Hermione se puso el chaleco antibalas sobre la blusa y luego su blazer rojo. Revisó el arma y salió rápidamente de la oficina, bajó corriendo tres pisos hasta el subterráneo para subir a la Hummer. Draco la siguió muy de cerca. Estando al volante lo miró. Él había quedado abajo y sin saber qué hacer. La vida de su pequeña corría peligro.
—¿Qué esperas? ¡Anda, sube! —Draco, sin pensarlo dos veces, subió y de inmediato notó las lágrimas de ella en sus ojos. Había encendido la baliza del vehículo policial, pero se notaba que temblaba.
—Debes estar tranquila.
—¿Qué? ¿Cómo puedo estar tranquila? ¡Es mi hija la que está en riesgo!
—Nuestra hija, Hermione.
—¡Mi Rose está en peligro! ¿En qué mundo vives? ¿No has escuchado de los ataques terroristas? ¡Este podría ser uno de ellos! Y si le pasara algo a mi niña, yo... —frenó brusco y Draco, como no llevaba el cinturón de seguridad, tuvo que apoyar sus manos en el tablero del carro, si no queda incrustado en el parabrisas.
—Vas mal. Yo conduciré —agregó Draco pues ya había visto cómo manejaban los muggles y con un poco de magia, no le sería difícil dominar esos medios de transportes tan cómodos. Aunque también, podría desaparecer e ir de inmediato en busca de su hija, pero eso sería desastroso. Hermione no lo entendería y significaría un retroceso enorme en todo lo que había avanzado con ella.
—No, estoy bien. Solo ponte el cinturón... con esta baliza pedirá vía libre.
—Yo siento que Rose está bien... que no le ha pasado nada. Solo veo mucho miedo en ella —dijo cerrando los ojos.
—¿Qué? ¿También eres adivino? ¿Eres brujo acaso?
—Brujo, no. Se dice «mago».
—¡Basta de locuras! ¡No es el momento, ni el lugar! —tomó la radio de comunicaciones para pedir información de lo que estaba ocurriendo—. Habla Granger, ¿algún ochenta y cinco en el procedimiento?
—Negativo, comisario. Solo hay una amenaza de un posible artefacto explosivo.
—Está bien. Voy llegando —Hermione bajó del vehículo frente al sector acordonado por personal de policía y bomberos.
Allí era un caos, similar al vivido por los neoyorkinos en dos mil uno. Gente que corría de un lado para otro. Unos eran evacuados y otros rescatistas, pero no veía a Rose. Su hija debía estar aún junto a Marita en el departamento y, desde dónde ella estaba, faltaba a lo menos una cuadra para llegar. Intentó traspasar la cinta divisoria de peligro que allí habían dispuesto, pero un policía le impidió el acceso.
—Comisario Granger —se presentó y le mostró la placa metálica que colgaba del cinturón de su falda. Draco la intentó seguir, pero el policía le puso la mano en el pecho, imposibilitando que él ingresara.
—Usted no puede pasar —Hermione giró y miró a Draco y al policía.
—Oficial, déjelo pasar. Él es... —respiró profundo para poder hablar con tranquilidad e intentar mostrarse segura—. Él es mi... él es el padre de mi hija que está en peligro en el Edificio Madison—. De inmediato el policía dejó pasar a Draco. Si bien era una emergencia, el solo hecho que Hermione hubiera reconocido que él era el padre de Rose, lo hacía enormemente feliz.
Avanzaron por medio de la gente hasta que llegaron al punto en donde se hallaba el contingente policial de su unidad.
—Comisario, qué bueno que llegó —dijo uno de los oficiales.
—¿Qué tenemos? Informe.
—Un llamado anónimo de un posible artefacto en ese edificio —comunicó el oficial apuntando al Madison—. Más nada. No se ha logrado confirmar la información. Hemos estado evacuando a la gente. En tanto los SWAT y el escuadrón antibombas ya ingresaron a los departamentos.
—Voy para allá —dijo disponiéndose a ir ella también.
—¡Tú no vas a ninguna parte! —era Daniels que se acercaba.
—¡Mi hija está allí dentro!
—Tu hija y muchas otras personas más. No puedes ir —dijo Daniels, mientras Draco retrocedía unos pasos.
En medio del desastre, gritos, sirenas y gente corriendo por doquier, nadie se daría cuenta de lo que haría. Desapareció.
—¡Iré como sea!
—Comisario, usted debe dejar de lado sus sentimientos. Aquí prevalece el bien común. Y por supuesto, el sentido común —quien habló en ese momento fue el comisionado de la ciudad, un cincuentón de cabello cano y con un rostro adusto.
—¿Qué hacen los federales acá? ¡Esto es un procedimiento policial!
—Ya no, comisario. Al parecer es un posible ataque terrorista. Desde ahora, yo estoy al mando.
—Sí, claro, como diga —debía acatar, el comisionado tenía mayor rango que ella—. Pero eso no impedirá que vigile el trabajo de mi gente y de que me preocupe por mi hija —giró hacia un oficial de policía—. La gente evacuada, ¿a qué sector la están derivando?
—Mucha ya se ha ido a otro lado... posiblemente a casas de familiares u otros, pero algunos están en la calle Sargent con la 67, dos manzanas más, al poniente...
Mientras le explicaban se escuchó un fuerte ruido que les remeció los pies. Algunos se pusieron en cubierta y ella fue sostenida por el comisionado, quien le jaló un brazo y la condujo hacia una de las patrullas. Había estallado una bomba en el edificio.
—¡Noooo! ¡Mi hija! —gritó desesperada, quería correr hacia ese lugar... ¿y Draco? ¿Ese loco había desaparecido? ¡Ya sabía ella que era un embaucador!
—Tranquila. Ya la traerán, de seguro su hija está bien, comisario.
—¡Mi Bebé! Debo ir...
—No, no puede ir. Es peligroso, lo sabe.
Hermione dio un fuerte bufido de impotencia mirando desesperada hacia un costado en busca de alguna alternativa. Fue en ese momento en que todo quedó en silencio, en medio del polvo y el caos reinante, logró vislumbrar a Draco que traía a Rose en brazos, toda cubierta de polvo. A su lado, Marita con un pañuelo en la cara y cargando al gato.
—¡Rose!
—¡Mamita! ¡Mi papito nos rescató! —Draco puso a Rose en los brazos de su madre, quien la recibió llorando, luego lo miró y le sonrió en medio de su llanto. Él la abrazó y ella correspondió.
—Gracias, Draco... Marita, gracias —se escuchó un ruido fuerte nuevamente.
—¡Al suelo! —alguien gritó dando la alerta.
Otra explosión. Draco sin pensarlo dos veces, apuntó con su varita y exclamó el hechizo:
—¡Protego!
La explosión había sido muy cerca y algunos vidrios amenazaban con dañarlos, pero con el movimiento de su varita logró convertir los cristales que caían en solo un poco de polvo. Hermione reparó en el movimiento realizado y lo que hizo. Más no quiso preguntar. No era el momento.
—¡Vámonos de aquí, Hermione! —dijo Draco, ella no lo dudó ni un instante. Total, estaba relevada de su puesto y había recuperado a su hija, así que caminó junto a Draco, quien volvió a tomar a Rose en brazos. Marita los siguió, llevando al gato.
Las condujo un par de calles más adelante. Hermione pensó que irían en busca del Hummer que había dejado estacionado cerca, pero no. Una limousine, los esperaba. El hombre que conducía, al ver a Draco, bajó de inmediato y abrió la portezuela para que subieran.
—Al Ritz, de inmediato.
Hermione no dijo nada. Abrazó a su hija y miró por la ventanilla. El edificio estaba hecho añicos, había fuego por todos lados, solo ahí pudo desahogarse y soltar el llanto que había intentado contender. Era una mujer fuerte, pero el hecho de haber pensado en la probabilidad de perder a su pequeña, la hizo flaquear. Su hija era todo para ella.
Draco iba sentado en frente y también estaba cubierto de polvo. Al ver a Hermione así, puso una mano sobre la de ella. Hermione la apretó con fuerza.
—Gracias, Draco... Gracias, por salvar a mi hija.
—También es mi hija, Hermione.
—Mami, ¿puedo abrazar a mi papito? —Hermione la miró a los ojos y la besó en la frente. Ya no podía negarse.
—Sí, hija, puedes abrazar a tu padre —dijo llorando.
La niña se arrojó a los brazos de Draco. Quien por fin la pudo cubrir de besos y caricias, cual padre a su pequeña. Era su hijita a quien tenía con él, luego de años de separación obligada. Era un ángel que el cielo le había regalado.
Su hija era el tesoro de su vida y había pasado por una situación altamente riesgosa. ¿Y si ese ataque hubiese sido peor? No lo quería imaginar. Él hubiese preferido morir. Ahora él también lloraba y entendía que no solo los magos tenían amenazas. Los muggles sufrían de situaciones muy similares a las que ellos habían vivido. El dolor ante la muerte, ante la inminente pérdida era el mismo.
Marita, tranquila, solo miraba a la pareja y acariciaba al gato. Que también estaba sereno, intuía que algo no andaba bien. Ella, ya había visto a ese hombre cuando fue al departamento a buscarlas, desde ahí se dio cuenta de que su jefa no estaba viuda. La niña era el fiel retrato de ese hombre elegante y de acento refinado.
—Señora, yo...
—No te preocupes, Marita. Nosotros nos quedaremos en el hotel y mi chofer te irá a dejar a tu casa —respondió Draco, sabiendo lo que la mujer quería expresar, porque Hermione no podía articular palabra alguna.
—Gracias.
Al llegar al edificio, uno de los botones abrió la puertezuela y se dio cuenta de inmediato de que ellos venían de la zona del ataque. Así que hizo una señal con su mano y llegó rápidamente otro empleado del hotel a ayudar.
—¿Estuvieron en el ataque? ¡Comisario Granger! —uno de los jóvenes la había reconocido.
—Sí, soy yo —respondió ella pero sin ganas de dar ningún detalle, ni de hablar. Draco se dio cuenta y le puso un brazo en el hombro mientras con su mano libre llevaba Rose, quien a su vez cargaba al gato.
La limousine se alejó luego de que Draco indicara al conductor que llevase a Marita a su casa.
Caminó con su familia por la gran entrada del hotel, en tanto unos cuantos ojos curiosos los miraban y murmuraban, pues venían sucios. No obstante uno de los jóvenes botones se adelantó a la recepción para informar lo ocurrido.
En forma rauda se acercó un administrador y le tendió la mano a Draco.
—Señor Malfoy, lamentamos mucho lo ocurrido.
—Estamos bien, que es lo importante.
—Díganos qué necesita, si gusta envío a un médico a la habitación.
—No, no es necesario. Ha sido solo susto, pero necesito que suban ropa de mujer y de niña, además que se instale otra cama en mi suite.
—Lo que diga señor Malfoy, enviaremos todo de inmediato.
Hermione reparó en lo dicho por Draco, pero no dijo nada, no era el lugar ni el momento para discutir, ya tendría tiempo abordar ese tema: —¿Una cama más solamente? No pensará que voy a dormir con él...
Rápidamente subieron al piso dieciséis en donde estaba la suite de Draco, acompañados siempre por los dos jóvenes trabajadores que, al parecer, habían tomado muy en serio el papel de guías-guardaespaldas del matrimonio. Draco les agradeció y les dio una buena propina.
Al ingresar, Hermione se dio cuenta de que, para tener esa habitación, él debía ser una persona muy importante y acaudalada. Esos lujos no cualquiera se los podía dar.
—Papi, ¡qué bueno que fuiste a rescatarnos!
—Yo aún no logro entender, ¿cómo lo hiciste? Estabas a mi lado y luego, desapareciste...
—Sí, desaparecí y fui a buscar a mi hija.
—Pero no te demoraste nada. ¿Estaban cerca? ¿Dónde? ¿Cómo? Es que no entiendo...
—Sí, estaban cerca —respondió rápido y sin pensar, dando una mirada cómplice a Rose quien se hizo la desentendida. No quiso entregar mayores detalles. Bastaba con que le dijera que había hecho una oportuna maniobra de rescate. Los pormenores pronto se los diría, cuando ella estuviese preparada para saber quién era y de dónde venía.
—Pero... pónganse cómodas. Y tú también, Crookshanks.
—¿Cómo sabes que se llama así? —preguntó curiosa, Hermione.
—Ese tu gato. Tiene un nombre y una cara poco común —el gato fijó su mirada en Draco y le gruñó—. Creo que no le caigo bien... Vamos amiguito, ¿te olvidas que hace unos años fuiste a mi ventana por ayuda para que te llevara con Hermione? —ella lo miró incrédula.
—Es de Rose, pero desde hace solo unos días... es extraño que digas que me pertenece.
—No te acuerdas, Hermione, pero Crookshanks es tuyo desde el tercer grado. Siempre ha sido un gato extraño, especial... mágico, muy mágico... pero creo que esconde algo más. Incluso he llegado a pensar que tiene más años de los que aparenta... ¿Cierto, Kruchans? —ahora dijo el nombre del gato, tal como lo decía Rose.
—Pero cómo tú sabes que Rose...
—Amor, sé muchas cosas —Hermione se sonrojó por cómo Draco la había llamado. Rose los miraba maravillada. ¡Estaba tan feliz de ver a sus padres juntos!
—Mamita, me quiero bañar. Estoy muy guacala —dijo oliéndose la manga de su vestido.
—Sí, todos estamos guacala... necesitamos con urgencia un baño
—Lo bueno es que aquí hay de todo —indicó, Draco.
—Menos nuestras cosas —añadió Hermione pensando en que ya no tenía nada. Su departamento había quedado hecho polvo.
—Por lo pronto, tendrán ropa limpia... ya veremos qué hacemos luego. Además, yo mismo bajaré y traeré algunas otras cosas. Conmigo jamás les faltará nada —Hermione no tenía palabras para expresar lo que sentía: entre agradecida y conmovida; triste y también feliz, pero además incómoda, no estaba acostumbrada a recibir ayuda de un hombre. Ella podía sola con su hija, lo había hecho desde siempre; siempre trabajó para ella, nunca le faltó nada, pero ahora ya eso se veía distante. No tenía casa, no tenía sus cosas y quizá tampoco tuviera trabajo... hasta los pocos recuerdos de su madre, también los había perdido; sus uniformes de policía de calle, las fotos de su hija de bebé... no tenía nada. Dio un fuerte suspiro y prefirió no pensar en aquello y enfocarse en lo que estaba viviendo en ese momento. Ya luego vería qué hacer.
Draco las condujo al baño, que era más grande que toda la sala que ellas tenían en el departamento. Una grifería de lujo y una tina que parecía una piscina pequeña.
Rose se bañó y Hermione, al terminar la sacó del baño envuelta en una inmensa toalla blanca y la sentó en la cama de Draco. Ese lugar tenía un olor exquisito... menta y madera se unían para crear una fragancia única que impregnaba cada espacio de la habitación.
Draco se acercó con una muda de ropa para su hija. Él ya estaba arreglado y vestido. Hermione lo miró sin entender.
—Esta suite, tiene dos ambientes. Me duché en el otro baño, porque pretendo bajar al primer piso a comprar un par de cosas.
—Está bien. Te vuelvo a dar las gracias por todo lo que haces por nosotras —él se acercó a ella y la tomó de los brazos.
—Tú y mi hija son lo más importante de mi vida. Hermione, todo lo que tengo, te pertenece a ti también. Eres mi esposa. Más tarde quiero que hablemos.
—Lo sé, es necesario.
Draco salió y Hermione miró a su hijita que estaba radiante de alegría.
