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El primer tesoro
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Hace tiempo intenté llevar un diario. Sabía que no serviría de nada, pero al menos quería anotar los eventos más importantes de mi vida. Con el paso del tiempo, se convirtió en un simple cuadernillo de notas. Simplemente anotaba algunos eventos cuando despertaba y luego lo dejaba tirado.
Finalmente no me importó nada más.
Todavía lo hago de vez en cuando. ¿Has visto las notas por todo el Love? Sí, ya lo has hecho, al menos la del baño y las paredes; la del baño fue la última que escribí. Encuentra la primera, y encontrarás el tesoro.
Lincoln sujetó la nota con cuidado mientras la leía. No podía encontrarle un sentido adecuado, había pasado por una gran cantidad de notas escritas por todas las paredes del Love, pero ninguna que indicara ser la primera. Todas ellas parecían llevar un tiempo, y estaban escritas con un marcador permanente rojo. Era algo perturbador si se las imaginaba por la noche, pero no había tenido tiempo para verlas en ese entonces, había estado demasiado preocupado por Lisa.
Dejó la nota aun lado y miró el contenido de la caja: un pequeño pack con sándwiches y algo de beber. Lincoln no se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que los vio. No estaba seguro de si sería correcto comer algo que le dejó un loco, pero tampoco tenía muchas opciones. Pasar hambre lo hacía recordar los días que pasó durmiendo en la caseta del perro…
Con un suspiró abrió el pack y comenzó a comer.
-La primera nota. ¿Cómo se supone que encuentre eso en este lugar? –Lincoln comenzó su búsqueda en el primer piso. Había encontrado muchas notas, pero ninguna que parecía ser la primera. Todas ellas estaban escritas en las paredes y algunas eran demasiado viejas, o ilegibles como para ser de Nega. Otras usaban palabras que él no necesitaba conocer.
Había estado observando las paredes de los pasillos y las habitaciones, no había muchas en el primer piso; a parte de las dos grandes, sólo había otras dos más pequeñas, y no tenían nada. En el segundo había seis habitaciones medianas, y en el tercero había dos grandes, una pequeña, y la que utilizó anoche. También estaban las habitaciones del personal, y las distintas salas, eso y una puerta cerrada con candado que parecía dar al sótano. Lincoln todavía no había bajado al sótano, y no tenía intenciones de hacerlo. Le daba mucho miedo, y había ruidos raros detrás de esa puerta.
Hace una semana fuimos al cine. La película era mala. No, ya no existe.
Esa nota estaba escrita sobre la pared de las escaleras que daban al segundo piso. Lincoln la leyó con cuidado esperando encontrarle algún sentido, pero no le dio ninguno más del que ya demostraba tener. Era tan aleatoria y extraña como las otras. Algunas notas como esa parecían ser simples recordatorios, otras estaban escritas a lo que le gustaba llamar "estilo Lucy", lo hacían estremecerse. La mayoría simplemente no tenían sentido.
Comenzó su búsqueda por el segundo piso. Parece que las notas de Nega estaban todas hechas con marcador rojo, algunas a lápiz sobre distintos carteles o pedazos de papel que había pegados por ahí. Por ahora, Lincoln no podía encontrar nada que demostrara ser la primera nota de Nega.
Lincoln trató de darle otro sentido a la pista de Nega, pero no pudo. Todo lo que Nega quería es que encontrara la primera nota que hizo al llegar al Love.
Yo soy yo. Yo soy yo. Yo soy yo. ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no alguien más? Ya no importa. ¿Yo soy yo? Ya no hay un yo. Sólo yo.
Esa nota no tenía sentido, y a Lincoln le daba migraña verla. Nuevamente podía sentir docenas de ojos viéndolo fijamente. Era como si todo el edificio estuviera repleto de ojos que se abren y se cierran en las paredes cada vez que él les da la espalda.
Los veo.
Ésa sensación empeoró cuando leyó aquella nota escrita a lápiz en un pedazo de papel casi destrozado pegado a la pared. Comenzaba a sentir un poco de frío, quizás debería regresar a aquella habitación del tercer piso para descansar un poco. Debía de llevar casi una hora buscando con cuidado por todas las paredes. Aun le faltaba la mayor parte del segundo piso y el tercero. No le vendría mal tomar un descanso.
El sonido de llamada de su teléfono lo paralizó en cuando estaba regresando a las escaleras. Era el mismo sonido por defecto que el anterior. Quizás debería cambiarlo, ya comenzaba a volverse algo molesto.
Sus pupilas se contrajeron y todo el miedo del día anterior comenzó a regresar a su cuerpo al ver el nombre de Cristina en la pantalla.
-¿Cristina? No. No puedes llamarme, no después de lo que te hice. –O tal vez quería insultarlo, o saber donde estaba para darle el aviso a la policía. –Maldición. No puedo. No puedo hablarte ahora. –Lincoln aun podía sentir las manos de Cristina tratando de alejarlo mientras la retenía con fuerza. –Lo siento. Lo siento mucho, Cristina. –Con dedos temblorosos presionó el botón de ignorar llamada. Quizás no le hubiera contestado ella, quizás hubiera escuchado la voz familiar de alguno de los policías de antes, aun así, no quería arriesgarse a nada.
No pasó medio minuto antes de que el teléfono volviera a sonar. Lincoln volvió a sacarlo y nuevamente apareció en nombre de Cristina en él.
-Maldición, ya basta. –Volvió a ignorarlo. ¿Debería apagarlo? No quería hablar con nadie de todas formas.
Pasaron alrededor de dos minutos, y lo que le llegó a Lincoln fue el sonido de un mensaje entrante. Lincoln no tenía que verlo para saber que era de Cristina. Tenía demasiado miedo para abrirlo, y por alguna razón no se atrevía a apagar el teléfono.
Recibió tres mensajes más antes de que el teléfono dejara de sonar.
En lugar de descansar, decidió seguir con su búsqueda.
Ya estaba viendo todo el tercer piso cuando encontró algunas notas que habían sido escritas en el piso. Todas ellas estaban escritas con marcador rojo.
Es mi oportunidad.
Lincoln comenzó a seguir el pequeño recorrido de palabras.
¡Es mí derecho!
Algunas de ellas le parecían familiares. Le recordó a los mensajes ocultos entre los signos de puntuación en los mensajes que Nega le mandaba al teléfono.
Estoy cansado.
Algunas frases parecían ser lastimeras y escritas con desesperación.
Tengo miedo. Es fantástico.
Otras parecían ser una completa locura.
Tan diferente. Tan diferente. Tan diferente. Tan diferente.
Aquella palabra se repetía una y otra vez en un pequeño camino que se desviaba hacia las paredes de un lado a otro. ¿A dónde se dirigían? Lincoln las siguió hasta una ventana del pasillo. Había un pequeño papel pegado en ella.
¿Cuántas veces habré saltado?
Lincoln miró la ventana y vio un pequeño callejón afuera. Pudo ver a un perro viejo dormido entre la basura, o quizás estuviera muerto. Lincoln no podría saberlo. Miró su reflejo por el vidrio, y se dio cuenta de un hilo rojo que salía desde su nariz. Se pasó la mano debajo de la nariz y miró la sangre por un momento. Ayer también le sangraba la nariz. Lincoln agitó la mano para desprenderse de la sangre y abrió la ventana. Quizás pudiera encontrar algo si miraba afuera.
Sacó la cabeza con cuidado y apoyándose fuerte por los bordes. Sintió un poco de vértigo al ver hacia abajo, estaba realmente alto. Intentó mirar alrededor mientras buscaba cualquier cosa que pudiera ser un "tesoro", pero no encontró nada más que otras ventanas y los callejones. Por pura curiosidad miró hacia arriba, y se encontró con una pequeña caja que colgaba de una fina cuerda en un pequeño poste sobre su cabeza. Tendrían que haberse parado en la ventana para llegar tan alto, a Lincoln le daba miedo de sólo pensarlo.
Tomó la caja con cuidado y con algo de pánico le dio un fuerte tirón. El nudo parecía ser frágil, porque la caja se soltó al primer intento. El tirón le trajo un sentimiento de miedo y casi dejó caer la caja, pero pudo recuperarse a tiempo para volver a meter los brazos y la cabeza dentro del edificio.
Con un suspiro miró la nota que antes había estado pegada a la ventana.
¿Cuántas veces habré saltado?
¿Ese fue el primer mensaje de Nega? Lincoln no le vio ningún sentido. Tampoco tendría que creer todo lo que un loco escribe. Tomó la caja entre sus manos y regresó a la habitación.
No podía negar que se sentía un poco más relajado en ese pequeño cuarto. Le recordaba mucho a su habitación en casa, claro, antes de que vendieran todas sus cosas y lo dejaran muriendo de frío en el piso. Al final, tuvo que aprender a dormir dentro del traje de ardilla para no morir congelado.
-No necesito recordar eso.
Puso la caja con cuidado sobre la mesa y la examinó un poco. ¿Qué podría contener? Tomando en cuenta quien la había dejado, podría ser cualquier cosa. Incluso alguna parte de cuerpo amputada. Hizo una mueca, ese pensamiento le trajo más preocupación que antes mientras veía la caja. No sabía si debería abrirla. Lincoln tenía curiosidad de que era lo que Nega quería de él, pero le daba miedo descubrirlo.
-De todas formas lo haré al final. –Si Nega cumple su palabra, entonces se verían un mes después del juicio de sus padres. Si es que había juicio después de lo que hizo. –Sólo faltan tres semanas para que ese día llegue. –En ese momento el tiempo le pareció demasiado corto.
-Tengo que hacer esto.
Con su respiración cortada, abrió la caja de Nega.
Simón podía ver que Cristina se sentía muy incómoda al hablar de Lincoln. La chica se removía en el asiento y temblaba un poco, parecía que algo grave había pasado entre ellos, pero Cristina no quería tocar el tema.
Todo lo que Simón sabía era que los dos habían salido el día de ayer, y luego se habían separado en el parque después de ver a una de sus hermanas. Hasta donde sabía, no había habido contacto con ella, pero Lincoln pareció deprimirse mucho cuando la vio. Luego se separaron corriendo. Eso es lo que Cristina le había dicho.
Estaba mintiendo, no hacía falta adiestramiento policía para saber eso.
Algo había pasado, y Lincoln Loud no había regresado a la residencia Suárez anoche. Y ahora estaba desaparecido. Había algunas patrullas buscando por su antiguo barrio y alrededor del parque. Un niño de cabello de nieve no podía pasar desapercibido por siempre.
-Cristina, sé que algo pasó en ese parque. No tienes que tener miedo. ¿Pasó algo con la hermana de Lincoln? ¿Hubo alguna discusión o algún altercado físico?
-N-no. –Cristina negó rápidamente. Su cara se había tornado algo pálida y abrazó un poco su cuerpo. –Sólo… no lo sé, ¿Bien?
-Oficial, ¿Es esto necesario? Mi hija ya le dijo lo que pasó. Quizás debería interrogar a sus hermanas, esas chicas no pueden estar bien de la cabeza. –Susana se sentó junto a su hija y la abrazó. La niña pareció recuperarse un poco al estar en los brazos de su madre.
-Lo siento, pero necesito llenar todos los espacios. –Simón se aclaró la garganta. –Tenemos razones para sospechar que la persona que denuncio el abuso pueda estar… obsesionado de alguna forma con Lincoln Loud. No estamos seguros de a qué grado, pero ha habido ciertos acontecimientos que podrían indicar la presencia de que alguien sospechoso podría estar rondándolo.
-Por Dios. ¿Qué está diciendo? –Susana se cubrió la boca con espanto ante las palabras de Simón. Cristina se sujetó fuerte al brazo de su madre, se le veía más preocupada que asustada. –¿Quiere decir qué alguien está acosando a Lincoln?
-No estamos seguros, pero han ocurrido ciertos acontecimientos…
-¿Cómo el asunto con la pequeña Lily? –Susana se aventuró a decir.
-…No. –Mintió. No había razones para asustar a una familia, mucho menos cuando había una niña presente. –Pero tenemos que asegurarnos de que no sea un riesgo para su seguridad. –Simón miró hacia la puerta de la casa. Habían colocado algunas patrullas en cubierto y algunas cámaras para garantizar la seguridad de toda la familia. –Todavía no estamos seguros de nada, pero estamos interrogando a las personas cercanas a Lincoln para ver si saben algo del tema.
-¿Alguien trata de lastimar a Lincoln? –Cristina preguntó un tanto nerviosa.
-No lo creemos. Pero todo parece estar relacionado con él de alguna forma. –No sabía si debía decir mucho o no, pero necesitaba que Cristina se abriera y le contara lo que estaba ocultando. –Su hermana menor, Lisa Loud, parece estar perdida desde el día de ayer. Todo lo que se sabe es que tomó un autobús directo aquí, y de ahí no se sabe sobre su paradero. Estamos tratando de llevar el caso con discreción, incluso entre sus familiares. –Uno nunca sabía quién podía estar involucrado, así que le pidieron a Ruth que tratara de guardar silencio hasta que supieran algo. –Por eso… –Se encorvó un poco en la silla. –Cristina, si hay algo más que quieras decir, podrías sernos útil.
Cristina retrocedió un poco mientras balbuceaba algunas palabras. Parecía dudosa.
-Oficial, lo que me dice es terrible, pero está asustando a mi hija. –Abrazó más fuerte a Cristina. –Y a mí también si quiere mi opinión.
-Lo lamento. Sé que esto debe ser difícil para ustedes, pero no teníamos ni idea de que las cosas pudieran llegar hasta este punto cuando el caso empezó. –Nunca creyeron que un caso de abuso infantil pudiera crecer así. Alguien en las calles parecía estar matando personas relacionadas con la familia Loud. –Puedo asegurarle de que usted y toda su familia están totalmente a salvo.
-¡Wincoln!
Una pequeña bebé entró gateando. Estaba usando un vestido amarillo que fue forzado en su cuerpo por Susana, y tenía una sonaja en su mano. Se acercó hacia las tres personas en la sala. –Giego Wincoln. ¡Winclon! –Gritó fuerte.
-Lily, tranquila. Lincoln estará bien. –Susana se separó de Cristina y levantó a Lily en sus brazos. –La pequeña ha estado muy alterada desde que su hermano no regresó anoche, y creo que ya a pasado por mucho para tener que escuchar esto oficial.
-Lo lamento. –Se levantó. –Creo que lo mejor será que me una a la búsqueda. –Sacó una libreta y comenzó a escribir su número personal. –Cristina, si sabes algo, o quieres hablar de algo, ¿Podrías llamarme? –Le tendió el número a Cristina.
Cristina miró el pedazo de papel con dudas antes de tomarlo.
-Lincoln… ¿Estará bien?
Simón dejó salir una sonrisa fingida, algo que había aprendido a dominar con el tiempo. –Sobrevivió a una familia abusiva, creo que estará bien.
-…No era como él.
-¿Disculpa?
Cristina presionó con fuerza el pedazo de papel y llevó sus puños sobre sus rodillas. –No era como Lincoln. –Dijo con algo de esfuerzo. –Era diferente. Al principio era él, pero luego ya no.
Simón se arrodilló hasta estar a la misma altura que Cristina. –Cristina, ¿Algo malo pasó… con Lincoln? ¿Te lastimó de alguna forma? –Levantó la mano para impedir que Susana pudiera interrumpirlos.
-No. Lincoln no. –Dijo un poco alterada. –No era Lincoln, creo. No lo sé. Era diferente. Comenzó a actuar diferente… desesperado, y su nariz estaba sangrando mucho. –Se estremeció un poco. –Me dio miedo.
-¿Su nariz estaba sangrando? –Simón preguntó. –¿Pasó algo malo con Lincoln, Cristina? ¿Qué hizo Lincoln en ese momento?
-…Fue violento.
-Cristina. –Susana se acercó preocupada. Pero nuevamente Simón la detuvo con un movimiento de la mano.
-¿Qué tan violento? ¿Qué te hizo, Cristina? –Cristina pareció temblar cuando le preguntó eso. –Está bien, soy policía, mi deber es proteger a las niñas lindas como tú. Dímelo, por favor.
La boca de Cristina tembló mientras la abría. -…Nos besamos.
Simón levantó una ceja al escuchar eso, Susana no supo que decir, y Lily entrecerró los ojos mientras presionaba más fuerte su sonaja.
-¿Se besaron?
-¿Se besaron? ¿Tú primer beso? Oh, Cristina. Eso es tan lindo. –Susana sonrió mientras se acercaba para abrazar a su hija. Pero nuevamente fue detenida por Simón, esta vez algo exasperado.
-No terminó bien, ¿Verdad? ¿Trató de hacerte algo más?
-No. –Cristina lo miró con seriedad. –Nada. Nos besamos, y Lincoln comenzó a llorar mientras… mientras me presionaba fuerte. Creo que algo le dolía… fue cuando su nariz comenzó a sangrar. Algo malo le estaba pasando… –Hizo una mueca y desvió la mirada. –Me asusté y corrí.
-¿Eso es todo, Cristina?
Cristina no respondió, sólo se mordió el labio inferior y se negó a hacer contacto visual mientras cerraba más fuerte sus piernas y presionaba su vestido con fuerza.
-Oficial, por favor. Está incomodando a mi hija. –Susana se acercó un poco más, y esta vez no se detendría ante una simple señal. –Creo que ya nos ha asustado lo suficiente, tendré que pedirle que se retire.
Simón resopló mientras se levantaba.
-Lamento haberlos incomodado, sólo quería ponerlos sobre aviso. Nosotros nos encargaremos del resto, mientras tanto manténganse atentas ante cualquier persona sospechosa.
-Lo estaremos, ahora, por favor. –Señaló la puerta con una mano.
Antes de irse miró a Cristina otra vez. –No pierdas mi número. Y avísenme si saben algo sobre Lincoln.
Cristina asintió sin verlo.
NA: El juego continúa y la policía ya está buscando a Lincoln, aunque no por las razones que Lincoln puede creer. Hablando de Lincoln, parece que encontró el primer tesoro de Nega. ¿Qué contendrá aquella pequeña caja?
