Perdió la cuenta del tiempo en cuanto se cerró la puerta de la sala de operaciones. Sakura le dijo que podía entrar pero Naruto le dijo que iba a estar bien. Ella probablemente no entendió por qué lo detenía pero para él una cosa fue clara: Naruto quería que lo dejara solo.

No había una razón en especial, sólo necesitaba estar solo mientras estaba inconsciente, y claro que estaba rodeado de enfermeras y doctores pero no quería que Sasuke estuviera ahí.

Tal vez le dolió un poco pero sabía que había una razón. Habían pasado por todo lo que habían pasado y Naruto aún quería saber si ambos eran todavía lo suficientemente valientes, porque iban a tener un bebé; los últimos ocho meses eran de pronto como una ilusión hasta que se cerró la puerta del quirófano y la sala de espera parecía el lugar más frío del mundo.

No miró al reloj ni una sola vez. No supo cuánto tiempo estuvo ahí sentado. No podía escuchar absolutamente ningún ruido, como si nadie en el resto del hospital se estuviera moviendo y podría haber comenzado una guerra y él no se hubiera movido de su asiento, cambiando de posición entre tener la cabeza oculta en las manos o echada sobre el respaldo de la silla. Era una silla muy incómoda pero se negaba a moverse de ahí, se negaba a mirar el reloj.

Cuando la luz roja por fin se apagó fue Sakura la que salió para decirle que todo estaba bien, que todo había salido bien y tal vez ella creía que eso lo iba a hacer sentir mejor pero Sasuke no pudo sentir que le regresaba el aire al cuerpo. Naruto estaba bien, los bebés estaban bien, pero Sasuke se preguntaba si ellos de verdad estaban bien.

Naruto iba a estar dormido por un par de horas y los bebés estaban en una sala donde él podía ir a verlos pero se negó.

Afuera estaba oscuro, no sabía qué hora era, no sabía cuándo iba a despertar Naruto y no sabía a quién se parecían sus bebés. En casa había una pequeña bañera en el baño, el cuarto más pequeño lo habían pintado de blanco porque no sabían si sería niña o niño y Naruto quería ponerle naranja pero Sasuke no lo dejó. Había también un par de cunas de madera, juguetes ridículamente suaves, mantas ridículamente pequeñas, y todo hacía alguna especie de ruido que se suponía que debía ser o gracioso o relajante, porque Naruto se podía pasar con ellos horas riendo o quedándose dormido. Tenían una pila de paquetes de pañales en el armario, champú que no irritaba los ojos y olía como a miel, el talco olía a lavanda, la crema a avena, tenían seguros para las puertas y esos juguetes ridículos que ponen canciones ridículas y chillonas con las que se duermen los bebés.

Y sus bebés estaban ahí. Habían esperado ocho meses y sus bebés estaban ahí.

La casa estaba llena. Estaba llena de bebé aunque ellos no habían puesto ninguno de sus pequeños pies ahí, y estaba llena de Naruto, Naruto por todas partes, Naruto en la cocina, en el baño, en el pasillo, en el ropero, en el jardín y Sasuke no recordaba la última vez que su casa se había sentido tan viva.

Estaba llena de Naruto pero él todavía no le había pedido a Naruto que se quedara.

Sakura decía que todo estaba bien y Sasuke estaba enojado porque no sentía que todo estuviera bien.

El aire de afuera estaba frío, las personas no le prestaron atención cuando pasó y para cuando regresó al hospital el cielo ya se estaba poniendo claro, entre púrpura y azul.

Naruto ya estaba despierto, tenía un rato despierto, los bebés ya no estaban con el resto de los bebés y a Sasuke le temblaban las manos cuando caminó a la habitación. Los tenía a ambos en los brazos, uno de cada lado, les hablaba en susurros, la voz más gruesa de lo que se la había escuchado en un largo tiempo, ya no era una chica y se le veía cansado, ojeras, la piel pálida y casi parecería enfermo si no estuviera sonriendo, y Sasuke no podía recordar la última vez que se sintió tan asustado.

Naruto lo escuchó entrar y levantó la vista, la sonrisa ligera y le hizo un gesto para que se acercara. Eran pequeños, tanto que parecía casi imposible y cuando él se acercó se quejaron y comenzaron a llorar. Uno tenía el pelo negro y el otro era pelirrojo pero los dos tenían los ojos azules y pequeñas lágrimas salían de ellos cuando los apretaban; Naruto los mecía intentando calmarlos mientras murmuraba cosas que Sasuke no entendía.

—Acércate, idiota, si no te ven no van a dejar de llorar —Ocho meses. Sasuke tenía ocho meses sin escuchar esa voz y se encontró a sí mismo sonriendo un poco y dando un paso al frente. Uno de ellos abrió los ojos y dejó de llorar —No sé qué nombre les vamos a poner, ¿qué nombres les vamos a poner? ¿Pensaste en qué nombres les vamos a poner?

—Naruto…

—La de pelo negro es niña, ¿no es bonita? Se parece a ti. Tú también debías parecer una niñita cuando estabas de este tamaño.

—Naruto.

—El de pelo rojo es niño, sólo tengo una foto pero estoy seguro de que se parece a mi mamá, ¿ves? Ella también parecía niño, seguro.

—Naruto —él seguía sonriendo cuando Sasuke le puso una mano en la cabeza. No sentía que pudiera tocarlos todavía, se veían tan bien ahí, pequeños y frágiles y completamente protegidos en los brazos de Naruto. No le había pedido todavía que se quedara, pero sonreía y de pronto Sasuke se dio cuenta que sí, que no necesitaba pedirlo, que quizá todo estaba bien por una vez —Está bien.

Y eran pequeñitos pero rompían a carcajadas justo como él, pequeñas y ridículamente felices, como susurros. Y pasaron el siguiente año entero llorando a horas inapropiadas de la noche, pero estaba bien. Tendrían que ir a la academia algún día y serían grandes ninjas, pero estaba bien.

—Tengamos más.

FIN.

«∞»

Soy una mala persona. Quiero disculparme, porque realmente ha pasado mucho tiempo y no sé si arruiné el final, ¿arruiné el final? Perdónenme si arruiné el final. No puedo creer que por fin llegara el final…

Un millón de gracias a todas las personas que leyeron, a todos los que comentaron, a los que llegaron hasta aquí, fue un gran camino y fue bueno pasarlo con ustedes.