Isabella Swan vive en su propio mundo de lujos y riquezas, un mundo creado por su propio marido... un mundo carente de felicidad. Uno de sus custodios personales ¿podrá ser capaz de darle la felicidad que ella desea?
Estrés
Caminé por los pasillos con una mano sobre mi vientre, estaba en fecha… es decir, tendría que estar cuidando mi estado en reposo porque estábamos esperando que en cualquier momento se presenten las contracciones y el trabajo de parto, pero estaba aquí, con Edward custodiando mi lado con su mano en mi baja espalda y Emmett detrás de mí siguiendo mis pasos.
_¿Estás segura de esto Bella?_ preguntó Edward con la duda en sus ojos. Él era el que más se oponía a venir a la empresa en mi estado, pero tanto Emmett como yo queríamos terminar con esto de una vez. Había pasado una semana desde que había descubierto los contratos en su caja fuerte, ahora quería saber qué más escondía Benjamin Plath que lo comprometía. El doctor Stephan había sido detenido por aceptar sobornos y Benjamin estaba siendo custodiado por el FBI a pesar de que ya estaba desuseado y no podía moverse aún a propia voluntad.
_Estoy segura_ dije mirándolo con determinación, mi niño no había dado signos de querer salir, por lo que podía hacer esto.
_Mi amor… podemos hacerlo luego-
_No, Edward ¿y si no hay luego?_ pregunté con urgencia. Benjamin estaba en las últimas, Emmett me había presentado un buen abogado que estaba llevando a cabo mis papeles de divorcio, si Dios me lo permití estaría divorciada de Benjamin antes de que él… muriera.
Edward se resignó a seguirme pero aún podía ver su mirada obtusa y seria en su cara. Él no entendía lo importante que era para mí tratar de encontrar cualquier prueba que adelantara mi divorcio y por sobre todas las cosas que aclarara la situación con la empresa.
El ascenso en el elevador se hacía eterno, quería llegar a la oficina ya y tratar de buscar lo que pudiera comprometerlo, Edward respiraba tranquilo a mi lado y su mano dejaba una suave caricia en mi baja espalda, tal vez tratando de reconfortarme,
_¿Por qué estas preocupado?_ le pregunté mientras subíamos, Emmett hablaba con alguien de la oficina central y a penas podíamos escucharnos con sus vozarrones.
Edward inclinó su cabeza a mí, sus ojos fijos en los míos y con un suspiro comenzó a hablar.
_No quiero que te expongas Bella_ dijo con vehemencia _estás en tu fecha de parto, hubiésemos podido esperar amor, no quiero ningún sobresalto más ni para ti ni para mi niño._
_Ok… te prometo entonces que después de esta no habrá otra vez que me exponga y guardaré reposo_ murmuré recostando mi cabeza en su hombro, sentí un beso sobre mi cabello y su suspiro.
_Solo quiero estar contigo tranquilo bebé, disfrutar de estos días juntos, Emmett puede hacer frente a todo esto y tu dedicarte a esperar a nuestro bebé_
_Quiero terminar con esto lo antes posible amor, entiéndeme_
Él besó nuevamente mi cabello y suspiró frustrado.
_Claro que entiendo, solo… desearía poder protegerte de todo esto_
Oh dios… también deseaba estar solo con él, juntos en nuestro refugio, aislados de todo y esperando a nuestro hijo, pero necesitaba hacer esto.
Llegamos a nuestro piso y salimos del elevador, pronto Edward detuvo todo contacto conmigo apartando sus manos de mi cuerpo, sentí un escalofrío por la falta de contacto, pero comprendía que era porque habíamos entrado en el área de visión de todos los empleados que trabajaban en esa planta y se suponía que aún tenía un marido que, a demás, estaba moribundo en la habitación de un hospital.
En cuanto todos los que estaban y que no habían salido a almorzar, me vieron llegar, se detuvieron a mirarme no más que unos segundos para luego seguir haciendo lo que hacían, llevar carpetas, tipear sobre un teclado, hablar por teléfono. Pero sentía sus miradas sobre mí.
María estaba buscando archivos en un archivero y no me vio llegar.
_Buenos días Maria_ murmuré deteniéndome frente a su escritorio, ella dejó lo que estaba haciendo y volteó rápidamente.
_Señora Isabella!... es una… sorpresa_ murmuró nerviosamente. _hace mucho que no venía por aquí…_
_Si, tengo que solucionar algunas cosas…¿puedes decirme quién está en lugar de Benjamin, no se me ha informado…_ murmuré encaminándome a la que agúna vez por un corto tiempo había sido mi nueva responsabilidad. Maria caminó conmigo hasta el despacho,
_El Señor Tayler se ha hecho cargo de la presidencia, el señor Plath le ha dado la orden de hacerlo, la Señorita Victoria lo ha estado ayudando… Señora, no sé si usted puede entrar aquí, el señor Plath ha dado órdenes que no entre al despacho nadie más que ellos_
Me detuve en seco mirándola con la mayor superioridad que junté,
_Soy la esposa de Benjamin y hasta que él no me diga lo contrario, seguiré viniendo…_
_Pero ellos Señora…_ murmuró nerviosamente señalando con la mano a Edward y Emmett que me custodiaban de atrás.
_Son amigos, solo me están acompañando_ murmuré caminando otra vez al despacho. Ella no protestó y entré al despacho.
Estaba igual que siempre, el mismo juego de sofás, los mismos ventanales de cara a la ciudad de Seattle, el mismo sillón de cuero detrás del escritorio de madera tallada. Mi mirada rebuscó por todo el despacho buscando el rincón donde Benjamin guardaría una caja fuerte. Me acerqué detrás del escritorio abriendo cajones y mirando los archivos que estaban descansando arriba, Tayler o Victoria habían estado trabajando en ellos antes de salir a almorzar.
Alcé la mirada cuando oí otros ruidos y vi a Emmett buscando en la biblioteca detrás de los libros y a Edward mirando fijamente los cuadros que estaban colgados en la pared, entre ellos la imagen que tanto me había sobresaltado el día que entré aquí, yo mirando al horizonte vestida de novia mirando la puesta de un sol con esperanza.
Continué buscando en los cajones por un indicio que me diga qué debía buscar,
_¿Crees que es demasiado tarde? Tal vez Victoria o Taylor resguardaron los documentos y los sacaron de aquí_ murmuré a Emmett mientras él sacaba libro tras libro. Él negó con la cabeza.
_No lo sé, tal vez… pero considerándolo tal vez el hijo de perra escondió todo en alguna caja fuerte privada de algún banco…_
_Mierda…_ susurré cuando abrí el último cajón y no encontré más que cosas insulsas y sin importancia.
Alcé la mirada a Edward, él seguía mirando mi retrato con una mirada indescifrable. Despacio y sin prisa se fue acercando a la foto, alzó su mano y tomó el marco sin antes acariciar con las yemas de sus dedos mi rostro… él apartó el retrato de la pared y este se abrió como un libro.
Claro!... detrás del marco quedó al descubierto una pequeña caja fuerte similar a la que había en su despacho en la casa. Maniobré para levantarme de la silla detrás del escritorio y fui hasta Edward, Emmett me siguió cuando vio lo que Edward había hecho.
_Vaya… Bella era la clave_ murmuró mi amigo con una sonrisa. Su mirada brillaba, estábamos cada vez más cerca de destapar los trapitos sucios de Benjamin, supongo que eso para un agente del FBI, el alcanzar el objetivo, era como un premio a su esfuerzo o más… Emmett estaba exaltado literalmente.
Me paré frente a la caja fuerte y lo primero que hice fue poner el código que había resultado en la otra caja fuerte del despacho de su casa.
Bella.
La luz roja parpadeo a verde… la caja estaba abierta.
_Oh mierda, sí que es predecible_ bufó Emmett, me acerqué a la caja abierta y saqué su contenido con ayuda de Edward. Eran carpetas de folio y algunos otros documentos contenidos en sobres cerrados, _estos que están aquí dentro tenemos que ver, Bella… ¿los abro o quieres hacerlo tú?_
_Hazlo_ susurré mirando el interior de la caja fuerte, había un pequeño cofre que parecía un alhajero, lo tomé y dudé en abrirlo ¿por qué tendría algo como esto en la caja fuerte de su empresa y no en la bóveda de un banco?.
Sentí los brazos de mi custodio alrededor de mi cintura y luego posarse sobre mi vientre y sus labios en mi cuello, él miraba sobre mis hombros… _tengo miedo de saber lo que hay aquí dentro_ dije en un susurro. Sentía la rasgadura de papel detrás de mí y sabía que Emmett estaba dedicándose a investigar.
_Haz lo que te haga sentir más cómoda amor, yo estoy aquí…_ sus palabras me dieron valor y abrí el pequeño cofre, dentro había solo una joya y una carta doblada hasta quedar del tamaño de un puño. Tomé la joya que era algo así como un relicario, mis dedos temblorosos se situaron en la abertura y con mucho cuidado lo abrí. Lo que vi adentro simplemente me dejó pasmada.
_¿Por qué él tiene esto?_ susurré con una furia renaciente en mi interior. Aún los recordaba… a pesar de que los había enterrado en el fondo de mi mente, aún al mirarme en el espejo los recordaba. Dos pares de ojos me miraban de la imagen del interior del relicario, un par marrones chocolates y otro grises como un día nublado. Mi padre y mi madre, cuando ella estaba viva… un pequeño bulto en su regazo, una pequeña bebé recién nacida… yo. _¿por qué lo tiene?..._ repetí indignada. Edward sacó la pequeña hoja del cofre y la puso frente a mí sin desdoblarla,
_La quieres leer?_
Pensé un minuto, no quería saber lo que decía, sin embargo la imperiosa necesidad de leerla me embargaba. Negué suavemente esperando tener un momento a solas para hacerlo después.
_Luego_ susurré guardando el relicario en el pequeño cofre, Edward devolvió la hoja a su lugar a un lado de la joya y sequé la lágrima solitaria que se había deslizado por mi mejilla. Sentí un suave beso en mi sien, Edward estaba conmigo…
_Oh por dios…_ la voz victoriosa de Emmett nos sacó de esa burbuja y volteamos a verlo, él estaba sentado en el sofá de cuero blanco con la cantidad de archivos que estaban contenidos dentro de los sobres, arriba de la pequeña mesa de café. Sostenía una carpeta entre sus manos y sus ojos leían frenéticamente,
_Edward… lee esto_ extendió una de las carpetas a Edward y él las tomó situándose a su lado. El silencio en la habitación era roto solo por el sonido de las hojas al voltearlas o las maldiciones de Emmett.
En seguida mi amor rastrilló su cabello con una mano sin separar la mirada de las hojas en su otra mano,
_Son los movimientos bancarios con los que transfirió sus acciones, los montos son extravagantes… está la firma de Victoria y la de él, pero ninguna de los socios… ni de Bella_ dijo casi en un susurro. _Emmett esto es lo que buscábamos_ murmuró mirando a nuestro amigo, él sonrió asintiendo y le tendió una nueva carpeta. Edward la tomó y comenzó inmediatamente a leer, Emmett me dirigió una mirada cautelosa y Edward cerró la carpeta con la mandíbula apretada y su mirada fija en la mesa. _La leeré después, revisa y luego de que encontremos todo vámonos de aquí_
Edward apartó el archivo a un lado pero teniéndolo cerca y siguió revisando las demás carpetas. Tuve la curiosidad de ir hacia esa carpeta y ver de qué se trataba pero una mirada de Edward me detuvo, de inmediato supe que tenía que esperar.
Quince minutos más tarde Emmett estaba satisfecho de todo lo que habían encontrado, mientras yo sostenía reverentemente mi cofre pequeño entre mis manos.
_Aquí hay de todo…_ murmuró Emmett tirando la carpeta cerrada sobre la mesa _desde fraudes empresariales hasta liquidaciones sospechosas… hay muchos testigos que pueden aportar a la causa, fueron obligados a renunciar cuando encontraron cosas sospechosas en el manejo de la empresa, Benjamin los silenció con pagos y contratos. Pero lo más importante, tenemos esto_ dijo acariciando como al lomo de un gato, al archivo en que se especificaba el traspaso de ciertas cantidades de dinero y acciones al nombre de Victoria y a otros bancos extranjeros.
_Tenemos con qué ordenar la detención o al menos la declaración de la mujer_ dijo Edward juntando los archivos uno a uno y metiéndolos en el maletín que habíamos llevado.
_Lleva a Bella al departamento, pediré la presencia de otros agentes y lo haremos ahora mismo, no debemos arriesgarnos que ella tenga la posibilidad de huir, la firma de Tayler también está en algunos archivos… lo detendremos también_
_Pero… ¿qué pasará con todos los empleados? ¿con la empresa?_ pregunté recordando a los empleados que me habían servido en la casa, Sam y Claire, ellos a demás habían sido buenos amigos y me daba pena con lo fuera a sucederles, a demás de aquellos que trabajaban en la empresa ignorando lo que Benjamin había hecho por años.
_La justicia decidirá qué sucederá con la empresa Bella, seguramente Benjamín será procesado por lo que se le inculpe, la empresa pasará a otras manos y lo más seguro Bella, serás tú la que la lleve adelante o la que decida qué hacer con ella. Cuando todos estos fraudes se descubran, Victoria, Taylor y Benjamín serán los únicos implicados… tú quedarás limpia. Lo harán pagar, pero no quedaras con las manos vacías, lo que quede de las acciones quedarán en tus manos. Es lo más lógico._
_Pero yo estoy procesando el divorcio… ¿cómo podrá quedar en mis manos? Yo no quiero nada…_
_Eres por derecho su esposa y aún luego del divorcio te corresponderá gracias al contrato prenupcial que él mismo modificó… Bella, aquí hubo un solo traidor y es él_
_Pero, no quiero su empresa, no quiero su dinero…_ refunfuñé, había decidido que saldría adelante por mis propios medios y los de Edward, pero Benjamin seguiría aún después de nuestro divorcio, cargando mis espaldas con lo suyo…
_Bella, amor… haz lo que desees con la parte que termine perteneciéndote, si no lo quieres, vende tu parte, dónala, retribuye a quienes queden sin trabajo gracias a él… no tienes obligación de quedarte con lo que no desees_
Edward tenía razón, podía hacer muchas cosas con ese dinero o con la parte de la empresa que quedara en mis manos, si es que quedaba algo… Benjamin mismo se había encargado de poner todo en manos de los bancos y la justicia.
Tomé la mano que me ofreció y me ayudó a levantarme del sofá. Emmett caminó detrás nuestro hasta la puerta mientras hablaba por teléfono, llamaba a otros agentes. Edward me encaminó hasta la puerta y me detuve antes de salir,
_¿No quieres quedarte aquí con él? Yo… puedo ir sola hasta el departamento o llamaré a Rose que me acompañe_ susurré
_No cariño, voy contigo… tengo que mostrarte algo_ murmuró con seriedad. Me estremecí con su mirada, era una mezcla de pena y cautela pero supe que tenía que ver con la carpeta que él llevaba en su mano en ese momento. Asentí y dejé en manos de Emmett y su gente el resto de la investigación y el careo con los involucrados. Victoria estaría volviendo del almuerzo en cualquier momento y también Taylor y a pesar de que quería escuchar lo que tenían para decir, no deseaba y no estaba de ánimos para encontrármelos ahora mismo.
Edward me abrazó en cuanto entramos al elevador, me sentía cansada y mis piernas me estaban pasando factura, solo quería llegar a nuestro refugio y abrazar a mi amor sobre la cama para dormir en su pecho.
_Voy a buscar el auto_ dijo él cuando llegamos a la salida del edificio. Asentí cuando él me besó en la frente y lo vi salir por las puertas para caminar hacia el estacionamiento, Emmett había quedado en la recepción esperando por sus colaboradores que pronto estarían aquí y comenzar con el interrogatorio. Sabía que se estaba saltando muchas reglas, pero qué más le daba… el era el jefe del FBI en Seattle, eso simplemente le daba la libertad como para hacer las cosas como él las viera adecuadas.
Me abracé a mí misma, el viento de la mañana de los últimos días del invierno aún eran fríos aún con el sol de la tarde en el cielo. El vestíbulo se estaba llenando de trabajadores que volvían de almorzar, algunos me reconocían y me saludaban con sorpresa.
Mi corazón comenzó a tronar cuando vi bajar de un taxi una mujer con cabellera pelirroja como el fuego, ella caminó a través de la acera con la cabeza gacha y cuando llegó a las puertas levantó la cabeza fijándose en mí que esperaba allí, ella prácticamente se petrificó al verme. Una mano se detuvo sobre la otra mientras se sacaba un guante y su cabello se agito en el viento frio, sus mejillas palidecieron al instante,
_Victoria_ murmuré con frialdad. Todo lo que Edward me había dicho de ella retornó a mi mente, sus intenciones de quedarse con lo que me correspondía, el sucio plan junto a Benjamin, de quedarse con mi hijo mientras yo pagaba por los errores de mi marido. El odio y aborrecimiento repentino embargó mis pensamientos. Ella dio un paso atrás… _¿tienes el valor de querer quitarme a mi hijo y todo lo que es por derecho mío y no tienes la cara de enfrentarme?_ dije con todo el valor que reuní en ese instante… nadie tocaría a mi bebé…
_Isabella, yo…_
_Tú nada victoria_ murmuré por lo bajo tratando de contener las ganas de gritarle en la cara, evitando que todo esto se convirtiera en un escándalo público _se todo, todo lo que tú y Benjamin planearon para mí… ¿cómo eres capaz de involucrarte en algo así?_
_No sé de qué estás hablando_ murmuró cambiando totalmente su cara de inocente a lo que en verdad era, una víbora. Ella caminó rodeándome y entró al edificio sin mirarme, tomé su brazo para detenerla y ella volteó a mirarme exaltada. _No te atrevas a tocarme, no tienes pruebas de nada de lo que tratas de involucrarme… Benjamín tenía razón, eres una psicótica que necesita llamar la atención. Acusándome de cosas que nunca haría ¿así piensas hacerlo? ¿Quién desea el hijo de una loca?_ escupió.
Dolió…
¿Todo eso había dicho Benjamin de mí? ¿Tan caradura era para tratarme de loca a mí?...
_No te atrevas a insultar a mi hijo porque no lo voy a permitir_
_Entonces suéltame_ gruñó ella, tomó mi muñeca con su mano y clavó sus uñas en mi piel alejando mi mano de su brazo. Se acercó un poco a mí y tocó con su otra mano el tope de mi vientre, jadeé por el contacto…
_No me toques_ jadeé.
_No eres ninguna mosquita muerta, sé lo de tú y tu amante… por cierto… interesantes fotos Isabella_
Una mano rodeó mi cintura y otra tomó la de ella con fuerza apartándola de mi vientre, ella gimió de dolor…
_Suelta en este mismo momento o te juro que no me importará que seas una mujer, aunque termine en la cárcel…_ dijo Edward a mi lado, su voz fría y llena de odio me estremeció. Ella alzó su mirada y lo vio, Emmett apareció detrás de ella y la tomó de los hombros obligándola a que dé un paso hacia atrás, lejos de mí… ella ahogó un grito pero palideció cuando vio la placa que Emmett ponía frente a ella.
_Emmett Mc Karty Señora Weber_ dijo él a su oído cerrando su identificación luego que ella la vio _permítame escoltarla hasta su oficina, tenemos muchas preguntas que hacerle…_ detrás de Emmett habían al menos dos agentes más del FBI, vestidos de traje como mi amigo.
_No pienso responder nada sin mi abogado…_ murmuró ella con determinación.
_Créame señora, su abogado estará presente_ Emmett le señaló con la cabeza las puertas del ascensor donde estaba Tayler esperando con un agente más, el abogado de mi esposo al verme bajó su mirada… parecía avergonzado. Bien… era hora de que paguen por sus errores.
Victoria no le quedó otra que seguir a Emmett hasta donde los demás esperaban en las puertas del ascensor. Edward no soltó mi cintura, contrario a eso, se aferró a mí y me obligó a caminar fuera del edificio.
Caminó rápido hasta que llegamos al auto estacionado en la calle, abrió la puerta del acompañante y me ayudó a subir, frenéticamente abrochó mi cinturón de seguridad, aún con la mandíbula apretada. Él se detuvo y con suavidad tomó mi mano, rastrilló sus dedos sobre mi muñeca y siseé…
_Esa perra…_ gruñó bufando. Las uñas de ella estaban clavadas en mi piel, pequeñas medialunas surcaban la superficie dejando rojiza la piel. _¿Te hizo algo más? La vi con su mano en tu vientre… Bella, dime si te-.
_No, nada más… solo, me clavó las uñas, solo eso_ dije recordando lo doloroso de sus palabras. Eso había dolido más que cualquier herida física. Edward suspiró cerrando los ojos y acariciando mi vientre suavemente antes de besarlo _amor, has aguantado tanto… mierda!... no saldrás otra vez de ese departamento, te tendré secuestrada ¿me has entendido?_
Asentí con una sonrisa, no quería otra cosa que ser retenida por mi único amor. Él sonrió suavemente entes de besar mis labios.
_Te amo_ susurró sobre ellos. Gemí de gusto, sus besos me dejaban desmayada…
_Yo también_ murmuré antes de besarlo una vez más.
***O***
_Tengo que parar_ gimió sin separarse,
_Mmhmm._ respondí distraídamente. Sentí sus dedos aferrándose a mi cadera con ansiedad, su cadera se alejaba cuando en realidad lo único que quería era fricción contra mi cadera, era incomodo… pero no imposible.
_Bella_ gimió una vez más. No quería que se alejase, para nada… él me hacía olvidar todo y caer en esa burbuja en la que solo existíamos él y yo… y las patadas esporádicas de mi niño. _Oh dios…_
Mi mano tenía vida propia, se deslizó entre nuestros cuerpos sorteando mi vientre y llegando hasta su entrepierna, dios… cómo lo había extrañado. Por supuesto él estaba excitado, qué más decir… absolutamente erecto allí abajo. Mi lengua continuaba invadiendo su boca como una posesa, su mano seguía acariciando mis pezones sensibles duros como diamante.
Era increíble de qué manera nuestros cuerpos se reconocían luego de la larga separación, el deseo estaba allí, la lujuria, la misma pasión. Mis manos no podían detenerse, ni las suyas… estaban por todos lados, una escavando en mi cadera y deseando ir más allá y la otra en mi pecho endureciéndolo todo.
_Edward_ gemí cuando liberé su boca, sus labios continuaron besando húmedamente la línea de mi mentón y mi cuello, la mano que estaba en mi cadera buscó la orilla de mi falda y se deslizó por mi piel hasta llegar a mi centro…
Hacer el amor con una embarazada… al parecer Edward no tenía prejuicios con ello. Él estaba tan excitado como yo, solo que temía.
_Dicen que… a una embarazada no se le niega nada_ dije suplicante.
_No… no puedo bebé… estas muy avanzada_ gimió dolorosamente. Sentí su respiración agitada sobre mi cuello y su mano acariciando lánguidamente mi clítoris hinchado encima de la tela de mis bragas.
_ No me digas que crees en eso que tu… pene toca la cabeza del bebé…_
_Oh cielos, Bella… no_ murmuró jadeante _pero, oí… que un orgasmo puede acelerar el trabajo de parto_ gruñó al sacar su mano de mi clítoris y jadeante dejó escondido su rostro en mi cuello _mierda!_
Se separó de mí y dio vuelta sobre su espalda, su mirada fija en el techo… mis ojos buscaron su entrepierna y gemí juntando mis muslos… oh diablos! Él estaba tan duro.
No supe cuanto tiempo estuvimos acostados calmando nuestras respiraciones,
_Eres malo_ susurré con un puchero _muy malo_ él rió cerrando los ojos.
_Por dios Bella. ¿Tienes una idea cercana a lo que me haces nena?... no, así que no digas que aquí el malo soy yo_ reímos de nuevo.
Estaba feliz de que aún con semejante panza de nueve meses consiguiera excitarlo a tal punto. Pero realmente frustrada. Traté de pensar en otras cosas para calmar el deseo de mi centro que parecía arder de calor y respiré profundo.
_¿Qué es esa carpeta que encontraste y que apartaste para traerla tú en tus manos_ murmuré mirándolo. Él se tensó de inmediato y supuse que no era nada bueno, frunció el seño y meditó por unos segundos,
_No creo que sea bueno que lo sepas ahora_ dijo levantándose abruptamente de la cama.
_¿Por qué?... estoy embarazada, no débil de mente Edward… ¿también me trataras como psicótica?_ murmuré enojada. Él se detuvo en la puerta y vi los nudillos de sus manos volverse blanco cuando apretó el marco de la puerta… le había contado lo que Victoria me había dicho.
_No… solo… deseo protegerte_ dijo con voz fría.
_¿Protegerme de qué?... Benjamin no me destruyó aún con todo lo que me hizo… ¿qué mas puede ser peor?_
Lo oí suspirar frustrado y salir por la puerta, pensé que no iba a volver más, pero a los cinco minutos volvió con dos cosas en sus manos. En una llevaba la carpeta que había encontrado y que se había quedado para él y en la otra el pequeño cofre de madera que contenía el relicario de mis padres… oh cielos, lo había olvidado.
_¿Están relacionadas ambas cosas?_ murmuré vacilante, él asintió sentándose en la orilla de la cama. Bajé mis pies al suelo y me senté a su lado, él colocó la carpeta sobre mi regazo.
Si estaba relacionado me imaginaba lo que era. Si Benjamin estaba acostumbrado a realizar contratos en la época en que me conoció, seguramente era algo relacionado al intercambio que mi padre había hecho por dinero con Benjamin.
Lo abrí con dedos temblorosos, por supuesto era un contrato y por supuesto estaba mi nombre allí.
_No quiero leerlo_ dije negando con la cabeza, Edward tenía razón… no quería salir más lastimada.
_Léelo… tal vez, sea para bien_ dijo con voz suave, él acarició mi mano temblorosa y besó mis nudillos. Confiaba en él… comencé a leer.
Era un contrato, pero se especificaba la empresa que tenía mi padre en ese entonces con detalles, era una empresa familiar, no era gran cosa como la que tenía Benjamin, mi padre tenía un negocio de insumos de pesca, pero lo bueno era que tenía tres locales del mismo rubro entre Portland, Seatlle y Port ángeles.
Continué leyendo… había una serie de embargos e hipotecas, mi padre había comenzado a venderlo todo en algún momento, no especificaba por qué. Pero en el espacio de un año perdió todo… quedando solo con la casa en la que vivíamos él y yo.
Figuraba el nombre del padre de Benjamin por lo que supuse que el arreglo había sido entre él y mi padre… aunque como único benefactor mío había figurado siempre Benjamin.
El hecho es que más adelante comencé a ver una recopilación de estudios médicos, estudios del corazón, uno tras otro… electrocardiogramas y una serie de resultados de distintas cirugías, fue en la época que yo estaba en Europa estudiando. El nombre a quien se les había ejecutado todas esas clases de pruebas era Charlie Swan, mi padre.
_Por dios…_ gemí tapándome la boca. La mano de Edward acariciaba mi espalda suavemente. _él estuvo enfermo_
Continué ojeando el contrato leyendo con mayor interés, mi padre había descubierto que sufría una trombosis en el corazón. Él había perdido todo para poder hacerse tales estudios y cirugías, vendió sus negocios, hipotecó la casa… él quedó literalmente en la calle y encontró mi benefactor.
Benjamin y su padre se hicieron cargo de mí, mis estudios en Europa, mi continuidad con la carrera, mi estabilidad económica y distintos privilegios. Benjamin ayudó a mi padre a no quedar en la banca rota a cambio de encargarse de mí, yo había sido el pago.
_Hizo lo mismo_ gemí sin poder creerlo. Releía los papeles una y otra vez y no podía creerlo, Benjamin Plath había hecho lo mismo que hizo con Edward. Él dejaría a un padre sin su hijo, como lo hizo con el mío… _¿Por qué?_ susurré tragando el nudo en mi garganta.
El final del contrato tenía la firma de Charlie y Benjamin, él le traspasaba mi patria potestad a un único tutor, Benjamin, a cambio del dinero suficiente como para que mi padre, Charlie Swan evitara la quiebra absoluta. Él había hacho lo mismo, el hijo de puta había hecho lo mismo!... había hecho renunciar a mi padre su paternidad!. Lo único que me había dejado era su apellido, solo eso… pero nunca volvería a su lado y mi padre no tenía derecho de reclamación, porque había firmado.
Oh dios…
_Mi padre estuvo enfermo… él hizo lo mismo que te hizo a ti, él hizo lo mismo! Oh mi dios…_ gemí dolorosamente. Sentía las lagrimas apretujando mi garganta… no podía creerlo. _jugó con la desesperación de los demás… ¿por qué?_
_Por eso amor, porque la desesperación te ciega…_ murmuró Edward a mi lado.
_Pero… él siempre dijo que mi padre me había cambiado por dinero porque le gustaba apostar y había perdido todo, siempre me dijo que me había cambiado por un poco de dinero… Edward!, mi padre estuvo enfermo, él… él estaba enfermo y solo, mi madre muerta y yo era lo único que tenía_
_Si moría tú irías a un orfanato… él no quería eso_ murmuró con voz áspera. Lo miré con mis ojos bien abiertos…
_Cómo lo sabes?_ gemí.
_Amor… lee la carta_ dijo simplemente dándome ahora la pequeña cajita de madera.
Mis manos temblaron al tomarla y abrí la tapa, el relicario aún estaba allí… y también la carta. En seguida la saqué de allí y la desdoble, sentía la caricia de la mano de Edward en mi espalda cuando comencé a leer… la letra estilizada de mi padre me traía de repente tantos recuerdos.
Mi niña hermosa… Isabella.
No sé si esto llegue a ti cariño, no lo creo… se encargarán de que no llegue. Solo… si algún día lo lees, quiero que sepas que aún y nunca renunciaré a ti. A pesar de lo que un contrato diga…
Seguramente me olvidarás y crecerás odiándome por las mentiras que te dirán, pero cariño… no tenía otra opción. Mi único pecado fue haber enfermado y haber conocido a un hombre que por su hijo es capaz de cualquier cosa, incluso pedirle a otro padre que renuncie a serlo. Llevas mi apellido, pero aún así no tengo derecho a reclamar algo que cedí… mi responsabilidad legal.
Te tuve entre mis brazos, te concebí, tengo pruebas de ello… miles y cientos de fotografías, mi eterno amor… pero no será suficiente para devolverte a mí, ese hombre se aseguró que nunca lo hiciera. Es un buen negociador y a pesar de todo, sé que en sus manos estarás bien.
Perdona por el dolor, sé que no lo mereces… hubiese preferido morir antes de haber firmado, pero entonces tú hubieses quedado sola y en un orfanato… no, no lo permitiría. No llevarías esa vida errante y en soledad… y lo único que le pedí a dios al firmar, fue que te permitiera algún día ser feliz. Ojalá y lo seas.
Me despido mi niña, se que tendré una nueva oportunidad de verte pronto, tal vez en tu boda… he rogado por ello y espero se me conceda. No estés triste, perdí todo… menos la satisfacción de saber que tú estarás bien… gracias por llevar mi sangre, es lo que te hace una verdadera Swan.
Te amaré siempre…
Tu padre
_Oh dios… oh… mi dios_ gemía entre lágrimas. _Hizo lo mismo! Edward… hizo lo mismo que deseabab hacerte a ti!... ¿¡Hasta donde llega su obsesión enfermiza?... oh dios… papá_
Sequé mis lágrimas y me paré de la cama,
_Bella aguarda!_ murmuró Edward en algún lugar detrás de mí. Di unos pasos hacia la puerta de la habitación… _no, tengo que verlo… tengo que saber que todo esto es cierto, tengo que ver a mi papá!_
Pero entonces al sostenerme del borde de la puerta fue cuando lo sentí…
Un dolor cegador me hizo doblarme en dos y sostener mi vientre. Un cuchillo había atravesado mi cuerpo…
_Bella!_ oí ese grito desgarrador detrás de mí. Mis piernas fallaron pero un par de brazos me sostuvieron erguida, mi voz parecía haberse ido, sin embargo oía mi grito detrás del zumbido de mis oídos.
Dolía… oh cielos… sí dolía.
Mis ojos cansados solo fueron lo suficientemente fuertes para ver entre mis lágrimas, el líquido que empapaba mi ropa cayendo por mis piernas que estaba horrorosamente manchado de rojo, fue lo último que vi.
bueno, a pedido de Ana Arredondo, besotes a todas! Por favor, un review no les cuesta nada.
