como pueda. Parece ser que Hainsworth, el marido de Lilith, ha puesto una denuncia en su contra por secuestro de sus hijos y tiene a toda la policía de Reino Unido buscándola.

-¡Oh por Dios!

-Mi padre ya está moviendo sus influencias para que los cargos sean retirados. Mientras tanto, debo mantener a Lilith y a sus hijos en bajo perfil para que no se sepa su paradero.

-Siendo tú una figura pública, no creo que te sea posible.

-Lo sé, por eso estoy por pedir un permiso para ausentarme por el resto de la temporada para poder llevarlos a otra parte.

-¿Y a dónde los llevarás?

-No lo sé- respondí con preocupación.

-¿Por qué no los llevas a Colquitt? Y para que no tengas que ausentarte de manera tan abrupta del teatro, yo puedo quedarme con ellos mientras tu padre arregla las cosas.

-No es que no aprecie tu gesto- le dije con gesto sorprendido-pero, ¿te das cuenta de lo que me estás proponiendo? Estamos hablando de Lilith, la hija de Judith Grandchester.

-Que resulta estar en dificultades y necesita ayuda- expresó con firmeza.

-No quiero exponerte a malos tratos. Lilith ha doblegado su orgullo, es verdad, pero estar conmigo es una cosa muy distinta a tener que aceptar tu ayuda y tu compañía.

-No pierdes nada con proponérselo.

-¿Y qué harías con ellos en Colquitt?

-Hospedarnos en casa de mi madre, por supuesto.

-Eso es una locura.

-Puede que lo sea pero no podemos permitir que ese tal Hainsworth aparte a esas criaturas de su madre- señaló con firmeza y de inmediato supe cual era la razón que la movía a hacer semejante sacrificio.

-Está bien- le dije acercándola a mí para abrazarla- ¡Gracias mamá!- le susurré al oído.

-Si hubiera tenido esta misma seguridad que hoy siento, seguramente tu vida habría sido distinta- me dijo con la voz entrecortada y yo la apreté con más fuerza contra mi pecho.

-No digas eso mamá- traté de confortarla-. Al final las cosas salieron bien, tú y yo estamos juntos y eso es todo lo que importa.

Teniendo a mi disposición los aviones de la compañía de mi padre, trasladar a Eleanor, Lilith y los niños a Colquitt fue cosa fácil. Aproveché que la semana apenas comenzaba y que yo tendría algunos días para dejarlas instaladas antes de que tuviera que presentarme en las funciones del siguiente fin de semana.

-Me alegra que hayas aceptado hacer este viaje- le dije a Lilith, mientras volábamos rumbo a Georgia.

-No me queda de otra- dijo con amargura.

-No espero que te comportes como alguien que no eres- dije con desdén y ella volvió la mirada a la ventanilla a su lado-, pero voy a pedirte que trates a mi madre y a su familia con respeto. Muestra que eres hija de nobles y que sabes comportarte como una dama.

Llegando a Colquitt, el primero en quejarse por la sencillez del lugar fue Patrick.

-¿Qué vinimos a hacer a esta pocilga?

-Ésta es la casa de mi abuela, no una pocilga, y tú vas a aparentar que eres un chico educado y tratarás con respeto a mi familia o te las verás conmigo- amenacé con mirada dura.

-¿Qué? ¿Me vas a pegar?- me retó- No te tengo miedo, mi padre y mi abuelo lo hacen todo el tiempo.

No sé de donde saqué entereza para no doblarme ante sus palabras. Recordé la dureza con la que mi padre me trató durante mi niñez y adolescencia y lejos de enojarme más con Patrick, sentí mucha pena por él.

-No soy partidario de los golpes para con quienes no me los pueden regresar.

-¿Crees que no puedo contigo? Si no eres más que un vejete.

-Si lo que quieres entonces es un duelo de palabras, ve buscando algo con lo que realmente me puedas lastimar.

-¿Qué te parece? ¡Bastardo!

-¿Sabes siquiera qué significa?

-Que eres el hijo ilegítimo de mi abuelo y de esa zorra.

-Esas no son palabras tuyas, son de tu madre o de tu abuela…- me contuve de llamarla "cara de cerdo".- Mira niño- le dije aparentando que tenía la situación bajo control-. Tú sabrás si aceptas de buena gana lo que se te ofrece o si tiras por la borda todo el trabajo y el sacrificio que ha hecho tu madre por protegerte de tu padre. Puedes comportarte como te de la gana, a final de cuentas lo que hagas, la vida misma te lo cobrará.

El chico se quedó mudo y yo me alejé sintiéndome peor por haberle dicho eso, de lo que me hubiese sentido si me hubiera peleado con él, pero no tuve otra alternativa que plantearle la realidad de su situación, por horrible que ésta fuera.

¿Cómo tratas a un muchacho así? Fue la pregunta que me hice toda la tarde de aquel día. Sabía que tratar de imponerme por la fuerza no resultaría porque nunca resultó conmigo, pero no podía dejar de darle vueltas al asunto. Me preocupaba que mi abuela y mi madre lo pasaran mal a causa de Patrick y me llené de frustración al verme imposibilitado de cuidar de ellas sin poner en riesgo el compromiso que hice con mi padre de cuidar a su hija y a sus nietos.

-Mi amiga María, que en gloria de Dios esté, solía decir un dicho de su tierra que reza: "Las penas con pan son menos."- escuché la dulce voz de mi abuela detrás de mí.

-Eso no tiene sentido- le dije mientras ella colocaba una bandeja de pan sobre la mesa.

-Bueno, mientras te comes un pan dejas de pensar en tus penas, ¿no es cierto?- dijo con una sonrisa y yo deposité mi mirada en la sabiduría que emanaba de sus cansados ojos.

-Puede que tengas razón- sonreí de lado y tomé un pan.

-No te preocupes por el muchacho, él va a estar bien.

-No es el muchacho el que me preocupa.

-¿Entonces?

-Abuela, tú no lo sabes pero nunca ha existido una buena relación entre la familia de mi padre y…

-Tu madre- interrumpió –. Puede que me veas vieja y distraída pero no por eso creas que soy ajena a lo que pasa en este mundo. Es natural que la familia de tu padre no vea con buenos ojos a tu madre, y menos porque ella ha sido el amor de su vida.

-¿Cómo puedes asegurar eso si no has visto al duque en años?- inquirí sorprendido por la seguridad de sus palabras.

-No necesito verlo para saberlo. Todavía recuerdo el día en que tu abuelo se la entregó en el altar y la manera en que él la miraba. Muy duro por fuera, pero sus ojos nunca pudieron ocultar lo que su corazón sentía.

-Eso se terminó hace muchos años- dije con amargura.

-Deja el pasado en el pasado y sobre todo, deja de preocuparte por lo que no está en tus manos.

-No quiero que ellos te causen problemas ni que te falten al respeto.

-Eso no depende de ti.

-Pero yo los traje.

-Y yo los recibí. Mira Terry- sonrió tratando de confortarme-, yo también fui mamá de adolescentes. Mi marido, tu abuelo, les pegaba a tus tíos cuando se portaban mal porque decía que esa era la única manera de meterlos en cintura. Yo nunca estuve de acuerdo con eso, pero en mis tiempos, no teníamos nada que decir. Por las noches, ya cuando tu abuelo roncaba, yo me levantaba de la cama para ir a ver al pedacito de cielo que me hubieran castigado y lo llenaba de besos y cuando era posible, de galletas y leche tibia. Créeme, el amor obra maravillas en la gente y lo que tu hermana y sus criaturas necesitan es sentirse amados.

Mi abuela tenía razón. "El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia." Era una de mis frases favoritas de Shakespeare desde que descubrí su sentido al saberme amado por mi madre, su familia y por mis amigos, pero ¿encontraría la forma de amar a quien en otro tiempo me hizo tanto daño?

Continuará.


Quiero comenzar por agradecer a todos(as) los/las lectores(as) que me han honrado con su compañía a lo largo de este 2012.

El fin del 2012 está ya muy cerca y quiero desearles que la pasen muy bien en compañía de todos sus seres amados. Que la llegada del 2013 sea motivo de alegría y de entusiasmo en nuevos proyectos y en la continuación de los que empezaron con la llegada del año que ya casi termina.

Una vez más me disculpo por no haber actualizado a lo largo del año y quiero que sepan que aprecio mucho que a pesar de eso, sigan visitando esta historia. No voy a prometerles que actualizaré con más frecuencia pero pueden estar seguros de que la historia no se quedará sin final y que aún quedan muchas historias por contar, así que mientras algo quede por decir, aquí me tendrán.

¡Gracias por seguir leyendo!

Como ya es una grata costumbre, mil gracias a Lady Adriana de Grandchester por dejar una nota en los reviews. Chica, tu apoyo ha sido increíble a pesar de que me tardo tanto en actualizar.

Gracias a mis hermanitas Soly y Gi por su apoyo y cariño de siempre.

Bueno, por ahora me despido. Nos veremos en la próxima.

¡FELICES FIESTAS!

Un abrazo con aprecio:

Annabel Lee

¡Gracias por su presencia!