Hola!

Ya estoy aquí con el epilogo, un poco antes de lo que esperaba, pues Cammiel me dijo que si lo subía el miércoles no podría leerlo así que agradecedle a ella que lo suba hoy.

Karla Gilmore: me alegro que te haya gustado el fic, finalmente llegamos al epílogo, un tanto triste, pero con una sorpresa final que creo que os gustará.

Cammiel: Bueno, solo comentar lo de la desconfianza de Sirius, el se fiaba de Peter cuando lo propuso, pero cuando lo vio tan ansioso tras el hechizo digamos que su subconsciente fue el que puso todas las alarmas en marcha. Por otra parte, como ya te he dicho infinidad de veces... gracias.

Tania: Me alegro que te gustara el final, de todas formas aquí esta el final-final, después de todo aún me quedaba atar el cabo de Jane... su muerte. La cuarta parte pronto, aunque creo que no es lo que estáis esperando. Besos

Kapulla: gracias por unirte a este largo viaje que ha resultado el fic, y gracias por tus comentarios. Me satisface que estes contenta de que haya una continuación.

XXashleyXx: hola, vaya... si que debías estar mal para no poderme decir nada más, pero de todas formas si te emocionaste digo yo que las sensaciones eran buenas. Besos

Clawy: Jo, gracias por revelar el final del epilogo con un review... ¿era mi sorpresa final sabes?... de todas formas si... lo que tu dijiste pasará en el epilogo. Me alegro que te gustara, y espero que te siga gustando, tranquila, no tardaré mucho en subir la cuarta parte.

Y ahora si.. SEÑORAS Y SEÑORES... EL FINAL.


EPÍLOGO:

Por desgracia todos conocemos el final que tuvo Sirius Black durante su venganza contra Peter Pettigrew, y es curioso, que uno de los grandes magos de su tiempo, no pudiera detener aquella explosión en el inicio del duelo contra aquella rata. Los que sobrevivieron y luego fueron desmemorizados, hablan de un grito justo antes de la explosión. ¿qué paso aquel día en aquella calle, algo debió pasar para que la maldición imperdonable no alcanzara a La Rata.

Sirius, como todo perro sabía husmear, rastrear, y sobre todo encontrar, y si se trataba de una rata con un fuerte hedor a traición, no debía ser muy difícil. Todo el día paso Hocicos husmeando por los rincones más oscuros del mundo de la magia... ¡Era auror, los tenía perfectamente localizados.

Vio posibles mortífagos, y mortífagos declarados entrar y salir de varios tugurios, todos con semblantes abatidos tras la muerte de su señor. Fue testigo de varias redadas en locales del callejón Knockturn, y aún así la rata escurridiza no daba señales de vida.

Pero iba a encontrarle, era su misión, lo único que le importaba en aquellos momentos... rastrear, causar daño, infligir el mismo dolor que él sentía por dentro al traidor y cuando le pidiera clemencia... matarlo de la manera más dolorosa que sabía. En aquellos momentos el perro negro era más grande, más fiero, más oscuro, tanto como su nombre, tanto como la magia ancestral herencia de su familia que corría por sus venas.

Por primera vez, Sirius dio gracias de ser un Black, dio gracias por conocer hechizos que pondrían los pelos de punta al más pintado, hechizos para matar lenta y dolorosamente, y en esos momentos una rata asquerosa tenía todas las papeletas para que le tocaran el premio gordo.

El perro anhelaba sangre, clavar sus colmillos entre piel y músculos y no iba a quedarse con las ganas.


Jane había salido del hospital en plena noche con una determinación bien clara, detener a Sirius, contarle la verdad, recuperar a Harry de las garras de esos muggles y marcharse con su hija bien lejos, donde nadie pudiera encontrarles.

Recordaba la mirada sorprendida de Hannibal cuando la vio salir por la sala de pediatría, por la forma en que la miró supo que ya le habían informado de la caída de Voldemort, y supo al igual que sabía ella que acusaban a Sirius de traidor, James se lo había contado todo mientras escribía la carta par su mentor. No iba a permitir que lo acusaran y enviaran a Azkaban injustamente, antes mataría a todos los aurores que se interpusieran en su camino por tener una idea tan absurda, Sirius Black no era un traidor. Pero primero tenía que encontrarlo, y sobre todo aliviar su carga por la muerte de sus amigos para que los cuatro pudieran ser felices.

En la calle varias personas se volvieron a mirarla, vestida totalmente de negro y el pelo suelto llamaba la atención, pero Jane no se inmutó, tenía una misión y nada la apartaría de ella, tenía que encontrar a Sirius antes de que él encontrara a la rata.

Caminó por la calle hasta un callejón oscuro, el mundo mágico era muy grande, pero sabía donde buscar, si estaba rastreando a Peter, y este era mortífago, su primera parada era el callejón knockturn.


Sirius se maldijo interiormente, llevaba toda la mañana recorriendo el callejón Knockturn y no había ni rastro de la rata. En esos momentos se odió por ser tan estúpido, Peter sabría que él estaría buscando venganza, así que no iría a esos lugares, estaría ocultándose en el mundo muggle como una rata se oculta en las alcantarillas. Lanzando un fuerte ladrido a un mujer con toda la pinta de vampiro se encaminó a la salida del callejón tropezándose con unas largas piernas.

Si en esos momentos, los dos no hubieran estado cegados por sus misiones, la historia habría sido diferente, pero Sirius Black y Jane Addams desaprovecharon la oportunidad que el destino les había tendido en bandeja de plata, o quizá solo se estuviera jugando con ellos.

Una vez Sirius se vio en el mundo muggle, la cosa se complicaba... era como buscar una rata en un vertedero, pero era un rastreador nato e inteligente sediento de venganza. Sus cuatro patas se movieron veloces hacia la casa de la rata.


Jane no recordaba que el callejón Knockturn fuera tan sombrío, quizá haber pasado tanto tiempo en la luminosa isla de las amazonas le habían echo olvidar ciertos ambientes en los que ya no se sentía cómoda. Avanzó observando a todas las personas que corrían por allí de un lugar a otro, tratando de no llamar la atención, aunque tal como iba vestida no lo lograba del todo y entonces se detuvo en seco. Si estaban buscándolo los aurores, Sirius no iría paseándose por ahí convertido en humano... sus ojos se abrieron dejando escapar una fuerte maldición que llamó la atención de todos los allí presentes¡¡se había cruzado con él no hacía ni diez minutos¡¡había tropezado con Hocicos al entrar!

Se dio la vuelta veloz y deshizo el camino hasta la salida, se detuvo mirando a su alrededor¡no había ni rastro de él, volvió a maldecir, estaba en un cruce de caminos. Se sintió como Alicia al entrar en la madriguera de conejo, su elección podía alejarla o acercarla a él, trató de meditar unos minutos, pensar como Sirius... ¿dónde habría ido primero, de pronto la luz se hizo en su mente... ¡a la casa de Peter, no había estado nunca, pero...

-¡JAMES... LILY!- gritó en medio de la calle atrayendo la mirada de curiosos que pensaban que se había vuelto loca. Se volvió hacia su derecha- ¿dónde vive Peter?

-Bajando por esa calle... tuerce a la derecha en el segundo cruce. En el número 6 - le indicó James antes de esfumarse.

No podía aparecerse, así que Jane corrió cuesta abajo como no lo había hecho en su vida, rezando por que Peter no fuera tan estúpido como para ocultarse en su propia casa. Llegó al segundo cruce, y se detuvo para mirar el número... el 27, la casa de Peter debía de estar al final de la calle, hacia abajo.

Dirigió su vista hacia al final de la avenida, había un montón de personas y coches pitando nerviosos por algo que les cerraba el paso. Igual si era tan estúpido. Empezó a correr hacia allí, oyendo gritos de un hombre, algo así como... "como pudiste hacerlo Sirius... James y Lily" . Y corrió y corrió deseando ser tan rápida como el viento, alzando una plegaria silenciosa para no llegar tarde, a medida que se acercaba veía la regordeta espalda de Peter, y a Sirius de frente con los ojos más fríos que había visto nunca.


Sirius llegó al final de la calle ocultándose tras un árbol, observó la ventana de Peter y vio que todas las persianas estaban cerradas, se sentó a esperar, estaba seguro de que la rata tendría que salir en algún momento, y él estaría esperándolo, no tenía prisa, tenía toda la vida para cobrarse la venganza.

Como llamado por el destino, la puerta del número 6 se abrió y Peter apareció, nervioso, encogido de miedo, mirando a su alrededor con sus pequeños ojos ratunos, olisqueando si había peligro como una rata, hasta que finalmente salió empezando a caminar hacia arriba. No debía tener buen olfato, porque no percibió un perro de desproporcionadas dimensiones y malas pulgas enseñando los dientes al otro lado de la calle.

Por suerte los muggles estaban ocupados en sus cosas, porque les habría sorprendido ver como un perro se convertía en hombre y cruzaba la calle con una mirada cargada de odio a través del tráfico, haciendo que los coches se frenaran en seco, pero aquel hombre de altura imponente tenía su vista fijada en su objetivo como para preocuparse por las amenazas de taxistas muggles histéricos.

-¡Eh... tu!- gritó desenfundando la varita- ¡rata de alcantarilla, traidor... asesino!- siguió en medio de la calle

Vio como la rata se volvía lentamente, y como su rostro se distorsionaba en una mueca de terror, tanto como ver al mismísimo Voldemort reencarnado.

-Sirius- dejó escapar de sus labios en un susurro ahogado

-¿creías que podrías escapar de mi rata estúpida?

Peter retrocedió un paso, mientras Sirius con pose amenazante avanzaba otro hacía él, miró a su alrededor tratando de escapar por algún sitio, una alcantarilla a su lado le dio una brillante idea, y encima tenía testigos..., solo necesitaba una prueba para desaparecer.

-¡Como pudiste Sirius?- gimió mientras sus ojos se volvían vidriosos- ¡has matado a James y Lily!

Una terrible carcajada, cortó el ambiente, todo el mundo estaba detenido observando a aquellos dos hombres que se gritaban a pleno pulmón en la calle, y sobre todo a aquel de cabellos negros y mirada de hielo que observaba al más pequeño mientras reía como un maníaco sosteniendo un palo de madera entre sus manos.

-También voy a matarte a ti- dijo Sirius entrecerrando los ojos

-¿cómo pudiste hacerlo Sirius?... James y Lily- volvió a repetir Peter mientras sacaba la varita ocultándola tras su espalda

Oía exclamaciones sorprendidas a su alrededor, y detrás de él, justo hacia donde tenía que ir el hechizo para que pareciera que lo había lanzado Sirius, pero primero tenía que lograr que le atacara, si quedaban testigos podrían decir que él no había empezado.

-¡Vas a morir traidor!- gritó Sirius blandiendo su varita- ¡crucio!- exclamó apuntándole al corazón

" ¡SIRIUS NO!" Ese fue el grito que oyeron los testigos... grito de una voz conocida que distrajo al mago ... que hizo que errara su disparo, grito que dio la oportunidad en bandeja de plata a la pequeña rata... un grito seguido de una cruel explosión que impidió que Sirius viera como Jane en esos momentos apartaba a la gente para llegar hasta él, una explosión que hizo trizas la calle y se llevó consigo la vida de casi todas las personas que estaban contemplando la escena tras la rata... y sin embargo Sirius seguía buscando entre la gente aturdido, deshinchado buscando desesperado a la dueña de la voz... pero ella no estaba... ¿Su imaginación le había gastado una broma pesada haciéndole oír la voz de Jane en el momento más crucial?... seguramente si, porque en esos momentos la anhelaba más que ninguna otra cosa.

Miró hacia el suelo, Peter tampoco estaba, donde hubiera permanecido solo quedaba un dedo chamuscado. Una risa amarga llegó hasta su garganta, sin ser consciente de la terrible escena que tenía a su alrededor, de los gritos de pánico, del humo de los coches, de la devastación en que se hallaba sumida la calle... solo podía reír, reír como un maníaco porque la rata cobarde había preferido suicidarse antes de que su examigo se cobrara la venganza..., esa venganza que necesitaba como al agua para vivir... para morir en paz

-¡ALTO BLACK!- gritaron a sus espaldas.

Sin dejar de reír, Sirius vio como un grupo de aurores aparecía en la calle, sus anteriores compañeros, y amigos estaban allí con rostros serios tratando de apresarlo para llevarlo a Azkaban... ¿y porque no, después de todo, ahora ya no tenía nada, la mujer que amaba estaba desaparecida, sino muerta, sus amigos... su familia asesinada, Lupin seguramente le creería un traidor... al igual que todo ese escuadrón de aurores... Azkaban parecía una buena opción de muerte lenta y dolorosa que le hiciera pagar por su culpa... por sus pecados.

Se dejó atrapar sin oponer resistencia, con una risa histérica... maníaca, la vida se había acabado para él.


Hannibal Lecter nunca había tenido que tomar una decisión tan drástica en toda su vida, ni tan precipitada, como lo había echo hacía dos escasas semanas. Aún se reprendía por haber sido tan cobarde, pero ahora no tenía solución. Aún podía recordar sus últimas palabras antes de cerrar los ojos entre sus brazos, aún podía verlos anegados en lágrimas antes de que sus fuerzas se acabaran en medio de toda aquella destrucción: "es inocente... Sirius es inocente"

Más allí, frente a una casa destartalada, tras una noche de luna llena y con la carta de Jane arrugada entre sus manos se disponía a cumplir el último deseo que tuvo algún día una madre hacía su pequeña hija, que conociera a su padrino, el último vestigio de los merodeadores.

Arropó más a la pequeña Cat entre sus mantas, no convenía que se constipara dado que era el primer día que la dejaban salir del hospital y avanzó hacia la puerta llamando con los nudillos.

-¡déjenme en paz!- se oyó una voz abatida desde dentro

-Remus, soy Lecter- dijo el hombre

-¡váyase!

-Tengo algo para ti

-¡no quiero nada suyo!

-Estoy seguro de que si- insistió Lecter- te arrepentirás si no abres

Lecter permaneció unos instantes esperando, no le importaba el tiempo que tuviera que insistir hasta que le abriera, si no lo hacía hoy, sería otro día. Cuando ya iba a marcharse, los goznes de la puerta se abrieron dando paso al hombre que avanzó hacia una sombría estancia, vio como Cat abría los ojos en sus brazos, deseó que la niña no lo viera, pues nunca habría esperado nada así, empático, no pudo impedir que todos los sentimientos del licántropo se apoderaran de él.

Remus Lupin estaba sentado en el suelo, con la mirada perdida, los pantalones rotos, sin camisa, con el pecho cruzado de algunas cicatrices y heridas recientes con mal aspecto, tenía el pelo sucio, estaba delgado y demacrado... parecía roto en medio de su dolor, pero cuando sus ojos se volvieron hacia el anciano fueron lo que más le impresionó, toda su dulzura se había evaporado para dar lugar aun terrible y profundo vacío...

-A que ha venido- le dijo en tono poco amigable

-Como ya he dicho te he traído algo que puede aliviar tu pena

-¿en serio?- una sonrisa macabra apareció en sus labios- porque no creo que la pena de un licántropo amigo de un asesino importe a nadie

-Créeme lo hay. No creo que a Jane, James, Lily e incluso Sirius les hubiese gustado verte así

-¡pues que no me hubieran dejado solo!- exclamó roto poniéndose en pie.

Lecter meció a Cat que había empezado a revolverse inquieta ante el grito del licántropo. Vio como Lupin le miraba curioso y levantaba una ceja:

-¿qué ha traído...¿a un bebe?- esbozó una sonrisa cínica en sus labios- ¿qué no ha oído hablar de los peligrosos hombres lobo comeniños?

-No estoy nada conforme con esa ley Remus- añadió Lecter serio- y los padres de este bebe tampoco lo estarían

-¿ah si¿y a quien me ha traído?- añadió con sorna- a algún niño que ha sido mordido por un licántropo.

-Míralo tu mismo- repuso Lecter

Con cuidado deslizó las mantas de sus brazos dejando a la niña en el suelo, una melena de rizos negros como el carbón miró a su alrededor curiosa.

Lecter se levantó, y observó al licántropo que miraba a la niña con una ceja levantada mientras empezaba a gatear hacia él, lo vio retroceder unos pasos y lanzar un gemido ahogado cuando Cat le miró fijamente.

Remus Lupin nunca había tenido la certeza de nada como cuando miró a aquella niña a los ojos... grandes, verde-amarillentos, rasgados hacia arriba como los de un gato, no tuvo ninguna duda cuando vio aquel pelo negro con reflejos azulados y rizos indomables, ni cuando percibió aquélla nariz y labios idénticos a los del que fuera su mejor amigo.

-Te presento a Catherine Jane Black... o Addams como será llamada a partir de ahora

-¿qué clase de broma es esta?- inquirió retrocediendo ante el avance de la niña

-Ninguna, es hija de Sirius y Jane. Tu ahijada

-¿mi que!- exclamó sorprendido

-Tu ahijada. ¿No era eso lo que querían tus amigos, que fueras el padrino de su hija

-¡pero...¡¡pero... ¿lo sabe Sirius?

Lecter esbozó un profundo suspiro antes de contar la historia que tenía preparada.

-Desgraciadamente Jane no tuvo tiempo de decírselo la vez que fue a su piso, cuando los atacaron. Y pasó el resto del embarazo acostada.

-Pero... ¿dónde esta ahora¿por qué no esta aquí?- ella era lo último que le quedaba

Remus vio como Lecter esbozaba una triste sonrisa, como suspiraba antes de observarlo fijamente, desde luego, después de la muerte James y Lily, a manos de Sirius, no estaba listo para aquello.

-Remus, Jane no sobrevivió al parto- dijo Lecter- murió nada más dar a luz

Dejó escapar un gemido ahogado, mientras caía abatido en el sillón... ¿por qué se habían ido todos¿por qué lo habían dejado solo?... no era justo, ellos valían mil veces más que él. Escondió la cara entre sus manos apoyadas sobre sus rodillas... se sentía morir. De pronto sintió como unas manitas se apoyaban sobre sus rodillas y hacían fuerza, miró hacía allí, unos ojitos verdes le miraban con una sonrisa traviesa que le sobresaltó... esa forma de mirar, a pesar del color, era tan... Sirius.

-Re..mus- dijo la niña antes de esbozar una sonrisa pícara exacta a la de Jane

Un renovado calor le inundó, el calor de la esperanza, mientras observaba a Cat intentar subir a sus rodillas, sin ningún temor, o reparo, la cogió entre sus brazos apartándole uno de los rizos de su rostro. Sus amigos no se habían ido del todo, ahí estaban Sirius y Jane, y con el tiempo podría volver a ver a Harry y tendría algo de James y Lily. La estrechó con fuerza, y solo por un ratito, Cat dejó que la mimara.

La bebita se quedó con él, a su lado dándole un cariño sin condiciones que solo se igualó al que él le dio a la niña convirtiéndose casi en un padre para ella. El le daba cariño.. y Hannibal Lecter, mentor de su madre... la preparó desde que paso a su cargo, para lo que vendría... preparó a la Elegida, la que cuando alcanzara sus poderes al máximo permitiría que el portal de las amazonas se volviera a abrir.

Y así, el bebe dejó paso a una niña, la niña a una adolescente, y la adolescente a una mujer. Mujer que superó múltiples pruebas, pero a sus 26 años, Cat, iba a encontrarse con alguien que nunca imaginaría, alguien a quien creía muerto.

Hacía unos meses que había empezado su búsqueda, y dándose por vencida decidió buscar ayuda en la reina Silvana a la que había conocido en la última gran reunión antes de la caída de Voldemort. Pero la reina no le había dicho como llegar hasta la isla. Por suerte, al revisar varios papeles Iluminati, había encontrado un hechizo de magia antigua escrita en puño y letra del difunto Hannibal Lecter con instrucciones precisas.

Así que allí estaba, en un descampado, vestida con ropas muggles recitándolo... un resplandor la cegó de pronto y ante ella apareció un círculo de luz amarillenta, indecisa, Cat introdujo la mano... estaba caliente, con una textura que iba del agua al vapor, le recordó a la capa de invisibilidad, sintió melancolía, y un extraño sentimiento de deja vu, como si ya hubiera visto esa luz antes, tomó aire antes de cruzar al otro lado.

Un fuerte resplandor la cegó por completo, cuando se notó en tierra firme le costó abrir los ojos y cuando lo hizo ante ella apareció una enorme arboleda a través de la cual se veían los muros de la ciudad de Themcyscra. Vio a lo lejos a varias mujeres correr hacia ella armadas... las había visto en la última batalla, las amazonas:

-Soy...

-Sabemos quien eres Catherine- dijo la más alta de ellas con una sonrisa, a esa Cat no la conocía

-Ya

-La reina se alegrará de verte- repuso otra

Cat se revolvió inquieta, aquellas mujeres la miraban como si la conocieran, sobre todo esa mujer alta. Las siguió por el camino que llevaba hasta la cuidad, se quedó maravillada con sus altos muros, blancos como la nieve.

-No lo sabes ¿verdad?- le preguntó la más alta

-¿saber que?- preguntó ella

Lecter no te dijo que naciste en esta isla y que la mayoría de nosotras te vimos jugar en nuestros prados

Cat se detuvo en seco mirando a aquella mujer, creía que había nacido en la tierra, en un hospital muggle en el que no pudieron hacer nada por salvarle la vida a su madre... ¡joder, por eso se había echo ginecóloga, para salvar vidas. Aunque era más lógico que su madre hubiera muerto en aquella isla que no parecía muy avanzada en conocimientos. Miró a aquella alta mujer que la miraba atenta

-No lo sabías...- volvió a sonreír- ... puede que hoy te lleves unas cuantas sorpresas- terminó enigmática

-No me gustan las sorpresas

-Esta te gustará

-¿cómo te llamas?- le preguntó siguiéndola hacia el espléndido palacio

-Sam- contestó ella con sencillez

Cat nunca había estado en un lugar tan elegante como aquel palacio.. ¿no, todas las paredes parecían de cristal y dejaban entrar la luz del sol iluminándolo todo con una luz que lo convertía en mágico. Siguió a Sam a través de pasillos interminables, y se cruzaron con algunas chicas que rieron nerviosas mirándola con curiosidad hasta que se detuvo ante unas puertas doradas

-Espera aquí- le indicó- debo avisar a Silvana, y a...- pareció dudar- tu espera

Cat se revolvió inquieta durante unos minutos, no sabía porque, pero todo era tan familiar, hasta Sam lo era, estaba desbordada, y nunca le había gustado no dominar la situación al completo.

Las puertas doradas se abrieron, y Cat tuvo el tiempo justo de volverse para ver unos ojos azules abrazarla con fuerza. Muy sorprendida esperó a que la reina se separara de ella, cuando se habían visto en la reunión no se había mostrado tan efusiva con ella:

-Me alegro de verte Cat- repuso la reina separándose mirándola con gran ternura- disculpa a esta anciana, pero tenía tantas ganas de abrazarte y en la reunión no me pareció apropiado si no podía contártelo todo

-Majestad... – Cat hizo una reverencia- perdóneme pero no entiendo de que va todo esto, y porque todos me miran como si supieran algo que yo no se.

-Porque hay muchas cosas que no sabes- repuso la reina- aunque Sam ya te ha dicho que naciste en la isla, así que no te sorprendas si tus hermanas te miran orgullosas.

-Puedo entender eso... pero, es raro.

-Cat- la tomó del codo guiándola al interior de la estancia- se lo que pasó con tu hijo. Te ayudaremos en lo que podamos. Pero primero has de saber unas cuantas cosas sobre nosotras.

-Gracias majestad- repuso Cat- ¿qué tiene que contarme?

-Para empezar deja de llamarme majestad. Somos familia

-¿qué?

-Ohh... soy tu tatarabuela

-¡QUE!

-Ya me has oído. Y tu madrina. Yo estuve presente cuando naciste- su mirada se apesadumbro- nunca olvidaré aquella noche, tu madre sufrió mucho, fue un parto muy difícil

Cat sintió que se le doblaban las rodillas, la reina de las amazonas su... tatarabuela... su madrina. ¿qué sorpresas más le podían aguardar?. La reina la sostuvo con fuerza guiándola por un segundo pasillo hasta un cuarto luminoso y espacioso. Había una gran cama a un lado cubierta de sábanas blancas. Una especie de tocador, un espejo y tapado por una pared un gran baño con una enrome bañera... y ¡una cuna!. Sus ojos se llenaron de lágrimas

-La habitación de tu madre, aquí diste tus primeros pasos... tus primeras palabras

Cat avanzó en silencio mirando a su alrededor, cayó sentada en la cama observando el espejo, le pareció ver una niña pequeña con rizos mirándose... pronunciando su propio nombre, y una voz conocida... arrullándola, cantándole, unas manos acariciándola... le pareció ver a su madre moviéndose por aquella habitación... y otra vez la voz conocida...

-No se porque tenéis que molestarme siempre. Ya he dicho que no voy a volver a vivir aquí

-Ah! Scarlett te esperábamos- dijo la reina

-Aya... sabes que me molesta... ¿Cat!

Cat se puso en pie de golpe... no podía ser, y sin embargo, aquel cabello castaño, igual de rizado que el suyo, el porte, la forma de levantar la barbilla y los ojos... verde-amarillentos, ligeramente rasgados hacia arriba que recordaban a los de un gato..., aunque con alguna arruga... era...

-¡mama!

Fin

Solo una nota para los que os hayáis leído las tres historias, para que nos centremos. Ese reencuentro iría entre el final del retorno de la luz, y el epílogo de la misma historia cuando descubren que Jonh esta vivo y Cat llega como la reina de las amazonas. Supongo que tendréis muchas preguntas... o no, de todas formas cualquier duda que tengáis quedará resuelta en la cuarta parte...

Y ahora me parece apropiado hacer un pequeño resumen de cómo va ordenado este lío, por si alguien se ha unido a última hora:

1. Porque el destino nos unió

2. HP y la hija del traidor a los sangre pura

3. El retorno de la luz

... ¿lo digo?... ¿no lo digo?...

4. El retorno de la amazona

Bueno y tras esta aclaración me despido... besos