Capítulo 38
Washington, tiempo atrás
—Estoy bien —mintió. No quería decirle a Kol sobre los golpes que le dio Tristán, no iba a preocuparlo más. Él ya estaba bastante alterado con la situación, incluso le contó que Enzo y otros oficiales tuvieron que detenerlo pues casi va detrás de la carroza para alcanzarlos, lo cual hubiera sido una imprudencia. Y Caroline no pudo mentir sobre la cachetada, aunque si ocultó lo demás. Si con decirle eso ya Kol estaba a punto de estallar de rabia no quería imaginar su reacción al saber de los otros golpes.
—No estás bien, Care. Él te ha hecho daño, y eso tiene que acabar ya. Te lo prometí, amor. Tristán ya no va a lastimarme, yo me encargaré de eso.
—¿Pero cómo? Aurora y yo tenemos prometidos, no podemos... Tristán no querrá, mamá mucho menos.
—Pues intentaré convencer a tu madre, lo haré por las buenas. O sino... —suspiró, para esas alturas ella ya estaba bastante asustada con lo que se venía—. Tendrá que ser por las malas.
—¿Cómo?— Él la tomó de las manos y las besó. Quería huir de esa vida, quería irse con él. Pero seguía muy asustada, sabía de lo que Tristán era capaz y temía por la vida de Kol.
—Caroline, ¿qué estarías dispuesta a hacer?
—Lo que sea —dijo sin dudarlo. Era cierto, a pesar de todo el miedo que podía sentir estaba decidida a ir hasta las últimas consecuencias. Pase lo que pase, cualquier cosa era mejor que convertirse en la amante incestuosa de Tristán. Al escucharla decir eso Kol le dio un beso en la frente, ella lo abrazó y cerró los ojos. El corazón le latía con rapidez, sabía que él le haría una propuesta y esperaba no fuera demasiado para ella. "No importa, harás lo que toque. No vas a detenerte", se dijo con decisión.
—Ven conmigo. Si tu madre no acepta mi propuesta, si Tristán no se echa para atrás, si ya no hay alternativa. Huyamos juntos. Nos casaremos y volveremos en unos días.
—Él no va a aceptarlo —dijo temerosa Caroline. Sabía que no se trataba de la palabra que le dieron a Joshua y Aiden, tampoco de ningún trato matrimonial. Tristán la entregaría a un hombre que jamás iba a tocarla para ser él quien lo hiciera en su lugar. Su hermano la deseaba y no se cansaba de repetirlo. No importaba que argumentos pudiera dar Kol, sea lo que sea Tristán no aceptaría entregarla a otro—. Lo conozco Kol, sé lo que te estoy diciendo. Él no va a dar su brazo a torcer.
—Pero tu madre si, ¿verdad? ¿No dijiste que a ella no le agradaba Joshua como marido para ti?
—Si... —murmuró. Carol De Martell lo había comentado en una cena, por más dinero que ese Joshua pudiera tener no le agradaba para su hija. Tristán no le hizo caso, pero mamá hizo bastante obvio su descontento—. Aún así no creo que sea suficiente para que cambie de opinión.
—¿Y cómo crees que reaccionará Tristán?
—Querrá matarte —contestó segura. "Y quizá lo haga", se dijo con miedo. Sabía que Tristán era capaz de coger su arma y matarlo ahí mismo, que no le iba a interesar que todo el regimiento vaya tras él. Después de todo era un hombre poderoso, para cuando los demás oficiales supieran del destino de Kol, él ya estaría bastante lejos. Sacudió la cabeza, se había armado ya toda una historia trágica en la mente. Eso no podía suceder por nada del mundo, no iba a permitirlo.
—Amor, ¿y acaso crees que yo dejaré que eso suceda? No le haré nada a tu hermano, pero si viene a mi buscando morir no dudaré en enviarlo al infierno.— Caroline asintió, por más daño que les hubiera hecho, no le agradaba pensar en un Tristán asesinado. Quizá esperaba que algún día se recupere de su insana obsesión, que caiga en cuenta de que aquello estaba mal.
—Entonces hablaré con tu madre pronto. Enzo también lo hará, los dos hablaremos. Vamos a librarlas de ese hombre, te lo juro.— La acercó a él y se besaron. Despacio, disfrutando de ese momento. Kol le había enseñado como disfrutar un beso, antes sentía asco. Con Tristán claro, él solo había logrado que se sintiera asqueada de sí misma, pero con Kol se sentía en el cielo—. Confía en mi —le dijo despacio—, no voy a abandonarte nunca. Te amo, jamás te haré daño.— Y ella sabía que era cierto. Kol era todo lo bueno, él nunca se atrevería a lastimarla. Iba a confiar y esperar.
En esos días Tristán escoltó a Aiden y Josh a una estación de tren que estaba a un día de camino de su pueblo, ellos tenían que atender unos negocios y su hermano aprovecharía para hacer lo mismo. Una vez solas, Kol no perdió el tiempo. Se suponía que Enzo también acudiría, pero el general le dio trabajo y no pudo escapar de eso.
En una semana el regimiento partiría de esa zona de Washington, estaban cargados de pendientes. Pero Kol tenía el día de franco, así que apenas se enteró que Tristán estaba fuera no dudó en aparecer en la mansión de los De Martell. Caroline y Aurora lo vieron llegar por la ventana y se emocionaron, estaban ansiosas por saber lo que ocurriría. Apenas si lo saludaron discretamente, luego su madre mandó a que subieran a su habitación y no salgan para nada.
El tiempo que duró la conversación ellas lo pasaron hechas un manojo de nervios, sin conseguir sentarse un instante, caminando de un lado a otro. Caroline sentía deseos de correr hasta el despacho, de decirle a mamá que por favor le deje casarse con Kol. Era capaz de rogar de rodillas, haría lo que sea. Apretaba sus manos fuertemente, estaba en verdad nerviosa.
Cuando escucharon el galopar del caballo de Kol corrieron hacia la ventana, él estaba de salida y lo que tuvo que decirse ya había sido discutido. Sin pensarlo más Caroline corrió donde mamá, aunque esperó encontrar un semblante serio la halló bastante tranquila. Eso era una buena señal, al parecer la conversación con Kol había ido perfecta.
—Mamá...
—Vino a verme el oficial Mikaelson —dijo Carol tranquila.
—Si madre, lo vi por la ventana.
—Le has simpatizado mucho, mucho en verdad.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—Ya te enterarás, tengo que hablarlo con Tristán primero. Pero quizá haya un cambio de planes en tu futuro.
Tuvo que contenerse y no echarse a llorar como una niña de la emoción que sintió al escuchar aquello. "Un cambio de planes", su madre había sido bastante clara. Kol pidió su mano y mamá estaba de acuerdo con esa propuesta. Estaba feliz, sabía que era solo un pequeño paso, pero era bastante y le daba esperanzas. Sabía claro que Tristán se opondría rotundamente, que expondría razones más o menos lógicas y haría que su madre cediera.
O puede que no, aunque mamá había estado enferma en los últimos años siempre las había querido mucho y velaba por su futuro. Siempre les dijo que cuando llegue el momento ella sería quien les encuentre un agradable prometido, que ella tomaría la decisión final. Rezo ese día, rezó con más fervor que nunca antes. Le rogó a Dios que por favor ablandara el corazón de Tristán, que la libere de él. Era solo cuestión de esperar.
Tristán llegó esa misma noche, así que se podría decir que era un día cargado de emociones. Después de la cena mamá le dijo a su hermano que quería hablar seriamente con él en el despacho y les ordenó a las dos que vayan a su habitación. Las dos hermanas estaban al borde del colapso, incluso Aurora estaba nerviosa. Sabía que si Caroline lograba comprometerse con Kol ese sería un gran paso para que ella también lograra la libertad.
Entonces escucharon los primeros gritos, aunque no entendían bien que estaba pasando. Luego de un rato de duda Aurora abrió la puerta y le hizo una seña para que la siguiera. Iban a escuchar todo, no importa que las castigaran después.
—¡Bájame a voz Tristán! Soy tu madre y no te permito que me hables de esta manera.
—Madre —parecía más calmado, aunque ellas que lo conocían bien sabían que solo estaba conteniendo su rabia—, entiendo que quieras intervenir en esto, pero no estás bien de salud. No sabes cómo son las cosas en realidad.
—¡No vas a ser tú quien me diga como criar a mis hijas! Tú menos que nadie, eres su hermano, no su padre. Y quiero que eso lo tengas bien claro.
—No sabes de lo que hablas.
—Sé perfectamente de lo que hablo. Esos Aiden y Joshua son señores de dinero, es cierto. Pero son un par de desviados. Los vi besándose a escondidas en el jardín. ¿Crees que quiero eso para mis hijas? Una vida infeliz donde el marido jamás las toque, teniendo que aguantar sus pecados. Claro que no.
—Y en cambio las piensas entregar a un soldado cualquiera.— Cuando escuchó eso ella y Aurora se miraron. Ambas apretaron sus manos fuertemente. El corazón le latía con rapidez, ¿entonces su madre estaba aceptando la propuesta de Kol?
—No es un soldado cualquiera, es un Mikaelson, de los Mikaelson de New Orleans. ¿Tienes idea de cuánto dinero tiene esa familia? Son ricos, son prácticamente dueños de esa ciudad. Una unión entre nuestras familias sería muy provechosa.— Esa información la tomó por sorpresa. ¿Kol era rico? Jamás lo había mencionado, y tampoco fue algo que en realidad le importara mucho—. Y he llegado a un acuerdo conveniente con él. Además él siente afecto por tu hermana, me parece adecuado que...
—¡Tú no puedes hacer eso! —gritó Tristán colérico—. No te lo permito, no vas a entregar a mi hermana a otro hombre que...
—¿Y no es lo que ibas a hacer tú, Tristán? Entregarla a otro hombre, a un desviado para variar. Yo me encargaré de lo que es mejor para Caroline. Y será mejor que te andes olvidando del compromiso de Aurora también. No quiero a ninguno de esos dos hombres que trajiste en esta casa.— Poco faltó para que las hermanas saltaran y gritaran de alegría. Solo se abrazaron fuerte, tenían los ojos rojos de contener las lágrimas. Aquello era demasiado cierto para creerlo—. Es mi decisión —concluyó su madre.
—¿Acaso crees que a mí me importa?— Si hasta hace un instante todo había sido alegría de pronto el semblante de las hermanas cambió por completo. La voz de Tristán estaba llena de desprecio, de rabia—. Voy a hacer como que no escuché nada, mamá. Has estado alejada de todos los asuntos familiares por años y ahora pretendes jugar a la madre responsable. Estás loca si piensas que voy a tomar en cuenta tus estupideces. Yo ya he decidido el futuro de mis hermanas y tú no vas a abrir la boca al respecto.
—¡Tristán! No te permito que...
—Tú no eres nadie para prohibirme nada, madre —dijo con desprecio—. No me interesa tu opinión. Soy el hombre de la casa y las cosas se harán tal como yo ordeno. Y sobre ese Kol Mikaelson... Pues ahora mismo lo soluciono.
Escucharon más gritos de su madre, pero sobre todo pasos acercándose a la puerta. Apresuradas buscaron donde ocultarse, no querían que se desquite con ellas. Asustadas y al borde de las lágrimas vieron como Tristán salía del despacho con su arma en la mano y sin decir nada a nadie salió de la casa hecho una fiera. Caroline no pudo contener su llanto, Aurora la abrazó con fuerza intentando calmarla.
Sabía a dónde iba su hermano. A matar a Kol.
Mystic Falls
Había sido un día cargado de emociones, no podía negarlo. Frente a la tumba de Kol se había desahogado bastante, y esa tarde recordó aquellos tiempos. La vez en que él fue a negociar el matrimonio con su madre y por poco sale victorioso si no fuera por el ataque de celos de Tristán. Ella siempre lo supo, su hermano jamás iba a dejarla ir y esa noche por poco le quita a Kol antes de tiempo. Pero ya no quería pensar en eso, después de todo al final su amor triunfo y estuvo casada con él hasta que la muerte se lo llevó. Y ahora estaba ahí, al lado de la familia de Kol, disfrutando de una bella noche.
La elección de la "Señorita Mystic Falls" estuvo muy entretenida. Esa noche todos vestían sus mejores galas en la mansión del alcalde, había mucha expectativa sobre quien sería la ganadora. Estaban concursando Annabelle, Hayley, Elena y otras jóvenes que conocía solo de vista. Había llegado la hora del baile y las concursantes bajaron muy bellas y elegantes las escaleras.
Anna bailaba con Jeremy, Hayley con Tyler y finalmente Elena con Stefan. Esos dos le parecían muy bellos juntos, hasta se atrevería a decir que había algo entre ellos. La forma en que sonreían, como se miraban. O como él la tomaba de la cintura para bailar, como parecían acariciarse con discreción.
Ella sabía de eso, muchas veces bailó así con Kol. A escondidas o delante de todos en el tiempo de ausencia de su hermano. Verlos le recordó a sus bellos bailes con Kol. Y también le recordó aquella vez cuando Rebekah tocó el piano y ella bailó con Klaus, fue esa vez que se besaron por primera vez. Jamás podría olvidar algo como aquello. Suspiró, sí que estaba siendo una noche entretenida.
Al fin llegó el momento de anunciar a la ganadora, y todos estuvieron muy felices cuando Elena salió escogida. Nadie mejor que ella para ese puesto, Elena era una muchacha muy agradable y de buen corazón, siempre dispuesta a dar la mano a los demás sin importar las circunstancias. Y pensar que esa chica había sido la prometida de Kol, quizá él estaría sorprendido de verlas como amigas después de todo.
También recordó que algunas veces sintió celos cuando Kol hablaba de Elena exaltando todas sus virtudes, discutían a la broma y luego se reconciliaban de una manera bastante exquisita. En fin, Elena había ganado. Hubieron aplausos, la chica sonreía sorprendida, como si no pudiera creerlo. Cuando la elección de la "Señorita Mystic Falls" acabó se repartió entre los asistentes más comida y bebida, la fiesta continuaba.
Caroline se entretuvo con Rebekah, Matt también las acompañaba, incluso Enzo. No muy lejos estaban los Mikaelson conversando con el alcalde y con otros jefes de familia del pueblo, hablando quizá de la firma del acta de fundación y de la celebración central de los próximos días. De a ratos Klaus giraba a verla, se miraban y sonreían. Ya tendrían su momento, deseaba estar a solas con él aunque sea unos minutos.
De alguna forma eso le recordaba a sus encuentros secretos con Kol. La ansiedad, los nervios, la emoción, el peligro. Y luego los besos rápidos, las risas disimuladas, la complicidad. Era curioso estar viviendo algo similar con su hermano, aunque ahora el miedo no era Tristán, sino saber que la familia Mikaelson no aprobaría su relación. Y que él siguiera comprometido claro.
En medio de la fiesta le pidieron a Matt que tocara algo en el piano. Aunque al principio parecía tímido, cuando se apoderó de las teclas se transformó por completo. Y esa melodía la conocía, Aurora la practicó mucho. Era la Sonata Nro. 12 de Mozart, adagio, si mal no recordaba. Suave, encantador. Todos contemplaban en silencio a Matt tocar. Cuando terminó se escucharon fuertes aplausos y esta vez le pidieron toque algo que se pueda bailar, estaban muy animados. Se dio cuenta de algo extraño entonces.
Lucien le dijo algo al oído a Klaus, y sin muchas formalidades este se fue del salón hacia la parte trasera. Se sintió extrañada, ¿pasaba algo? Estuvo un momento pensando si era buena idea seguirlo, puede que si. Puede que esa sea la oportunidad que esperó para estar con él a solas un instante al menos. Se excusó un momento y fue en la dirección en la que vio desaparecer a Klaus. No le prestaron mucha atención, la gente estaba en lo suyo, entretenidas con la música y el baile. Mientras iba avanzando entre los pasillos le pareció reconocer su voz, se apresuró pero justa antes de cruzar se detuvo. Él hablaba con alguien.
—Aquí lo tienes, es todo tuyo. Puedes contarlo si quieres.
—No es necesario, confío en su palabra señor Mikaelson —conocía esa voz. Se le hizo muy extraño, ¿qué hacían Klaus y Genevieve hablando a escondidas?— Confiaré, no creo que se atreva a engañarme ni a estafarme, acá debe estar todo el dinero prometido en nuestro trato.— "Seguro es algún negocio", pensó Caroline. No se le ocurría otra cosa, pero eso seguía siendo extraño. Mucho.
—Bien, ya lo tienes. Ahora...
—Si, si. Lo sé. Es hora de cumplir mi parte del trato, fue un placer hacer negocios con ustedes, señor Mikaelson.
—Lástima que no pueda decir lo mismo.— Cuando terminó de decir aquello, Genevieve rió. Eso no podía ser un negocio común, había algo muy misterioso ahí. Algo que parecía malo.
—Vamos, cambia esa cara. Fue un buen negocio, ambos ganamos. Irregular es cierto, apresurado también. Pero bueno al fin, ¿no lo crees?
—Para nada. Ahora hazme el favor de...
—Bien, bien. Vaya que estás ansioso. Ya estoy de salida, cumpliré con mi parte, listo. Es una lástima que el negocio haya terminado tan rápido, con lo bien que nos llevábamos.
—Genevieve, tú solo...
—Relájate, deja esa ansiedad. Eres desesperante cuando estás así, no pareces un hombre de negocios. Si quieres puedes relajarte conmigo.— No le gustó nada aquello. Caroline frunció el ceño. No quería entrar ahí y reclamar, no iba a hacer una escena. Pero no resistió la curiosidad. Asomó discretamente la cabeza y luego no pudo apartar los ojos de esa escena. Genevieve estaba muy cerca de él. Sus dedos jugueteaban con su pecho, lo miraba fijamente, seduciéndolo.
—Aléjate de mi. Nuestro negocio acabó —dijo con frialdad total. Pero Genevieve sonrió y le dio un beso en la mejilla.
—Hay que hacerlo, vamos. Solo una vez, como despedida.
—Estás loca, no quiero saber nada más de ti.— Él quería apartarse, pero esa mujer insistía. Ya Caroline no sabía qué hacer. Le quedaba claro que para Klaus ella nunca fue una desconocida como había indicado. Siempre la conoció, quizá mucho tiempo. Por eso tanta familiaridad. "Me mintió", se dijo conteniendo las lágrimas. A esas alturas y por lo que estaba viendo hasta podía afirmar que esos dos bien pudieron ser amantes en New Orleans.
—Cielo, eso no es negociable. O me lo haces ahora mismo o me arranco parte de la ropa y grito que has querido abusar de mí. Total, ya tienes historial, ¿no? ¿Acaso no fue eso lo que hiciste con Tatia?
—Aléjate —dijo él firme y la apartó nuevamente—. ¿No es suficiente con lo que tienes?
—Nunca será suficiente.— Fue ella quien lo besó, aunque Klaus la apartó rápido.
Harta de esa escena apartó la mirada y luchó por contenerse aunque fuera tarde. Ya tenía el rostro lleno de lágrimas y se sentía muy nerviosa. No debió ir hasta allá, no debió ver aquello. Sin pensarlo empezó a caminar rápido de salida, no quería escuchar ni ver nada más de esos dos. Amantes, claro que si. Genevieve una viuda negociante de New Orleans y él un soltero que seguro se daba la gran vida con su amigote Lucien.
¿Pero es que él no se lo había dicho ya? No era bueno, era lo que vio esa mañana. Un libertino. ¿Acaso no se había acostado con otras estando con ella? Y además le mintió, fingió no conocer a Genevieve, dejó que entrara a la casa, que se riera, que se burlara en secreto. Le había visto la cara. Todo ese tiempo le estuvo mintiendo.
No se dio cuenta en qué momento estaba llorando ya abiertamente. Y corría sin sentido fuera de la mansión, escapaba. Quería huir de ahí. No podía soportar ese engaño, no de Klaus. Confió en él, faltó a la memoria de Kol por él, se arriesgó por él. Lo había visto rechazar a Genevieve, pero eso no borraba las anteriores mentiras.
Quería quitarse ese dolor del pecho, esa terrible decepción. Estaba tan apresurada, tan fuera de sí, que no vio aquel muro cubierto de musgo. Se chocó directamente con él y cayó al piso. De pronto un dolor más agudo le nubló la vista. Le dolía el vientre. El dolor era similar a esa vez cuando casi pierde a su bebé. Lanzó un grito, una vez más veía todo negro. Lucho por mantenerse despierta, pero ya no pudo más. Había caído.
Un cochero escuchó el grito. Por curiosidad buscó el origen y no encontró a nadie cerca. Estaba ya por rendirse cuando vio a alguien tendido en el suelo. Se acercó rápido y vio a una mujer desmayada, aunque no fue eso lo que lo alarmó. La mujer estaba embarazada y su vestido estaba cubierto de sangre. Asustado, entró corriendo a la mansión a dar la voz de alarma.
Nadie supo exactamente como llegó Caroline ahí, según dijo antes de desaparecer solo iba a refrescarse un poco y la perdieron de vista por buen rato. El primero en llegar fue Enzo, apenas vio lo que sucedía empezó a gritar por ayuda, pronto apareció también la señora Pearl y un médico del pueblo. Los Mikaelson aparecieron poco después, Rebekah lloró angustiada, Elijah buscó de inmediato despejar el espacio de los curiosos y Klaus apareció poco después. Se había puesto pálido, parecía en shock. Fue casi como la otra vez.
La subieron a una habitación de la mansión del alcalde, tendrían que atenderla inmediatamente. El golpe que se había dado fue fuerte, la entrepierna de Caroline no dejaba de sangrar y temían que le bebé se hubiera lastimado o algo peor. Según el doctor Caroline estaba ya pronta a dar a luz, y quizá lo mejor era adelantar el parto para evitar que la madre o el bebé murieran. Hicieron lo posible por despertarla, para cuando Caroline abrió los ojos se quejó del dolor y lloró sin control. Le explicaron la situación y eso la desesperó más.
—Tendremos que cortarla —dijo el médico—, es un método que llaman cesárea. Solo eso podrá salvar al bebé.
—Por favor hágalo —lloraba Caroline—. Salven a mi bebé, hagan lo que tengan que hacer. Por favor, no dejen que muera...—La puerta estaba entreabierta, solo el doctor y Pearl estaban ahí dentro, pero los Mikaelson escucharon todo con preocupación. Klaus caminaba desesperado de un lado a otro, se notaba era el más angustiado de todos.
—Señora, debe tener claro una cosa. Usaremos morfina, pero esta operación va a dolerle mucho igual. Y puede que su bebé se salve, pero lo más probable es que usted no sobreviva.— Se hizo el silencio. Apenas escuchó eso Rebekah empezó a llorar y abrazó fuerte a Elijah. Enzo y Klaus se miraron entre sí, preocupados, llenos de miedo. Y Klaus quería estallar, aquello no podía ser cierto. Caroline podía morir.
—Si así tiene que ser no importa, pero salven a mi bebé.— Otra vez silencio. Klaus sentía deseos de entrar ahí y hacer algo, de abrazarla, consolarla, prometerle que todo estaría bien. Quería decirle que la amaba, que ella iba a vivir. Tenía que vivir, si algo le pasaba a Caroline todo acabaría para él.
—Pearl, rápido. No vamos a esperar más. Salvaremos a esta mujer y a su hijo.
La mansión del alcalde se hizo todo un alboroto. Después de ese incidente la fiesta se dio por acabada, la gente empezó a retirarse poco a poco, y los curiosos que quedaron se fueron apenas se dieron cuenta que estorbaban. Ahora el médico tenía dos asistentes más. Elena había estudiado enfermería durante la guerra y decidió prestar su ayuda, Rebekah también. A pesar de los nervios y del temor de perder a su cuñada y sobrino tuvo que ser fuerte y ponerse en acción.
Mientras más tiempo pasaba, más angustiados se sentían. Klaus golpeaba frustrado la pared con fuerza, se retiró varias veces de la habitación a llorar sin que nadie lo viera. Claro que estaba desesperado, no podía soportar el miedo de perderla. Se puso peor aún cuando escuchó los gritos de dolor de Caroline.
Ella se quejaba, decía que no lo soportaba, rogaba que pare. Quizá esa morfina no era suficiente, quizá había muy poco qué hacer. La idea de la muerte de Caroline lo enloqueció, ¿y si ella moría de dolor? ¿Si moría sin conocer al pequeño Kol?
Rezó. Rezó fervientemente como no lo hacía en muchos años. Rogó a Dios que se apiade de su Caroline, que la salve. "Señor, ella es una mujer buena e inocente. No merece sufrir más, por favor déjala conocer a su hijo. No te la lleves, por favor. Haré lo que sea, te construiré una iglesia si eso quieres. Pero por favor, por favor...no me la quietes, yo la amo, por favor...", rogaba mientras rezaba.
Y aunque generalmente el silencio es señal de calma, cuando se dejaron de escuchar los lamentos de Caroline temió en verdad que ella se haya ido. En la sala todos se miraron temerosos, era como si se hubieran quedado sin respiración. Quietos, casi sin respirar. Y fue entonces cuando se escuchó fuerte el llanto de un bebé. Su sobrino había nacido.
Klaus no pensó en nada más, se olvidó de todo y no resistió. Sin decir nada a nadie abrió la puerta de la habitación, necesitaba constatar que Caroline siguiera con vida. Lo que vio fue a su hermana con los ojos llenos de lágrimas sosteniendo al bebé. Era pequeñito, más que ningún recién nacido que hubiera visto jamás, un bebé prematuro después de todo.
Las sábanas de la cama estaban manchadas de sangre por todos lados. Y sobre ella estaba Caroline. Viva. Respiraba lentamente, tenía el cuerpo cubierto de sudor, se notaba muy débil. Si quizá no había muerto durante esa operación lo haría en cualquier momento. Rebekah se apresuró a llevarle al pequeño a su madre, lo puso despacio sobre su pecho y al sentirlo cerca por primera vez, Caroline estalló en lágrimas. Aún tenía fuerzas para abrazar a su hijo, para mirarlo y saber que todo ese dolor y sacrificio valió la pena.
Finalmente Klaus salió de su asombro y corrió al pie de la cama. Alrededor se notaba que todos estaban agotados por el trabajo, apenas si prestaron atención a eso. El doctor iba a coser el vientre de Caroline, ya estaba preparando los instrumentos. Pero ella seguía en otro mundo, sintiéndose en las nubes al tener a su bebé sobre su pecho. Sintió entonces la caricia de Klaus, giró y lo vio a los ojos. No fue para él difícil darse cuenta que algo pasaba. Sus lágrimas habían sido de alegría, ahora veía tristeza en su mirada. Decepción.
—¿Por qué me hiciste eso? —dijo ella de pronto en voz baja, apenas si pudo escucharla. Luego cerró los ojos. Se había desmayado del dolor.
¿Hay vida inteligente en el universo? ¿Cuándo nos visitarán los aliens? ¿Marilyn Monroe se suicidó o fue un asesinato? ¿Existe el Santo Grial? ¿Por qué soy tan cruel?
Misterios sin resolver.
PERO QUE YA NACIÓ BABY KOL ESTOY LLORANDO 3
