Siento haber tardado tanto esta vez, además de que no tengo más excusa que la propia inspiración, que viene y va cuando quiere. Y esta vez me ha dejado bastante tirada, porque si de por sí ODIO tener que tirarme un capítulo hablando de una sola escena, odio todavía más que a mis ojos parezca que se hace pesado o que aburra. Lo odio mucho porque antes no me sucedía. Pero bueno... Tengo que deciros que he cambiado mi user de Twitter, por si no me encontráis o al contrario, queréis encontrarme, ahora soy /_sxnxtimore_ Allí os responderé lo que queráis sin problemas :)
Respecto a DAT, creo que todavía quedan muchas cosas por ligar, como por ejemplo que Martha se entere que su querida nuera, es nieta de una de sus viejas amigas y cosas por el estilo que a pesar de que son pequeñas, quiero atar. Y siempre que consideréis que algo va mal, no se entiende y demás hacedmelo saber, a pesar de que si lo hacéis de manera anónima no podré responderos :( El caso es que me habléis para lo que sea, me gusta leeros.
Muchas gracias por seguir aquí leyendo, de verdad, significa mucho para mi ahora que Castle es solo un recuerdo, UN GRAN RECUERDO, para todos. Muchísimos besos a todos!:*
PD: No he corregido, sorry.
Capítulo 36. "Temores varios."
Cuando la otra mitad de la familia de Rick irrumpió en el loft, él y Kate ya habían guardado la ecografía de Kyra en el despacho del agente, y habían pegado la de los mellizos en la superficie pálida de la nevera. Durante el proceso, Kate había podido experimentar cómo la tristeza de su novio se compactaba junto a la imagen de lo que hubiese sido su futuro si las cosas no se hubiesen torcido, y cómo, después lograba dibujar una sonrisa cargada de amor incondicional mientras elegían el imán adecuado que sujetaría la fotografía de sus hijos.
A pesar de las distintas figuras decorativas entre las que podían elegir, ambos se decantaron por una silueta verdosa de un pequeño dinosaurio, la cual colocaron justo al borde de la ecografía para que sus dos pequeñas manchitas se viesen con claridad. De modo que nada ni nadie tuviese impedimento a la hora de verlas. Rick alegó con una sonrisita que el dinosaurio daba ese toque infantil que habían pretendido abordar desde la perspectiva de los bebés y Kate, completamente de acuerdo asintió bordeado el interior de la foto con la yema de los dedos.
-Rick.-la abogada había aferrado la camiseta negra del aludido antes de que éste se marchase de vuelta al sofá, al menos hasta que viniesen Martha, Jamie y Elliot, y dejó que él la rodease con sus brazos.-Si quisieras poner alguna ecografía de tus hijas-se mordió el labio inferior al ver la oscuridad tras sus ojos azules-o de tu hija, o tú con Kyra... Yo no voy a impedírtelo, ¿vale?
El agente del FBI, acostumbrado a mantener a raya sus sentimientos tras la barrera de frialdad y profesionalidad que tantos años llevaba forjándose, dejó que esta se deshiciese con una soltura asombrosa delante de Kate, algo que ya era muy común en él. Pudo ver cómo se evaporaba frente a sus ojos y no le importó en absoluto saber que ella era capaz de predecir lo que sentía.
-Sé que no lo harías.-repasó su espalda con el dedo pulgar. La camisa de la joven era de seda y la tela resultó ser sorprendentemente suave bajo su tacto.-Sé que en tu interior, una pequeña parte se siente un poco intimidada por lo que Kyra ha significado siempre para mi.-al ver que ella fruncía un poco el ceño, la acercó más a su pecho con ayuda de sus brazos.-Aunque solo sea un poco. De haber estado yo en tu situación en lugar de en la mía podría comprenderte de igual manera, y como también sé que eres una mujer increíble, inteligente, preciosa y que a veces pienso que no merezco tenerte, te respondo que todos mis recuerdos junto a ella los tengo guardados en mi habitación y también en mi corazón. Así como la foto que siempre llevo encima.
Kate recordó haber visto alguna vez, en su cartera, una foto en la que aparecían los dos, Rick detrás de Kyra, con sus manos abiertas sobre un vientre muy abultado y la felicidad tiñendo sus rostros. Nunca le había parecido excesivo u peor, insultante hacia ella por el hecho de seguir recordando a su ex mujer. Todo lo contrario, no podía dejar de sentirse más orgullosa de él. Del verdadero amor que un día se hubieron profesado, y de cómo, a pesar de los acontecimientos y de ella misma que había aparecido en su vida, Rick era incapaz de olvidar a Kyra. Solo la había dejado en un segundo plano. Un plano que consideraba sagrado, y Kate lo sabía.
-Kyra es mi pasado y fue el amor de mi vida.-esto último sonó en un tono más bajo al escapar de sus labios. Tampoco quería decir que a la abogada no la quisiera con toda su alma, ni que estuviese enamorado de ella. Para nada.-Y con esto quiero decir que es mi historia, algo que estará conmigo hasta que sea yo el que muera. Y no por eso te quiero menos, o quiero que sientas que tienes algo por lo que temer.-comenzó a deslizar una de sus manos a lo largo del brazo de Kate, erizando todo a su paso hasta llegar a uno de sus pómulos. Las mejillas de la chica ardían, y podía ser de vergüenza por la declaración de amor, o de felicidad. Incluso tenían un color más rojizo que de costumbre.-Ahora mismo no existe nadie en mi vida a quién quiera más de lo que puedo quererte a ti. Ni ninguna mujer con quién quiera compartir mi vida más que contigo.-se había inclinado hacia sus labios, entreabiertos y preparados para cualquier cosa. Sus ojos azules seguían fijos en las dos piedras preciosas que eran los de Kate, de modo que sus palabras quedasen resaltadas por lo que sus ojos pudiesen decir y que sus palabras no llegasen a expresar.
El aliento nervioso de Kate le acariciaba sus propios labios y podía sentir su cuerpo en tensión. Depositó un beso casto, suave y tierno con la intención de hacerla respirar al menos unos segundos, y al instante volvió a notar sus músculos relajándose bajo aquel beso. Con la frente apoyada en la de Kate, y los labios casi pegados a los suyos, completó su monólogo:
-Quiero ser el padre de tus hijos, con el que te despiertes por las mañanas y el que aun conociendo tu lado más oscuro, sepa hacerlo brillar.-esta vez acercó sus labios hasta uno de sus oídos, rozando de cerca su mejilla e incluso llegando a besarla.-Porque eso es lo que tú has causado en mí, Kate. No eres mi salvación, eres simplemente mi vida entera.
La cabeza de la joven parecía estar sumergida a gran profundidad bajo el océano. Daba la sensación de estar embotellada, tanto, que incluso sus oídos zumbaban cargados de la sangre que no sabía bien por dónde circular. No solo se había perdido entre las palabras de Rick, sino que también se había perdido en la inmensidad reinante dentro de sus ojos azules. Sus palabras no habían salido por sus labios, sino por su corazón. Lo había notado al instante, a través de sus dedos cuando habían acariciado su rostro, o del lenguaje corporal que irradiaba toda su piel cada vez que se fusionaba con la suya.
-Deja de hacer eso.-musitó Kate agachando la mirada hasta localizar los labios de Rick de nuevo frente a ella. Crispó un poco la ceja al verle ladear una de sus comisuras y crear de esta forma una sonrisa ladeada y que claramente se burlaba de ella.
-¿Hacer qué?
-Eso de acercarte poco a poco a mi cara, de susurrarme palabras tan bonitas y hacer que me muera aquí mismo.-intentó que su tono subiese a una octava de frustración, consiguiendo solo que pareciese el doble de adorable para los ojos del agente.
-¿Prefieres que me calle y te bese?-Rick acercó su boca hacia la suya hasta que entre los labios de los dos quedaban apenas un par de milímetros. Y, en esa distancia tan sumamente corta, se libraba una batalla de olores, hormonas, amor y pasión contenida que deseaba ser liberada a toda costa.
La euforia que ambos sentían palpitar dentro de su pecho era inexplicable, y aunque hubiesen intentado describirla con alguna palabra les habría sido imposible. Tenían ganas de estar juntos, de tocarse todo el tiempo, de no dejar de besarse, de chillar de alegría y reír sin ningún motivo. Esa emoción respecto a los bebés que habían retenido al salir de la consulta y que tanto había tardado en aparecer dadas las circunstancias comenzaba a hacerse ver en los rostros de la pareja. En la de Rick sobre todo, puesto que había sido el más reacio a la situación y a quién más le había costado asentar la información.
-Por favor.-ni siquiera le dejó un margen de tiempo para que él tomase la iniciativa, ella ya se había abalanzado sobre sus tentadores labios y los degustaba con una lentitud digna de tortura.
Mientras tanto, sus manos viajaban por el cuerpo del otro sin un rumbo determinado, simplemente acariciando. Las de Kate se movían a lo largo de su cuello y con los dedos repasaba el contorno de su barba incipiente. Rick, en cambio, la sujetaba muy cerca de su torso, con sus dos enormes manos abiertas y firmes encima de sus nalgas.
Fue entonces, en cuestión de pocos minutos, cuando escucharon la cerradura de la puerta girar gracias a una llave, y a continuación dos voces adultas hablando con tranquilidad y los chillidos divertidos de un niño pequeño. Ambos supieron al instante quienes eran la razón de su interrupción, pero el agente no dejó que ella se separase de sus labios, un tanto tímida, por la llegada de su suegra y su cuñado.
La contuvo con facilidad apretando desde sus lumbares hasta él, de modo que no tuviese la más mínima oportunidad de escapar. Rook y Martha todavía no habían cruzado el salón, por lo que de momento el ángulo muerto de la cocina les tapaba al completo. Ellos podían escucharles hablar en voz alta y notar cómo se desprendían de sus abrigos y demás, sin embargo al contrario no sucedía lo mismo. Probablemente no eran conscientes siquiera de que la pareja estaba en la cocina, apoyada en la barra americana y profesándose su amor.
-Rick, esto es de mala educación.-dijo en voz baja, como pudo, pegada a los deliciosos labios del aludido. La respuesta de él fue apretarla aún más hacia su cuerpo, cogiéndole del culo.
Por una parte era incapaz de resistirse a la maestría que suponían sus besos, o su lengua recorriendo ese perímetro ya conocido. Era su droga, y en medio del frenesí que le proporcionaba, le era inevitable no desengancharse de algo que le ocasionaba tal placer. En cambio, por otro, sabía que una vez se convirtiese en alguien dependiente de su boca, no podría dejarla nunca. Y tal vez ahí se situaba su duda, en si ya lo era o poco le faltaba.
-Mala educación es que no quieras besarme.-respondió él sin ninguna intención de dar su brazo a torcer. Las voces cada vez se acercaban más y más a ellos, pero Kate ya no forcejeaba, simplemente se dejaba llevar por la dirección que tomaban sus labios encima de su boca y hacía todo lo posible para no ahogarse reteniendo tanto la respiración.
Rick ya no se sujetaba en sus glúteos como lo había hecho hasta ahora, sino que rodeaba su cintura en algo semejante a un fuerte abrazo y sonreír contra sus labios.
-Ya decía yo que no se escuchaba nada.-la voz divertida de James les alcanzó antes que ninguna, aunque después apareciese una pequeña carcajada por parte de Martha.
De reojo, ambos vieron cómo se acercaban con resplandecientes sonrisas dibujadas en sus rostros y unas miradas extrañadas. Rick, al fin, dejó un último beso en los labios de la abogada, sabiendo que su familia había presenciado el resto y sin soltarla les miró.
-Lo extraño es que no se te escuche a ti, que te pasas el día en mi casa.-se burló éste.
-Es lo que tiene habértela pagado, hermano mío.
A pesar de que Rook había pronunciado eso en una voz un tanto más baja mientras cogía en brazos a su hijo y le ayudaba a quitarle su pequeño abrigo, Rick rodó los ojos, al igual que su madre.
-No te cansarás nunca de repetir lo mismo, ¿verdad?
Kate contemplaba la discusión irónica entre los dos hermanos de la misma manera que lo hacía Martha: en silencio y sonriendo de vez en cuando. Estaba claro que era un mero enfrentamiento divertido, ya que Rick continuaba relajado en lugar de ponerse tenso, lo notaba en sus brazos, y James no hacía más que replicar con argumentos ridículos y una mueca graciosa con tal de enfurecer a su hermano pequeño.
Pequeño a la hora de la edad, claro. Puesto que en cuánto a físico y forma de ser, Rick parecía más adulto que los dos. No eran muy distintos, ni tampoco tenían rasgos opuestos, al contrario, sus semejanzas eran tales que si hubiesen querido más de una vez hubiesen podido hacerse pasar por gemelos o mellizos. Tenían la misma mandíbula cuadrada, el mismo vello incipiente, un color de ojos muy parecidos, (los de James eran más claros, al igual que los de Martha) y un pelo castaño alborotado que les daba una apariencia rebelde y sexy.
No obstante, por un par de centímetros, Rick era más alto y también le ganaba en cuanto a masa muscular. Probablemente eso se debía a su profesión, pero eso no quería decir que Jameson no estuviese en forma. Rook era más bien de constitución fuerte mientras que a Rick se le marcaban la gran mayoría de músculos. De lo que no carecían ninguno de los dos, y de lo que varias veces Kate había comentado con Nikki, eran de trasero. Los dos tenían un buen culo respingón, redondo y llamativo ante cualquier mujer, y lo más gracioso era que ellos eran conscientes y solían fardar de ello con sus respectivas parejas.
-Tienen veintinueve y treinta y un años y todavía siguen siendo dos críos.-comentó Martha Rodgers acercándose a su nuera.
Kate le sonrió arropada entre los brazos de su novio y añadió:
-¿Son siempre así?
La pelirroja se inclinó más sobre ella.
-Son peores.-susurró cerca de su oído con complicidad. Las dos rieron al unísono, escuchando de fondo las diversas pullas que los dos hombres de la casa se lanzaban sin miramientos. Llegó un momento en que James dijo algo que provocó demasiado al agente y arrancó de su interior unas ganas enormes de golpearle, aunque solo fuese de broma. Así que apartó a Kate con delicadeza de su cuerpo y sin dejar de mirar a su hermano, corrió a hacerle un placaje para tirarlo sobre uno de los sofás.- ¿Lo ves? Elliot es mil veces más maduro.
Martha apenas se había acomodado en uno de los taburetes de la barra americana cuando el pequeño se acercó a ella dando traspiés y pidió que le cogiese en brazos alzándolos hacia ella. Kate se moría de ternura cada vez que Elliot llamaba a su abuela, con esa voz tan dulce e infantil y detrás del chupete que ocultaba gran parte de su rostro. Por no hablar de la imagen de Rick como un tío que se preocupa por su sobrino.
-Abela, quero galleta.
-¿Quieres una galleta, amor?-la actriz agarró al pequeño por debajo de las axilas y lo apretó contra su cuerpo al levantarse. Elliot no dejaba de decir que sí al mismo tiempo que le acariciaba la cara a su abuela y balbuceaba otra serie de palabras inentendibles.-Por cierto Kate, ¿qué tal os ha ido en el ginecólogo?
-Ha ido genial.-de nuevo, esa energía radiante que no sabía por dónde salía, volvió a aparecer y se reflejó en sus ojos con un brillo.-Todo muy rutinario, como suele pasar en las primeras visitas, pero hemos tenido mucha suerte.-Martha iba asintiendo a medida que Kate comenzaba a explicarse. Elliot se había centrado en devorar la galleta de chocolate sentado en sus piernas y esa distracción les permitía hablar con tranquilidad.
Tranquilidad que en algunas ocasiones se interrumpía con las carcajadas de sus dos hijos, así como los golpes sordos que se propinaban el uno al otro.
-¿Y eso, querida?
-Bueno, nuestra ginecóloga es una chica joven muy interesada en que todo salga bien y atenta a cualquier detalle.-Kate recordó a Danna y lo muy tranquila que había permanecido durante toda la visita porque le transmitía buenas vibraciones.-Me ha hecho una exploración física que ha resultado estar bien, nos ha hecho un par de preguntas y nos ha hecho la primera ecografía.
Kate sentía en su interior la mecha de un cohete empezando a prenderse con lentitud. Las chispas, el fuego y el silbido que después indicaría el lanzamiento por los aires. Y ese lanzamiento sería la noticia de que en lugar de haber un bebé en su interior, había dos. Le invadió una especie de nerviosismo, el cuál iba expandiéndose hacia todos lados y la hacía temblar, inquieta. Martha le lanzaba una mirada azul inquisitiva.
-¿Está sano?-la pelirroja ladeó el cuello. Kate sabía que podía notar su inquietud desde dónde estaba sentada.- ¿Ha ido algo mal?
-No, por supuesto que no.-se apresuró a decir la abogada antes de que su suegra se preocupase más.-Verás…-carraspeó incómoda. Las palabras se pegaban a su tráquea y parecían no querer salir, por lo que el nudo era todavía más grande comparado con la impaciencia por querer decir ya la bomba. Se toqueteó los dedos, frunciendo el ceño.-Hemos colgado la ecografía en la nevera, y si se viese mejor te diría que fueses tú misma a comprobarlo, sin embargo dudo que puedas.
Martha estiró el cuello, incrédula por ser consciente de que había pasado por ahí y ni siquiera se había dado cuenta de ello, e intentó vislumbrar algo. Apenas se podía distinguir algo entre esa marea de blancos y negros.
-Las ecografías de los dos meses y medio-tres son muy básicas. El bebé es tan pequeño que no se puede apreciar nada de él.-respondió la actriz sin dejar de mirar la fotografía que pendía de un imán en la nevera. Se sentía tan extremadamente sensible que le era imposible hablar sin emocionarse. Ella ya tenía a Elliot como único nieto por el momento, y siempre había deseado que Richard le volviese a regalar el hecho de ser abuela. Sobre todo después de que sus esperanzas pereciesen con la muerte de Kyra y la consiguiente depresión del agente.
En cambio, ahora veía la felicidad que rezumaba todo su cuerpo cuando estaba cerca de Kate, cuando la miraba o le sonreía. Cuando les anunció que sería padre, otra vez, y la clara ilusión latiendo con fuerza en el azul de sus ojos. La balanza de su familia se equilibraba completamente a su favor y no podía estar más orgullosa de ello.
-Bueno, en realidad hay algo que sí que se ve.-Rick y Jameson se acercaron justo a tiempo, entre risas cómplices y alguna que otra rojez en sus rostros justo cuando Kate se disponía a desatar el embrollo del día.-Se ven dos bebés, no uno.
El siguiente silencio sepulcral se estableció en cuestión de segundos alrededor de todos los presentes, menos Elliot, que profería ruiditos de satisfacción cada vez que masticaba su querida galleta. Los ojos desorbitados de la actriz junto a los del periodista se habían clavado en la pareja de manera alternativa, aunque lo más preocupante era el cese de respiración en sus pechos y la lividez en sus rostros.
-¿Co-como que dos?-tartamudeó Rook corriendo a observar con unos ojos como platos la ecografía de su útero. Pegó la cara casi contra la foto una vez hubo encontrado las dos pequeñas manchas que en esos instantes eran sus bebés.
Rick, quién hasta ahora había adoptado una actitud divertida y contemplaba la escena de brazos cruzados y sonriendo se adelantó a Kate para explicar un poco lo que había sucedido. Al menos antes de que a su madre le diese un infarto.
-Esa ha sido justo mi reacción cuando hemos escuchado los dos latidos de corazón distintos en el ecógrafo.-Martha abrió la boca, pero volvió a cerrarla al no encontrar nada coherente qué decir. Sus ojos se habían cerrado un poco más y su respiración tornó a ser medianamente regular.-Vamos a tener mellizos.
La abogada asintió con una sonrisa de oreja a oreja en su silla. Sus dedos se habían dirigido inconscientemente hacia su estómago y lo acariciaban por encima de la camisa.
-Pero... ¿Tenéis antecedentes para que vengan dos?-Rick miró de reojo a Kate, pidiéndole en silencio que no dijese nada respecto a lo que había averiguado ese día sobre Kyra y el segundo bebé.
-Quién sabe, podría ser de la familia de Kate o de la nuestra.-el agente se giró a la velocidad de la luz hacia su madre. Así pues, James no pudo objetar nada más, ya que no tuvo tiempo para hacerlo.-Mamá, ¿hay alguien en nuestra familia que haya tenido mellizos o gemelos?
El ceño de Martha se frunció, pensativo. Sus ojos también se hicieron más pequeños cuando ella se concentró en algo muy al fondo de sus pensamientos. Mientras tanto, Rick se había acercado a su novia y le acariciaba el cuello con los dedos, reconfortándola. Porque, a pesar de que no le había dicho nada, él era consciente de que los siguientes en saber la noticia debían de ser sus padres y no estaba preparada para ello.
-Estaré contigo cuando tengas que hacerlo, te lo prometo.-se situó justo detrás de su oreja y el susurro mezclado con la calidez de su aliento, erizó toda la superficie de su piel. A Kate no le hizo falta preguntar, sabía qué había querido decir con eso y lo agradecía con todas sus fuerzas.
-Por mi parte, que yo sepa, no hay historial de ese tipo.-respondió al fin la pelirroja. James se había colocado a su lado y había cogido al pequeño Elliot de sus piernas y ahora no hacía más que dedicarle muchos mimos y besos. Ahora, los movimientos de la actriz eran más sueltos, puesto que no tenía que proteger con sus brazos al niño.-Pero por vuestro padre podría ser y nunca lo sabremos.
Los dos hermanos le sonrieron a su madre con una tristeza latente más allá de la curvatura que formaban sus labios. Kate, por el contrario, no sabía realmente la historia del padre de su novio. Ya fuese por incomodidad, vergüenza u otra cosa, Rick, a la hora de hablar de su familia, solo nombraba a su hermano y a su madre, además de a Nikki. Su padre era un vacío inexistente en todo aquello.
-Y Kate, por la tuya sí que no tengo ni idea.-añadió esta vez mirándola directamente a los ojos.
-Yo creo que no… Pero no estoy segura.-por mucho que intentase pensar en las raíces de su familia no podía conseguir una respuesta del todo segura. No hasta que sus padres le confirmasen.
-Todavía no se lo has dicho, ¿verdad?-Kate negó sin decir nada.-Oh, cariño, es hora de que lo hagas.
La actriz sintió una compasión enorme por su nuera. De alguna manera se veía reflejada en ella, sobre todo en el aspecto del terror a decir que estaba embarazada, siendo tan joven. Era capaz de sentir su propio miedo remontado varios años atrás cuando supo que en su interior estaba creciendo una vida, y que esa vida era Jameson. Por aquel entonces todo era muy distinto, incluso ella estaba enamorada de un hombre que le regaló sus mejores días hasta que decidió dejar de hacerlo. Ese día él se fue de su vida y la dejó con un niño de dos años y otro de varios meses. Sola.
Estaba claro que la situación no era ni siquiera similar porque ella tenía a Rick a su lado y no pensaba abandonarla en ningún momento, pero se podía decir que había empeorado con la llegada de dos bebés en el primer intento. Ya no solo le aterrorizaba su inexperiencia, su vida en general a partir del embarazo, sino la dificultad que suponía sacar a dos bebés adelante, ambos de la misma edad.
-Sé que voy a discutir con ellos.-la aludida se encogió de hombros.-Mi padre está muy hostil con Rick porque no le aprueba, aunque mi madre y mi abuela-al nombrar a Eleanor miró a su novio de reojo con doble sentido-le adoran. Imagínate si ya le está costando ver mi relación con él, lo que dirá cuando sepa que estoy embarazada. Y ah, que son mellizos.
-¿Qué no aprueba a mi hijo?-la actriz alzó una de sus cejas y eso llamó la atención del periodista. Kate se sintió mal al instante por haber dicho eso delante de ella, cuando tenía que habérselo guardado como mucho para Rick, puesto que él ya lo sabía. No quería generar una disputa entre familias.
-Mamá, no es el momento.-el tono cargado de seriedad de Rick ralentizó la rabia que comenzaba a crecer en el cuerpo de Martha. Él había rodeado la cintura de la chica con su brazo y le besaba la clavícula con cariño.-Kate, sé que puede parecer terrible enfrentarte a tus padres con algo así, pero estaré aquí si me necesitas, para cualquier cosa. No quiero que hagas eso tú sola.
El agente ascendió sus labios hasta llegar a una de sus mejillas. El olor de su piel le hacía suspirar y cerrar los ojos, y todavía le gustó más que ella se acercase al tacto que le proporcionaba. Era incapaz de dejarla tirada en un momento cumbre como era confesar el secreto que habían mantenido las últimas semanas tan a salvo, aún más si también le influía a él mismo. Los bebés que tenía Kate no eran solo de ella, sino de los dos, y la responsabilidad como padre le obligaba a cumplir con ello.
-Sabes, odio que tenga que ser todo tan complicado.-Kate se dejó arropar entre los brazos de Rick y apoyó la cabeza en su hombro.-Entiendo que puedan pensar que la vida es corta y que yo soy joven, que ahora mismo tener un hijo-carraspeó-dos, pueda arruinarme todo. Pero, es mi vida y yo elijo cómo vivirla, de quién enamorarme y si es bueno o no para mí. Soy una adulta, no una niña. A pesar de que mi padre se empeñe en repetirme que lo soy. ¿Por qué no pueden respetar eso? ¿Por qué debo tener miedo a decir lo que me está sucediendo? ¿Por qué con vosotros es todo mucho más fácil?
-Querida, a eso puedo responderte yo.-Martha contempló los taburetes ocupados por sus dos hijos y Kate, y se resignó a quedarse de pie con los brazos cruzados y una sonrisa tranquilizadora dibujada en su boca.-Independientemente de que seas mujer u hombre, tus padres van a ser siempre sobreprotectores contigo por el simple hecho de ser su hija. Y te lo digo yo que soy madre de dos mastodontes aquí presentes.
Se escucharon varias quejas divertidas por parte de los dos hermanos, algo que alivió la tensión en el ambiente y produjo alguna que otra risita.
-Yo no entendía esto hasta que no estuve en la situación. Así como tampoco entendía por qué mi madre no dejaba de repetirme que el padre de mis hijos no era adecuado para mí, o que ser madre no era un juego. En cambio, cuando ellos nacieron y las cosas fueron viniendo sí que lo entendí.-Martha dudó en sí debía o no decir el ejemplo que tenía en mente para que Kate se hiciese bien a la idea, sin embargo el problema estaba en que dicho ejemplo involucraba a la ex mujer de su hijo menor.-El matrimonio de Rick, el de Jameson, el nacimiento de Elliot… Todo fue tan deprisa que daba miedo cómo crecían por momentos. Y yo no quería que ellos estuviesen mal, quiero lo mejor porque son mis hijos y eso pasa con tus padres.-tras ver que el semblante de la chica no cambiaba al haber mencionado a Kyra, prosiguió.-Incluso cuando Rick comenzó a salir contigo, el hecho de saber que eras mucho más "pequeña"-utilizó los dedos como comillas imaginarias al resaltar la palabra.-Y bueno, ni te cuento con el embarazo.
Kate no sabía si sonreír o llorar, a decir verdad. Tenía un nudo de contradicciones en su interior demasiado grande que no hacía más que aumentar hasta tal punto que podría estallar de un momento a otro. El agobio era algo tangible en su manera de respirar, ya que empezaba a presionarle el pecho y alteraba el ritmo de sus respiraciones, no obstante, prosiguió escuchando a Martha en silencio.
-Con todo esto quiero decir que al principio te asustas, te enfadas y piensas mil cosas que no tienen por qué ser así, y eso les sucederá a tus padres, sobre todo porque eres hija única.-para cuando la actriz se dio cuenta, Kate se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano, intentando disimular la agonía que realmente estaba sufriendo y que quería ocultar.-Cariño, no te sientas mal.
Al igual que la pelirroja, James también se inclinó sobre la joven para abrazarla y susurrarle un consuelo que al menos aminorase esa presión. Seguido de esto, Rick le aferró el rostro entre sus manos y la guio hacia el centro de su pecho con la finalidad de que pudiera acobijarse allí. Les hizo un gesto negativo a su hermano y a su madre con la cabeza y, sin decir nada más, se apeó del taburete junto a ella y la dirigió hacia la puerta principal todavía abrazada a él.
Conocía a Kate muy bien como para saber que si de verdad se agobiaba, no podía continuar manteniendo una conversación porque su cabeza no se centraba nada en más que en la causa de ese agobio. No quería que nadie le hablase, solo quería estar sola.
-Oye, mi amor.-le acarició el pelo con ternura, queriendo proporcionarle toda la tranquilidad del mundo a través de sus gestos.-No puedes dejar que la situación te supere.
Kate se abrazó más a su torso, sintiéndose culpable por estar manchando su camiseta con sus lágrimas y al mismo tiempo sin hacer nada para evitarlo. El abrazo de su novio era una gran medicina para ella en esos momentos. Esos momentos en lo que lo único que le consolaba era la idea de desaparecer.
-La simple idea de ponerme delante de mis padres y decirle que voy a ser madre me quita el sueño, Rick.-la escuchó susurrar en su oído. Él suspiró también contra el suyo, sin dejar de rodearla con sus brazos y las siguientes palabras le pesaron al pronunciarlas.
-Quieres irte a dar una vuelta, ¿verdad?
La abogada alzó la mirada, empañada en sus propias lágrimas y parpadeó. Le confundía que Rick llegase a conocerla más de lo que ella podía llegar a pensar, aunque, pensándolo bien, Rick no era el único de la relación que conocía bien al otro.
-Ahora mismo me gustaría despejarme, sí.
El agente le limpió parte del maquillaje que se había corrido con la ayuda de sus lágrimas. A pesar de eso seguía viendo a una mujer absolutamente preciosa y que tenía su corazón en un puño. No quería dejar que se fuese sola. Su inseguridad se lo prohibía. Sin embargo, tenía que hacerlo quisiese o no.
-Sé que eso quiere decir que te vas sola.-la obligó a mirarle a los ojos agarrando sus perfectos pómulos.-Si pasa cualquier cosa, llámame e iré corriendo. ¿Vale?-Kate asintió.-Te quiero. ¿Me quieres tú a mí?
-¿Cómo no voy a quererte?-musitó muy cerca de sus labios. Los observó sumida en sus pensamientos antes de añadir:-Si eres una de las mejores cosas que tengo en la vida, Rick.
-Entonces si te vas a ir dame un beso.
Y, por alguna extraña razón, ella ya lo estaba haciendo.
