Chapter 37:

- Exacto. Si algo sale mal, nos retiramos.- finalizó, enseñando la moneda que le había dado Nott. Por un breve espacio de tiempo, los chicos se quedaron callados, mirándose los unos a los otros, hasta que Harry dijo con voz queda:

- Estamos juntos en esto.- asintiendo con la cabeza, ambos slytherins lo repitieron en un murmullo.- Pase lo que pase.- susurró, cuando los muchachos le dieron la espalda para mirar la chimenea encendida y el suave fuego bailotear sobre la madera. Conseguiría que Theo confiara en él, fuera como fuera.

Harry sonrió ladino, antes de transfigurar sus ropas en una túnica oscura y una amplia capucha que le cubría la cabeza; ropas idénticas a las de sus compañeros de misión. Inspiró con fuerza, observando cómo sus amigos se convertían en algo más que sombras oscuras y alargadas frente al fuego, y cerró los ojos un instante, antes de cubrirse con su capucha.

Con determinación, su vista se clavó en la chimenea de ladrillo, y observó detenidamente cómo, primero Nott y después Draco, desaparecían en el fuego esmeralda, consumidos por las llamas, al susurro de Crowe Manor. Se dirigió a las llamas, y palpó por encima de su bolsillo izquierdo, notando el relieve de la moneda de Theo, antes de afirmar su varita en la mano y tomar un puñado de polvos flú.

Repitiendo la misma dirección que sus amigos habían dicho antes, Harry tiró los polvos al fuego, que se volvió esmeralda, y entró en él con paso decidido. Un borrón oscuro, diferentes chimeneas interconectadas y un dolor leve en su hombro izquierdo fue todo lo que sintió durante el breve trayecto, y entonces apareció todo frente a sus ojos.

Se encontraba pegado a la pared de su izquierda, dentro todavía de esa amplia chimenea, la de Russell Crowe. Ante él, sus compañeros, sólo túnicas oscuras que realzaban su altura, examinaban la sala en la que estaban: parecía ser el salón de aquella inmensa mansión. Estaba sumido en la más profunda oscuridad, haciendo que todo se viera desde una perspectiva más tétrica.

Había varios sillones y sofás frente al fuego, todos ellos de colores oscuros, y una mesa un poco más lejos, con sus respectivas sillas. Una esquina forrada de estanterías con variados libros y una bola del mundo cerca de la ventana terminaban de adornar aquella estampa.

Harry movió su hombro con cuidado de no hacerse mucho daño, y comprobó que sólo era una pequeña contusión. Salió de la chimenea, y siguió a Draco y Theodore hasta la puerta de caoba que daba acceso al resto de la vivienda. Los tres se quedaron quietos durante unos segundos, esperando oír algún ruido que delatara la posición de Crowe, hasta que se escuchó un crujido encima de sus cabezas. Estaba en el segundo piso.

Draco asintió, más para sí mismo que para los otros, y Harry vio cómo abría la puerta de madera, y miraba a través de la oscuridad el pasillo. Theo salió detrás de él, y finalmente, Harry se dedicó a escudriñar la oscuridad penetrante, en busca de sombras o ruidos.

Avanzaron por el pasillo sigilosamente, pegados a la pared derecha y llegaron al recibidor de la amplia y majestuosa mansión. Una araña de lágrimas de cristal presidía, desde lo alto, la estancia. Un pechero con un abrigo oscuro y pesado colgado en él, una mesa al lado de la puerta principal y un paragüero con sofisticados ornamentos completaban la decoración de la estancia.

Frente a la puerta principal, una escalera de mármol blanco veteado constituía el camino hacia el segundo piso, mientras que, en una esquina, unas diminutas escaleras mal iluminadas y discretas, casi invisibles, bajaban hacia lo que debía de ser un sótano. Harry miró hacia arriba; el pasillo principal cruzaba toda la parte superior del recibidor en un cuadrado perfecto, lleno de abiertos ventanales por los que apenas entraba luz.

Observó minuciosamente a la luz de la lámpara encima suyo, y se cercioró de que no había nadie, antes de empezar a correr rápida y sigilosamente por las escaleras hasta el piso superior. Escuchó débilmente los sonidos amortiguados de los zapatos de Draco y Theo detrás suyo, y miró a ambos lados del pasillo enmoquetado en rojo con motivos florales: nadie.

Draco volvió a adelantarse, tomando el camino de la izquierda. Una elección sabia, teniendo en cuenta que la sala dónde habían aparecido también estaba en el ala izquierda de la Mansión. Los tres muchachos comenzaron a caminar en fila, Harry en la cola.

Sentía los nervios a flor de piel, el sudor frío recorriendo las palmas de su mano, haciendo resbalar su varita de madera. Tragó en seco, y observó, estático, a sus amigos seguir caminando, dejándole atrás sin saberlo siquiera. Inspiró profundamente, antes de ir hacia ellos.

Y ocurrió lo que no debía ocurrir. Las tablas de madera crujieron levemente bajo su peso, y Harry perdió el color de su piel, antes de apresurarse a avanzar, saliendo de aquel trozo de pasillo maldito, bajo la escrutadora mirada de Theo y la angustiosa de Draco. Rezó todas las oraciones que sabía para que el ruido no hubiese sido oído, y se reunió con sus compañeros, frente a la puerta entornada de la biblioteca, donde parecía estar el auror. Russell Crowe.


N/A: solo tres capitulos mas...