Uff! Hola a todos. Sé que es imperdonable el tiempo que he estado alejada. Pero créanme que han pasado muchas cosas, entre ellas que perdí todo mi trabajo y que otros proyectos me han tenido bastante ocupada.
No les quito más tiempo. Espero que disfruten el capítulo.
Capítulo 35
Desaparecida en acción
Comenzaba a amanecer y el saiyajin aún permanecía sentado al lado de la camilla, con sus ojos cerrados, de brazos y piernas cruzadas. Abrió sus ojos y observó por enésima vez a la humana, que aún permanecía inconsciente. Luego se estiró en su lugar, para después ponerse de pie y tronar su cuello. Avanzó en silencio y se quedó de pie frente a la camilla, mientras veía aparecer los primeros rayos del sol, por detrás de la delgada cortina.
No podía dejar de pensar. Para él era incomprensible quitarse la vida, y peor aún, por cosas tan insignificantes como una mala experiencia, ni menos sentimental, eso era totalmente irracional. Bien lo sabía él, que su vida no había sido precisamente un jardín de flores… Sin quererlo recordó todos los abusos y vejaciones a los que había sido expuesto desde que era tan solo un niño. Apretó los puños y alejó el pensamiento de su mente, eso ya era parte del pasado.
Pasaron unos minutos y bufó, pues consideró que, después de todo, era posible morir por alguien. Sus subordinados por obligación debían dar la vida por él, después de todo era su príncipe y le debían el mayor de los respetos. Pensó que sus entrenamientos y algunos combates también podían catalogarse de tal, pero de ahí a terminar la vida de forma tan deshonrosa era incomprensible para él.
- ¡Tsk!
Volvió a cruzarse de brazos y cerró sus ojos. Recordó que en la Tierra había sido testigo de un suicidio, cuando aquel enano blanco había hecho el ridículo, intentando derrotar a Nappa, en un ataque kamikaze. También cuando el propio Kakaroto se sacrificó para matar a Raditz. "¿Qué honor hay en morir junto con el enemigo?"
Abrió sus ojos y observó nuevamente a la muchacha "Estás demente, mujer… ¿en qué demonios estabas pensando cuando te metiste a la bañera a emborracharte?... ¿?... Hmn, actuaste igual que cuando supiste lo de la sabandija… Acaso ¿lo hizo porque la dejé?... (sonrió)… No, seguramente para mí tiene preparada alguna sutil venganza… Torpe humana… ¿realmente deseabas la muerte?... ¿por qué no pude dejarte morir? ... Era tan sencillo y me ahorraba de paso todos tus molestos reclamos... Supongo que debía pagar mi deuda... ( Volvió a fruncir) ¡Por mil demonios! Solo conseguí ponerme en evidencia delante de los viejos... Ahora creerán de verdad que me importas. Eso es imperdonable para alguien como yo, soy un saiyajin de élite... ¡Qué patético me he vuelto!... sin embargo, yo… lo que siento... ¿?" Giró su vista de golpe hacia la puerta de entrada. Alguien venía. Se aproximó a la mesa y destrabó el cerrojo de la ventana, absolutamente ni un alma debía saber que estuvo allí toda la noche. Miró una última vez a Bulma y salió.
…
Los primeros rayos del sol iluminaban la mitad superior de las ventanas cuando Bunny entró a la enfermería. Sonrió un momento al ver que el suero había sido reemplazado y que algunos objetos habían caído desde la mesa.
Se aproximó a la cama y acarició la frente de hija. No podía creer que su niña, tan alegre y apegada a la vida, hubiera intentado matarse. Enseguida recordó el asunto de la visita del día anterior, su expresión cambió a una de profunda tristeza. Se sentía culpable en el fondo, de lo ocurrido años atrás. Ella debió sospechar que su hija estaba viéndose con un hombre mayor, pero Bulma había ocultado muy bien sus huellas. De haberlo sabido, jamás lo hubiera permitido, ya que el joven tenía mala fama y por el mismo padre de éste, sabía que tenía más de un problema faldas.
Cuando Bulma le confesó la verdad, ya no había mucho que más que hacer que apoyar a la muchacha. Bunny conoció toda la historia y acompañó las lágrimas de su niña. Su hija vivió su primera ilusión, pero desgraciadamente fue con el tipo equivocado. No lo denunciaron a las autoridades por petición de la propia muchacha, quien no quería armar un escándalo para su padre.
Su marido la sacó de sus pensamientos.
- ¿Cómo sigue?
-Bien, querido – dijo, pestañeando un par de veces, contrariada - Está estable, pero creo que demorará un poco más en despertar…
-Mmm, lo suponía… Nuestra pequeña no se había estado alimentando muy bien, ni tampoco ha descansado lo suficiente.
- Es verdad… - comentó ella – estuvo bastante deprimida por lo del viaje… ¿Has visto a Vegeta?
-Sí. De hecho, acabo de encontrarme con él en la cocina… Ahora debe estar buscando la nave… Me arrepiento de no haberle instalado un sistema de encapsulamiento, pero para una nave espacial es un riesgo - el profesor hizo un alto y agregó con algo de inseguridad - Con respecto a Bulma, creo que lo mejor será mantenerla sedada para que se recupere por completo, de lo contrario querrá ir a ayudar si despierta.
-Estoy de acuerdo, cariño. Ella siempre quiere ayudar.
La señora se acercó al estante donde estaban los suministros médicos y sacando algunas cosas volvió donde su hija e hizo lo solicitado, mientras le consultaba a su marido
- ¿Qué pasó con tu cena de negocios de ayer?
El señor Briefs se cruzó de brazos, mientras miraba a su mujer
-Con lo ocurrido se me había olvidado comentarte, querida. ¿Recuerdas que anoche intenté comunicarme para cancelar? Pasó algo terrible… Hace un momento me devolvieron las llamadas. Su asistente me dijo que este muchacho fue víctima de un asalto y que está grave en el hospital… es una lástima…
Bunny, aun de espaldas a él, abrió muy grandes sus ojos
-Sí, realmente es una pena… - agregó como ida, mientras se giraba – si me disculpas, iré a alimentar a los animales…
Su esposo la miró extrañado, Bunny siempre se compadecía de los demás, pero dadas las circunstancias no le dio mayor importancia a la frialdad de sus palabras. La siguió, tomando después dirección a su laboratorio, para ir a buscar las herramientas que necesitaría para trabajar en la nave. Estaba decidido a terminar lo que había dejado pendiente su hija.
…
Vegeta avanzaba a toda velocidad, pasando montañas y valles. Seguía maldiciéndose por haber vuelto, pero en el fondo sabía que era absolutamente necesario. Sin embargo, él no contaba con lo que ocurriría a su regreso. Frunció molesto. Él no la había salvado por que quisiera, su cuerpo lo había traicionado, reaccionado casi automáticamente y para ser sincero consigo mismo, su mente también. Para él no había sido más que una estúpida coincidencia.
"Debí dejarla morir…"
Llegó al desierto y divisó la nave. Descendió junto a ésta y sacó de un bolsillo la llave. No pudo evitar sonreírse ladino, pensando en la forma cómo la había obtenido. Se aproximó a la entrada, pero se quedó un momento observando una abolladura que había en un costado. Colocó su mano sobre esta y amplió su sonrisa, al recordar cuando se produjo.
Flash Back
Se había instalado en un planetoide, bastante lejano del sistema solar, para poder llevar a cabo un exhaustivo entrenamiento que lo llevara a su transformación, sin tener que depender de la muchacha. Entrenó día y noche, casi sin descanso, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Intentó en varias oportunidades, usando como recurso sus recuerdos de cuando casi lo había conseguido aquella vez, en que tan solo de pensar en que ella estaba muerta, logró, por un instante, transformarse. Pero nada dio resultado.
Iba a retornar a la nave a descansar cuando lo vio. Una enorme lluvia de asteroides se dirigía hacia él. "Perfecto" pensó.
El ataque no se hizo esperar. Estaba cansado, pero ese tipo de entrenamiento no era nuevo para él. Destruyó sin problemas las rocas que amenazaban con dañar la nave, sin embargo, llegó el desafío final. El enorme objeto se aproximaba a una velocidad sorprendente empujándolo más allá de sus límites. Con ambas manos expulsó toda la energía que le quedaba, repeliendo el avance. "Mierda, no voy a morir aquí". Su ki ya no era suficiente para detener el inminente impacto. Abrió sus ojos con espanto y una imagen, que evito verbalizar a toda costa, sin resultado, se fijó en su mente "Bulma…"
Y por un instante lo sintió. Apretó sus dientes y un halo dorado lo envolvió, logrando hacer volar la enorme roca en miles de pedazos. Sin embargo, la explosión lo lanzó lejos, azotándose en los roqueríos. Cayó de bruces al suelo, quedando seminconsciente por un momento.
Cuando recobró totalmente el conocimiento levantó su cabeza y observó sus ensangrentadas manos
-Demonios… -dijo golpeando el suelo con uno de sus puños - Así jamás podré superar a Kakaroto… "No sirve de nada si sé que ella no está dentro de la nave… (suspiró, sintiendo su pecho apretarse) ¡Mierda! ¿Qué me está pasando? Soy el heredero de la sangre más poderosa del universo… No tengo por qué depender de una hembra para alcanzar mis objetivos…"
Una enorme impotencia comenzó a embargar su corazón. Lentamente se puso de pie, y apretó sus puños. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, por lo que levantó su rostro para evitar que salieran. Le era imposible negar que en el fondo de su ser habían surgido sentimientos muy fuertes por la muchacha y que realmente no solo la necesitaba para su transformación, sino que la extrañaba real y genuinamente. Apretó sus dientes haciéndolos rechinar "¿Qué me has hecho, mujer? Me has convertido en el hazme reír de mi raza… No puedo convertirme en el súper saiyajin y en lo único que puedo pensar en este momento es en que te necesito a mi lado… (volvió a mirar sus manos) ¿será posible que … que esté realmente…"
No se atrevió a terminar la pregunta nuevamente. A pesar de llegar siempre a la misma conclusión, no podía aceptarlo.
Negó con toda su fuerza, apretando nuevamente sus puños.
- ¡NO! ¡SOY EL GRAN VEGETA, PRÍNCIPE DE LOS SAYAJINS!
Una ira ciega comenzó a formarse en su pecho. Ira contra sí mismo por dejar que las cosas hubieran llegado hasta ese punto, por no poder sacar de su mente a la mujer escandalosa esa, por haber comenzado a sentir como humano, pero por sobre todo porque se dio cuenta de que no podía estar sin ella. Imágenes de los momentos vividos en la tierra se fijaron en su mente, la mayoría con Bulma. Respiró hondo, dejó de pensar y solo se dejó llevar por aquel sentimiento, que tanto había renegado. Su respiración se calmó y su corazón comenzó a latir con fuerza, como si no cupiera en su pecho. Finalmente, de su garganta salió un grito
- ¡HAAAAAAAAAAA!
Y entonces sucedió. Su cuerpo, de golpe, se envolvió en un halo dorado y sus ojos cambiaron a un azul verdoso. observó sus manos sorprendido
- ¿?... ¿Acaso… es esto lo que se siente? ...Kakaroto, ¿es esto lo que ocultabas?… esta sensación… este sentimiento… ¡Al fin soy un súper saiyajin!… - una sonrisa comenzó a formarse en sus labios – Pensé que jamás lo conseguiría… - volvió a fruncir, levantando su vista al cielo – Hmn… ella tenía razón…
Volvió a la normalidad e intentó nuevamente transformarse. Se concentró con todas sus fuerzas en aquel sentimiento, que tantas veces negó, y volvió a conseguirlo. Ahora una carcajada fue lo que escapó de su garganta
-Ja, ja, ja… ¿Quién lo diría?... Ya no la necesito para esto… Ahora solo debo concentrarme en mi entrenamiento y en mejorar mis técnicas… Ja, ja, ja…
Deshizo la transformación y avanzó lentamente hasta la nave. Observó que había una abolladura cerca de la entrada.
- ¡Qué lástima! - comentó con sarcasmo – fallé uno… ¡Bah! ¿Qué me importa si me reclama esto?
Ingresó de una vez y se dirigió a su habitación, no sin antes pasar por el baño y asearse.
El agua estaba realmente fría, pero eso nunca le había incomodado, de hecho, antiguamente sus duchas no eran de otra forma.
Mientras restregaba su adolorido cuerpo, sonrió. Pensaba en lo divertido que sería cuando los idiotas de la tierra lo vieran convertido en súper saiyajin. Y ella. Al pensar en ella, no pudo evitar que cierta idea volviera a rondarlo. Frunció con intensidad al recordar lo dicho por ella "…No me quedaré tranquilamente esperando a que vuelvas de tu "viaje"…" gruño por lo bajo, ya no requería de ella para su transformación. Sin embargo, esas palabras taladraban su cabeza. A regañadientes pensó que algo que no soportaría de ella sería la traición, además la mujer, aunque él no lo quisiera reconocer abiertamente, era su compañera. No era algo definitivo, pero no podía negarlo. La necesitaba a su lado.
Se apresuró en terminar. Salió solo con la toalla y se dirigió a los controles.
No podía sosegarse pensando en qué estaría haciendo Bulma en esos momentos. De esa forma no podría entrenar con tranquilidad. Definitivamente si seguía así terminaría enloqueciendo. Dudó una última vez, antes de digitar las coordenadas rumbo a la Tierra. Desistió, arrepentido de dejarse llevar por aquel impulso. Él era un guerrero de élite, podía lidiar con cualquier cosa.
Volvió a su cuarto y se vistió con calma, mientras meditaba en qué hacer. Finalmente pensó que había solo una solución. Volvería por ella, era la única manera de entrenar en paz, y después de todo aún tenían un asunto pendiente.
Fin Flash Back
"... Esa es la única razón… la necesito conmigo… de otra forma no podré concentrarme… maldito instinto… No debe morir… ella me pertenece" Reflexionó, ya más tranquilo.
Ingresó a la nave, activó los controles y emprendió rumbo de vuelta a la Corporación. Necesitaba dormir con urgencia. Además, tenía curiosidad por saber si el anciano había hecho lo que le solicitó.
…
Bunny preparaba unas cajas, con algunas cosas que, según ella, podría necesitar el saiyajin en su viaje. Su marido le había dicho que lo más probable era que el príncipe volviera al espacio para completar su entrenamiento.
Miró la hora y decidió que era tiempo de preparar una merienda. Dejó lo que estaba haciendo y con premura se dirigió a la cocina. Estaba segura que Vegeta haría una escala en ese lugar. Además de que había sentido aterrizar la nave hace unos segundos.
Efectivamente, cuando llegó, lo encontró con la cabeza metida en el refrigerador. El hombre al sentirla frunció su ceño
-Hmn… ¿ya se murió? – preguntó, haciéndose el desinteresado
- ¡Tan bromista, Vegeta!… Me alegro de que estés de mejor humor… Bulma se encuentra descansando aún…
Vegeta cerró sus ojos, evaluando lo que había dicho la señora
Bunny al no recibir respuesta alguna del saiyajin, decidió preguntar
- ¿Quieres comer algo? Puedo prepararte alguna cosa si quieres… ¡Debes estar exhausto!
Vegeta levantó una ceja, asomándose para poder ver a su interlocutora
-Supongo que es mejor que hacerlo yo mismo…
Dicho esto, cerró el refrigerador, se dirigió a la mesa y tomó asiento, mientras veía que la señora le servía un refresco y preparaba una pila de sándwiches. Bunny al finalizar dejó las cosas sobre la mesa. Vegeta miró la torre y comenzó a atacarla
La señora se sonrió y le comentó
-Vegeta… no pude encontrar tus guantes para lavarlos junto con el traje… - dijo de lo más tranquila
El saiyajin tragó lo que tenía en la boca de una vez. Supo exactamente hacia donde iba la cosa
-Se estropearon… – gruñó, manteniendo su vista en los emparedados
- ¡Oh! Ya veo… - comentó, secándose las manos en su delantal – debiste realizar un entrenamiento extraordinario esta vez…
-Hmn… Por supuesto – respondió, no dando más información.
-Quería comentarte que el resto de tu traje está impecable y listo para que lo vuelvas a utilizar…
Vegeta no se atrevió a mirarla. Agradeció internamente que su hija no hubiera heredado ese "defecto"
La señora lo miró con ternura, mientras agregaba.
-Si me disculpas, tengo que ir a terminar unas cosas… ¡Ah! Se me olvidaba ¡Gracias, Vegeta!
- ¿Hum? – hizo, con cara de loco.
- Ay, querido… por lo de Bulma… ¡te portaste como todo un caballero!
- No diga estupideces… solo fue una coincidencia que fuera a fastidiarla justo en ese momento…
-Sí…Bueno, no te quito más tiempo. Aún tengo mucho que hacer… ¡Nos vemos, joven y apuesto Vegeta! – terminó diciendo cantadito.
La señora abandonó la cocina y Vegeta estrechó sus ojos por el tono chillón de la mujer. Apuró la torre de alimentos y se dirigió a los laboratorios. Él también tenía mucho que hacer antes de descansar.
…
Entró sigilosamente a la habitación, decidido a estar presente cuando ella recuperara la conciencia. Sabía de sobra que ella no tomaría a bien su regreso, ni mucho menos la circunstancia en la que se encontraba. Internamente moría de ganas de verla despertar de aquel letargo.
Espero un momento, a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Una vez listo, avanzó hasta la cama y escuchó atento la respiración pausada de ella. Su ki ya era estable y de un momento a otro, estaba seguro de ello, abriría sus ojos y comenzaría con sus gritos. Eso lo hizo sonreír, pero solo un momento.
Sintió la extraña necesidad de tocarla, como cuando iba a verla dormir. Pero desistió y prefirió retroceder, quedándose apoyado en el muro, junto al interruptor de la luz. Se cruzó de brazos y esperó.
…
La muchacha se removió en la cama, sintiéndose algo mareada y con dolor de cabeza. Arrepintiéndose inmediatamente de beberse casi toda la botella. Por fin abrió los ojos y con espanto se dio cuenta de que no veía nada. Eso la alarmó de que algo no estaba bien. Su habitación siempre estaba iluminada, si no era por la luz del día, era por el reflejo de las luces del jardín. Comenzó a tantear, buscando su mesita de noche, para encender la luz, pero no la halló. Sintió un tirón en su brazo y al tocarlo se dio cuenta de que tenía una aguja con una cánula conectada. Empezó a entrar en pánico. De repente la habitación se iluminó, obligándola a taparse hasta la cabeza con el cobertor por la molestia en sus ojos.
- ¿Mamá? – preguntó, algo insegura.
-Intenta de nuevo…- respondió, acercándose a la cama, mientras sonreía de lado
Bulma bajó un poco la ropa de cama y vio frente a ella el rostro del saiyajin.
- ¡Vegeta!… ¿Qué haces aquí? – exclamó, sentándose.
- Hablaremos al respecto después – respondió retirándose un poco, mientras agregaba con sarcasmo - Solo quiero agradecerte que me evitaras el dejarte inconsciente… ¡Hiciste un gran trabajo casi ahogándote en la bañera!
Ella abrió su boca para interrogarlo, pero se detuvo al instante. Con asombro observó que no estaba en su cuarto
-No puede ser… - murmuró, luego se volvió a ver al saiyajin - ¡¿Cómo demonios es que estoy en la nave?! ¡¿Cuándo volviste?! ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Dónde están mis cosas?!
Vegeta la observó un instante, sintió su corazón agitado, por lo que prefirió alejarse un par de pasos más. Sin responder a ninguna de sus preguntas, se giró y se retiró del cuarto, dejándola sola.
-¡VEGETA!... Uyyy – gritó.
Suspiró y buscó con que vestirse, ya que estaba solo con un camisón. Encontró una bata sobre una silla, frente a un escritorio. Con cuidado retiró la aguja que tenía en el brazo y avanzó hasta el mueble.
-Lo recordó… - dijo, posando su mano en la superficie - debió pedírselo a mi padre… pero entonces ¿Mis padres lo ayudaron?... Dijo que casi me ahogo en la bañera…
Se quedó de pie unos momentos, intentando pensar. Sin embargo, decidió ir tras el guerrero. Si quería respuestas él debiera tenerlas.
Avanzó veloz, buscando al saiyajin, al mismo tiempo que veía con asombro que la nave ya estaba completamente terminada, con las conexiones selladas y la calefacción funcionando.
Se detuvo en seco en la entrada de la habitación destinada a la cocina. Vegeta la ignoró, mientras llevaba un par de tazas a la mesa.
Una vez hubo terminado, la invitó a tomar asiento. Ella aceptó, bastante incrédula de la situación.
-Y ¿me vas a responder? – preguntó, una vez instalada
-Veamos… - dijo el saiyajin, bebiendo un sorbo de una de las tasas que había dejado en la mesa - ¿qué es lo último que recuerdas?
Ella frunció
-No estoy para juegos de adivinanza, Vegeta…
-Yo tampoco. Pero creo que es la mejor manera de que armes el rompecabezas que debes tener en tu mente…
Bulma suspiró, calmándose.
-Muy bien… recuerdo que estaba en la bañera, odiándote y maldiciéndote… - dijo, entre dientes
- Eso no me extraña… – respondió él con algo de ironía, luego bebió un poco y continuó, burlón - ¿Qué más recuerdas?
Ella intentó forzar su cerebro, sin muchos resultados.
-No lo sé… creo que… después me fui a dormir.
Vegeta limpió su boca y le comentó
- Hmn ¿Segura?
-Sí ¿qué más se supone que debería recordar?
- Una estupidez, quizás… como que estuviste en coma por dos días…
Bulma abrió muy grande sus ojos
- Pero ¿cómo demonios ocurrió? -preguntó confundida.
En ese momento su estómago rugió, haciéndola sonrojarse un poco.
-Será mejor que ingieras algo de alimento – le indicó Vegeta, haciendo un ademán con su cabeza
Bulma obedeció y bebió de su taza. Se sorprendió al darse cuenta de que era sopa de pollo, como la que le hacía su mamá, cuando estaba resfriada.
-Te ayudará a recuperar fuerzas… - agregó él, ocultando su incomodidad, bajando su vista a la taza que tenía enfrente.
Ella solo asintió con la cabeza, bebiendo con avidez el humeante líquido.
Pasaron un par de minutos en silencio.
Vegeta aclaró su garganta, mientras observaba un punto cualquiera de la habitación. No podía mantener la vista en la muchacha más de unos momentos, definitivamente quería parecer desinteresado.
-Casualmente te encontré en medio de tu torpe intento de suicidio... Por si te lo preguntas o imaginas que regresé por ti, debo aclararte que lo hice por la armadura que faltaba…
Bulma apretó sus puños sobre la mesa y respondió
- Oye ¡Yo no intenté matarme! Debió ser un accidente… Ya quisieras…
- Como digas… - respondió, cerrando sus ojos -El asunto es que estuviste en la enfermería un día completo y otro, en la nave. Hasta ahora…
Bulma lo miró con extrañeza
- ¿Y mis padres te dejaron subirme aun en coma a la nave?
-Sabían que ya estabas bien… Además, les pedí que te sedaran…
Bulma golpeó la mesa con ambas manos, poniéndose de pie
- ¡¿Me sedaron?!
Vegeta levantó una ceja, mientras observaba la reacción de la muchacha
- ¿Acaso quedaste sorda? Por supuesto que lo hicieron. De lo contrario, hubieras hecho un escándalo por todo, como lo estás haciendo ahora. Por cierto, eres capaz de cualquier cosa con tal de llevarme la contra… ¿o me equivoco, Bulma?
- ¡¿De qué demonios hablas?!
Vegeta cerró sus ojos, cruzándose de brazos y reclinándose en el sillón.
- ¿De qué crees? Tu padre fue el que finalizó las conexiones. Además, la loca me entregó tus pertenecías y me indicó donde estaban los víveres que habías adquirido para el viaje. Y para que veas que yo no soy un inútil como tú, traje la armadura, tus herramientas, repuestos y artículos de enfermería.
- ¡Veo que te ocupaste de todo! – replicó ella, con sarcasmo
El volvió a mirarla a los ojos, mientras sonreía de lado
- ¿Y quién más lo haría? Tú estabas holgazaneando en el planeta de los sueños…
Bulma ahora se sonrojó, sintiendo un nudo en su garganta. Acababa de comprender que Vegeta había vuelto por ella, aunque no lo admitiera. Al llevarla consigo, admitía de manera tácita que no podía estar sin ella y que le importaba. Además, el destino lo había llevado a encontrarla inconsciente en la bañera, salvándola de un suicidio no programado, sin mencionar que la estuvo cuidando mientras estaba inconsciente. Volvió a tomar asiento. Suavizó su mirada y le dijo casi en un susurro
-Gracias, Vegeta…
El saiyajin amplió su sonrisa y le comentó
-No me lo agradezcas… o, mejor dicho, después verás cómo me lo agradeces. Recuerda que ya casi se cumple el plazo…
Bulma frunció.
- ¿Tenías que echar a perder el momento?
-Déjate de estupideces… Te he dicho que esas cosas solo están en tu imaginación… Iré a entrenar – dijo levantándose de la mesa
- ¡¿Qué?! No. Tú no te retiras hasta que me digas ¿Por qué demonios te fuiste sin siquiera despedirte?
- ¿Y por qué demonios debiera decirte si me voy o no de tu casa? Si mal no recuerdo, te dije que había tomado una decisión.
Bulma tragó duro, sin embargo, no se dejaría amedrentar por aquellas palabras. Ella necesitaba una respuesta
-De acuerdo. Pero, tampoco dijiste que no viajaría… ¿por qué me trajiste entonces?
El saiyajin apretó sus dientes, pero no dejó de sonreírle. Bulma encontró este gesto de lo más seductor.
-No te hagas ilusiones, Bulma… Supongo que eres un mal necesario. No confío en esta nave… - le respondió – Además, de todos modos, ya estás aquí, así que deja de quejarte … Saldré a practicar mis técnicas y espero que no me interrumpas… - comentó avanzando hacia la salida
- ¿Cómo crees que podría interrumpirte?
Vegeta se giró y respondió, retomando su seriedad habitual
-Te conozco lo suficiente, mujer, para saber que dentro de las cosas que guardaste en las cápsulas debe venir el rastreador… Ni se te ocurra seguirme, además si lo haces será bajo tu propio riesgo.
Dicho esto, salió del cuarto, dejándola sola.
…
Una vez fuera, el príncipe soltó el aire y observó el cielo. Había estado tan ansioso de volver a ver a la humana que no había pensado en el día a día solo con ella. Se sintió algo estúpido por no haber analizado más a fondo la cuestión. Ahora eran solo ellos dos y deseaba concretar lo antes posible el asunto de tomarla. Pero no se arriesgaría, esperaría el momento apropiado, aunque eso le tomara unos días más. Luego, si se hartaba de ella la enviaría de vuelta a la Tierra. Si llegaba a necesitarla la solicitaría de vuelta. Para eso tenía en su poder ahora una nave unipersonal, con mayor velocidad que la actual. El asunto estaba arreglado. Y en cuanto a los sentimientos terrícolas, debía reconocer que después de todo, le habían sido útiles. Sin ellos no podría haber alcanzado su tan deseada transformación.
Observó el amarillento paisaje, recordando la vez que había estado en ese extraño planeta. Lo había tomado para Freezer unos años antes de viajar a la Tierra, pero con la muerte de éste, ahora solo era un mundo abandonado, sin dueño ni habitantes. Frunció al recordar lo trabajoso que había sido conquistarlo, ya que teniendo recursos naturales debieron hacer el menor daño posible. Lo que significó solo eliminar a la población. El problema era que los habitantes solían vivir bajo tierra, por lo que demoraron más de lo esperado recibiendo solo un regaño por parte del lagarto, en vez de la acostumbrada paga.
Sacudió su cabeza, desechando los malos pensamientos y se elevó por los grisáceos cielos, en búsqueda de algún lugar apropiado donde practicar su transformación. Ya no tenía preocupaciones, por lo que no volvería a la nave hasta poder dominar completamente sus nuevos poderes. Además, su fuerza se había incrementado, por lo que debía aprender a contenerse nuevamente para cuando estuviera lista la humana.
…
Bulma, aún en su lugar, se quedó pensativa unos momentos. Él no se equivocaba. Si su madre había empacado sus cosas, el rastreador debería de estar encapsulado en alguna parte. Sin embargo, desechó la idea de espiarlo. Aún no podía creer que estuviera en el espacio, además de sola con Vegeta. Se sonrió y terminó de beber lo que había en su taza. Después de todo ella había ganado la partida.
Se puso de pie, pero aún se sentía algo mareada, por lo que volvió a su habitación y se recostó en la cama. Sin embargo, algo la hizo sobresaltarse
-¡Demonios! ¡Si estuve en coma dos días, son dos días que no he tomado mis píldoras!
Corrió como una desquiciada a la bodega y dejó un desorden mientras buscaba sus pertenencias. Por fin dio con una caja que tenía su nombre.
Se sentó en el suelo y comenzó a revisar las capsulas. Cuando halló la que buscaba se llevó las manos al pecho y suspiró aliviada.
-Menos mal que empaqué varias cajas… Me tomaré las dosis faltantes… espero que no ocurra nada malo, de todos modos, creo que puedo dilatar esto un poco más, supongo… no sé si esté preparada aún…
Paso a la cocina por un vaso de agua y volvió a recostarse a su habitación. No alcanzó a cerrar sus ojos, cuando un pitido la sacó de su descanso. Se levantó de la cama y caminó hasta el comunicador. Oprimió el botón, arrepintiéndose al instante
- ¡HOLA, QUERIDA!
La muchacha casi queda pegada al techo
-Mamá, no tienes por qué gritar. Te escucho y veo perfectamente…
-Ay, disculpa… es que estoy tan emocionada… Este sistema de comunicación es fabuloso… ¿Dónde están? ¿Lo están pasando bien?
Bulma frunció
-Gracias por preguntar por mi salud… Mmm, no sé dónde estamos… Pero dime ¿Cómo fue eso de que me sedaron?
Su madre puso cara de culpable
-Amor, lo lamento, pero era la única forma de que descansaras…
-De acuerdo, pero me hubiera gustado saber que estaba dejando la Tierra… y despedirme de ustedes…
- ¡Ah! Eso… Pero dime ¿no fue una linda sorpresa por parte de Vegeta?... ¡Es tan romántico!
Bulma la miró extrañada
- ¿Vegeta? ¿Romántico? Mamá, ¿Qué dices?... Esas palabras están tan alejadas la una de la otra que diría que son antónimos perfectos – su rostro cambio a uno de tristeza - Además, te recuerdo que solo vine para que este maniaco no se mate antes de lo de los androides…
Su madre al percatarse del cambio en la actitud de Bulma, prefirió cambiar de tema.
-Hija… ¿sabías que encontré una tienda de pasteles eróticos?
- ¿Dé que me estás hablando? Tú siempre con tus cosas… Dime ¿Cómo está papá?
Su madre se llevó un dedo a la mejilla
-Bueno… él tuvo que salir... Pero apenas llegue le diré que te llamé…
-Mamá…
-Adiós, cariño… Ah, y dale mis saludos al apuesto de Vegeta…
La comunicación se cortó y la muchacha volvió a dejarse caer en la cama.
- ¿mmm?... Mi madre estaba más extraña de lo habitual…
…
Pasaron varias semanas. El saiyajin solo se dedicaba a entrenar, cazando para alimentarse y durmiendo en unas antiguas ruinas de una ciudad. Aún le costaba dominar su transformación. Ésta solo podía mantenerla por algunos minutos, por lo que no era suficiente. No encontraba explicación para ello. Llegó a la conclusión que era porque aún no completaba la unión física con su "motivación".
-Suficiente – dijo y emprendió el vuelo hacia la nave.
Pero cuál sería su sorpresa al ingresar y darse cuenta de que Bulma no estaba. Intentó concentrase en encontrar el ki de la muchacha. Estaba a varios kilómetros de distancia.
-Era de suponerse… Esa mujer no puede estarse quieta…
Se dio un baño y comió algo, decidido a encararla cuando volviera.
Pero eso no pasó. Anocheció y ni rastros de ella. En ese momento comenzó a impacientarse.
-No me importa – se dijo, mientras se paseaba por la sala de controles.
Llegó un nuevo amanecer y Vegeta no había pegado un ojo. El ki de Bulma se había movido varios kilómetros más.
-Maldita desgraciada… No iré por ella, si es eso lo que quiere…
Unos minutos después dejó de sentir su presencia. Eso fue suficiente para que Vegeta sintiera una punzada en su pecho. No aguantó y salió de la nave. La traería de vuelta y le haría pagar cara su falta.
Se elevó por los aires, decidido a hacerse respetar "maldición, seguramente está atrapada en alguna ruina y con lo débil que es no fue capaz de escapar… ¡Me las pagará!¡No tendré misericordia con ella esta vez
