Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.

Finalmente, luego de años de suplicas y manifestaciones, las cosas comenzaban a tornarse un poco más favorables. Berlín era ya la ciudad industrializada más importante de Europa y la cultura rebosaba por todos los rincones; pero pese a todo aquello, ninguno de los transeúntes se detenía a apiadarse de ese pobre mendigo. Hombre tras hombre o mujer tras mujer, pasaban frente a él con indiferencia esquivando sus pies extendidos en la acera y haciendo un gesto de molestia con solo verle allí tirado.

El sujeto se levantó con dificultad y alejo a un cachorro que al igual que él deambulaba por las calles.

—¡Aléjate! —grito, agitando amenazante su boina e intentando soltarle una patada que no llego más allá que un quejido provocado por el dolor.

Sabía que venía de America, sabía que su nombre era Alistar Cornwell y mejor aún, sabía que una preciosa chica de anteojos y cabellos castaños lo esperaba…

Pero… aunque sabía todo aquello y que las ganas de volver eran asfixiantes, no podía… simplemente no podía hacerlo.

La guerra había hecho con él lo que hizo y hace a muchos otros, le arrebato la vida y la misma esencia de ella.

Ya no traía anteojos y su vista se tornaba algo borrosa cada vez que intentaba ver más allá de los 3 metros… su andar era lento y quejumbroso, había quedado cojo luego de aquella caída al mar y terminar con una varilla atorada en medio de la pierna.

Por doquiera en donde solicitaba trabajo era rechazado, su corta vista y ese terrible defecto que ahora le acompañaba, no le ayudaban mucho para salir de la pobreza en la que estaba sumido.

Por eso estaba en las calles de Berlín y no en Chicago junto a sus seres queridos.

La verdad era que ya se había dado por vencido, no tenía fuerzas para seguir intentándolo y solo continuaba vivo porque el destino así lo quería. Ya había tratado de quitarse la vida más veces de las que se puede contar con los dedos de las manos y en todas ellas solo fracasaba, así tal como alguna vez lo había hecho con sus experimentos…

Tocio con fuerza a causa del frio e intento cobijarse en un apartado callejón lleno de desechos, se dejó caer de nuevo al suelo y giro la vista luego de sentir que alguien lo seguía, percatándose de que aquel cachorro aun andaba tras sus pasos.

—¡Vete maldito perro! —exclamo tosiendo nuevamente, solo para comprobar que el dichoso animal no lo dejaría.

Pasadas algunas horas, termino aceptando que el cachorro permanecería a su lado y obligado por el despiadado frio, se animó a llamarlo. Por deseo propio, el cachorro se posó en su regazo y suspiro con los dientes titilantes… ya había empezado a nevar nuevamente.

Por la mañana, la blancura lo cubría todo. Pocos eran los que empezaban a salir de sus cálidos hogares y solo los más ocupados eran lo que hacían uso de las calles. Adelante, justo en la esquina, una mujer salía a arrojar su basura como de costumbre, solo que al momento en que esta cayó con fuerza sobre aquel bulto de nieve, un chillido le hizo dejar atrás cualquier rastro de sueño.

Con curiosidad y sigilo a la vez, se acercó con su escoba para ver que había allí.

Y de nuevo escucho un chillido.

Para entonces su marido ya había salido a la calle, su mujer demoraba mucho en volver a casa y cuando salió la encontró gritando aterrada.

—¡Un muerto! ¡Herman, un muerto! —dijo a su esposo con la mano temblorosa al ver como el cachorro salía de entre la nieve dejando al descubierto un cuerpo completamente helado.

o-o-O-o-O-o-o

Finalmente, la perilla de la puerta del despacho giro y tanto Annie como Patty y Candy voltearon a ver expectantes.

Mi tía Elroy salió enredándose su chal, sin decir nada. Archie salió detrás de ella y abrazo a Annie.

—Tío William te necesita… —dijo Archie al ver la preocupación en el rostro de Candy.

Candy junto sus manos y entro nerviosa al despacho.

—Bert… ¿Qué paso? —pregunto aun estando lejos de mí, al verme con los codos apoyados en el escritorio y el rostro sumido en las manos.

Yo levante la vista y trate de sonreír.

—No es nada grave… no te preocupes. —dije tratando de sonar convincente.

Ella regreso la vista hacia la puerta.

—Pero George me dijo que dejaste el clan… y la presidencia…

Bueno, después de todo ya lo sabía. Retire las manos del escritorio y las lleve a mi nuca.

—Ellos se enteraron que me desposaría contigo, no iba a permitir que alguien me lo impidiera —le dije, pero ella no respondió nada.

—Bert, no debiste haber hecho eso…

—¡Pero Candy! ellos se estaban oponiendo a que estuviera contigo, no le veo el error —dije ligeramente exaltado.

—Pues sí, pero… —hizo una brevísima pausa —no creo que fuera para tanto… quizás hubieran podido llegar a un acuerdo…

—No te entiendo Candy, te estoy diciendo que ellos se oponían a que estuviéramos juntos ¿y me dices que no es para tanto?

—Es que…

—Candy, pensé que tu mejor que nadie me entendería… —dicho esto la deje sola en el despacho y me salí. Había renunciado a todo por ella y en lugar de estar de acuerdo conmigo o sentirse alagada por mi decisión me reprochaba…

—¡Bert, espera! ¡Bert! —dijo ella saliendo tras de mi sin lograr que yo me detuviera.

o-o-O-o-O-o-o

La poca gente que pasaba se giró al escuchar el escándalo y uno que otro se acercó con morbo para ver más a detalle el cuerpo.

Herman con la escoba hizo a un lado la poca nieve que aún lo cubría y con la ayuda de otro mirón lo hicieron a un lado.

Este último sujeto, se inclinó y confirmo que el hombre estaba muerto.

—¡No! ¡Esperen! Creo que aun respira —dijo otro de ellos, haciéndose paso entre la gente para comprobarlo.

—¿Cómo puede seguir vivo? ¡Ha pasado toda la noche aquí afuera! —grito otro.

El sujeto ignoro los comentarios y estiro su mano cerca de su cuello.

—Este hombre sigue vivo, su pulso es débil pero aun lo tiene…

—Debería usted dejarlo allí, después de todo es un mendigo, bien por Berlín que poco a poco se deshace de ellos.

El sujeto se giró y dedico una mirada llena de desprecio, ¿Qué sabían ellos o él para juzgar? Nadie sabía las verdaderas condiciones que habían hecho que este hombre terminara en las calles.

—Llamaremos a la policía —dijo Herman —no queremos un mendigo muerto aquí afuera.

El otro sujeto se pasó la mano por la barbilla.

—No llamen a nadie, yo me encargare de darle asilo.

Todos lo miraron incrédulos y de esta misma forma continuaron viéndolo luego de que lo montara en su coche, llevando consigo incluso al perro.

Al estar dentro del coche pensó mejor las cosas, quizás después de todo no había sido muy buena idea llevarlo consigo, sobre todo si moría…

Chasqueo los dientes. Recién había vuelto a Berlín y ya se estaba echando encima los problemas de otros. Sobre todo, luego de ausentarse por tanto tiempo de la ciudad.

Acaricio al perro y después hizo girar el volante para iniciar la marcha.

Y antes de pasarse por el hospital se detuvo en la oficina de correos de siempre, si mal no estaba llevaba casi 7 meses sin reportarse con su jefe y muy seguramente habría correspondencia suya o mejor dicho, mía.

…Cancela la búsqueda… leyó.

—Que mal… esto ya se había vuelto una meta personal —se dijo a sí mismo al momento en que un par de enfermeras salía para recibir al mendigo.

Alistar Conrwell, siento no haber dado contigo, pensó.

Se giró sobre sus talones y empezó a andar de vuelta a su coche, debía volver cuanto antes a Chicago.

o-o-O-o-O-o-o

Reaccionando justo a tiempo Candy salió corriendo detrás de mí, alcanzándome justo en el amplio salón en donde descubrió quien era.

Yo estaba de espaldas observando a través del amplio ventanal y solo sentí como unas diminutas manos me rodeaban con fuerza por la espalda, mientras me recargaba su rostro suavemente.

—Perdóname Bert… —dijo restregando su rostro contra mí —es solo que siento que todo esto ha sido por mi culpa y yo no quiero que…

Con prisa me giré sobre mí mismo y la cubrí con mis brazos —No es culpa tuya, sino de ellos por no entender… yo solo quiero estar contigo, ¿acaso no lo entiendes?

—Oh Bert, perdóname… —dijo una vez más, haciendo que sus ojos se tornaran húmedos, pero antes de que siquiera una traviesa lagrima lograra escapar, la eleve en mis brazos y lleve sus labios hasta los míos.

No había nadie en el salón y sin dejar de besarla hice cerrar la puerta, la acerque más y más a mí, necesitaba tanto sentirla cerca y saber que todo lo que había hecho estaba bien, que todo iría bien…

Sus manos acariciaron mi rostro con soltura y justo cuando iba a descender por su cuello alguien toco a la puerta. De inmediato la solté y la única evidencia que había de lo que habíamos estado haciendo era el rojo vivo que aun ardía en nuestros labios.

—William… —me llamo George, al momento en que volvía a entrecerrar la puerta —ha llegado un telegrama para ti, viene de Alemania.

Y antes de ir con él, me detuve para decirle algo a Candy.

—Prepara tus cosas, nos iremos al hogar de Pony como lo prometí.

Ella salió disparada hacia su habitación, mientras yo me quede allí mismo con George.

—Bueno, parece ser que el señor Scotland ya ha recibido el comunicado —le dije volviendo a doblar la nota.

—¿Le dirás a la señora Elroy de esto? —pregunto George con su usual tranquilidad.

—No, está muy alterada con lo del consejo como para encima decirle esto.

—¿Decirme que? —pregunto mi tía al aparecer repentinamente en donde estábamos.

Yo bajé la vista hacia el telegrama y respondí a la brevedad —que Candy y yo iremos al hogar de Pony como lo dispuso. Sus madres deben de enterarse cuanto antes de nuestro compromiso.

George solo me dirigió una mirada de complicidad.

—Está bien, vayan —dijo mi tía pasando de largo frente a nosotros dos.

Después de esto ya no tocamos el tema de Stear y me despedí de él para ir a donde Candy.

—¿Ya tienes tus cosas listas? —pregunte tontamente al tener en frente de mí las maletas llenas de obsequios.

—Sí —respondió ella con una sonrisa.

—Bien, entonces vamos —le dije al momento en que tomaba todo el equipaje sin esperar a que Clement o alguien del servicio nos ayudara.

Lejos de la ciudad, el verdor de la naturaleza empezaba a apoderarse de todo, los árboles se agitaban felices con el viento y el pasto que bordeaba nuestro camino se mecía a nuestro paso.

No tardamos en escuchar el trinar de las aves y un susurrar quedito que delataba el paso de un riachuelo.

—Bert, ¡espera! —exclamo Candy haciendo que yo me frenara de improvisto.

Sin esperar a que el coche estuviera completamente detenido, abrió la portezuela y salió corriendo en dirección a la nada.

—¡¿A dónde vas a Candy?! ¡Detente! —le grite sin entender nada, ni siquiera espere a que el coche se apagara. Arranqué la llave sin más y salí detrás de ella.

Pronto escuché su peculiar risita y vi como brincaba y jugueteaba entre la hierba.

—Me has asustado, sabes —le dije un tanto serió.

Ella hizo caso omiso a mis palabras y me tomo de las manos obligándome a seguir sus erráticos movimientos, con una amplia y divertida sonrisa dibujada en el rostro.

—No te enojes conmigo ¿quieres? —dijo abrazándome repentinamente —solo quería un respiro… en la mansión todos nos observan y en el hogar de Pony seguro será igual…

—Entiendo… —dije uniéndome a su juego y brincando y saltando como un chiquillo.

Es imposible decir en qué momento terminamos en medio del rio jugueteando con el agua y cuando fue que subimos a la copa de aquel inmenso árbol… es más, ni siquiera sabría decir cómo es que ella logro acomodarse entre mis brazos en aquella estrecha rama…

Solo sé que estando allí nos miramos intensamente y volvimos a besarnos con desesperación.

Mis labios estaban hinchados y aun así no quería dejar de besarla… estábamos solos, nadie nos juzgaba y algo en nuestro interior ardía.

—Candy… Candy…

—¿Sí, Bert?

—Es hora de seguir —dije interrumpiendo el momento y tratando de agarrar un poco de aire.

—Pero…

—Está anocheciendo, además nuestras ropas están mojadas, tus madres harán preguntas.

—Tienes razón —dijo al momento en que daba un salto y volvíamos a toda prisa al coche.

Para cuando divisamos el hogar de Pony, la noche lo cubría todo y un titilar de velas anunciaba que seguramente todos ya estaban dormidos.

Detuve el coche tratando de no hacer un gran escándalo y de nada valió que me tomara la molestia, pues Candy salió gritando y llamando a sus madres.

Yo solo moví la cabeza en un gesto que es fácil imaginarse, ella nunca pero nunca cambiaría.

Después de esto, era imposible que sus madres no despertaran. Pronto salieron envueltas en sus batas, con los brazos abiertos felices de ver nuevamente a su pequeña Candy.

El abrazo fue efusivo entre las tres, lágrimas y más abrazos fueron el recibimiento. Hubieran podido pasar horas hablando y poniéndose al tanto, pero era bastante tarde, pasaba por mucho de la media noche y aunque no cuestionaron nuestra hora de llegada, si notaron que nuestras ropas estaban húmedas.

—Lo que pasa es que… —empezó a decir Candy tratando de explicar lo sucedido, pero fue interrumpida por la señorita Pony.

—Hermana María, deje que los muchachos vayan a descansar, ya mañana hablaremos largo y tendido, ¿verdad Candy?

—Sí señorita Pony.

—Ahora bien, acompáñeme señor Andrew, lo llevare a su habitación.

Para Candy la emoción de estar de vuelta era mucha como para notar los grandes cambios que ahora había en el hogar. Los pasillos ya no eran los mismos y quizás solo yo alcanzaba a percatarme de ello.

Por la mañana, cuando la luz del sol la había obligado a despertarse y la hermana María la hacía llamar para que bajara al desayuno se paró de golpe al ver con quien me encontraba yo charlando.

—Doctor Martín… —susurro sorprendida.

—Mi querida enfermera por fin ha despertado —dijo él sonriéndole amablemente.

—Pero… —tartamudeo, dirigiendo su vista hacia mí, esperando recibir respuesta a una pregunta que aún no hacía.

Yo me reí al ver su turbación —¿acaso no recuerdas que el hogar de Pony tendría clínica? —le pregunte tratando de refrescarle la memoria.

—Yo… yo lo había olvidado —dijo a duras penas.

—Anda, sal y mira a tu alrededor y dime si te gusta —le dije ansioso de ver su reacción.

De nuevo corrió aun con los pies descalzos y un grito de emoción se le escapó al ver lo hermosa que lucía la finca.

—Esa es la clínica —le indico el doctor Martin —Albert me llamo hace un tiempo y yo no dude en venir. Este lugar es maravilloso —dijo aspirando el fresco aire de la mañana.

Y a mis espaldas, pude escuchar como las madres de Candy se acercaban.

—Nunca podremos agradecerle lo mucho que ha hecho por nuestros niños… —dijo la señorita Pony.

—Gracias a usted nuestros niños pueden vivir más tranquilos y mira Candy —dijo llamando la atención de ella —incluso hay nuevos.

Ella se lanzó a mis brazos. Con el viaje y todo lo demás había olvidado que el hogar de Pony estaba en remodelación y que ahora la propiedad le pertenecía.

—Eres maravilloso Bert —dijo abrazándose a mí, dejando entrever a los ojos de sus madres y el doctor Martín, lo que pasaba entre nosotros.

Un carraspeo nos hizo salir del momento y luego la voz de la hermana María se dejó escuchar.

—Hay que desayunar, que tenemos mucho que hablar contigo Candy y con usted señor Andrew.

Ya en la mesa, el doctor Martin no se aguantó las ganas y soltó la pregunta que todos querían hacer.

—Entonces Candy, ¿por fin este muchacho se sinceró contigo? Espero y tu respuesta haya sido un sí —dijo maliciosamente.

Yo casi me atraganto con el pan que estaba comiendo, tosí nervioso y Candy completamente enrojecida respondió tratando de que sus madres tomaran a bien lo que estaba a punto de decirles.

—Pues… sí… —sus madres ya tenían la vista clavada en ella —justo de eso queríamos hablarles, señorita Pony y hermana María.

Y el doctor Martín al ver que yo seguía intentando controlar la tos me dijo dándome unas palmadas en la espalda —tranquilo muchacho, que esto no es nada del otro mundo, ¡es más! Ya te estabas tardando —termino de decir soltando una estruendosa carcajada.

Era obvio que el que tenía que hablar ahora era yo y cuando por fin recupere la compostura lo hice —sé que puede parecer prematuro, pero le he propuesto a Candy que sea mi esposa y ella ha aceptado —dije tomándola de la mano y yendo directamente al grano.

La hermana María y la señorita Pony que hasta en ese entonces tenían un gesto duro y el ceño fruncido se relajaron, dejando ver que solo estaban jugando con nosotros.

—Discúlpenos señor Andrew, solo queríamos desempeñar bien nuestro papel —dijo la señorita Pony sonriendo.

—Entonces… ¿están de acuerdo? —pregunto Candy.

—Por supuesto, nada nos hace más felices a nosotras que verte feliz a ti.

Un abrazo las unió de nuevo y por extraño que pareciera esta vez me incluyeron a mí.

Continuará...

Notas de la autora:

¡Me he tardado un buen! lo siento.

Glenda, grau grey, Silvia gc, Yeneli, Rore, Nina, Mary silenciosa, Becky, Skarllet northman, AnMonCer, Locadeamor, Glen, HaniR, Sol, Isasi, Stormaw, Carolina Macias, Love Andrew, Ilovexmas, YAGUI, Mercedes, Lizita, LeslieArgyll, Carolinamaciaslandaeta, Betzy C, Fancya, Roceli, Yeneli, K.e.c.s, Ever Blue, JENFER, Ross, Mariana, Castillodemar, Eliza, Anahi78, Mariel Parra, Lucero, SaiyaBra, Triny, flakyrukia, Iris, IQS, idamis, Bunny, Lucero Santoskoy, Mily, Wendy garcia, Margarita22, Sayuri1707, mary mendoza, Amaly Malfoy, Becky 10000, mangafan, Rosas y Gardenias, Mariel Tonks, Sandra Casillas, Lety Jimnez, Mago Roque, Zafiro Azul Cielo 1313, Luz Nelly Rojas, La Castaaneda, GabyGrandchester, Julia Ramona, may may, Miriam 811, bimbimbaby Luci Andrew, Eli, Enamorada, Mariana, Rosima, Cyntimaldonado, auralizva, Adoradandrew, lizetholveda, Rossi, GabyGrandchester, Alebeth, Amuletodragon, Xemtelheart, Alexas90, Musikali, Ysabel187, Pelusa778, AHOME HIGURASHY TAISHO, Chickiss, Jahzeel, Imonroe1214, Olga08, Silvia, Nana, Bella-swan11, chidamami, Gabriela Infante, lizetholveda, Natu, Esperanza Liz, Hanah, astridgmc y Sandy Sanchez.