35. El primer viaje

Ginny se sentó sola en un banco del jardín, el cielo estaba azul y despejado, luego cerró los ojos y comenzó a relatar sus últimos momentos antes de irse. Su voz sonaba tan suave que invitaba a sentarse delante de una buena hoguera para escuchar la historia.

Harry reaccionó inmediatamente, un dementor entró en la enfermería, nosotros estábamos... allí. Él me cogió en brazos y me sentó en el suelo, en la esquina más alejada. Con un movimiento de varita, colocó los biombos, la mesa y las sillas delante de mí, formando una barricada.

- Pase lo que pase, no te muevas de aquí

- Harry, ten mucho cuidado

- No permitiré que te pase nada

Recuerdo el frío invadir hasta el último rincón de mi ser, recuerdo oír dentro de mi cabeza a Tom diciéndome que aquella sería la última noche en que yo tendría miedo, o tristeza, que sería mi última noche.

Era como estar en dos sitios a la vez, por un lado, los malos recuerdos y por otro, mirar fijamente las sombras que me decían qué pasaba detrás del biombo. El dementor se deslizaba hacia Harry, que agarraba fuerte su varita. Era como si Harry creciera y quedara a su misma altura, yo notaba una fuerza en él que jamás había visto.

Un potente "Expecto Patronum" sonó de la voz de Harry y de su vara salió, en apenas dos segundos, un enorme ciervo. ¡ATACA! Gritaba Harry y el ciervo hundió su cornamenta en el dementor con la mayor de las rabias, convirtiéndolo en un humo negro y espeso, que se evaporó en el aire al minuto.

Llegó la que pensamos que era Arabella, ella le felicitó por haber derrotado tan fácilmente a semejante monstruo. Le dijo que le necesitaban abajo, Harry pensó inmediatamente en Emy. Ella habló de cómo se había presentado Voldemort solo, de la amenaza y de que Emy no puso resistencia en irse con él, creo que Harry sintió como si le faltase el aire.

Era curioso, mis sentidos se estaban potenciando cada vez más y más, notaba una fuerza en mí, notaba como si alguien me guiara, como si me hablara bajito al oído. Se suponía que a los dos minutos había habido una explosión y unos cincuenta mortífagos, con unos treinta dementores, entraban en el castillo y estaban atacando a todos los que se le ponían por delante. Yo solo pensaba ¿Una explosión? No hemos oído nada.

Necesita gritar a Harry que algo no marchaba bien pero no sabía qué era. No quería quedar como una estúpida inútil, que pareciese tener miedo, porque en realidad no tenía ni el más mínimo temor. Yo no me sentía amenazada, eran los demás los que corrían peligro.

Mis pensamientos cambiaron de dirección cuando Harry se preocupó por quien se quedaba conmigo pero, al saber la respuesta, una corriente fría corrió por mi cuerpo. Vi a Harry volverse hacia donde yo estaba pero ni una sola palabra salió de mi boca, sabía la rabia que sentía por dentro y la incertidumbre de saber si debía abandonarme allí, eso bastó para que mi coraje se convirtiera en una fuerza brutal.

Nada más irse Harry de allí, salí de mi escondite. Mi cuerpo aún no respondía debidamente a mis impulsos. Caminé torpemente hasta ponerme delante de aquella mujer, yo sabía que no era Arabella, Bella siempre me mira con dulzura en sus ojos y aquella mirada solo irradiaba odio.

- Mi pequeña y dulce Ginny, por fin estamos solas, me encantaría decirte tantas cosas, aunque solo se me ocurre una - Sacó la varita y lo último que oí fue Avada.

En un abrir y cerrar de ojos, estaba en un bosque, rodeada de árboles enormes y frondosos, raíces descomunales, que salían de la tierra y se unían a otras más pequeñas. Lo primero que pensé es que ese era mi cielo, que estaba muerta y que ya nada podría pasar entre Harry y yo. Luego pensé en la tristeza de mi familia y me sentí fatal por hacerles desgraciados. No duró mucho, Helga Hufflepuff caminó hasta donde yo estaba, traía consigo una gran sonrisa, en silencio me cogió de la mano y me llevó hasta un enorme tronco que estaba tirado en el suelo, allí nos sentamos y comenzó a hablarme.

- Tranquila, muchacha, no estás muerta, sólo vas a comenzar tu prueba, tu viaje. Estás aquí para realizar una fantástica experiencia que te acercará más a ti misma y a tus semejantes, estás aquí para aprender, para que cuando vuelvas puedas ayudar a conservar nuestro mundo. Debes recorrer el bosque e ir arreglando las situaciones que se te vayan planteando, no saldrás de ellas hasta que las soluciones, actúa con el corazón y todo saldrá a la perfección. Sólo puedo darte esto – Helga sacó una bolsa – En ella hallarás pan y agua, si quieres algo más, deberás encontrarlo por ti misma

- Pero hay un ataque en el colegio, quizás necesiten mi ayuda

- La vida está llena de pruebas, el ataque solo es una más. Para eso estás aquí, para que nadie fuerce el destino de los demás – Helga sonrió y desapareció

Me encontré en un lugar que parecía un paraíso pero que de repente se había convertido en un infierno ¿Cómo saldría de allí? ¿En que dirección debería ir? ¿Qué pruebas me iba a encontrar? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Miré al cielo, acababa de amanecer, no lo entendía muy bien, yo acababa de cenar con Harry en una confortable mesa, los dos solos, en la enfermería. Caminé durante todo el día por un bosque que albergaba el aspecto de tener miles de años de antigüedad. A pesar de mi hambre voraz, solo di dos bocados al pan y bebí un poco de agua. Encontré un rincón apetecible para dormir y allí me quedé una media hora antes de que anocheciera.

Es increíble lo rápido que tu mente se plantea todo cuando te dejan sola en un lugar que no conoces y sin ninguna clase de lujos. Me cobije entre aquellos dos grandes ramales y me hice una almohada con hojas de los árboles. Sin nada que cubrirme y con más miedo que otra cosa, me quede dormida. Desperté al alba, mi cuerpo no estaba tan hecho polvo como había esperado, de hecho, debí dormir más de seis horas. Un bocado, un sorbo y de vuelta a caminar por el bosque. El terreno comenzaba a ascender y mis piernas lo notaban, tuve que parar varias veces durante aquel día. Pasé la noche otra vez como pude y volví a retomar el camino, creo que así me llevó otros dos días, mis fuerzas estaban muy debilitadas tanto que a veces caminaba con los ojos cerrados y en uno de esos momentos, el bosque otoñal lleno de hojas secas, terminó y yo no lo vi.

Caía tan rápido y estaba tan débil que ni siquiera tenía fuerzas para abrir los ojos y saber qué iba a ser de mí. No puedo decir cuanto tiempo estuve inconsciente pero sí puedo asegurar que fueron varios días. Cuando abrí los ojos me encontré tumbada en un claro pero no era hierba lo que me sujetaba, sino una... nube. En ese momento creía, a ciencia cierta, que estaba muerta, no sentía dolor, o sed, o hambre, sólo un sopor que me arrastraba a volver a quedarme dormida. Soñé no sé cuanto tiempo, mi vida pasaba por mi mente, recordaba mi niñez, a mis hermanos jugando en el jardín de casa, recordaba todo el amor de mis padres, su protección, su cobijo. Comidas con toda mi familia, las Navidades, los regalos, mis tareas en la casa, todo. Después un abismo blanco interminable e incomprensible. Volví a abrir los ojos, seguía en aquel claro, encima de aquella nube, de nuevo el sueño se apoderó de mí. Esta vez eran recuerdos del colegio, horribles recuerdos de mi primer año en la escuela. Sangre en mis manos, siempre con tanta sangre en mis manos, si al menos pudiera dejar de recordar aquello, entonces mi mente se tiñó de verde, un verde intenso y tan acogedor. Mi atención se centraba en aquel color ¿Dónde lo había visto? Era tan familiar, así llegó a mí. Sólo comprendía que debía volver a ver ese color, que debía despertarme para volver a verlo, a sentirme reflejada en él pero ¿Qué era? Pensaba, buscaba dentro de mí con tanta ansia de saber, que el miedo me invadió ¿Y si no daba con ello? ¿Qué fallaba? ¿Qué anhelaba tanto que el temor de no encontrarlo me dominaba? Otra vez ese verde volvía a tintarlo todo, la paz llegó y solo una palabra apareció delante de mi mente, Harry. Ya no había dudas, solo una misión, tenía que salir de allí para volver a verme reflejada en sus ojos, en sus hermosos ojos verdes.

Desperté sentada, apoyada sobre un gran tronco y allí estaba el claro con la nube suspendida cubriéndolo entero. Fue entonces cuando comprendí que ya había superado la primera prueba, aunque no entendí su significado. Comí todo el pan que me quedaba y bebí la mitad del agua que tenía para seguir con mi camino. El viento era desapacible, del norte, y el bosque estaba cubierto de nieve, llegué a creer que me moriría de frío pero mi esperanza de volver con los míos era una enorme estufa para mis ánimos. Encontré árboles con frutos, avellanas, castañas y nueces por el camino y llené la bolsa con ellos, no tenía más remedio que comerme aquellas bayas tan harinosas, al menos era algo de alimento. Cargué la cantimplora varias veces en aquellos tres días de caminata y llegué hasta el bosque de lápices de colores con la bolsa llena.

Ojalá pudiera describir la belleza de aquella imagen, lápices enormes como grandes árboles, estaban plantados en la tierra, formando un laberinto. Me quedé quieta mucho tiempo antes de entrar, estaba claro que era otra prueba pero no sabía qué debía de hacer allí. Intenté suponer pero de nada sirvió, así que decidí adentrarme para ver de qué se trataba aquel nuevo desafío. Anduve entre ellos durante todo el día, a veces creía oír un susurro, otras como un ronquido pero no pasó nada hasta la noche. Cuando ya oí a la perfección que algo estaba murmurando a mis espaldas, alcé la voz.

- ¿Quién anda ahí? No tenga miedo... Estoy perdida... me llamo Virginia

- ¿Virginia?

- Sí – Contesté al cielo, ya que no sabía de dónde procedía la voz

- ¿Qué tipo de color eres, Virginia?

- No soy un color... soy una persona – Como si hubiese dicho un pecado me llegaron murmullos de todas partes del bosque

- Si eres una persona, sabrás qué somos nosotros

- Son lápices de colores – De nuevo los murmullos aún más elevados

- Sabemos que somos pero no sabemos por qué hemos dejado de ser

- ¿Dejado de ser qué?

- Dejado de ser de colores – Contestó con impaciencia la voz

- No han dejado de ser de colores, yo he visto todos los colores que son

- ¿Lo has visto? ¿Cuándo?

- Antes de que anocheciera

- ¿Anocheciera? ¿Qué significa eso?

- Que llegue la noche, ahora no pueden ver todos sus colores por que no hay ninguna luz que se refleje en ellos

- Luz ¿Cómo conseguimos luz?

- Fácil, hay que esperar a que llegue el día

- No nos acordamos del día ¿Cómo hacemos que llegue? ¿Nos devolverá los colores?

- Claro, solo tienen que esperar

- Pero no podemos esperar, este color sombrío nos está matando, nos sumerge en una mayor oscuridad

Tardé en entender que lo único que les pasaba es que dormían de día y se despertaba de noche, por eso habían creído perder los colores. No me creyeron en un principio y no sabían cómo dormirse, solo querían saber cómo recuperar los colores. Me inventé algo estúpido e infantil pero parece que funcionó. Les conté como eran los colores. Los diferentes azules que surcaban el cielo y que a veces jugaban con el dorado, el naranja y sobre todo el blanco. Les hablé del azul oscuro brillante por las miles de estrellas, también de los azules del mar del Caribe, donde el agua era tan cristalina que podía verse los corales de multicolores a través de su manto húmedo y atemperado, y de cómo el fondo daba a veces una hermosa tonalidad verde. Comencé a hablarles del verde, de los ojos de Harry, de bosques, de campos de trigo a medio florecer, de las llanuras escocesas que terminaban en altísimos acantilados, les hablé del rocío sobre el manto de hierba, del musgo, de las hojas, de las flores. Seguimos con los girasoles amarillos, con la yema rica de los huevos fritos, les hablé de los maravillosos marrones de la tierra, de los ojos de mi madre y de mi mejor amiga, del castaño brillante de su pelo, de las rocas, de las montañas. Les hablé de las rojas amapolas y de mi pelo rojo, de los coloretes que te salen cuando sientes vergüenza, les hablé de todos los colores, hasta que me quedé dormida y desperté al alba. Ni un solo rumor se oía, así que supuse que, si no hacia algo, no despertarían hasta la noche. Comencé a gritar "LOS COLORES HAN VUELTO, LOS COLORES HA VUELTO" y así gritando y saltando entre ellos para despertarlos, encontré la salida. Ellos me regalaron el más bello arco iris que he visto en mi vida y, sonriendo feliz, por haber podido ayudarlos, seguí mi camino por el bosque.

Esta vez el viento no era tan frío, solo a veces venía una ráfaga fresca que me erizaba la piel. Me topé con frambuesas, incluso alguna que otra fresa, que comí gustosa, pero no me atreví a comer las setas que encontré, nunca he sabido diferenciarlas, así que antes de morir envenenada por inconsciente, preferí pasar un poco de hambre. Para entonces ya había perdido el sentido del tiempo, incluso me parecía que el de la orientación, aunque después he pensado que, más que guiarme yo por el bosque, fue al revés. Parecerá una tontería pero encontrarte con un animal después de todo el tiempo en el que solo había tenido contacto con una nube y con miles de lápices de colores parlanchines, una mariposa me parecía lo más bello del mundo. No quería perderla de vista y corría tras ella a través del bosque, hasta que salí de él y encontré una llanura llena de mariposas.

La verdad, no sé muy bien cómo me metí en ella, no es que tuviese una entrada, una puerta o algo que significara el comienzo de estar allí, lo único que sé es que había millones de mariposas y que me puse nerviosa al tenerlas revoloteando a mí alrededor. Quise retroceder pero no pude, un muro invisible me tenía encerrada sin poder escapar de aquel lugar. Recorrí todo el perímetro de la llanura y, a cada paso, notaba a la perfección la pared. Cuando me venció el cansancio y los nervios, me senté en el suelo e intenté pensar qué hacer para salir de allí. No tardé en darme cuenta que, no sólo yo estaba atrapada, sino que las mariposas tampoco podían salir. Aquello era una auténtica jaula de cristal, con muros y techo invisible. Fue la peor de todas las pruebas con diferencia, los nervios podían conmigo, encerrada con millones de cosas volando a mí alrededor, silbando en mis oídos, enredándose en mi pelo y con un calor sofocante que hacía que sudara tanto, que al juntarse conmigo, se pegaran a mi vestido y a mi cuerpo. Sé que no debe sonar terrorífico pero yo estaba inerte por el pánico, no podía pensar, no podía salir, así que... caí desmayada. En mi sueño seguía en aquel lugar pero estaba feliz por estar allí, sonreía a cada mariposa e incluso les daba los buenos días y ellas me respondían ¿Cómo es que las entendía? Me sentía ligera y entusiasta, era un caluroso día de verano con el cielo azul intenso y el prado bajo... ¡NO SENTÍA NADA BAJO MIS PIES! No me lo podía creer, mis pies se mantenían a unos diez centímetros del suelo ¡Yo estaba volando! Aquella sensación inundó mi cuerpo y con ella parecía que aún podía elevarme más y más, hasta que di con la cabeza en el techo invisible. Cuando descendí al suelo vi unas alas, evidentemente en forma de mariposa, tejidas con seda transparente y de un blanco que casi no se podía observar, ya que irradiaban una intensa luz. Me sorprendía mi manera de entender la situación en mi sueño, no vacilaba lo más mínimo, iba directa, sabiendo qué debía de hacer. Me coloqué mi disfraz, que se encajó a mi cuerpo al instante, y comencé a batir mis nuevas alas. De inmediato sentí una brisa fresca como traída del mar, cerré los ojos y todo volvió a teñirse de verde. Desperté acurrucada en la hierba, las mariposas seguían revoloteando alrededor, aunque en esta ocasión, intenté guardar la calma y tomármelo desde otra perspectiva. Me mezclé entre ellas intentando averiguar por qué nos hallábamos en esa circunstancia, qué debía hacer para solucionar un rompecabezas que no entendía ni veía. Solo había una conclusión, no podía salir sin dar la respuesta. No sé si ya he dicho que fue la peor prueba, no se me ocurría nada, ellas no me hablaban como en mi sueño, ni yo podía volar para tener una visión más amplia del problema. Aquel día no conseguí mucho, así que me quedé de nuevo dormida. El sueño comenzó donde lo había dejado, con mis nuevas alas y volando junto a ellas. La brisa marina seguía inundando mis sentidos, el batir de mis enormes alas daba suficiente aire como para mantener una pieza de hielo bajo aquel sofocante calor. Una idea se fue formando despacio en mi cabeza a la vez que soñaba, una idea absurda, como son los sueños a veces pero ¿Y si consistía en eso? Desperté sobresaltada, el sol comenzaba a despuntar, me levanté decidida a encontrar unas alas para mí, era como si el tiempo apremiara, como si se me estuviese acabando el aire allí dentro. No sé muy bien qué me hizo dirigirme al centro de la llanura pero allí estaban mis alas transparentes, esperando a que yo me las pusiese. De inmediato pasaron a formar parte de mí y la vaga idea se hacía más y más fuerte. Si yo era capaz de enseñarlas a volar, todas juntas, en la misma dirección, moveríamos el aire lo suficiente como para crear un embudo ascendente que permitiera derrumbar nuestros muros de cristal y así poder ser libres. ¿Suena absurdo, verdad? Mi mente comenzó a repetir una y otra vez "En la unión está la fuerza, todas juntas podremos derribarlo. En la unión está la fuerza, en la unión está la fuerza". Como si fuese una coreografía, comencé a moverme en forma oblicua mientras repetía esas palabras concentrada al máximo. Para mi sorpresa, las mariposas más cercanas a mí, comenzaron a imitar mi movimiento. Al cabo de una hora ya eran muchas las que volaban en círculos creando una hermosa espiral. Después de cinco horas batiendo mis brazos, estaba realmente cansada, yo no volaba, solo andaba con mis pies desnudos sobre la hierba, así que el cansancio se estaba apoderando de mí. Me dolían tanto los pies y los brazos, que estaba convencida que no lo conseguiría pero, al ver la espiral, se renovaban mis fuerzas. Millones de mariposas, de infinidad de colores, volaban tras de mí en un perfecto baile, solo quedaban unas cuantas más y lo habría conseguido. Un poco más, cerré los ojos "En la unión está la fuerza... Harry, ver a Harry... en la unión está la fuerza". Cuando el sol se colocó en lo más alto y el calor se hizo de nuevo poderoso, conseguí que los millones y millones de mariposas, que en la llanura estaban, volaran en la misma dirección formando una enorme espiral que cubría cada centímetro del llano.

Nunca en mi vida me había sentido tan orgullosa de mí misma. Aquel sentimiento estaba dejando de lado el cansancio, solamente podía mirar a todos aquellos seres vivos luchando por ser libres, aprendiendo a adaptarse a las circunstancias, olvidando sus diferencias, todo para lograr un mismo fin, la libertad. Tenían que ser mariposas, no hay dos iguales, sonreía al entender lo que estábamos haciendo, sonreí al entender por qué era la prueba que más me había costado. Delante de mí tenía uno de los mejores símiles para entender, de una vez por todas, que todos estamos bajo el mismo techo y que cuando los tiempos amenazan guerra, lo único que podemos hacer es dejar atrás nuestras diferencias y aprender a luchar juntos por lo que merece la pena, la vida, la familia, los amigos, el amor... la libertad. En ese mismo instante, todas las mariposas ascendieron alto y por todos los lados, los muros habían caído y allí me quedé, yo sola, con unas pocas alrededor. Que bonita se veía ahora la llanura, despejada, con un manto de suave hierba verde bajo mi cuerpo cansado y el sol acariciando mi cara, mientras la brisa del mar me susurraba una dulce melodía que acabó por dormirme.

Desperté al cobijo de un enorme árbol, comí los frutos secos que me quedaban hasta saciarme y bebí toda el agua que tenía, si no fuese por eso no habría podido ni dar un solo paso. Casi entrada la noche, encontré un manantial donde sacié mi sed y llené la cantimplora, había estado recogiendo fruta de diferentes árboles, el problema de la alimentación lo tenía resuelto. Para aquel entonces no sabía muy bien cuánto tiempo llevaba en el bosque, a mí me parecía muchísimo, lo intenté calcular mientras encontraba posición para quedarme dormida pero desistí de la idea, estaba totalmente perdida en el espacio y el tiempo. Me despertaron unos murmullos, eran más bien lamentos, miré pero no vi a nadie. Me dispuse a continuar la caminata, a medida a que andaba los oía más claros y el bosque se iba enfriando y tiñendo de colores dorados, estaba entrando en el otoño. Volví a mi idea de querer saber cuánto tiempo llevaba allí ¿Y si al pasar por las diferentes épocas del año en realidad había vivido un año lejos de los míos? Un año lejos de Harry, seguramente ya no contemplaría la idea de volver a pedirme una cita, o peor, seguramente ya había pedido una cita a otra y, si era lista, no le había dejado escapar. Aquel día no estaba yo muy optimista, a cada paso pensaba una cosa peor, el otoño también llegó a mi moral y estaba de capa caída. Pensaba que todos mis seres queridos se habían olvidado de mí y que habrían desistido en mi búsqueda ¡Claro! ¡El Ataque! Se pensarían que caería muerta ¡Oh, mis padres estarían desolados! Si al menos Emy pudiese oírme en su mente, seguro que ella les diría donde estaba y que volvería dentro de... ¿poco? Creo que ni siquiera miraba por donde andaba, no me di cuenta que me estaba metiendo en un erial lleno de hojas secas y que cada vez me cubría más hasta llegar a la altura del pecho. Ahora oía a la perfección los lamentos, juraría que los sollozos provenían de las mismas hojas pero, en vez de centrarme en ellos, volví a mis oscuros pensamientos, la autocompasión se apoderó de mí. Mis ánimos se habían caído en picado, sólo pensaba en que estaba lejos de mi hogar, de mi gente, que me habrían olvidado, que ya nadie me querría, que no tenía fuerzas para seguir adelante y que me quedaría allí, siempre. Quería estar sola con mis pensamientos pero todos aquellos gemidos me estaban tronando la cabeza.

- Dejar ya de lamentaros tanto, no estáis en mi penosa situación, me quedaré aquí para siempre y no volveré a ver a mi gente, eso sí es para lamentarse

- ¿También te estás muriendo?

- ¿Muriendo? – Contesté incrédula al ver que me respondían – Yo no me estoy muriendo, lo que me pasa es que estoy sola, cansada y triste

- Entonces, nosotras tenemos más derecho a quejarnos, nos estamos muriendo

- ¿Quién me habla? ¿Quiénes sois? ¿Dónde estoy?

- Estás en El erial de las hojas secas. Somos nosotras, las hojas, las que te hablamos. Somos nosotras a las que les ha llegado la hora, ya no servimos para nada, sólo somos hojas secas que desaparecerán

- Lo siento de veras, no quería importunaros

- ¿Tú tampoco sirves de nada? ¿Es por eso que estás aquí?

- Pues la verdad, no sé qué contestar a eso... supongo que no sirvo de mucho

- ¿Por qué?

- Dejé a mi gente luchando y yo no tuve el valor, ni siquiera, de despedirme, sólo estaba escondida

- Eso no suena muy bien ¿Eres una desertora?

- Sí, supongo que sí, no soy valiente, ni decidida, siempre me protegen a mí en vez de hacerlo yo misma, aunque creo que no hago mucho para revelarme contra esa situación... Ahora ya no importa, ya no tengo a nadie que me proteja o a quien proteger

- Es una pena, en estos momentos necesitaríamos a alguien que nos defendiera

- ¿De qué?

- De la muerte

- No creo que exista nadie tan valiente como para defenderos de la muerte, eso me parece imposible

- Estamos acabadas

- Yo no lo creo así. Yo creo que vuestro fin solo es el comienzo de vuestro regreso

- No lo entendemos ¿A qué te refieres?

- Todos pertenecemos a un ciclo. El vuestro está llegando a su fin para volver a comenzar. Permaneceréis aquí, encima de la tierra, que se nutrirá de vosotras. Eso le dará fuerza para alimentar a los árboles que, un año más, tendrán la energía suficiente para crear a cada una de vosotras y así, el bosque, volver a vestirse con vuestro esplendor

De nuevo, un murmullo sonó alrededor, parecía que se estaban consultando lo que les acababa de decir.

- Lo que nos dices es muy bonito

- No es que sea bonito o feo, es la verdad, así funciona

- ¿Entonces volveremos a resurgir?

- Efectivamente, con más fuerza aún

- ¡Oh, chiquilla! Eres portadora de magnificas noticias, nosotras pensábamos que ya no servíamos más que para borrar el camino

- Nada más lejos

- Te damos las gracias

- Ha sido un placer

- Creemos que vales mucho más de lo que dices. No debes detenerte en este punto del camino. Continúa, camina hacia delante, encontrarás tu lugar y a los tuyos

- Gracias por los ánimos

Poco a poco se fue abriendo un camino delante de mí y a cada paso fui recuperando el optimismo. Ya había pasado por todas las estaciones, quizás sería hora de volver a ver a Helga Hufflepuff y pedirla que me llevara de nuevo a casa. Nada más entrar en el bosque, me encontré con ella sentada en el mismo tronco que cuando me dio las instrucciones. Al verme se levantó, fue corriendo hacia mí, me abrazó y me besó. La verdad es que se lo agradecí, llevaba demasiado tiempo sola, de hecho, nunca me habían dejado más que dos horas a solas y aquello era toda una experiencia.

- Estoy tan orgullosa de ti, mi Guardiana de Hufflepuff, tan orgullosa

- Pues no sé muy bien por qué

- ¿Qué? ¿No lo dirás en serio? Tú sola has vencido al cansancio y al miedo. Te has adentrado en el letargo y, con tu enorme voluntad, no te has dejado vencer por él. Luego has demostrado tu paciencia, un enorme corazón y una visión muy particular del color a un mundo gris. Has dado esperanzas y significado a la misma muerte. Y lo más importante, has aprendido el valor de la unión

- Si se mira desde ese punto, sí, supongo que he hecho todo eso

- Me pasma tu modestia – Helga soltó una carcajada – Emy siempre nos ha dicho que eres el corazón más puro y no le falta razón

- Es porque ella me ve con buenos ojos

- Con los mismos que te miro yo ahora. Te has guiado por el amor a los tuyos, ese es tu motor, la llama de tu corazón, así pues te otorgaremos la "Llama de Fuego" un poder que, en manos del mal, causaría la destrucción y que, en manos del bien, da la vida, ya que en él tiene el poder de la curación. Sin duda alguna te lo mereces por haber demostrado una innata sabiduría, tolerancia, paciencia, resignación, voluntad y amor

- No sé qué decir

- No hace falta que digas nada, acércate

Helga Hufflepuff puso sus dos manos sobre mi corazón y mi cuerpo se llenó de un inmenso calor. De inmediato me llegó un bienestar que jamás había sentido acompañado con una fuerza renovadora. Por mi mente pasó cada instante vivido en aquel bosque y comprendí que, ayudando a cada estación, me había encontrado conmigo misma. Realmente estoy orgullosa de lo que hice y de haber estado allí durante aquel mes. Cuando abrí los ojos estaba en La Cámara de los Fundadores y horas más tarde, en mi casa.

- No me extraña en absoluto, yo también me sentiría orgulloso y lo estoy enormemente de ti – Exclamó Dumbledore

Sirius se levantó de su banco y fue directo haciala sonrojada Ginny. Sindecir nada, la elevó en el aire dándole una vuelta y abrazándola. Ella no pudo evitar soltar una carcajada y ya en el suelo propinarle un manotazo en el pecho.

- ¿Quién dijo que era la pequeña Ginny? – Exclamó Sirius orgulloso de la muchacha - Yo creo que es la gran Virginia Weasley