¡Feliz martes!

Gracias a Lilith Evans Black, Ariadna Simonds, Julietaa, Mery Vedder y Ammiel por sus reviews.

Y os dejo con un drabble sobre Rose Weasley.


Ideas lógicas y perfectamente racionales

Generalmente, Rose opina que Lorcan está completamente chiflado. Igual que su hermano.

Porque vamos a ver, ¿qué clase de cabeza racional creería en todos esos seres de cuya existencia no hay la más mínima prueba? Nargles, torposoplos, snorkacks de cuernos arrugados… ¿alguna vez se ha encontrado uno? Y tampoco se han encontrado huesos, dientes, astas o cualquier otra prueba concluyente de que existan. Pues el idiota de Lorcan está empeñado en que sí.

Suspira. Lo cierto es que se siente culpable. Ha discutido con él porque no hay manera de hacerlo entrar en razón, y han acabado gritándose en mitad del pasillo. Y porque Al y Scor pasaban por ahí, que si no Rose hubiera acabado echándole algún maleficio. Pero es que Lorcan puede con su paciencia.

Acaba de salir de Transformaciones. Se supone que ella y Albus están intentando animar a Scorpius, porque su abuelo murió hace dos semanas y desde entonces su amigo está muy decaído, pero su primo es el que está haciendo todo el trabajo, porque ella sigue preguntándose si disculparse con Lorcan o dejar pasar el tiempo hasta que se le olvide. Está segura de que un noventa por ciento de las cosas en las que cree no existe, pero también sabe que al decírselo hirió sus sentimientos. Sus tíos tienen razón cuando dicen que la inteligencia emocional la heredó de su padre.

Entonces descubre a Lorcan en un pasillo vacío, perpendicular al que ella está recorriendo con sus amigos. El muchacho está en un rincón, con los ojos azulados observando un ramillete de muérdago que cuelga del techo desde hace unos días, cuando empezaron a decorar el castillo para Navidad. Rose se pregunta qué clase de bichos, según él, habrá ahí.

-Luego os veo-dice, ignorando la mirada suplicante de Al, que parece creer que es incapaz de animar a Scorpius él solo. Se acerca a Lorcan lentamente-. Hola-lo saluda, insegura. Lorcan no da señales de haberla oído-. Oye… podrías no ignorarme.

El muchacho aparta la vista del muérdago y la mira. Pese a que ella es alta, Lorcan le saca casi una cabeza; y sin embargo Rose siempre ha tenido la sensación de que parece más pequeño que ella.

-Si no te ignoro, acabaremos gritándonos-razona, y vuelve a mirar el muérdago con ojos soñadores.

-¿Qué se supone que hay ahí?-pregunta Rose, esforzándose por eliminar el tono despectivo de su voz.

-Normalmente, nargles. Pero aquí no hay-explica Lorcan-. Mira-señala una de las hojitas-. Si tuviera, estaría como mordisqueada.

-Ah-a Rose le está costando lo indecible morderse la lengua-. ¿Alguna vez has visto un nargle?

-No. Pero el abuelo Xeno asegura que él sí-responde Lorcan. Entonces vuelve a mirarla-. ¿Y tú?

-Claro que no-replica Rose, y esta vez no logra disimular su incredulidad-. Porque no existen.

-Que no puedas ver algo no significa que no exista, ¿sabes? ¿Acaso has visto tú la prueba de que los nargles son falsos?

Rose suspira. Se balancea sobre los pies, adelante y atrás, tratando de no decir ninguna burrada. Está intentando hacer las paces con Lorcan, tiene que tragarse todas sus ideas lógicas y perfectamente racionales.

Entonces, Lorcan sonríe tan de repente que Rose se asusta.

-Cierra los ojos-le ordena, con una autoridad inusual.

-¿Qué?

-Que cierres los ojos-repite-. Mira, tienes que bajar el párpado de arriba y subir el de abajo, así-Lorcan le demuestra cómo se hace.

-¿Para qué?-pregunta Rose, desconfiada.

-Para que tengas una demostración científica de lo que quiero decir, ya que tanto la necesitas.

Rose frunce el ceño, pero finalmente cierra los ojos. Se pregunta qué triquiñuela habrá pensado Lorcan para convencerla de algo que no es cierto.

Está planteándose la opción de que su compañero esté poniendo pulgas en el muérdago para hacerlas pasar por nargles cuando Lorcan la besa.

No es un beso experimentado ni nada de eso, pero Rose se queda congelada, sin atreverse a abrir los ojos. Intenta recordar cómo moverse, pero su mente se ha quedado en blanco (o, como Lorcan diría, llena de torposoplos). Lo único que logra hacer es pegarse más a Lorcan, que ha rodeado su cintura con ambos brazos.

Tras unos minutos, el beso termina. Rose considera que ya puede abrir los ojos, y se encuentra con la mirada de Lorcan chocando contra la suya.

-¿Y bien?-pregunta él-. ¿Lo has visto?

-No-responde Rose. Le tiembla un poco la voz.

-¿Y ha sido menos real por ello?

A regañadientes, Rose le da la razón.


Notas de la autora: Fanáticos/as del Rose/Scorpius, siento decepcionaros, pero estoy empachada de él. Además, Rose y Lorcan son para comérselos.