Capitulo 35
Después de su conversación con Anna, Dianna tenía claro que lo que más le apetecía hacer en ese momento era ir a casa de Lea a acurrucarse en sus brazos y sentir como a su lado nada importaba, porque el mundo dejaba de girar.
Así que cogió el coche, condujo hacia su casa y en menos de 15 minutos estaba llamando a su puerta.
Lea abrió la puerta y no le dio tiempo a reaccionar de ninguna manera, ya que Dianna comenzó a besarla con una pasión desmedida. Necesitaba sentirla, necesitaba pegar su piel a la suya, para intentar hacerse una.
Lea no reacciono de manera negativa, al contrario, puso la misma emoción que la rubia y la beso como si no hubiera mañana. En las pausas entre beso y beso, sobraban las preguntas para saber a que venia ese entusiasmo de la rubia, sobraban las palabras, estaba claro que solo necesitaban sentirse, y cuando sobran las palabras son los besos los que hablan. Y los suyos tenían voz propia, era como si en cada contacto se dijeran que se querían, que no importaba nada mas que ellas. Era su forma de dejar atrás todos esos miedos y darse cuenta de cómo un beso puede cambiarlo todo, hacer de un día amargo un día mas que feliz, al saber que detrás de esos labios esta la persona que amas con cada centímetro de tu ser.
El sexo y la pasión es algo increíble, pero si lo acompañas de amor ya se convierte en una de las mejores cosas de la humanidad, porque gemir de placer al sentir que te toca la persona que más deseas que te toque en el mundo, es una sensación inigualable. Y así estaban ellas, en el cielo, mientras sus lenguas no dejaban de tocarse y sus manos ya empezaban a quitar la ropa que chillaba a gritos que no tenia que estar ahí, que ya tocaba estar desnudas, para poder terminar lo que esos besos tan acalorados habían empezado.
Entre trompicones, gemidos, y perdiendo la ropa por el camino, llegaron al sofá de Lea, podrían incluso haberlo hecho en la mismísima entrada visto como estaban de excitadas, pero al final el sofá iba a ser el afortunado elegido que iba a poder disfrutar de cómo ambas iban a llegar al éxtasis.
Dianna no tardo ni un segundo en quitarle el sujetador a Lea para poder besar, chupar y lamer sus pechos, con total dedicación, centrándose principalmente en los pezones que ya estaban más que erectos. Mientras, Lea gemía de forma incontrolable y hacía que Dianna sintiera como los gemidos de Lea eran lo mas excitantes que había oído en toda su vida, ningún otro sonido en el mundo conseguía que sin un simple roce en su cuerpo, se humedeciera tanto.
Pero Lea no estaba dispuesta a quedarse como sujeto pasivo, y cogió la cabeza de Dianna para besarla y para poder bajar ella a sus pechos, también quería oír los gemidos incontrolables de su chica y quería sentir como era su lengua la que los provocaba.
Esta vez parecía que la excitación las iba a llevar un paso más allá, porque Dianna empezaba a acercarse peligrosamente a la zona más íntima de la morena, sin ningún tipo de pudor, con una cara que trasmitía un gran deseo y lujuria. Le quito las bragas besando sus piernas y chupándolas, y sin más calentamiento del que ya tenían encima, metió su cabeza entre las preciosas piernas de la mujer de sus sueños. Era algo que nunca pensó que haría, pero lejos de sentirse extraña o asqueada, le sorprendió gratamente lo estimulante que era tocar con su lengua el clítoris de Lea y la reacción que provocaba en esta cada lametón.
L: Ahhhhhhh
D: ¿Te gusta? – levanto la cabeza para poder disfrutar de las caras de placer de la morena
L: Meeee, meeee, ahhhha, meeee ENCANTAAAA – Chillaba de forma incontrolada
D: Voy a hacer que aun te guste más – dijo introduciendo uno de sus dedos, que entro sin problemas debido a lo lubricada que se encontraba Lea
L: ¿Saaabes cómo meee ahhhh gustaríaaaaa, maaaaass? – intentaba decir entre gemidos
D: ¿Quieres otro? – dijo metiendo otro dedo más, mientras lamia su clítoris
L: Noooooo, nooooo es esooooo
D: ¿No? – pregunto extrañada - ¿qué quieres?
L: Quieroooo, comérteloooo, yoooo también.
Dianna entendió la petición y decidió ponerse en la posición del 69. La sugerencia de Lea resulto ser todo un acierto, porque estimular mientras te estimulan es de las mejores cosas que te puede ofrecer el sexo. Cada vez que Dianna le hacia sentir un placer intenso, Lea intentaba por todos los medios devolvérselo de la misma forma, y así la situación se convirtió en un bucle de placer infinito donde solo se oían los gemidos de las dos.
Cuanto mas aumentaba el ritmo y la rapidez de los dedos Dianna, más la aumentaba Lea, y mas locas se volvían ambas. El sudor de sus cuerpos se mezclaba y las dos sabían que pronto llegarían.
L: Yaaaa, llegoooo, yaaaaa llegoooo – Dijo parando de estimular a Dianna, ya que no le era posible estar sintiendo tanto placer y concentrarse en la otra.
Lea se corrió y Dianna noto como el cuerpo de la morena se contraía. Para su fortuna, dos segundos mas tarde Lea, volvía a lamer su clítoris, y en solo unos minutos la rubia llego también.
D: Ahhhhhhh – Chillo con intensidad justo cuando el orgasmo se apoderaba de todo su cuerpo
Se cambiaron de posición y ya cara a cara Dianna miro a los ojos a Lea
D: Te quiero, te quiero, te quiero – dijo mientras le daba besos y lloraba
L: ¿Estas llorando? ¿Qué te pasa?
D: Lloro de felicidad, no tengas miedo, soy muy feliz a tu lado
Y así todas las paranoias de Dianna desaparecieron momentáneamente en ese sofá, en esa casa, durante las 4 horas de sesión de sexo interrumpido que tuvieron esa tarde, donde aparte del placer y el amor no existía nada en el mundo.
