Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi

Otros son de mi imaginación. ;)

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Capitulo 37

No podía creerlo, no podía creer que en el tiempo que estuvo fuera de la aldea todo hubiese sido un caos y Megumi hubiese resultado herida.

Cuando se enteró no había podido evitar alejarse de la casa, estaba tan enrabiado que lo primero que hizo fue estrellar un golpe sobre el árbol más cercano. El sonido de su puño chocando contra la corteza de aquél árbol se incrustó en sus oídos como las astillas sobre su piel yokai.

De qué servía entrenar si no podías estar ahí para proteger a las personas que deseas proteger. Sabía que Megumi era una mujer poderosa, mucho más fuerte y ágil que los demás humanos, y mucho más astuta que sus hermanos. Pero aún así no dejaba de ser humana, no dejaba de combatir seres monstruoso como eran los yokais; y sí él sabía lo que era.

Pero estar así no iba a servir de nada, antes de que terminara destruyendo el bosque entero caminó hacia la aldea, debía ayudar a reparar lo que pudiera. Inuyasha estaba haciendo todo el trabajo pesado y ese tal Ryuji que Kagome obligaba a permanecer aquí, según lo que Kazuki le había dicho. Aunque el chico yokai parecía más interesado en escaparse gran parte del día igual que Izayoi. Bueno lo que hiciera no hiciera la hija de Kagome lo tenía sin cuidado, la chica no le agradaba. No entendía como Kazuki parecía haberse afiatado tanto a ella. Izayoi era parecida a Inuyasha en ese sentido, pero mucho más al estilo de Sesshomaru, nunca sabías si iba a matarte o no.

-¡Hasta que apareces enano!- le gritó Inuyasha con autosuficiencia, llevando un par de troncos sobre el hombro izquierdo y una cubeta de agua con la mano derecha, que seguro era de la anciana que acompañaba al hanyo- deja de estar jugando y ven ayudarme.

-Sí, sí, lo que digas Inuyasha- este sería un largo día, pensó Shippo, especialmente si estaba bajo las ordenes de Inuyasha.

Y lo observó seguir, mientras la anciana parecía conversarle sobre algo inespecífico. Las orejas de Inuyasha moviéndose graciosas sobre su cabello platinado, le informaron a Shippo que el hanyo estaba atento a ella, pero como siempre, estaba atento a todo lo demás que había a su alrededor. Era increíble, cómo de ser ambos rechazados en esta aldea hace tantos años pasaron a ser parte de ella. Y la imagen frente a él se lo demostraba. La anciana sonriéndole a Inuyasha, mostrándole las manos, seguro callosas por el trabajo de campo, como si hablase con cualquier otro joven aldeano. Seguro Inuyasha se sentía incomodo, como siempre había ocurrido, pero al menos ahora no salía corriendo o era tan esquivo como en antaño.

-¡Shippo! ¡Apresúrate!-

Y esa, pensó Shippo, era la llamada de auxilio social de Inuyasha.

Corrió hasta alcanzarlos y cuando llegó junto al medio demonio la anciana le sonrió de nuevo.

-Toma- le extendió Inuyasha la cubeta de la anciana- me adelantaré, ayuda la obaa-chan a llegar a su casa.

-Muchas gracias joven Inuyasha- le susurró la mujer con voz pausada- por favor acepte esta fruta.

La mano delgada y arrugada extendida con vallas hicieron suspirar al hanyo. Pero a pesar de que no quería recibirlas, y Shippo estaba seguro de eso, lo hizo, desviando el rostro y hasta, pensó el joven zorro, algo sonrojado.

-Gracias anciana.

- No, gracias a ti, joven Inuyasha.

- Bien, me adelantaré, acompáñala Shippo.

Y se fue, la mujer suspiró y miró a Shippo al rostro, siendo correspondida por la misma mirada verdosa del zorro, sumiéndolos a ambos en un escrutinio silencioso.

-Te has puesto muy guapo joven Shippo- le dijo.

Y Shippo comprendió la causa de la huida de Inuyasha.


-¡Kagome!- el grito estrepitoso de Inuyasha le paró los pelos a varios del lugar, pero fue su caída desde al cielo y el polvo levantado lo que terminó alejando a los jóvenes interesados de la aldea de la miko.

La figura imponente del hanyo con aquellos tronco sobre el hombro sosteniéndolos cual ramitas dejó sin agallas a cualquiera que hubiese si quiera pensado en la mínima posibilidad de enfrentarle.

-Inuyasha, te habías tardado.

El hanyo echó una última mirada de fuego a los jóvenes aldeanos haciéndoles retroceder.

-¡vamos!

-sí- respondió Kagome- nos vemos- se despidió inclinándose y caminó junto a Inuyasha.

La miko estaba sonriendo más entusiasmada de lo normal, Inuyasha bufó, seguro era por lo que esos hombres estaban diciéndole.

-Inuyasha- le llamó Kagome, pero él no respondió. La miko se detuvo frente a una cabaña, dónde una mujer enferma estaba esperándole- no es necesario estar celoso- dijo Kagome con suficiencia antes de desaparecer tras la estela.

Los colores se le subieron al rostro a Inuyasha, maduro o no seguía siendo él.

-¡No estoy celoso!- gritó, esperando que ella le oyera y sintió las miradas penetrantes de los aldeanos a su alrededor- ¡No lo estoy!- les gritó. haciendo que se alejaran de él y escuchó estrepitosa y sutil la risa platinada de Kagome al otro lado de estela, haciéndole huir mientras regañaba por lo bajo, caminando un par de pasos para seguir reparando con Miroku la treceava casa que llevaban.

- El señor Inuyasha es un poco enojón- le dijo la pequeña hija de la mujer a Kagome, con sus ojitos abiertos ante la curiosidad que le daba las yerbas que Kagome preparaba para darle de beber su madre

- Algo- le sonrió Kagome- Pero antes era mucho más.

La pequeña ahogó un grito de sorpresa ante la declaración de la miko frente a ella y no pudo evitar pensar en una figura de Inuyasha con el ceño mucho más fruncido que de costumbre y gruñéndole a todo ser que pasase a su lado. Ante esa imagen el escalofrió fue inminente y agradeció, así de pequeña, a los Dioses que el señor Inuyasha fuera mucho menos enojón que en antaño.


Sólo habían trascurrido dos días desde que Izayoi habló con Kagome, la chica sopesaba las posibilidades y daba rienda suelta a su imaginación esperando encontrar la manera de alejarse de la aldea. De alejarse de Ryuji.

Pero aquello no era lo único en lo que pensaba, Natsuki y su hermano no habían vuelto como se suponía lo hicieran, habían pasado dos días y ella sabía que se demorarían al menos uno para hablar con Sesshomaru y unas horas más para volver. El suspenso la tenía en tensión, si sacó a su hermano de la línea de herencia fue por una razón, para que el chico no muriera. Pero sabía que su carta era de doble filo, las casa estaban tambaleándose, intentando seguir paradas, cuando el clan lobo no tenía un heredero, cuando el clan de los perros había perdido a su segundo próximo líder, cuando el clan dragón había perdido a sus dos hijos varones para seguir en pie. El único miserablemente estable que quedaba era el clan de los zorros, pero su numero era tan bajo, que siempre se vio obligado a hacer alianzas para poder seguir manteniéndose en pie. y estaba el asunto del mundo humano.

El asunto político era un tema de cuidado, pero esperaba que al menos mañana por la tarde su hermano y la chica volvieran. Por ahora debía procurar ocultar los cambios que estaba teniendo su cuerpo. Su madre y los demás no lo habían notado, pero las líneas herederas de sus brazos habían desaparecido. Se miró con cuidado los lugares donde antes habían surcado el poder inuyokai y reconociendo que ya ahora no había nada. Nada excepto la marca del dragón en su antebrazo izquierdo. Nada excepto la marca de Ryuji. Y suspiró su nombre, una, dos, tres veces. Pero ya sin ganas de llorar, ya sin ganas de tirarle al mundo la mierda y la rabia, porque ya lo había vengado. Sabía que había una forma de encontrarse con Ryuji, no con el de este tiempo, que rondaba sus pasos, porque ella lo sabía, sabía que él la seguía, seguro por orden de su madre. Si con el otro, con el suyo, con el que ella había amado. Había una manera y ella la haría.


Subiré un próximo cap. pronto nos vemos ;)