NORBERTO, EL RIDGEBACK NORUEGO Parte 2

-o-

Todo el texto en negrita pertenece a J.K Rowling, el resto forma parte de mi autoría y de mi corazón

-o-

Bueno, ya sólo quedan tres capítulos del libro...

Lo que para este fic significará alrededor de unos diez capítulos más, algo que sé que molesta a alguna persona que otra.

Tenéis prisa por llegar al final, pero yo escribo a mi ritmo...

Este fic no es una obligación, ni quiero que se convierta en ello, para eso ya tengo un trabajo al que acudo seis días a la semana...

Escribo cuando puedo, cuando quiero o cuando me apetece...

Y ahora sí, os dejo con el capítulo...

-o-

Después de la cena, la estricta medimaga envió a Harry a la cama. Pese a las protestas del niño, a éste no le quedo otro remedio que obedecer, tras ser amenazado por el director con no continuar leyendo al día siguiente.

Se despidió de sus amigos y su padrino y tíos lo acompañaron a la torre de los leones, para evitar algún posible despiste del niño en el camino a su cuarto.

Sirius vio tan apenado a su ahijado que le ofreció dormir con él, a lo que le ojiverde aceptó encantado.

Una vez en el cuarto del animago, el azabache pidió a sus tíos que ellos se quedaran también, éstos aunque extrañados, aceptaron gustosos.

Una vez que Harry estuvo cómodamente instalado en la cama de su padrino, los tres adultos se sentaron alrededor del niño, dispuestos a averiguar los motivos de la repentina dependencia del pequeño.

- ¿Has vuelto a tener pesadillas? - interrogó Remus.

- No - respondió, demasiado rápido para el parecer de los tres adultos, el pequeño león.

- ¿Seguro? - preguntó, arqueando una ceja escéptico, Severus.

- No estoy mintiendo - protestó, ofendido, el azabache.

- No he dicho eso - aclaró, acariciándole el cabello, el pocionista.

- Estamos un poco preocupados por ti... - confesó el ojigris.

- ¿Por qué? Estoy bien... ¿Es por que os he pedido que os quedéis? - adivinó el niño.

- Te gusta pasar tiempo con nosotros pero... - asintió el hombre lobo.

- Pero sueles ser bastante independiente... - terminó el ojinegro.

- Es que... Todavía tengo miedo de que el libro decida... - confesó el ojiverde.

- Eso no pasará... - aseguró el castaño, con firmeza y seguridad.

- Ya hemos hablado de eso... - añadió Severus, con gesto serio.

- No volverás perdernos - prometió Sirius, recostándose en su cama y apoyando al niño contra su pecho.

Poco a poco el ojiverde se fue quedando dormido, sintiéndose seguro en los brazos de su padrino.

Durmió toda la noche, bajo la atenta mirada y cuidado de sus tutores, que se desvivían por su pequeño y noble aventurero.

-o-

A la mañana siguiente, el azabache se despertó bastante más tarde de lo acostumbrado, pero mucho más animado.

Bajó a desayunar, ansioso por reencontrarse con sus, ahora innumerables, amigos.

Éstos los recibieron felices, poniéndolo al día sobre sus últimos planes para el verano, que Harry escuchó muy ilusionado.

Charlie le preguntó si lo podía acompañarlo a un lugar cuando terminasen de leer el capítulo, y el ojiverde aceptó encantado, ya que le encantaba pasar tiempo con el dragonista.

Cuando terminaron de desayunar, el director les pidió amablemente que se levantasen para acomodar la sala.

- ¿Preparado para continuar leyendo señor Weasley? - preguntó Dumbledore, cuando todos estuvieron acomodados.

- ¡Estoy listo! - exclamó Bill, con entusiasmo, poniéndose en pie y haciendo una complicada pirueta.

- Y ese es mi ejemplo a seguir... - rodó los ojos Ron.

- Es un magnífico ejemplo... Aunque yo prefiero a Charlie... - aseguró su ojiverde amigo.

-o-

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía nervioso a Harry, Ron y Hermione. - empezó a leer el primogénito de los Weasley.

- No puedo pedirte disculpas por esto... No serían sinceras... - reconoció Draco, en un arranque de sinceridad.

- ¿No te arrepientes? - se extrañó Justin.

- Es que era divertido... - se encogió de hombros el rubio.

- Para nosotros no fue nada divertido... - refunfuñó Ron.

- Esperábamos el momento que te chivases y nos expulsaran... - asintió Harry.

- Eso sí que lo siento... Haceros sentir mal... - se disculpó, de inmediato, el platinado.

- ¡Ya no importa! - sonrieron ambos leones.

Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Hagrid, tratando de hacerlo entrar en razón.

- Lo que asumo fue difícil - supuso Remus.

- ¡No sabes cuánto! - bufó Hermione.

-Déjalo ir -lo instaba Harry-. Déjalo en libertad.

-No puedo -decía Hagrid-. Es demasiado pequeño. Se morirá.

- En eso tiene razón - intervino a favor del semigigante, Charlie.

- Pues yo no estoy tan seguro - replicó Severus, furioso consigo mismo, por no haberse dado cuenta de que su culebrilla había estado en contacto con un dragón.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana. Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cumplía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo.

- Debería despedirme - dijo el semigigante avergonzado por su comportamiento.

- ¡Eso si que es una estupidez querido amigo! Y tú no eres ningún estúpido... - replicó el director, devolviendo la sonrisa al rostro del guardián de las llaves.

Había botellas vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.

-He decidido llamarlo Norberto -dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos-. Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

- Mejor que su mamá no venga... - rió Cedric.

- ¡Yo soy su mamá! - aseguró, indignado, Hagrid.

-Ha perdido el juicio -murmuró Ron a Harry.

- ¡No había perdido el juicio! - se defendió el semigigante.

- ¿Y ahora tampoco? - preguntó, arqueando su ceja izquierda, Severus.

-Hagrid -dijo Harry en voz muy alta-, espera dos semanas y Norberto será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento.

- A Dumbledore no... Quizás a Snape... - confesó Draco.

- Eso habría sido nuestra ruina - reconoció el ojiverde.

- ¡Qué exagerado! - se burló el pocionista.

- ¡Que dotes para el drama! - exclamó Sirius, siguiéndole el juego al ojinegro.

- Juventud... Divino tesoro... - se unió a sus amigos, Remus.

Hagrid se mordió el labio.

-Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

- Empezaba a recapacitar... Pero no podía abandonarlo... - confesó Hagrid.

- Te entiendo... - aseguró Charlie.

- ¿Ah si? Nunca lo habría imaginado... - rodó los ojos, irónico, Bill.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

-Charlie -dijo.

- Gracias por pensar en mi - agradeció el pelirrojo.

- No, gracias a ti por llevarte a nuestra peor pesadilla - replicó el ojiverde.

- ¡Pensé que ese era yo! - fingió ofenderse Draco.

- ¡No seas tan altivo Malfoy! Ese era yo... - le discutió el profesor de Pociones.

- Los dos sois un poco soberbios... Norberto fue mucho peor... - se burló Harry de ambos, mirándolos divertido.

- Estoy de acuerdo con Harry, al menos vosotros no mordisteis mi mano... - reconoció Ron, soltando una gran carcajada junto a su mejor amigo.

-Tu también estás mal de la cabeza -dijo Ron-. Yo soy Ron,¿recuerdas?

- Gracias a ti también hermanito, por acordarte de mi... - agradeció, con sarcasmo, Charlie.

- Bueno... Estaba sometido a mucha presión... - se defendió el menor de los Weasley.

- La misma que mi pequeñajo... - replicó el dragonista.

- ¡Deja en paz a mi bebé! - intervino Bill.

- Por última vez... . siseó Ron, intentando dominar su genio, algo de lo que no fue capaz y terminó gritando a su hermano mayor - ¡No soy tu bebé!

- Claro que no, bebé... - le respondió el rompedor de maldiciones.

-No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

- Un plan excelente... - aplaudió Kingsley.

- Tienes una mente brillante, Potter... - lo felicitó su fan número uno, Alastor.

- Y ahora que lo sabe podrá sacar mejores notas, ¿verdad Harry? - le sonrió con malicia, su tío Slytherin.

- Supongo... - asintió, de mala gana, el ojiverde.

-¡Genial! -dijo Ron-. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

- Hagrid va a aceptar, ¿verdad Hagrid? - aseguró Sirius, mirando amenazante al guardián.

- Claro que Hagrid aceptará porque... - añadió Remus, con sus ojos ambar clavados en el semigigante.

- Porque si no lo hace, Hagrid estará en problemas - lo interrumpió Severus mirando al peor mentiroso del mundo con una mezcla de maldad y diversión.

- ¡Dejad de tomarle el pelo! - los riñó el ojiverde.

- ¡No seas aburrido cachorro! - protestó lastimeramente su padrino, pero el niño lo ignoró y le indicó a Bill que siguiese leyendo.

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

- Muy bien Hagrid, nos alegra tu decisión - aplaudió el ojigris.

- Hagrid ha hecho lo correcto... - corroboró el pocionista.

- No empecéis de nuevo... - los amonestó el azabache.

- Estaaa bieeeen... - sonrió Lupin, levantando las manos en son de paz.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles encontró a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar.

- ¿Y tú donde estabas? - preguntó Michael, curioso, al pelirrojo.

- Pasando por la experiencia más dolorosa de mi vida... - respondió Ron, con dramatismo.

- Aún eres muy joven... Te queda mucho por sufrir... - replicó, con amargura, Alastor.

- ¡Vaya! Eso es muy reconfortante... - rodó los ojos el pelirrojo.

- Así es nuestro querido Ojoloco... Un tierno total... - se burló Tonks.

- Es la verdad... - protestó Moody.

- Claro que sí... - afirmó la pelirrosa, dándole la razón como a los locos.

El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry

- Esa capa... ¿No podéis devolvérsela? - preguntó, inocentemente, un Ravenclaw de segundo.

- Eso... Es suya y... - lo apoyó otro Hufflepuff.

- No os preocupéis, no pasa nada... - los tranquilizó el ojiverde.

- Pero... - replicó el águila.

- ¿No habéis escuchado a Potter? - preguntó Severus, con su tono más temible, haciendo que los chicos se encogiesen en ss asientos y Harry rodara los ojos exasperado.

Había estado en la cabaña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

- Hagrid... Eso es tan irresponsable... - siseó Minerva, incapaz de hablar por la furia.

- L-lo s-siento... - se disculpó el semigigante.

- Está bien Minerva, Molly y yo confiamos en Hagrid... - lo defendió Arthur.

-¡Me ha mordido! -dijo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo ensangrentado-. No podré escribir en una semana. Os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco,

- ¡ESO NO ES CIERTO! - gritaron Charlie y Hagrid.

- Decírselo a mi mano... - replicó Ron, enseñándoles una imperceptible cicatriz.

- A mi también me han mordido dragones y no montó tanto escándalo por ello... - rebatió el dragonista.

- ¡Pero tú estás loco! - le replicaron todos sus hermanos.

pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche.

- Era mi bebé... - aseguró el guardián de las llaves, afligido.

- Un bebé muy agresivo... - añadió Dean.

Cuando me mordió, me hizo salir porque,según él, yo lo había asustado.

- Lo siento Ron... Estaba muy cansado... - se disculpó Hagrid, avergonzado.

- No pasa nada... - le sonrió el pelirrojo.

- Así que eso era la mordedura de tu mano... La mordedura de un dragón... - entendió, de pronto, Poppy.

Y cuando me fui le estaba cantando una canción de cuna. - siguió leyendo Bill para salvar a su bebé de la furia de la medimaga.

- Para que se calmase... - explicó Hagrid al ex cuidador de dragones.

- Habría sido mejor darle algo para que lo destrozase... Eso si que los calma... - rió Charlie.

- Hagrid no necesita saber eso... - le reprochó Minerva, ,irando al semigigante con gesto de advertencia.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

-¡Es Hedwig! -dijo Harry, corriendo para dejarla entrar-. ¡Debe de traerla respuesta de Charlie!

- Ya no tendrás que volver a esperar por mi ayuda - prometió el pelirrojo.

- No la necesitará... Me tiene a mí... - aseguró Sirius con tono posesivo, luego miró a sus amigos y añadió - A nosotros tres, sus padres... -

- Os necesito a todos... - cerró la discusión el ojiverde.

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:

¿Cómo estás? Gracias por tu carta.

Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí.Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene.

El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad. Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos,Charlie

- Eres un buen hermano Charles - lo felicitó su padre.

- Gracias papá - sonrió el ojiazul, ruborizándose.

Se miraron.

-Tenemos la capa invisible -dijo Harry-. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cubrir a Norberto y a dos de nosotros.

- Y ya tienen un plan... - interrumpió Alastor, frotándose sus manos.

- Nunca sirven de nada... - replicó el azabache.

- ¿Por qué? Es un buen plan... - se extrañó Neville.

- Eso es cierto, pero al final siempre pasa algo y tiene que improvisar... - explicó Hermione.

- Menos mal que eso también se le da bien, si no estaríamos perdidos... - rió Ron.

La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato.

- Necesitábamos deshacernos de ese dragón - asintió Harry.

- Era bonito - intervino Draco.

- ¿Lo viste? - se sorprendió el ojiverde.

- De lejos... - confesó el rubio.

- Si te hubieses acercado no te habría parecido tan bonito... - refunfuñó Ron.

Cualquier cosa para liberarse de Norberto... y de Malfoy.

- Era de tu mirada chantajista de lo que nos queríamos librar... - gruño el pelirrojo.

- Lo siento... Pero fue muy divertido... El juego quiero decir... - se apresuró a explicar el platinado.

- Tranquilo, te hemos entendido... - lo tranquilizó Harry.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal.

- ¡Oh! Mi pequeño... - se preocupó Molly.

- Eso fue hace mucho mamá... - la calmó Ron, de manera despreocupada.

No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey

- ¡Claro que te convenía venir a verme! - gruñó Poppy.

¿Reconocería una mordedura de dragón?

- Lo habría hecho si supiese de la existencia de un dragón en Hogwarts... - refunfuñó la medimaga.

- Ese era un dato difícil de revelar... - se atrevió a replicar, Seamus.

Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde.

- No deberías haber tardado tanto en venir - le reprochó Madame Pomfrey.

- En eso tiene razón - asintió Charlie.

- Gracias por tu ayuda... - replicó, sarcástico, Ron.

- Charlie tiene razón, fuiste un irresponsable... - apoyó Percy a su hermano mayor.

- ¡Teníamos que ayudar a Hagrid! - protestó el menor.

- Claro que sí, te admiro y respeto por ello, pero deberías haber ido a la enfermería... - lo sermoneó su hermano miope.

- Tú sabes que las mordeduras de dragón son peligrosas... - añadió el dragonista.

- Supongo que tenéis razón... La próxima vez iré antes... - reconoció, por fin, Ron.

- ¿Planeando ya la próxima aventura? - preguntó Bill, divertido.

- Nunca se sabe - se encogió de hombros su bebé.

- ¿Puedo pediros que esperéis al curso que viene al menos? - preguntó Molly, sorprendiendo a todos, mirando a Los Guardianes.

- ¡Claro que sí! - asintieron, obedientes, los chicos.

- ¿Qué? ¡Noooo! ¡De ninguna manera! - protestó Minerva.

- El próximo curso parece que va a ser muy interesante... - canturreó burlón Sirius, guiñándole un ojo a la profesora.

- ¡DIMITO! - rugió la jefa de los leones.

- Vamos Minnie, no seas cobarde... - la picó Severus.

- ¿Tú tambieeen? - preguntó, dolida, la profesora de Transformaciones.

- Es divertido... - se encogió de hombros, con actitud infantil, el pocionista.

- Estoy realmente orgulloso de ti, Severus... - expreso, visiblemente emocionado, Dumbledore.

- ¡Lo que me faltaba! - resopló Minnie.

- Vamos Minerva... Tú también deberías divertirte un poco más... - la animó el director.

Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.

- Por eso deberías haber ido cuanto antes - dijo esta vez, Pomona.

- ¿Qué es esto? ¿Una campaña de todos contra Ron? - susurró el pelirrojo al oído del ojiverde que se rió divertido.

Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontraron en un estado terrible.

- Por qué nadie me avisó de que mi pequeñín estaba tan mal - protestó Molly.

- A mi tampoco me avisaron... - se quejó Percy.

- Y eso que eres prefecto... - se burló George.

- ¿Prefecto? ¡Qué importa eso ahora! Lo que soy es el hermano mayor de Ron, él está a mi cargo en Hogwarts - replicó el más responsable de los Weasley.

- Pues creo que no te ha salido muy bien.. - se regodeó Fred.

- No es culpa de Pers - lo defendió Ron.

- No, Fred tiene razón... - afirmó, con tristeza, el tercero de los Weasley.

- Era una broma Pers, nosotros también intentamos cuidar de él... - le aseguró Fred.

- Pero es muy escurridizo... - añadió George.

- ¿Vosotros cuidando de mi? - se sorprendió el menor de los Weasley.

- ¡Pues claro! ¡Eres nuestro hermanito! - respodieron los gemelos.

- ¡Vaya! Nunca lo habría imaginado... - sonrió, feliz, Ron.

- ¿Que te queremos? - preguntó George.

- Supongo... - asintió, avergonzado, el ojiazul.

- Nosotros amamos a los Weasley... Mamá, papá, Bill, Charlie, Pers, a ti, a Harry, a Hermione... - enumeró Fred con los dedos, haciendo que el corazón del ojiverde y la castaña saltase de felicidad.

- Resumiendo, todos los Weasley menos a la tía Muriel... - lo interrumpió George.

- Eso es comprensible... - asintió su padre.

- ¡Arthur! - lo reprendió su mujer.

- Vamos Molls... Tú tampoco la soportas... - replicó, con una sonrisa bonachona, Arthur.

- Es una vieja bruja malvada que siempre ha intentado atemorizar a mis niños... - siseó furiosa la pelirroja.

- Bueno, gracias a los gemelos ya no tenemos que verla muy a menudo... - rió Percy.

- Es que mis traviesos bebés pueden llegar a ser muy útiles a veces... - confesó Molly con una carcajada.

- Si esa es tu forma de usarnos... - hizo como que lo pensaba Fred.

- ¡Nos gusta! - gritaron ambos pelirrojos a la vez, haciendo reír a todos.

-No es sólo mi mano -susurró- aunque parece que se me vaya a caer a trozos.

- ¿Había algo más? - preguntó Padma.

- Algo mucho peor que mi mano... - asintió Ron.

Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí.

- En realidad encontré al señor Malfoy escondido en la enfermería... - reveló la medimaga.

- ¿Qué hacías ahí? - se interesó Harry.

- Escuche que Ron estaba en la enfermería... Sabía que tenían un dragón... - confesó, de manera evasiva, el rubio.

- ¿Y? - insistió el ojiverde.

- Yo he leido mucho sobre dragones... Y algunas mordeduras son fatales... - explicó Draco.

- ¿Estabas preocupado? - se sorprendió el pelirrojo.

- Supongo... - reconoció el platinado.

- ¡Pero te reíste de mi! Y... - replicó Ron, quien no entendía nada.

- ¡Tú empezaste! ¡Casi me escupiste cuando me viste! - se quejó el Slytherin.

- ¡Pensé que tramabas algo! - confesó el campeón de ajedrez.

- En fin... Que sois un par de idiotas... - resolvió Daphne.

- Sí, eso lo resume bastante bien... - asintió, apoyándola, Hermione.

Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó).

- Por supuesto que no lo creí... - gruñó Poppy.

- Eso suponía... - asintió el pelirrojo, mirando con cautela a la mujer.

No debí pegarle en el partido de quidditch. Por eso se está portando así.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

- En realidad quería que tu mismo le dijeses la verdad... - reveló el rubio.

- ¿Para que me expulsase? ¡Estás loco! - exclamó Ron.

- Para que te curase - replicó Draco.

- ¡Oh! Está bien... entonces... - dijo el pelirrojo, rascándose la cabeza con nerviosismo.

- Esto me recuerda a lo que decía la primera carta... - susurró Harry al oido de Hermione.

- ¿No todo es lo que parece? - adivinó la niña.

- Así es... - asintió el ojiverde.

-Todo habrá terminado el sábado a medianoche -dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

- El libro... - asintió Draco.

- No me di cuenta hasta ese momento - reconoció el pelirrojo.

- ¿De qué habláis? - se interesó Cho.

- Sigue leyendo, Bill... - la ignoró Harry.

-¡La medianoche del sábado! -dijo con voz ronca-. Oh, no, oh, no...acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy,se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

- Eso ha sido muy chapucero de su parte Weasley - le reprochó Alastor.

- ¡Estaba herido! - lo defendieron Harry y Hermione.

Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

- Sí, una poción sin sueños le vendrá como anillo al dedo... - asintió Molly.

- Y eso le dí... - confirmó Poppy.

-Es muy tarde para cambiar los planes -dijo Harry a Hermione-. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos.

- Y así es como Harry resuelve todo al final... - bufó Ron.

- ¿Cómo? - preguntó Neville.

- Arriesgándose... - contestó Hermione.

Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

- Pero ahora lo sé... Y quiero probarla... - susurró Draco al oído de Harry, para que nadie se enterase de que el ojiverde conservaba su escoba.

- Puedes pedirmela cuando quieras - lo invitó el azabache.

- ¿Vendrás conmigo? - solicitó el rubio.

- ¡Claro! ¿Esta noche? - propuso, rápidamente, el león.

- Me parece perfecto - aceptó, con una gran sonrisa, el platinado.

- ¿De que habláis vosotros dos? - preguntó, curioso, Severus.

- Shhh... Que te lo estás perdiendo... - lo silenció Remus, guiñándole, cómplice, un ojo a sobrino.

Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, sentado afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Hagrid. Éste les habló a través de la ventana.

-No os hago entrar -jadeó- porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

- Estaba fuera de control, ¿verdad? - adivinó Charlie.

- Sí, no sabía como calmarlo... - confesó el semigigante.

Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

- Todo influye... - admitió Hagrid.

- Tuviste suerte que no provocara ningún daño realmente importante - masculló Minerva.

-¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro.

El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas.

- Mamá... - se interrumpió el rompedor de maldiciones, mirando a su progenitora.

- ¿Si cariño? - le preguntó dulcemente la pelirroja.

- Estoy preocupado por Charlie... ¿Tú crees que con los años se volverá así? - cuestionó Bill, fingiendo preocupación.

- ¡IDIOTA! - lo insultó el ex cuidador de dragones, dándole una colleja.

- Confiemos en que no... - suspiró Molly.

- ¡MAMAAAAAAAAÁ! - protestó Charlie, mirándola ofendido.

Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.

- Y no lo hizo - aseguró Hermione.

- Tardo muuuuuucho en llegar - añadió el ojiverde, con el ceño fruncido.

Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocupados por lo que tenían que hacer.

- Fuimos un poco insensibles... - reconoció el azabache, mirando a la castaña.

- Estabamos nerviosos e irritados... - intentó consolarlo, la leona, que conocía a su amigo y sabía lo mal que se estaría sintiendo en ese momento.

- Lo sentimos Hagrid - se disculpó el ojiverde, ignorando a su amiga.

- Soy yo el que lo siente... Perdí el norte... Os puse en peligro... - replicó el semigigante, avergonzado por sus acciones.

Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo,donde jugaba a tenis contra las paredes.

- Le encanta ese juego - rió Sirius.

- Tú y James se lo enseñásteis... - recordó Remus.

- ¿Por qué será que no me sorprende? - rodó los ojos Severus.

Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

-Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje -dijo Hagrid con voz amable-. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

- ¡Ah! Era eso lo que vomitó... - entendió, ahora, Charlie.

- ¿Vomitó? Pobrecito mi bebé... - se preocupó Hagrid.

- Se mareó un poco... Nada grave... - lo tranquilizó el pelirrojo.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hicieron pensar a Harry que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

- ¡Tienes dotes para la Adivinación! - exclamó Cho.

- Espero que Potter escoja un camino más certero... - replicó, entre dientes, la profesora de Transformaciones.

-¡Adiós, Norberto! -sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también-. ¡Mamá nunca te olvidará!

- Y no lo he hecho... - aseguró el semigigante, al que había venido a visitarlo la melancolía.

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron.

- Lo hicimos con mucho esfuerzo... - reveló Hermione.

Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

- Nuestro cachorro ya tiene sus atajos... - aplaudió, orgulloso, Sirius.

-¡Ya casi llegamos! -resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre más alta.

- ¡Casi lo habéis logrado! - interrumpió, ansioso, Blaise.

- Aún no cantes victoria... - murmuró el ojiverde, recordando la escena de su jefa de casa castigando a Draco.

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras,contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos.

- ¿Quienes eran? - preguntó Parvati.

- ¡Ah! ¡Ya me acuerdo! - recordó el heredero de los Malfoy.

Una lámpara brilló.La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

- ¡Qué pena de foto perdida! - se carcajeó Severus.

- ¡No tiene gracia! - sisearon Minerva y Draco, mirando mal al pocionista, que les devolvió una sonrisa burlona.

-¡Castigo! -gritaba-. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

- ¿Veinte puntos por un simple paseo? ¡Es injusto! - protestó Sirius.

- ¿A qué sí? - estuvo de acuerdo Draco.

- Qué decepción Minnie... - negó con la cabeza, decepcionado, el animago.

- ¡No me cuestione Black! - exigió Minerva.

- Si se pone asi por veinte puntos a Slytherin... ¿Cómo se pondrá cuando sepa que...? - murmuró Ron a sus amigos.

- ¡Sshhh! Mejor no lo digas... - lo calló Hermione.

-Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

- Siento no haberle creido, señor Malfoy - se disculpó, una vez revelada la existencia del dragón, la profesora de Transformaciones.

- Lo entiendo, era una historia un poco increíble - aceptó, las disculpas, el rubio.

- Ahora ya sabemos que no hay historias increíbles cuando Harry Potter es el protagonista... - rió Theo.

-¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos,hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

- Yo tampoco te creí - reconoció el ojinegro.

- ¿Acaso dudabas de las aventuras de nuestro niño? - preguntó Sirius, fingiéndose ofendido.

- ¡Cómo se me pudo ocurrir! - exclamó con ironía, el pocionista, golpeandose la frente.

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

- ¿Y eso? - preguntó Daphne asombrada.

- Estaba contenta... - esquivó la pregunta la castaña, aún sabiendo que a continuación se revelarían sus motivos.

-¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

- Lo siento... Hasta yo puedo ser muy infantil a veces... - se disculpó, de inmediato, con el rubio.

- No pasa nada... - la tranquilizó el Slytherin, con una sonrisa sincera.

- Tu lado infantil te hace más divertida... - intervino Harry.

- Y nos gusta esa Hermione... - asintió, de acuerdo con su amigo, Ron.

- No la reprimiré más entonces... - sonrió la leona.

-No lo hagas -la previno Harry.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula.

- Como ya sabes, yo también soy infantil... - sonrió, disculpándose, el ojiverde.

- ¡Tienes once años! ¡Tienes que ser infantil! - replicó su padrino.

- Todos vosotros debéis disfrutar de vuestra niñez... - asintió Arthur.

- No dejéis que la proximidad de una guerra os arruine vuestra infancia... - les aconsejó, sabiamente, Dumbledore.

Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la amigos de Charlie eran muy simpáticos.

- Les caistéis muy bien... - reveló el dragonista.

- Y ellos a nosotros - aseguró la castaña.

Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos.

- Tu bebé viajó muy comodo - sonrió el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.

- Gracias Charlie, sabía que contigo estaría en buenas manos... - agradeció, enjugándose unas lágrimas, el semigigante.

Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias.

- Fueron realmente amables... - explicó Harry a sus tutores.

Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

- Y nosotros pensamos que lo peor había pasado... - suspiró el ojiverde.

- ¿Y no era así? - se extrañó Cedric.

- Eso es otro capítulo... - intervino la castaña.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón,y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

- Filch consiguió estropearla - se le escapó a Ron.

- ¡Sshhh! - lo silenció Hermione.

- ¡Ese viejo palo de escoba! - siseó el ojinegro.

La respuesta los esperaba al pie de la escalera.

- Nos vengaremos de él - prometió Charlie.

- Eso tenlo por seguro - aseguró Bill, con una maliciosa sonrisa.

Cuando llegaron al pasillo,el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

-Bien, bien, bien -susurró Harry-. Tenemos problemas.

Habían dejado la capa invisible en la torre.

- ¡Ese es un error de novato Potter! - lo riñó Alastor.

- ¡Tiene once años! ¡Ni siquiera es un novato! - lo defendió su prima pelirrosa.

- Potter podría ser un auror experto con un par de entrenamientos especiales... - replicó, entusiasmado, el veterano auror.

- Que nunca recibirá... - rebatió Sirius.

- Hasta que sea mayor de edad y pueda decidir por si mismo - añadió Remus.

- Lo habéis expresado muy bien los dos - los felicitó Severus, con una sonrisa cómplice.

-o-

A pesar de no haber leído el capítulo entero, con tantas interrupciones y conversaciones improvisadas, la lectura se había alargado hasta la hora de la comida.

Algunos comieron, otros devoraron; pero todos rieron felices y despreocupados, aprovechando la calma que antecede a la tormenta.

Harry fue el primero en dejar de comer, mirando de manera ansiosa a Charlie, esperando a que éste terminase su comida, para acompañarlo a dónde el pelirrojo quisiese llevarlo.

-o-

Gracias por llegar hasta aquí...

-o-