CAPÍTULO 038

Se quedó inmóvil. Controlando sus emociones. Al menos, intentándolo. No podía ser cierto. No podía ser que Richard le estuviese haciendo eso. No podía ser. ¿Cómo lo había adivinado? ¿Cómo se había enterado? Había ocultado aquella fecha. Lo había hecho porque no quería embargar en tristeza todo un hogar. Prefería conservarlo solo en su corazón. Volver a forjar un pequeño muro. Taponar la herida por su cuenta. Pero siempre la sorprendía. Siempre estaba ahí. Indicándole que estaba presente en su vida. Que no era una etapa o una cuestión de moda o capricho. Él estaba ahí para pelear juntos por la vida.

Llegó hasta el final del camino. Viendo como las distintas imágenes iban sucediendo. Su madre. Ella. Su padre. Su vida. Su historia. Su primer día en el colegio. Su primera clase de piano. Su fiesta de cumpleaños. Sus navidades. La eterna sonrisa de su madre. Ellas. Eran imágenes de ellas. Como si los recuerdos hubiesen cobrado vida. Como si los últimos años, no hubiesen existido. La sintió cerca. Muy cerca. Como si, en esos instantes, estuviese a su lado. Acompañándola. Diciéndole, en susurros, que era justo ahí, donde debía estar. Con ellos. Creando su propia familia. Olvidando una venganza que terminaría con su vida. Una lucha incansable que la llevaría hasta el túnel más oscuro posible.

- Mami... - Alexis agarró la mano de Kate al ver que estaba llorando. Y cuando Kate la miró, alzó sus bracitos para que la cogiese. Lo hizo. Y la pequeña se aferró, a su cuello, en un abrazo. Perdiendo su cabecita en el cuello de su madre. Buscando su calor. Su cobijo.

- Mira, cariño, es tu abuelita. - le indicó a su hija.

- ¿Mi abuelita?

- Sí, cariño. - asintió. Justo un poco antes de notar como su pequeña, acercaba sus manitos a sus mejillas para secar las lágrimas incontrolables.

- No llores mami. - acercó sus labios a la mejilla de su madre y le dio un tierno beso.


Richard apareció por detrás. Las estrechó a ambas en un abrazo. Sin apartar su vista del video. Bajando los brazos ante la emoción. Inundándose de ella. Besó a Kate en la cabeza. Y apoyó su frente en ella, aspirando su aroma.

- La abuelita está en el cielo. - susurró la niña mirando a su madre.

- Sí, cariño.

- ¿Por qué se fue? - preguntó.

- Porque era demasiado buena para estar aquí. Tenía que ir a ayudar a otras personas. En otro lugar. Pero, ahí, desde el cielo, nos cuida a todos. - susurró Richard, muy cerca del oído de Kate.

- Hoy es su cumple... - pronunció Alexis.

- Hmmm... - asintió Kate incapaz de hablar. Las lágrimas no cesaban. Y en su mente, volaba la sensación de estar en los mejores brazos posibles.

- Sí, calabaza... Hoy es el día de su cumpleaños. Y lo vamos a celebrar de una forma muy especial para que mami recuerde esta fecha con un poquito menos de tristeza. - le explicó, acariciando una de sus mejillas.

- Mami... No estés triste, mami. - se abrazó a ella - La abuelita nos cuida. Papi lo ha dicho. - le recordó.

- Te quiero tanto. - intentó decir Kate, entre lágrimas, muy bajito. Casi en un tímido suspiro - Tu abuelita te hubiese querido mucho.

- Yo también. - le dijo convencida su hija.


Aquel video, recordó a Kate toda su vida. Junto a su madre. Le recordó la adoración que Johanna sentía por su hija. Las mil veces que de su boca salió, 'te lo dije'. Las mil veces que Kate se estrechó entre sus brazos sabiendo que su madre era la persona más sabía que tenía a su alrededor. Se dio cuenta que Richard había sido lo suficientemente inteligente para narrar una historia con fotos y pequeños recortes de video. Y que el mensaje final, de todo aquello, era recordarle que no debía sentirse culpable por nada. Que, a veces, la vida, nos destroza. Que no depende de nosotros. Que no podemos sentirnos responsables de cada acto o acción de terceras personas. Que debemos saltar, cuando nos tumban. Y pelear por todos aquellos que nos quisieron y que se fueron. Aquellos que lucharon por nosotros. Los que confiaron. Y, que a pesar de no poder tocarlos, si cerramos muy fuerte nuestros ojos, siempre, sentiremos su presencia. A nuestro lado. Caminando a cada paso que demos.


Richard escondió su rostro justo en el hueco contrario donde su hija escondía el suyo. La besó sobre su pulso. Casi sin rozar. Queriendo dejar una caricia de comprensión, de confianza, de amor. - Aunque intentes esconderte, aparentar fortaleza cuando te quieres dejar caer, siempre voy a estar ahí para recordarte que puedes confiar en mí. Que, cuando tengas ganas de llorar, yo secaré tus lágrimas. Que si quieres correr, lo haré a tu lado. Que si necesitas que te sostenga, te aferraré tan fuerte, que jamás podrás caerte. Nunca Kate. Nunca. - le susurró. Kate volvió su mirada hacia él. Cerró sus ojos. Dejó caer el resto de lágrimas. Tembló, en ese momento en el que Richard posó sus labios en cada una de esas gotas que rodaban. Las fue secando. Una a una. Con una inmensa ternura. Hasta rozar sus labios con los de ella. - Hoy es su cumpleaños... Y no tiene por qué ser una fecha triste, mi vida. Podemos hacer que sea una fecha bonita, tierna, dulce, eterna. - le dijo en un aliento - Solo si tú quieres compartir este momento con nosotros. - la besó.

- Sí quiero, Rick. Si quiero. - exhaló, llena de emoción, estrechando a Alexis más fuerte. Besando a Richard.

- Mi vida... - agarró su rostro entre sus manos - Allá donde ella esté es imposible que no se sienta orgullosa de ti. - apoyaron sus frentes, perfilando una pequeña sonrisa cómplice entre ambos. - Hay alguien arriba esperándote, mi vida. - le indicó con su cabeza que fuese en su busca.


Kate, no soltó en ningún momento a Alexis y subieron ambas. La pequeña le dijo en cuál de las habitaciones de invitados debía mirar y cuando abrió su puerta, descubrió a su padre, sonriente, esperándole, sentado en la cama. - ¡Papá! - gritó de emoción - ¿Cómo has...?

- Ese hombre loco de ahí abajo te adora, hija, te adora. Haría cualquier cosa por tí. Así que, me llamó... - se encogió de hombros - ...me dijo que quería prepararte algo especial, que necesitaba de mi ayuda y ya me ves... no pude resistirme.

- ¿Tú también estás metido en la sorpresa? - se sorprendió.

- Digamos que sí. Richard ha venido a mí en varias ocasiones. - la abrazó - ¡Hola cielo! - saludó a Alexis.

- ¡Hola! - Alexis le sonrió.

- ¿Cómo está saliendo la sorpresa? - quiso saber Jim.

- ¡Bien! - la pequeña respondió contenta - Mami ha llorado un poco, pero me avisasteis.

- Sí, cariño, mami ha llorado pero porque me queréis mucho. - besó la mejilla de Alexis.

- Más de lo que te puedas imaginar, hija. - le confirmó su padre.

- Me alegra verte y que estés aquí. ¿Cuántos días te quedas? Llegará Navidad en seguida... - recordó.

- Richard me ha raptado hasta después de las fiestas navideñas. Te vas a hartar de mí. - sonrió.

- Eso nunca papá.

- Por cierto, si crees que con esto acaba la sorpresa... no te haces ni idea. - Jim le guiñó un ojo.

- ¿Esto sigue? - miró a Alexis.

- Sí, mami. - rio, feliz.

- Mi hijo o hace las cosas bien o, definitivamente, no las hace. - sonó la voz de Martha en la puerta. Kate se volvió. No se lo podía creer. Tanto su padre como la madre de Richard habían venido juntos. Entonces, comprendió, que no solo Ramón y Carmen había entrado en casa para decorar, sino también para traerlos.

- Martha... ¡me alera mucho volver a verte! - se acercó a ella para darle un abrazo.

- Lo mismo digo, querida. - dio una vuelta sobre sí misma - Esta casa me encanta. - sonrió - Y ahora me vas a dejar con mi nieta mientras bajas a por alguien que está esperándote. - sonrió cómplice.


Kate no tardó ni un minuto de bajar y buscar a Richard que seguía en medio del salón, mirando la última imagen de aquel video. Kate y su madre. Varias semanas antes de su muerte. Sonrientes. Felices. Sin pensar que la vida, a corto plazo, les tenía una sorpresa inesperada. Una vuelta de tuerca. Una despedida demasiado cruel. No se dio cuenta que Kate estaba junto a él hasta que lo abrazó y apoyó su cabeza en su espalda. - ¿Te he dicho hoy que me encantas? - le dijo la inspectora bajito. Solo para él y ella.

- Creo recordar que aún no. - se volvió hacia ella, colocando sus manos en sus caderas y pegándola hacia él para robarle un beso.

- Te quiero.

- Yo también te quiero.

- Lo que hoy has hecho por mí... Es tan increíble...

- Aún no ha terminado, Kate. Aún quedan muchas cosas por pasar y espero que todas ellas te gusten tanto como a mí. - besó su frente.

- Y dime... ¿eso significa que ya puedo descubrir lo que viene puesto en estas notas del sofá?

- Negativo, inspectora. - escondió su rostro en el cuello de ella y dejó un reguero de pequeños besos - Ahora, vamos a preparar tu comida preferida entre todos y después... Espero hacerte más adicta a mí. - presionó donde latía su pulso.

- Ya soy completamente adicta a ti. - buscó sus labios y lo besó.