RATONCITO
CAPÍTULO 35
Si planear una boda no fuera suficientemente caótico y agotador para una persona, a ello Bella tenía que sumar un embarazo bastante sintomático, la tristeza que le producía el rechazo de su padre y el nerviosismo por la incertidumbre sobre el paradero de Laurent.
Bella había hablado con su madre y, sin contarle nada sobre su embarazo, le había informado que estábamos decididos a fijar la fecha de la boda, lamentando que Emmett no quisiera formar parte de ella.
Finalmente fijamos la fecha de la boda para cuatro semanas más tarde y mi prometida, comportándose como toda una novia romántica se decidió a pedir todo. Un vestido de princesa, mis sobrinos como sus pajes, un banquete con muchos invitados, una noche de bodas en una suite de novios y una luna de miel romántica y de ensueño.
Ella pedía y yo estaba encantado de darle todo lo que deseaba.
Pero había uno de sus imprescindibles que yo era incapaz de conseguir para ella, y era que su padre la entregara en el altar.
Sabía que eso la entristecía por lo que intenté una vez más que su padre recapacitara.
—¿Qué quieres? —dijo Emmett al contestar el teléfono sin siquiera saludarme.
—Bueno, finalmente te dignas contestarme —contesté sintiéndome fastidiado por su actitud infantil e intransigente.
—No me toques las narices, Edward, y dime qué quieres.
—¿No crees que te arrepentirás de hacerle esto a tu hija?
—¿Disculpa? —gruñó mi antiguo mejor amigo —¿De qué coño estás hablando? ¿Y quién diablos te crees tú que eres para opinar sobre mi relación con mi hija?
—Soy su prometido y pronto seré tu yerno —dije sabiendo que le enfurecería —y estoy harto de ver que te comportas como un idiota y con ello lastimas a mi prometida.
—Vete al diablo, Edward —rugió Emmett al otro lado de la línea —Nunca apoyaré esta relación, nunca aceptaré que tengas algo con mi hija y puedes estar seguro que intentaré impedir esa boda hasta el último instante —prometió —Porque sé que no podrás hacer feliz a mi hija. Porque sé que Bella se arrepentirá si continúa una relación contigo porque tú eres incapaz de amar y eres incapaz de amar a Isabella de la forma que se merece…
—No sabes de lo que hablas —espeté furioso —No tienes idea lo que tu hija ha pasado y te arrepentirás de ser tan duro con ella. Tú sabes bien que nadie amará a Bella como yo lo hago y nadie se ocupará tanto de hacerla feliz como yo lo haré —aseguré.
—Sí, claro —respondió Emmett condescendiente —Creerás que no sé lo que Bella tuvo que pasar con el cabrón de su ex novio en París, pero lo sé —aseguró —Pero aun así eso no te convierte a ti en el mejor hombre para ella. Tú no sabes amar y no voy a permitir que hagas con ella lo que hiciste con María o con Jessica. Tú intentas que Bella te dé lo que no eres capaz de conseguir y yo no permitiré que le lastimes —bramó frenético antes de cortar la llamada y no volver a responder ninguno de mis intentos de aclararle la verdad de mis sentimientos por su hija.
Iracundo lancé el teléfono sobre la cama mascullando.
Bella me observaba circunspecta desde el vano de la puerta en cuanto me volteé.
—Hablabas con mi padre, ¿verdad? —preguntó apesadumbrada y solo pudo enfurecerme aún más con mi amigo.
—Está comenzando a hartarme su intransigencia —reconocí acercándome a ella para estrecharla contra mi cuerpo —¿Cómo estás?
—Bien, ya no he vuelto a vomitar hoy y mi estómago parece finalmente asentado.
—Espero que este pequeñín deje ya de dar la lata —sonreí enternecido como cada vez que pensaba en el pequeño bebé que crecía en el interior de esa mujer.
Bella se acurrucó contra mi pecho mientras mis manos recorrían su espalda con caricias relajantes.
—¿Por qué me hace esto? —murmuró con voz acongojada —¿Por qué no puede ser feliz por mí?
Suspiré frustrado y molesto.
Me había jurado que haría feliz a esa mujer por sobre todas las cosas. Me había prometido cuidarla y protegerla y alejarla de cualquier cosa que le entristeciera y era su padre, justamente aquel que aseguraba que yo la haría infeliz, quien le estaba impidiendo ser feliz y disfrutar de este momento tan esperado como era para Bella el organizar su boda y prepararse para ser madre.
—Lo siento, ratoncito. No sé qué decir ni qué hacer para que recapacite. Sé que mi fama me precede pero él debería saber que nunca te engañaría a ti. Él más que nadie debería saber que yo nunca haría nada que pudiera lastimarte. Y debería estar seguro de que no me embarcaría en una relación contigo si no estuviese completamente seguro de que me dejaré la piel para hacerte feliz.
—No hago más que pensar que se fastidie si no quiere formar parte de mi vida y que es él quien se está perdiendo compartir mi felicidad y ser parte de la vida de su nieto —confesó —pero no puedo dejar de sentirme triste ante la perspectiva de que a mi hijo le falte un abuelo solo porque éste es estúpido, terco y caprichoso.
—Lo sé, cariño, lo sé —reconocí —Pero aún viendo su terquedad y aunque cada vez me siento más frustrado por no poder hacerle entender que mi amor por ti es verdadero y real, algo dentro de mí me dice que recapacitará. Ya lo verás.
Bella levantó su rostro para enfrentarlo al mío.
—Espero que tengas razón porque vivirá una vida muy larga alejado de su familia si no lo hace porque nunca voy a dejarte escapar —prometió sonriendo con picardía.
—Como si pudiera estar interesado en hacerlo —reí antes de bajar mis labios para encontrar los suyos.
Respondiendo a sus hormonas enloquecidas Bella dio un pequeño brinco y enredó sus piernas a mi cintura. Mis manos bajo sus glúteos la sostuvieron pegada a mí mientras mi erección se disparaba estrellándose contra mis pantalones que la mantenían confinada.
Con un par de pasos retrocedí hasta sentarme en la cama con mi exquisita mujer a horcajadas sobre mí.
Sus manos desesperadas desabotonaron mi camisa y tiró de ella hasta quitármela y dejarla caer sobre la alfombra, mientras su boca devoraba la mía con ansiedad. Respondiendo a su avidez mis manos la liberaron de su ropa. Con desespero la tumbé sobre la cama para alejarme de ella y deshacerme del resto de mi ropa. Desnudo me acosté sobre ella y sin darnos tiempo a prepararnos me hundí en su interior con un jadeo necesitado.
El orgasmo nos golpeó de lleno tras tan solo unos pocos embates y jadeantes y sudorosos nos dejamos caer sobre las mantas.
—¿Qué crees que dirá mi padre cuando sepa que estoy embarazada?
—Estará feliz —aseguré —, aunque no va a gustarle que el padre de tu hijo sea yo.
—Pues entonces no le diremos que será abuelo hasta que no acepte que será tu suegro—estableció sonriendo burlona, aunque yo sabía que sus sentimientos no eran felices.
De cualquier forma, aunque no estaba completamente de acuerdo con su decisión, no podía más que apoyarla. Entendía sus sentimientos y pensamientos y, aunque pudieran en algún momento parecerme inmaduros o infantiles, la reacción infantil de su padre solo podía merecerse una respuesta infantil.
En solo quince días Bella y yo viajaríamos a Forks para acabar los últimos preparativos de la boda que tendría lugar tres semanas después. Era mi obligación mantenerla tranquila hasta entonces. Y no tardaría en ocuparme de ello.
Pero dos días antes de que saliera nuestro vuelo hacia Forks todo se precipitó.
Bella aún dormía cuando salí de la casa. Había pasado una muy mala noche y no había dormido bien. Yo había estado a su lado cada vez que se había levantado para vomitar, pero ella era sin dudas quien llevaba la peor parte.
Me mataba la culpa al verla pasarlo tan mal pero Bella no quería siquiera escuchar nada sobre culpa de mi parte. Ella estaba feliz de ser la madre de mi hijo y yo no podía sentirme más exultante porque fuera ella quien albergara en su cuerpo a mi bebé.
Estaba llegando a las oficinas de la empresa cuando mi teléfono sonó en mi bolsillo.
Jason Jenks me llamaba desde Francia con noticias en absoluto alentadoras.
Después de haber perdido el rastro de Laurent Da Revin, finalmente habían descubierto su salida de Europa, desde un aeropuerto alemán con destino a los Estados Unidos.
Su aeropuerto destino: Los Angeles.
Suficientemente lejos de Forks o de Nueva York, pero ni Jenks ni yo mismo dudábamos de sus verdaderas intenciones al entrar en este país.
Después de mi conversación con Jason Jenks me puse en contacto con la policía y, aunque prometieron ocuparse de investigar su paradero y en caso de ser necesario ponerle a Bella algún tipo de vigilancia, yo mismo me puse en contacto con un investigador privado que se ocupara de saber dónde estaba ese cabrón y qué intenciones tenía para con mi familia.
Aunque no podía decir que me sintiera más confiado, seguro o tranquilo respecto a Laurent, después de la entrevista con el investigador sentía que todo podría salir bien.
Explicárselo a Bella sería lo más difícil, pero de ninguna manera yo iba a permitir que ese hombre arruinara nuestros planes de boda.
Ya no tengo ni cara para disculparme por la tardanza. He vuelto y espero poder ponerme al día. Gracias por la paciencia
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos, y sobre todo gracias por leer.
Como ya dije estamos en la recta final... Espero que la disfruten...
Les espero también en mi grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y nos seguimos leyendo.
