Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 37. Certeza.

Era como una gota de lluvia serpenteando sobre el cristal, no podía evitar la sensación de que no controlaba ningún aspecto de mi vida, mi mundo era un verdadero caos, mi existencia una agonía y lo único que me aferraba a la cordura era Edward.

Pero aquello era una situación temporal, yo sabía que no podía durar, conocía mis limitaciones, los impedimentos que enredaban nuestra felicidad y sin embargo, me agarraba a él como si fuera mi tabla de salvación. Me sentía egoísta pero no quería alejarme, no todavía aunque sabía que el fin estaba cerca, demasiado cerca.

Suspiré frente a la ventana rememorando todo lo vivido, no comprendía las motivaciones que habían impulsado a Peter a hacer aquello, sus justificaciones sólo habían servido para hacerme dudar pero no para entenderle. Todas las personas podían escoger su camino y esos senderos discurrían hacía metas distintas.

Cerré los ojos apoyando la frente sobre el frío vidrio, intentando evadirme de las imágenes que me asaltaban, ojalá mi mente fuese incapaz de retener nada.

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¿Qué ha ocurrido? —pregunté al escuchar el ruido que se había producido a nuestra espalda. Edward negó con la cabeza y me estrechó contra su pecho, impidiéndome cualquier movimiento.

Me levantó ligeramente del suelo.

Vámonos —señaló Alice intentando fingir entusiasmo pero la conocía bien, pretendían ocultarme algo otra vez. Giré la cabeza y observé cómo Seth me miraba con una mezcla de horror y aprobación en sus ojos.

No —la fiereza en el tono de Edward congeló mi sangre, lo que hubiese leído en la mente de Seth había sido suficiente para encender su enojo de nuevo.

Todos estaban estáticos, enmudecidos ante lo que no podía ver.

Dejad de tratarme como a una niña —murmuré pero sabía que todos me habían oído—, quizás eso os sirvió hace seis años pero no ahora.

Jacob se adelantó desde la derecha y agradecí que estuviese allí, sabía que sí alguien era capaz de decirme la verdad sin tapujos e impedimentos ese era mi amigo. Observé sus trasparentes ojos mientras buscaba las palabras adecuadas. Edward estaba en tensión, negando una y otra vez con la cabeza, como sí pudiese convencer a Jake de algo que no quisiese hacer.

Mi amigo le devolvió la mirada, estaban otra vez enfrentados. Notaba con intensidad la animadversión que se tenían, pero no estaba dispuesta a que me distrajesen de esa forma. Quería saber qué había pasado, por qué todos miraban atónitos algo que no podía alcanzar a comprobar.

No hay necesidad —susurró entre dientes Edward.

¿Siempre hablarás por ella?, no puedes decidir lo que debe o no saber —Seth se adelantó hasta situarse junto a Jake.

No pienso discutir contigo. A partir de ahora no te quiero cerca de Bella, eres incapaz de protegerla —me removí contra él pero era inútil, siempre sería más débil que él.

Edward —le llamé con voz suplicante consiguiendo que me observase—, tan sólo dime la verdad.

Sus dorados ojos trataban de enredarme, me transportaban hacía un mundo de irreflexiva felicidad que habíamos tejido en aquellos últimos días o semanas, ya no sabía ni en qué mes vivíamos pero no estaba dispuesta a seguir en la ignorancia.

Emmett carraspeó e intenté contemplarlo pero estaba fuera de mi campo de visión. Agudicé mi oído, percibiendo como murmuraba algo hacía Rosalie, demasiado deprisa para que pudiese escucharlo.

Sólo pude descifrar algo de lo que Jasper dijo: "está tranquila", pero no se lo decía a Edward sino a Emmett. Me estaba perdiendo y no pensaba dejar que me ignorasen así.

Por favor —rogué, ahora que le tenía cerca estaba bien, todas las desagradables emociones que me habían atravesado durante todo el día habían desaparecido.

Edward se encaminó hacia la puerta pero Jacob nos siguió, no me depositó en el suelo hasta que dejamos atrás aquel edificio, esperaba poder borrar de mi mente lo que había pasado, confiaba en no revivir aquello en mis pesadillas aunque no estaba segura de lograrlo.

Acabemos con esto —murmuró Jacob dirigiéndose a Edward que parecía dispuesto a enfrentarse a él.

Colmaste mi paciencia, veamos de lo que eres capaz —señaló en el mismo tono y vi como ambos se ponían en posición de ataque. Observé como el cuerpo de Jacob empezaba a temblar, estaba a punto de convertirse.

Sin pensarlo me abalancé entre ellos mientras Jacob se transformaba frente a mí y Edward gritaba pero me paré con las manos extendidas cada una apuntando a uno de ellos, como sí aquel débil intento pudiera detenerlos.

Así es como pensáis solucionar el problema —dije sin poder apartar mi vista de el rostro furioso de Edward— no lo permitiré.

Apártate —me ordenó en un tono que nunca discutiría sino estuviese en juego la integridad física de aquel par de cabezotas.

¡No! —estaba dispuesta a todo por frenar aquello, vi como el resto de la familia Cullen junto con Seth salían del edificio para encontrarse con aquella escena.

Llevárosla —pidió Edward de manera agresiva y vi como Alice acortaba la distancia que nos separaba para sujetarme.

No pienso permitir esta locura —afirmé remarcando cada palabra con toda la fuerza que me quedaba en las entrañas—, ¿no podéis entender que cada uno de vosotros es importante para mí?, él es mi mejor amigo —argumenté mirando con firmeza a Edward para luego volverme hacía Jacob— y él es la persona que amo. Tanto os cuesta comprenderlo de una vez.

La furia comenzó a desaparecer de ambos. Seth le lanzó su chaqueta a Jacob que había roto toda su ropa al entrar en fase.

Quiero saber que ha pasado con Peter y lo quiero saber ahora.

Edward, tiene derecho a conocer la verdad, eso aliviará cualquier temor que pueda tener —afirmó Alice consiguiendo que su hermano le dirigiera la mirada más oscura que había visto jamás.

Yo estoy con Alice —Seth se adelantó, parándose frente a Edward—, no le hará daño, ella es fuerte, la he visto enfrentarse a cientos de retos en su vida.

Asintió pero no pronunció ni una sola palabra, entonces Rosalie acortó la distancia que nos separaba, no parecía satisfecha pero sí segura de sus actos.

Ese tipo, nunca volverá a hacer daño a nadie —tenía los ojos completamente negros.

Le has —no pude pronunciar la última palabra.

Matado —pero sus ojos no eran rojos, sabía bien lo que podía llegar a afectarles volver a beber sangre humana—, está muerto pero parecerá un accidente.

¿Por qué lo has hecho, Rosalie? —era algo que no podía comprender, sabía que nunca le había gustado, me lo hubiese esperado de los demás pero no de ella.

No ha sido fácil decidirlo cuando el resto había claudicado —no había emoción en sus palabras—, pero era lo mejor, ese monstruo no hubiese parado nunca, igual que el hombre que me mató junto a sus amigos —no conocía la historia completa de lo que le había pasado a Rosalie pero podía vislumbrar su sufrimiento por primera vez.

Pero

No hay nada más que decir —se volvió dándome la espalda—, quizás te sorprenda pero desde el instante en que supe lo que te estaban haciendo quise acabar con él. No te lo mereces.

Tras esa confesión salió corriendo tan rápido que en unos segundos se convirtió en un borrón seguido de cerca por Emmett.

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No había vuelto a ver a la pareja, según me había contado Esme habían decido pasar unos días lejos de todos, nadie la juzgaba, todos conocían el sufrimiento de Rosalie pero no podía evitar que me sorprendiera su actitud, su vanidad siempre había cegado su verdadera esencia.

Llamaron a la puerta ligeramente, se me hacía raro estar allí, en casa de los Cullen, pero Edward no había admitido ninguno de los argumentos que le había dado para que me dejase volver a mi apartamento. Necesitaba mi propio espacio, la habitación de Edward me envolvía y me hacía soñar con finales felices y cuentos de hadas.

Carlisle entró con una ligera sonrisa en los labios, me había acostumbrado a sus visitas cuando la casa estaba tranquila y serena y Edward retomaba sus obligaciones dejándome sola. Yo le había insistido para que siguiera adelante y eso me proporcionaba tiempo para pensar y analizar todo lo sucedido.

Una pregunta llevaba días rondándome la cabeza, había investigado en Internet, había visitado cientos de páginas pero quizás sólo Carlisle tuviese una verdadera respuesta a mis dudas, no había tenido valor de hacer esa reflexión en voz alta hasta el momento.

Me senté frente a él, en una butaca de cuero negro, y analicé mis palabras frente a su mirada apaciguadora.

— Carlisle —me mordí el labio inferior, no había manera de comenzar con aquello sin sonar esperanzada.

No sabía en qué momento la posibilidad de ser madre había anidado en mi alma pero ahí estaba, nunca antes me lo había planteado hasta que Peter lo comentó, la idea de la eternidad junto a Edward era suficiente para mí pero había algo más o al menos podía haberlo.

Poco a poco esa mínima posibilidad se había ido engrandeciendo hasta que mis pensamientos tan sólo giraban alrededor de ella. Se estaba convirtiendo en una obsesión que no me dejaba dormir por las noches a pesar de la presencia de Edward junto a mí.

— ¿Qué te ocurre? —preguntó con calma.

— Ya os conté lo que Peter argumentó aquel día, lo de su madre —titubeé y fijé mi mirada sobre la alfombra beige, suspiré intentando encontrar el valor que me faltaba para destapar este tema— ¿habría una posibilidad de que Edward y yo tuviésemos un hijo?

— Sabía que llegaría este instante —asentí ante sus palabras—, he estado investigando y no hay antecedentes sobre ello.

No era cierto, yo misma había encontrado una leyenda rumana sobre esa teoría, había vuelto a investigar sobre los Íncubos, pero Carlisle me miraba con determinación.

— Sé que existe, lo he leído —me levanté y cogí mi portátil para prestárselo pero no lo sujetó—, suena extraño, lo sé —dejé el ordenador sobre la mesa que teníamos enfrente—. Es una historia rumana, habla de los Dhampir, hijos de un padre vampiro y una humana, parece una locura pero no lo es, el niño adquiere las habilidades del padre —vi como Carlisle negaba con la cabeza y mi entusiasmo decayó—, quizás no sabemos demasiado pero

— Bella, son leyendas —argumentó cortando mis palabras—, sé lo que has encontrado pero no conozco a nadie que pueda corroborar esa idea —tenía la sensación de que me hablaba con un argumento meditado.

— Sé que esto podría afectar a Esme y no es mi intención herirla —dije, lo había pensado bien, quería intentarlo pero cuando había tratado de hablar con Edward este había evitado profundizar sobre el tema—. Hay algo que me grita que es posible.

— No lo es —puso su mano sobre la mía, sentí como el frío recorría mis dedos, sí alguien podía ayudarme a convencer a Edward ese era su padre. En mi mente la idea de que él no me apoyase no había aparecido pero era lo que respiraba en el ambiente.

— Todo lo que me contó Peter sé que suena ilógico, pero estoy segura de que hay algo más allá, no fuisteis capaces de detectarle, quizás forma parte de todo esto, algún tipo de habilidad quedó en él sí su madre era una híbrida.

— Bella, no somos infalibles, tenemos ciertas limitaciones —siempre me había agradado su manera de analizar las situaciones, su autoridad pero ahora me sentía como una chiquilla reprendida por un maestro condescendiente.

— No es verdad —señalé negando con la cabeza.

— Alice lleva años sin tener una visión sobre ti, Edward no puede leer tu mente y quizás Peter tenía alguna habilidad —se detuvo por un segundo—, algo que se habría desarrollado de haber sido convertido en vampiro.

— Demasiado sencillo —negué con la cabeza, no quería estar equivocada, tenía que haber una explicación mejor que esa.

— Y tu explicación demasiado rebuscada, entiendo lo que puedes anhelar, durante años he ayudado a Esme y a Rosalie a superar esa limitación —había descubierto recientemente uno de los motivos por los que la rubia se negaba a mi conversión y era capaz de comprenderla, cuando la posibilidad de formar una familia con Edward se me escapaba de las manos minuto tras minuto.

— Es algo más, nunca había recapacitado sobre ello y ahora… —respiré con fuerza armándome de valor— Edward no quiere escucharme, necesito que me ampares.

— No me podré en contra de mi hijo —afirmó con suavidad y percibí como mis deseos se volatilizaban.

— Entonces —empecé a decir abatida, pero me detuve, sí pronunciaba en voz alta aquellas palabras se harían reales y quería convencerme de que había una posibilidad, aunque fuese totalmente remota.

— Olvida el tema, ya habéis sufrido mucho, no dejes que una teoría sin contrastar se instale entre vosotros —sus palabras tenían sentido pero no quería aceptar mi derrota.

— Quizás hay algo más aparte de vampiros, humanos y licántropos —mi voz sonó demasiado emocionada—. Cuando escuché la leyenda de la Push no podía creer que algo así pudiese existir y, sin embargo, estáis aquí, sois reales.

Sus ojos se oscurecieron levemente.

— El problema es que no estamos dispuestos a correr el riesgo de perderte —le miré confundida.

— Pero soy yo la que decido, quiero intentarlo, por favor Carlisle —su expresión era clara, no lo haría, no compartía mi modo de ver aquel tema.

— Eres mi hija, Bella. No te someteré a ningún experimento igual que no lo hará Edward. Nadie en esta casa te ayudaría sí llegase ese caso — ¿me dejarían en la puerta de algún convento? pensé con ironía, mordiéndome la lengua.

— Me gustaría tanto que pudiese ser cierto —mi lógica no parecía traspasarle—, ¿qué pasaría sí quedase embarazada?

— Sí nos atenemos a lo que dicen esas historias —apuntó retomando la serenidad—, la resolución se vuelve complicada, pero Edward ha sido claro, el embarazo no llegaría a término.

— Pero sería nuestro hijo —una solitaria lágrima corrió por mi mejilla.

— No soy yo quien debería decirte esto.

— Él no quiere ni oír hablar de la posibilidad —señalé con ansiedad mientras empezaba a comprender la postura de los Cullen sobre aquel tema.

— Y todos le entendemos —me derrumbé sobre el sofá percibiendo como mi cabeza intentaba hacerse a la idea de que nunca habría un pequeño Edward correteando entre mis piernas, cerré los ojos con fuerza conteniendo las lágrimas que amenazaban por ahogarme—. Además tu corazón no podría soportarlo.

Me levanté del sofá como sí me quemase, lo habían averiguado, sabían el alcance de mi enfermedad pero no podían conocerlo todo, no todavía.

— Mi corazón está perfectamente —levantó una ceja incrédulo ante mis palabras atropelladas.

— Ni siquiera late con normalidad —se levantó—, necesitas tranquilidad y permitirme ver tus informes —negué con la cabeza.

— No hay nada que leer en ellos —me giré para que no pudiese observar como mentía.

— Esa actitud no te beneficia —señaló con un atisbo de censura—, sabes que puedo ayudarte.

No, nadie podía, después del último colapso estaba viviendo en el intervalo de descuento, estaba arrebatándole tiempo al tiempo mientras la Parca acechaba, esperando paciente a que terminase con mi lista.

Compuse mi expresión, volviendo sobre mis pasos, recordando mis objetivos marcados, enviando bien lejos mis aspiraciones románticas.

— Eres el mejor médico que conozco —argumenté girándome hacía él—, pero lo que está sano no se puede volver a curar —no parecía convencido—, me dejé llevar, siento haberte hecho estas absurdas preguntas

— Bella —empezó a decir notando mi incomodidad, levanté una mano consiguiendo que se callase.

— Necesito descansar, dormir, estar sola un rato —aunque eso en aquella casa era imposible.

— Hablaremos más tarde —asentí y recibí un ligero beso en la coronilla como despedida.

Cuando cerró la puerta tras él mis emociones me embargaron, sólo unos recuerdos más me había pedido cuando había aceptado a Edward de nuevo en mi vida, ahora sabía que me había equivocado, había perdido el rumbo, me había dejado llevar por mis expectativas románticas.

Miré las fotos que él conservaba, recordé cada minuto de aquel día, cuando todo se había derrumbado, cuando mi mundo se había convertido en una canica que rodaba sin control a merced de cualquier revés del destino. No era la misma, no era esa tonta enamorada que había pasado horas frente a su ventana suspirando porque volviese.

Los años habían pasado, era una mujer que debía enfrentar las decisiones tomadas y las consecuencias de sus actos.

La puerta se abrió con determinación, sólo había tres personas que podían entrar así en esa habitación, Alice, Seth y Edward. Tan sólo esperaba que no fuese este último. Sonreí de alivio al ver a mi hermano en el vano de la puerta sosteniendo una bandeja con la comida, ni siquiera me había fijado en la hora que era.

— Has vuelto a asaltar la cocina de Esme —asintió y apoyó la bandeja en la mesa que estaba en el centro de la alfombra frente a los sofás negros. La única concesión que había conseguido de Edward era que Seth pudiese venir a verme siempre que quisiese, Jacob estaba vetado en esa casa.

Se acercó a mí y me abrazó, siempre sabía cuando me preocupaba algo y su calor me reconfortó.

— Estamos —negó con la cabeza mientras me sentaba frente a él y observaba como humeaban los macarrones con queso.

Estaba agotada de aquel control, no poder hablar con libertad sin que cinco pares de oídos estuviesen detrás de cada palabra que pudiese decir.

— ¿Quién? —pregunté tan sólo moviendo los labios.

— Esme —contestó de la misma manera, sacando de su bolsillo un pequeño cuaderno y entregándomelo.

— Te van a encantar los macarrones —me dijo mientras leía lo que había escrito "Edward volverá en poco tiempo, debemos buscar la manera de que salgas de aquí".

— Me dan miedo tus habilidades culinarias —señalé intentado sonar graciosa pero nunca se me había dado bien.

"Estoy cansada, harta de todo esto, ya no hay peligro y necesito mi libertad", leyó mis palabras y se apresuró a escribir.

— Vamos sabes que he mejorado mucho —me guiñó un ojo, "Esme no está de acuerdo con la actitud sobreprotectora de Edward".

— Voy a engordar cien kilos con esta dieta —garabateé mi respuesta con rapidez.

"¿Se lo ha dicho ya a Edward?", asintió y vi como una posibilidad se abría ante mis ojos. Había decidido ser mucho más práctica, dejar de pensar en ideas absurdas, bebés y bodas.

— Ni que eso te haya importado nunca —sonreí ante sus palabras mientras leía lo escrito "Habla con ella, estoy seguro de que te ayudará".

— Lo sé pero suena muy femenino —soltó una carcajada y cogió la libreta.

"Lo haré hoy mismo", estaba claro lo que tenía que hacer y aunque sabía que Edward no me lo iba a poner fácil debía entender que necesitaba intimidad, se me hacía violento hasta ducharme sabiendo que podían escuchar cada movimiento que hacía.

En otra época, estar en su casa, formar parte del complejo engranaje que era la familia Cullen, habría sido como rozar con los dedos el paraíso, con ellos había encontrado mi lugar en el mundo, mi esencia, el sitio al que pertenecía.

Comprendía al fin que no era así, que había sido fruto de mi imaginación, que su perfección chocaba contra mi vulgaridad, que mi mente no funcionaba como la de ellos y que Edward merecía algo mucho mejor que yo.

Recibí una caricia de Seth, intentando darme ánimos, necesitaba hablar con él sin escribir y sin sentir la presencia de algún Cullen detrás de mí. Cogí el plato de macarrones que me acercaba y por primera vez en varios días, volví a estar tranquila, había empleado demasiado tiempo en sopesar la idea de tener un hijo con Edward, había luchado contra sus negativas y por fin, había aceptado mi derrota. De nuevo.


Se me encoge el corazón con lo difícil que lo tiene Bella, ¿nunca le van a salir las cosas como ella espera?

Mil gracias a mis lindas chicas: Cerezo, Chiarat, Rosh, Mherary, Soledad, Maleja, Lilian, Darky, Lis, Yasmin, Yesiita, Emma, Tini, Hildiux, Mariana y Alexandra.

Dar la bienvenida calurosa a quien ha empezado a leer la historia hace poco, las gracias a los que la seguís con ganas y sí queréis saber algo más sobre la leyenda que comenta Bella, ya tenéis un par de enlaces en mi perfil. Es un poco más siniestra de lo que he puesto aquí pero no quería asustar a las mentes inocentes que me lean.

Bueno espero que os haya provocado algún tipo de sensación. Espero vuestras impresiones. Besos.