HORIZONTES DE LUZ

Por Evi

o O o

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En memoria de

Arihiro Hase

quien le dio su voz y su alma a Hikaru Ichijo.

(22 Abril 1965 – 30 Julio 1996)


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ESO QUE LLAMAN AMOR

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La habitación estaba oscura, apenas iluminada por las luces de la ciudad que brillaban al otro lado del Lago Gloval, y la luz de las estrellas que tímidamente se filtraba a través del ventanal panorámico de la Suite de Embajadores del Centro de Visitas de la Base Macross en esa noche sin luna.

El único sonido que se escuchaba en la habitación era el sonido suave, rítmico y sincronizado de la respiración de las dos personas que, unidas en un abrazo estrecho e íntimo, descansaban en la cama, profundamente dormidas.

El general Hunter descansaba, cómodamente anidado entre varias almohadas, mientras que Lisa reposaba en su pecho. Los dos estaban completamente inmóviles, a no ser por el suave ritmo con el que el pecho de Rick subía y bajaba, provocando que la cabeza de ella se moviera levemente con cada respiración.

De pronto y sin previo aviso, la calma y la paz de aquel lugar fue interrumpida por el sonido agudo y penetrante del teléfono. Rick arrugó el entrecejo y apretó sus ojos, al tiempo que gruñía y murmuraba por lo bajo algunas palabras incomprensibles, pero que casi se escucharon como amenazas de muerte. Torpemente extendió la mano sobre la mesita de noche y golpeó un par de veces, buscando un inexistente reloj despertador. Sus ojos se entreabrieron y fue hasta entonces que su mente le proporcionó la información que necesitaba: aquel sonido provenía del teléfono.

Tanteó sobre la mesita, hasta que finalmente su mano se encontró con el auricular del teléfono, el cuál levantó y se llevó perezosamente a la oreja, sintiendo que no estaba aún despierto del todo.

- ¿Qué pasa…? – Murmuró con voz ronca y adormilada.

- ¡Buenos días, señor Hunter! – Sonó la voz alegre y despreocupada de Max. – Espero que haya descansado un poco, porque su vuelo está a punto de partir. Son las 0400 horas en punto y estamos lisos para despegar a discreción… ahora despierte a su esposa y apresúrense. Los estamos esperando en la pista de vuelo #7. ¡No tarden!

Max colgó el teléfono y el piloto se quedó inmóvil por un segundo, con el auricular aún contra su oreja, tratando de procesar la información que su cerebro adormilado había recibido. Fue entonces que bajó su mirada y se encontró con los ojos verdes de Lisa, que lo observaban apenas entreabiertos, con una mezcla de amor y sorpresa que él supo se reflejaba en sus propios ojos.

Lenta, casi ceremoniosamente, colocó el auricular en su lugar, sin romper el contacto visual con Lisa. El cabello color miel de ella le cubría el pecho y caía en mechones desordenados sobre la frente de la almirante. La mano de Rick apartó ese cabello rebelde de la frente de Lisa y le plantó un beso suave y tibio al que ella respondió con una sonrisa adormilada. Sus ojos volvieron a encontrarse y el piloto tomó la mano de Lisa que descansaba sobre su hombro, besándola en la palma antes de observar embelesado y con una incipiente sonrisa perezosa, el anillo que ella llevaba en su dedo anular. Levantó su mano, la que hasta entonces había estado descansando en la espalda de ella, y sonrió al ver su propio anillo ahí.

La sonrisa que entonces estalló en sus labios fue tal, que Lisa hubiera podido jurar que el sol acababa de levantarse en el este, a pesar de ser apenas las cuatro de la mañana. Esa misma sonrisa apareció en los labios de ella, quien de pronto sentía que su corazón se le había acelerado hasta alcanzar velocidades vertiginosas de manera instantánea. Aquel era el primer despertar de aquella pareja de recién casados.

- ¡Buenos días, señora Hunter! – Rick la miró a los ojos, trazando el contorno de su rostro levemente con la punta de su dedo índice. - ¿Cómo durmió?

- ¡Rick…! – Lisa se rió suavemente y besó el dedo del piloto que ahora se deslizaba sobre sus labios. – Dormí bastante bien, señor Hunter… aunque todavía tengo sueño.

Lisa se estiró perezosamente sobre el cuerpo de Rick, provocándole una oleada de sensaciones sumamente placenteras al piloto, quien sonrió emocionado y la abrazó estrechamente.

- Yo también tengo sueño… - Admitió él. – Pero Max llamó para decirnos que están listos para partir… creo que no deberíamos hacerlos esperar, preciosa… después de todo, entre más pronto salgamos de aquí, más pronto llegaremos a nuestro destino… - Rick se detuvo y sonrió traviesamente. – A nuestra luna de miel.

- Sí… - Lisa lo observaba embelesada, pero sin encontrar la fuerza de voluntad que necesitaba para abandonar aquella cama… o separarse del cuerpo tibio de su esposo. – Rick… yo…

- ¿Qué pasa, bonita? – El piloto la besó en medio de los ojos.

- No pasa nada. – Lisa se acurrucó en su pecho, embriagándose con su aroma. – Te amo… te adoro… y soy muy feliz, Rick… ¡Muy feliz!

Rick suspiró satisfecho y cerró los ojos, mientras acariciaba la espalda de Lisa y le besaba el cabello.

- Yo también soy muy feliz, Lisa… jamás podría explicarte lo feliz que me haces… lo completo y realizado que me siento al estar contigo… al ser… tu esposo. – Rick sonrió contra el cabello de ella.

- Mi esposo… Lisa sonrió contra su pecho. - ¿No es gracioso?

- Bueno… no creo que sea lo más romántico que le puedas decir a tu esposo en su primera noche juntos… que es gracioso… pero se agradece el cumplido.

- ¡Eres un bobo! – Lisa le besó el pecho desnudo. – Tú sabes a lo que me refiero…

- ¿Sí? – Rick la miró al rostro cuando ella levantó su mirada. – No le veo lo gracioso, Hayes… te casaste con el piloto más apuesto y valiente de las Fuerzas de Defensa… con un hombre que te adora y que no dudaría en dar su vida por ti. ¿Qué tiene eso de gracioso?

- Para empezar… - Lisa se levantó un poco, apoyándose en su pecho y recorriéndolo con la punta de su dedo. – Es gracioso que yo haya terminado casada con un arrogante como tú, patito presuntuoso. – Lisa lo besó suavemente en la barbilla.

- Señor Patito Presuntuoso para ti. Además, yo sólo decía la verdad. – Rick sonrió traviesamente y le hizo un cariño a Lisa en la punta de la nariz.

- Podré acusarte de muchas cosas, Rick Hunter… pero jamás de ser un mentiroso. – Lisa se inclinó para besarlo en los labios.

Apenas sus labios se habían tocado, cuando Rick decidió que no estaba dispuesto a desperdiciar la oportunidad que se le presentaba. Su mano se hundió en el cabello de Lisa para posarse en su nuca y atraerla hacia él, profundizando aquel beso. Ella no iba a resistirse a los deseos de su piloto, antes bien sonrió contra sus labios y respondió a aquel beso con una pasión y una ternura que hicieron que Rick literalmente se sintiera mareado.

Cuando se separaron, después de un par de minutos, el piloto entreabrió los ojos y observó a Lisa con una mirada llena de amor… de adoración.

- ¡Wow! – Murmuró sin aliento. – Ahora si¿Podría explicarme cómo es que esto es gracioso, señora Hayes-Hunter?

- Es gracioso pensar… que alguien tan rebelde y voluntarioso como tú terminaría con alguien tan—

- Tan hermosa, increíble y adorable como tú. – Rick se apresuró a responder. – Sí, tienes razón… es gracioso. – El piloto la atrajo hacia él y la beso levemente en los labios. – Lisa… ¿Me amas?

Los ojos de Rick resplandecían aún en la oscuridad, mientras observaban el rostro perfecto de Lisa, anticipando con emoción la respuesta que recibiría de ella. La almirante le acarició el cabello rebelde y luego su caricia bajó hasta su rostro, recorriéndole la línea del mentón hasta llegar a su barbilla, mientras sus ojos se perdían en los de él.

- Te amaba cuando eras un mocoso insufrible y cabeza dura. – Lisa respondió con cierto timbre de travesura en su voz, provocando la risa de Rick. – Ahora que eres un amor… ¡Te adoro!

- ¡Vaya agallas las tuyas, Hayes!

Los dos comenzaron a reírse mientras se besaban con ternura. Lisa se separó levemente de Rick sólo para sonreírle, acariciarle el rostro con cariño y susurrar con voz suave y levemente seductora:

- ¡Buenos días… esposo!

La sonrisa radiante que apareció en el rostro del piloto fue tan radiante que Lisa sinceramente pensó que jamás en su vida lo había visto sonreír de esa manera. Con un movimiento inesperado y un tanto brusco, Rick invirtió posiciones para quedar sobre ella, sosteniendo el peso del cuerpo en sus brazos mientras la miraba intensamente a los ojos.

- Te aseguro que serán aún más buenos mañana por la mañana. – Rick le besó suavemente los labios. – Después de que haya cumplido mis… deberes de esposo.

Lisa soltó una risita ahogada y miró a Rick con tanto amor y cariño en sus ojos, que el piloto tuvo el impulso de inclinarse a besarla, pero ella no se lo permitió, pues le estaba acariciando el pecho.

- Y ¿Exactamente cuáles deberes serían esos, general Hunter?

- ¿Realmente necesitas que te explique todo, Hayes? – Rick gruñó y escondió su rostro en el cuello de Lisa.

Los dos comenzaron a reír alegremente y el piloto terminó por rodar sobre sí mismo para quedar tendido de espaldas al lado de ella. Por unos momentos los dos contemplaron las luces de Ciudad Macross.

- Creo que será mejor que nos levantemos ahora. – Lisa murmuró. – No debemos de hacer esperar a Max y Miriya… además conforme al cronograma de ellos…

- Sí, lo sé. – Rick se levantó sobre su codo y miró a Lisa. – Debemos de salir antes de que el avión comercial lo haga… hay que seguir la logística.

Lisa se sentó en la cama y los dos compartieron un beso suave y prometedor. Enseguida, y sin que mediaran palabras entre ellos, los dos comenzaron a vestirse con ropa cómoda e informal, mientras intercambiaban sonrisas traviesas y miradas llenas de cariño.

Un cuarto de hora más tarde, los dos salieron de la Suite de Embajadores, tomados de la mano y sonriendo una sonrisa tonta, mientras ambos sentían que caminaban sobre nubes, mientras se dirigían a la pista de vuelo #7, en donde su transporte los estaría esperando para llevarlos a su viaje de bodas.

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El traslado de la almirante Hayes y el general Hunter al sitio en donde pasarían su luna de miel se llevó a cabo conforme a lo planeado y sin grandes complicaciones. Con la finalidad de darles algo de privacidad en su viaje de bodas, los oficiales de la RDF habían hecho un plan para despistar a la prensa. Mientras todos esperaban que la feliz pareja saliera del Hotel Macross Suites y de ahí se dirigieran al aeropuerto para salir en un vuelo comercial a las 0800 horas, según información que "fuentes fidedignas" habían filtrado a la prensa, la realidad de las cosas es que los recién casados habían salido de la Base Macross en un transporte militar oficial, a las 0500 horas. Para cuando los periodistas se dieran cuenta de aquel cambio de planes, sería imposible rastrear a los Hunter-Hayes.

La nave de transporte fue escoltada por un grupo de combate de VF4 al mando del capitán Sterling. Se hicieron algunas paradas técnicas en el viaje con el objeto de despistar aún más y cubrir las apariencias. El transporte se detuvo en una base de avanzada de la RDF muy al sur de Ciudad Macross, en donde, mientras se entregaba algún material, Rick y Lisa aprovecharon para desayunar algo leve con Max y Miriya, antes de proseguir su vuelo.

Un par de horas más tarde, el transporte militar aterrizaba en otra base temporal de la RDF, en donde sólo el oficial al mando sabia de la llegada de la almirante y el general, aunque se le había ordenado que mantuviera un perfil bajo al respecto, por lo que sólo sus oficiales de más confianza tenían conocimiento de aquel operativo.

Los tres VF4 que habían custodiado al transporte militar, se despidieron de Lisa y Rick en el aire. Ellos volverían a Ciudad Macross de inmediato. Después de una breve transmisión por el tacnet, los Sterling les desearon a los Hunter una luna de miel relajada y feliz y les pidieron que no se preocuparan por nada… todo estaría bien en Ciudad Macross, ellos se encargarían de vigilar de cerca al coronel Maistroff.

Apenas el transporte militar había aterrizado, el capitán Vega, responsable de la base provisional de la RDF en esa zona, se acercó para saludarlos formalmente e indicarles que su helicóptero esperaba, para llevarlos a su destino final… un helicóptero sin ningún distintivo especial, para mantener el perfil bajo que le habían solicitado.

- ¡Tenemos nuestras instrucciones, almirante! – El capitán les informó, gritando para hacerse escuchar con el ruido de las aspas del helicóptero. – En dos semanas iremos a recogerlos al hotel… y no se preocupen por nada, su seguridad es nuestra prioridad. Ustedes sólo preocúpense por disfrutar de su luna de miel… ¡Y muchas felicidades por su boda! Almirante Hayes, General Hunter… ¡Que sean muy felices!

- ¡Gracias capitán Vega! – Rick respondió, sin soltar a Lisa, mientras ambos trataban de protegerse del aire producido por el helicóptero.

El capitán les hizo un formal saludo militar que ellos respondieron. Mientras subían al helicóptero, el capitán les informó a gritos que en media hora llegarían a su destino… a la Isla Itzamná, el sitio en donde ambos estaban dispuestos a pasar las dos semanas más románticas e inolvidables de su vida.

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Mientras sobrevolaban el Caribe, Lisa y Rick no podían dejar de admirar el paisaje que se extendía a sus pies y hasta donde la vista les alcanzaba: las aguas intensamente turquesas (que a Lisa le recordaban los ojos de Rick) y la vegetación profundamente verde (que al piloto le hacía pensar en los ojos de Lisa) separados por una franja de arena blanca. ¡Era un paisaje hermoso!

El piloto de helicóptero, cuya identificación era el Pranam 021, no dejaba de hablar, emocionado de haber sido el piloto designado para llevar a dos oficiales tan importantes a un sitio tan hermoso como al que se dirigían. El joven piloto les informó que esa zona del caribe había sido una de las que menos había sufrido los daños provocados por la Lluvia de la Muerte de Dolza hacía ya más de tres años.

Por algo, que casi había parecido un milagro, una extensa zona se había salvado de cualquier impacto directo. Durante un tiempo habían sufrido de los problemas ambientales que habían aquejado a prácticamente toda la Tierra tras el holocausto, pero la zona se había recuperado muy pronto y había continuado igual que como había sido antes de la guerra: playas vírgenes y refugios alejados de la civilización para personas que, como el general Hunter y la almirante Hayes, buscaban algo de paz y privacidad.

El piloto incluso dio algunas vueltas sobre la zona en la que Lisa y Rick pasarían su luna e miel y ambos se impresionaron gratamente con lo que vieron. El paisaje era magnifico. Además de los diferentes tonos de azul y verde, provenientes tanto de las aguas, como de la vegetación e incluso del cielo, había muchas otras cosas que les parecieron interesantes. A lo largo de la franja costera podían ver algunos pequeños pueblos de pescadores, bastante típicos y atractivos.

Finalmente sobrevolaron el lugar exacto en donde ellos pasarían aquellos días maravillosos: una hermosa bahía rodeada de vegetación intensa. En la orilla había un pequeño pueblo, aunque más grande que los que habían visto en la línea costera, que desde el aire les pareció bastante colonial, con casitas de tejados rojos y calles empedradas… y flores. ¡Muchas flores!

Y al centro de la bahía estaba su destino final: una pequeña isla con algunos muelles de madera y media docena de casas de playa separadas entre sí por vegetación y bosquecillos de palmeras. Los ojos de los dos jóvenes esposos se agrandaron y una sonrisa enorme apareció en sus rostros cuando vieron aquel paisaje tan maravilloso.

- ¡Wow! – Rick murmuró. - ¡Es mucho mejor que lo que se veía en los folletos!

- Me dispongo a aterrizar. – El piloto del helicóptero les informó.

De inmediato la aeronave comenzó a bajar hasta posarse suavemente sobre la arena inmaculadamente blanca de la playa, cerca del edificio principal de aquel complejo turístico.

- ¡Aquí estamos! – El piloto les sonrió, mirándolos sobre su hombro. – Almirante, General, los de inteligencia informaron que ustedes estaban en ese lugar bajo cubierta. Me pidieron que no me comportara militarmente frente a ustedes… mientras estén aquí, ustedes son cualquier pareja en su luna de miel. Me disculpo de antemano si mi comportamiento no es el que debería, de acuerdo a los protocolos. Pero esas son las órdenes que recibí.

- No se preocupe, teniente. – Lisa le sonrió. – Lo entendemos.

- Hace dos días vine a traer su equipaje, que enviaron por adelantado. ¡Miren! Ahí viene la señora Tu'ul. Es la administradora y creo que la dueña de este resort. Ahora los presentaré.

El joven teniente bajó del helicóptero y abrió las puertas para permitir que Lisa y Rick bajaran de él. El general Hunter se apresuró a ayudar a su esposa y en ese momento sintió con toda su intensidad el clima caliente y húmedo del Caribe. Ciudad Macross había estado bastante fría esa mañana y por un segundo Rick se arrepintió de haberse puesto la sudadera que traía encima. Lo único que deseaba era llegar a su habitación y ponerse ropa fresca y cómoda.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la dueña del hotel llegó frente a ellos y los saludó efusivamente. Era una mujer menuda, de unos 50 años, con facciones claramente mayas y vestida con un inmaculado huipil blanco bordado alrededor del pecho en hilos de muchos colores.

- ¡Los Hunter están aquí! – Anunció, abriendo los brazos para recibirlos con un abrazo cálido. - ¡Ya los esperaba! Bienvenidos… sé que les encantará estar aquí y les agradezco que hayan decidido pasar su luna de miel aquí con nosotros.

- Gracias… - Respondieron Rick y Lisa al unísono, sonriendo emocionados.

- Señor Hunter… - El teniente anunció, sintiéndose un poco extraño al no usar el protocolo militar. – Como usted lo dispuso, el servicio de transporte aéreo que contrató, el cual yo represento, vendrá a recogerlos el próximo jueves 25 de octubre, tal y como usted lo ha dispuesto.

- Se lo agradezco… - Las palabras de Rick quedaron en el aire, sin saber cómo referirse al piloto, fuera de su rango militar. – Señor… piloto de… helicóptero.

Lisa no pudo evitar el reír suavemente, mientras se aferraba al brazo de su esposo. ¡Era tan adorable! Aunque de inmediato pudo sentir que la sudadera de Rick estaba empapada en sudor… debían instalarse pronto y ponerse ropa más de acuerdo a aquel sitio, si no querían morir de deshidratación.

El piloto del helicóptero se alejó de ahí, después de que casi hizo un saludo militar que al final se convirtió en un casual movimiento de mano mientras sonreía torpemente y abordaba el helicóptero. La señora Tu'ul les indicó a Lisa y Rick que la siguieran a la palapa que albergaba las oficinas del resort. Se alejaron del improvisado helipuerto, justo a tiempo para evitar el aire que se levantó con el despegue.

- Bienvenidos a la Isla Itzamná, el Rocío del Cielo. – La señora les dijo. – Yo me llamo Ixchel Tu'ul y voy a ser su anfitriona durante las dos semanas que estarán aquí con nosotros.

La señora tomó una llave de un estante y les indicó que la siguieran a través de una puerta que daba a un hermoso jardín tropical. Lisa y Rick, de la mano, ni siquiera podían hablar, impactados, emocionados y fascinados por la belleza de todo lo que veían a su alrededor.

- Les asigné la casa de playa #3, la Casa Xaman'Ek. – Les informó mientras los conducía a través de un bosquecillo de palmeras. – Es mi favorita… romántica y muy confortable, perfecta para una luna de miel. Aquí e Itzamná mis huéspedes son familia. Quiero que se olviden de todo, porque es nuestro trabajo hacer que ustedes pasen los días más maravillosos de su vida… hay actividades de playa, hay áreas comunes en donde pueden convivir con otros huéspedes, pero si lo que desean es privacidad, les garantizo que su casa de playa es tan privada como ustedes la desean.

- ¡Es un lugar hermoso! – Lisa comentó.

- ¡Lo es, señora Hunter! – Ixchel sonrió. – Totalmente regenerado, después de los años de muerte y guerra que vivimos. Es una tierra noble… el clima es cálido y húmedo, espero que lo encuentren agradable.

- Vimos un pueblo en la orilla de la bahía. – Rick habló. - ¿Se puede ir a visitarlo?

- ¡Por supuesto! El pueblo es la Villa Riviera… - La señora los miró de soslayo y sonrió. – Cuando ocurrió la tragedia que destruyó la mayor parte de la tierra, había personas de muchas partes del mundo vacacionando en esta zona… gente que ya no pudo regresar a sus hogares, porque simplemente ya no tenían un hogar al cual volver. En la orilla de la bahía había un pequeño pueblo colonial, prácticamente deshabitado y olvidado. Esos sobrevivientes lo hicieron su hogar y lo convirtieron en ese pueblo hermoso y lleno de vida y alegría que ahora es. Hay personas de 20 países diferentes viviendo ahí y en estas fechas, por segundo año, se está celebrando el Festival Mosaico Cultural en el pueblo. Es una buena ocasión para visitarlo, sé que lo disfrutarán.

- ¿Y cómo llegamos allá? – Preguntó Lisa, interesada.

- Parte de las amenidades que se proporcionan a los huéspedes de la Isla Itzamná incluyen un bote de motor en el muelle privado de su casa de playa. Pueden ir y venir al pueblo las veces que quieran. Es un viaje de no más de media hora hasta allá. ¡Y vale la pena!

- ¡Claro que iremos! – Rick le sonrió a Lisa y le besó la frente.

- Su luna de miel debe de ser como su cielo privado. – La señora Tu'ul comentó, categóricamente. – Dejen que la magia de éste lugar los envuelva como si fuera un manto… éste es un lugar en donde ustedes no tienen que hacer nada ni preocuparse por nada… lo único que tienen que hacer aquí es dedicarse a disfrutar. A disfrutar el paisaje, el clima, su mutua compañía… y a asolearse un poco. – La señora sonrió levemente. - ¡Están muy pálidos!

- Sí, supongo que algo de sol nos caería bien. – Lisa se rió y se abrazó a la cintura de Rick.

- Vinieron aquí a celebrar su amor… así que bienvenidos a su Edén escondido, con su playa privada, su casa rodeada de palmeras de grandes hojas y los jardines cargados de jazmines, cuyo aroma sube hasta la recamara de su casa…

En ese momento los tres salieron del bosquecillo de palmeras que estaban cruzando y Lisa y Rick se quedaron paralizados cuando vieron el escenario que tenían ante ellos: una pequeña playa privada cubierta de fina arena blanca que brillaba magníficamente a la luz del sol del mediodía. Enmarcando aquel lugar paradisíaco, las enormes palmas de grandes hojas verde oscuro. Y en el centro, una hermosa casita de playa de dos plantas, pintada de azul y blanco, con un porche espacioso en donde había un desayunador y que bajaba por unos escalones de madera que llevaban directamente a un muelle que se adentraba en las aguas turquesas y en el cual estaba amarrado un bote de motor.

- El desayuno se sirve a las 9 de la mañana. – La señora Ixchel siguió hablando, sin prestar demasiada atención a la reacción de sus huéspedes, pero sin dejar de sonreír. – En la playa frente a nuestras instalaciones principales… pero pueden solicitar que el desayuno les sea servido aquí, en el desayunador afuera de su cabaña… el desayuno es una fiesta de frutas tropicales, cereales, pan recién salido del horno, té, café, jugo de frutas y otras delicias.

- Creo que… tomaremos el desayuno aquí mismo… - Rick balbuceó, mirando a su alrededor, incapaz de asimilar toda la belleza de aquel lugar.

- Bien… - La señora estaba tomando notas. – En ese caso, creo que todo está dicho… los dejaré para que revisen la casa de playa y se instalen. ¿Hay algo que necesiten?

- Bueno, quisiéramos algo de comer. – Lisa habló, pues desde hacía rato sentía hambre.

- Sí, en realidad yo también estoy hambriento.

- Mandaré que se les sirva la comida de inmediato… mientras tanto póngase cómodos y ambiéntense con éste lugar que será su hogar por los días que están por venir. Su luna de miel se extiende ante ustedes en estos momentos como una alfombra llena de magia y de sueños por cumplir… el tiempo que pasen aquí en la Isla Itzamná es tiempo sólo para ustedes… pueden ir a navegar alrededor de la bahía, dejar que su bote flote perezosamente bajo el sol mientras ustedes se relajan, pueden ir a practicar buceo, snorkel, pesca, salir a pasear a caballo o en cuatrimoto… ¡Lo que quieran hacer! Hay un mundo de posibilidades. O si lo prefieren, pueden pasar momentos privados contemplando el atardecer o relajándose en la playa… cuando el día termina, no hay nada como una caminata bajo las estrellas… este lugar, muchachos, es su cielo en la tierra.

Lisa y Rick sonreían soñadoramente a las palabras de Ixchel. Ella les devolvió la sonrisa y comenzó a alejarse por el mismo camino por el que habían llegado.

- ¡Disfruten su estancia! La comida se les servirá en media hora. ¡Y bienvenidos a la Isla Itzamná!

Cuando Ixchel desapareció en la espesura de la vegetación, Lisa y Rick se quedaron inmóviles por unos segundos, mirando a su alrededor, como si ninguno de los dos realmente creyera que estaban ahí… en un lugar tan paradisíaco como ese… ¡Y juntos!

- ¡Es hermoso! – Lisa susurró. - ¡Rick, éste lugar es…!

Rick miró a su esposa y le sonrió antes de inclinarse a besarla en los labios suavemente. Ella le devolvió la sonrisa.

- Antes de que digas o hagas nada más¿Qué te parece si vamos a cambiarnos de ropa¡Me estoy muriendo de calor!

- Yo también; y después del viaje tan pesado que tuvimos, creo que una ducha no nos caería nada mal.

- ¡Hmmm! – Rick sonrió entrecerrando los ojos. - ¡Que rico!

- ¡Vamos! – Lisa lo condujo hacia adentro de la casa. - ¡Dios, es un lugar bellísimo¡La casa es hermosa¡Mira el desayunador y las flores!

- ¡Allá hay una hamaca! – Rick señaló, saboreándose de antemano los momentos tan deliciosos que pasaría con Lisa en ese lugar.

Cuando entraron a la casa de playa, lo que vieron los sorprendió agradablemente. No era demasiado grande, pero tenía todo lo necesario: en el primer piso había una pequeña estancia con muebles de bambú y una cocineta con una barra. La estancia se abría por un lado a un jardín lleno de flores tropicales y por el frente hacia la playa y el muelle. Toda la planta baja estaba decorada con flores naturales y colores claros.

Las escaleras conducían al un segundo piso en donde solamente había dos dependencias: un hermoso baño con una ducha y un jacuzzi frente a un espacio abierto hacia la playa. Y en el lugar principal de la casa de playa, la hermosa y amplia habitación, con una cama grande y cómoda y una decoración sencilla pero encantadora, muy al estilo de aquel lugar.

La habitación abría las puertas de una terraza justo frente a la cama, para mostrar una vista panorámica de la playa y el mar frente a ellos. La terraza daba la vuelta, mostrando a la derecha del cuarto una vista de la línea costera y la Villa Riviera en la distancia y por la izquierda, el paisaje de la espesa vegetación que rodeaba a la casa. En la terraza habían dos sillas de mimbre alrededor de una mesa del mismo material, decorada con un florero con flores tropicales en color rojo, contrastando con las cortinas y las cubiertas de la cama, en color blanco.

- ¡Hermoso! – Lisa murmuró, yendo a mirar por la terraza hacia el mar. - ¡Me encanta éste lugar, Rick¡Es maravilloso!

Rick se había quedado atrás y había decidido no perder el tiempo, pues ya se había despojado de sus zapatos y sus calcetines y mientras iba hacia donde Lisa estaba, se quito su sudadera color gris y la arrojó sobre el respaldo de una silla cercana, quedando solamente en sus jeans.

Se acercó a Lisa por la espalda y la abrazó, pasándole las manos por la cintura y besándola suavemente en el cuello, lo que provocó que ella se estremeciera y se acurrucara contra él mientras le sonreía soñadoramente.

- ¿Qué le pasó a tu ropa? – Lisa preguntó inocentemente.

- Me la quité. – El piloto no dejaba de besarla. – Bueno… ya estamos aquí… al fin solos.

- ¿Cómo te sientes, amor? – Lisa se rió suavemente, cuando sintió cómo las manos traviesas de él se deslizaban debajo de su suéter y le acariciaban el abdomen.

- Hmmm… - Rick sonrió contra la piel de su cuello. – Tú sabes cómo me siento… estoy haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad para controlarme y no arrojarte ahora mismo a la cama y—

Lisa lo silenció, dando vuelta en sus brazos para mirarlo de frente y besarlo suavemente en los labios. Él cerró los ojos y de una manera imperativa, demandante, buscó profundizar aquel beso, obligando a Lisa a abrir sus labios mientras él la atacaba con su lengua. La almirante sonrió al sentir la urgencia de Rick, pero cedió a sus demandas. ¿Cómo evitarlo, cuando lo amaba tanto… y lo deseaba tanto?

Rick no dudó en deshacerse del suéter de Lisa, despegando sus labios de los de ella solo el segundo necesario para pasarle el suéter por encima de la cabeza, para luego atraparlos con mayor ansiedad y necesidad, mientras sentía cómo Lisa acariciaba su torso desnudo y cubierto de sudor.

- Rick… - Lisa susurró, apenas apartándose de él.

- ¿Qué pasa, bonita? – Él murmuró contra sus labios.

- Van a traer la comida en un rato, amor… deberíamos ducharnos y—ponernos ropa… cómoda.

La voz de Lisa se desvanecía en su garganta, como si en realidad no quisiera hacer lo que sabía que tenía que hacer. Además era difícil concentrarse ahora que los labios traviesos y sedientos de Rick la besaban en el cuello, bajando por su pecho hasta sus clavículas y sus hombros desnudos, para luego reclamar sus labios otra vez.

Sin que ella se percatara de lo que estaba haciendo, sus manos habían bajado por el estomago fuerte y plano del muchacho y con un movimiento preciso se habían deshecho de su cinturón. Ahora Lisa jugueteaba con el botón de su pantalón, provocando que la respiración del piloto se hiciera más profunda y desesperada.

- Lisa… - Rick gruñó. – No, mejor no…

Ella lo miró, pero él simplemente se limitó a esconder su rostro en el cuello de su esposa mientras intentaba recuperar su ritmo respiratorio. Lisa sonrió cuando sintió cómo el corazón de él latía aceleradamente y decidió que lo mejor era tratar de calmarlo un poco. Comenzó a acariciarle la espalda con amor y a besarlo suavemente en la mejilla mientras él respiraba profunda, casi dolorosamente.

- ¡Tranquilo, mi cielo! – Lisa susurraba en su oído. – Tomemos las cosas con calma, te prometo que todo va a ser muy especial, amor. Tenemos todo el tiempo del mundo.

- Sí, va a ser hermoso… - Rick murmuraba entrecortadamente. - ¡No puedo controlarme contigo, Lisa¡Te amo tanto¡Te deseo tanto que… no sé que voy a hacer conmigo!

- Te diré que haremos… - Lisa lo separó de sí y tomó su rostro entre sus manos para mirarlo a los ojos y besarlo en la frente con amor. – Vamos a darnos una ducha, nos vestimos con ropa cómoda, comemos algo… y después podemos descansar un poco. El vuelo fue agotador.

- ¡Lo fue! – Rick aceptó, sintiendo que se perdía irremediablemente en esos ojos verdes que, con la luz del sol tropical, se veían especialmente claros y brillantes. – Podemos tomar una siesta o algo.

- Y después, - Lisa sonrió y lo besó en la punta de la nariz. – Ya descansados y tranquilos podemos… dedicarnos a asuntos más importantes.

- ¡Es un plan perfecto! – Rick la besó suavemente en los labios. – No podía esperar menos de la estratega más grande que la RDF ha conocido. Lisa… ¿Te he dicho cuánto te amo?

- Dímelo… - Lisa comenzó a besarlo traviesamente en los labios. – Me gusta escucharlo…

- Te amo tanto… que a veces duele, Hayes. – Rick se separó de ella de golpe. - ¿O debería decir señora Hunter?

- Todavía no he sido tu señora, siendo técnicamente correctos, Hunter. – Lisa se separó de él y le guiñó el ojo seductora y traviesamente, mientras se dirigía al cuarto de baño.

- No vas a hacer las cosas fáciles. ¿No es así?

- ¿Y perderme toda la diversión? Sinceramente, Rick Hunter, pensé que tenías más espíritu de aventurero.

Una toalla salió volando del baño y Rick la atrapó en el aire, sonriendo divertido mientras escuchaba a Lisa proseguir con sus comentarios desde el baño.

- ¿Piensas venir o te vas a quedar en la terraza todo el día?

- Eso depende. – Rick sonrió. - ¿Es una orden directa?

- ¡Y muy directa, señor!

- ¡A sus órdenes, mi almirante!

El piloto prácticamente se teletransportó al baño, en donde ambos tomaron una ducha larga y refrescante, sin dejar de besarse ni de abrazarse mientras lo hacían. Después, ya limpios y frescos, se vistieron con ropas cómodas. Rick se puso unas bermudas color caqui y una camiseta azul claro, mientras Lisa se vistió con unos shorts color verde y una camiseta sin mangas blanca.

Mientras ella se recogía el cabello en una colita de caballo, Rick bajó a recibir la comida que había llegado. Diez minutos después los dos se encontraban cómodamente instalados en el porche de la casa, disfrutando de una opípara comida al aire libre, escuchando el suave rumor de las olas, las palmeras meciéndose al viento y las aves marinas.

El joven piloto de la RDF devoraba su comida como si fuera la última que fuera a tener en su vida. ¡Estaba hambriento! Lisa, ajena a eso, tomaba ocasionales bocados mientras contemplaba el paisaje y sonreía emocionada. Jamás en su vida había visto un lugar tan paradisíaco… ¡Era increíble pensar que aún existieran lugares así en la tierra!

Iba a comentar algo, pero se detuvo en seco cuando vio a Rick que, inclinado sobre su plato, se llevaba bocados de comida a la boca a una velocidad vertiginosa, tragándolos sin apenas masticarlos. Lisa parpadeó un par de veces y luego soltó una carcajada.

- ¡Rick¿Qué haces¡Te vas a ahogar! Y si sigues comiendo de esa manera te va a doler el estómago. No querrás arruinar nuestro primer día de vacaciones¿O sí?

- Luna de miel… - El piloto balbuceó con la boca llena. – No son vacaciones… es luna de miel.

- ¡Es de mala educación hablar con la boca llena! – Lisa lo regañó.

Rick se rió y se dio su tiempo para vaciar su vaso de limonada antes de mirar a Lisa con ojos llenos de amor y lanzarle una de esas sonrisas que siempre desarmaban a la almirante.

- Tenía hambre. – Rick le explicó.

- Sí, eso lo entiendo. Pero¿eso te motivó a devorar tu comida como si los lobos salvajes fueran a venir a quitártela?

Ahora fue el turno de Rick de soltar una carcajada, mientras imaginaba una escena en la que él, en cuatro patas, jalaba con los dientes un extremo de carne mientras que un lobo hacía lo mismo con el otro extremo. Sus ojos bajaron al plato de Lisa y sonrió tímidamente.

- ¿Vas a comerte todos tus camarones?

Lisa miró su plato y sonrió entre divertida y comprensiva, para luego encontrarse con los ojos engolosinados de Rick, que la miraban expectantes. Ella sacudió levemente la cabeza y con la mano hizo un ademán que significaba que Rick podía dar cuenta de ellos, lo que el piloto hizo de inmediato.

- ¡Pero despacio! – Lisa le advirtió, mientras comía con toda la elegancia del mundo su filete de pescado a las hierbas de olor. - ¡No quiero que te vaya a dar una congestión o algo por el estilo!

- ¡La comida es excelente! – Rick se pasaba la lengua por los labios. – El postre se ve delicioso…

En el carrito de servicio junto a ellos había una piña cortada longitudinalmente a la cual le habían extraído la pulpa para rellenarla de nieve de piña con coco y decorarla con una enorme flor roja.

- ¡Éste lugar es el paraíso, Rick! – Lisa suspiró, mientras su mirada volvía a perderse en el horizonte. – Hacía mucho que no veía el mar.

- Es hermoso. – Rick concedió, dándose un momento para contemplar los alrededores. – Creo que debemos agradecerles a nuestros planeadores de boda por todo esto.

Lisa clavó sus ojos verdes en los de Rick y él se sorprendió un poco ante esa mirada tan intensa y profunda que ella le estaba lanzando, aunque la pequeña sonrisa que lentamente comenzaba a formarse en los labios de ella hizo que, sin siquiera percatarse de ello, Rick también sonriera.

- ¿No es increíble? Todo esto… es decir, éste lugar, la boda de ayer, tú y yo… Rick, amor… es como un sueño.

Él se acercó para besarla suavemente en la mejilla y susurrarle al oído que aunque pareciera un sueño, era la realidad más hermosa que podrían alguna vez experimentar en sus vidas.

Durante media hora estuvieron hablando de mil cosas diferentes, todas relacionadas a la ceremonia y la cena del día anterior. Los recuerdos estaban tan borrosos en su mente, que realmente parecía como si todo hubiera sido nada más que un sueño… ni siquiera recordaban detalles de lo ocurrido. Al parecer el día anterior se había registrado en sus mentes como si fueran imágenes de un sueño en donde sólo habían existido ellos dos.

Dieron cuenta del helado que les habían servido de postre, comiendo los dos directamente de la piña, sin servirse y más bien alimentándose uno al otro, mientras compartían algún beso travieso y prometedor, una sonrisa fugaz, una mirada seductora o un comentario interesante.

Sin embargo el cansancio del viaje, combinado con el desgaste físico del día anterior y el hecho de que habían dormido apenas unas pocas horas durante la noche, se conjugaron para hacer que ambos se sintieran bastante adormilados después de comer. Ni siquiera tuvieron que pensar mucho o discutir el asunto. Como movidos por una fuerza invisible los dos dejaron la mesa y le dieron vuelta a la cabaña para llegar al bosquecillo de palmeras, en donde había una hamaca grande y cómoda esperando por ellos.

Los dos se recostaron en ella, actuando traviesos y juguetones. Pero estaban agotados y decidieron que una siesta no les caería nada mal en esos momentos. Sin que mediara palabra de por medio, Rick se quitó la camiseta azul que traía y se recostó, haciendo que Lisa recargara su cabeza en su hombro.

- ¡Eres un exhibicionista! – Ella le reclamó, con una sonrisa y no opuso resistencia cuando él la abrazó.

- ¿Te estás quejando? Porque vas a ver mucho de esto en los días que estemos aquí, preciosa. - Él la besó en la frente larga y ardorosamente.

- Bueno… creo que podré vivir con ello. - Lisa sonrió y reciprocó, besándolo en el pecho.

Después poco a poco los dos comenzaron a caer en un sueño profundo y relajado, mientras el suave rumor del mar los arrullaba y la brisa marina acariciaba sus rostros.

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Lisa entreabrió los ojos y parpadeó varias veces, tratando de acostumbrar sus ojos a la oscuridad que ya caía sobre la Isla Itzamná. Levantó la mirada y sonrió adormilada al darse cuenta de que aún estaba acurrucada al lado de Rick, quien dormía profundamente, con su boca levemente entreabierta y las comisuras de sus labios levemente curvados en una pequeña sonrisa, mientras su pecho subía y bajaba rítmicamente al ritmo de su respiración. Lisa se concentró en escuchar el sonido fuerte y acompasado del corazón del muchacho mientras dejaba que sus ojos recorrieran el paisaje nocturno frente a ella.

Apenas había oscurecido, pues sobre el horizonte aún podían verse algunos manchones rojizos del sol poniente. Media docena de lámparas se habían encendido a lo largo del muelle. Más allá, entre la espesura de la selva, Lisa podía ver las luces de las instalaciones principales del hotel y a través de la bahía, en el otro extremo de la misma, las luces de la Villa Riviera. El sonido suave y musical de las olas rompiendo contra la playa, los grillos entre los arbustos y el rumor del viento entre las palmeras, unido a los aromas de las flores tropicales que llegaban desde el jardín completaban aquel paisaje idílico, inundando todos los sentidos de Lisa.

- Esto… es el paraíso. – Susurró contra la piel de Rick y le besó suavemente debajo de la barbilla.

Aún en sueños el piloto reaccionó a aquella caricia suave y cargada de amor, murmurando algunas palabras incomprensibles y sonriendo angelicalmente. Lisa lo observó embelesada por algunos momentos, sin poder contener el impulso que sintió de acariciar su cabello y dejar que esa caricia bajara por su rostro.

Rick entreabrió sus ojos mientras Lisa contemplaba su despertar con ojos llenos de ternura y adoración. El piloto se talló los ojos y luego sonrió adormiladamente mientras, con mano torpe, acariciaba el cabello color miel de su esposa.

- Ya se hizo de noche. – La voz del muchacho sonó ronca y modorra, provocando que Lisa sonriera. - ¿Hace mucho que estás despierta?

Lisa negó con la cabeza y recorrió las facciones de Rick con la punta de su dedo, provocando un estremecimiento que sacudió ligeramente todo el cuerpo del piloto.

- Me gusta verte dormir. – Lisa habló en un susurro. – Podría pasar toda la noche despierta, contemplando tu sonrisa mientras duermes.

- Hmmm… - Rick se estiró perezosamente. – Si vas a estar despierta toda la noche, no me veas dormir, mejor despiértame. Creo que sería más divertido para ambos… ¿No te parece?

Lisa se rió, con esa risa pura y cristalina que siempre provocaba que el corazón de Rick saltara en su pecho. Ella se inclinó para besarlo levemente en los labios para después separarse un poco y mirarlo a los ojos mientras le tocaba la punta de la nariz en un gesto juguetón.

- ¡Eres una rata!

- Creo que eres la única persona del mundo que puedes lograr que incluso un insulto como ese suene cariñoso. – Rick le sonrió y tomó su mano para plantarle un beso tibio y prometedor en la palma. - ¿Qué hora es¿Crees que hayamos dormido mucho?

- Unas cuatro horas. – Lisa miró al cielo. – No deben de ser más de las 1930 horas…

- ¡Ah! – Rick se sentó en la hamaca. – Olvidaba que estoy casado con una chica que recibió entrenamiento a bordo de un portaviones y que sabe qué hora es por la posición de las estrellas.

- Estoy algo fuera de práctica. – Lisa seguía contemplando el firmamento. – Pero yo creo que—

Ya no pudo continuar, pues el piloto ya había atrapado sus labios y comenzó a besarla larga y lánguidamente. Ella no protestó. Cerró sus ojos y se entregó a ese beso que provocaba en su cuerpo tanta emoción, tanta ternura, tanto placer.

- ¡Hey! – Rick anunció alegremente, separándose de ella. - ¿Te gustaría ir a dar una caminata por la playa¡Es una noche hermosa!

Lisa entreabrió los ojos, aún perdida en las sensaciones que el beso de Rick había provocado en ella. Suspiró profundamente y apenas pudo asentir con la cabeza, mientras en algún lugar aún funcional de su mente, pensaba que él se las pagaría por haber interrumpido aquel beso de manera tan intempestiva… ya tendría ocasión de vengarse por ello… esa misma noche.

El piloto se puso de pie y le ofreció su mano a su esposa. Cuando ella también estuvo de pie, Rick la abrazó alrededor de la cintura y recargó su frente en la de ella, mirándola profunda e intensamente a los ojos mientras le sonreía con amor.

- Lisa, te prometo que será inolvidable… estos días que pasaremos aquí serán inolvidables. ¡Quiero que nos la pasemos muy bien los dos juntos! Quiero verte feliz, preciosa. – La besó en la punta de la nariz. – Porque te lo mereces y pienso hacer todo lo que esté de mi parte para hacerte la mujer más feliz del universo… ahora y siempre.

- Rick… - Ella sonrió enternecida. - ¡Te amo, piloto! Y yo también te prometo que serán unos días que jamás olvidaremos. Yo también quiero verte feliz, mi cielo… tú también te mereces toda la felicidad del mundo.

- Tú eres mi felicidad, Lisa Hayes… Hunter. – Rick se rió suavemente. - ¡Dios! Me va a tomar un tiempo acostumbrarme a eso.

Lisa se rió suavemente y los dos compartieron un beso suave y lleno de cariño y ternura antes de comenzar con su paseo nocturno a lo largo de su playa privada, mano con mano, y sin dejar de admirar el paisaje, el mar, las luces del pueblo al otro lado de la bahía, el cielo tachonado de estrellas… y disfrutar de la mutua compañía.

Aquello, definitivamente, era el paraíso.

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Una hora más tarde Lisa y Rick, de la mano, regresaron a su casa de playa. Se sorprendieron un poco al ver que el lugar parecía estar levemente iluminado… porque ellos ni siquiera se habían molestado en prender las luces cuando se habían ido. Entraron a la casa y encontraron sobre la mesita de la sala de estar, un enorme y hermoso arreglo de flores tropicales con una nota en la que la administración del Hotel Isla Itzamná les deseaba una feliz luna de miel. En la misma nota les explicaban que parte de los servicios del hotel era preparar todo para hacer que ellos solamente se dedicaran a disfrutar.

- ¡Que maravilla! – Lisa sonrió cuando leyó la nota. – Amor, creo que elegimos el lugar perfecto para pasar nuestra luna de miel.

- Pienso lo mismo. – Rick se entretenía en olfatear las flores, aunque terminó por estornudar. - ¿Crees que será demasiado doloroso revisar nuestros estados de cuenta bancarios cuando regresemos a Ciudad Macross?

Lisa se rió, divertida en parte por la cara de Rick, que la miraba con la nariz arrugada y haciendo muecas para prevenir un segundo estornudo y en parte por el comentario en sí. Se acercó a su piloto y lo abrazó alrededor de la cintura con un brazo, mientras su otra mano trazaba figuras imaginarias sobre el pecho de su camiseta azul.

- No lo sé. – Replicó suave y seductoramente. – Pero para mí el estar aquí contigo simplemente no tiene precio, mi vida.

Rick sonrió e iba a responder, pero Lisa ya lo había tomado de la mano y lo estaba arrastrando al segundo piso de la casa de playa, ansiosa por explorar lo que habían preparado allá en su habitación… y lo que vieron no los decepcionó.

La habitación estaba provocativamente iluminada por velas colocadas en lugares estratégicos. El aroma de los jazmines subía desde el jardín y combinado con la brisa marina daban a aquel sitio un aroma muy especial. La puerta que conducía de la recamara a la terraza estaba abierta de par en par, y en la mesa de la terraza había una enorme canasta con toda clase de frutas, una botella de champaña en hielo, dos copas, una caja de chocolates finos y un recipiente de cristal con fresas.

Los ojos del piloto brillaron golosamente cuando vio todos aquellos manjares en aquel sitio, pero su mirada enseguida se desvió hacia el baño, ya que Lisa había desaparecido en esa dirección y ahora lo estaba llamando emocionada. Y tenía razón para estarlo: el jacuzzi estaba preparado y el baño también estaba decorado con velas aromáticas, flores y la ventana estaba abierta, revelando un hermoso paisaje del cielo estrellado y el océano nocturno. ¡Aquel lugar parecía salido de un sueño!

- ¡Vaya! – Rick miraba a su alrededor, sin poder procesar del todo lo que estaba viendo. – Todo esto es… es…

- ¡Maravilloso! – Lisa miró a su piloto de soslayo y sonrió seductoramente mientras buscaba su mano con la de ella. – Rick…

- ¿Qué… qué pasa, amor?

Por alguna razón el piloto sentía la boca seca y las piernas algo débiles. Cuando miró a Lisa y pudo ver su mirada profunda, intensa y llena de pasión, que era acentuada por la suave iluminación de las velas, el corazón del piloto se aceleró inmediatamente en su pecho.

Lisa no contestó. Se acercó a él y lo abrazo estrechamente, escondiendo su rostro en su cuello. Rick sonrió y cerró sus brazos en torno al cuerpo de su esposa, acariciando suavemente su cabello y su espalda. Se estremeció cuando sintió cómo Lisa metía sus manos debajo de su camiseta para acariciar su espalda desnuda. Ese estremecimiento se convirtió en un temblor suave cuando sintió cómo ella comenzó a recorrer su columna con sus dedos.

Antes de que su mente racional pudiera siquiera comprender lo que estaba sucediendo, sintió cómo los labios de Lisa se posaron suavemente en su cuello y él no pudo evitar el suspiro de placer que salió de lo más profundo de su pecho. Habían pasado dos semanas… dos largas y angustiantes semanas de dolorosa separación física. Ese era el momento que ambos habían estado esperando durante mucho tiempo.

Y de pronto Rick sintió que su autocontrol no daría para mucho… ¡Deseaba a Lisa! La deseaba como jamás la había deseado antes en su vida… y era algo que ya no podía controlar.

Pero el piloto no podía reaccionar. No cuando ella lo estaba besando desde la base del cuello hasta el lóbulo de la oreja, acariciando su piel sensibilizada con sus labios, probándola ocasionalmente con la punta de la lengua, succionando levemente o mordisqueándolo traviesamente mientras subía y bajaba con toda la calma del mundo, sin que sus manos dejaran de acariciarle la espalda de una manera tal que Rick sinceramente pensó que sus piernas cederían bajo el peso de su cuerpo en cualquier momento.

- Lisa… - Apenas pudo murmurar entre jadeos. - ¡Por favor…!

Ella tomó aquello como invitación para, lenta y seductoramente, levantar los extremos de la camiseta de Rick. Su mirada se clavó en la del piloto y él supo que aquella noche la almirante Hayes haría gala de sus mejores técnicas de guerra… podía verlo en su mirada. Lisa no lo dejaría escapar con vida esa noche… ¡Y eso le fascinaba!

Como si estuviera leyendo sus pensamientos, ella le sonrió traviesa y provocativamente cuando se deshizo de su camiseta. Lo miró a los ojos y se acercó demasiado a él para susurrar con voz apenas audible:

- Espero que sepa que esta noche no pienso darle tregua… General Hunter.

Los ojos de Rick se abrieron desorbitadamente, pero enseguida una sonrisa pícara y traviesa comenzó a formarse en sus labios.

- No esperaba menos de usted, almirante Hayes.

- Es almirante Hayes-Hunter, señor. – Lisa rectificó, mientras comenzaba a besarlo suavemente en el pecho. – Espero que no lo olvide.

Rick echó su cabeza levemente para atrás, cerró sus ojos y entreabrió sus labios cuando Lisa atrapó su lóbulo izquierdo entre sus labios, para luego comenzar a bajar lentamente, plantando besos suaves y húmedos a lo largo de su cuello hasta llegar a su clavícula y su pecho, para luego subir de la misma manera hasta su lóbulo derecho.

- Me parece que deberíamos aprovechar el jacuzzi, mi vida. – Lisa murmuró en el oído del piloto.

Él no perdió tiempo, de inmediato comenzó a despojarse de su bermuda y antes de que Lisa hubiera siquiera dado un paso atrás, él ya estaba entrando a la enorme tina con agua caliente.

- ¡Deliciosa! – Fue su veredicto, acompañado de un gemido de placer. - ¡Eres lenta, Hayes!

Lisa sonrió y le guiñó el ojo mientras salía del cuarto de baño, seguida por las protestas del piloto.

- ¡Hey, pequeña traviesa¿A dónde vas¡No me vas a dejar así, Lisa Hayes! Si no regresas en 10 segundos te juro que—

- ¡Dame dos minutos, amor! – Lisa le respondió desde la habitación. – Sólo quiero sacar mi ropa.

- ¿Cuál ropa? - Rick protestó. - ¡Prohibido usar ropa esta noche! Lisa, tú siempre encuentras una nueva manera de ser mala conmigo. ¡Si no estuviera tan completa y absolutamente enamorado de ti, sería muy fácil odiarte, ya te lo he dicho!

- ¡Tranquilo amor! No esperarás que ande por toda la terraza comiendo fruta y brindando contigo desnuda. ¿O sí?

- ¿Qué tiene de malo?

- ¡Eres un exhibicionista! – Lisa se rió. – Pero te prometo que no te voy a defraudar.

- ¿A qué te refieres?

Se hizo un prolongado silencio tras el cual Lisa volvió al baño, solamente en una bata de baño inmaculadamente blanca. La colocó sobre una superficie cercana, quitándosela de encima con movimientos lentos y premeditados. El piloto no podía quitarle la vista de encima y cuando vio aparecer el cuerpo desnudo de su mujer, sintió que estaba cerca de sufrir un infarto. Pasó saliva casi dolorosamente mientras ella, lenta y seductoramente, caminaba hacia el jacuzzi y entraba en él.

- ¡Hmmm! – Lisa gimió placenteramente. – Tienes razón… está deliciosa el agua.

- ¡Santo cielo! – Rick se pasó la mano por el rostro. - ¡Lisa Hayes¡No tienes idea de lo que estás provocando con todo esto!

- Créeme, amor… - Lisa se acercó a él y lo miró a los ojos. – Creo que tengo una idea bastante precisa de lo que estoy provocando… ¿Voy bien?

Los ojos de Rick resplandecieron con una mezcla de sorpresa, amor, diversión, travesura y mil sentimientos más que sólo Lisa podía provocar simultáneamente en él. Soltó una risita y se acercó a ella, mirándola directamente a los ojos.

- Creo que te hizo daño pasar tanto tiempo con cierta Meltran alocada… pero probablemente no haya sido tan malo¿sabes?

- Habrá que ver… ¿cierto?

El piloto no respondió, sino que se dejó ir sobre ella, buscando desesperadamente sus labios. Ella lo recibió ansiosamente, echándole los brazos al cuello y entreabriendo sus labios para darle al piloto acceso total a su boca. El beso que siguió hubiera sido suficiente para llevar el agua del jacuzzi a punto de ebullición, si es que ésta no hubiera estado de por sí ya bastante caliente.

La conjunción del delicioso roce de la piel húmeda del otro, el aroma de los aceites de baño, las velas aromáticas y las fragancias nocturnas que entraban por la ventana abierta, mezclados con el aroma tan característico del otro, comenzaron a obrar su magia, provocando que el nivel de excitación de ambos jóvenes aumentara a una velocidad vertiginosa, llevándolos a un estado tal que el más mínimo roce de sus cuerpos era suficiente para provocarles sensaciones tan intensas que los hacían sentir vértigo.

La combinación del agua caliente masajeando sus cuerpos, la magia de la noche y el simple hecho de que estaban juntos creaba un ambiente lleno de amor y de erotismo que los hacía seriamente cuestionarse su lucidez… aquello parecía un sueño.

Los labios del piloto se separaron de los de Lisa para bajar suavemente y posarse en su cuello. Mientras la besaba ahí, justo en una de sus "zonas mágicas", sus manos recorrían todo su cuerpo de arriba a abajo, explorando, reconociendo, acariciando.

Lisa apenas podía respirar. Aquello era demasiado para ella… mientras Rick la besaba de la manera en cómo lo estaba haciendo, sus manos parecieron adquirir vida propia. Siguiendo el ejemplo de él, comenzó a recorrer todo su cuerpo, lentamente, dándose su tiempo, deteniéndose en lugares claves del cuerpo de su piloto, donde ella sabía que a él le gustaba que ella lo acariciara.

Aquello provocaba que Rick gruñera y gimiera contra su cuello, haciendo aquella experiencia aún más intensa y deliciosa.

- Lisa… - El piloto finalmente murmuró con voz ronca y entrecortada. – No… no creo que pueda resistir mucho esta noche… siento que no puedo más…

- No te preocupes, amor. – Lisa buscó sus labios con los de ella. - ¡Tenemos toda la noche por delante!

Rick la miró a los ojos y como toda respuesta se lanzó sobre ella, devorando sus labios y abrazándola estrechamente contra sí, tratando de borrar cualquier espacio que hubiera entre ellos. El masaje del jacuzzi, aquellos sentimientos tan intensos, los sonidos de la noche, todo se combinaba en la mente del piloto y lo estaba llevando al límite… sin embargo súbitamente un pensamiento entró en su cabeza, haciendo que él recuperara algo de la cordura que parecía haber perdido.

- ¡Voy a hacer el amor con Lisa… con mi esposa! – Pensó. - ¡Mi esposa!

Lisa sintió cómo los besos urgentes de Rick y esa pasión desbocada que le había mostrado hasta hacía unos segundos, poco a poco comenzaron a ser sustituidos por el roce suave de sus manos sobre su cuerpo y un beso que si bien era profundo, estaba cargado de amor y de ternura… una ternura infinita que hizo que ella sintiera mariposas en el estómago.

- Lisa… - Susurró Rick apenas separándose de ella. - ¡Te amo, preciosa! Eres mi vida… ¡Eres mi todo¡Te amo!

- Y yo te amo a ti, mi cielo. Tú también eres mi todo. – Lisa lo miró a los ojos y le retiró unos mechones de cabello mojado de la frente.

- Quiero que sea especial, amor… inolvidable… como nuestra primera vez. Quiero llevarte al cielo… quiero que tú también me lleves ahí… Lisa, te amo… ¡Te amo!

El piloto volvió a atrapar los labios de ella en los suyos, pero aquel beso era suave, tierno, cargado de promesas y de sentimientos. Lisa puso su mano en la mejilla de su piloto y lo acarició con ternura. ¡Amaba tanto a aquel hombre que a veces simplemente no sabía qué hacer con tanto amor!

- ¡Te voy a dar una noche que no olvidarás! – Los dos pensaron al mismo tiempo, mientras se besaban.

Pasaron un buen rato en el jacuzzi, besándose, acariciándose, contemplándose mutuamente. Rick masajeó suavemente la espalda de Lisa y ella correspondió, haciendo lo mismo con la de él cuando fue su turno. Aquellos masajes no estuvieron exentos de besos traviesos, caricias provocativas y sonrisas llenas de promesas y de amor.

Finalmente ambos decidieron que era hora de salir del jacuzzi y proseguir con su celebración de amor en su habitación. El piloto ayudó a su esposa a salir y ambos se dieron unos segundos para besarse mientras ambos se secaban mutuamente con las suaves toallas mullidas que estaban preparadas cerca de la tina.

Enseguida Rick se puso la toalla alrededor de la cintura y salió del baño, mientras le informaba a Lisa que iba a ponerse un boxer. Ella, por su parte, decidió usar ese tiempo para vestirse con la ropa interior que Miriya le había insistido que debía comprar para la ocasión: un hermoso conjunto de encaje blanco, femenino, elegante y provocativo a la vez.

Lisa se miró al espejo, aprobando su apariencia. Incluso la siempre modesta almirante Hayes tenía que admitir que tantos años de servicio en el ejército le habían dado un cuerpo atlético, sano y bien formado. Se puso su bata de seda encima y se arregló el cabello antes de ir a donde Rick ya la esperaba en la terraza.

Cuando llegó a ese lugar, sonrió al sentir el suave roce de la brisa marina en su rostro. Su piloto estaba recargado en la baranda de madera, observando las luces del pueblo, mientras la brisa se encargaba de secarle el cabello. Lisa sonrió al percatarse de lo absolutamente perfecto y seductor que él se veía, vistiendo solamente unos boxers de una tela azul que ella reconoció enseguida: era el tartán de la familia Hunter.

- ¡Lisa! – Rick susurró y una sonrisa apareció en sus labios cuando sintió los brazos de ella cerrarse en torno a su torso. - ¿Qué haces, traviesa?

- ¡Has estado haciendo ejercicio, Hunter!

- ¿Se nota? – El piloto sonrió aún más radiantemente. – Tú sabes que siempre hago ejercicio… pero en estas últimas dos semanas, bueno… ¡Tenía que mantenerme ocupado de alguna manera o corría el riesgo de enloquecer! Además quería verme bien para ti, preciosa.

Rick dio media vuelta, para mirar a Lisa de frente. Ella lo abrazó alrededor de la cintura y él recargó su frente en la de ella, sonriéndole con amor.

- ¡Jamás te habías visto mejor, piloto! – Lisa lo besó en la punta de la nariz. - ¿Y esos boxers?

- ¿Te gustan? – Rick se separó un poco de ella para que ambos los pudieran ver. – Me los regaló Max… se que es un regalo algo fuera de lo común pero… son mejores que los que Miriya me regaló, en todo caso.

- ¿Miriya te regaló unos boxers? – Lisa levantó una ceja.

- Sí. – Rick asintió con la cabeza. – Son negros, de tela elástica y dicen "Propiedad Privada de Lisa Hayes-Hunter".

Lisa no pudo evitar soltar una carcajada fuerte y espontánea que hizo que Rick se sonrojara un poco, pero terminara riendo también.

- ¿Sabes? Me gustaría verte esos boxers puestos uno de estos días.

- ¡Lisa! – Rick gruñó con falsa indignación. – Pero… - Suspiró resignado y se encogió de hombros. – Donde manda capitán, no gobierna marinero.

Los ojos de ambos se encontraron y sonrieron enternecidos. Él levantó su mano para acariciar el rostro de Lisa y ella sostuvo su mano contra su mejilla por unos momentos.

- La vida a tu lado siempre será maravillosa, amor. – Lisa susurró.

- Te prometo que te voy a hacer la mujer más feliz del mundo, hermosa. Esa es mi misión en la vida. Quiero que dentro de muchos años, cuando ambos seamos ancianos, tú recuerdes estos días y pienses en todo lo que habremos vivido juntos durante todo ese tiempo y pienses que valió la pena arriesgarte a casarte conmigo.

- ¡Rick! – Lisa replicó conmovida, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas. - ¡Claro que valdrá la pena! Amor, TÚ vales la pena. Eres el hombre más increíble que he conocido en mi vida y yo… yo te amo, Rick. ¡Te adoro!

- Por eso mismo, amor. – Rick le besó las manos. – Quiero que seas feliz. Lisa, tú me aceptaste con todos mis errores, con mis miserias, con mis debilidades, con todo lo malo que tenía… tú me has hecho un mejor ser humano. Lisa, a partir de ahora yo sólo vivo por ti y para ti, mi vida. ¡Nada más me importa!

Lisa no sabía cómo responder a eso. Las palabras del piloto habían estado tan cargadas de sentimiento, de pasión y de verdad absoluta que cualquier cosa que ella hubiera podido haberle dicho hubiera sido insuficiente. En lugar de eso se acercó a él y lo besó en los labios de una manera como jamás lo había besado antes… de una manera tan llena de amor, de devoción y de ternura que Rick sintió que miles de fuegos artificiales estallaban dentro de él con aquel beso.

Cuando se separaron, él la miró a los ojos por unos segundos, con una expresión de absoluta adoración y arrobamiento en su rostro. Lisa, tomaba aire, tratando de recuperar su ritmo cardiaco normal después de aquel beso, le acarició el rostro y le sonrió, al tiempo que lo tomaba de la mano y lo conducía a una banca de madera doble que estaba en un extremo de la terraza, cubierta con enormes cojines blancos. Junto a esa banca estaba la mesita con los chocolates y las fresas, y la pequeña tina con hielos donde estaba la champaña.

En cuanto se sentaron ahí, Rick se recostó y apoyó su cabeza en el regazo de Lisa, observándola con adoración. Ella alargó la mano para tomar una fresa de la fuente y la mordió lenta y provocativamente, saboreándola. Él siguió sus movimientos con la mirada, hechizado ante la belleza de Lisa, de su esposa, ante su perfección y asombrado de la manera en como ella parecía ponerlo en trance tan solo con su mirada.

El piloto abrió su boca cuando ella le ofreció la otra mitad de la fruta a él y cuando ella se la puso en los labios, el la tomó y de paso se dio el gusto de lamer levemente la punta de los dedos de Lisa. Ella se inclinó levemente sobre él y le plantó un beso suave y fugaz en los labios… un beso dulce que sabía a fresas.

Durante varios minutos ambos estuvieron comiendo fresas y chocolates, engolosinados con aquellas delicias y totalmente absortos el uno en el otro, mientras las palabras dulces y tiernas no dejaban de fluir entre ellos, acompañadas de sonrisas cautivadoras, de caricias fugitivas o de ocasionales besos.

Cuando finalmente Rick reunió la fuerza de voluntad necesaria para sentarse y mirar a Lisa de frente, ella colocó un último chocolate en su boca, sosteniéndolo con los dientes. Rick se acercó para tomarlo servido directamente de los labios de ella y Lisa, entre juguetona y traviesamente lo empujó con la lengua dentro de la boca de él para luego besarlo larga y ardorosamente. Fue un beso que él respondió con igual entusiasmo y sin poder evitar que una momentánea sonrisa curvara levemente la comisura de sus labios. Rick no recordaba un tiempo en el que él se hubiera sentido tan absolutamente relajado y feliz.

- Propongo un brindis. – El piloto se puso de pie, yendo a abrir la botella de champaña. - ¿Qué te parece?

Lisa sonrió y lo miró mientras él abría la botella y servía las dos copas a la mitad, pues él bien sabía que, después de algunos incidentes ocurridos el año anterior, Lisa no era particularmente amante de consumir alcohol, mientras que en su caso, su tolerancia al mismo era mínima. Así que aquel brindis era casi algo simbólico… eso sin mencionar que estaba ansioso por pasar a cosas… más interesantes.

Ella tomó la copa que él le ofrecía y después, mirándose a los ojos, chocaron sus copas y sonrieron soñadoramente.

- ¡Por la eternidad al lado de la mujer a la que amo… quien me complementa en todo aspecto y me hace el hombre más feliz del universo! Por ti, Lisa Hayes-Hunter. ¡Salud!

- ¡Salud! – Lisa contestó con una enorme sonrisa en los labios y los ojos brillándole con lágrimas de felicidad.

Los dos le dieron un trago a su bebida y enseguida fue el turno de Lisa de levantar levemente su copa y hacer su brindis.

- Por nuestra felicidad… por una vida larga y llena de alegrías, sorpresas y bendiciones… los dos juntos. Pero por sobre todo por ti, Rick Hunter… tú que eres la razón que me mantiene respirando y a mi corazón latiendo. ¡Salud!

- ¡Salud! – Rick respondió, chocando su copa con la de ella.

Después de vaciar el contenido, los dos pusieron sus copas vacías sobre la mesa y por unos segundos ambos se miraron a los ojos. Finalmente Rick extendió sus manos para que Lisa las tomara y cuando ella lo hizo, él la atrajo hacia su cuerpo y la abrazó tierna y protectoramente contra su pecho, plantándole un beso tibio en la frente antes de tomar su mano y besarla ardorosamente.

Lisa sonrió cuando notó como Rick parecía estar hipnotizado por el anillo que ella portaba en su dedo anular. Lo observaba fascinado, mientras su mano masajeaba la de ella y ocasionalmente se la llevaba a los labios para besarla. Después de unos momentos Rick le enseñó su propio anillo a Lisa, quien en silencio le sonrió y le beso la mano. Los dos colocaron sus manos, las que portaban sus anillos, juntas palma con palma. El piloto sonreía enternecido al comprobar la diferencia de tamaño de sus manos y lo frágil y delicada que la mano de ella se veía contra la suya, fuerte y un tanto áspera, endurecida por el trabajo.

Sus ojos se encontraron y los dos se sonrieron con amor mientras él se llevaba la mano de ella al pecho y la besaba en la mejilla. Los dos comenzaron a moverse, como si estuvieran bailando lentamente al ritmo del sonido del mar al romper contra la playa. Era una noche mágica como ninguna.

El piloto sintió que el corazón le iba a estallar en el pecho cuando Lisa comenzó a cantar suavemente una canción en su oído. Una hermosa canción que caló hondo en el corazón de Rick e hizo que sus ya de por si exaltados sentidos, llegaran al límite.

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"El amor, el amor lo cambia todo: las manos y los rostros; la tierra y el cielo. El amor, el amor lo cambia todo, la manera en la que vives y la manera en la que mueres. El amor puede hacer que el verano vuele o que una noche parezca una vida entera. Sí, el amor lo cambia todo, ahora se estremezco tan sólo con escuchar tu nombre. Nada en el mundo volverá jamás a ser lo mismo.

El amor, el amor lo cambia todo: los días son más largos, las palabras tienen más significado. El amor, el amor lo cambia todo; hace que el dolor se sienta más profundamente que antes. El amor pondrá tu mundo de cabeza, pero ese mundo existirá por siempre. Sí, el amor, el amor lo cambia todo, te puede llenar de gloria o te puede llenar de vergüenza… nada en el mundo volverá a ser jamás lo mismo.

Iremos juntos a enfrentar el mundo, planeando nuestro futuro, dándole forma a nuestros años por venir. El amor surge de improviso y súbitamente toda nuestra sabiduría desaparece. El amor hace que cualquier persona cometa tonterías. Hace que rompamos todas las reglas que nos habíamos impuesto. Sí, el amor lo cambia todo: vive o muere en su fuego. El amor jamás dejará que vuelvas a ser el mismo… el amor jamás te dejará que vuelvas a ser el mismo de antes. "

("Love Changes Everything" – Andrew Lloyd Webber)

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Rick no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a correr por sus mejillas cuando escuchó a Lisa cantándole esa canción tan llena de sentimiento a él y solamente a él. Siempre había sabido que ella tenía una voz hermosa, pero escucharla de esa manera, esa noche… cantando esa canción. Eso era demasiado para el corazón ya de por sí enternecido del piloto.

Abrazó a Lisa con todas sus fuerzas y buscó sus labios desesperadamente. Ella comprendió que aquella era la manera de él de expresarle cuánto le había gustado esa canción. La almirante regresó el beso con gran sentimiento y tanto amor, que ambos sintieron que el aire les faltaba.

Sin dejar de besarse, ambos comenzaron a dirigirse hacia la cama, en donde finalmente se dejaron caer si mayor ceremonia, sin dejar de besarse ni de acariciarse. Lisa sintió que la mano del piloto se deslizaba peligrosamente dentro de su bata de seda y ella lo detuvo.

- Rick… - Lo miró a los ojos y puso su mano sobre la de él. – Un momento… permíteme.

Sin saber qué esperar de ella, y sin poder controlar su respiración agitada, él se recostó sobre las almohadas de la cama, sin dejar de observar a Lisa quien, con movimientos lentos, se estaba deshaciendo el nudo de su bata… para luego dejarla caer lenta y seductoramente. La suave seda resbaló por el cuerpo de ella de una manera sugestiva que hizo que Rick se quedara sin respiración por un momento… situación que empeoró cuando sus ojos recorrieron el cuerpo perfecto de su esposa… elegantemente ataviado con su ropa interior de encaje.

- ¡Lisa! – La voz de Rick fue más un gruñido que una palabra.

Enseguida ella se acercó a él, gateando sobre su cuerpo lentamente, sin dejar de mirarlo a los ojos. El piloto dejó escapar un suspiro de placer y se hundió en su lecho de almohadas mientras sentía cómo ella descansaba el peso de su cuerpo sobre él y comenzaba a frotarse lenta, sensual, casi juguetonamente contra todo su cuerpo. ¡Aquello era demasiado! Rick gimió profundamente y cerró los ojos.

Las sensaciones se volvieron más fuertes e intensas cuando ella comenzó a besar el cuello del piloto de una manera tal que provocó que él comenzara a ronronear como un gatito. Sus besos bajaron al pecho de Rick, mientras sus manos no dejaban de acariciarlo, de explorarlo ni de tocarlo en cada parte de su cuerpo que ella sabía que a él le gustaba. El cuerpo de él se arqueó y un suspiro escapó de lo más profundo de su pecho cuando sintió como Lisa comenzó a bajar a través de su pecho y su estómago, mientras su lengua iba dejando un caminito húmedo por todo su torso.

- ¡Lisa! – Gimió él, hundiendo sus manos en el cabello sedoso de ella, para sostener su cabeza. - ¡Vas a terminar por matarme aquí mismo!

- Apenas comienzo, general. – Lisa levantó su mirada para encontrarse con la de él. - ¡Y espero que usted esté a la altura de las circunstancias!

La almirante complementó aquella orden con un beso en la parte baja del cuerpo del piloto que provocó tal reacción en su cuerpo, que Lisa decidió volver a subir, esta vez besándolo en el mismo camino que antes había recorrido con su lengua, hasta llegar a sus labios. Él la besó con tanta pasión y tanto deseo, que Lisa sintió que literalmente había fuego emanando de cada poro del cuerpo de Rick, ella podía sentirlo. Y la manera en cómo ella estaba acomodada sobre de él, a horcajadas sobre sus caderas, hacía obvio el hecho de lo mucho que el piloto la deseaba y la necesitaba en esos momentos.

Fue el turno de Lisa de arquear su espalda y gemir contra los labios del piloto, cuando sintió que él comenzaba a manipular desesperadamente el broche de su sostén. Con un movimiento rápido e inesperado, Rick invirtió sus posiciones en la cama, de manera que fuera ahora él quien estuviera en control. Se separaron y él le sonrió traviesamente, mientras sostenía el peso de su cuerpo sobre ella con su brazo izquierdo y dejaba que su mano derecha acariciara lenta y provocativamente el pecho de su esposa.

- ¡Eres hermosa! – Él le susurró y la mirada llena de deseo que acompañó a esa frase hizo que Lisa temblara de placer.

El piloto se inclinó sobre ella para besarla en los labios, sin que su mano dejara de recorrerle todo el cuerpo. Sin siquiera percatarse de ello, Lisa había comenzado a hacer lo mismo, acariciando a Rick, recorriendo su espalda con las yemas de sus dedos, enredándolos en el cabello de la parte trasera de su cabeza mientras profundizaban el beso.

Una de las piernas de ella se había enroscado alrededor de la cintura del muchacho, descansando su pie en la pantorrilla del piloto. Cuando Rick sintió que ella comenzaba a subir y bajar su pie por la parte interna de su pierna, en especial cuando tocaba la corva de sus rodillas, se estremeció de pies a cabeza. Su beso se rompió y Rick, con una sonrisa traviesa en los labios, se inclinó para comenzar a besar a Lisa en el pecho, mientras con movimientos lentos pero decididos se deshacía de su sostén.

La brisa nocturna entraba serenamente por las puertas abiertas de la habitación que daban a la terraza. El suave roce de la brisa contra la piel húmeda y caliente de los dos jóvenes esposos que yacían en la cama, aumentaba el placer que ellos estaban experimentando. El sonido de las olas rompiendo contra la playa parecía acompasarse al ritmo de su propia respiración y a los latidos de sus corazones.

Rick estaba besando cada rincón, cada milímetro del cuerpo de Lisa. Sus manos recorrían sus piernas largas y bien torneadas, para que luego sus labios siguieran el camino que sus manos habían recorrido primero. Lisa miró a su esposo, quien se detuvo de pronto y le sonrió, al tiempo que tomaba en su mano su pie y comenzaba a besarlo con adoración. Lisa sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Jamás pensó que algún día Rick Hunter llegara a amarla de la manera en cómo ahora lo hacía… con tanta pasión, con un amor tan profundo que era adoración, no podía definirse de otra manera.

- ¡Te amo! – Rick susurró, sin dejar de besarla. - ¡Amo cada centímetro de ti, Lisa! Eres tan perfecta… eres una diosa… mi diosa.

Los besos de Rick comenzaron a subir por la parte interna de las piernas de Lisa, provocando que ella gimiera y susurrara su nombre una y otra vez… aquello se hizo más intenso y más apasionado cuando el piloto se deshizo definitivamente de la ropa interior de ella y comenzó a besarla en las partes más íntimas de su cuerpo. Esas a donde sólo él tenía acceso.

- ¡Rick! – Lisa gemía sin poder controlarse. Aquello era demasiado. - ¡Rick, te amo!

Después de varios minutos de deliciosa tortura, el piloto regresó a los labios de Lisa, quien lo observaba con ojos entreabiertos y con una adoración que hizo que él sintiera que estaba a punto de romper a llorar de tanto amor y tanto placer. Sin que mediaran palabras de por medio, Lisa tomó su cabeza en sus manos y comenzó a besarlo profundamente en los labios.

Mientras lo hacía, fue el turno de ella de intercambiar posiciones, para aprisionar al piloto debajo de su cuerpo. Lisa colocó sus manos en las muñecas del él para inmovilizar sus manos contra la almohada, a ambos lados de su cabeza. Se separó bruscamente, dando por terminado aquel beso y provocando que Rick temblara perceptiblemente al ver el fuego y la pasión que brillaba en los ojos de Lisa en esos momentos.

- Rick Hunter… - Lisa murmuró, al tiempo que comenzaba a besarle el cuello. – Voy a besarte, voy a probarte, voy a explorar cada rincón de tu cuerpo… ¡Te amo, piloto¡Eres mi vida!

- Lisa… - Rick gemía, moviendo su cabeza, inútilmente tratando de encontrar los labios de ella con los suyos.

Estaba bajo su voluntad y sentía que no tenía fuerzas en el cuerpo para resistirse a ella, a sus caricias, a sus deseos. Su mente racional comenzó a entrar en un estado letárgico en donde él no podía pensar ni razonar. Las sensaciones y los sentimientos lo abrumaban en esos momentos. Su universo entero se resumía a Lisa, su esposa, amándolo de una manera en como jamás lo había hecho antes.

Ni siquiera supo en qué momento Lisa se deshizo de su boxer… pero ella estaba cumpliendo su amenaza. No había un milímetro en la piel del muchacho en donde él no sintiera el placer estallar intensamente, cuando ella le plantaba algún beso suave, una caricia atrevida, un mordisco travieso, o donde no le aplicara una suave succión o una caricia demasiado intensa para su autocontrol. Cada parte de su cuerpo, de la punta de sus dedos a la punta de sus cabellos, latía con el placer que Lisa le estaba proporcionando.

Llegó un momento en el que él sintió que no podía soportarlo más… sentía que se volvería loco si aquella tortura proseguía. Sentía tanto placer y tanta pasión que por momentos era casi doloroso. Detuvo a Lisa, quien en esos momentos estaba muy ocupada besándolo lánguidamente en el pecho, mientras sus manos se deslizaban peligrosamente en su entrepierna.

Sus miradas se encontraron y el fuego que ambos vieron el los ojos del otro les dijo que era el momento… que ambos estaban listos para dar el siguiente paso… para consumar su matrimonio. Ninguno de los dos podría resistir aquella espera por mucho tiempo más, a pesar de lo placentera que aquella sesión estaba resultando, ya se había alargado por lo que parecía ser horas, aunque ellos no pudieran decirlo a ciencia cierta.

El piloto tomó a Lisa en sus brazos, recostándola suavemente sobre los cojines que había sobre la cama. Ella no opuso mayor resistencia. Antes bien, se permitió perderse en los ojos intensamente azules de él, que la miraban con tanto amor y tanto deseo que su corazón comenzó a latir de una manera que ella lo sentía palpitar en cada rincón de su cuerpo.

- Lisa… - Rick gimió con voz ronca. - ¡Te amo!

- Y yo te amo a ti, Rick… más de lo que alguna vez podré explicarte.

- Al menos podemos tratar de demostrarlo¿cierto? – Rick sonrió, sin poder controlar su respiración acelerada e irregular. - ¡Quiero hacerte el amor, hermosa! Quiero hundirme en lo más profundo de tu ser, ser uno contigo… quiero llegar al paraíso contigo, Lisa…

Ella tomó el rostro de él entre sus manos y lo atrajo a ella para besarlo de lleno en los labios de una manera tan íntimamente sensual que el piloto comenzó a gemir suavemente contra su boca mientras ella se acomodaba debajo de él y lo ayudaba a posicionarse sobre ella. Los dos se dieron su tiempo, sintiéndose, acariciándose, frotando sus cuerpos uno contra el otro, dejando que la pasión los consumiera mientras su beso se hacía más profundo y más intenso.

Rick se separó de ella lentamente, mientras Lisa entreabría sus ojos y acariciaba su rostro con amor. Sus miradas se encontraron y por un momento el tiempo pareció detenerse. La suave luz de las velas que iluminaban la habitación hacía que sus rostros resplandecieran hermosamente y sus ojos destellaran, como si dentro de ellos estuviera brillando un fuego intenso e incontrolable. El fuego de su amor.

Lisa recorrió toda la extensión del cuerpo de Rick con su mano libre, desde el cuello hasta sus muslos y de regreso. Ese suave roce, unido a la manera en cómo ella estaba acariciando su rostro y la mirada intensa que tenía en sus ojos fueron la última gota que Rick podía soportar.

El piloto comenzó a moverse lenta y pausadamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlar la necesidad que en esos momentos lo consumía. Pero quería que aquello fuera algo especial… algo inolvidable. Sus ojos no dejaron los de Lisa ni un solo segundo mientras comenzó a penetrarla suave y cuidadosamente… mientras comenzó a entrar por primera vez en su esposa.

Lisa le sostenía la mirada a Rick, aunque no podía evitar que sus ojos se cerraran momentáneamente cuando el placer se hacía demasiado intenso. Pero la manera en cómo él la estaba observando, vigilante y apasionadamente, como queriéndose asegurar de que aquello fuera placentero y especial para ella, hacía que Lisa no quisiera apartar su mirada de esos ojos azules tan hermosos… los ojos de su esposo.

- ¡Lisa! – Rick gimió cuando estuvo totalmente dentro de ella. - ¡Soñé tanto con éste momento¡Esperé tanto por éste momento!

- Yo también, amor… - Lisa comenzó a mover sus caderas, provocando que Rick suspirara ahogadamente y su cuerpo se tensara. – Ahora seremos uno solo… para siempre.

- ¡Para siempre, princesa! – Rick buscó sus labios. - ¡Para siempre!

El beso que compartieron, cargado de ternura y de promesas, contrastaba radicalmente con los movimientos intensos y apasionados de sus cuerpos, mientras encontraban ese ritmo perfecto que ellos tan bien conocían… el ritmo de su amor.

Mientras ambos se hacían el amor, ninguno de los dos podía dejar de acariciar al otro, de besarlo, de susurrarle al oído frases tiernas y llenas de pasión. Jamás en su vida de pareja habían sentido tanto placer o tanta emoción en su acto de amor. Las cosas se sentían muy diferentes ahora que ambos eran esposos… ahora que existía entre ellos la seguridad y la confianza absoluta de que, sin importar o que pasara, ellos estarían juntos para toda la eternidad.

Aquel acto de amor parecía querer se infinito. A pesar de la necesidad que ambos sentían de llegar al clímax y de hundirse en aquel mar de sensaciones que el uno sabía producir en el otro, la verdad era que estaban disfrutando demasiado aquella cercanía física, aquella intimidad, aquella comunión total de sus cuerpos y de sus almas. En esos momentos el placer parecía menos importante que aquel sentimiento tan profundo que les producía el estar juntos… tan juntos como les era humanamente posible.

Había momentos en los que Rick tomaba el control, regalándole a Lisa sensaciones demasiado placenteras y haciéndola gemir y suspirar. Y había instantes en los que ella decidía someter a su piloto a su voluntad absoluta, rodando sobre él para corresponder de la misma manera en la que él la amaba a ella.

Aquella era una noche de descubrimientos… era increíble pensar que después de haber estado íntimamente juntos durante 7 meses, aún había tanto por descubrir, tanto por explorar, tanto por experimentar, tanto por sentir… aquella sesión de amor se prolongó, mientras ellos intentaban nuevas posiciones, nuevas caricias, nuevas maneras de estimular a su compañero, queriendo entregarle todo el placer que fuera posible… queriendo que aquella noche fuera especial e inolvidable.

El piloto llevó a Lisa al límite en varias ocasiones, sin permitirse a sí mismo alcanzar el alivio tan deseado… sabía que podía resistir un poco más… sólo un poco más… por Lisa, por él mismo. Ninguno de los dos quería que aquel momento terminara.

Pero llegó un momento en el que el autocontrol de Rick ya no dio para más y Lisa así pareció comprenderlo. Con un movimiento suave, hizo que quedaran en una posición en la que él estuviera sobre ella, sin permitirle por un segundo abandonarla. El piloto ni siquiera pareció darse cuenta de aquello, su respiración era demasiado irregular y Lisa sentía su corazón palpitando con fuerza contra su pecho y su pulso acelerado al límite cuando ella lo besó en el cuello.

Embriagado de placer y sin tener ya control sobre sí mismo, el piloto comenzó a moverse con tanta fuerza como su cuerpo agotado se lo permitía, acelerando su ritmo y permitiendo que Lisa lo abrazara estrechamente, lo besara en los labios, en el cuello, en la oreja, en la barbilla… sin poderse controlar, Rick pasó sus manos por debajo del cuerpo de ella, respirando entrecortadamente, para apretarla contra sí tanto como le fuera posible.

Sus embates comenzaron a hacerse más fuertes y más profundos y un gemido intenso comenzó a escapar de su pecho, mientras escondía su rostro en el cuello sudoroso de Lisa y sentía cómo una onda expansiva de calor comenzaba a extenderse por todo su cuerpo, surgiendo del centro mismo de su ser.

Lisa sintió que su propio cuerpo respondía a aquellas reacciones en cadena que se estaban produciendo en el cuerpo de su esposo. Se abrazó estrechamente a él, para atraerlo hacia su cuerpo y que no hubiera entre ellos el más mínimo espacio. Sus piernas envolvieron sus caderas y sus dedos se enredaron en el cabello de su nuca mientras su nombre escapaba violentamente de sus labios y sentía cómo todo su cuerpo se sacudía con ondas de placer que comenzaron a extenderse y a inundar cada molécula de su cuerpo con tan intensidad que por varios minutos Lisa perdió todo contacto con la realidad.

En algún rincón de su mente funcional, Rick fue conciente del clímax de su esposa y aquello fue lo último que él necesito para dejar escapar definitivamente su propio placer. Cada músculo de su cuerpo fue sacudido por impetuosos espasmos, mientras sentía cómo toda su esencia masculina se vaciaba por completo dentro de aquella mujer que tenía en sus brazos… la mujer que era su vida entera. Rick pudo sentir cada convulsión, cada estremecimiento y cada palpitación que sacudieron su cuerpo, llevándolo a un estado de éxtasis que jamás había experimentado en su vida.

No tuvo conciencia del momento en el que su cuerpo se desplomó inerte sobre el cuerpo de Lisa, que aún seguía sacudiéndose levemente, después de aquella experiencia tan intensa que habían compartido. El piloto registró vagamente en su mente esas sensaciones tibias y sedantes que sentía en su rostro… y que reconoció como los suaves besos de su esposa.

Lisa lo sostenía en brazos, abrazándolo estrechamente y sin poder siquiera moverse. El piloto temblaba ligeramente, totalmente consumido por aquella experiencia tan hermosa que había compartido con su esposa, pero incapaz de volver en sí, sumergido como estaba en aquel momento de absoluto arrobamiento en el que se encontraba. Ella apenas tuvo las fuerzas suficientes para ladear su cabeza y posar sus labios suavemente en la frente sudorosa de su piloto, besándolo con un amor y una ternura que contrastaban radicalmente con el huracán de sensaciones por el que acababan de atravesar.

- ¡Te amo, Rick! – Lisa susurró con voz apenas audible. - ¡Eres mi vida!

Rick no pudo responderle inmediatamente. Su respiración aún era irregular y entrecortada y no parecía tener fuerzas ni siquiera para abrir sus ojos. Lisa así lo comprendió y lo besó en los parpados con todo el amor y la ternura que sentía por él… por aquel piloto rebelde que ahora era su esposo.

- Lisa… - Rick susurró después de unos segundos, apenas entreabriendo sus ojos. - ¡Te amo! Jamás… podré… demostrártelo lo… suficiente.

Lisa acunó su cabeza contra su pecho y el piloto cerró los ojos, permitiéndose unos momentos de descanso, mientras escuchaba el sonido rítmico del corazón de Lisa y lentamente comenzaba a recuperar su ritmo cardiaco normal. La manera en como ella le acariciaba el cabello y la espalda no ayudaban a que Rick saliera de su letargo. Antes bien, se estaba relajando en los brazos de Lisa y un inevitable sopor comenzaba a invadir todo su cuerpo.

Haciendo un esfuerzo que excedía sus propias fuerzas, el piloto abrió los ojos y se levantó levemente, para mirar a su esposa al rostro y acariciarlo con un movimiento torpe. Ella le sonrió y colocó su mano en la mejilla de él, atrayéndolo hacia sí para besarlo suavemente en los labios.

- Usted, señor Hunter, es un amante extraordinario.

La voz de Lisa había salido en tono bastante inusual, haciendo obvio el hecho de que aún no había recuperado el control sobre sí misma. Rick apenas y pudo reír antes de rozarle la frente a Lisa con los labios y responder:

- Usted no se queda atrás, señora Hayes-Hunter. – La miró a los ojos unos segundos y luego continuó. – Lisa… jamás había sentido lo que hoy sentí… ¡Fue perfecto, amor!

- Fue hermoso… - Lisa suspiró y recostó a Rick sobre su pecho. – Estar así contigo… Rick… ¡Te amo! Jamás me cansaré de decírtelo.

- Y yo jamás… me cansaré de escucharlo.

El silencio se hizo entre ellos. Lisa seguía acariciando el cabello y la espalda del piloto, mientras él subía y bajaba su mano por el costado de ella y le plantaba suaves besitos en su pecho. Sin embargo aquella noche de amor comenzó a cobrar su cuota y ambos comenzaron a caer en un delicioso estado de duermevela en el que las sensaciones de lo que habían compartido hacía unos minutos se mezclaban con sus sueños.

Sin siquiera percatarse de ello, los dos se movieron a una posición más cómoda, ladeando apenas sus cuerpos, sin romper su abrazo, para yacer de lado y poderse abrazar aún más estrecha e íntimamente. El último pensamiento coherente de Lisa fue para Rick, mientras que él, incapaz ya de permanecer despierto, plantó un beso suave en la frente de Lisa… y se quedó profundamente dormido, sus labios contra la piel de su esposa, mientras aún era parte de ella misma.

Lisa apenas fue consiente de aquel beso. Sus ojos se cerraron, se acurrucó contra el cuerpo tibio y sudoroso de su esposo y aspiró profundamente, llenado sus pulmones de su esencia, de su aroma… y cayendo en un sueño profundo y relajado, sintiéndose completamente protegida y segura en los brazos del hombre a quien su corazón había decidido amar… de su esposo.

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Al día siguiente Lisa y Rick permanecieron dormidos hasta muy tarde. Habían caído en un sopor profundo y, el cansancio de la boda y del viaje, aunado con sus actividades de la noche anterior hicieron que ninguno de los dos abriera los ojos en el transcurso de la mañana.

Fue hasta que el hambre comenzó a hacer mella en ellos, considerando que en realidad no habían cenado la noche anterior, que ambos comenzaron a despertar. Lisa se estiró perezosamente sobre Rick, quien había comenzado a hacer toda clase de ruidos y gruñidos con su garganta. Los ojos de ambos se entreabrieron y se sonrieron adormiladamente. El sonido de las olas y las aves marinas creaba toda una sinfonía a su alrededor… era un día soleado y cálido, perfecto para relajarse en la playa.

- ¡Buenos días, hermosa! – Rick susurró adormilado y acarició el rostro de Lisa antes de besarla suavemente en la frente. - ¿Cómo dormiste?

- Buenos días, mi apuesto piloto. – Lisa le acarició el pecho desnudo. – Dormí muy bien… soñé contigo toda la noche… pero todavía me siento algo cansada.

- Yo también. – Rick se rió. - ¡Anoche si que fue increíble! Fue diferente a todo… no sé, pero… se sintió muy especial.

- ¡Fue hermoso! Y sí, fue muy especial… ¡Estuviste fantástico, piloto! – Lisa se acercó mimosamente a él para besarlo en los labios.

- Tú no estuviste nada mal, bonita. – Rick le regresó el beso. – ¡Vaya que aprendiste algunas cosas interesantes en estos días pasados!

- Se hace lo que se puede. – Lisa se rió suavemente. – Además, por ti, Rick… cualquier cosa. ¡Te amo!

- ¡Y yo a ti, mi vida!

Los dos comenzaron a besarse suavemente, mientras comentaban, entre besos, lo mucho que iban a disfrutar esas vacaciones y cuanto amor se pensaban dar. Pero el sonido de sus estómagos reclamando comida los trajo de vuelta a la realidad. Rick se alargó sobre Lisa para ver su reloj que estaba sobre la mesita de noche y le informó que eran más de las doce de la tarde. En otras circunstancias aquello hubiera provocado que Lisa saliera de la cama hecha un bólido, pero no esa vez… no cuando tenían todo el tiempo del mundo en sus manos.

Lisa se estiró perezosamente, provocando que el deseo volviera a surgir en Rick cuando contempló su cuerpo perfecto, bañado por la luz cálida e intensa de aquel mediodía tropical. Sin embargo había prioridades y en esos momentos la comida era una de ellas.

Mientras Lisa se daba una ducha, el piloto pidió que se les sirviera el almuerzo en el desayunador que tenían en el porche de la casa de playa. Después fue su turno de darse una ducha rápida y de vestirse solamente con un traje de baño azul que resaltaba sus ojos y su figura atlética. Lisa apareció en la escena vistiendo un traje de baño rojo de dos piezas que hizo que los ojos de Rick se movieran por todo su cuerpo, deleitándose con lo que veía.

- ¡Va a ser muy difícil mantener mis manos alejadas de ti, Lisa Hayes- Hunter!

- ¿Y quién dijo que quería que mantuvieras tus manos alejadas de mí, Rick Hunter? – Lisa se acercó juguetonamente a él para entregarle un frasco de plástico. – Para empezar, mientras llega la comida podrías ayudarme a ponerme la loción para broncear.

- ¡Oh! – Rick sonrió divertido y se cuadró formalmente ante ella. - ¡A sus órdenes, mi almirante! Aunque… supongo que después usted podría ayudarme a mí con lo mismo.

- ¡Por supuesto! – Lisa le guiñó el ojo mientras se dirigía a la terraza y se sentaba en la banca de madera. - ¿Piensas venir o vas a quedarte observándome todo el día?

- ¡Vaya que hoy te levantaste mandoncita, jefa! – Rick se rió y fue a sentarse detrás de ella, plantando un beso suave en su hombro desnudo.

Pasaron la siguiente media hora frotándose mutuamente la loción para broncear en sus cuerpos, compartiendo besos traviesos, miradas intensas y más de una caricia atrevida y juguetona.

Cuando finalmente el almuerzo estuvo servido, los dos bajaron al porche y disfrutaron de una bien merecida comida. Pensaban dedicarse a descansar ese día, sin más planes que adormecerse al sol y quizás nadar un poco. Tenían dos semanas por delante para hacer todo lo que querían hacer en aquel paraíso tropical, pero en esos momentos lo que más les urgía era un buen descanso.

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Aquel segundo día que pasaron en la Isla Itzamná fue un día de relajación y diversión en la playa. Después de comer los dos se dedicaron a caminar por la orilla del mar, de la mano y sin prisas, dándose su tiempo para examinar cada rincón que encontraban, cada hermosa vista que se presentaba ante sus ojos y cada nueva sorpresa que aquella isla tenía para ofrecer.

Rick colocó una hermosa flor roja en el cabello de Lisa y después los dos se besaron con un impetuoso abandono, sabiéndose completamente solos en ese lugar que en esos momentos sólo les pertenecía a ellos.

Después Rick le mostró a Lisa un regalo de bodas que había recibido de Kelly, con el comentario de que "sería útil durante su viaje de bodas". Era una pequeña cámara digital de plástico amarillo, a prueba de agua y de arena, pues estaba herméticamente sellada. Sin duda "su prima" los conocía demasiado bien y Lisa hizo la nota mental de agradecerle por todas sus atenciones en cuanto volvieran a casa.

Aquella cámara hizo las delicias de la joven pareja. Se dieron un tiempo para tomar toda clase de fotografías. Los dos estaban de un humor bastante juguetón aquel día, por lo que aquella sesión fotográfica no sólo se prolongó durante horas, sino que además resulto bastante divertida. Tomaron fotos del paisaje, el uno del otro, fotos de pareja, fotos paparazzi, cientos de fotografías que irían a parar a su creciente álbum fotográfico, "que ahora sí podrían llamar familiar", como había dicho Rick.

Después de varias horas regresaron a su playa privada y decidieron que era un buen momento para ir a nadar. Jamás habían nadado juntos en el mar y aquella experiencia fue especialmente placentera para ambos. Entre sus juegos y sus travesuras, encontraron momentos para abrazarse y besarse en el agua, dejando que las olas a su alrededor los mecieran suavemente y crearan entre ellos un ritmo bastante placentero.

La tarde pasó sin ser sentida y ya atardecía cuando ambos salieron del agua y se sentaron en la arena, cerca de unas enormes rocas, a contemplar el paisaje marino y a disfrutar del ya inminente atardecer. Fue entonces cuando sus caricias y sus besos se hicieron más íntimos y más intensos. Mientras el sol se ponía por el oeste, pintando todo lo que tocaba con pinceladas de color de oro, Rick recostó a Lisa sobre la arena húmeda y ahí, al abrigo de las rocas y la vegetación que los rodeaba, los dos se entregaron a un amor apasionado e impetuoso.

Bajo el cielo arrebolado de ese atardecer caribeño, los dos se hicieron el amor sin prisas y sin inhibiciones de ningún tipo, mientras se sonreían, se besaban, se acariciaban y se llevaban mutuamente a un paraíso soñado, mucho más hermoso y magnifico que el paraíso tropical en donde se encontraban.

Después de que su sesión de amor al aire libre hubiera terminado, los dos se quedaron sentados en la playa, Lisa entre las piernas del piloto, con su espalda apoyada en su pecho, mientras Rick la abrazaba protectoramente y la besaba en los hombros, en el cuello y en la mejilla. Ahí estuvieron un buen rato, contemplando las primeras estrellas aparecer en el firmamento y las luces del pueblo encendiéndose una tras de otra en la distancia.

Lisa comentó que le gustaría visitar aquel pueblito que parecía tan encantador y tan interesante, sobre todo por el hecho de que, como les habían informado, en esos días se estaba llevando el Festival Mosaico Cultural. Rick pensó que aquello era una buena idea y ambos decidieron que al día siguiente irían a pasear por el pueblo e incluso podrían comer allá.

Momentos después Lisa se alejó de aquel sitio rumbo a la casa, pues la noche había refrescado un poco y ella aún estaba en su traje de baño. Iba a ponerse algo más apropiado. Rick se quedó un buen rato sentado en la playa, mirando las estrellas y sonriendo ilusionado, pensando en lo hermoso que era todo aquello… en lo maravillosa que era Lisa y en lo feliz que él se sentía. Jamás en su vida había sentido tanto amor, tanta paz ni tanta alegría como en esos momentos. Se prometió a sí mismo que esas dos semanas que pasaría con Lisa en esa isla estarían llenas de ternura y placer… sentimientos que el trataría de prolongar durante toda su vida.

Minutos después sintió la mano suave de Lisa posarse sobre su hombro. Él la miró con adoración y le sonrió con cariño. Lisa le devolvió la sonrisa y le entregó una camiseta azul para que se la pusiera encima. Rick le agradeció aquel gesto que solo ponía de manifiesto lo mucho que ella lo amaba y lo mucho que se preocupaba por él. Rick se puso su camiseta encima y miró a Lisa, quien vestida ahora con un short color azul y una camiseta blanca, se había sentado a su lado y ahora recargaba su cabeza perezosamente en el hombro del piloto.

Durante un buen rato ambos estuvieron ahí, hablando sobre la boda, lo maravilloso que todo había sido y lo mucho que ambos la habían disfrutado. Hablaron sobre sus vidas, sobre su futuro y sobre los planes que ambos tenían… planes que realizarían juntos.

La conversación se alargó tanto que Rick terminó por reunir algo de yesca, corteza de palmeras y cualquier cosa que ardiera y encendió una hermosa hoguera en la playa. Luego fue a la cocineta y trajo lo necesario para preparar café, además de golosinas y la fruta que había sobrado de la noche anterior. Los dos estaban disfrutando tanto de aquella velada que decidieron quedarse ahí y comer lo que tenían a la mano en vez de pedir la cena o ir a cenar al restaurante del complejo turístico.

Horas después, cuando la fogata finalmente se extinguió, Lisa y Rick, que para entonces ya estaban cómodamente acurrucados uno contra el otro y se adormecían bajo las estrellas, decidieron volver a su habitación. Se hacía tarde y querían madrugar al día siguiente para ir temprano al pueblo.

Tomaron una ducha juntos… ducha que finalmente acabó siendo complementada con una sesión de besos y caricias que irremediablemente los condujo a que terminaran haciendo el amor en la regadera, totalmente entregados uno al otro, perdidos en los ojos del otro, sintiendo sensaciones que jamás habían experimentado antes. Jamás en la vida habían sentido tanto deseo ni tanta urgencia por estar juntos como lo estaban sintiendo en ese lugar, en esos momentos… compartiendo ya no el amor inexperto de sus primeros meses, sino el amor maduro de dos personas que han aceptado un compromiso de por vida; de dos esposos profundamente enamorados.

Después de todas las travesuras y aventuras del día, los dos estaban exhaustos. Apenas se habían dejado caer sobre la cama, cuando comenzaron a adormilarse. Todavía estuvieron hablando unos momentos, mientras se acariciaban perezosamente y compartían algún beso ocasional; pero sus fuerzas ya no dieron para más. Finalmente Lisa recargó su cabeza en el hombro de Rick y él la abrazó estrechamente. Eso fue todo lo que necesitaron para caer en un sueño profundo, tranquilo y relajado.

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El día siguiente comenzó temprano para la joven pareja. El suave rumor del mar y las aves marinas terminaron por despertar al piloto, quien, aún con los ojos cerrados, esbozó una sonrisa al sentir a Lisa a su lado y al aspirar aquel aroma que era tan inconfundiblemente suyo y pensó que era feliz… era un hombre enamorado.

Cuando abrió los ojos se encontró con un par de esmeraldas intensamente verdes que lo contemplaban embelesadas. La luz de la mañana que entraba a raudales por las puertas abiertas de su habitación hacía que los ojos de Lisa lucieran particularmente claros aquella mañana. Los dos sonrieron y como movidos por un mismo impulso, se acercaron para besarse suavemente en los labios.

- Buenos días, esposo. – Lisa murmuró. - ¿Dormiste bien?

- ¡Muy bien, bonita! – Rick le acarició el rostro. - ¿Y tú?

- ¡Como un bebé! – Lisa se estiró. - ¡Hey¿Vamos a ir al pueblo hoy?

- ¡A donde tú quieras, mi cielo! – Rick la contemplaba con una sonrisa. - ¿Qué te parece si mientras sirven el desayuno nosotros nos preparamos para ir al pueblo? Una ducha no me caería nada mal. De hecho, después de lo de anoche creo que le tomé cierto cariño al cuarto de baño¿Sabes?

- ¡Eres una rata! – Lisa se rió y lo besó en la barbilla. - ¿Por qué te quiero tanto, Rick Hunter?

- Quizás no hay una razón específica… lo importante, princesa, es que yo te amo con todo el corazón… y que tú me haces un hombre inmensamente feliz. En todo sentido.

Lisa sonrió y le retiró los mechones rebeldes de cabello de la frente para luego besarlo con cariño justo en medio de los ojos. El piloto cerró los ojos y suspiró profundamente, mientras una sonrisa radiante aparecía en sus labios.

Después de unos momentos de compartir demostraciones de cariño, besos, caricias y abrazos, los dos dejaron renuentemente la cama. El desayuno se serviría en 15 minutos, así que tenían tiempo de ir a darse una ducha. Después de refrescarse y dedicarse a sus juegos traviesos, aquella ducha se extendió durante casi media hora. Poco más tarde Lisa y Rick aparecieron en el porche de la casa de playa y saludaron a los dos meseros que en ese momento terminaban de servir su desayuno.

Lisa y Rick habían decidido usar ropa muy similar en aquella ocasión. Ambos vestían bermudas tipo cargo color caqui y sandalias. Lo único diferente entre ellos eran sus camisetas: blanca con líneas horizontales en color verde para ella y azul celeste para el piloto. Los dos se veían cómodos, relajados y muy felices.

Se dieron su tiempo para desayunar y saborear los manjares que les habían preparado. Nada complicado: fruta, café, pan tostado con mermelada, jugo y una amplia variedad de frutas tropicales. Los dos estaban de un humor bastante travieso y juguetón aquel día. No desaprovecharon la oportunidad de bromear, de hacerse rabiar o de jugar uno con el otro de cuantas maneras se les ocurrió.

Tampoco perdieron la oportunidad de picar la comida del plato del otro, aunque ambos estuvieran comiendo exactamente lo mismo. Por alguna razón ambos habían decidido de manera independiente, que la comida sabía mejor si era tomada del plato del otro. Era como el viejo dicho, el pasto realmente era más verde del otro lado de la cerca… y si el otro los alimentaba directamente con su tenedor, eso añadía un importante bono extra.

Después de desayunar, Lisa desapareció dentro de la casa con el pretexto de que iba arreglarse un poco. Eso le dio a Rick unos buenos 15 minutos para revisar la lancha que tenían a su disposición, examinar su funcionamiento y prepararla para partir en cuanto Lisa estuviera lista.

Unos minutos más tarde su esposa apareció, complementando su aspecto con unos seductores lentes negros. Rick levantó las cejas cuando la vio y sonrió cuando ella le entregó unos a él.

- No quiero que te vayas a deslumbrar con el agua, amor. Sería terrible que terminaras con una jaqueca.

- ¡Tú eres lo único que me deslumbra, hermosa! – Rick replicó galantemente, ofreciéndole su mano a Lisa para ayudarla a abordar. - ¡Bienvenida al S.S. H2! Soy Rick Hunter y seré su capitán en éste viaje. ¡Y esto es para usted!

Diciendo eso, Rick se inclinó y le entregó a Lisa una flor que seguramente había arrancado de por ahí. Ella agradeció la caballerosidad con una sonrisa y tomó asiento en la proa del pequeño bote, mientras Rick arrancaba el motor.

- ¿Alguna vez has navegado? – Lisa preguntó un tanto insegura.

- ¡Por Dios Hayes! Vuelo un VF4… puedo manejar cualquier aparato de motor que se me ponga enfrente. Y en todo caso, tengo a la mejor navegante a mi lado. – Rick le guiñó el ojo.

- ¡Yo no soy navegante!

- Hoy lo serás. – Rick puso el bote en marcha. - ¡No seas preocupona¡Claro que he navegado! Cuando era chico el circo de mi padre se detuvo durante un verano en la costa oeste… pasé ese verano navegando. Fue un cambio interesante de los aviones. ¿Qué tal tú¿Alguna vez has navegado?

- Mi papá estuvo estacionado durante años en Australia cuando yo era chica. Él solía llevarme a navegar en un velero… y me dejaba manejarlo.

- ¿Hay algo que no sepas hacer, superchica?

- Hmmm… Lisa se tocó los labios con el dedo, en actitud pensativa. – No sé vivir sin ti.

- Buena respuesta. – Rick sonrió satisfecho.

Durante ese trayecto de media hora que separaba la Isla Itzamná de Villa Riviera, los dos jóvenes estuvieron platicando de su niñez y de las pocas vacaciones familiares que habían vivido en esas épocas. Lisa apenas lograba recordar un verano en la playa con su mamá cuando ella tenía 4 o 5 años. Rick recordaba que en alguna ocasión sus papás lo habían llevado a un lugar en donde había una feria y una enorme montaña rusa. Esa era la primera vez que él recordaba haber comido algodones de azúcar. Ese era el único recuerdo que tenía de un viaje con sus papás.

- Cuando tengamos hijos, Lisa… - Él comentaba. – Me gustaría que siempre contaran con nosotros… que jamás los dejáramos solos, que tuvieran bonitos recuerdos de sus padres.

- ¡Y así será, Rick!

Lisa sonrió enternecida al pensar que Rick no le había dicho "si tenemos hijos", sino "cuando tengamos hijos". Eso le indicaba a ella lo preparado que estaba Rick para ser un hombre de famita y lo comprometido que estaba en su relación… y eso significaba todo para ella.

Mientras más se acercaban al pueblo, por la Bahía de las Palmeras o Bahía Xa'an, como la llamaban los lugareños, se comenzaban a distinguir las casitas rústicas con techos de teja y pintada en colores brillantes. Había varios veleros en la orilla de la playa y mientras Lisa contemplaba aquel paisaje con emoción contenida, Rick condujo su lancha a la Marina del pueblo para atracarla en ese sitio, en medio de otros botes más grandes.

Cuando los dos jóvenes bajaron de la lancha, Lisa miró a su alrededor y Rick pensó que le faltaba poco para brincar y aplaudir como una pequeña emocionada. ¡Aquel lugar era hermoso!

Lisa tomó a Rick de la mano y prácticamente lo arrastró fuera de la Marina y con rumbo a un hermoso boulevard flanqueado por palmeras y flores multicolores, al inicio del cual había un enorme anuncio pintado en letras azules sobre un fondo blanco:

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"Bienvenidos a Villa Riviera

(Antiguo Pueblo de Sáasil - 1527)

Fundada como tal en el año 2010

Población – 10 mil habitantes procedentes de 20 países del mundo."

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Detrás de ese anuncio estaba el Monumento a los Hunkal Kaah, Los Veinte Pueblos, en el cual estaban colocadas, en riguroso orden alfabético, las banderas de los 20 países que estaban representados en aquella villa: Alemania, Argentina, Australia, Canadá, China, Egipto, Emiratos Árabes, España, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Líbano, México, Panamá, Perú, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

Mientras Rick observaba aquello, Lisa se había alejado un poco con rumbo a un pequeño módulo de información turística, y había regresado trayendo consigo un mapa de la villa y un folleto de información turística.

- Aquí dice que éste lugar resulto casi ileso durante la Lluvia de la Muerte… - Lisa le explicó a Rick. – Muchos turistas que estaban por estos lugares, sabiendo que ya no tenían a dónde regresar, se reunieron en lo que hasta entonces había sido un pequeño y olvidado pueblo llamado Sáasil… fundaron la Villa Riviera como una comunidad multicultural y desde entonces se han dedicado a vivir una vida pacífica, en donde las manifestaciones culturales de los diferentes países y la tolerancia son parte misma de la identidad de éste lugar.

- Parece ser un sitio muy interesante. – Rick observaba a su alrededor mientras caminaban por el boulevard. – Son casitas antiguas, nada se ve nuevo por aquí.

- Aprovecharon las estructuras que ya había en el lugar. La mayoría de la población había emigrado y cuando los 20 pueblos llegaron a este lugar revivieron una villa fantasma.

- ¿Fantasma? – Rick miró a su alrededor.

- ¡Rick! – Lisa se rió, divertida. – Así se dice cuando un pueblo está deshabitado, que es un pueblo fantasma. Y no tiene nada que ver con espíritus con sabanas blancas que se dedican a acosarte por las noches.

- ¡Hey! – El piloto se defendió. – La única persona envuelta en una sábana blanca que me acosa por las noches eres TÚ. – Se detuvo y lo meditó un segundo. – Lo cual no es realmente algo malo. – Finalizó, guiñándole un ojo.

- ¡No sé qué voy a hacer contigo, Rick Hunter! – Lisa no dejaba de reírse. - ¡En fin! Mira, también me dieron un programa del Festival Mosaico Cultural… en su segunda edición. ¡Hay muchos eventos artísticos y culturales! Muchos de ellos callejeros, otros en el teatro de la villa.

- ¿Y qué recomiendas?

Rick miraba el programa sobre el hombro de Lisa mientras salían del Boulevard de la Marina y tomaban hacía el sur, para caminar por La Costera que era un enorme malecón que iba a todo lo largo de la villa. Ese parecía ser el centro mismo de la actividad de aquel poblado, pues había incontables restaurantes a lo largo de aquel corredor frente al mar, tiendas en donde se vendían toda clase de artículos, un par de hoteles y, bajo las palmeras que lo bordeaban, una infinidad de artistas callejeros presentando los más variados espectáculos.

- Bueno… - Lisa examinó el programa del día. – Hay una exposición de pinturas en una galería de arte cercana. Se llama "Visiones de mi Pueblo". ¿Te gustaría ir?

- ¡Por supuesto! – El piloto la tomó de la mano.

- Y esto te va a gustar, Teatro de Sombras Chinescas… cuentos tradicionales de China. ¿Qué te parece? Es un espectáculo para niños.

- No sé que querrás implicar con eso. – Rick se rió. – Pero… ¿Qué es un teatro de sombras chinescas? – El piloto se talló la nariz y se sonrojó levemente.

- Es un tipo de teatro muy antiguo y tradicional de China, amor. – Lisa le explicó con toda la paciencia del mundo. – Se proyectan sombras sobre un fondo de tela blanco que sirve como pantalla. La parte de atrás se ilumina con luces de colores para crear efectos. Los titiriteros se colocan entre la pantalla y la fuente de luz y así representan sus obras.

- Hmmm… suena interesante. – Rick sonrió. – Lisa, no quiero que pienses que soy un tonto o un inculto o lo que sea… pero hay muchas cosas que no conozco y yo—

Ella lo silenció con un beso suave en los labios.

- ¡No te preocupes, mi vida! Nadie nace sabiéndolo todo… tú estás aprendiendo.

- Gracias a ti. – El piloto la besó en la mejilla mientras seguían caminando. - ¡Tú siempre me motivas a ser una mejor persona!

Los dos siguieron caminando, deteniéndose ocasionalmente para observar a algún grupo tocando música típica de su país de origen o para ver cómo algún artesano elaboraba sus piezas. Les tomó casi 45 minutos recorrer los escasos 800 metros que los separaban del museo del pueblo, pero valió la pena.

La exposición de pintura "Visiones de mi Pueblo" reunía la obra de 57 artistas locales, con un total de 120 trabajos realizados en diferentes técnicas que iban desde el trazo a lápiz y carboncillo, hasta las acuarelas, encáusticas y oleos, todos teniendo como tema el paisaje rural y natural de la Villa Riviera.

A Lisa le pareció una exposición de primer nivel, por la calidad de los artistas y por la museografía del lugar. Rick por su parte se entretuvo tratando de reconocer paisajes y lugares de lo que habían visto hasta ese momento. Después Lisa le dio una breve lección de las diferencias entre las distintas técnicas utilizadas. Estuvieron en el museo cerca de una hora, pero los dos pasaron un buen rato.

Cuando salieron de ahí se alejaron de La Costera para adentrarse en el pueblo rústico de calles empedradas y casitas multicolores, detrás de cuyas puertas se podían observar los encantadores patios llenos de flores y pájaros.

Villa Riviera parecía ser, además, un centro artístico y cultural muy activo, pues por donde quiera se podían ver grupos de personas pintando en algún rincón pintoresco de la ciudad. En cualquier placita que se abría a la vuelta de cualquier esquina se encontraban grupos de personas sentadas en torno a las mesas de un café, comentando animadamente los libros que tenían a la mano. La cultura y el arte parecían ser la sangre que fluía por las venas de aquel pueblo tan hermoso y lleno de vida.

Además, la arquitectura del pueblo era ya de por sí todo un atractivo turístico que merecía una mención aparte. Las casas eran antiguas, pero completamente restauradas por las manos diligentes y habilidosas de esas personas que le habían entregado su vida al pueblo y que en sólo dos años habían convertido aquel territorio yermo en su hogar.

Villa Riviera era un himno a la persistencia y al tesón humano y un recordatorio de que, sin importar que tan mala pueda parecer la vida, siempre hay esperanza… y siempre hay un futuro lleno de promesas, si uno se compromete a trabajar por él.

Después de una caminata que se extendió por un par de horas, los dos llegaron a la zona más alta de la ciudad, donde había un mirador desde donde se podía contemplar una vista magnífica del pueblo a sus pies, el hermoso océano color turquesa y la bahía que lo rodeaba, engalanada con todos los tonos imaginables de verde. ¡Aquella visión parecía salida de un sueño!

Lisa y Rick se sentaron en el pasto, contemplando aquel paisaje de ensueño. Varios turistas y residentes iban y venían por el mirador y algunos vendedores ofrecían sus mercancías.

Los dos jóvenes pensaban que el estar en ese lugar, relajándose y disfrutando del paisaje, de su mutua compañía y sobre todo del anonimato era algo que simplemente no tenía precio. Para todos a su alrededor ellos no eran más que un par de jóvenes esposos en su luna de miel… dos jóvenes enamorados que estaban pasando unos días de vacaciones en aquel rincón del paraíso.

- ¡A Dana le encantarían esos juguetes! – Lisa señaló unas gallinitas de madera que picoteaban movidas por un pequeño péndulo.

- Supongo que tendremos que hacer una expedición de compras uno de estos días. – Rick sonrió, divertido con aquellas gallinitas. – Hay que llevar regalos para los Sterling y Kelly.

- Tienes razón. – Lisa miró un reloj público que estaba cerca de ellos. – Son casi las tres de la tarde… el teatro de sombras es a las cinco. Supongo que hoy no tendremos tiempo.

- No, pero eso nos dará un buen pretexto para regresar. – El piloto le besó el cabello. – Me gusta este pueblito, Lisa… ¡Es mágico!

- ¡Lo es! – Lisa clavó sus ojos esmeraldas en el paisaje ante ella. - ¡Contigo todo es mágico, mi amor!

Rick sonrió enternecido y puso su dedo índice y pulgar en la barbilla de su esposa para obligarla a mirarlo a los ojos. Se inclinó sobre ella y la besó suavemente en los labios.

- ¿Qué te gustaría comer? – Le susurró cuando se separaron.

- Sí, bueno… - Lisa se rió. – No serías Rick Hunter si no estuvieras pensando en la comida.

- ¡O en el postre! – El piloto replicó alegremente y completó su frase con un guiño travieso.

- Cierto… - Lisa se rió aún con más ganas. – En realidad amor, creo que aquí hay algo que te va a encantar. Dice que en la Plazuela de la Concordia el día de hoy a las 3 de la tarde va a haber una muestra gastronómica, como parte de los eventos del Festival Mosaico Cultural de los 20 Pueblos.

- ¿Muestra gastronómica? Eso significa que habrá mucha comida de muchos lugares del mundo y podremos probar de todo¿cierto? – Los ojos de Rick brillaron engolosinados.

- Comida mexicana, italiana, árabe, japonesa, argentina, china, alemana¡Lo que quieras!

- En ese caso¿Qué estamos esperando, Hayes? – Rick se puso de pie como movido por un resorte. – Vamos a comer y luego vamos a ver a las sombras danzantes.

- Es teatro de sombras. – Lisa corrigió, mientras tomaba la mano que él le ofrecía, sin dejar de examinar su mapa. – La Plaza de la Concordia está… precisamente… ahí.

Lisa señaló a un punto preciso del pueblo a sus pies. Era una extensión llena de árboles y Rick enseguida supo que efectivamente se trataba de una plaza… y además no estaba demasiado retirada del mirador. No les tomaría más de 10 o 15 minutos llegar a ella.

El piloto tomó la mano de Lisa para guiarla por los empinados callejones empedrados cuesta abajo. Tan absorta como estaba ella leyendo su mapa e informándole de toda clase de eventos y lugares que visitar, él temía que pudiera tropezarse y caerse. Y conociendo a Lisa, sabía que su primera réplica hacia su persona sería algo así como "¿Por qué no te fijas por dónde camino?" Así que prefería evitar problemas conyugales innecesarios.

- ¿De qué te ríes? – Ella lo miró con adoración y le sonrió. - ¿Sabes algo, Hunter? Dicen que los que se ríen solos de sus maldades se acuerdan.

- No, yo solo pensaba en… nuestros problemas conyugales.

- ¿Tenemos problemas conyugales?

- Todavía no. – Rick le guiñó el ojo. – Y espero que así permanezca la situación. Jamás le ganaría a alguien que no solo es mi oficial superior y un demonio encarnado, sino además mi esposa. – El piloto soltó una carcajada.

- ¡Rick Hunter! – Lisa protestó indignada. - ¡Ya te daré algunas buenas razones para temerle a los problemas conyugales! Cuando yo—

Pero el piloto la silenció colocando su dedo sobre sus labios y sonriéndole con amor.

- ¡Me encanta el brillo de tus ojos cuando estás enfadada! – Le dijo con toda la sinceridad del mundo. – En realidad estaba pensando que si no te fijas por dónde caminas, podrías tropezar, amor. Estos callejones empedrados son muy escarpados.

- ¿Me estás cuidando, piloto? – Lisa le preguntó, con una sonrisa.

- ¡Siempre, almirante¡Siempre!

Así entre pláticas, risas y uno que otro besito travieso, quince minutos más tarde los Hunter llegaron a la Plazuela de la Concordia en donde, debajo de la sombra protectora de los árboles que la rodeaban, se habían instalado los diferentes puestos de comida de cada uno de los 20 Pueblos.

Muchas personas comenzaban a llegar y los que atendían cada puesto, además de darles una prueba de su comida, les explicaban un poco de la tradición culinaria de su pueblo. Los colores, aromas y sazones de todo el mundo se mezclaban en ese pequeño espacio provocando que el estómago de Rick comenzara a hacer toda clase de ruidos, reclamando una probada de las delicias que tenía frente a sí.

- Amor, no te vayas a retacar de comida. Te puede hacer daño. – Lisa lo previno amorosamente al notar la mirada engolosinada y golosa que su esposo tenía en sus ojos en esos momentos.

- No comeré nada que tú no comas… preciosa. – Rick miraba a su alrededor, tratando de decidir cuál sería el primer blanco de su ataque.

Lo siguiente que Lisa supo fue que él la había tomado por la muñeca y la había conducido al primer puesto que tenían frente a ellos. Ahí comenzó todo un desfile culinario que incluyó sukiyaki y arroz hervido japonés, paella valenciana, tortilla a la española, mole poblano, quesadillas, agua de horchata, empanadas y asado argentinos, risotto italiano, chop suey chino, falafels libaneses, cus cus marroquí, kobeba shami turco y para finalizar, unas generosas rebanadas de strüdel alemán.

Lisa sinceramente no sabía en donde le había cabido tanta comida… pero el hecho es que había devorado todo lo que Rick le había puesto enfrente. Una hora y quince minutos más tarde, los dos se dejaron caer en una banca de la plazuela, alejados del lugar de la muestra gastronomita, y ambos gruñeron satisfechos.

- ¡Estoy llena! – Lisa lloriqueó, frotándose el estómago. – Rick, jamás en la vida había comido tanto… sé que voy a arrepentirme de esto.

- ¡Vamos Lisa! Todo estuvo delicioso… además, ni siquiera probamos la comida Irlandesa ni—

- ¿Todavía tienes hambre? – Lisa se escandalizó.

- No. – El piloto movió su cabeza y se llevó las manos al estómago. – Un bocado más y estallaría… ¡Yo también estoy lleno! Pero todo estuvo muy bueno… me gustó mucho.

- Eso es verdad… todo estaba delicioso. – Lisa se saboreó el strüdel, que de no ser por lo llena que estaba, con gusto hubiera dado cuenta de otra rebanada. - ¡No voy a comer en una semana!

- ¡Te he dicho mil millones trescientas doce mil veces que no seas exagerada! – Rick apenas terminó su frase, pues ya se estaba riendo. – Además¿de qué te preocupas, bonita? Creo que estamos haciendo bastante ejercicio… te prometo que quemaremos todas las calorías esta misma noche.

El piloto le guiñó traviesamente el ojo y ella se rió, sin poder evitar el sonrojarse levemente mientras se acercaba a él para besarlo en los labios.

- Esa es una buena motivación, amor. – Lisa susurró. - ¡No sabes las ganas que tengo de ir a nuestra casa de playa y—!

- ¿Y? – Replicó entusiasmado el piloto. - ¿Y qué?

Lisa se acercó demasiado a él para susurrarle algo al oído. Una enorme sonrisa traviesa y soñadora apareció en el rostro del piloto mientras ella le mordisqueaba el lóbulo de la oreja.

- ¡Oooh! Lisa… ahora no voy a poder resistir hasta la noche… ¡Quiero irme a la isla ahora mismo!

- Hasta la noche, amor. – Lisa se puso de pie y lo tomó de las manos. – Ahora tenemos el tiempo justo para ir a ver el teatro de sombras.

El se dejó guiar sin oponer la más mínima resistencia, fascinado por aquella mujer que se había convertido en su razón de vivir, la sangre en sus venas. Ahora le parecía imposible el pensar que alguna vez llegó a pensar en Lisa como "La Reina del Hielo", porque ahora ella se había convertido en una mujer cariñosa y apasionada que lo estaba convirtiendo día a día en el hombre más feliz que alguna vez hubiera existido en el universo.

De la mano, bromeando, riendo y jugueteando el uno con el otro, las cuadras que separaban la Plazuela de la Concordia del Teatro Infantil en donde iba a llevarse a cabo el teatro de sombras pasaron sin ser sentidas. Lisa y Rick llegaron quince minutos antes de que la función comenzara y el piloto se adelantó a comprar los boletos, el dinero de los cuales sería destinado para la manutención de la biblioteca. Después entraron al pequeño teatro adyacente a la biblioteca pública de la villa y buscaron unos buenos lugares, cerca del escenario que no era demasiado grande.

Se sentaron y se sonrieron mientras a su alrededor una multitud de pequeños ocupaban la parte baja del teatro, sentándose directamente sobre el suelo. Los asientos fueron ocupados por los padres de los pequeños, muchos de los cuales saludaron a los recién casados con un movimiento suave de cabeza y una sonrisa. Rick y Lisa se preguntaron si aquellos padres pensarían que ellos mismos eran papás de alguno de los niños. La idea los hizo sonreír y Lisa terminó por acurrucarse contra el pecho del piloto, recargando perezosamente su cabeza en el hombro de él, al tiempo que las luces del teatro se apagaban y la función de Cuentos Tradicionales Chinos comenzaba.

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Eran casi las diez de la noche cuando la lancha marcada con el logotipo del Hotel Isla Itzamná y un enorme número 3 salió de la marina de Villa Riviera con dirección a la pequeña isla que, aún en la oscuridad, se distinguía en el centro de la Bahía de Palmeras.

Mientras volvían a su hotel, Rick y Lisa no podían dejar de conversar sobre todo lo que habían vivido aquel día, que había resultado tan especial. El teatro de sombras los había hecho reír mucho… Lisa sabía que su piloto tenía un humor simple, casi infantil y le alegraba que hubiera disfrutado tanto de aquella obra de teatro.

Después se habían dedicado a caminar por las calles y plazuelas del pueblo, tomando algunas fotografías y descubriendo los más inesperados rincones románticos a cada paso y a la vuelta de cada esquina. Había sido entonces cuando habían decidido que sería una buena idea pasar un par de días en el pueblo.

Encontraron un pequeño hotel tipo posada en una de los callejones típicos que conducía al mirador, la Posada Media Luna, que los cautivó por su ambiente relajado y profundamente colonial. Entraron a preguntar y el administrador les dijo conocer a la señora Ixchel Tu'ul. Cuando supo que estaban de luna de miel les ofreció la habitación especial con un descuento adicional como cortesía, por ser huéspedes del Hotel Itzamná. Los recién casados decidieron no perder tiempo y reservaron la habitación para la noche del domingo.

Ya estaba oscuro cuando Lisa y Rick habían regresado a La Costera. El ambiente nocturno en esa parte del pueblo, alegre y festivo, contrastaba radicalmente con la paz y tranquilidad que se respiraban en el resto de la villa. La música, las danzas, las representaciones callejeras, las personas en los cafés al aire libre, la soberbia iluminación del lugar, todo aquello creaba una atmósfera que era casi irreal, complementada con las luces de media docena de veleros que en esos momentos navegaban cerca de las costas de Villa Riviera, de regreso a la marina.

Aunque los dos jóvenes seguían sintiéndose bastante satisfechos con la comida que habían compartido esa tarde, eso no impidió que se detuvieran ante un carrito de helados y compraran un par de ellos. La noche era tibia y un helado no les caería nada mal. Lisa pidió uno de limón, como parecía ser su costumbre, mientras Rick decidió ser audaz y pedir uno que el vendedor le dijo que se llamaba "Besos de Ángel" y que básicamente era todo un cóctel de frutas tropicales.

Los dos pasearon de la mano por La Costera, mientras daban cuenta de su helado y, como solía suceder en esos casos, no perdían oportunidad de probar un poco del helado del otro… para luego compartir un beso suave y travieso, bajo el argumento de Rick de que los besos de su ángel sabían más ricos que su helado.

En un pequeño anfiteatro al aire libre, rodeado de arcos y que tenía como fondo el majestuoso paisaje marino, se estaba presentando en esos momentos un espectáculo de música medieval llamado "Las Arenas del Tiempo". Rick y Lisa se sentaron en las gradas, para disfrutar de la música y terminar de comer sus helados.

La noche era tranquila, el clima no podía ser mejor. El cielo nocturno cuajado de estrellas proporcionaba el telón perfecto para aquella noche mágica y el suave rumor de las olas rompiendo contra el malecón terminaba por complementar el ambiente de aquella noche de octubre. Mientras escuchaban aquella música, Lisa y Rick no podían dejar de sonreírse traviesamente, murmurar algunas frases cortas al oído del otro, provocando una sonrisa, un rostro lleno de sorpresa o una mirada llena de ternura y de amor.

Aquel ensamble medieval resultó ser particularmente bueno y todos disfrutaron bastante de aquel concierto al aire libre, al grado de que los músicos fueron llamados a escena en tres ocasiones y tras su última interpretación recibieron una ovación de pie por parte de la audiencia. Después de eso el alcalde de la villa se presentó en el escenario para informar a los asistentes que con ese evento se daban por concluidas las actividades del día del Segundo Festival Mosaico Cultural de los 20 Pueblos. Así mismo los invitó a que asistieran al día siguiente a las actividades que se tenían programadas desde muy temprano en la mañana.

El piloto tomó la mano de su esposa y comenzaron a caminar con rumbo al norte, hacia la marina. Al sur del pueblo, sobre una inmensa formación rocosa, había un faro que en esos momentos señalaba el rumbo con su luz potente sobre la bahía y mientras la joven pareja regresaba a donde su lancha los esperaba para llevarlos de regreso a su hotel, los dos iban comentando que les gustaría subir hasta allá arriba y visitar el faro.

Veinte minutos después de que el concierto de música medieval terminó, ellos ya habían abordado su lancha y estaban saliendo de la marina, con rumbo a la Isla Itzamná. La conversación amena pronto dio paso a un silencio prolongado en el que tanto Lisa como Rick se permitieron perderse en la inmensidad de aquel paisaje nocturno, contemplándolo con gran admiración. ¿En qué momento la vida se había vuelto tan absolutamente perfecta para ellos?

Rick sonreía soñadoramente al recordar las varias ocasiones durante el día en las que había tenido la oportunidad de presentar a Lisa como su esposa. ¡Aquello le estaba fascinando! Siempre pensó que él jamás estaría listo para un compromiso de esa naturaleza y de tanta responsabilidad con nadie… pero con Lisa las cosas eran muy diferentes, porque ella…

Los pensamientos lógicos del piloto se esfumaron por la borda del pequeño bote que estaba piloteando cuando sintió los labios tibios, suaves y húmedos de Lisa posarse en su cuello. Ella se había acercado a él sin que él lo notara siquiera y ahora lo estaba besando y acariciando de una manera bastante provocativa.

- ¿Qué estás haciendo, traviesa?

- Lo siento piloto, no me pude resistir. ¡Te ves tan apuesto así, navegando en la noche! Casi como un pirata.

- ¡Aaarh! – Rick hizo un gesto y cerró el ojo para imitar a un pirata tuerto. - ¿Dónde está el Señor Plumas?

- ¿El señor Plumas?

- ¡Mi loro! Uno no puede ser un pirata respetable si no tiene un loro. – Rick le guiñó el ojo a Lisa, provocando su risa instantánea.

- ¡Eres increíble, Rick Hunter¿De dónde sacas tantas ocurrencias?

El piloto se encogió de hombros, mientras sonreía radiantemente. Iba a comentar algo sobre lo bien que se la había pasado ese día y lo mucho que le había gustado el pueblo, pero Lisa no se lo permitió, pues ya había capturado sus labios con los de ella y ahora lo estaba besando de tal manera que Rick sintió que ahora sería su turno de caer por la borda.

- No que yo me queje, amor… pero¿nunca te enseñaron en la Academia Militar que no debes de distraer al capitán?

Lisa negó con la cabeza, sonrió traviesamente y volvió a besarlo. Esta vez él no se resistió. Regresó el beso con la misma energía y pasión que ella estaba demostrándole. Los 10 minutos que tardaron en llegar al muelle de la Casa Xaman'Ek en a Isla Itzamná fueron una eternidad para ellos.

Apenas Rick atracó el bote en el muelle, ayudó a Lisa a salir y una vez que la tuvo con él en tierra firme, comenzó a besarla con tanto amor, tanta pasión y tanta adoración, que ella sintió que sus piernas cedían ante el peso de su cuerpo, que su energía, su vida misma le eran succionadas por los labios ansiosos de Rick que la estaban devorando.

A traspiés y sin dejar de besarse, recorrieron los quince metros que los separaban de su casa de playa. Apenas entraron y un caminito de prendas de vestir comenzó a marcar el sendero que ellos estaban siguiendo rumbo a su habitación en el segundo piso. Fue ahí donde Rick finalmente atrapó a Lisa entre la pared y su cuerpo, inmovilizándola por completo. Sus siluetas se destacaban contra el cielo nocturno mientras él la miraba a los ojos con un deseo que era notorio aún en la oscuridad. Sus ojos azules centellaban y su boca ansiosa volvió a buscar los labios de ella de una manera desesperada, casi salvaje.

Pero Lisa no iba a permitir que él fuera el amo y señor absoluto… no aquella noche. Ella estaba más que dispuesta a darle batalla y así lo hizo. Mientras se besaban se deshizo de la última ropa del piloto y lo empujó hasta la cama, en donde cayó sobre él mientras le susurraba al oído que quería hacerle el amor… ¡Que lo deseaba tanto¡Que lo amaba tanto!

Aquellas palabras llenas de sentimiento y de pasión actuaron como un afrodisíaco en el cuerpo del piloto, quien gruño y sin ningún miramiento invirtió posiciones para atrapar a su esposa debajo de su cuerpo, sin dejar de besarla de una manera tan intensa y apasionada que ambos sentían que estaban llegando al corazón mismo del otro con aquellos besos.

Sin embargo aquella tempestad de pasiones pareció ceder cuando el acto de fundirse en un solo ser los hizo gemir de placer, de felicidad y de amor. Entonces sus besos se volvieron tiernos y llenos de dulzura; sus miradas lánguidas y cargadas de sentimiento… aquella noche fue el cierre de oro perfecto para el día tan maravilloso que habían vivido en el pueblo.

Después de que ambos se demostraron físicamente su amor de una manera intensa y llena de ternura, los dos quedaron agotados. Pero más tarde, cuando ambos se hubieron recuperado un poco, fueron a tomar una ducha. La noche era tibia y ellos realmente necesitaban quitarse de encima el sudor, la sal y la arena del día. Fue una ducha rápida, pues ambos se sentían agotados y lo único que querían era dormir.

Se dieron un tiempo para contemplar el paisaje desde la terraza cuando terminaron de ducharse, dejando que la brisa nocturna secara sus cabellos. Los dos hablaron un poco sobre sus planes para el día siguiente, que básicamente consistían en practicar algunos deportes de playa. Pero los dos estaban bastante cansados y pronto se retiraron a su cama.

Una vez ahí los dos comenzaron a adormilarse, aunque Rick no perdió la oportunidad de hacer reír a Lisa, proyectando sombras sobre el muro con sus manos, imitando lo que había visto en el teatro de sombras esa tarde. Lisa le pidió que hiciera algunos animales. El perro, el caballo y el pato se veían exactamente iguales según Lisa… pero el piloto protestó, marcando las diferencias entre ellos… diferencias claramente inexistentes, por la salvedad de que el pato no tenía orejas.

Lisa se reía divertida, mientras intentaba sus propias sombras y escuchaba a Rick hacer toda clase de sonidos del reino animal. Aunque finalmente tuvo que admitir que Rick hizo unas muy buenas figuras de un conejo y algunas mariposas.

Pero a pesar de lo divertido de su juego, el sueño comenzó a cargarse en los párpados de ambos hasta que finalmente, y siendo apenas concientes de ello, los dos cerraron sus ojos y se quedaron profundamente dormidos. Ese fue el final de otro día inolvidable en el paraíso.

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Al día siguiente los jóvenes se despertaron temprano, dado que la noche anterior no se habían ido a la dormir particularmente tarde. Estuvieron un buen rato en la cama besándose, abrazándose y haciéndose toda clase de cariños y de caricias. Eso fue hasta que el desayuno les fue servido en el porche de la casa de playa, como de costumbre. Dado que no habían cenado la noche anterior, los dos estaban hambrientos y no se hicieron del rogar en cuanto la mesa fue servida.

Habían decidido que ese día lo querían pasar en la playa y después de desayunar, los dos fueron a vestirse. Rick se puso su traje de baño tipo short azul y Lisa un traje de una sola pieza color coral que resaltaba maravillosamente su piel, ahora levemente bronceada, su cabello y sus ojos. Así se dirigieron al edificio principal del complejo turístico Itzamná y ahí la señor Ixchel les dio opciones sobre lo que podían hacer para divertirse aquel día.

Finalmente se decidieron por la práctica del snorkel. Como en realidad no necesitaban ninguna preparación especial para ello, los dos se dirigieron a la zona que los instructores les indicaron, en una de las playas adyacentes al Centro de Huéspedes de la isla. Ahí los dos se ataviaron con sus máscaras, visores aletas y sus trajes de neopreno para luego dedicarse a nadar en aquel apacible cuerpo de agua y observar la vida submarina.

Aquello fue algo que los apasionó tanto que se dedicaron a eso durante horas y cuando finalmente regresaron a la playa, ambos comentaron que después del snorkel, los dos estaban interesados en practicar el buceo… ir un poco más allá.

En el Centro de Huéspedes se les informó que al día siguiente podrían salir a la bahía con un instructor certificado para practicar el buceo, lo cuál los entusiasmo particularmente y reservaron su lección de buceo para temprano al otro día. Saldrían del muelle principal a las 10 de la mañana, lo que les daría tiempo para desayunar.

Pero siguiendo con su día de diversión bajo el sol, Rick se empeñó en practicar algo de windsurf. La verdad es que ninguno de ellos lo habían practicado antes, pero después de recibir un curso rápido sobre la arena, sobre el manejo básico del equipo, los dos entraron al agua, cada uno de ellos equipado con su tabla de windsurf y su espíritu de competencia no se hizo esperar. Ninguno iba a permitir que el otro lo venciera.

Mientras se deslizaban sobre en agua en aquellas tablas provistas de velas y manipulaban los aparejos, torpemente al principio, pero con más seguridad conforme pasaban los minutos, ambos comenzaron a divertirse a lo grande.

Cuando alguno de los dos perdía el equilibrio y caía al agua, el otro no podía evitar el reír a carcajadas. La venganza venía enseguida, cuando el cónyuge afectado hacía su mejor esfuerzo por cerrarle el paso al otro y hacerlo caer. Los dos trataban de atrapar las mejores ráfagas de viento, de alcanzar mayor velocidad para poder adelantarse al otro y ganar en aquella carrera sin cuartel.

Después de un par de horas de windsurf los dos se sentían todos unos expertos. Pero ya el ejercicio comenzaba a pesar en el cuerpo y los dos, ya más relajados y habiendo saciado toda su sed de competencia por el momento, volvieron a la orilla, navegando sus tablas de windsurf lentamente, mientras conversaban y reían divertidos con las ocurrencias del otro o sus travesuras previas.

Cuando llegaron a la playa, fueron directamente a comer al restaurante principal de la Isla Itzamná, en donde en esos momentos algunos otros huéspedes también se encontraban tomando sus alimentos. Lisa y Rick eligieron sentarse en una palapa cercaba al mar, en donde les sirvieron toda clase de manjares marinos, complementados con frutas y otras golosinas. Los demás comensales no podían evitar el notar la manera tan cariñosa en la que esos dos jóvenes enamorados se comportaban… eran una pareja muy atractiva y había alrededor de ellos una aura que era casi mágica.

Después de comer y de caminar por la playa un poco, los dos se relajaron un poco, sentados en sillas reclinables a orilla de un manantial que corría desde la espesura de la vegetación hasta una pequeña laguna adyacente al Centro de Visitantes. Los dos estaban cansados y comenzaron a adormecerse.

Pero aquel sopor en realidad duró muy poco, pues el sonido del motor de una lancha hizo que Rick abriera sus ojos y se enderezara en su silla. Lisa entreabrió los suyos y cuando vio el súbito entusiasmo en los ojos de su esposo, su curiosidad la movió a mirar hacia la playa, en donde había una lancha elevando a uno de los huéspedes en un paracaídas por el cielo de la Bahía de Palmeras.

- ¡Yo quiero hacer eso! – Rick comentó emocionado.

- ¿Sí? – Lisa se incorporó y miró aquel paracaídas multicolor elevarse en el cielo azul. – Supongo que debe ser divertido.

- ¡Vamos Lisa! – Rick se puso de pie y tomó a Lisa de la muñeca, haciendo que ella misma se pusiera de pie de una manera poco amable. - ¡Di que sí quieres ir conmigo¡Por favor!

Lisa se rió cuando él le hizo su mejor carita de perrito de aparador y comenzó a acariciarle el rostro con su nariz, restregándose contra su piel e imitando los gemidos de un cachorrito

- ¡A veces pienso que sí tienes genes caninos en ti, Hunter! – Lisa se rió y lo abrazó, plantándole un beso sonoro en la mejilla.

- Bueno, cualquier cosa que logre convencerte de hacer lo que yo quiero que hagas. – Fue la respuesta arrogante del piloto.

- ¡Rick, eres un grosero! Ahora en castigo ni siquiera me pidas que—

- ¡Vamos, preciosa¡Te va a encantar!

Sin hacer caso a las quejas de su esposa, que a pesar de todo tampoco se resistía a ser conducida a la playa, Rick la llevó hasta el lugar en donde otra lancha estaba lista para partir, con paracaídas incluido. El personal de playa del hotel les colocó los arneses y los aseguró perfectamente bien, antes de indicarle al conductor de la lancha que podía proceder.

Lisa había sido asegurada frene a Rick y el le indicó que se sujetara bien mientras la lancha arrancaba. Los dos comenzaron a correr, pero un par de metros después los dos comenzaron a elevarse por los aires. Lisa gritó y cerró los ojos, mientras se aferraba a su arnés, mientras Rick se reía ruidosamente y le gritaba, para hacerse escuchar sobre el sonido de los motores, que no fuera miedosa.

- ¡No soy miedosa! – Lisa replicó ruidosamente. - ¡Pero acabo de dejar mi estómago allá abajo¡Y estás a punto de ver todo lo que he comido a lo largo del día!

- ¡No seas sucia! – Rick se carcajeó. – En todo caso lo siento por quienes están allá abajo.

Rick miró hacia abajo y sonrió esplendorosamente cuando vio el paisaje que se extendía debajo de ellos: el mar turquesa, la extensa vegetación, la belleza natural de la Isla Itzamná, los veleros de la Villa Riviera que en esos momentos navegaban plácidamente en la bahía. Era una vista hermosa.

El piloto tomó las manos de Lisa e hizo que las quitara de encima de sus ojos para que ella pudiera contemplar también aquel paisaje maravilloso. Una sonrisa lenta comenzó a aparecer lentamente en sus labios mientras sus ojos se movían, tratando de abarcarlo todo. Él no podía ver el rostro de su esposa, pero conociéndola tan bien como lo hacía, sabía exactamente la expresión que ella tenía en esos momentos… y no se equivocaba.

- ¡Te dije que te iba a gustar, princesa! – Rick susurró en su oído antes de besarla suavemente en la mejilla. - ¡Te amo!

- ¡Todo es como un sueño! – Lisa susurró, ladeando su cabeza para mirar a su piloto. – Rick… ¡Tú eres un sueño!

- Soy tu esposo, bonita… - La besó en los labios. - ¡Y soy el hombre más feliz del universo!

Ella le regresó aquel beso y después de compartir una sonrisa radiante, los dos se dedicaron a contemplar el paisaje, mientras la lancha los hacía rodear una considerable porción de la Bahía de Palmeras. Los dos comentaban sobre lo que veían: el mar, la isla, la villa, el faro… ¡Todo era hermoso! Mientras sobrevolaban aquel lugar, los dos apuntaban a ciertas partes del paisaje, hacían algún comentario, sonreían, compartían algún beso travieso… fue una experiencia bastante agradable el compartir aquel vuelo en paracaídas sobre la Bahía de Xa'an.

Cuando finalmente descendieron, descansaron a la orilla del mar por algunos minutos, tratando de recuperar el aliento y masajeándose mutuamente, para aliviar un poco la presión que los arneses habían ejercido sobre sus músculos.

Contemplaron el atardecer, mientras Lisa se recargaba en el pecho de él, quien la abrazaba por la espalda, ambos sentados a la orilla de la playa. Rick recargó su barbilla en el hombro de Lisa y los dos estuvieron ahí un buen rato, en silencio, sintiendo la magia de compartir aquellos momentos especiales… de compartir ese amor.

Cuando ya estaba oscuro, los dos se dirigieron al Centro de Visitantes, en donde planearon sus actividades del día siguiente. Estuvieron hablando con la señora Ixchel por un buen rato, arreglando también la estancia que tendrían en la Posada Media Luna la siguiente semana.

Finalmente la administradora del resort Itzamná les hizo una sugerencia que ninguno de los dos pudo rechazar: un viaje de dos días, navegando su propio barco por la línea costera, entre aldeas de pescadores hasta llegar a un pueblo en el extremo sureste de la Reserva Natural de Sian Ka'an, llamado Neen Aakab. Ahí podrían entregar el barco al hermano de la señora Ixchel y él les prestaría un par de caballos para que ellos regresaran, en un trayecto de dos días, a través de los exóticos paisajes de la reserva ecológica. Aquel viaje era totalmente seguro y ellos irían equipados con un sistema GPS.

Aquella sugerencia hizo que los ojos de los dos jóvenes brillaran con emoción contenida. Sonrieron emocionados y ninguno de los dos tuvo que decir ni media palabra para saber lo que el otro pensaba. Se miraron a los ojos y con sólo ver aquellas expresiones en sus rostros los dos supieron que la idea les encantaba. Así que cuando salieron del Centro de Visitantes, veinte minutos más tarde, ya tenían todo arreglado para zarpar en el velero "Huracán – Corazón del Cielo" propiedad del resort, dos días después.

Sin duda aquel viaje estaba resultando mucho mejor de lo que ellos hubieran anticipado. Sus expectativas habían sido altas. Después de todo eran las primeras vacaciones reales que tomaban en su vida. Sin embargo lo que estaban viviendo era más emocionante, más especial y más maravilloso que cualquier cosa que ellos se hubieran atrevido a imaginar antes. Quizás era el hecho de que estaban compartiendo aquellas aventuras juntos, sin más responsabilidad que dedicarse a descansar ya divertirse.

Cenaron en el restaurante del Centro de Visitantes, algo ligero y fresco. Los dos estaban agotados después de aquel día de actividad intensa. Y sabían que los que vendrían serían iguales, así que después de cenar caminaron un rato por la orilla del mar, dejando que el agua les mojara los pies desnudos. Conversaron, se abrazaron, compartieron besos traviesos y caricias llenas de ternura. Pero finalmente terminaron por retirarse a su casa de playa.

Ahí el piloto no perdió tiempo y fue a llenar el jacuzzi de agua caliente. Los dos se relajaron durante horas, adormeciéndose con el suave y delicioso masaje y las aún más suaves y deliciosas caricias. El agua tibia era como un bálsamo para sus cuerpos adoloridos y cansados… pero con todo, jamás se habían sentido más relajados ni más felices.

Una intensa sesión de masaje siguió a aquel baño. Por turnos, cada uno de ellos frotó los músculos del cuello y espalda del otro… pero aquel contacto físico inevitablemente se convirtió en una sesión de amor lento y lleno de ternura. Después de todas sus actividades del día, lo que ellos menos deseaban en esos momentos era algo intenso o apasionado… antes bien querían relajarse y disfrutar el momento.

Así que se besaron, se acariciaron y se abrazaron durante horas, comportándose particularmente tiernos y cariñosos el uno con el otro. Se dieron su tiempo para amarse, para disfrutarse a plenitud, para sentir todas las sensaciones que sólo el otro sabía producir en ellos. Para saborear cada segundo que pasaban juntos… cada latido del corazón del otro, cada respiración y cada suspiro.

Finalmente los dos se entregaron a las delicias del sueño reparador después de haberse agotado mutuamente con la dulce fatiga del amor. Sin embargo Rick se obligó a permanecer despierto por unos minutos después de que Lisa se quedó dormida… tiempo que dedicó a contemplarla, a acariciar su rostro, a memorizar cada uno de sus rasgos faciales, cada una de sus expresiones y cada detalle de su hermosa y perfecta fisonomía.

En momentos como aquel, al tenerla dormida entre sus brazos y sentirla tan delicada, tan vulnerable y tan suya, era cuando él se preguntaba en qué momento su vida se había convertido en un cuento de hadas… en qué momento esa princesa se había enamorado de alguien como él.

Después de aquellos minutos de contemplación, él se permitió cerrar los ojos y entregarse a ese descanso bendito que su cuerpo reclamaba, mientras sus labios esbozaban una sonrisa tierna y soñadora: la sonrisa de un hombre enamorado.

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A la mañana siguiente, cuando Lisa abrió los ojos, lo primero que vio frente a ella fueron un par de hermosos ojos profundamente azules que la contemplaban extasiados. Ella sonrió adormilada y el piloto le devolvió la sonrisa y le ofreció una flor.

- ¡Rick! – Lisa se sentó, recargándose en el respaldo de la cama y recibiendo la flor que él le daba. - ¿Porqué estás despierto? Todavía es muy temprano.

- Sí, lo es. Pero recuerda que tenemos que estar en el Centro de Visitantes en una hora, para salir a bucear. Mira…

Lisa miró lo que Rick le señalaba y sonrió radiantemente cuando se dio cuenta de que sobre la mesita estaba una bandeja con el desayuno listo. Sus ojos verdes se dirigieron a su esposo, mientras una pequeña sonrisa comenzaba a formarse en sus labios. Él le respondió con una sonrisa entre arrogante y satisfecha y le entregó una taza de humeante café.

- Toma, para que comiences a carburar.

- ¡Rick Hunter! – Lisa trató de protestar, pero terminó riendo. – Solamente tú puedes ser un chiquillo malcriado tan maravilloso. ¡Estás lleno de contradicciones, mi cielo!

- Y eso te encanta de mí, princesa.

- ¡Arrogante! – Lisa le plantó un beso en los labios.

Él sonrió emocionado y suspiró teatralmente. Enseguida tomó una taza de café para él y los dos comenzaron a desayunar entre bromas, risas y conversaciones ligeras y divertidas. El suave rumor del mar, la brisa entre las palmeras y el sol que entraba a raudales a la habitación le daban a aquella mañana un halo de magia y de encanto. Rick no se cansaba de admirar a Lisa, lo rubios que sus cabellos se veían tocados por la suave luz de la mañana y lo claros que sus ojos lucían, casi como si fueran dos gotas de agua… dos esmeraldas puras y cristalinas.

- ¡Hermosos! – Pensaba Rick, mientras la veía reír por alguna ocurrencia que él le había dicho. – Cada parte de ella es perfecta y hermosa… sus ojos, su cabello, su sonrisa, su piel… pero si colocas todo junto… ¡Dios santo, es una diosa!

- ¿En qué piensas, amor? – Lisa volvió a atacar su plato de frutas con miel y granola. – De pronto te quedaste muy callado.

- Pensaba en lo hermosa que eres y en la suerte que tengo de tenerte a mi lado, princesa. ¡Eres lo mejor que me ha sucedido en la vida y te amo!

Lisa sonrió suavemente y Rick se acercó a ella para besarla en los labios, que en esos momentos literalmente sabían a miel. Los dos sonrieron cuando él se separó y siguió dando cuenta de su plato de cereal, como si nada hubiera sucedido… pero Lisa lo observaba con adoración, recorriendo su perfil con su mirada, casi como si lo estuviera acariciando con sus ojos.

El piloto la miró de soslayo y le dedicó una media sonrisa traviesa, provocando que por una inexplicable razón Lisa se sonrojara. Jamás llegaría a explicarse el hecho de que, sin importar cuánto tiempo estuviera con ese piloto bocafloja y exasperante, él jamás dejaría de provocarle mariposas en el estómago. ¡Y eso le encantaba!

Después de desayunar, los dos se vistieron con sus trajes de baño y salieron rumbo al Centro de Visitantes. Aunque cuando salieron de la casa de playa, Rick se detuvo, argumentando que había olvidado algo en la habitación, dejando a Lisa sola en el pequeño muelle privado. Ella contempló el paisaje, con ojos soñadores y una hermosa sonrisa en los labios… hasta que su mirada fue capturada por una botella de vidrio verde, cerrada con un corcho, que estaba a sus pies.

Ella la recogió, sintiéndose curiosa con aquello. La observó con cuidado y se dio cuenta de que dentro había una hoja de papel enrollada. Una pequeña sonrisa comenzó a aparecer lentamente en sus labios. Le costó bastante trabajo quitarle el tapón de corcho a la botella, pero cuando finalmente lo hizo y deslizó la hoja de papel del interior, sus sospechas fueron confirmadas.

Era una hoja artificialmente envejecida con café y quemada en sus bordes. Tenía un dibujo de una calavera con las tibias cruzadas… el símbolo pirata… o en este caso, el famoso escudo del Escuadrón Skull. Sus ojos se humedecieron levemente cuando comenzó a leer:

"Creo que no es un secreto que durante mucho tiempo había estado esperando por alguien que llegara a llenar mi vida con todo lo que le hacía falta. Tuve suerte de que ese alguien hayas sido tú, amor. Estuve despierto casi toda la noche, contemplando tu sonrisa mientras dormías y me di cuenta de lo afortunado que soy. Ambos coincidimos en el momento preciso en el lugar adecuado. Y ahora, al pensar que estaremos juntos toda la vida, navegando el mismo barco y compartiendo un mismo destino… ¡Soy el hombre más feliz del mundo! Estoy enamorado, Lisa Hayes. Irremediablemente enamorado de ti. ¡Te amo! – Rick Hunter."

Era corto, pero era contundente y directo. Esas palabras parecieron llegar muy profundo en el corazón de Lisa, pues sus ojos, que ya se habían humedecido desde antes de que leyera la nota, se anegaron en lágrimas. Se dio media vuelta cuando escuchó la voz de su piloto a sus espaldas.

- ¿Qué trajo la marea? – Rick preguntó inocentemente. - ¿El mapa de un tesoro?

Lisa lo miró a los ojos y le echó los brazos al cuello.

- ¡El tesoro eres tú, Rick Hunter! Ya no necesito mapas en mi vida… tú eres mi faro, mi brújula, mi estrella polar. ¡Te amo!

- Y yo te amo a ti, bonita.

Los dos comenzaron a besarse con apasionada ternura, abandonándose el uno al otro al otro, aislándose completamente del mundo exterior. Rick abrazó a Lisa alrededor de la cintura y la apretó estrechamente contra su cuerpo, sintiendo como cada curva del cuerpo de su esposa encajaba en cada línea de su propio cuerpo, complementándose de una manera perfecta.

Cuando se separaron, Lisa lo contempló por unos momentos en silencio, aunque su sonrisa y el brillo en sus ojos eran más que elocuentes. Rick la besó en la punta de la nariz y tomó la hoja de papel para ponerla de vuelta en la botella y sellarla con el corcho.

- Espero que ningún pirata esté tratando de seducir a mi esposa con cartitas de amor.

- Hmmm… el único pirata en el que estoy interesada está aquí conmigo… - Lisa le tocó juguetonamente la punta de la nariz. – Hace mucho que efectuaste el abordaje en mi corazón, amor.

- ¡Y el botín valió la pena! – Rick se rió y volvió a besarla en los labios. - ¡Vamos, preciosa! Se nos hace tarde para ir a bucear. ¡Hay tanto que quiero hacer contigo! Lisa, siento que la vida entera no va a alcanzarnos para vivir todo lo que quiero vivir a tú lado, yo—

- Entonces, más vale que no perdamos en tiempo, piloto. – Lisa lo silenció con un beso fugaz y una sonrisa cálida.

Los dos se tomaron de la mano, hicieron una parada rápida para dejar la botella en la sala de estar de la casa de playa y enseguida se dirigieron hacia el Centro de Visitantes, mientras se bromeaban, se hacían desatinar, se besaban y jugueteaban traviesamente el uno con el otro, saboreando cada segundo que pasaban juntos… cada instante que la vida les regalaba.

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Aquel día se divirtieron tanto como los anteriores. Salieron del Centro de Huéspedes de la Isla Itzamná temprano en la mañana, en un bote de motor con quien sería su instructor de buceo: un hombre amable y bastante simpático al que llamaban Keh, aunque ellos jamás supieron su verdadero nombre.

Keh era un hombre maduro que, según les contó mientras los conducía a la zona de buceo, había pasado su vida entera sumergiéndose en las aguas turquesas del Caribe. No había nadie en aquella región que conociera mejor el paisaje submarino de la Bahía de Palmeras. Era un instructor certificado y era una persona agradable y bastante divertida.

Les tomó casi una hora llegar al lugar donde bucearían ese día, pero aprovechó el viaje para relatarles toda clase de historias sobre sus antepasados mayas y sus tradiciones, sus leyendas y la vida cotidiana de las pequeñas comunidades autóctonas.

Finalmente llegaron al sitio designado, un lugar que los locales llamaban El Jardín de Coral, por las formaciones submarinas que existían en aquel sitio y que semejaban a un jardín florido. Keh ya les había dado a los jóvenes militares una rápida instrucción en la alberca, antes de salir del Centro de Visitantes. Se había sorprendido gratamente al darse cuenta de que los dos jóvenes parecían tener un talento natural para bucear; era obvio que no eran principiantes.

La verdad es que ninguno de los dos lo había hecho con anterioridad… pero sin duda su entrenamiento para vuelos espaciales era de utilidad, los dos se dijeron sin palabras, mirándose a los ojos y sonriéndose pícaramente cuando Keh les hizo notar que parecían estar bien entrenados.

- ¡Es momento de colocarse el equipo! – Keh les instruyó, mientras anclaba la lancha. – Chicos, están a punto de practicar un deporte ancestral. Muchos piensan que el buceo es invento de la era moderna, pero es un hecho históricamente comprobado que en Grecia y Roma el buceo fue usado como arma de guerra… y en todas las civilizaciones ribereñas del mundo, el buceo siempre ha sido usado con fines pesqueros. Claro que ahora ese "buceo libre" es una opción… pero la tecnología nos ha permitido ahora llegar al buceo con aparatos.

- En buceo con equipo de respiración autónoma… o buceo SCUBA. – Rick repitió su lección previa, mirando a Lisa con orgullo para demostrarle que sí estaba poniendo atención.

- Así es. – Keh le sonrió. – Yo aprendí el buceo libre desde que era niño, pero ahora las cosas son muy diferentes de ese entonces. Ustedes van a bucear con un traje que les permite gran movilidad, realizarán su inmersión con su tanque de aire y éste sustento vital les será suministrado por un regulador de presión. – El instructor les iba señalando las partes del equipo mientras hacía ese breve repaso. – Se encontrarán totalmente independientes del exterior con gran seguridad. Estos aparatos modernos calculan la profundidad, la velocidad de ascenso, el nitrógeno residual en el cuerpo… ellos hacen todo el trabajo.

- ¡Que lejos han quedado los días del escafandrismo! – Lisa comentó, mientras se colocaba su equipo.

- ¿Qué es eso? – Rick detuvo lo que estaba haciendo y miró a Lisa.

- ¿Has visto fotos antiguas o imágenes en películas en donde hay buzos que caminan por el lecho marino con unos trajes grandes y pesados mientras el aire les llegaba del exterior por una manguera?

Rick movió sus ojos y asintió levemente con la cabeza.

- Como en 20 Mil Leguas de Viaje Submarino. – El piloto asintió. – O algo así…

- Sí, algo así. – Lisa le sonrió. – En ese entonces los trajes eran muy pesados, con un enorme casco de cobre con pequeñas claraboyas enrejadas.

- ¡Sí sé cuales! – Rick se entusiasmó, pero enseguida se tocó pensativamente el labio inferior. – Aunque esas cosas me darían miedo… no quisiera bucear en una de esas.

- Uno de mis abuelos era submarinista a principios del siglo XX. – Lisa seguía hablando mientras se aseguraba sus aletas. – Él practicaba el escafandrismo; mi padre tenía algunas fotografías.

- Pues yo prefiero el buceo autónomo. – Rick se acercó a Lisa y le rozó levemente sus labios con los suyos. – Sobre todo si es con alguien tan hermosa como mi esposa.

Los dos sonrieron, pero ya el instructor Keh les estaba hablando, así que desviaron su atención hacia él.

- El mundo submarino nos ofrece una gran belleza, muchachos. Es un mundo extraordinario y amigable, pero no por eso deja de ser un medio natural diferente al nuestro, por lo que tenemos que ser muy precavidos al estar allá abajo. Pero mientras sigan las reglas que ya les dije, todo estará bien y gozarán de esta experiencia maravillosa.

- Regla número uno, - Rick sentenció categóricamente. - ¡Seguir las reglas! Regla número dos¡No improvisar!

- Aprende rápido. – Keh le sonrió a Lisa.

- Sí. – Lisa le acarició el cabello ensortijado a su esposo. – Llegando a casa te daré tu croqueta.

- ¡Hey! – Rick protestó pero terminó riéndose. - ¡Eres una malilla!

- Bien… - El instructor les dijo. – Recuerden mantenerse a distancia de los corales y de los animales. No los molesten ni los toquen y no remuevan los sedimentos. Durante el descenso igualen la presión de sus oídos y sus máscaras como se los mostré. No se aguanten la respiración mientras ascienden… desciendan despacio y respirando normalmente. Yo voy a bajar con ustedes, así que cualquier ayuda que necesiten, ahí estaré… y por último y más importante¡Disfrútenlo!

Minutos más tarde los tres se dejaron caer de la lancha hacia las aguas turquesas del Caribe, para iniciar la inmersión. Durante las siguientes dos horas Lisa y Rick se dedicaron a conocer un mundo de ensueño bajo la superficie de las aguas mientras contemplaban aquel verdadero jardín submarino, en donde se encontraba la segunda barrera arrecifal más grande del mundo, el Gran Arrecife Maya, que corría a lo largo de la costa y estaba poblado de una espectacular vida marina.

Pudieron observar tortugas marinas, hipocampos, miles de peces multicolores, corales, esponjas, estrellas de mar en su hábitat natural… un paisaje que parecía haber salido de sus sueños. Los colores se mezclaban entre sí formando una paleta multicolor de una belleza impresionantemente extraordinaria. Ni Lisa ni Rick recordaban haber visto algo tan absolutamente hermoso en su vida, ni siquiera en el espacio exterior.

Y mientras buceaban, los dos se dieron cuenta de la perfecta armonía y la comunicación tan estrecha que ambos habían logrado tener con el otro, pues a pesar de que no había intercambio de palabras entre ellos, las miradas, los movimientos de manos y las señas que se hacían eran suficientes para mantener una silenciosa conversación entre ellos, mientras se dedicaban a disfrutar y descubrir juntos ese mundo de ensueño que se les presentaba ante sus ojos.

Cuando aquel viaje a esos mundos imposibles terminó, más por aspectos técnicos como lo eran la falta de oxigeno que por verdaderas ganas, los dos estaban fascinados con lo que habían visto. Aunque pronto se dieron cuenta de lo agotadora que había sido la experiencia. Mientras Keh conducía la lancha de regreso a la Isla Itzamná, sin dejar de hablar sobre sus muchas experiencias en el campo del buceo,

Lisa y Rick se habían dejado caer en el asiento trasero de la lancha y guardaron silencio todo el camino, simplemente escuchando lo que Keh tenía que decir, descansando un poco y adormilándose al sol mientras compartían una sonrisa traviesa, un beso suave o una caricia fugaz. ¡Estaban en el paraíso!

Una deliciosa comida tipo buffet los esperaba a su regreso. Los dos estaban hambrientos, mucho más de lo que ellos mismos habían pensado. En cuanto llegaron al restaurante del Centro de Huéspedes, los dos se dedicaron a asaltar sin piedad la mesa del buffet, comiendo todo lo que pudieron introducir a su organismo. Además la comida estaba deliciosa y con la actividad física tan intensa que habían tenido ese día, se merecían una buena comida.

Después de comer hablaron con la señora Ixchel, quien les informó que todo estaba listo para su viaje del día siguiente en el velero a través de la línea costera. Les dio algunas instrucciones, hablaron de todos los detalles y pormenores, asegurándose de no pasar nada por alto e incluso se dieron tiempo de ir a ver el pequeño velero, "El Corazón del Cielo" o como Ixchel lo llamaba en su lenguaje maya, "El Huracán". Era una embarcación pequeña pero muy cómoda y segura. Rick y Lisa estuvieron de acuerdo en que navegar por dos días por la riviera sería una experiencia maravillosa, pero tenían que descansar un poco primero.

Caminaron por la orilla de la playa para bajar un poco la comida antes de regresar a su casa de playa e ir a dormir una siesta en la hamaca debajo de los árboles… siesta que se prolongó durante horas. Cuando despertaron los dos se sentían muy repuestos y sin perder tiempo regresaron al Centro de Huéspedes a hacer algo que habían querido hacer desde hacía tiempo: salir a pasear en una moto acuática. Todavía tenían un par de horas de sol y decidieron aprovecharlas.

Los dos se montaron en una sola moto. Podrían haber tomado dos si así lo hubieran querido, sin embargo en esos momentos realmente no querían competir, sino más bien disfrutar de un momento de paz y tranquilidad, juntos. Rick se sentó frente a los controles y Lisa detrás de él, abrazándolo por la espalda y recargando su cuerpo en el de él mientras el piloto ponía el pesado aparato en marcha y se adentraban en las azules aguas de la Bahía de Palmeras.

Estuvieron dándole vueltas a la Isla Itzamná durante una buena media hora, hasta que decidieron arriesgarse a ir un poco más allá… aunque no demasiado, pues sabían que no deberían alejarse demasiado de la orilla con una moto acuática. Por momentos el piloto conducía lentamente, permitiéndose admirar los paisajes de ensueño que aparecían frente a ellos.

En otros momentos Rick elevaba la velocidad, moviendo el aparato casi salvajemente y levantando olas para provocar que Lisa gritara emocionada y se aferrara a su cintura, apretándolo como si su vida dependiera de ello. Los dos se reían emocionados y divertidos con aquello, disfrutando del momento y de la alegría que sentían de estar juntos.

Poco antes del atardecer detuvieron la moto acuática en una playa escondida entre peñascos en la parte suroeste de la Isla Itzamná, muy lejos del complejo turístico y totalmente apartados de cualquier indicio de civilización. Los dos se sentaron en la orilla de la playa, dejando que el agua les acariciara las piernas, mientras se sonreían y miraban el espectáculo frente a ellos: el hermoso océano y el sol que lentamente comenzaba a bajar sobre el horizonte.

- ¡Soy tan feliz, Rick! – Lisa suspiró, recargando su cabeza en el pecho de su esposo. – Jamás pensé que… que algún día podría vivir todo esto… es una locura, es un sueño.

- Es nuestro matrimonio. – Rick sonrió, besándole el cabello húmedo. – Una locura, pero también un sueño.

- ¡Eres un tonto! – Lisa se rió y lo besó en la barbilla.

Rick la miró con una mezcla de amor, adoración, simpatía, cariño e incredulidad que hicieron que ella sonriera radiantemente.

- ¿Qué pasa, amor?

- Es que a veces… yo tampoco puedo creerlo… a veces tengo que pellizcarme para asegurarme de que esto no es un sueño, de que… ¡OUCH¡HEY! – El piloto protestó cuando sintió que Lisa lo había pellizcado en el trasero. - ¡LISA MALA¡ESO NO SE HACE!

- Intentaba ahorrarte el trabajo¿sabes¿Quién te entiende?

- ¡Ahora te voy a mostrar lo que es ahorrarse el trabajo¡Voy a ahorrarte el trabajo de respirar, porque te voy a matar!

- ¡La la la! – Respondió Lisa divertida.

El piloto gruñó ante el descaro de su esposa y se dejó ir sobre de ella, derribándola y provocando que ella comenzara a reír incontrolablemente. Su risa pronto terminó por contagiarlo a él también.

- ¡Lisa Hayes-Hunter! – Rick la regañó entre risas. – Cuando yo te diga que te voy a matar, tú debes de salir corriendo y gritando, suplicando por tu vida… ¡Uno no se pone a cantar cuando otra persona lo amenaza de muerte!

- ¿En serio? – Los ojos de Lisa brillaban traviesamente. - ¿Y cuál es su método de ejecución favorito, general?

- ¡Te voy a comer a besos, sinvergüenza! – Rick comenzó a besarla como desesperado. - ¡De ésta no sales viva!

- ¡Auxilio! – Lisa gritaba y pataleaba sin dejar de reír frenéticamente. - ¡Perro malo! Cuando tenga un periódico en mis manos yo…

- ¡Guau, guau, guau! - Rick comenzó a ladrarle en el cuello y a lamerle la cara.

- ¡RICK DETENTE¡ME HACES COSQUILLAS!

Pero las súplicas de Lisa parecían motivar más a Rick, quien no dejaba de hacerle cosquillas ni de reír. Ella no se estaba en paz, trataba de liberarse del peso de su esposo, pero él había atrapado sus manos y las tenía inmovilizadas contra la arena. De pronto los dos se quedaron quietos, mirándose a los ojos mientras respiraban agitadamente. El cabello de Lisa estaba mojado y lleno de arena y su boca entreabierta mostraba levemente sus dientes perfectos. Su pecho subía y bajaba rítmicamente y toda su piel visible estaba húmeda, bronceada y levemente salpicada de arena.

- ¡Es tan hermosa! – Pensó Rick, contemplándola embelesado.

- Rick… - Lisa susurró, notando la manera en cómo él la observaba, mientras trataba de controlar su propia respiración.

- ¿Qué pasa, hermosa?

Los ojos de Lisa recorrieron las facciones del piloto. ¡Había madurado tanto desde aquellos días en los que había sido un recluta en la RDF a bordo del SDF1! Lisa no pudo evitar recordar al chiquillo que había conocido… y compararlo con aquel hombre apuesto que ahora estaba con ella. ¡Había cambiado tanto! Y a la vez… seguía siendo ese muchacho que la había rescatado de la Base Sara de Marte… el mismo que le había ofrecido su mano en la nave zentraedi para, literalmente, rescatarla de las garras de la muerte… esos ojos azules que, tocados por la luz del sol poniente, se veían tan claros y tan hermosos… y esa pequeña sonrisa traviesa que era tan característica de él… de Rick, de su esposo.

Lisa cerró los ojos cuando sintió que él se acercaba a ella, buscando sus labios. Pero en lugar de eso se estremeció levemente cuando sintió que Rick la besaba suavemente en el hombro, para luego recorrerle la piel con la lengua, probándola, haciéndola subir por su clavícula hasta su cuello. El piloto la besó larga y lánguidamente justo debajo de la oreja mientras ella, que finalmente había liberado sus manos de las de él que las habían mantenido aprisionadas, había comenzado a acariciarle su espalda desnuda, provocando que él suspirara y gimiera contra su cuello.

- ¡Eres tan hermosa y te amo tanto! – Rick susurró. – Lisa… jamás me dejes, amor… no podría vivir sin ti.

- Yo no iré a ningún lado, mi cielo… no sin ti, Rick.

- ¿Me amas?

Lisa sonrió al escuchar esa pregunta de labios de aquel hombre que era la razón misma de su vivir… el eje de su existencia y la esencia de su vida. Se movió un poco para mirarlo de frente y le acarició el rostro, quitándole los mechones rebeldes de cabello de encima de la frente para luego besarlo con ardorosa ternura justo en medio de los ojos.

- Te amo, Rick Hunter. – Le dijo, clavando sus ojos verdes en los profundamente azules del muchacho. - ¡Te amo!

- Yo también te amo. – Rick sonrió enternecido y se acercó a buscar sus labios. - ¡Eres lo mejor que hay en mi vida, Lisa¡Eres maravillosa y te adoro, eres el amor de mi vida!

Los dos comenzaron a besarse suave, lenta, cariñosamente. El suave rumor de las olas rompiendo en la playa y las palmeras meciéndose al viento, complementado con el magnifico espectáculo del sol poniente le daba a aquel momento y a aquel lugar un aura de divina calma… como si aquel fuera un mundo aparte que sólo existiera para ellos y para su amor.

Mientras aquel beso se hizo más profundo y más apasionado, ambos comenzaron a acariciarse y a explorarse mutuamente con sus manos. Era bastante evidente que los dos estaban dirigiendo sus movimientos a algo más profundo e intimo entre ellos… algo que los dos deseaban. Algo de lo que jamás parecían estar satisfechos… algo tan sagrado y tan significativo como lo era su unión física.

Cuando Rick se separó levemente de ella, para mirarla a los ojos, ella le dedicó una media sonrisa. Sus ojos verdes atrapaban los reflejos del sol y brillaban con una intensidad y una pureza que hacía que el piloto no pudiera resistir la tentación de besarlos ardorosamente. Las manos de ella recorrían el cuerpo desnudo del muchacho, provocando que él se estremeciera al más ligero toque y a la más sencilla caricia.

Cuando sus ojos volvieron a encontrar, ambos supieron lo que el otro estaba preguntando… ambos entendieron ese lenguaje silencioso en el que ambos pedían una autorización de ir un poco más allá… y ambos entendieron, en sus miradas, que tal autorización no era necesaria, pues ambos se pertenecían mutuamente en cuerpo, alma, corazón y espíritu.

Ahí, en esa playa escondida y a la luz del ocaso los dos se entregaron a sus deseos y a la necesitad inmensa, insaciable y poderosa que el uno tenía del otro. Hicieron el amor sin prisas, dándose su tiempo, gozando de cada segundo, atesorando cada sentimiento y cada sensación, sumergiéndose en un océano de pasión y de entrega total que por momentos llegaba a sobrepasar sus propias fuerzas.

Durante esos días que habían estado en su viaje de bodas, la necesidad que ambos tenían del otro había alcanzado niveles que jamás antes creyeron siquiera posible que pudieran ser alcanzados. Habían hecho el amor en cada rincón en el que habían encontrado algo de intimidad, a cada momento, sin importarles nada más… habían tenido sesiones largas, lentas, llenas de sentimientos y de la necesidad de demostrarse cuánto realmente significaban el uno para el otro. Había habido momentos en los que el deseo y la pasión los habían hecho perder la razón y habían terminado amándose de prisa y con urgencia en algún rincón apartado del mundo… habían tenido sesiones llenas de cariño y ternura… momentos juguetones y traviesos. ¡Habían hecho de todo!

Ahora se sentían tan íntimamente unidos el uno con el otro como jamás se habían sentido antes. Los niveles de confianza y de intimidad que habían alcanzado entre ellos eran tan profundos e intensos que nada más parecía importar. Ahora sabían que había alguien en el mundo que los amaba por quienes en realidad eran, con defectos y virtudes, con fortalezas y debilidades, alguien los amaba… alguien los deseaba, alguien estaría ahí para siempre… ¡Para siempre!

Finalmente Lisa se derrumbó sobre el cuerpo del piloto, después de haberlo llevado al límite y haberle regalado todo el placer del que ella era capaz. Todo el placer que ella deseaba hacerle sentir a él… Rick no había tenido conciencia de en qué momento Lisa había tomado el control. No que a él le molestara¡Lejos de eso! Le encantaba cuando ella le mostraba su lado rebelde, apasionado y seductor… pero aquello no se iba a quedar así.

- ¡Eres terrible, Lisa Hayes! – Rick susurró entre suspiros, mientras trataba de recuperar su respiración.

- ¿Lo soy? – Lisa, recostada sobre de él, sonrió traviesamente mientras le besaba el pecho. - ¿Esperabas atacar a tu esposa con cosquillas y salir vivo de ésta, Hunter? Las cosas no funcionan así.

- ¡Hmmm! – Rick se estiró perezosamente, mientras una enorme sonrisa aparecía en sus labios. – Supongo que comprenderás que las cosas no se van a quedar así¿cierto? Esta noche tendré mi venganza. ¡Y será algo que jamás olvidarás, Hayes! Tú tampoco saldrás viva de ésta.

Lisa se rió y miró a Rick a los ojos. Los dos estaban sonriendo satisfechos y las miradas en los ojos de ambos destilaban miel y ternura. Él le besó la punta de la nariz y ella le acarició los labios con su dedo para luego besarlos suavemente, casi como si fuera una caricia.

- ¡Te amo! – Susurró contra sus labios. - ¡Te amo, Rick!

El piloto no pudo contestar… al menos no verbalmente pues Lisa ya había atrapado sus labios y lo estaba besando como si su vida dependiera de ello. Pero en la forma en como él correspondió aquel beso iban todas las respuestas que Lisa necesitaba escuchar. Pero a pesar de la intensidad y la pasión de aquel beso maravilloso, Rick no pudo evitar el sentir cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. ¿Sería verdad¿Sería cierto que hubiera tanta felicidad en su vida?

- A veces parece un sueño. – Una parte de la mente racional de Rick pensó mientras Lisa lo besaba de aquella manera. – Amo a Lisa… ¡La amo más que a mi vida¿Realmente está sucediendo todo esto¿Realmente soy tan afortunado?

Lisa terminó el beso y se separó lentamente de él para mirarlo a los ojos. Los notó húmedos y pensó que era por efecto de su sesión de amor. Él le sonrió una sonrisa tan tierna y cargada de dulzura y de adoración como pocas le había regalado en su vida. Esa sonrisa tuvo un efecto profundo en Lisa… le llegó al alma. En los ojos de Rick veía puro amor… veía una felicidad perfecta. Y el saber que ella era causante de eso en su piloto la hizo sentir la mujer más feliz y dichosa del universo.

- Te amo, Lisa Hayes. – Finalmente Rick habló, acariciándole el cabello. – Te amo mucho más de lo que alguna vez tú serás capaz de imaginar. ¡Te amo con cada respiración, con cada gota de sangre, con cada latido del corazón! Y te amo más con cada segundo que pasa… ¡Eres mi vida, Lisa! Tú lo sabes¿cierto?

- Lo sé, Rick. – Ahora fue el turno de los ojos de Lisa de llenarse de lágrimas. – Lo sé…

Ella iba a seguir hablando, pero él no se lo permitió. Le puso un dedo sobre los labios y se sentó, manteniéndola sobre su regazo, para abrazarla protectivamente, mientras escondía su rostro en su cuello y la besaba ahí mismo. Rick no quería escuchar nada más de ella, porque él conocía todas las respuestas… sabía que ella lo amaba. Lo sabía porque ella se lo demostraba a cada segundo. ¡No deseaba escuchar palabras cuando la realidad era más que evidente!

Estuvieron en aquella playa desierta acariciándose, abrazándose, besándose y compartiendo momentos de felicidad profunda y amor total hasta que el sol se ocultó por completo en el horizonte.

Para entonces los dos habían recuperado el humor travieso con el que habían llegado a ese lugar. Rick ayudó a Lisa a subir a la moto acuática y los dos regresaron al Centro de Huéspedes sin prisas, bordeando la isla y recreándose con el paisaje tan absolutamente perfecto de la Bahía de Palmeras al ocaso, con el cielo azul cobalto sobre ellos, en donde, sobre el horizonte, aún se veían los manchones de oro y sangre del sol poniente, mientras en lo alto comenzaban a aparecer las primeras estrellas de la noche… y en la tierra, como correspondiendo a aquella sinfonía estelar, comenzaban a encenderse lenta, casi tímidamente, las primeras luces de la Isla Itzamná y la Villa Riviera al fondo del paisaje.

Al día siguiente ambos saldrían muy temprano en el velero Huracán y pasarían cuatro días de aventura en el mar y el la reserva ecológica. Ambos estaban emocionados con aquello y no podían esperar a que aquella nueva aventura comenzara.

Cenaron en el Centro de Huéspedes, en donde se dieron unos minutos extras para bailar cuando la música comenzó a sonar. Después regresaron a su casa de playa, caminando sin prisas por la orilla del mar, contemplando el paisaje nocturno, maravillándose de lo hermoso del cielo caribeño y dejándose guiar por la multitud de antorchas que de noche se encendían a lo largo de las playas de uso común de la isla. ¡Aquello era mágico!

Esa noche, tal y como Rick había amenazado, los dos prosiguieron con sus sesiones amorosas. Se dedicaron a relajarse, a compartir su intimidad, a darse placer mutuamente y a sentir una felicidad que por tanto tiempo les había sido negada…

… y finalmente se quedaron dormidos, exhaustos y satisfechos uno en brazos del otro, sintiendo una felicidad que ellos jamás creyeron que sería posible en sus vidas… una felicidad tan perfecta y absoluta como jamás imaginaron que podría existir en el universo. Esa felicidad, esa satisfacción, esa alegría y ese estado de arrobamiento absoluto y placer intenso que solamente podían sentir al estar juntos, eso que llamaban amor. ---

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- - - C O N T I N U A R Á - - -

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NOTAS DE AUTOR:

- Esta semana la actualización llegó un poco más temprano que de costumbre porque el jueves no estaré por aquí. Pero más vale temprano que nunca… ¿Así va el dicho?

- Quiero agradecer a mis pilotos de pruebas que, como siempre, han estado al pie del cañón siendo mis lectores betas. Y también a todos los que han seguido la historia hasta aquí y se toman el tiempo ya sea para simplemente leerla o incluso mandarme sus comentarios. ¡Muchas gracias a todos!

- Recomendación de la semana: el fanfic "Momentos de Decisión" de mi buen amigo y piloto de pruebas Mal Theisman, que es una de las mejores historias de RT que he leído en mi vida. ¡No se lo pueden perder!

- ¡Nos vemos a más tardar el jueves 16 de agosto para la siguiente actualización!

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.: GTO – MX :.


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