CAPITULO 38: UNIÓN, PROMESAS Y AMOR
—Johan, por favor, debes decirnos todo lo que sabes—Le decía Hipo con desesperación.
Hipo, junto con los demás y Johan, se encontraban en el Gran Salón.
Necesitaban respuestas. Necesitaban saber si lo que decía la carta era verdad. Y hasta no poder ir a Mizar, Johan era su única forma de aclarar todas sus dudas.
Ya era de noche, el equipo había acordado partir a la isla amiga al siguiente día a primera hora; pero primero debían saber un más o menos de la situación.
—Es que no se nada joven Hipo. Lo mismo que ustedes saben es lo que yo sé—Se trataba de explicar el mercader con cierta inquietud—. No se quienes los atacaron, ni mucho menos por qué.
— ¿Al menos sabes cuánto tiempo tienen en esa situación?—Le preguntó Hipo con esperanzas de que Johan lograra responder al menos a esa pregunta.
—Pues…no sabría decirle joven Hipo—Se excusó—. Cuando yo llegue a sus muelles todo estaba destruido. Me explicaron que habían sido atacados, hicimos unos cuantos intercambios, pues ellos se encontraban necesitados…de hecho les doné algunas provisiones y…—Fue interrumpido.
—Solo responde la pregunta, Johan—Le detuvo Hipo ya exasperado.
—Está bien—Continuó Johan ahora más nervioso que nunca. Pues en pocas ocasiones había visto a Hipo de esa manera, y eso en verdad lo asustaba—. Me dijeron que ya había pasado una semana desde el ataque…—Johan no pudo continuar, pues Hipo lo detuvo, necesitaba pensar, procesar todo eso.
—Una semana—Repitió para sí mismo—. ¿Cuánto tiempo hiciste de Mizar a Berk?—Le preguntó.
—Dos semanas más—Fue la respuesta.
—Tres semanas desde el ataque—Continuó recitando Hipo para sí mismo mientras caminaba de un extremo a otro en el salón. El resto solo se disponía a observarlo en silencio—. Celeste estuvo inconsciente un mes. Un mes desde que atacamos a Ash…—Nadie entendía todo lo que Hipo decía, su razonamiento era muy confuso para todos—. Celeste despertó hace 10 días. Entonces…—Tal parece que al fin había logrado encontrar la respuesta que tanto ansiaban—. El ataque de Ash contra Mizar, fue tres semanas después de nuestra infiltración en su isla…
—Si… ¿y?—Le interrumpió Patán, quien a su vez fue golpeado por Astrid, permitiéndole así a Hipo continuar.
—Celeste tenía razón; no debimos bajar la guardia—Se lamentó dejándose caer sobre una silla, con la mirada baja—. Incluso Alina nos lo advirtió. Nos dijo que podríamos perder a nuestros aliados. Y no quisimos escuchar.
Al ver la forma en la que Hipo comenzaba a culparse, Astrid se acercó a él por la espalda, abrazándolo desde atrás para transmitirle su apoyo.
—Tranquilo. No fue tu culpa—Le decía al mismo tiempo en el que se sentaba a su lado y comenzaba a jugar con su cabello.
—Pero…—Astrid no lo dejó continuar.
—Si vas a decir que si lo fue. Mejor ni digas nada—Lo reprimió—. Hipo, tu eres muy listo, siempre lo has sido—Lo alentó, tomándolo de la barbilla para así obligarlo a verla a los ojos—. Pero eso no significa que debas saberlo todo. Que debas tener conocimiento de lo que puede ocurrir en el futuro—Acariciaba su mejilla con dulzura mientras decía esas palabras. Y después, justo cuando terminó, le otorgó un corto y dulce beso en los labios. Obteniendo así una sonrisa de parte del vikingo, misma que le transmitió a Astrid—. ¿Mejor?—Le preguntó con dulzura.
—Mucho mejor—Sonrió al responder—. Gracias Mi Lady—Esta vez fue él quien la besó.
—Ah…disculpen—Les interrumpió Patapez levemente nervioso e incómodo—. No es por interrumpir su "momento"…
— ¿Ah no?—Cuestionó mentalmente Astrid.
—Pero…—Continuaba hablando Patapez—. ¿Ahora que vamos a hacer?
Al escuchar esa pregunta. Esa gran e importante pregunta. Todos se compartieron miradas de preocupación, sin tener ninguna idea, durante algunos minutos.
—Seguiremos con el plan—Dijo al fin Hipo con firmeza.
—Ah… ¿y cuál sería ese?—Interrumpió confundido Patán.
—Ir a Mizar y conseguir respuestas—Respondió Hipo aun con semblante serio y firme.
—Y no olvides que también debemos ir a Bodkar—Continuó Astrid de igual forma. Hipo solo asintió.
Y nuevamente, todos compartieron miradas, pero esta vez de apoyo y entusiasmo.
*O*O*O*
Valka seguía consolándola. Ambas habían permanecido varios minutos así, en silencio, abrazados. Valka acariciaba su cabello y espalda, mientras Celeste solo sollozaba cada vez con menor intensidad.
De un momento a otro, Celeste se separó de Valka, limpiando las lágrimas que aun rodaban por sus mejillas.
—Gracias…por…el apoyo—Le dijo aun con la voz entre cortada.
—No tienes nada que agradecer, linda—La confortó nuevamente—. Yo mejor que nadie se lo que sientes, se por lo que estás pasando. Y por eso debes saber que no estás sola.
—Valka…—La llamó y la nombrada solo la miró, dándole a entender así que continuara—. ¿Cómo lo…superaste?—Dijo con timidez.
—Bueno, linda. Como escuche por ahí que alguien dijo una vez: "Cosas como estas, jamás se superan."—Comenzó a decir, siendo interrumpida por Celeste.
—Pero, se aprende a vivir con ellas. Con el tiempo, el dolor disminuye—Terminó las palabras de Valka, pues conocía perfectamente esas palabras. Palabras que, durante mucho tiempo, ella misma usó.
—Así es—Asintió Valka—. No hay un solo día en el que no lamente la muerte de Estoico—Comenzó a decir con nostalgia—. No hay un solo día en el que no piense en lo que hubiera pasado si…—Fue interrumpida por Celeste, pues su voz ya comenzaba a romperse.
—Él hubiera no existe—Le detuvo Celeste. ¿En qué momento cambiaron de papeles; siendo Celeste quien consolaba a Valka?
—Tienes razón—Asintió Valka con una leve sonrisa—. Escucha, Celeste—Le comenzó a decir—. Sé que puede ser difícil. Pero siempre podrás seguir adelante.
"Seguir adelante" esas palabras invadió su interior, llegando a su corazón como un fuerte golpe. Le recordaban tanto al pasado…al pasado con él…
—Aun cuando sientes que ya no puedes continuar. Siempre habrá algo que te ayude a continuar—Le continuó diciendo Valka—. Debe haber algo que te haga seguir siendo fuerte.
— ¿Qué es…lo que te mantiene fuerte?—Preguntó Celeste con curiosidad, aunque, muy en el fondo, sabía cuál sería la respuesta.
—Mi hijo—Respondió con una sonrisa. Sí, eso suponía Celeste—. Hipo me ayudó a seguir. Me dio la fuerza y las esperanzas suficientes para continuar. Para seguir luchando, viviendo…por él—Explicó melancólicamente—. Y es que Hipo lo es todo para mí. Igual que su padre. Hipo me recuerda tanto a él…—Terminó por decir, ya no con tristeza, sino con una inmensa felicidad y orgullo por su hijo—. Pero… ¿y tú?—Se dirigió nuevamente a Celeste—. ¿Qué te impulsa ahora? Debe haber algo, o alguien que te haga recuperar las fuerzas perdidas.
—No lo sé—Musitó, pero en su interior, solo una persona llegó a su mente: Alina.
—Pronto lo descubrirás—Le animó. Aunque Valka sabía perfectamente que Celeste ya tenía a alguien—. Bueno, ya es tarde. Debes descansar, Hipo dijo que mañana a primera hora partirían a Mizar. Estoy muy segura de que querrás ir—Mencionó mientras se ponía de pie, Celeste solo la miró con detenimiento—. Además, creo que necesitas estar sola, ¿no es así?—Celeste solo asintió y se puso también de pie.
Valka estaba ya por irse, cuando Celeste la llamó nuevamente.
—Valka—Se acercó rápidamente y, sin que Valka pudiera decir o hacer algo, Celeste la abrazó fuertemente—. Gracias…por…escucharme—Le dijo con alegría mezclada con tristeza. Dijo eso, aunque en su interior más bien quiso decir: "Gracias por darme un poco de amor maternal".
Al separarse, Valka limpio las lágrimas que amenazaban con salir de los ojos de Celeste.
—No hay de qué, linda. Siempre podrás contar conmigo—Dijo antes de besar su frente—. Buenas noches—Se despidió, y Celeste hizo lo mismo.
Valka ahora si se retiraba, llamando a Brinca Nubes para partir juntos. Celeste, por otro lado, se acercó a Luna para tratar de despertarla y así poder entrar a casa juntas.
—Hipo es muy afortunado por tener una madre como tú—Murmuró con cierta alegría Celeste, creyendo que nadie la escucharía, pero lo cierto era que, mientras Valka subía a Brinca Nubes logró escuchar lo que dijo.
Valka no pudo evitar sonreír al escuchar eso, y antes de ya marcharse, dijo una última cosa.
—Recuerda, no estás sola. Puede que sea difícil, pero debes seguir con tu vida, buscar nuevamente la felicidad…eso, es lo que él querría—Y dicho esto emprendió el vuelo.
Esas palabras. Esas simples palabras, la golpearon como un martillo de batalla. Y no pudo evitar dejar escapar nuevamente unas lágrimas. "Es lo que el querría" se repitió en su interior. "Debes seguir con tu vida, buscar nuevamente la felicidad" escuchó en su mente, pero quien decía eso no era Valka, sino Ken… Y fue eso lo que la hizo recordar aquella promesa…
-Flash Back-
Ambos se encontraban sobre el césped. Observando el paisaje desde un acantilado. Celeste tenía su cabeza sobre el pecho de Ken, y este, a su vez, la abrazaba contra su cuerpo.
Estaban en Mizar. Recordaran que en su última visita, mientras Hipo y los otros se instalaban en una casa para visitas; Celeste y Ken se marcharon juntos. Pues esto fue lo que ocurrió aquella vez…La última vez que estuvieron juntos…
—Te ves muy preocupada—Le dijo Ken rompiendo con el silencio.
—Pues claro que lo estoy. Berk tiene problemas Ken—Le respondió.
—Lo sé, pero no debes preocuparte, todo estará bien—La trato de calmar.
—No, Ken—Le detuvo—. Tengo miedo—Murmuró con la mirada baja. Ken solo la miró sorprendido—. Tengo miedo de perder a alguien—Se acercó más a Ken al decir estas palabras, y él le correspondió al abrazarla más fuerte.
—No perderás a nadie—La consoló—. Nunca te dejaremos.
—No quiero que la historia se repita—Musitó.
—Te refieres a…—Comenzó, pero no continuó pues vio la respuesta en la mirada de Celeste cuando esta buscó sus ojos—. Oye…no pasará. De acuerdo. No pasará—Le dijo una vez que se reincorporaron ambos, tomadora de la barbilla para que no le apartara la vista.
—No quiero perderte—Dejo escapar al fin, abrazando a Ken con fuerza y comenzando a sollozar. Tal acción dejó a Ken muy sorprendido.
—No lo harás. Yo jamás te dejaré—Trató de consolarla nuevamente.
—Sabes que eso no está en tus manos.
—Si lo está. Yo jamás me alejaré de ti.
—Ken, sabes que no me refiero a eso—Le dijo con cierta inquietud—. No quiero que te pase algo.
—No me pasará nada, de acuerdo. Todo estará bien—Comenzó a decirle, pero Celeste no lo escuchaba.
—Si llegará a perderte. Yo…yo me muero Ken—Sollozaba.
—Oye, no digas eso, por favor—Levanto su rostro acunándolo en sus manos, logrando así encontrar su mirada—. Dime, si llegará a suceder, si yo diera mi vida por ti…algo que sabes perfectamente que haría… ¿de qué serviría mi sacrificio si al final te rindes, si decides no continuar viviendo?—Le dijo con toda la calma del mundo pero lleno de tristeza y desesperación—. Yo tampoco quiero que algo te pase. Yo también sentiría que muero si algo te ocurre. Pero me sentiría mucho peor el hecho de que tú, después de que tratara de salvarte, murieras también—La abrazó contra su pecho mientras acariciaba su cabello.
—Ken…—Musitó ella pero él la obligó a callar.
—No digas nada—La silenció—. Escucha. Quiero…quiero que me prometas una cosa—Celeste solo se apartó para poder mirarlo a los ojos, esperando a que él continuara—. Quiero que me prometas, que si algún día llegó a morir…
—No, Ken…no sigas—Le interrumpió, pero Ken la obligó a callar nuevamente poniendo uno de sus dedos sobre sus labios.
—Si algún día llegó a morir—Continuó—, tú trataras de seguir adelante. Seguirás luchando. Serás fuerte… Y que incluso trataras de buscar nuevamente la felicidad…junto a alguien más…
—No me pidas eso…por favor…—Dijo entre sollozos.
—Solo te pido eso—Le respondió ignorando sus suplicas dándole un corto beso en los labios, como si con eso lograra hacerla aceptar. Algo que…al parecer…si funcionó.
—Si yo prometo eso—Comenzó, como intentando poner sus propias condiciones—. Tú, ¿harías lo mismo?—Ken le miró sorprendido, eso no se lo esperaba. Celeste sonrió levemente, había conseguido regresarle la "jugada"—. Si yo lo hago tú también Ken. ¿O acaso crees que yo seguiré luchando con todo el dolor en mi alma, cuando tú si puedes terminar con tu sufrimiento?—Le dijo con cierta diversión. Al notar nuevamente ese tono de voz, esa expresión en su rostro Ken volvió a sonreír, Celeste ya comenzaba a ser la de antes—. Tú también debes prometerlo—Finalizó con firmeza.
—Está bien. Celeste—Acunó su rostro en sus manos—. Prometo, que si algún día llego a perderte, seguiré luchando, seguiré viviendo…por los dos…—Dijo antes de besarla cortamente en los labios, obteniendo una sonrisa por parte de ella—. Es tú turno—La animó
Celeste solo suspiró y limpio una lágrima antes de que escapara de sus ojos.
—Si llegó a perderte, Ken…con todo el dolor de mi alma. Aun con mi corazón destrozado. Seguiré adelante. Seguiré viviendo…por los dos…—Dijo con dificultad, omitiendo la palabra más importante.
— ¿Lo prometes?—Insistió Ken.
—Lo juro…—Respondió, siendo esta vez ella la que lo besara.
— ¿Alguna vez te he dicho lo mucho que te amo?—Le preguntó un Ken sonriente cuando el beso había terminado.
—Un par de veces, si—Le respondió de igual manera Celeste.
—No han sido suficientes—Le susurró Ken—. Te amo—Dicho esto volvió a besarla, pero esta vez con mayor intensidad.
-Fin del Flash Back-
Recordando ese momento. Esa promesa. Celeste, acompañada de una ya despierta Luna, entró a casa, y antes de cerrar la puerta de esta…miró por última vez al cielo, una mirada melancólica y llena de tristeza.
—…Con todo el dolor de mi alma. Aun con mi corazón destrozado. Seguiré adelante. Seguiré viviendo…por los dos…—Recitó esas palabras que alguna vez le dijo a su amado, dejando escapar una última lagrima, limpiándola al instante para después cerrar la puerta…
