Había pasado una noche incomoda en la cama de Oikawa, que no estaba en esta, mientras escuchaba los ronquidos de su querido compañero de cuarto Iwazumi. Pero me sentía perturbado por mi propio comportamiento impulsivo y no podría haberme quedado con Shimizu por más que quisiera. Era confuso y absurdo, porque no teníamos un romance, pero la había besado sin pensar y me odiaba por ello.
Así que a mi nariz con un corrector ortopédico patético y el no uso de analgésicos, se le juntaba un cansancio relativo, que hacía que mi trabajo con Mako resultara un poquito patético.
—Es que estoy cansado — terminé diciéndole a la chica que me miraba incrédula. Estábamos en su cuarto, en la cama tirados y yo suplicaba porque a ninguna hermana le diera por llamar a la puerta. El horror de la vida, me estaba convirtiendo en un pichafloja. Tenía que matarme antes de que volviera a ocurrirme.
—También estás feísimo con eso en la cara — se quejó ella sentada sobre mí. Su piel desnuda era bonita, ella era bonita, y yo pensaba en que echaba de menos las collejas de Satori, que si bien no me reportaban ningún consejo, al menos reiniciaban el sistema de mi cerebro.
—Tú sí que eres fea— le dije repasando la punta de su nariz perfecta. La mía quizá no volvería a ser la que era y en parte aquello me hacía sentir aún más frustrado si cabía opción.
Y entonces alguien golpeó la puerta. Mako saltó de encima de mí y tras ponerse una camisa la vi entre abrir la puerta. Susurraba en voz baja, así que supuse que no era una profesora, así que ni me molesté en ponerme ropa o esconderme debajo de la cama. La miré cerrar la puerta y volver a sentarse sobre mí. Llevaba puesta mi camisa, no la suya.
—Esto es para ti — dijo entregándome un trozo de papel perfectamente doblado. Yo lo desdoblé con cuidado, imaginándome que era Sawamura que me mandaba ántrax o algo así—¿Es una de primero pidiéndote salir o qué?
—No, es Shimizu — dije leyendo que me quería ver en el sótano a no sé qué hora que no recuerdo bien ahora mismo.
—¿Pidiéndote salir?
Negué con la cabeza y dejé la nota encima de su mesilla de noche para desabrocharle la camisa.
—Nope, pero tengo que irme — dije y recoger mi pantalón del suelo, sacar el dinero que ella me había dado anteriormente y dejárselo sobre la mesilla también—. Le rembolso su dinero porque el producto no es de la calidad acordada por la empresa.
Ella me besó y se levantó acabando de quitarse la camisa mientras yo me vestía.
—Está bien, espero que te recuperes pronto — dijo mientras yo recogía la nota y arrugándola. Ojalá mensajes que se autodestruyeran para no traer futuros problemas.
La besé de forma arquetípica a relación heterosexual extraña y la dejé allí mientras iba hacía el edificio masculino de estilo incognito.
Sí lo que quería Shimizu era hablar otra vez de que Asahi atrapaba pájaros para Sugawara, creo que iba a matarla yo a ella. Estaba un poco cansado del fantasma de Asahi Azumane por todas partes, porque fuera como fuera, el tipo era cadáver. Se había ido, no existía, tanto si le habían matado como si de verdad se había colgado, esa chica tenía que dejar de pensar tanto en él. Dejar ir las cosas, lo básico del budismo clásico, una japonesa debía saber esas cosas, que se yo.
Pasé por el lado roto de la verja emporcándome de barro. Me dolía la cabeza de estar con el ceño fruncido, porque tenía la nariz jodida, así que esperaba que no me calentara más el tarro.
Bajé las escaleras al sótano algo desconfiado. Ciertamente no me esperaba lo que encontré.
Sentado sobre una silla de pupitre sin mesa, atado y amordazado, se encontraba Shirabu. Era tan bonito verle así que casi me quedé sin respiración.
— Es un regalo de ¿disculpas? Por ser eso que tú dices, de ¿cerda controladora? — dijo Shimizu pegándome un susto. Salió de la oscuridad de una esquina mientras yo me sujetaba el pecho pensado que el corazón se me iba a salir del pecho.
—Es un regalo propio de ti, princesa de los yakuza — dije mirando la cara de Shirabu, agobiado y forcejeando por deshacerse de las cuerdas que le ataban ¿No estaba yo siendo muy parecido a Sugawara en aquel momento? Puede ser, pero aquello no era un juicio, al menos no uno mío.
Entonces ella miró a nuestro cautivo.
—Voy a necesitar que me recuerdes qué fue lo que Asahi y Kuroo hablaron el día que él murió — le dijo. Y yo tuve la necesidad de cubrirme la cara, porque todo giraba en torno al muerto. Pero por lo menos me iba a divertir.
Me acerqué a Shirabu y deslicé la mordaza con cuidado, cuando el muy cabrón ¡Me mordió la mano! Instintivamente le solté un puñetazo. Era un jodido caníbal.
—¡Cómo cojones quieres que me acuerde! Pasó hace mucho tiempo — dijo produciéndome cierta risa. No era como si hubieran pasado décadas…
Le propiné otro puñetazo rápido y me fijé en que las venas de su frente se marcaban profundamente debido al enfado. Yo en su lugar me hubiera sentido de un modo parecido.
—No eres de los que tienen memoria de pez, vamos — insistió Shimizu y me sorprendió que ella misma no quiera pegarle. Había tenido arte pegando a Michimiya, pero claro, la chica de tercero no mordía como este personaje.
—Seguro que dijo que eres una puta zorra, es lo que piensa todo el mundo —contestó Shirabu. Y evidentemente me vi en la obligación de pegarle de nuevo, en realidad no porque fuera grosero, porque me apetecía.
Le lancé una patada y la silla cayó hacía atrás. La levanté con paciencia y él trató de arañarme o de agarrarme, ni idea, no tuvo éxito alguno. Yo solo pensaba en que aquel baile era divertido, pero ciertamente no me había replanteado que en algún momento tendríamos que soltarlo y eso podía ser problemático. Pero por el momento tenía su salsa.
Le pequé un puñetazo y el muy cabrón me mordió de nuevo. Apretaba con los dientes con todas sus fuerzas, obligándome a gritar de dolor. Con la otra mano le agarré del cuello asfixiándole para que me soltara. Podía notar la sangre chorreando desde la mano que me mordía y hasta caer por esta manchando su uniforme perfectamente colocado a pesar de los golpes que ya había recibido. Finalmente me soltó la mano.
—Lo que le dijo a Kuroo era que cuidara de ti, que se iba a ir — dijo Kenjiro. Tenía los dientes completamente mojados de mi sangre y la barbilla, era como si el pago de mi dolor fuera suficiente como para decir la verdad o algo así.
—No es verdad, no se hubiera ido sin mí— contestó Shimizu. Pero personalmente a mí me parecía bastante creíble. La cara de sádico de Shirabu había disminuido un poquito y parecía más tranquilo. Yo solo acaba por pensar que el tipo de verdad se había colgado. No había más explicación a hechos como que había escrito una carta, planeaba "irse" y la cosa iba en esa línea o Kuroo se lo había cargado para volver a beneficiarse a la morena.
—Oye, la cosa ya está bien, a lo mejor no tiene puta idea — dije mientras apretaba la herida que me Shirabu me había abierto en la mano contra la tela de los pantalones de mi uniforme para que parara la hemorragia.
Ella negó con la cabeza y recogió del suelo un bate de béisbol. Lo levantó contra él y se dispuso a batear su cabeza como si nada. No sé de dónde saqué el buen talante para ponerme entre Shirabu y ella, pero lo hice.
—Shimizu, para, estas comportándote de una forma muy rara — dije y la miré tirar el bate al suelo, resonando en toda la habitación.
¿Era injusto que le dejara pegarle a ella? Quizá, pero yo no tenía ni idea ya de donde estaba el límite entre lo que hacíamos de forma racional o simplemente por pura diversión y crueldad. Murmuró algo como que estaba bien y subió las escaleras dejándome el muerto de sacar a aquel animal salvaje, que se lanzaría sobre mí a apalearme en cuanto le soltara.
Le miré y me sonrió confiado. Ugh, me daba escalofríos, cómo si a él no le asustaran las consecuencias de nada. Le devolví la sonrisa, pero lo mía era completamente forzada.
—Vas a tener que soltarme algún día — dijo haciéndome pensar en la opción de intentar volver a amordazarlo y dejarlo allí hasta que Sugawara lo encontrara.
Pensar en aquello hizo que me entrara la risa.
—¿Tú crees? — dije aguantándome la risa. Ver pelear a Shirabu y a Suga sería como Alien vs Predator o algo parecido, y la verdad era que se me hacía una idea muy tentadora.
Recogí el bate y lo dejé en una esquina, apartado de la silla. Arrastré la silla con él contra la otra pared, justo frente a la escalera. Creo que más o menos ahí él comprendió que no iba poder salir de allí al menos en un buen rato, quizá algunos días.
—Depende de cómo lo vea quizá te traiga comida — dije mientras levantaba la mordaza desde atrás. Él movía la cabeza de un lado a otro, intentando evitar que hiciera aquello—. No es que yo quiera hacer esto, pero es que no sé en qué estaba pensado ella y, bueno… Yo ya me siento un poquito mal por esto ¿vale?
Gritó algún insulto que sin lugar a dudas me merecía, pero no se me ocurría que otra cosa podía hacer, así que simplemente aproveché que abría la boca para ponerle aquella tela a modo de mordaza. Solo de pensar en el contacto de su lengua con aquella tela sucia me daba repelús, pobrecillo.
No sabía si debía o no apagar la luz, porque de ser él yo hubiera preferido la luz encendida, pero la apagué para evitar que entraran curiosos a mirar. Aunque aquello podía ser una solución para que alguien le sacara, pero claro, era todo un poquito complicado. Subí las escaleras hasta mi cuarto y justo cuando iba a entrar escuché una voz.
El corazón me pegó un brinco como si estuviera haciendo atletismo de elite sin pedir permiso al resto del cuerpo y la mirada de Amakara-sama me miró con ira, odio, y más sinónimos que no se me ocurren porque soy alguien poco letrado ¿vale?
—¡Dijiste que nadie más de la escuela conocía ese video!— me gritó agarrándome de la camisa.
—Está en internet, no puedo controlar internet — le dije como excusa vaga porque yo le había pasado el puñetero video a Bokuto. Pero no por Amakata sensei, era porque había unas secuencias de bolleras muy interesantes en las que no aparecía la profe porno.
—¿Por qué? — me soltó con mirada vahída y claramente frustrada—. No es posible que lo encontrarais los dos al mismo tiempo…
Yo pensé que técnicamente sí, si considerábamos que usábamos la misma IP de red, en dispositivos diferentes, y los motores de búsqueda según los cookies, pero claro, era solo una suposición falsa porque la realidad era que si era culpa de un servidor.
—Piénselo así, es solo un error de juventud — intenté ser políticamente correcto pero Ukai profesor apareció y me miró la mano herida y la camisa arrugada y a ella mirándome con aquella cara de loca extraña. No era el contexto más bien interpretado del mundo—. No se piense lo que no es, ella solo está molesta porque he hecho un comentario sexista, no me ha agredido ni nada por el estilo.
Amakata-san empezó a reírse de forma histérica y sin decir nada se la llevó. Fue la última vez que la vimos. Al parecer, Bokuto había perdido el USB dónde guardaba la peli. Alguien lo había encontrado y lo había puesto en todos los ordenadores del aula de informática en el escritorio con el título de que era un ejercicio del club de Informática. Así que todo el aula lo había visto, con el plus del profesor tocapelotas que se lo había mostrado a la madre Agnes y… La despidieron y adiós muy buenas. La excusa real creo que fue que me agredió, porque no es como su pudieras despedir a alguien por grabarse teniendo sexo de mentira, pero el resultado era el mismo. Bye bye, profesora.
La parte divertida fue encontrar capturas de pantalla de la peli impresas y colgadas por los pasillos al día siguiente. Pero supongo que solo me hizo gracia a mí y al que las colgó, o no lo sé. Aquella gente era muy rarita.
