GRACIAS POR TODO; RECUERDOS DE MATTEO EN EL JARDÍN PROHIBIDO
-Muérete de una buena vez-
Otro choque entre guadaña y sable, otra mezcla de golpes. Era imposible atacarse frontalmente sin recibir una respuesta pero la lucha era demasiado intensa como para desperdiciar una probabilidad de herir al sujeto de enfrente; pasaron mucho tiempo batallando entre ellos y recién pudo darse cuenta de una peculiar expresión en él.
Era imposible, cómo era capaz de hacer eso.
Un momento de duda le hizo perder cierto tiempo, el cual fue muy bien aprovechado por Tai, dando un duro golpe con los nudillos de su mano izquierda y ahora el movimiento semicircular de su espada se aproximaba lentamente hacia el cuello de la chica, ella pudo esquivarlo tan solo por poco salvándose de lo que iba a ser una muerte segura o por lo menos una herida profunda que le quitaría muchas probabilidades de ganar.
-como es que tu estas…-
Antes que pudiera terminar su frase vio al muchacho acercarse de forma directa hacia ella. Ya no estuvo del todo desconcierta así que pudo defenderse bien de los ataques del castaño con gran destreza. Nuevamente la lucha se pasó a desarrollarse en los cielos, tal vez porque era una ventaja para Tai usar su velocidad en un sitio donde su rival poseía cierta desventaja. Pero para ser francos, la lucha era bastante pareja entre esos dos; pudiera ser todo un espectáculo verlos si es que alguno de los oficiales pudieran pero ellos seguían bajo los efectos somnolientos que fueron lanzados por Sora antes de iniciar su combate contra el portador del emblema naranja; cada puño era esquivado por un raudo movimiento del antebrazo, cada patada si no era esquivada ágilmente era interceptada por las manos o piernas, cada vez la lucha era un poco más intensa y no podía dejarse de lado las confrontaciones con las armas, ya que tanto la espada del joven como la guadaña de la mujer hicieron sus respectivos trabajos hiriendo con sendos cortes a sus oponente.
Luego de unos minutos haciendo alborotos por los aires, ambos descendieron una vez más a tierra firme. –Acaso eres tan presumido niño tonto, qué pretendes decirme luchando de esa manera-, la queja de la chica era con justicia según ella, debido a que en todo momento desde que iniciaron a tomarse el combate en serio, el muchacho permaneció con los ojos cerrado. Los pensamientos de ella querían despedazarlo pero no podía evitar el sentirse algo desanimada si su oponente era capaz de realizar tan precisos movimientos casi sin margen de error sin estar usando su vista.
-Nada de eso Sora, solo que si te veo a los ojos no querré hacerte daño, es mejor para mí pelear tan solo siguiendo tu aura, de esa manera puedo luchar en serio, además creo que a eso mismo viniste- su voz era entrecortada y triste, como cuando un niño confiesa haber hecho alguna travesura a sus padres y espera pacientemente con cierto temor la reprimenda sobre sí mismo. En su concentración Tai no se sentía lo suficientemente feliz luchando contra esa persona pero no tenía alternativa, no iba dejar que la humanidad se sumerja en caos por no poder luchar contra sus sentimientos y hacer lo correcto; la lucha continuo….
Cortes, heridas, golpes, caídas, impactos, nada detenía a los dos luchadores, sin embargo los desastres entre ellos ya sumaban cansancio y agotamiento.
-Danza de pétalos- rosas envueltas en fuego salían disparadas hacia Tai, este no recordaba que Ryoka tuviera un técnica como tal pero le pareció que era mucho más correcto que sea una chica y no su gran amigo quien tenga la habilidad de hacerlas; por un instante no pudo evitar recordar cuando Matteo le dijo en su mente que ciertos soldados vieron a la soberana del fuego y al mismo Fennin luchando contra su mejor amigo en una lucha de vida o muerte entre tres contra tres; algo irónico que los únicos sujetos con poderes excepcionales en el dominio de tal elemento sean destinados a chocarse todos a la vez en un mismo tiempo. –eres tan predecible cariño-
Haciendo un puño con ambas manos, la muchacha pudo aprovechar el segundo que Tai se tomó para pensar sobre la batalla entre los emblemas de fuego para atacar la columna de este, produciéndole un fuerte dolor antes de que toda su humanidad fuera a caer contra el suelo, producto de tremendo impacto, podría de decirse que eso no fe lo peor, ya que luego del choque en el piso, al muchacho le esperaban los pétalos de rosas envueltos en llamas; ataque certero. Un estruendoso grito hizo dispersar las flores, no parecía haber sucedido nada, aunque las quemaduras en el cuerpo del chico hicieron creer a su rival sobre un posible gran daño.
-Qué patético eres Tai, siempre tan predecible, tu fracaso hoy te costará tu muerte- Sora podía ver incluso a través de esos ojos sin vida como el castaño se incorporaba lentamente, rayos salieron de su cuerpo para poder detener en algo los asesinos daños de la danza de pétalos.
-Te equivocas Sora, ya he ganado, no quiero hacerlo créeme, por favor vete de este lugar sálvate por favor-
A pesar de verse en un estado menos saludable que su rival, aquellas palabras no sabían si interpretarse como unas propias de un orgulloso guerrero o derivadas de una locura extrema.
-¿Que ya has ganado?, estas muy herido, siempre tan gracioso; no tendré piedad- su postura con guadaña en mano era la correcta como para un golpe final, el filo de su arma parecía cobrar vida y querer salirse de su mango sujetador para ir directamente hacia algún punto mortal y acabar con la vida de su rival de una vez por todas.
-Por favor, Sora, no te acerques, sería tu fin, déjame que te traiga de vuelta, ahora mismo Ryoka está luchando contra Fennin si te vas ahora, puedo ir a ayudarle y sacarte de ese trance; pro favor- sus palabras ya sonaban como cuando el llanto se aproxima de forma inminente, y a pesar de tener los ojos cerrados y un cuerpo cansado con profundos cortes sobre ese, lágrimas de tristeza empezaron a caer por las mejillas hasta caer al piso.
-Ya te pusiste sentimental, que asco. No te perdonare haberme ganado esa vez estúpido, muere ahora- impulsándose con una pierna salió a por todo contra su enemigo.
-Nooooooooooooo- fuerte explosión, llamas gigantescas se esparcieron por todo el ambiente, pareciera que devoraran el cielo, luego todo se esfumó tras un gran resplandor.
….
Fue uno de los primeros guerreros en ponerse en pie, Takero era un valiente y fiel sujeto, aunque algo desconfiado no era para nada mezquino y uno de los tenientes del capitán Matteo, pero gracias a una jugada del traidor Fennin quien logró separar a las tropas, este sujeto se hallaba marchando al lado de Tai y no al de su principal. Su poder era bueno, dotado de grandes habilidades para matar sigilosamente, le hizo recobrar conciencia miró a su alrededor y pudo ver que el resto de sus amigos daban ciertas señales de despierto tras haber sido dejados en un trance de silencio y descanso. Cuando dio un segundo giro de cabeza pudo ver una escena algo extraña, a pesar de su actitud fría pudo entender a la perfección la atmósfera de esa imagen.
-Perdóname Sora, perdóname, por qué tú, maldición ¿por qué tenías que ser tú?-
No hubo respuesta.
Una espada atravesaba el vientre de la chica, era una de color amarillo dorado con una línea recta negra en el medio y manchas de sangre en la punta y en los alrededores donde había sido enterrada…en medio del cuerpo de Sora…
Tras creer que era el final, la chica obvió el último y más letal ataque de su adversario, el "Monagu", incluso la danza de pétalos pudo ser evitada fácilmente con esa técnica, y estuvo latente esperando a que su presa llegara hacia él. Por ello eran las súplicas del castaño de no acercarse, pero lejos de su entendimiento ella escogió la peor alternativa…fue a la boca del lobo, de nada sirvieron sus fuegos lazados en una y otra dirección para amortiguar la feroz mordida del dinosaurio de trueno ya invocado, luego la espada hizo el resto, clavándose en medio del abdomen hasta salir por la espalda. Muerte fija.
-Nooooo, maldito Fennin, si Ryoka no logra matarte yo mismo te arrancaré la piel y te dejaré vivo para que mueras de la forma más lenta posibleeeee-
Unos pasos se aproximaron hasta Tai, era un puñado de hombres avanzando hacia él, cada uno mirando al suelo con miradas de nostalgia. Era imposible de creer que de entre todos ellos fuera ese chico quien al final daría muerte a esa enemigo, no porque le resultara improbable ya que de haber usado el poder de la gema no hubiera tenido problema alguno en superar sus poderes de forma abismal, sino por el hecho de ser ella.
-Mi señor, nosotros…, de haber sido más cautelosos hubiéramos luchado contra ella, no usted- ese fue Takero hablándole, por primera vez le escuchó decir la frase " mi señor" a alguien, ya que su peculiar carácter, aunque era ovbio que entendía todo.
-Debemos continuar amigos míos, esto no es culpa de nadie, se hizo lo que tenía que hacerse. Ahora nuestro objetivo es seguir adelante, vámonos de aca-
Y así fue, sin decirse alguna palabra, todo el grupo prosiguió su viaje, dejando el cuerpo de la chica tendido.
….
-Gracias por salvarme Tai- si alguien hubiera dado vuelta por si las dudas le hubieran visto moverse tenuemente, pero ya estaban todos fuera. Así que con mucha dificultad y tratando de no moverse rápido para evitar sangrar más, Sora se llevó la mano hacia la zona donde fue la espada clavada en su cuerpo; sacó un pañuelo muy raro de color rojo, raro por tratarse de uno de forma circular con algunos símbolos grabados sobre este, cubrió con este objeto la herida y pronunció algunas palabras, no pudo evitar vomitar algo de sangre mientras dicho pañuelo daba por iniciado una iluminación débil sobre sí mismo. Lentamente la profunda herida empezó a cicatrizar, en contraste con la brusca forma en que una piedra negra del tamaño de una avellana salió del cuerpo de la chica, haciéndose pedazos al caer en el suelo. –Gracias Tai, pude sentir ese sentimiento cuando tu espada se hundió en mi cuerpo, creo que siempre lo supe también; ahora a recuperarme, debo protegerte yo esta vez-
…
-Vaya paliza que le metieron capitán, ¿no sería mejor que continuase descansando?- afortunadamente para el colectivo, uno de ellos, tan solo uno, y para alivio del rubio, conocía sobre primeros auxilios y trajo por si las dudas un material de equipamiento consigo para usarlo en ocasiones como esta. Este era un adulto, de barba escaza y bigote prominente, había perdido un ojo hace varios años cuando estuvo al servicio en una expedición simple y el recuerdo de esta sobre él era una cicatriz mal dibujada en su rostro.
Con cierta paciencia este sujeto cubría de vendas y gasas las zonas parcialmente sanadas del portador del emblema azul; curiosamente este mismo fue quien pudo tratar a la semejante del rubio, a una chica simpática pero temperamental quien tuvo que dar todo de ella para derrotar a nada más y nada menos que a otro de los sagrados; y Titania era su nombre.
-No, ya es suficiente, te agradezco mucho Galenbert, debemos continuar- pensativo como siempre, Matteo sugirió tal cosa, aunque en el rostro de sus compañeros no podía verse lo mismo ya que consideraban la seguridad y recuperación de sus dos capitanes antes que proseguir y tener mayores riesgos.
-Solo nos quedan tres sagrados más y esto habrá terminado-
-Te equivocas amiga mía, solo quedan dos-
-Parecía imposible pero ahí está, aunque me tiene en alerta el sujeto con quien luchaste- Tanto Titania como su compañero de cabellera rubia intercambiaban ideas, aunque eran bastante amigos un ambiente de desconfianza podía olerse en medio de los dos. Pero este mismo sentimiento se fue desvaneciendo a medida que ambos continuaron con sus charlas, sin embargo en la cabeza del guerrero azul aún quedaban residuos del feroz combate que tuvo.
FLASHBACK MATTEO
Iba caminando con su grupo y sobre un lago congelado, un ambiente bastante hostil para muchos aunque acogedor para el joven Matteo ya que el hielo siempre fue su mayor ayuda. No pudo evitar sentirse algo nostálgico por el suceso de haber perdido a diez de los suyos en una tonta trampa que terminó por herir de muerte a los miembros de ese grupo; pero el objetivo principal no debía ser menospreciado así que continuaron el viaje. Todo era muy calmado, cosa que lo mantuvo en mucho mayor estado de alerta. Y a decir verdad era muy extraño ver un lago totalmente en estado sólido, como si alguien le estuviera invitando a acercarse; primero pensó en la dama de hielo, esa titán llamada Gélida, vaya honor a su nombre pensó mientras continuaba caminado, no pudo evitar sobresaltarse al notar manchas de sangre en medio de las finas capas de nieve del lugar, los rastros eran cada vez mayores y su punto de destino lo dejó en un semi estado de shock, -Quién pudo haber hecho algo como esto- tirada en medio de la nieve con manchas rojas en todo su cuerpo yacía esa mujer, esa sagrada con boca abierta y ojos cerrados, alguien le había dado muerte, pero la pregunta más aterradora era, quién fue capaz de hacerlo.
Los rastros de sangre seguían siendo visibles, a pesar de ya haber mostrado al derrotado, así que todos los guerreros de ese grupo permanecieron en alerta lo más alto posible, si hubo algo que pudo dar muerte a titán sagrado de hielo no tendría que haber salido ileso, así que decidieron buscar al misterioso vencedor. Sus pasos fueron a parar en un punto donde curiosamente el suelo frío y congelado daba paso a un jardín floreciente y verde, era una transición de ambos medios ambientales, en su mente Matteo imaginó la hipótesis que incluso muerta el cuerpo de la soberana de hielo continuaba emanando algo de su poder y eso permitía ver esas capas de nieve pero ahora que muerte eso iniciaría a descomponerse poco a poco. Al continuar el viaje vieron otro cuerpo tendido en medio del verde pasto, su cuerpo también poseía grandes daños, pero aun respiraba. –Maldito infeliz, voy a matarte ahora- con fuerza y decisión saltó dejándose ver en medio de los cielos, de su mano izquierda salió una especio de picón hecho totalmente de hielo, con este pudo ayudarse para clavarle tal en medio del cuello del infeliz y medio moribundo ser.
Muerto también.
-Atacar a un exangüe no es nada propio- su voz era en ecos, podía escucharse en todos lados.
-¿Puedes invocar elementos también?, ¿acaso eres otro sagrado?-
-Muéstrate-
-Querrás decir, muéstrense….- lo que fue parte de jardines se convirtieron en grietas, aunque pequeñas, dejaron salir a varios sujetos, todos vestidos de la misma forma y cada uno con la cara envuelta en una especio de turbante facial que impedía verles el rostro, la tela que les cubría era más oscura que el mismo color negro. Pero el sujeto más peligroso salió después de todos ellos.
-Sacrificio y sed de venganza es lo que tenemos- mientras decía esas palabras al principio ininteligibles para Matteo, este podía ver como los guerreros que lo acompañaron hasta ese punto, eran absorbidos por la lucha y el combate que guiaron los extraños seres salidos de en medio de las grietas. –Fennin nos dijo que eras especial, prepárate-.
-¿Trabajas para ese cretino?-
-No seas ridículo niño, solo le debemos un favor, luego tendremos que matarlo claro está-
Su menta ágil le permitió estar siempre un paso adelante que el resto de sus compañeros, era el más listo de todos los cinco, y dotado de un poder tan exquisito que en un tiempo fue catalogado como el aprendiz de Fennin más talentoso, tiempos que se esfumaron; lo importante era saber que si este sujeto hablaba siempre en plural era porque aquel muerto y este no eran los únicos con los poderes suficientes como para asesinar a los sagrados. No podía percibir ningún tipo de aura de su enemigo, tampoco presencia que le indicara la dimensión de su poder, tan solo era el sujeto y nada más, y obviamente hubiera sido muy iluso la no darse cuenta de la gran cantidad de armas que traía en su vestimenta; ya que toda esta tenía un bolsillo especial con una cuchilla dentro y en tan solo unos pocos segundos fue capaz de contar unos 100.
-qué clase de favor-
-Uno simple, él nos sacó de esa prisión tan mal acondicionada desde mi punto de vista, ahora solo tenemos que asesinar a gran titán y luego matarlo a él- quedó bien claro que este sujeto no era nada bueno guardando un secreto.
-¿Fuiste tú quien asesinó a la sagrada?-
-Por supuesto que sí, aunque ella dejó casi muerto a mi compañero no tuvo oportunidades contra mí luego de tremenda batalla-, eso le dejó un tanto desconcertado, si hubiera habido una lucha en la cual la misma sagrada terminara siendo derrotada cómo era posible que no haya podido percibir nada, como si no hubiera pasado nada, o era que algo se interpuso en las frecuencias de las auras que imposibilitó sentirlas.
-Eres muy inteligente niño, pero te equivocas; ellos lucharon en otra dimensión- ahora el extraño sonreía mirándole fijamente. Pudo leer sus pensamientos con suma facilidad. -¿Empezamos?-
Lejos de quedarse anonadado por haber sido incapaz de evitar que su mente fuera leída cual libro, Matte trató de concentrarse profundamente, luego de conseguirlo avisó mentalmente a los suyos que deberían salir del rango de la lucha que acontecería ya que no era deseo suyo que su poder terminara por dañar a sus propios compañeros. Estos obedecieron son bacilar, cada uno arrastró a sus rivales hacía direcciones lejanas dejando a esos dos en un silencio absoluto.
-Comunicación telepática eh, debo haber estado encerrado mucho tiempo…Si esto es solo el comienzo me tienes aterrado niño, vamos muéstrame toda tu fuerza, no soy un tipo que se contenga nada, si no lo haces tú, te mataré en menos de lo que tarda un parpadeo. No mintió en sus horondas palabras, logró desenvainar dos filosas espadas delgadas de dos estuches que colgaban de su cintura, y mirando con ojos asesinos, dejó que su oponente haga el siguiente movimiento.
Sin dejar intimidarse, Matteo hizo caso a su futuro contrincante. De inmediato invocó su arma sagrada, la cual surgió entre sus manos no sin antes la aparición fugaz de un enorme lobo que terminó por esfumarse y refugiarse de nuevo en el tridente del muchacho ya que esa era el arma de este; luego la gema hizo el resto del trabajo haciendo que lo que era un verde jardín terminara cubierto en hielo. –Uhmmm, tienes un poder admirable niño, pero…-con una cara de entusiasmo el misterioso jugaba con sus dedos frotándolos unos contra otros mientras veía el poder de aquel adolescente.
Sin previo aviso de su movimiento, el sujeto irrumpió con la concentración de Matteo, no dudó en atacar mientras este aun daba los toques finales de poder luego de haber invocado a la gema negra; las filudas hojas de ambos sables caían directamente hacia ambos lados de las clavículas del rubio mientras este reía con desasosiego. –Lo siento no me gusta esperar-
-Pues deberías aprender-
Nunca supo cómo lo hizo, pero ver a un hombre de pie sin hacer nada para evitar recibir un ataque de dos espadas era signo de demencia, pero este no era así. Simplemente hizo un cálculo sobre su poder. El asombro de aquel era inmedible. Las dos espadas cayeron sí, y sobre el cuerpo sin defensa del "agredido", pero ninguna hizo daño alguno como hubiera deseado aquel farfullador ser; es más parecía que luego de haber chocado contra la aparente frágil humanidad del joven, estas estuvieran a punto de resquebrajarse. Luego se sintió como si una avalancha golpeara de forma directa a un trozo de madera, como si miles de cuchillas fueran a por tan solo un pequeño trozo de carne, y más tarde frío absoluto; de su boca salió algo de color rojo, algo que no había visto desde hace muchos años mientras estuvo, como el mismo dijo, dormido. -¿Ese es todo tu poder, sólo tienes velocidad?- una mirada muy diferente a la anterior poseía el joven Matteo. Sus ojos cambiaron de color a un tono medio azulado que cubrió todo su iris y haciendo que la pupila desaparezca dando una falsa percepción de ceguera. Lo interesante era ver que su mano izquierda, la libre debido a que la derecha sostenía su mortal tridente de color azul marino, estuviera perforando el abdomen de su confundido rival de turno.
-Creo que te he subestimado compañero-
-Entonces permíteme mostrarte algo más sorprendente- ambos se apartaron del otro, pero el sigilo del rubio dejó admirado al contendiente, puesto que mientras giró para apartarse este hizo movimientos circulares que dejaron sin probabilidad al enemigo de poder aprovechar de un salto sin defensa para atacarle sin que este se percatara, era un verdadero asesino. Y ahora el suelo entero se hizo una grieta gigante mientras Matteo gritaba con furia al cielo, su poder volvió a crecer, una esfera se dibujó alrededor suyo como si fuera a protegerle de cualquier tipo de mal, el mismo aire se hizo imposible de respirar puesto que era como si las gotas de agua de la atmósfera fueran convertidas en cristales finos de hielo y aunque tal espectáculo no duro mucho tiempo, al terminar dejo a la vista un brillo resaltante de color azul sobre todo el cuerpo de aquel mozuelo rubio.
-Tienes un poder gigantesco miserable, ¿creíste que no podría darme cuenta como lo ocultas?, tengo que ser sincero, este poder no se lo he mostrado a nadie, era una pequeña sorpresa para matar a ese traidor; pero en vista de las circunstancias, serás el primero en saborearlo. Ese mismo poder era, según el rubio, capaz de sobrepasar los terribles de Gélida, pero la serenidad y ganas de lucha de este nuevo enemigo indicaron que no era del todo cierto ese pensamiento.
